BITTER SWEET SYMPHONY
The Verv
Pisé la arena decidida. ¿Cuánto haría que no pisaba una playa? Que yo recuerde había sido con Tyler, hacía unos dos veranos. El mejor verano hasta este momento. Claro, que aún no conocía a Seth.
Caminábamos despacio, ya la arena estaba fría, y también se había escondido el sol. Pero no estábamos a oscuras. La gente había decidido reunirse en la playa, con antorchas, hogueras, comida…
–¿Qué es lo que pasa hoy? –le pregunté a Seth.
–Es 21 de Junio.
–¿Y? –volví a preguntar.
–Según una leyenda popular –empezó–, los dioses dejaron caer una estrella en una playa, y así entregarles el fuego y la luz a los hombres. El 21 de Junio es el día más largo del año, y a partir de este, los días se van acortando, y por tanto se hace de noche antes.
–Es decir, celebráis el solsticio de verano –dije fascinada.
–Sí, algo así.
–Es interesante.
–Qué listilla eres –me dijo mirándome embobado.
–Lo sé –le dije juguetona.
Y me agarré de su cuello para besarle, aunque no había sido consciente de que ya habíamos llegado al lugar en el que se suponía, estaban sus amigos.
Un "Uho" retumbó en mi cabeza. Ambos nos giramos hacía el sitio de donde provenía el jaleo. Una muchedumbre, bastante considerable, nos miraba a ambos. No pude más que sonreír como una boba.
–¡Dichosos los ojos! –dijo un chaval muy alto. Aunque aquello no era específico. Todos eran enormes.
–Pero mira lo que ha traído la marea –dijo otro, con una sonrisa perfecta.
–Él solo sale con la Luna, au –aulló uno, y algunos rompieron en una carcajada.
–Si viene con chica y todo –dijo una chica esta vez. Y su voz me pareció reconocerla. Me sonaba mucho y no sabía de qué. La vi sonreír, menuda. Como yo solo conocía a una.
–No puede ser –dije casi en un susurro.
Un chico se acercó a mí y me agarró del brazo y me acompañó hasta la hoguera, que desprendía un calor abrasador, casi tanto como Seth.
–Supongo que debes ser Megan –dijo sonriente–. Yo soy Quil. Aunque supongo que yo habré oído más de ti, que tu de mí –y me guiñó el ojo.
Le sonreí, porque me hizo gracia ver como gesticulaba, y también su comentario.
–Te voy a presentar, al bando femenino –me dijo, guiñándome el ojo de nuevo.
¿Qué le pasaba en el ojo? ¿Un tic quizás? Solté una carcajada.
–Ellas son Emily –me señaló a una mujer joven, con el rostro demacrado por unas cicatrices que le recorrían la cara. Le sonreí y ella me devolvió una sonrisa, algo obligada–, Kim –era una chica bajita y morena, también me sonrió–, Reachel –era alta, y morena y tenía una sonrisa perfecta, que me recordaba a alguien de los chicos–, Renesmee –¿Renesmee? ¿Qué clase de nombre era ese? A pesar del nombre, era una chica preciosa y espectacular. Rubia casi pelirroja, alta, de unos ojos increíblemente grandes, y de una sonrisa radiante. Aparentaba unos dieciséis–, y ella es Nicole.
–Niki para los amigos –dijo ella, girándose hacia mí, al escuchar su nombre.
–No puede ser que seas tú.
–¿Megan Reeves? –dijo ella con una cara sorprendida.
Fui corriendo hacia ella y la abracé con locura. No podía ser que fuera ella. Ella había pertenecido a mi vida. A mi otra vida. A la vida que yo siempre había culpado de lo que ahora era.
–No puedo creer que sigas diciendo esa frase. Es tan ridícula.
–No puedo creer que estés aquí.
–¿Os conocíais? –intervino Quil.
–Sí –dijo ella primero.
–Éramos vecinas, hace algunos años.
–¿Algunos? –le dije yo–. Dirás muchos
–Está bien, ¿cuánto? –me preguntó–. ¿Quizás ocho?
–Sí, quizás –le dije intentando olvidar.
