N/A:De este capítulo hice un añadido, que está en una historia a parte, la podéis encontrar en mi perfil, se llama Sirvientes de Iama Rash. Habla de Tyler, de como sale del hospital después de hablar con Megan en este capítulo, y por tanto, como conoce a Annabell. Sed felices, Clara
TIME ABOVE THE EARTH
The Kooks
Caminaba con destino al hospital, tenía la angustia en el cuerpo. A Megan se le acababa la cuenta atrás, y la mía se iba con ella. Lo malo, es que lo único que podía hacer por ella era esperar. Esperar a que todo esto terminara de una puta vez. Ojalá las cosas hubieran salido diferente. Ojalá estuviera yo ahí, y no ella.
Estaba harto de todo. No tenía ánimos para nada, y me irritaba con facilidad. En uno de esos ataques de furia, discutí con mi hermana, más fuerte de lo habitual. Cogió sus cosas y se marchó de casa. Y no tardó en hacer lo mismo mi madre, que se fue a vivir con Charlie. De vez en cuando, pasaba por casa, regaba las plantas, dejaba algo de comida congelada y se marchaba. Aprendí a vivir solo, y a estar solo.
Me encogí de hombros frente al hospital, donde notaba, en el ambiente, algo familiar.
Como siempre, todo el hall estaba frío, y me acerqué al ascensor a esperarlo. Cuando se abrió, Helen salió de él y me miró feliz y sonriente.
–Hola Seth, traigo buenas noticias –se le notaba que estaba entusiasmada–. Ahora iba a hablar con Carlisle.
–Bueno, pues ahora subo con ella...
–Sí, perfecto, pero deja que te lo cuente –se rio. Tanto tiempo saludándola, y nunca la había visto sonreír–: verás, ¿el doctor Herring? ¿El calvito ese bajito, que siempre va detrás de Carlisle? –Asentí con la cabeza–. Bueno, pues ha venido hoy a hacerle una revisión a Megan, le ha hecho una toma de imágenes del cerebro... Los resultados en papel –sacó una hoja de su bolso y me la extendió.
La leí rápidamente por la excitación de una buena noticia, en tanto tiempo...
«La paciente en estado comatoso, Megan Reeves, se ha sometido a una toma de imágenes cerebrales con grandes resultados. Su sistema nervioso está reaccionando de tal modo que se encuentra en un estado de coma muy débil, llamado de mínima consciencia...»
–Vale... –no había entendido nada de ese papelucho– ¿y esto que significa? –dije levantando el papel.
–Pues que Megan tiene un coma leve, es consciente de lo que le pasa al rededor, según tengo entendido. Está avanzando, y esto es una señal de que puede despertar.
Me sonrió con dulzura y me estrechó entre sus brazos.
–Bueno será mejor que vaya a hablar con Carlisle.
Asentí con la cabeza y entré al ascensor, para subir a la quinta planta. Me dirigí hacia la habitación 529 a través de un pasillo bullicioso, que demostraba lo comprensible que era la gente con los enfermos. En el mostrador de la enfermería no encontré a nadie, cosa que me extrañó.
Solía acercarme ahí para charlar con las enfermeras, con las que me llevaba estupendamente, y las que se habían convertido en mis madres postizas.
Cuánto más me acercaba a la habitación más grande era el revuelo. Es más, acabé entendiendo que el alboroto provenía de la propia habitación 529.
Abrí la puerta sin un ápice de aire en los pulmones, y mi mirada se perdió en el horizonte. Desviándola, vi con claridad el carro de paradas junto a la camilla de Megan. Vi a una enfermera fregar las palas y… ¡Pum! Una y otra vez.
No sé en qué momento, pero Annabell, una auxiliar, con la que me llevaba tremendamente bien, me había sacado fuera de la habitación para sentarnos en la sala de espera. La miré con aprehensión.
–Annabell, ¿qué ha pasado? –llegué a decir en estado de shock.
–Verás, no sé si será mejor que hables con el doctor... –desvió la mirada.
–Annabell, tú eres mi amiga... Por favor.
–Está bien, pero quiero que todo esto te lo tomes con calma –ensanchó una pequeña sonrisa–, ¿si? –Asentí y prosiguió su relato–. El caso es que no había nadie en la habitación, y no sabemos cómo, pero, Megan ha despertado...
