WARNING SIGN
Coldplay
No quisiera decir que no estaba ofuscada en mi examen, pero era cierto. Había abierto los libros, pero aquello no implicaba que hubiera estudiado. Mi razón no encontraba lógico que estuviera pensando en estudiar, cuando seguía de bajón físico por Seth. Ni yo misma lo encontraba. Anteponía mis sentimientos a mi futuro. El problema radicaba en que mi futuro aun estaba por venir, y mis sentimientos estaban ahí antes, mucho antes que el futuro.
Mis días se seguían como un horario cuadriculado. No salía, no comía, no dormía. Solo me permitía estudiar, y pensar en Seth.
Helen, estaba cada día, más y más preocupada. Algunos días me llevaba a casa de los Cullen, para que Edward me diera repaso, pero yo sabía perfectamente que era porque quería que viera la luz del Sol, para que me relacionara con otras personas. No entendía que mi aislamiento, no era para alejarme de los demás, sino para alejarlos a ellos de mí.
Hacía unos días que Helen me había llevado a la Casa Cullen, hoy me "tocaba" repaso otra vez. Antes de poder salir del coche, mi madre me había dado un ultimátum.
–Megan, no puedes seguir así. Te estás haciendo daño...
–Mamá, estoy bien.
–No, Megan, no lo estás. No comes ni duermes. Lo que quiera que sea que haya pasado con Seth, tienes que arreglarlo, superarlo y olvidarlo. Casi te pierdo una vez y no volveré a hacerlo.
–¿O qué, mamá?
–O nos marcharemos, y jamás volverás a pisar Forks.
Enmudecí de inmediato, y salí del coche, pegando un fuerte portazo. No iba a permitir que me alejaran de aquí, ¿o si? Quizás aquello fuera la solución: marcharme y olvidarle. ¿Acaso no era lo que él había hecho? ¿Pensaría tanto en mí como yo pensaba en él?
No presté atención a Edward en lo que me explicaba, creía que hablaba de Descartes, o de Aristóteles, o algún que otro filósofo dualista. Dividían cuerpo y alma, en dos conceptos distintos. Mi cuerpo estaba aquí, pero mi alma se había largado, allí donde quiera que estuviera él. ¿Podría mi cuerpo reclamar a Seth el alma, que al fin y al cabo era mía, y así recuperar mi vida?
–No me estás escuchando Megan –dijo la voz de Edward, sacándome de mis ensoñaciones.
–Lo siento, perdona.
–Quizás deberíamos dejarlo aquí, además Helen estará al caer.
–Está bien, gracias.
Me dejó sola en la habitación mientras recogía mis cosas, y volvió a aparecer con un cuaderno que dejó encima de la mesa para mí, y volvió a irse. Eran apuntes, apuntes de Filosofía. Sonreí, quizás Edward me estuviera dando ánimos, me estuviera diciendo: "Eh, que estoy aquí. Yo te recojo si te caes, no te preocupes". Y había un post-it. Mi corazón palpitó rápido, muy rápido, más cuando el claxon de un coche me alteró. Recogí mis cosas a toda velocidad y salí pitando.
En la mesa se quedó aquel post-it amarillento en el que rezaba con una caligrafía rúbrica: "Todo se arreglará".
Seth ClearwaterEn México hacía mucho calor. No sabía cuántos días llevaba ahí. Cuatro, quizás cinco. No había hecho muchas cosas, básicamente vagar entre los turistas, por las calles, y pasar las noches en el bosque, apartado de la ciudad. Ni siquiera sabía en qué maldita ciudad estaba, solo sabía que en México hacía mucho calor.
Muchas veces los chicos coincidían conmigo, estando yo transformado, intentaban persuadirme para que volviera, pero yo solo les mandaba callar.
Cada vez que repetía aquella noche en mi cabeza la veía a ella. Decepcionada y enfadada en un principio, para luego ver miedo en su mirada. Sí, eso era lo que me retenía aquí. El miedo que ella tenía de mí. Le asustaba.
Todo se había ido de madre. Nuestro orgullo y miedo, nos mantenía separados el uno del otro, y yo al menos, me estaba muriendo por dentro.
Una de las noches tuve un encuentro bastante extraño en el bosque. Estaba adormilado sobre la hierba, era bastante tarde, cuando mis sentidos se pusieron en marcha. Un olor rancio me vino a la nariz. Un vampiro. Le aceché como él me acechaba a mí. Su curiosidad fue tentadora, ya que, que un vampiro quisiera acercarse a un licántropo, era realmente inusual.
