Hola, mucho tiempo sin leernos, tanto que de un momento a otro Quinntana se volvió cannon en Glee jaja, cosas que nos sorprenden.
Recuerdo que les dije que quedaban tres caps para el final, he decidido agregar otro más que espero no tengan que esperar tanto para leer.
Eso, ojala les guste.
Capitulo Trece: La primera prueba
La conversación con su madre se había extendido hasta altas horas de la noche. La mujer quería saberlo todo. Así que Quinn le contó difícil que había sido el proceso de aceptación cuando se dio cuenta de que estaba enamorada de una de sus mejores amigas, como escondió esos sentimientos, como luego ya no pudo más y lo que fue su corta e intensa relación con Santana, porque no omitió el que ya no estaban juntas por su cobardía.
Judy se mostró comprensiva y le dio, sin mucho conocimiento, algunos tips de cómo los chicos cortejaban a las chicas en su época, lo clásico le dijo con convicción la mujer "siempre funciona", porque las rosas, chocolates y la poesía, nunca fallan cuando se quiere conquistar el corazón de una dama.
Quinn sonreía y asentía porque no quería hacer sentir mal a su madre diciéndole que eso ya no funcionaba totalmente, la mujer se veía tan entusiasmada en ayudarla a recuperar a Santana, que eso valía más que cualquier consejo salido de un libro del siglo diecinueve. Porque que su madre la aceptara tanto como para ayudarla a tener de vuelta a su chica era más de lo que soñó alguna vez.
Las horas de sueño fueron una verdadera terapia para recobrar energías, ya que desde hace semanas que no dormía como corresponde.
El desayuno estuvo lleno de nuevas indicaciones de una Judy Fabray que estaba decidida a ver otra vez esa sonrisa que tuvo Quinn durante su relación con Santana.
-Ya y cuando regreses de la escuela quiero saber los avances- Le dijo la mujer como si se tratara de una cuidada estrategia militar-.
-Lo intentaré- Respondió-.
-No, nada de lo intentaré, quiero avances Quinnie, tienes que reconquistarla ¡Eres una Fabray!- Exclamó como un general dando indicaciones a su pelotón-.
Quinn respiró profundo y se llenó de esas nuevas energías que le estaba dando su madre.
-Lo haré, cuando vuelva te cuento de los avances- Expresó con firmeza-.
-Así se habla, esa es mi pequeña- Dijo orgullosa-.
Un beso en la mejilla de despedida y salió, cargada con consejos para reconquistar a su chica.
Santana ya había llegado a la escuela como cada día, ordenaba sus cosas en su casillero ignorante de que alguien llevaba largos minutos mirándola desde una distancia prudente tomando fuerzas para hacer su primer acercamiento.
-Una flor para otra flor-Susurró Quinn en el oído-.
La latina quien seguía con la vista fija en su casillero, vio la hermosa rosa roja y sonrió al escuchar las palabras que aunque trilladas resultaban especiales al salir de los labios de su rubia. Se volteó sin tomarla para verla a los ojos.
-¿Para mí?-Preguntó coqueta-.
-No veo ninguna otra chica hermosa a quien darle esto por aquí-Respondió con galantería-
Santana sonrió y la recibió. Posó sus ojos cafés sobre los verdes la una rubia porrista que se veían muy nerviosa.
-Gracias es muy bonita-.
-De nada-.
Un silencio se produjo entre ellas, Quinn jugaba con sus manos y Santana intentaba predecir cuál sería el comportamiento de la rubia desde ahora.
-Se supone que ahora debía recitar el poema que me dijo mamá, pero creo que con los nervios lo he olvidado-Susurró la rubia avergonzada-.
-¿Poema?-Preguntó reprimiendo la risa la latina-.
-No te burles, mamá dice que hay cosas que nunca fallan cuando quieres conquistar a una chica, no importa que ya no estemos en el tiempo de Romeo y Julieta-Se defendió sonriendo ella también-.
-¿Así que quieres conquistarme, Fabray?-Interrogó-.
-Mmm…quizás-Respondió haciéndose la interesante-.
Santana al ver ese tono rojizo tan tierno en las mejillas de Quinn, olvidó el detalle que quien la había aconsejado.
-Un momento-Pensó- ¿Tú madre?- Preguntó cayendo en el "detalle"- ¿Le dijiste a tú madre de nosotras?-.