»Ella no se acordaba ni del accidente, ni de nada... Más o menos he intentado hablarle y se ha tranquilizado. Le hemos dicho que ha estado casi dos años en coma, y se lo ha tomado relativamente bien.
»He avisado al doctor Cullen, pero no se encontraba en el hospital, y después he llamado al doctor Herring, que se encontraba reunido en ese momento. El caso es que el doctor me ha dicho que la desentubásemos enseguida, ya que continuaba con la respiración asistida, y –le di un apretón de manos para que continuara–, como el doctor Herring me dijo, la desentubamos. Al cabo de dos minutos su corazón dejó de latir, incapaz de bombear oxígeno –dejó la frase inacabada para que yo reaccionara, mi cara debía ser un puzle–. Seth, ella se salvará; puede que esté entubada con oxígeno unos días, pero ella se salvará. Es muy fuerte, además tiene un amigo y una madre maravillosos, y sabe que la estáis esperando.
La abracé exaltado y permanecimos aferrados el uno al otro hasta que la panda de enfermeros y enfermeras salían al pasillo.
Ambos nos acercamos cogidos de la mano, temerosos. ¿Y si todo había salido mal? ¿Qué iba a ser de mi vida después de ella?
A un paso realmente lento nos aproximamos lo suficiente para ver a los enfermeros distribuyéndose por el pasillo.
La jefa de enfermería Cate, se acercó a mí, con su mirada amable y consoladora. Me abrazó con fuerza y me dio dos palmaditas en el hombro. Annabell me hizo una señal de que podía entrar. Pero antes de que yo pudiera alejarme lo suficiente, ambas, dejaron olvidada en mi mente la misma palabra: Vive.
Entré en la habitación y me acerqué a ella sigilosamente.
–Oye, ¿sabes el jaleo que has armado hoy? –musité y le rocé la mejilla con los nudillos.
Se removió en la camilla...
Seguía entubada a la máquina, pero parecía que ya podía respirar sola. ¿Se volvería a despertar? ¿O caería de nuevo en ese sopor, silencioso e impasible? Pasé hora y media mirándola, me bastaba eso. Se volvió a remover en su sitio, y entonces...
–Jum –desvié la mirada hacia ella.
Entrecerró los ojos y me escudriñó con la mirada. No se movió ni un centímetro, ni se removió en su lugar. Estaba despierta. Su corazón latía. Y respiraba.
–Hey –fue lo único inteligente que llegué a decir.
Me miró temerosa. Parecía querer decir algo, pero su boca no quería responder.
–¿Estás bien? –Dije acercándome lentamente a ella– ¿Quieres que llame a una enfermera?
Ni ella ni su mirada respondieron. Tanto tiempo deseando esto, y ahora no sabía qué hacer. Decidí llamar a una enfermera, quizás viniera Annabell y me ayudara algo.
–Bueno –llegué a decir–, esto está resultando algo incómodo. Será mejor que llame a tu madre, y que me vaya.
–N-no –tartamudeó.
–¿No quieres que llame a tu madre?
–No quiero que te vayas –susurró.
–Está bien, pero iré a avisar a tu madre –le sonreí.
Salí de la habitación y de mi pantalón saqué el móvil. Marqué el número, y no tuvo que sonar varias veces para que contestara. Helen respondió exaltada, que enseguida vendría para el hospital y que se arrepentía de haberla dejado sola. Le contesté que estaba conmigo, que no tenía por qué preocuparse. Colgamos enseguida, y me adentré de nuevo
–Tu madre viene hacia aquí –dije casi en un susurro.
–Gracias –me dijo con un hilo de voz–. ¿Quién eres?
–¿Qué? ¿No te acuerdas de mí?
–Tu cara me suena, pero no sé quién eres.
Apareció una enfermera, pero no era Annabell, ni Cate. Me sacó fuera de la habitación, para revisar a la "paciente". Me senté allí donde encontré una silla, bien cerca de la puerta.
Tyler BrumEra la segunda vez que pisaba el hospital en dos años. Y siempre para ir a verla y quedarme en la puerta. No sé porqué pero me sentía el responsable de esos dos años en coma. Hacía diez minutos que me habían dicho que ella había despertado. Por La Push todo circulaba muy rápido. Quería entrar a verla. Me moría por ello. Había sido un gilipollas con ella. Quería y esperaba que todo volviera a ser como antes.
