Olvidé decir en los capítulos anteriores que: Los personajes de Shaman King no me pertenecen.
Disfruten y denme un jalón de orejas si ven una falta de ortografía, se los agradeceré infinitamente.
Anna
"Señor Yamada tiene que irse a casa."
"Escúchame muy bien, Anna Kyoyama, mi familia ayudó a construir esta casa. Incluso perseguí a tus padres una o dos veces para que salieran de aquí...tú no me vas a decir cuando me tengo que ir."
Mosuke Yamada era un anciano amable, bueno casi siempre, pero cada día envejecía más y se volvía más necio. Desde que su esposa murió, hace casi un año, él empezó a tener problemas para dejar las cosas familiares. Había caído en una rutina de pasar el tiempo en el templo Bodai, donde yo trabajaba algunos días, para evitar estar solo en su casa.
Y en ocasiones era difícil sacarlo de ahí.
Por suerte lo conocía lo suficiente para convencerlo sin hacer más grande el problema.
"Señor Yamada, tal vez su familia haya ayudado a construir el templo, pero yo trabajo aquí. Y las sacerdotisas ya van a llegar, así que, cuando le digo que no puede estar aquí..." Lo guié hasta la salida, "lo digo en serio."
La expresión que tenía en su rostro me daba tristeza y cuando me miró directamente a los ojos fue mucho peor, sabía lo que quería, era algo que no podía darle. Por mucho que supiera cuanto lo necesitaba.
"No tengo las respuestas que busca, Señor Yamada. Esto no funciona así."
"La extraño, Anna."
Su actitud había cambiado de un hombre necio a uno vulnerable en cuestión de segundos. Suspiré resignada. "Lo sé."
"Sólo quiero ir a casa."
No se refería a su casa realmente, lo sabía, y luche contra mi propia tristeza. Sabía lo que sentía, yo había pasado por algo similar.
Yo también extrañaba a alguien desde que se había ido. Mi mamá. Tal vez era muy joven cuando murió, pero aún la recuerdo. Reconozco el perfume que utilizaba todos los días y cómo me gustaba olerlo en su ropa cuando me abrazaba...la sonrisa que me daba cuando me preparaba para dormir. La forma en que ponía su mano en mi mejilla diciendo lo mucho que me quería, y lo especial que era.
Intentaba recrear esa sensación poniendo mi mano sobre mi mejilla viendo como el señor Yamada caminaba a una casa vacía.
No era como si yo tuviera una vida triste, no me mal entiendan.
Claro, mi papá se había ido poco después de que mamá murió, pero aún lo veía, de vez en cuando. Después de todo el que él se fuera sólo me había llevado con mi abuela Kino, quien se había encargado de mí y me había criado con una imperfección sin fallas. Ella era muy poco ortodoxa, pero me amaba y no lo cambiaría por nada.
Aunque todo el tiempo me sacara de mis casillas con sus frases misteriosas.
Ella decía que era para mí beneficio. Para ayudarme con mi habilidad.
Habilidad.
Que inspiradora palabra, ¿cierto? Bueno para mí no tanto. Yo lo describiría como una condena. Una que, en ocasiones, hacía de mi vida un infierno.
Kino me había enseñado, desde que era chica, a manejar mi habilidad. Me dijo que podía ver cosas y saber cosas que otros no podían. Que de cierta forma había nacido con ella. Me explicó que yo tenía que aprender a saber cuando era bueno compartir lo que había visto, y cuando no hacerlo y dejar que las cosas pasaran.
A veces era difícil saber cuando era el momento justo. Aún, a mis 28 años, luchó por saberlo.
Lo peor es que nunca funciona de la forma que uno cree.
Siempre es en los momentos menos oportunos y cuando más lo necesito no pasa nada.
Y siempre, siempre, es enigmático, abierto a posibilidades.
Eso sin mencionar que gracias a mi talento, la gente se dividía en dos tipos cuando a mi se referían. Estaba el grupo que tomaban lo que les decía, si es que les decía algo, muy en serio y a la vez desconfiados. Y estaban los que, prácticamente, pensaban que estaba loca.