-Sí, por eso me fui ayer antes de la práctica para hablar con ella-Respondió-.
Quinn al ver la expresión de sorpresa se dio cuenta que había sido una excelente primera jugada porque seguro su morena no se esperaba que tuviese la valentía de decirle la verdad a su madre.
-Te dije que esta vez haría las cosas bien y si debía partir por alguna parte esa parte era mi madre-Expresó convencida-.
-Pero…ella…¿Qué te dijo? ¿No te volvió a echar de casa? ¿No quiere internarte en algún claustro de monjas para curarte?-Preguntó-Aunque creo que un claustro lleno de chicas aunque sean monjas no sería la solución más efectiva….-Comenzó a desvariar-.
-San-La detuvo tomándola de los brazos- Todo está bien, ella me acepta, y también lo nuestro o lo que va a ser lo nuestro si logro tenerte de vuelta, incluso me está aconsejando para poder reconquistarte-Agregó-.
La latina abrió los ojos sorprendida, de todas las reacciones que esperaba tuviera Judy Fabray, esa no era una de ellas. Sin embargo, se alegraba tanto, porque sabía lo importante que era la mujer para Quinn y que un rechazo de parte de ella habría sido un golpe doloroso para su rubia.
-Me alegro mucho Q, tú te mereces su apoyo-Le dijo con una sonrisa-.
-Ella con su apoyo me ha dado lo último que necesitaba para dejar de tener miedo, si mi madre está conmigo no me importa lo que lo demás digan San-Expresó-.
Santana quería creer que por fin todo estaba bien, que ya no habría más cosas que las pudieran separar, pero una parte de ella tenía miedo, una parte de ella no podría soportar que Quinn Fabray le volviera a romper el corazón.
-Creo haber escuchado eso antes…-Dudó la morena-.
Quinn sabía que no sería tan fácil, que no bastaba con eso para hacer que Santana superara la inseguridad que sentía, porque le había fallado demasiadas veces.
-Lo sé, pero créeme ahora nada me va a hacer dar un paso atrás, sólo necesito está última oportunidad para demostrártelo…-.
-Cómo te dije ayer, tú tienes que ganarte esa oportunidad…-.
La rubia sonrió satisfecha por la respuesta que había escuchado.
-¿Puedo partir por acompañarte hasta tú primera clase y llevar tus libros?-Le preguntó-.
-Está bien-Aceptó dándole los libros que ocuparía en el primer bloque- ¿Aún no recuerdas la poesía?-Interrogó bromeando-.
Quinn le dio un pequeño golpe con el hombro.
-No te burles de las técnicas de conquistas de tu futura suegra-.
¿Judy Fabray su suegra? Ese pensamiento meses antes le habría sonado totalmente bizarro pero ahora le gustaba, quería pasar por todo eso de los padres con su rubia.
-Sana y salva en su primera clase, mi hermosa dama- Le dijo apoyándose en el umbral de la puerta-.
-Gracias, mi brillante caballero-Se burló con dulzura-.
-No me merezco algún premio…-Expresó acercándose hasta estar a milímetros de la morena sin importarle que ya hubiese una gran cantidad de alumnos en la sala-.
-Mmm…¿Un premio? La verdad no se me ocurre ninguno-Se hizo la desentendida-.
-A mí si…-Susurró cada vez más cerca de sus labios-.
Santana la miró directo con sus profundos ojos cafés cargados de malas intenciones y se acercó a Quinn, sus alientos se mezclaban, la respiración de la rubia se tornó agitada a la espera de lo que venía, pero esos labios gruesos no terminaron sobre los suyos, sino en su mejilla, rozando cuidadosamente el borde de su boca con total sensualidad.
-No soy fácil, Fabray-Le susurró en el oído con esa voz afrodisiaca que casi hace soltar un gemido a la pobre rubia-Te veo en el descanso-.
Quinn quien había cerrado los ojos, le afirmó con la cabeza, los abrió y vio esa expresión casi perversa, por lo que supo que lo que se venía no sería nada sencillo.
Santana entró sonriendo y sin poner atención a ninguno de los cotilleos que se comenzarían a expandir más rápido que cualquier otro rumor escuchado antes en Mckinley.
