DEMONS
Imagine Dragons
Sabía perfectamente que mis padres me estaban escuchando, y esperaba que lo hicieran. ¿Cómo me hacían esto? ¿Cómo pretendían que entendiera que me apartaran de la persona a la que más quería en el mundo? Le hice saber a mi padre que le despreciaba, despreciaba como él y mamá me trataban, como no me entendían si ellos sentían lo mismo el uno por el otro.
Me pasé la noche llorando. Me dolía tanto tener que marchar… No quería irme sin Jake, pero tampoco lo podía obligar a venir. Y me hacía tanto daño pensar que estaríamos separados.
Durante la noche el dolor se instaló en mi pecho, sin dejarme respirar. Las dos horas que conseguí dormir por el cansancio estuvieron seguidas de varias pesadillas, que a la mañana siguiente, cuando me desperté, cubierta de sudor, no quise, ni las pude recordar.
Fui directa al baño e intenté, en vano, disimular mis ojeras, y mi mal aspecto. Me vestí cómoda y fui al garaje. No tenía planeado avisar a nadie de que me marchaba. Y supuse que mi padre sabría ya, mis planes.
Conducía sin pensar y casi no prestaba atención al tráfico.
Dejé la moto mal colocada y salí corriendo hacia la casa de Jake. Antes de siquiera acercarme al porche, Jake me había oído y se encontró conmigo a mitad de camino.
Me abrazó y busqué sus labios desesperadamente y, de nuevo, las lágrimas brotaron de mis ojos. Él se separó instintivamente.
–Eh, pequeña, ¿qué pasa?
Sorbí por la nariz y le mostré colocando mi mano en su mejilla lo que había pasado ayer.
–Ya veo –me miró apenado y me cogió de la mano–. Ven.
Me arrastró hasta las escaleras que llevaban al porche y nos sentamos. Apoyé mi cabeza en su hombro y le cogí de la mano. Cerré los ojos un instante. Estaba tan cansada, y estar así, pegada a él, me daba tanta seguridad y tranquilidad, que me quedé dormida.
Me desperté molesta por un rayo de sol que acertaba en todo mi ojo derecho. Estaba en la mecedora del porche tapada con una manta y Jake no estaba conmigo. Me levanté poco a poco y coloqué los pies en el suelo. Miré hacia los lados en su busca, y creí oírlo en el garaje.
Me acerqué desperezándome hacía ahí mientras me tapaba con la manta.
–Hola dormilona –me dijo al verme, sonriente.
Se levantó del suelo, donde momentos antes había estado tumbado, y mientras se quitaba la grasa de las manos con un trapo bastante ennegrecido se fue acercando a donde yo me encontraba. Me abracé a él de nuevo e instintivamente. Volví a derramar unas cuantas lágrimas de nuevo. A fuera, a pesar de estar en pleno verano, empezaba a refrescar, y el interior del garaje, por el contrario, se mantenía caliente, gracias a las irradiaciones del Sol. Nos recostamos encima del capó del coche que anteriormente él estaba arreglando y nos mantuvimos en silencio, mientras yo seguía dejando caer mis lágrimas, que no eran más que la exteriorización de mi rabia.
–¿Cuándo pensáis iros? –preguntó él al fin, rompiendo el silencio.
–Al final del verano.
Dudó unos segundos antes de contestar.
–Yo me iré contigo.
–No.
–¿Por qué?
–¿Qué por qué? Tú tienes a tu manada, a tu padre y a tu hermana, tu vida está aquí.
–Ness, lo que más me importa eres tú, mi vida está donde estés tú –me acarició la mejilla.
–Jake, no podría hacerme la responsable de que te marchases, eso me haría sentir fatal. No podría soportar verte sufrir así, sabiendo que es culpa mía.
–Pues quédate.
–No me hagas esto, Jake, por favor –lloré de nuevo.
–¿El qué?
–Esto, elegir entre mi familia y tú.
–Está bien, lo siento, no pretendía hacerlo.
Le abracé. Sabía que esto no tenía buen final, porque cualquier final que me imaginara me parecía a cada cual peor que el anterior. Y sin embargo no podíamos estar separados el uno del otro. Entonces era todo o nada, pero no podían ser ni todo ni nada. Como desearía que mi familia fuera "normal", que Jake y yo también lo fuéramos, que el mundo en el que vivíamos lo fuera completamente. Ser especial a veces apestaba.