Gracias por la habilidad, mamá.
Casi siempre me mantenía al margen, pero había días que veía algo sobre alguien tan claro que no podía ignorarlo. Ahí era dónde buscaba a la persona y le daba la información que recibía. Después de eso era su responsabilidad lo que hacían con ella.
Intentaba no tomar personalmente lo que pasaba cuando decía algo. Podía volver mi vida un desastre y yo no tenía tiempo para culpas ni consecuencias.
En lo que a amigos respecta, tenía algunos. Ellos no me usaban como su vidente, aunque un par de ellos me fastidiaban por las cosas que veía, pero sabía que sus intenciones no eran malas. Sabía que les agradaba aunque casi nunca compartiera mi información con ellos. Y cuando digo casi nunca, me refiero a JAMÁS. Prefería no entrometerme en sus vidas, ya tenía suficiente con ver cosas de casi todos en Aomori.
Algunas visiones era buenas, otras malas, otras hubiera preferido nunca haberlas visto, pero casi todas se hacían reales con el tiempo. Esto era una prueba, al menos para mí, de lo que Kino me dijo cuando era pequeña.
Todas las mujeres de esta familia tienen el don de la vista y tenemos la responsabilidad de usarla sabiamente, ella decía.
De lo que no estaba segura era de que tanta responsabilidad teníamos.
Lo que sé es que mi vida usualmente es la que paga el precio por este don. En más de una forma.
Mi familia es la primera víctima, pero esa es otra historia.
En segundo lugar está mi vida amorosa. Si no era el hecho de que ya había visto como eran mis pretendientes antes de que una relación se diera, eran ellos quienes huían por las preguntas que les hacía o con conocer mi reputación, escuchando lo que decían en la calle acerca de la loca chica Kyoyama que creía que veía el futuro.
Así no funcionaba, obviamente, pero la gente le tiene miedo a lo que no entiende. Por lo tanto...
Soy soltera.
Estoy acostumbrada a ello. Y sé como satisfacer mis propias necesidades, incluso tengo algunos "encuentros" sin esperar mucho de ellos. Parece que ese es mi destino. Así es la vida.
Tal vez no estoy hecha para tener esa clase de conexión. Ninguna real, por lo menos. Ya saben, con las mariposas en el estomago, los suspiros y todo lo que una relación romántica conlleva.
Mi madre no lo había tenido, mi abuela Kino no la había tenido. O no que yo supiera, así que...
Bueno, volviendo al mundo real.
Chequé por última vez el templo, tomé mi bolsa y me dispuse a salir, despidiéndome de algunas de las sacerdotisas que habían llegado. Antes de que pudiera llegar a la calle y disfrutar de la vista de los arboles alineados perfectamente a lo largo de la acera, tropecé con otra persona.
Creí que era otra de las sacerdotisas del templo y por instinto tiré todo para evitar que cayera.
Pero fui gratamente sorprendida por unas manos jóvenes, ayudándome a mí.
Mientras lo veía no pude evitar sonreír un poco. Él era diferente de toda la especie masculina que vivía en Aomori. O de los que yo conocía.
Brazos fuertes.
Ojos profundos.
Linda sonrisa.
Excelente aroma.
Alto.
Y todo envuelto en un traje.
"Disculpa", dijo tocando mi brazo antes de agacharse para recoger mis cosas.
No es de por aquí, eso es seguro, o ya estaría corriendo por la mitad de la calle al reconocerme.
"No, no..." Me agaché para ayudarlo con mi bolsa, y nuestras frentes chocaron levemente. "Ow."
Sonreímos y me froté la frente. "Lo siento."
"No te preocupes; fue mi culpa no vi por dónde caminaba."
Mire sus ojos y registre sus palabras. Qué extraño. Su cuerpo desprendía un aura diferente. Aunque, las auras no eran mi especialidad, si podía sentir algo, no se qué, pero lo sentía. Si tuviera que describirlo con una palabra sería: misterioso.
