N/A: La historia va a tener dos puntos de vista. El de Yoh y el de Anna.
-Yoh-
"¿Estás seguro que quieres hacer esto, Yoh?"
Pasé una mano sobre mi mejilla y noté que no me había rasurado en algunos días. Aquí estaba, sentado mirando fijamente la placa metálica con el nombre de mi antiguo Capitán.
Mi aspecto no era la única cosa que había desatendido últimamente. Aún percibía el olor del alcohol de la noche anterior, así que, supongo que él también. Mi uniforme era un desastre, no había pasado una plancha por él desde hace mucho, mucho tiempo, y mis zapatos eran un pena, sin brillo y viejos.
Era, oficialmente, una desgracia para el Departamento de Policía de Tokio.
Desgracia.
Las memorias llegaron con la palabra y ahí estaban. Podía verlas de nuevo. Tenía la misma expresión que hace un año. Las preguntas me inundaron de nuevo ¿y si hubiera actuado diferente? ¿Qué hubiera pasado si...?
Diablos.
Le di una mirada al calendario.
¿Había pasado un año?
Trate de fingir que estaba escuchando a mi superior. El Capitán se esforzaba en hacerme cambiar de decisión, una decisión que había tomado hace mucho tiempo, pero que no tenía el valor de seguirla.
Pero hoy era diferente, ahora todo estaba claro.
Esta charla sólo era una formalidad más.
Mi mandíbula y mi ceño se tensaron al tiempo que asentía para responder la pregunta del Capitán.
Dejo un suspiro pesado y se levantó, rodeando el escritorio que nos separaba. Luego cerró la puerta de su oficina y regreso a sentarse en la orilla de su escritorio, como lo hacía cada vez que me teníamos esta plática.
"Sabes, aún puedes ir con el psicólogo si es lo que necesitas. Toma los días que necesites..."
"Ya no quiero ir a terapia", le dije apretando los dientes, mis ojos encontraron los suyos, no quería que me preguntara, no de nuevo.
La única terapia que necesitaba era tiempo.
Esta vez él entendió. "¿Cuánto tiempo crees necesitar? Yo..."
"No me presiones, Amidamaru" Lo interrumpí de forma brusca. Su rostro parecía sorprendido, pero de inmediato recobro su postura de superior, aunque sus ojos aún seguían mostrando un poco de lastima por mí. Odiaba la lástima. "Los dos sabemos que no regresaré."
El silencio regreso, sólo nos mirábamos. El Capitán soltó un suspiro resignado. "¿Ya decidiste a donde irás? Puedo escribirte una carta de recomendación."
"No hace falta", le dije notando a la gente fuera de la oficina. Todos apresurados, mirando expedientes, intentando acabar un caso. Algo por lo que yo había perdido la pasión de hacer.
Fue el último trabajo lo que me hizo abrir los ojos. Había olvidado las cosas más obvias, ignorado pistas que parecían espectaculares de color neón, y por mi culpa una pequeña niña había muerto.
Al mismo tiempo que el caso asaltaba mi cabeza mis ojos se encontraron con los de Liserg Diethel, un buen amigo de mi hermano y mío. Él me miró y nos quedamos asi por unos segundos.
"Yoh."
Volví mi atención a mi superior. "Ya terminé, Capitán."
"No tiene que ser así, lo sabes, nadie quiere..."
"Ya termine", volví a decir, más duro esta vez.
Él no lo entendía, pero después de un incomodo silencio por fin se resigno. "De acuerdo. Entrega tu placa y tu arma y empezaré con el papeleo."
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Me sentía descubierto. Había entregado mi placa y mi arma sin ninguna duda, pero ahora, estando en la calle me sentía vacio, solo. Aún tenía un arma en casa, para emergencias, pero esto era diferente, muy diferente de hace doce años, cuando había usado mi placa con corage y honor, como si eso definiera la persona que era. Y aún así, darla no tuvo ningún efecto en mi.
Sólo me confirmaba lo que ya sabía: les estaba haciendo un favor al abandonar a la Policia de Tokio.
La pregunta, como Amidamaru planteó, era: ¿a dónde voy a ir?
Subí el cierre de mi chamarra hasta taparme totalmente el cuello cuando el frio se volvió más agresivo. Me acerqué a la vieja camioneta que dejé estacionada en la calle y busqué la llave.
"Vamos..." Una vez dentro, intenté prender el motor. "Vamos...", después de un par de intentos por fin funcionó y mientras frotaba mis manos para crear un poco de calor pensé en lo bueno que sería ganarme un poco de dinero en ella, en lugar de padecer siempre lo mismo.
Típica mujer, pensé y eso desató más recuerdos en mi cabeza.
"Debes tratarla con respeto Yoyo, o de otra forma, aunque logres que haga lo que tú quieres ella nunca te amará."
Hao siempre decía ese tipo de tonterías desde que tengo memoria. Comparando se pedazo de chatarra con una mujer con sentimientos, como si ella respondiera a un toque suave.
No pude evitar que mi risa saliera, froté las manos más rápido. "Idiota."
La Pick up Ford 1978 había sido de mi padre, hasta que murió. Después pasó a manos de Hao, mi hermano mayor. Estuvimos incontables horas tratando de arreglarla, intentando reparar cada detalle. Y, aunque técnicamente Hao era el dueño, me dejaba conducirla algunas veces. Era una de las cosas que nos mantenía juntos por horas. No importaba lo asqueroso que fuera nuestro día, o si nos tocaba un cansado turno nocturno, al llegar a casa podíamos sacar las herramientas y trabajar en la Ford toda la tarde.
