Anna

"¡Kino!"

Boté el taladro, que acababa de comprar, en el sillón y me dirigí a la cocina. Aún estaba desconcertada por la sensación que tuve del nuevo inquilino de Horo Horo cuando hablamos en el estacionamiento. Era como una especie de déjà vu o algo.

Y también estaba irritada por la forma en que me habló cuando le ofrecí mi ayuda.

¡Arrgg!

¿Por qué me había ofrecido?

No lo conocía.

Ni siquiera estaba segura de que quisiera conocerlo.

Era como alguien más hubiera dicho las palabras por mí.

Intenté servirme un poco de té para relajarme, pero mis manos temblaban. Tampoco me ayudo que, de la nada, la puerta de la cocina se abriera de par en par.

Salté por la sorpresa, salpicando un poco de té.

"¿Qué te tiene tan agitada hoy, jovencita?"

"Nada..." Respiré, limpiando las gotas derramadas del té y asegurándome de que mi blusa no estuviera manchada. "Es sólo que...ugh...olvídalo."

Ella no se lo trago. "Tú no me engañas Anna Kyoyama. Ahora sienta tu flaco trasero y dime que es lo que te molesta."

Hice lo que me pidió sin chistar. No había forma de librarse de Kino Kitabatake si ella se enteraba de que algo te molestaba. Ella decía que los problemas manchaban mi alma y que no sería capaz de ver las cosas claramente a menos que me desahogara.

Respiré profundo y exhalé. "Horo Horo tiene un nuevo inquilino."

Ella asintió mientras servía dos tazas de té.

"Y este hombre..."

"¿Tu cita de anoche?"

"Sí."

"¿Tuviste una cita con el inquilino de Horo?"

Hice una mueca de asco. "¿Qué? No...él es..."

No estaba segura de como describir a Len. No sabía en que trabajaba. O por qué había venido a Aomori. Nuestra cita había acabado inesperadamente.

No es que fuera desagradable, en realidad era simpático. Es sólo que...bueno yo estaba distraída aún por lo que había pasado en la cabaña de Horo Horo. Estuve un poco confundida toda la noche. Estaba tan preocupada tratando de revivir otro momento que el tiempo que estuve con él pareció...corto.

Tal vez Kino tenía razón. Tal vez mis problemas con el Sr Asakura estaban nublando mis pensamientos, manchándolos incluso. No estaba segura.

En un momento, Len recibió una llamada urgente de su trabajo y dimos la cita por terminada. N había averiguado nada de él. Ni siquiera sabía si volvería a saber de él. Podría estar saliendo de Aomori y yo ni enterada.

"¿Anna?"

"¿Hmm? Oh, lo siento, abuela. Es sólo que...es el inquilino."

"¿Qué pasa con él, cariño?" Tomó de su té y esperó pacientemente. Era paciente cuando tenía que serlo.

"Es tan...grosero."

Esperaba cualquier reacción, excepto que escupiera su té por la risa. "¡Ja! Oh, Anna, la mitad de los hombres son groseros. Es sólo una maldición con la que nacen, no conocen la palabra: decencia."

Me miró curiosa mientras bebía de mi té.

"Pareces muy molesta. Debe ser algo más que simple descortesía lo que te tiene así."

"No sé qué es, Kino. Me siento tan frustrada con mi vida y esta habilidad...se supone que debería hacerme sentir mejor, pero no me ha servido de mucho en estos últimos días. Sólo quiero que las cosas tengan sentido, ¿sabes?"

Sus ojos mostraban compasión. "Sé que es difícil no saber que camino elegir, cariño. Es una bendición y una maldición saber que es lo que te espera y, al mismo tiempo, desconocerlo."

"¿A qué te refieres?"

"Me refiero a que las cosas tendrán sentido a su debido tiempo, Anna. No las fuerces o tomaras las decisiones equivocadas en el tiempo adecuado."

Su expresión parecía afligida. "¿Cómo tú con el abuelo?"

Desde hace mucho sé que el abuelo no era el "verdadero amor" de Kino cuando ellos se casaron. Claro, ella lo había querido y ese cariño creció con los años. Lo quiso lo suficiente como para crear una familia con él, después de todo.

Pero no sin hacer sacrificios.

Mi abuelo había fallecido hace unos años y, por mucho que me cayera bien el hombre, estaba esperando que Kino empezara a pensar más por ella misma. Hace mucho que había dejado de ser una niña; no era como si aún necesitara de sus cuidados como cuando mamá murió.

O como cuando mi papá se fue.

Me deprimí un poco.

"No te pongas así. No me refería a las decisiones que tomé. Creo que las cosas pasan por una razón. De hecho, estoy cien por ciento segura de que hice lo correcto al casarme con tu abuelo. Y nunca las cambiaría, ni a ti ni a tu madre, por otra persona en este mundo."