…
Había llegado hará unos días, pero hasta ese momento no la había visto de verdad. Era el tema de conversación de todos. Sus cabellos ondulados giraron con ella.
–¡Hey Tyler! –Choqué los cinco con Drake, todos los demás se asomaron uno a uno, indicando el fin de las clases, él siguió mi mirada y se rió al ver a quien observaba con tanto detenimiento–. ¿Qué? La nueva está buena ¿he?
–Buah, yo lo intenté está mañana con ella, pero me ha dado calabazas –alguien más se sumó a nuestra conversación.
–Jerry, si yo fuera tía, también te daría calabazas –esta vez fue Drake quien habló.
Ya no me importaba lo que hablaran, solo tenía ojos para ella. Al sentirse observada me siguió con la mirada y se sonrojó. Sujetaba una carpeta azul en sus manos, y parecía estar esperando a alguien.
–¿Que dices Tyler? ¿Te vendrás a la playa o no? –Dijo Drake, pero vio que no le prestaba atención –. Uh, que Tyler sex se pone en acción. Te doy diez pavos si consigues invitarla a salir. A todos nos ha rechazado.
–¡Suerte! –añadió Jerry, se veía que le había afectado más que de costumbre el que una chica le rechazara.
Me lancé a cruzar la calle, mirando que no pasara ningún coche.
–Hola –le dije.
–Hola –rió y su voz resonó por mi cabeza.
La miré bien de cerca, como antes no había podido hacer. Era preciosa. Pero de esa manera, que está escondida y que hay que ir descubriendo.
–Soy Tyler, encantado –le fui a dar dos besos. Sus labios rozaron mis mejillas–. ¿Nueva?
–Suspicaz –me dijo sonriente.
–¿Te apetecería que nos viéramos fuera del colegio, el viernes, por ejemplo?
–¿Por qué no? –me guiñó un ojo, y me apuntó su móvil en el brazo. Y luego se separó de mí dispuesta a irse.
–Hablamos. Hasta luego. –Me giré para irme, igual que había hecho ella, espera–. No sé cómo te llamas.
–¡Megan, Megan Reeves! –me gritó, antes de meterse en el coche, que se había acercado por la calle.
…
Salí del ascensor a trompicones, y entré en el pasillo de la derecha, como me habían indicado que hiciera. Al final de este encontré a Seth, sentado en una silla. Me miró extrañado.
–¿Qué haces aquí? –Dijo a la vez que se levantaba.
–Lo mismo que tú –nuestras miradas de odio se encontraron–. Sé que ha despertado.
–¿Cómo lo sabes? Bah… No quiero saberlo.
–¿Puedo pasar a verla?
–Está con Helen, que acaba de llegar. Además, no es justo que te presentes así como así.
–¿Qué más te da Seth?
–Me da, sufrió por ti. ¿No lo entiendes?
–Lo sé Seth, créeme que lo sé. ¿Crees a caso que no me culpo de nada?
–¿Crees tú, que no lo he pasado mal?
–Yo estaba con ella Seth, no sé qué pintas tú aquí.
–¿Que qué pinto yo aquí? –Me cogió por los hombros y me estampó contra la pared. Estaba furioso–. El que no pinta nada aquí eres tú. Lo dejasteis, ¿no lo recuerdas?
–Así que es eso. Quieres quitármela.
–¿Crees que si solo quisiera pisarte el rollo, hubiera estado aquí todos los días?
–¿Entonces qué más hay Seth? ¡Háblame claro, joder!
–Estoy imprimado de ella.
Me quedé mirándole a los ojos. Relajé el cuerpo y él también, se apartó de mí y se giró. Con la transformación aún reciente, la cual no controlaba, no solo había llegado esa "trasformación", sino muchas leyendas, que eran ahora verdad, entre ellas la imprimación.
–Mira, yo no sé cómo funciona eso. Pero sé cómo es ella. Y no me voy a quedar aquí plantado. Voy a intentar que todo vuelva a ser como antes –le dije en un tono serio, y me giré hacia la puerta.
Toqué varias veces y giré el picaporte y me adentré en la oscuridad de la habitación.
–Hola –dije casi en un susurro.
–Mamá...
–Si cielo –le dejo un beso en la frente y se acercó hacia mí.