A Quinn no le importaba nada, así de sencillo, ni esas miradas que habían pasado de temor hacía ella a total conmoción, ni algunos comentarios malintencionados. Ninguno se había atrevido a decírselo en la cara y ella presumía que era porque ella y Santana pese a todo seguían siendo las más temibles de la escuela. Haberse esforzado tanto en ser la reina tenía por fin algo bueno, nadie se iba a meter con ellas.
Unos gritos llamaron su atención produciendo que se acelerara su paso, porque había reconocido de inmediato esa voz.
-¡Tú lo sabias!-La acusó sosteniéndola del antebrazo-¡Lo sabías y dejaste que me pusieran en ridículo delante de toda la escuela!-Le gritó sacudiéndola más fuerte- ¿Qué fue esto? ¡Tú venganza por haberte dejado!-.
-¡Suéltame Finn!-Le pedía sin poder evitar el tono de temor que invadía su melodiosa voz-.
-¡Eres patética Rachel! ¡Patética! Pero me la voy a cobrar, te aseguro que me la voy a cobrar-.
-¡Suéltala idiota!-Le exigió la rubia intercediendo para dejar a la pequeña diva detrás de ella-.
Si bien aún no olvidaba ese día en el club Glee donde Finn la había atacado y todo el miedo que le produjo ver esa conducta en el chico, no iba a permitir que dañara a Rachel, no después de cómo había sido la chica con ella, apoyándola cuando la más necesitaba a alguien.
-No te metas con Rachel-Le amenazó bajo las miradas curiosas de una multitud de alumnos que no querían perderse la pelea entre la otrora pareja dorada del Mckinley-.
-Pero miren quien apareció, la nueva lesbiana recién salida del closet-Se burló Hudson-.
Quinn se rio sin gracia pero con total seguridad, con esa actitud que hacía temer más que su voz de mando.
-Veo que de humorista eres peor que de novio, y eso realmente es mucho decir-Respondió-.
-Fui un gran novio contigo, pero claro no era una chica, así nunca pude mantenerte satisfecha-.
Quinn lo miró con ferocidad y se acercó a él apuntándolo.
-¿De verdad quieres que diga qué clase de novio fuiste? ¿Te quieres arriesgar a que todos lo sepan Hudson?-Le preguntó con una escalofriante sonrisa de victoria-.
Finn miró a su alrededor como todos estaban pendientes de lo que iba a decir Quinn, ya no podía rendirse, no iba a perder contra ella.
-Yo no tengo nada que perder, eres tú quien lo va a perder todo-Respondió intentando sonar convencido-.
-¿Perder? ¿Qué voy a perder? ¿Las patéticas salidas a Breadstix que tenía contigo para que luego intentaras tocarme? Pero claro ni en ese intento eras bueno, porque aunque lo único que te dejaba tocar eran mis brazos, tu minúsculo equipamiento reaccionaba haciendo que mancharas tus pantalones ¿Cuánto duraba eso? ¿15 segundos?-Se burló haciendo estallar en carcajadas a quienes estaban ahí-.
-Tal vez le estás dando mucho tiempo Quinn, yo una vez tomé el tiempo y eran 7 segundos antes de que gritara ¡Cartero!-Agregó Rachel quien ya no tenía ningún temor-.
La cara de Hudson estaba roja, de rabia, de vergüenza, de tener el conocimiento de que esas dos chicas que una vez erróneamente pensó tendría siempre detrás de él, ahora estaban en su contra burlándose delante de todos.
-¡Yo soy lo mejor que han tenido es sus vidas!-Les gritó- Yo las hice ser alguien en ésta escuela-Se defendió-.
-Claro Finn-Dijo la rubia en tono de sarcasmo- No eres más que un idiota con cero neuronas, lamento cada segundo que pasé contigo y seguro Rachel también porque una chica como ella se merece alguien a su altura, no un tipo como tú que se quedará en este pueblo viviendo del negocio del esposo de su madre, eres un perdedor Finn…-.
-No me hables así-La amenazó tomándola del brazo-.
-No te tengo miedo Hudson, ni a ti ni a nadie, y bien poco me importa lo que digan mientras esté con Santana, así que ninguna de tus amenazas me va a asustar-.
Hudson me dio una media sonrisa.
-Así que lo asumes, asumes que estás con esa cualquiera de López que seguro después de acostarse contigo y darse cuenta que eres frígida te dejará por otra, así es ella, toda la escuela lo sabe, es una zorra que recorrido las camas de todos aquí…-.