–Tenemos que contarnos tantas cosas.
–Sí… –y ella no sabía cuántas–. No puedo creer que estés aquí.
–Lo sé, yo tampoco. Además, eres la chica de Seth. Tú tuviste el accidente. No puedo creerlo.
Me cogió del brazo y me llevó hasta la orilla. Allí nos sentamos, y empezamos a hablar. A contarnos, qué había sido de nuestra vida. Al fin y al cabo la última vez que la vi tenía cinco años.
Ella me contó que su madre se había marchado de casa, abandonándolas a ella y a su hermana, Jane, junto con su padre. Al poco tiempo a su padre lo despidieron del trabajo, y le ofrecieron uno, de guardia forestal en la reserva de La Push. Dejaron todo, y vinieron aquí, donde llevaba unos cinco años. Seth, su vecino, le presentó a todos los que había hoy en la hoguera, y uno de ellos, Embry, al que me señaló entre todos los que había en la playa, era ahora su novio. Parecía que su vida había ido para mejor. Se la veía contenta.
Yo le conté lo del accidente de mis padres biológicos, mi vida en las casas de acogidas, mis huidas. Y le conté de Helen. Mi salvadora. Me salté la parte paranormal, y más escabrosa. De su trabajo. De nuestros constantes cambios de ciudad. De mí llegada aquí. Del accidente. Del coma. Y de Seth.
–No puedo creerme que estés aquí –dijo al fin. Y volvió a abrazarme.
Nos volvimos a la hoguera y busqué a Seth con la mirada. Lo encontré hablando y sonriente con tres chicos, uno era Embry, y el otro Quil. Nuestras miradas se encontraron, dejó de parlotear y me sonrió. Las tres cabezas se giraron hacia mí.
–Pero mira quién es –dijo Quil.
–La vampirita –dijo el chico del que aún no sabía su nombre.
¿Vampiros? ¿A qué venía eso? ¿Sabían algo…? No, ¿verdad? Sonreí, e intenté sonar creíble, pero había mentido terriblemente. Seth le pegó un codazo y le echó un ojo.
–Soy Jacob –me dijo, ensanchando una sonrisa perfecta de dientes blancos.
Le saludé con una tímida sonrisa, y de pronto nos quedamos en silencio, en uno bastante incómodo, al menos para mí. Embry me preguntó, cambiando de tema.
–No sabía que Niki y tú os conocierais.
–Ah, ya… Nos conocemos desde hace mucho. Las dos en cierto modo, vivíamos en Calgary, hará unos diez años.
–¿Diez años? –dijo sorprendido Embry.
–¿Calgary? ¿Dónde queda eso? –preguntó Quil.
–En Alberta, Canadá.
–¿Qué? –dijo este último. Y empezó a reírse–. Estáis liados con dos canadienses. Sois defectuosos –dijo dirigiéndose a Embry y Seth, y refiriéndose a Niki y a mí. Llorando de la risa.
–Cállate Quil, tu mayor defecto es la pedofilia –contraatacó Embry con una sonrisa. Yo solté una risilla aunque no sabía exactamente de qué me reía.
–Sabes que no elegimos de quién nos imprimamos –dijo Quil refunfuñando. Jacob le pegó una colleja, que resonó suficiente para que a mí me doliera–. ¡Eh! –se quejó.
–Quieres callarte, pedazo de inútil –le dijo Jacob, y me mandó una miradita, como refiriéndose a mí.
–¿Pasa algo? –pregunté extrañada.
Ellos no respondieron. Eché una mirada a Seth que me miraba apenado.
–Si queréis puedo irme.
–No es eso –dijo Seth, que suspiró y les dijo que se marcharan.
Me cogió de la mano y me hizo sentarme con él en un tronco de madera.
–¿Qué es lo que acaba de pasar? –le pregunté.
–Mira, esto no te va a gustar, lo sé, lo presiento.
–Prueba –le animé–. Quizás no.
–Es difícil hablar de esto para mí con alguien nuevo, siempre he estado rodeado de la protección de mi familia, y la seguridad del grupo. Estamos muy unidos, ¿sabes?
–Lo veo, parecéis una familia –le sonreí.