Miré la hora que marcaba, como siempre el tiempo con Jake parecía ir a toda velocidad.
–¿Tienes que irte? –me preguntó.
–Sí, aunque no quiero.
–Yo tampoco quiero que te marches.
Me besó en los labios, y su aliento abrasador me llegó a la garganta. Le acaricié el contorno de la cara, hasta llegar a su nuca, y lo rodeé con los brazos. Ojalá se detuviera el tiempo y nos quedáramos así para siempre.
–Te quiero –me susurró.
Me sorprendió que se separara de mis labios y oírlo hablar. Le sonreí tiernamente.
–Te quiero con locura –le dije yo, a la vez que lo pensaba.
Me acompañó hasta donde tenía aparcada la moto. Volvió a besarme y me ayudó a subirme a la moto.
–Llámame luego –dijo, y me colocó el casco dando un golpecito en él–. Ten cuidado, ¿vale?
–Siempre –dejé un último beso en sus labios, y arranqué. Vi, a través del retrovisor, como su estática figura se quedaba plantada, viéndome marchar. ¿Iba a permitir que Jake se quedara allí para siempre sin mí, y yo sin él?
Megan Reeves–Seth, este juego de leyendas, brujerías y mentiras, no me vale. Lo siento.
¿Qué clase de absurda y estúpida excusa era esa? ¿Tanto miedo tenía yo a amar y a no ser correspondida? ¿Por ello le había dañado a él, para que sintiera lo que él me había hecho a mí? Aquella noche se dijeron cosas muy feas, y lo peor, era que se sentían de verdad. Nuestra relación hasta el momento se había basado en una burda mentira, por tanto, ¿cómo conocer al otro? Es más, ¿cómo conocer al otro, si aún no se conoce a uno mismo?
Me había sentido absurda y tonta, me había sentido ingenua, aquella misma terrible mañana, como lo había sido la noche anterior. No había dormido mucho, por no decir nada en absoluto, soñando con su mirada, con él por ende, y era horrible pensar que habíamos discutido y que ya no éramos.
Le había enviado un mensaje aquella misma noche para pedirle explicaciones, para decirle que quería verle, hablar las cosas y terminar con todo de una maldita vez. A la mañana siguiente el mensaje seguía sin contestar y ni una mísera llamada.
Y en todo el día, no recibí ni un triste mensaje de texto, ni una triste disculpa, ni nada. El muy capullo me la había jugado. No iba a ceder, y si las cosas se quedaban igual de feas como estaban, "Adiós muy buenas", él me estaba demostrando lo que yo significaba para él.
Y pese a estar tan enfadada, aun estaba preocupada. La forma en la que me miró, me hizo pensar que dentro de él quizás hubiera dos personas. ¿Y de cuál estaba enamorada yo?
Si la mañana y la noche habían sido horribles, el día en sí, había sido mierda pura.
Había tenido que ir al instituto, en pleno verano, soportar al Sr. Green y su pedantería, el coqueteo con mi madre, delante de mi cara, y recibir la terrible noticia de que así como había empezado el verano, así se acababa. Mi propósito era aprobar un examen especial, hecho solo para mí, para que pudiera recuperar esos dos años perdidos de mi vida escolar. Era todo un lujo que tu madre fuera tremendamente atractiva y deseable.
Aparte de aquello, mi propio día no habría podido mejorar jamás. Estaba en una cita incómoda con dos chicas que conocía, pero no lo suficiente para contarles como me sentía. Ellas hablaban de sus propias inquietudes, cuando yo firme, al pie del cañón, recibo la noticia de que mi vida se vuelve a desmoronar de nuevo por completo. Cuando me acaban de decir que se ha ido, que ha huido de mi. Que se me ha marchado. Que no le volveré a ver en mi vida. Que he desaprovechado mi oportunidad de ser feliz. Que me daba igual. Que le quiero.
–Seth, ¿por qué te has ido?
Susurré a la almohada bañada en lágrimas, por primera vez en mucho tiempo, cuando era ya de noche y esperaba que nadie me oyera. Sí, tan solo había pasado un día y ya le echaba de menos. Tan solo había pasado un día y ya lo sentía lejos de mí. Tan solo había pasado un día y le seguía queriendo como siempre.