–Tienes cinco minutos –me dijo sin un ápice de amabilidad, y después salió cerrando la puerta a su paso.
–Hola Míster –así me llamaba ella.
–Hola pequeña...
Me acerqué a la camilla lentamente, debatiéndome en mi interior. ¿Qué debía hacer? Me senté a su lado, ella se encontraba recostada totalmente. No intenté acercarme más. No haría trampas.
–¿Cómo estás? –Le dije cogiéndola de la mano.
–Muy cansada.
–Llevas años durmiendo –le sonreí.
–Esto es horrible –me miró con tristeza–. Quiero salir ya de aquí, necesito moverme. Tengo todo el cuerpo agarrotado.
–Lo siento –le dije.
–¿Por qué? No fue culpa tuya.
–Te echaba de menos.
Me sonrió, y me miró, como a mí me gustaba que me mirara. La había echado tanto de menos. Y esos labios me gritaban, me pedían. ¿Iba a hacerlo? Me fui acercando poco a poco, y nos besamos, como echaba de menos besarla, así, de aquella manera que ambos sabíamos.
–Perdona –le dije al separarme.
–¿Por qué?
–Por besarte.
–¿Por qué tendrías que disculparte?
–No me hagas esto Megan.
–Que no te haga, ¿el qué?
–No te entiendo. Lo que teníamos era genial. Nos iba genial. Luego no sé qué pasó y de repente… ¡Puf! Y ahora me vienes con esto.
–¿Puf?
–Sí, ¡puf!
–¿Tyler de qué estás hablando? ¿Te refieres al accidente?
–¿Qué? No –la miré extrañado. ¿Qué le pasaba?–. ¿Qué te pasa? ¿No te acuerdas?
–¿De qué?
–Me dejaste.
De repente, todo se quedó en silencio, y ella me miró, pero no con la mirada que ella sabía que era mía, no, me miró con tristeza.
–Es horrible. Ni te imaginas lo que estoy sintiendo ahora mismo. Estoy harta de todo. De pensar. De lo que fuimos.
Creí, que estaba empezando a recordar, poco a poco.
–No tendrías que haber venido Tyler.
–Por favor, Meg, déjame hablar.
–No puedo –dijo exasperada, medio en llanto, como si de verdad no pudiera hablar.
–Hablemos Megan, por favor.
–Por favor, vete, Tyler.
–Meg, por favor.
–De verdad quiero que te vayas –dijo medio chillando.
–Joder, no puedes hacerme esto otra vez, siempre evitabas hablar conmigo. Aclaremos esto de una puta vez.
–No hay nada que aclarar. Lárgate y punto.
–¿Si? –le dije, yéndome por la puerta–. Que te den, Megan.
Y cerré de un portazo. Muy, muy cabreado.
Megan ReevesEra gilipollas. Y él también. En dos años, no había conseguido madurar. Me dolía tanto la cabeza. Era como si de un golpe, de pronto, y sin aviso, hubieran replantado de nuevo, los recuerdos perdidos. Aún me quedaban algunas lagunas. Pero ahora lo recordaba más o menos todo poco a poco.
Me acordaba de Seth, ahora sí. Pero solo de él en "mi vida durante el coma", como había decidido llamar a mi largo sueño. Tan real pero a la vez inexistente en la realidad.
Y como si hubiera sido llamado, entró en la habitación.
–Hola, ¿cómo estás? ¿Necesitas algo?
–No, gracias… Solo quisiera descansar.
–Claro, venía a despedirme.
Le miré algo disgustada. Quería descansar, pero no hacía falta que él se fuera.
–Puedes quedarte…
–Volveré mañana.
–Gracias Seth –le sonreí.
Me miró emocionado.
–Me recuerdas.
–Poco a poco –dije algo enrojecida.
–Oye, siento lo de Tyler… Yo… No tendría que haberle dejado pasar.
–No, da igual, yo… Si él no hubiera venido, probablemente no te hubiera recordado.
–Entonces le debo algo.
Se me colorearon de nuevo las mejillas y le sonreí, otra vez.
–Además, aunque Tyler no hubiera venido, te digo yo que me hubieras recordado –me guiñó.
Se acercó a mí, y me dio un beso en la frente.
–Descansa –me dijo.
–Adiós –llegué a musitar.