Me pregunté si era lo suficientemente misterioso para tener una cita con él. "No eres de por aquí."
Su sonrisa creció un poco y me entregó mis cosas. "Hola, me llamo Len Tao y sí, soy nuevo en el pueblo."
"Anna", contesté mientras inclinaba un poco la cabeza, perdida en mis pensamientos. El hombre era muy atractivo. "¿Puedo ayudarte con algo?" Finalmente pregunté.
"De hecho yo..." Dijo mirando el templo pensativo. "Creí que tal vez este era un centro de información. Estoy buscando un lugar para quedarme un par de noches, y..."
¿Centro de información? ¿En Aomori? Ja, no lo creo. "Este es un templo, pero yo...creo que puedo ayudarte con tu problema. Conozco a alguien que, bueno en realidad es mi amigo. Horokeu Usui. Tiene una pequeña cabaña donde solía vivir y que ahora renta. Estoy segura que le vendría bien el dinero."
Había conocido a Horo Horo en la primaria. Él era de Hokkaido y tenía un acento un poco diferente al nuestro. Nos convertimos rápidamente en amigos después de que lo defendí de Kouji Yamada por burlarse de su forma de hablar. El resto es historia.
Len sólo levantó una ceja y sonrió de lado.
Saqué las llaves de mi bolsa para probar que no estaba loca.
"Puedo enseñártela si quieres."
"¿En serio?" , preguntó, " Renté un carro, puedo seguirte."
"Claro", vi que hora era. Tenía oportunidad de mostrarle el lugar y llegar a comer con Kino. "Vamos. Horo Horo se alegrará de saber que renté su cabaña por unas noches."
Era verdad. La única razón por la que Tamao no quemó el lugar fue por el dinero extra.
...y tal vez yo tuve algo que ver. Le dije que tenía el presentimiento de que sería útil. Lo hice por Horo. Él amaba ese lugar. Así que me perdoné mi pequeña mentira.
"Genial. Mi carro es ese..." Señaló un carro que decía Lexus en la parte trasera. Se veía costoso, pero aparte de eso, no podía decir nada más sólo que era negro y brillaba de limpio. Los carros no me interesaban. Mientras me llevaran del punto A al punto B, estaba bien.
"Entonces sígueme."
Al manejar veía el espejo retrovisor de vez en cuando para asegurarme que estuviera detrás de mí . Me pregunté quién era este hombre, de dónde era...Parecía inteligente, amable, refinado y...soltero. Temporal pero tal vez valía la pena. Bajé la velocidad al estar tan cerca de la cabaña. Sorpresa, sorpresa...había un carro estacionado frente a ella. Una camioneta para ser más precisos.
Una camioneta que no pertenecía aquí.
Una camioneta que tal vez pertenecía a un ladrón que intentaba entrar a la cabaña de Horo Horo.
Salí de mi carro y le señale a Len que esperará un poco. Me armé con una vieja rama que estaba tirada y caminé, con cuidado de no hacer ruido, hacia la puerta trasera.
La pequeña cabaña no parecía tener nada valor para la gente, pero para Horo este lugar significaba mucho y no me perdonaría por nada si dejara que un sucio ladrón arruinara sus cosas.
Mientras hacía mi entrada a la cabaña, el extraño de la camioneta salió a la vista. Sostuve mi aliento por unos segundos. Él estaba ahí, simplemente...parado dándome la espalda. Viendo a lo lejos el Monte Osore por la ventana. Su cabello castaño era un desastre, su ropa estaba desaliñada, sus manos estaban en sus bolsillos mientras admiraba el paisaje. Parecía un soldado en descanso.
Si no fuera un ladrón podría verse un poco...sexy...al menos de espalda.
Bajé mi guardia por un minuto mientras lo observaba. Parecía que algo lo molestaba mientras veía los arboles que aún tenían nieve. Quería ver la expresión de su cara para ver si reflejaba lo que creía, pero recordé porque estaba aquí.
Tal vez estaba planeando su ruta para escapar.