No pudo terminar porque una patada en las bolas lo hizo doblarse del dolor y no, no fue de parte de Quinn quien estaba totalmente sorprendida.
-No se habla así de una mujer imbécil sin modales-Le dijo una muy alterada Rachel Berry-.
-Vuelva a hablar así de mi chica y te aseguro que le haré el favor al mundo de dejarte sin decencia- Lo amenazó la rubia-.
Ambas se miraron y comenzaron a caminar, dejando a un Finn Hudson de rodillas en el suelo aún con mucho dolor.
-Eso Berry, ha estado impresionante- La felicitó la rubia son poder borrar la sonrisa de su cara-.
-No me gusta tener que recurrir a la violencia para solucionar los problemas, pero aunque Santana nunca lo asuma en voz alta sé que también me considera su amiga y no dejaría que alguien dijera esas cosas sobre mí-Argumentó la diva-.
-Discúlpame por haberte metido en medio de esto…-.
-No tienes que disculparte Quinn, somos amigas y estoy orgullosa de eso, creo que es uno de los mayores logros que he tenido en mi paso por la escuela…-.
-Eres la mejor amiga que pude conseguir Rachel-.
-Me alegra saberlo, ahora te abrazaré para sellar este momento totalmente emotivo que hemos tenido-Expresó-.
Quinn le sonrió y aceptó su abrazo, porque era cierto lo que decía, esa pequeña diva que en algún momento había considerado insoportable, se había comportado como su mejor amiga.
Santana estaba en otro lugar al momento de la pelea así que no se había enterado de nada, eso hasta el momento en donde un torbellino rubio llegó para hablarle.
-¡San! ¡Ya lo supiste!-Exclamó Brittany totalmente emocionada-.
-¿No?...-Le preguntó totalmente sorprendida bebiendo la botella de agua que había ido a comprar a la cafetería-.
-Quinn ha aceptado delante de todos que eres su chica-Le contó dando saltitos de felicidad-.
Santana casi escupe el agua que tenía en su boca al escuchar la nueva información.
-¿Qué? ¿Cuándo? ¿Por qué? – Le preguntó la latina procesando eso-.
-Finn comenzó a gritarle a Rachel, en eso llegó Quinn y lo enfrentó, las dos se burlaron de él, entonces Finn comenzó a decir cosas feas sobre ti, Rachel le dio una patada en las bolas y Quinn lo amenazó de que no volviera a hablar de…-Hizo una pausa para darle emoción- SU CHICA, de esa manera- Resumió Britt-.
Santana pasó de la conmoción a un estado placentero de tranquilidad. Brittany la abrazó para felicitarla y ahí reaccionó.
-¿Sabes dónde está?-Le preguntó-.
La bailarina le hizo un gesto de afirmación y la guío por los pasillos del Mckinley para que llegaran donde vieron a dos sonrientes chicas hablando.
-¡Quinn Fabray!-Le gritó Santana haciéndose lugar para llegar frente a frente con la rubia, en medio del pasillo.
-San…-.
-¿Qué es eso de que andas diciendo que yo soy tú chica cuando no es cierto?-Le preguntó con su mano en la cadera, reprimiéndose la sonrisa-.
Quinn la conocía a la perfección por lo que no se tragó esa escena de chica enfada, al contrario dio los pasos faltantes para estar junto a ella, la tomó fuerte por la cintura y le comió la boca en un beso pasional que las hizo recibir silbidos y aplausos de algunos alumnos que pasaban por ahí y encontraban totalmente hot, verlas besándose. Santana pasó sus brazos por el cuello y enredó sus dedos en ese cabello rubio que tanto extrañaba.
-Eres mi chica López- Aseguró Quinn una vez que se separaron-.
Santana aún no recuperaba el aliento después de ese beso que le había dejado con ganas de mucho más, por lo que no tuvo fuerza para hacer nada más que afirmar con la cabeza.
Ya había pasado más de una semana y aunque no estaban de novias de manera oficial, sus muestras de cariño demostraban que iban avanzando cada vez más rápido. Quinn ya no tenía que robarle los besos a su latina, ella se los daba gustosa, dándole a entender que iba recuperando su confianza, que estaba teniendo esa oportunidad que tanto le había pedido.
Era un viernes y Quinn iba titubeante a hablarle a Santana después de una extenuante práctica con las Cheerios.
-¿Te acompaño hasta tú auto?-Se ofreció la rubia-.