–Debemos serlo. Hay algo que nos une, algo más profundo y paranormal que nos impide separarnos.
–¿Paranormal? –si hablábamos de paranormalidad, yo ganaría seguro.
–Mira te voy a ser sincero: soy un hombre lobo.
Eché una risotada grande, pero parecía por su cara que no era una broma.
–Seth, ¿qué dices?
–Es verdad, lo soy, y todos ellos. Por eso siempre estaremos juntos, siempre seremos hombres lobo.
–¿Es esto lo que me has ocultado? –Me había quedado en estado de shock. Pero, ¿por qué no podían existir ellos, si Helen existía?
–Hay –tartamudeó–, hay algo más. Está la imprimación.
–¿Imprimación?
–Es una especie de hechizo, por llamarlo así, por el que quedamos unidos a una persona de por vida, y no se puede romper.
¿Me estaba diciendo que quizás pudiera haber otra pululando por el mundo que fuera su "imprimada"? ¿O por un casual, había resultado ser yo?
–¿De quién estás imprimado? –le pregunté al fin.
–De ti.
Básicamente había entendido que estaríamos para siempre juntos, eso sonaba bien. Pero, ¿y su cara? ¿Y la parte mala? ¿Y donde entraba lo que había dicho Quil?
–¿Exactamente cómo funciona? –dije, intentando sonar fría.
–Cuando te vi por primera vez, fue como si el mundo se parara. Aunque para mí fue bastante raro, esos sentimientos aparecieron estando yo en mi forma lobuna, y hasta que no te vi como humano, no los entendí.
–¿Aparecer? –me lo estaba dejando claro y me molestaba. Él no estaba enamorado de mí.
El hecho de que me esperara durante todo mi coma era un detalle, pero ¿cómo iba alguien a sentir tan profundo por alguien que no está? Solo podía ser fruto de un hechizo, como él bien había dicho.
–Yo soy el lobo que te vio llorar por Tyler. ¿Me recuerdas?
Se me paró el corazón. Claro que lo recordaba, ahora, todo sí que ya dejaba de lado la probabilidad, y se convertía en hecho. El lobo era real, y una vez sí que confundí esos ojos, con los de Seth.
–Esto es muy fuerte –le dije asustada–. ¿Por qué no me lo habías dicho?
–Porqué estaba asustado.
–¿Asustado? ¿Cómo crees que me siento yo?
Él no contestó.
–La imprimación no se elige –dije afirmándolo.
–Sí –corroboró él.
La conclusión total era que él no me había elegido, había aguantado a una comatosa por un encantamiento, a la que no conocía y amaba ciegamente. No me valía. No me era suficiente que me quisieran incondicionalmente, sin pedir nada a cambio. ¿Qué clase de absurdo "amor" era ese? El amor se luchaba, y se alcanzaba, no se encendía con un botón.
–Seth –le dije–, este juego de leyendas, brujerías y mentiras, no me vale. Lo siento.
Y me estaba levantando cuando su mano me retuvo.
–¿Mentiras? –me espetó–. Hablemos de la gran mentirosa Megan, y sus oscuros secretos. Eso si te vale, ¿verdad?
–¿De qué hablas? –le miré enfurecida.
–De ti, de Helen. De todo lo que tú tampoco me has contado. ¡De tu brazo, por Dios! –y me giró la muñeca, dejando a la vista una medialuna fría y dura. Le miré espantada. ¿Cómo lo sabía?
–¿Cómo lo...?
–¿Qué como sé que te mordió un vampiro? –acabó él.
–Seth esto no es justo. ¡No podías pretender que te lo contara todo!
–¡Y tú no puedes pretender que cambie, soy lo que soy! –me espetó–. Con sus reglas, y putadas.
–¡Lo que tenemos no es real, por Dios! –Chillé exasperada–. Estoy harta de vivir en esta absurda realidad de mentiras, engaños y embustes. ¡Quiero mi vida!
Estaba totalmente nerviosa, y mi cuerpo temblaba. No entendía nada, de lo que pasaba a mí alrededor. Me había girado en dirección a la hoguera. Estaba harta de discutir.