Levanté la rama sobre mi cabeza, lista para derribarlo y después llamar al 911, me acerqué un poco más hasta que...crack.
Me congelé en mi lugar mientras el ladrón se volteaba. Me miro con una cara de pocos amigos, parecía muy enojado conmigo por interrumpir sus ideas de robo y huidas.
"¿Qué diablos?", murmuro. Decidí no gastar más tiempo, use toda mi fuerza para golpearlo, lo que no esperaba era que él detuviera mi golpe. Creo que se hubiera reído de mi si no estuviera tan enojado.
Jalé la rama, tratando de sacarla de su agarre para volver a golpearlo, pero él era más fuerte.
El silencio se rompió.
"¿Puedo ayudarte en algo?", gruño. "Digo, aparte de darte una cabeza que golpear."
"¿Qué si puedes ayudarme?", jalé de nuevo. Nada. "¡Estás en propiedad privada!"
"Lo sé...es mía."
"¿Tuya? Mentiroso. Esta cabaña pertenece a un buen amigo mío." Seguía jalando de la bendita rama mientras sentía su mirada aburrida.
"Un buen amigo tuyo, ¿eh?"
¿Por. Qué. No. La. Soltaba?
"Horokeu Usui para tu información." Uno, dos...¡tres! "La policía viene en camino."
"Bien", me dijo. Soltando por fin mí arma. Lástima que cuando lo hizo yo intenté quitársela. Mi cuerpo fue impulsado por mi propia fuerza y mi trasero termino en la nieve. Mal día para no usar una chamarra Anna.
¡Dios! Estaba heladísima. "Tal vez puedan arrestarte por...hmm...no lo sé ¿invasión de propiedad? A menos que quieras huir."
Era obvio que el tipo ya tenía historia con la policía, incluso sabía de que podían arrestarme. Pero se confundió de quién era el iba a ser arrestado.
Lo vi caminar hacia donde había estacionado mi auto y me levante detrás de él. Len al fin salía de su Lexus. ¿Por qué diablos tardaba tanto?
¿Tal vez porque tu se lo pediste?
Ugghh. Bravo.
Iba a delatar al intento de ladrón, mientras caminaba detrás de él y me sacudía la nieve de mi ropa - patán ni siquiera tuvo la decencia de ayudar a levantarme después de dejarme caer-, cuando Len grito alzando su celular para que lo viera. "Llamé a la policía. ¿Está todo bien?"
Miró al extraño quien se encontraba muy ocupado ignorándonos.
¿Qué si estaba bien?
¿En serio?
Tenía tanto frio que mi cuerpo estaba temblando y mi lengua parecía estar congelada, sin embrago, el ladrón/patán/mudo caminó hasta su camioneta y abrió la puerta para sacar algo.
Oh oh. Tal vez el tipo tenía un arma. ¡Tal vez quería matarnos!
Justo cuando mi cerebro intentaba buscar una salida de mi fatal destino, Horo Horo se estacionó cerca de nosotros, me miró y soltó una risa.
"¿Que te pasó, Anna?
"Horo Horo", apunté al extraño de la camioneta. "Este hombre es..."
"¡Mi nuevo inquilino!" Anunció triunfal. Me callé de inmediato, mirándolo sorprendida. "Yoh Asakura, Anna Kyoyama, Anna...él es Yoh. Va a rentar la cabaña por un tiempo."
¿Nuevo inquilino?
Abrí la boca para decir algo, pero nada salió.
El Señor Cretino sólo se encogió de hombros.
Fruncí mi ceño y miré a Horo. "¿Cómo es que...?"
"Kalim estaba en el restaurante desayunando antes de empezar su turno. Escuché la llamada y le dije que no se preocupara, que yo podía encargarme." Inclinó su cabeza hacia el hombre que decía ser su nuevo inquilino. "Todo indicaba que eras tú."
Estrechó la mano del Sr. Cretino a pesar de mi obvia enemistad con él, y comenzaron a hablar sobre su viaje, por lo tanto yo me distraje con Len. El hombre amable que hace solo unos minutos había tocado mi brazo y se había disculpado por chocar conmigo y había hablado a la policía cuando pensó que estaba en peligro.