Sonreí un poco. Ella siempre trataba de conectar todo al hablar. "Lo sé, abuela."

"Y, un día, tu padre se dará cuenta de lo imbécil que es."

Siempre se daba cuenta de lo que pensaba. Era como si pudiera leerme la mente.

Eso me hizo sonreír, esta vez de verdad. "Gracias por eso."

Me fijé en la hora. "Tengo que apurarme. La Sra. Oyamada no tarda en venir."

"Iré a comprar unas cosas. No te preocupes, no estaré aquí para molestarte."

"¡Esta bien!" Me despedí mientras subía las escaleras para alistarme.

-xxx-

La Sra. Oyamada no era una persona a quien le gustara decir que consultaba a una espiritista. Ella era adinerada y pertenecía a la alta sociedad, y si la gente se enteraba que creía en estas 'locuras' su reputación se vería terriblemente dañada. Sin embargo, ella se las ingeniaba para hacer un espacio en su apretada agenda y, tan segura como la nieve en invierno, todos los viernes a las tres de la tarde se aparecía en mi puerta, esperando que le dijera lo que le deparaba el futuro.

Había semanas en que no tenía nada para ella, en otras, ella salía de aquí enojada por lo que le decía, pero esta semana se veía diferente. Se sentó frente a mí en la mesa donde solía "leer" a la gente.

Después de unos minutos de sostener su pañuelo sonreí por la sensación que me había llegado.

"Su hijo está bien, Sra. Oyamada."

Manta, su primogénito, tenía mi idead y nos conocimos en la preparatoria, cuando los Oyamada decidieron que la escuela privada que pagaban no le permitía conocer la vida real de la forma en que lo haría en Shinra.

Después de la graduación, Manta se había unido a la Fuerza Aérea para escapar de su legado y experimentar realmente la vida de la que sus padres siempre hablaban.

La preocupación de los Oyamada había comenzado el año pasado, cuando dejaron de recibir las cartas mensuales que mandaba. La señora estaba convencida de que le había ocurrido algo terrible en un vuelo y que aún no se lo confirmaban oficialmente, pero sentía algo diferente. Él estaba sano y salvo, sólo que no le era posible comunicarse como acostumbraba.

No me pregunten como, sólo lo sabía.

Ella empezó a llorar. "¿Dónde está, Anna? Dímelo, por favor, dímelo."

Negué con la cabeza, viendo al fondo la orilla de la mesa. Tenía una pequeña fisura que no había notado antes.

"En verdad no lo sé, Sra. Oyamada."

"Tienes que decírmelo, Anna."

"Así no funciona, usted lo sabe. Sólo sé lo que me llega, y hoy puedo decirle que Manta está vivo. Ni siquiera cerca de la muerte."

Sus lágrimas no cesaban, ella se quedó sentada en el sillón de Kino y yo la observé sin decir nada. Me pregunté que se sentiría amar a un hijo con todo mi corazón, preocuparte por su bienestar a cada segundo. Esperar que regresara a casa, rezar para que no fuera asesinado por un extraño, en un lugar lejano y sin nadie que detuviera su mano mientras la luz abandonaba sus ojos. Que supiera que pensabas en él durante todo el día y que lo amarías hasta el final de tus días.

¿Mi papá pensará en mi así?

Limpié una lágrima que amenazaba con deslizarse por mi mejilla antes de que ella se diera cuenta.

Después de unos minutos la Sra. Oyamada se tranquilizó y fue por su bolso, no había rastro de la madre preocupada ahora está frente a la socialité de Aomori. "Gracias, Anna, no puedo decirte lo mucho que significa para mí..."

Tomé su mano para detenerla. "N quiero su dinero Sra. Oyamada."

Kino me dijo que no podía cobrarles a las personas al compartirles lo que veía o mi habilidad se convertiría en algo oscuro y sombrío y ya no sería especial.

"Pero yo..."

Negué con mi cabeza. "Sólo salude a Manta de mi parte cuando lo vea."

La Sra. Oyamada sonrió con ojos vidriosos y le dio un apretón a mi mano antes de irse. Antes de que tuviera tiempo de "cerrar la tienda" y de prepararme para ir a al templo, Horokeu Usui llegó sin avisar.

"¡ANNA!"

Abrí la puerta y lo dejé entrar. "¿Qué haces aquí? Creí que cubrirías todos los turnos de Tamao por esta semana."

"Es mi descanso. Quería venir para saludar a mi chica favorita."

Me guiño un ojo y me abrazo tan fuerte que casi dejo de respirar.

"Le diré a Tamao que dijiste eso," lo molesté y le di un suave golpe en su brazo.

"No lo harías."

"Claro que sí."

"Anna, no lo hagas," se colocó sobre sus rodillas y besó mi mano. "¡Por favor!"

Me reí de sus tonterías. Nunca te aburres con Horo Horo cerca.

"Supongo que vienes a comer."