-Claro- Aceptó y luego le dejo un suave beso en los labios-.
El trayecto desde las duchas hasta el estacionamiento estuvo extrañamente silencioso, Santana notó que algo pasaba por esa batalla silenciosa que se desarrollaba en los ojos de Quinn. No quiso, pero de inmediato temió lo peor, esa inseguridad de que la volviera a dejar volvía a momentos aunque intentara evitarlo.
-¿Qué pasa?-Le preguntó directa ya al frente de su auto-.
Quinn levantó la mirada y luego la volvió a bajar para jugar con sus dedos de manera totalmente nerviosa. Balbuceo algo que Santana aunque se esforzó no logró entender.
-Habla claro que no te entiendo nada-Le exigió en un tono molesto-.
-Mamá dice que si quieres ir a cenar con tus padres mañana por la noche a casa…-Susurró-
Santana cambió la expresión de inmediato y la tomó del mentón para que la viera a los ojos.
-Si es demasiado compromiso lo voy a entender, pero si no te lo decía mamá me iba a volver a regañar como toda esta semana cuando llego a casa…-.
La ternura que le produjo el sonrojo y la timidez de Quinn, le hizo sonreírle con total adoración.
-Me encantaría cenar contigo y tú madre, apenas llegue a casa les diré a mis padres-Respondió-.
-¿En serio?-Preguntó haciendo ver esos ojos como dos esmeraldas brillantes-.
-Claro que si, además no sería primera vez que lo hacemos, de niñas nuestras familias se visitaban mucho-. Dijo para tranquilizarla-.
-Lo sé, pero ahora es diferente, mamá no deja de decir que tienen que discutir con Maribel "algunos detalles" y esa frase me asusta, temo que me avergüence y te ponga incomoda a ti- Expresó dando a conocer sus miedo-.
Santana le tomó la mano con cariño y compresión.
-Todo estará bien, yo puedo con tú madre y tú podrás con los míos-.
Quinn sonrió y la atrajo más hacía ella.
-Gracias-Le dijo-.
-Quinn no tienes que darme las gracias…-.
-Claro que sí, no sólo por aceptar esta loca idea de mi madre, sino por aceptarme de nuevo a mí, por perdonarme todas las veces que te hice daño al ser tan cobarde, gracias mi amor por estar conmigo, por darme ese nosotras que tanto quise…-.
Los ojos de la rubia estaban aguados, toda esa emoción estaba canalizándose en lágrimas que Santana secaba con todo el amor que sentía por ella.
-Te amo-Le dijo-.
Y esas dos palabras hicieron a la rubia sonreír, para luego besarla tierna y calmadamente.
-Yo también te amo-.
Se quedaron unos minutos más dándose mimos para luego cada uno subir a su auto y así irse a casa, se verían al día siguiente en esa cena.
Santana iba de un lado para otro por toda su habitación, ya estaba casi lista le faltaba solamente terminar de maquillarse, pero no encontraba su lápiz labial favorito y ese pequeño detalle la estaba estresando totalmente.
-San, cariño ¿ya estás lista?-Dijo Maribel entrando a su habitación-.
-No, no sé dónde demonios está mi lápiz labial- Expresó desordenando todo a su paso en la búsqueda del preciado objeto-.
-¿Es este?- Le preguntó tomándolo de su tocador-.
Santana se acercó para quitárselos de la mano a su madre que tenía en su rostro una sonrisa burlona.
-Creo que alguien está nerviosa- Le dijo sentándose en su cama e invitándola a ella-.
La latina acepto de mala gana.
-¿Qué pasa? Ayer parecías totalmente a gusto con la idea y ahora estás como si fueras a un matadero…-.
-Creo que ya no me parece tan buena idea-Balbuceo- Judy puede ser muy agradable cuando quiere, pero ahora es diferente, voy a ir como la chica que hizo que su perfecta hija se hiciera lesbiana, su hija, la de la mujer tradicional y católica-.
-Mija, Judy ha demostrado su apoyo a su relación, no tienes que nada porqué temer- Dijo para darle calma-.
Santana sabía que su madre tenía razón pero igual le temía a esa mujer que siempre se veían tan propia.
-Ya levántate que no queremos llegar tarde- Expresó Maribel-.
-¿Cómo me veo? ¿No es demasiado escote? quizás debí elegir el azul, es más sobrio y muestra menos piel, no quiero que Judy piense que soy…-.