–¡No puedes ser así! –Chilló a mis espaldas–. ¡Al final, Tyler tenía razón y se ha salvado de una buena! ¡Estás loca!
–¡¿Qué?! –me giré cabreadísima. Eso ya era el colmo–. Seth, tienes un puto problema, ¿o qué? Aquí el que pierde la chota eres tú. ¡Mírate! –le dije–. Das pena. Todo lo que tocas lo destruyes, ¿no te das cuenta?
Ambos nos fuimos acercando, más y más, para recriminarnos el uno al otro.
–Quizás tengas razón, pero en esto no. Estás loca. Compadezco a Tyler por aguantarte tanto tiempo. Quizás solo lo que tienes es un buen polvo. Lástima.
–Qué te jodan Seth –aquello había sido la gota que había colmado el vaso. Le di una cachetada. Aunque me hice mucho más daño yo que el que le pude ocasionar a él. Aun así, se volvió loco, me miró y ese brillo que yo tanto quería desapareció, su cuerpo empezó a temblar, y ya no era dueño de sus actos–. ¿Seth? –volví a decir, acercándome poco a poco, y con una voz suave.
Pero él no respondió, solo me miró. De pronto, Quil y Jacob, aparecieron a su lado y lo alejaron de mí unos metros, vi de lejos como Quil intentaba calmarlo, llevándoselo lejos de mí. Jacob me empujó para que caminara en dirección de la hoguera.
–¿Está bien? –le pregunté.
–Sí, nada que una tila no pueda calmar. Y creo que tu también la vas a necesitar, créeme –me sonrió –aún te faltan muchas cosas por saber.
–Lo siento por él, pero no quiero saber nada más de esto. No podría soportarlo. Supongo que sabrás... –no acabé la frase, porque él me cortó.
–Sí, aquí todos lo sabemos.
No me dio tiempo a decir nada más, estábamos ya en frente de la gente, y esta me miraba expectante. ¿Qué hacía yo ahí? Tenía que irme a casa.
–Niki... –susurré.
–No te preocupes, nosotros te llevaremos a casa –dijo una chica rubia de la que no recordaba el nombre, refiriéndose a Jake.
–Gracias, no sabes cuánto te lo agradezco.
Me sonrió como respuesta. Fui a despedirme de Nicole, y le prometí que pasara lo que pasara, quería seguir viéndola. Y con un simple adiós, me despedí de los demás.
–¿A dónde te llevamos, Megan? –me preguntó la chica, mientras nos poníamos en marcha con el coche.
Respondí con un escueto «Forks». Ellos empezaron a hablar. Parecían muy enamorados. O algo así.
–¿Estáis imprimados? –pregunté al fin.
–Sí –respondió Jake– aunque a Edward no le guste –bromeó–. Hablando de eso Ness –eso era: Renesmee–, ¿habrán vuelto ya?
–Sí –respondió– Carlisle y él, ya llegaban esta tarde.
Espera. ¿Carlisle? No es que fuera un nombre común. Y Edward coincidía. ¿Era una Cullen? ¿Más vampiros?
–Renesmee –empecé.
–Nessie o Ness, por favor –me sonrió tiernamente.
–Ness –empecé de nuevo–, ¿cómo te apellidas?
–Cullen.
–Genial –dije soltando un casi bufido–. Más vampiros.
–No lo soy –me dijo– Tengo padre y madre.
La miré extrañada.
–Quita –dijo Jake–, yo te lo resumo. Humana conoce a vampiro. Vampiro y Humana se enamoran. Viven un largo y apasionado romance. Se casan. Vampiro y Humana follan. Humana preñada. Nace Nessie. Humana casi se muere, así que se convierte en chupasangre. ¿Qué tal? –le preguntó a Nessie.
–No te rías de mis padres, si no fuera por ellos, no estaríamos aquí.
–Lo sé –sonrió él.
–No soy humana, pero tampoco soy un vampiro –me dijo sonriente.
Demasiada información por hoy. Jacob siguió mis indicaciones y me dejó en la puerta de mi casa, bajé del coche y me despedí. Quizás aquella fuera la última vez que los viera.