Se quedó toda la noche mirándome, con aires defensivos, pero no amenazadores, y yo hacía otro tanto. No quería crear ningún disturbio mientras estuviera allí.
–¿Puedes entenderme? –dijo en un inglés muy correcto y británico.
No contesté. Pero la curiosidad me estaba reconcomiendo.
–No quiero hacerte daño, solo hablar contigo.
Me deshice de mi forma animal, y volví en un "crack" a ser humano.
–Realmente sorprendente –dijo con cierto brillo en los ojos.
Su nombre era Thomas, era de origen Británico, pero llevaba viajando por el mundo hacía cientos de años. Había oído hablar de los seres como yo, y cuando me descubrió en el bosque no pudo por más que conocerme. Me preguntó muchas cosas acerca de los lobos y mi tribu, y entonces mencioné a los Cullen.
–¿Cullen dices? –Afirmé con la cabeza–. No puedo creer lo que me dices, los Cullen fueron como una familia para mí hace muchos años.
La forma en la que dijo aquello denotaba un cierto deje de rencor. Después de mandarles recuerdos, y que quizás les haría una visita se largó.
Ese encuentro me hizo pensar en varias cosas. Quizás debería volver para avisar a los Cullen de mi encuentro con ese tal Thomas. Quizás debería volver para ver a Meg, aunque ella no quisiera saber nada más de mí. Quizás solo debería volver.
La noche siguiente, ya había tomado la decisión, y me veía en una carrera continua, con destino a Forks, a La Push.
No sé cuanto pude llegar a correr, porque no descansé ni un minuto, mi meta era Megan, y hasta que no sobrepasé la barrera que pertenecía a Forks, no relajé la carrera.
Desde mi marcha, debía muchas explicaciones. La primera era a mi madre y a Leah, así que decidí acercarme hasta casa de Leah en primer lugar, era mi hermana y me iba a apoyar en todo lo que le pidiera.
Toqué el timbre y me abrieron. Subí el tercer piso sin ascensor sin problema y golpeé la única puerta que había. Está se abrió enseguida.
–¿Qué? Ya te has vuelto has dejar las llaves ¿eh? –Era Mark–. Ah, hola Seth. Leah no está –se quedó en silencio y le hice una pequeña seña–. Pasa, pasa.
Me adentré en el recibidor y después me senté en el sofá del salón.
–¿Tardará mucho en llegar?
–No creo, llega sobre esta hora siempre.
–Ah, vale, entonces la espero aquí si no te importa.
–En absoluto –Me dedicó una sonrisa–. Y ¿a qué se debe esta visita? Tenía entendido que estabas en México, o algo así…
–Sí, algo así… –me encogí de hombros.
–Ah… Pues me alegra…
La puerta se abrió de pronto y apareció Leah.
–Hola Mark, ya estoy en casa. ¿Ha venido alguien? Huelo algo ra… –se quedó parada en la puerta del salón y me miró.
–Hola Leah.
–¿Seth? ¿Qué…?
–México era demasiado caluroso… –Se abalanzó sobre mí y me abrazó.
Al fin y al cabo, la familia es la familia, y siempre se perdona todo.
…
–¿Sí?
Era su voz. La voz con la que siempre soñaba. Pero sobre todo, me ponía nervioso por la propietaria de esa voz. No me salían las palabras.
–¿Hola?
Silencio.
–¿Quién es?
–Hola Megan, soy yo...
–¿Seth?
El corazón me iba a cientos de kilómetros por hora, parecía que me iba a salir del pecho. Pero en aquel momento no importábamos ninguno de los dos, solo nosotros. Estábamos tan cerca pero a la vez tan lejos el uno del otro, que parecía que nos separara un Océano entero, y todo por culpa mía.
–Lo siento –le dije.
–Lo sé, yo también.
No hablamos mucho, al parecer, ahora estaba ocupada, pero me había pedido que la fuera a buscar a casa de los Cullen, porque estaba ahí, y entonces podríamos hablar. Obviamente, haría todo lo que ella me pidiera.
Estaba nervioso, suficientemente nervioso como para que me saliera una especie de tic en la pierna derecha. Parecía un niño, que está nervioso por empezar el colegio, que no puede aguantar a que le den la piruleta. A pesar de mi apariencia, en el fondo seguía siendo un niño.
Pisé aquella gravilla que tan bien conocía, y subí las escaleras de dos en dos, esperándola a ella. Más tarde supe que ella ya no estaba allí, pero para mí fue como si jamás lo hubiera estado.