-Te ves hermosa y Judy no pensará nada malo, sólo que su hija tiene suerte de tenerte a su lado, el rojo siempre ha sido tú color mija- La detuvo para darle ese apoyo materno que tanto necesitaba-.
-Gracias- Se acercó para darle un abrazo-Tú también te ves hermosa-.
-Lo sé, las mujeres López somos hermosas-.
Ambas bajaron la escalera para encontrarse con el doctor López que las esperaba para irse a la residencia Fabray.
-Papá ¿Y la corbata que deje junto con el traje?-Le preguntó-.
-San, vamos a la casa de Judy no creo que deba usar una corbata-Se justificó-.
-Papá si deje la corbata era para que la usaras, así que sube a ponértela- Le insistió-.
-Pero…-.
Carlos buscó apoyo en su mujer, pero lamentablemente para el hombre, sus mujeres estaban aliadas.
-Si mal no recuerdo te gusta mucho como cocina Judy, así que si no quieres perderte la cena mejor subes y te pones la corbata…- Dijo Maribel apoyando a su hija-.
El doctor López bufó sonoramente y se escuchó un "estás mujeres" y subió a ponerse la famosa corbata que iba totalmente a juego con el traje que llevaba.
Por fin ya estaban ya en el auto camino a la casa de Quinn, Santana intentaba distraerse pero los nervios ya se habían alojado en el perfecto cuerpo de la latina y no parecían querer irse.
Ya estaban al frente de la casa, sus padre iban unos pasos más adelante tomados de la mano mientras ella se mantenía un poco distante. Los observaba, como su padre seguía reclamando por la corbata, pero su madre con unas cuantas palabras y un delicado beso ya lo había calmado. Sus padres tenían un matrimonio que a ella le gustaría presumir algún día, una pareja que pese a todos los años que llevaban juntos se seguían amando como cuando eran novios.
-Buenos noches-Saludaba Quinn quien era la encargada de recibir a los invitados-.
-Buenas noches Quinn-Respondían ambos-.
La rubia ya había visto a su latina, así que mientras Maribel y Carlos entraban para unirse a Judy ellas se quedaron ahí. Quinn cerró la puerta y la arrincono.
-Hola…-Saludó con voz ronca-.
-H-hola- Tartamudeo- Esto es para ti-Dijo entregándole un hermoso ramo de flores-.
-Gracias…ahora quiero mi beso-Le pidió-.
-Q, están nuestros padres…no quier…-.
No alcanzó a terminar de negarse porque la rubia rompió la exigua distancia entre ella y atacó su boca con una ansiedad y pasión que al segundo hizo que Santana se olvidara de querer negarle un beso a su chica.
-Mmm…-Balbuceo la morena con los ojos cerrados-.
-Ahora vámonos, nos deben estar esperando-Le dijo Quinn con una sonrisa de satisfecha por haberla dejado así sólo con un beso-.
-Eres mala-Le dijo la latina y comenzó a caminar dejando a la vista lo bien que ese vestido se ajustaba a sus curvas y como favorecía a su trasero-.
-Si yo soy mala no sé qué eres tú…-Balbuceo mordiéndose el labio inferior al tener sus ojos fijos en el trasero de su chica-.
Judy estaba ofreciendo algunos aperitivos mientras estaba lista la cena.
-Carlos, que corbata más elegante- halagó Judy-.
-Gracias- Aceptó comiendo algunos bocadillos y saboreándose-.
-Ya íbamos a ir por ustedes- Dijo Maribel-.
-Estábamos saludándonos- Expresó la morena-.
-Mira las hermosas flores que me ha traído Santana-Le mostró la rubia a su madre-.
-Un muy lindo detalle, Santana-.
La cena no tardó en estar lista y todos pasaron a la mesa que estaba elegantemente puesta por las dos Fabray para sus invitados.
Judy tomó su copa y pidió la atención de los presentes.
-Quiero brindar por la felicidad de nuestras hijas y porque nuestras familias se unan muy pronto- Expresó feliz-.
-Por los López-Fabray-Secundó Maribel-.
El sonrojo en las mejillas de las chicas era visible pero a ninguna de sus dos madres parecía importarles.
-Mamá ya, estamos en secundaria todavía así que no tendrás nietas pronto-Le reclamó Santana-.