Estaba diciéndole lo apenada que estaba por la falta de comunicación que teníamos mi amigo y yo, sacudiendo el resto de la nieve que aún tenía, y preguntándole si aceptaría mejor hospedarse en un hotel de la zona, cuando a lo lejos Horo Horo le preguntaba a su huésped si aceptaba el precio de la renta.
¿Cuánto tiempo se quedaría aquí exactamente?
Iba a preguntarle eso a Horo Horo cuando escuché a nuestros respectivos forasteros hablar.
"Acepto." Dijeron al unísono y, antes de que pudiera pensar en otra cosa, un sentimiento de total placer recorrió mi espalda al escuchar esa palabra.
Acepto.
Sostuve mi aliento al sentir como el viento abrazaba mi cuerpo y me regresaba a un subconsciente que me era muy familiar.
Sombras de púrpuras y rojos bailaron frente a mis ojos en segundos.
El olor de lavanda y ropa limpia llenó mis sentidos.
Todo me sacó de mi balance y caí hacia atrás, como si alguien me hubiera empujado.
Estaba segura de que acabaría enterrada en la nieve por segunda vez, pero algo evito mi caída.
Manos.
Fuertes, cálidas...miré a mi protector pensando que encontraría a Len. No fue así.
Ni siquiera era Horo Horo.
"Yo..."
En su lugar, había unos ojos mucho más oscuros viéndome aún con irritación. "Deberías de ir a una clase de yoga, ya sabes, practicar tu balance...", se burló deteniéndome. Me alejé de él instintivamente y de inmediato extrañé sus manos, eran...
¿Por qué rayos estaba pensando en sus manos?
Era obvio que aún estaba confundida. Acababa de tener una visión. Eran agotadoras en ocasiones.
Estaba segura que el olor de Len había activado la visión.
O, eso pensaba.
Es claro que...
Después de todo, era absurdo pensar que...
Mire al Sr. Cretino. Definitivamente no había sido ese tipo, ¿cierto? El comportamiento de Len era mucho más parecido al del hombre que había soñado.
Solté una risa nerviosa y todos me miraron. Sentí unas increíbles ganas de gritar.
Len se ofreció a buscar algo para taparme, pero lo detuve. No faltaba mucho para irme a casa y cuando llegara podía cambiarme a algo mucho más cómodo. Era una lástima que el Sr. Cretino tuviera otra idea. Me lanzó algo desde su camioneta golpeándome directo en la cara.
Una sudadera.
La sostuve contra mi cara unos segundos extras. Cerré los ojos y respire memorizando su aroma. Parecía sacada de la lavadora. Estaba vieja y usada, aunque seguía suave y olía...bien.
Tan rápido como la tomé, unas fotografías en blanco y negro de un par de chicos pasaron frente a mi, escuché risas y sentí lazos fuertes y recuerdos alegres...que se desvanecieron.
Abrí mis ojos y quise matarme. Estaba oliendo la sudadera de un extraño, ¡por dios!
La aparté de mi como si fuera una abeja lista para picarme y casi la lanzo de regreso a su dueño, cuando escuché su voz demandante. "No seas tonta; vas a morir de frio."
"No gracias a ti, " contesté bruscamente. Sus cejas se curvearon de la forma más desagradablemente sexy.
"Escuche...señora. Yo no fui el que intentó golpearla con una rama en la cabeza. Yo soy la victima aquí."
Los hombros de Horo Horo se movían de arriba abajo mientras intentaba callar su risa a costa mía. Enfadada, me puse la condenada sudadera, disfrutando de inmediato la calidez e intentando no mostrar emoción alguna.
Aun así..."Gracias", dije sin verla la cara al patán y camine hacia Len. La sudadera era diez tallas más grande que yo y aún estaba molesta por la actitud de ese hombre, pero no pude evitar abrazarme y disfrutar del calor de la ropa.