O un día.
Incluso un fin de semana.
Ahora que él no estaba, mis ganas de trabajar en ella se desvanecieron.
Prendí la radio y busqué una estación. No tuve suerte. Parece que hace mucho dejaron de sintonizar música decente. Me rendí y acabé en una estación dónde había un comercial que intentaba convencerte de comprar un boleto e aerolínea.
"...sólo por esta semana los boletos a Aomori estarán a mitad de precio, no te los pierdas. Vuela con nosotros y..."
Ese hombre no convencería a nadie con esa voz falsa, queriendo mostrar una emoción que no tiene.
Todo era falso. Todo y todos. Lo descubrí mientras manejaba de regreso a mi casa y veía a las personas pasar, me sentía sofocado. Quería explotar. Y parecía que no podía salir del único lugar que quería huir.
Sal de aquí, me seguía repitiendo. Llegué a la casa y me estacioné. Mi vecino, Tokagero, me saludo mientras sacaba su basura.
"¿Cómo te va Yoh?", preguntó, como lo hacía cada día, intentando iniciar una conversación para aliviar un poco el ambiente. Es lo que la gente siempre hacía. Intentaba cargar un poco del peso que tenía...pero eso no iba a suceder.
Ni hoy ni nunca.
Lo saludé secamente mientras elegía la llave para abrir la puerta.
"¿Cómo estuvieron tus vacaciones?", volvió a insistir.
Mi respuesta fue clara y concisa, cerré la puerta, no tenía tiempo para esa mierda.
Dejé las llaves en la mesita de la sala y fui directo al refrigerador para sacar una cerveza y abrirla.
Ya casi estaba a la mitad cuando llegué a la sala con el resto del six pack. Me senté entre los cojines y prendí el televisor. Comerciales. Esta vez era una mujer vendiendo pasta dental, mostrando sus dientes tan blancos como perlas.
Suspiré y cambié de canal mientras bebía lo que quedaba de mi cerveza.
"Vamos a ver..." Murmuré mientras pasaba los canales buscando algo que me interesara.
Home alone. "No lo creo."
Siguiente.
Siguiente.
Siguiente.
La gran estafa.
Siguiente
Siguiente.
HBO. Algo bueno tiene que tener HBO, ¿cierto?
Hoy no era el caso. Estaban transmitiendo un maratón de su más reciente serie, seguramente para mantener a la gente idiotizada con la nueva temporada.
"Diablos."
Me sentía molesto. Necesitaba salir de aquí, pero...¿a dónde iría? Necesitaba un lugar que me diera un poco de anonimato.
Osaka, no lo creo...Fukuoa, noho...Hiroshima, no... Kobe...Yokohama...eran muchas opciones con mucha gente.
Con la segunda cerveza encima se me ocurrió una idea.
Saqué un viejo mapa de Japón que tenía escondido entre los cajones del librero y lo clavé a la pared. Fui por el juego de dardos que solíamos jugar Hao y yo algunas noches y destapé la tercera cerveza mirando todas las posibilidades. Dejé la botella sobre la mesa, cerré mis ojos y respiré profundo...¡ahora! Arrojé el dardo a la pared.
"Si caíste en Kioto..." Lo amenacé.
Cuando abrí mis ojos me sorprendí un poco de que cayera al norte de la región de Tohoku. Me acerqué un poco y vi el lugar exacto que señalaba.
Aomori...
Sonreí. Parecía perfecto para mí. En Aomori sólo había alrededor de 3000 mil personas, no se comparaba con los más de 13 millones que había en Tokio, y eso hacía las cosas más simples. Pequeño, pero no tan pequeño.
A las afueras de...todo.
Lo suficientemente lejos para poder estar sólo, pero aún cerca de la civilización como para no manejar tan lejos por la comida, un Xbox y alcohol.
Las tres necesidades de las que dependía.
"De acuerdo", me dije y comencé a empacar mis cosas, un par de horas después ya estaba listo para irme.
Casi llamo a mi mamá, pero me arrepentí. Hace mucho que no hablo con ella y hubiera sido extraño explicarle porque me tenía que ir. Otro día le avisaría en dónde me encontraba. De cualquier forma, no era como si ella se diera cuenta de que no estaba en Tokio.
Me comuniqué con un sujeto que conocía de bienes raíces y le explique que quería vender el lugar, le dejé la llave debajo de una maceta y mis datos completos. Subí las cosas que llevaría conmigo a la camioneta, busqué como llegar a Aomori en mi aplicación del ipod y arranqué.
Esta vez me tomó sólo dos intentos iniciar el motor y decidí que no me desharía de ella aún. Esta camioneta me debía por lo menos un viaje de Aomori.
Sin nada más, tomé la autopista y dejé a Tokio detrás de mi.
Ya no había nada que me atará a él.
Ates de pensarlo ya estaba en un lugar que juré nunca visitar de nuevo.
La tumba de mi hermano.
No había planeado ir ahí, pero a mi cuerpo no parecía importarle. Me senté a un lado del lugar donde descansaban sus restos. Quería decirle un par de cosas antes de salir de ahí. Después de unos minutos tomé una cerveza por mí, otra por Hao y regresé al auto.
No tomé una por papá.
A él nunca le gusto la cerveza.
Listo, oficialmente esten es el primer capítulo.
Gracias a Liax-ws, por dejar su review.
Espero que les guste.