-Ya te dije que yo quiero tener nietos cuando pueda disfrutarlos, no cuando esté tan vieja que no haga más mirarlos y les cuente las mismas historias una y otra vez ¿o no Carlos?- Le preguntó a su marido-.
-Mmm…-Respondió más pendiente de su riquísimo plato de comida que de su esposa-.
Santana rio ante la cara de enojada que tenía su madre al no tener la atención del doctor.
-Quinnie me ha dicho que ahora son co-capitanas de las Cheerios-.
-Si señora-.
-¿Cuándo son las Nacionales?-Preguntó-.
-El próximo viernes viajamos para Miami competimos el sábado y si nos va bien las tres mejores escuadras compiten el domingo, viajamos ese día en la noche- Respondió Santana-.
-¿Miami? Creo que además de la competencia lo pasaran excelente…-.
-Esperemos que no tan bien como la vez que las sorprendí en la habitación de Santana-Comentó Maribel-.
-¡Mamá!-Exclamó Santana quien no quería que Judy se enterara de aquello-.
Judy miró a ambas mujeres y luego a su hija que ya no podía con la vergüenza, aquello le dio una idea de lo que pudo haber visto Maribel. La noche seguía su curso y todos se sentían a gusto y en familia.
-Quinnie creo que ya es hora-Le susurró la mujer a su pequeña-.
-Mamá…-.
-Quinnie-.
La rubia suspiró pesadamente y se levantó para hacer lo que había acordado con su madre.
-Me gustaría decir algo…-Expresó nerviosa-.
Santana dejó de comer para ver a la rubia a los ojos intentando saber que sería lo que diría a continuación.
Quinn tosió intentando sacar la voz.
-San, tú me pediste ser tú novia una vez y el tiempo que estuvimos juntas ha sido el más feliz de mi vida, contigo me siento completa, aceptada y amada, tú me diste fuerza para aceptarme y me das más cada día para luchar por lo nuestro, te amo y yo quiero…quiero pedirte que seas mi novia otra vez-.
Todos los presentes estaban conmovidos con las palabras de la rubia, más la latina que se había levantado para estar a su lado.
-Si quiero…-Susurró muy cerca de sus labios-.
En ese momento se olvidaron de quienes estaban a su alrededor, lo único que les importaba era estar juntas de nuevo, tenerse la una a la otra, poder disfrutar ahora sin esconderse.
-Te amo también-Le murmuró Santana luego de romper el cariñoso beso-.
-Creo que si fuera por ellas ya tendríamos un par de nietos-Le susurró Judy a Maribel no tan discretamente-.
-Y eso que no viste lo que yo vi-Respondió la señora López-.
Las chicas ignoraron a su madre y siguieron dándose mimos por todo lo que duró la cena. Luego se trasladaron al salón.
Quinn estaba literalmente pegada a Santana, acariciaba el muslo de la morena y depositaba tiernos besos en su mandíbula y cuello, mientras su novia tenía una mano en su cadera sujetándola fuerte, queriendo que nunca más nada la alejara de ella.
-Quinn…ya-Le pidió la morena con voz baja-.
-¿Qué? ¿No te gusta?-Le preguntó acercándose ahora al lóbulo de su oreja-.
-Sabes que si pero me están pasando cosas que no son recomendables que me pasen frente a nuestros padres-Le susurró intentando ser discreta-.
-Podemos subir a mi habitación…-Insistió la rubia-.
Santana la vio a los ojos y por un segundo casi cae en la propuesta de la rubia pero se contuvo, porque aunque sonara extremadamente tentador y su cuerpo le exigiera tener a la mujer que amaba otra vez entre sus brazos, sabía que aquél no era el momento adecuado, que la necesitaba con tranquilidad, que deseaba disfrutarla donde nadie pudiera interrumpirlas.
Y esa oportunidad la tendrían, porque más allá del campeonato nacional que iban a disputar con las Cheerio, la latina estaba decida a hacer de ese viaje la consolidación de su relación. Ya no quedaba mucho de ese último año de escuela, pero para ella le quedaba toda una vida de su relación con Quinn.
Se acercó y le besó con ternura.
Quinn leyó en sus ojos la repuesta y lejos de sentirse frustrada le sonrió con amor, con la misma esperanza que veían en esos ojos color ámbar que volvían a brillar para ella.
Que creen que viene ahora? la consolidación? servirá ese viaje de las Cheerio para eso?
Saludos! y espero sus review!