Era muy molesto.
Len sabía que estaba incomoda con la situación a pesar de mi sonrisa falsa. "Sabes Anna." Sonrió. "Esto no se parece a lo que tenía en mente." Le dio una última mirada a la cabaña de Horo Horo. "Mejor buscaré un hotel cerca de aquí y...tal vez ¿pueda invitarte un café?" Me guiño el ojo juguetonamente y sólo pude sonreír.
"No robes el banco, por favor", el patán inquilino, a quien casi mato con una rama vieja, se burlo.
Lo mire con ojos asesinos.
Él no hizo nada.
"Me encantaría", finalmente mire a Len. Intercambiamos números de celular, se despidió y subió a su brillante auto.
"¿Quién rayos era ese?" Horo Horo preguntó al ver que me subía a mi auto.
"Su nombre es Len Tao, es nuevo aquí y necesitaba un lugar en donde quedarse. No sabía que ya habías rentado el lugar." Señale al patán con la cabeza.
"¿Qué te he dicho sobre los extraños, Anna? Ese tipo pudo ser un demente."
"Es simpático."
Horo Horo soltó una risa y evito que me escapara. "¿Acaso no lo son todos?" Pregunto antes de poner sus manos en mis hombros y me miró con una sonrisa juguetona. "Creo que se te cruzaron las antenas, Anna. Ese tipo es un idiota. Digo, ¿no viste su auto?"
"Horo..." Dije con molestia. El único idiota que había conocido hoy era su nuevo inquilino. "No me hables sobre mis antenas, Horokeu Usui" respondí un poco molesta de que se refiriera así a mi habilidad frente a un completo extraño.
Sonaba como una pequeña de cinco años, pero no se me ocurrió otra cosa. Entre él y su nuevo amigo me sentía tan...sofocada, quería irme de ahí.
Me subí a mi carro y cerré mi puerta.
"Ohh, vamos Anna, no te enojes. Escucha creo que debes regresar y mostrarle a Yoh el lugar y cómo funcionan las cosas, ¿no te parece? Tamao aún no regresa y tengo que volver al restaurante."
Negué con mi cabeza y busqué mis llaves. "No, Horo, no voy a..."
"No es necesario que ella..."
"¡Gracias Anna! ¡Te debo una!", gritó y corrió hasta su carro, dejándome sola con el Sr. Yoh Cretino Asakura.
Vi mi reloj y noté lo tarde que era.
"Me tengo que ir."
"Adelante, no dejes que te detenga." Dijo con un poco (mucho) sarcasmo en sus palabras. Lo juro, sino hubiera sido criada mejor, ya le habría gritado cosas muy desagradables en su cara.
Apreté mis labios y me mordí la lengua antes de hablar.
"¿Quieres que te enseñe cómo funcionan las cosas en la cabaña o no?"
"No creo que haga mucha diferencia, cariño."
"No me digas cariño, y francamente, si no fuera por el hecho de que Horo Horo me lo pidió no regresaría aquí para nada."
Él alzo sus manos en derrota. "Como sea."
"¿Como sea? Sabes sólo estaba intentando proteger a mi amigo."
"Bien por ti," dijo sacando una maleta negra de su camioneta y azotando la puerta.
"¡De nada!" Grité. Él sólo agito una mano sobre su hombro mientras camina de regreso a la cabaña. No me dio las gracias ni me pidió una disculpa por tirarme en la nieve...nada.
¡Dios santo!
¿Cómo había pasado de conocer a un hombre agradable a terminar en compañía de Gruñón?
Suerte la mía.
Si hubiera visto esto venir me habría quedado en mi cama toda la mañana.
Este capítulo va para: the mystic poetry, SakuAsakura, Yoshikawa, Itako Ana Tenshi y FanieKrieg
¿Sabían que son unas linduras? Es enserio, gracias por tomarse un segundo para dejarme su opinión.
Espero que les guste la actualización y no quiero prometer nada, pero tal vez pronto suba algo de La Dama de Honor.
Ok, ya dije mucho ¡adios!