"¿Qué me ofreces?"

Rodé mis ojos y caminé hacia la cocina. "No entiendo cómo es que tienes un restaurante y aún vienes a robarnos comida."

Cerró la puerta por mí. "No hay mucha variedad en el trabajo, y además, Kino cocina mucho mejor que yo." Se adelantó al refrigerador y sacó las sobras que había.

Me senté frente a él en la barra de la cocina y lo miré devorar todo lo que había. Parecía que no se había alimentado desde que Tamao se fue.

Hablamos sobre mi cita de ayer y se burló de mi gusto en hombres.

No mencioné el encuentro que tuve esta mañana con su nuevo inquilino. No quería enredar aún más mi cabeza. A veces era peor hablar con Horo Horo que con Kino.

Los quería a ambos, pero sus consejos casi nunca resolvían mis problemas.

Supongo que había una razón para eso.

Yo tenía que hacerme cargo de mis propios problemas, ellos sólo estaban ahí para apoyarme moralmente.

Mientras acompañaba a Horo Horo a la puerta principal, noté la caja que estaba descansando en el sillón de la sala. Él también la miró, "¿Estás remodelando algo?"

"Carajo."

Horo Horo fingió escandalizarse. "Anna Kyoyama, ¡que lenguaje!"

Rodé mis ojos sonriendo y caminé hasta dónde estaba el taladro y lo recogí. "Feliz cumpleaños."

"Te adelantaste un poco, ¿no te parece?" Bromeó. Y tomó la caja con una sonrisa.

"Me iba a esperar, pero olvide que lo dejé ahí y ya que lo viste..."

"Wow, Bosch. Lindo."

"Creo que era el último que había en la ferretería." Me irrité un poco recordando lo mucho que me había enojado con el Sr. Asakura. Como si yo tuviera la culpa de comprar el último taladro. Como si lo hubiera planeado o algo.

"¿Estás bien?"

"¿Qué?"

"Te ves como si quisieras asesinar a alguien. No soy yo ¿verdad? No necesito un regalo de cumpleaños." Se burló de mí y me entrego de nuevo la caja.

"Cállate, Horo Horo, no eres tú, es...tu inquilino."

Parecía que quería decirme algo respecto a mi molestia, pero pareció borrar ese pensamiento y mejor dijo otra cosa.

"Bueno, hablando de él," volvió a tomar la caja en sus manos, "¿podrías llevar esto a la cabaña? Él va a hacer un trabajo para mí, y es muy probable que esto lo ayude."

Levante mis manos y me di la vuelta. No quería tener nada que ver con ese hombre. "Yo...no...olvídalo, Horo Horo. No puedo ir."

Horo Horo me siguió y rogó. "Por favor, Anna. No tengo tiempo, ya tengo que regresar al restaurante."

"¿Y no puedes pedírselo a, no sé, uno de tus ayudantes?"

"Anna, tu eres mi mejor amiga. Se supone que tú puedes hacer este tipo de favores por mí." Se fijó en la expresión de mi cara, era la que decía: 'olvídalo, nunca lo haré'. No después del día que tuve. "Además, tú me prometiste que me ayudarías a mantener la cabaña rentable, si decidía quedármela, ¿no?"

Me tenía acorralada. "Sí."

"Y tú me convenciste de quedarme con ella, ¿te acuerdas?"

"Si..."

"Y tú fuiste la principal razón por la que pude quedármela..."

¡Ugh! ¡Hombres!

"Lo sé, pero..."

Pasó un brazo sobre mis hombros, notando que no quería hacer ese viaje. "No te va a morder."

"Tú no lo sabes."

Horo Horo se rió. "Escúchame bien, Anna Kyoyama. Él tipo es inofensivo."

Cuando no me vio convencida, continúo. "Está bien, tal vez tiene un pequeño problema de alcoholismo," él simplemente se encogió de hombros. "Pero honestamente, no creo que sea tan estúpido como para tocarte un pelo, además sabes que si intenta pasarse de listo yo iré personalmente y le patearé el trasero, ¿de acuerdo? Sólo dale el taladro, discúlpate por ser grosera con él y vete. Nada más."

"¡No me voy a disculpar con ese hombre!"

"Como sea, Anna. Utiliza tu vudú en él, no me importa, pero Yoh dijo que arreglaría mi puerta y me gustaría que pudiera hacerlo sin contraer tétanos por utilizar herramientas viejas que probablemente va a encontrar en la parte de atrás."

Cerré mis ojos. Creo que muy en el fondo yo tampoco quería que se lastimara. Aunque, no era más peligroso darle un taladro eléctrico.

"Está bien," finalmente le concedí.

"¡Perfecto! Nos vemos mañana, hermosa."

Ya se encontraba en encendiendo su carro y largándose de aquí antes de que pudiera decirle algo.

Maldije a la caja que estaba sobre mis manos. ¿Por qué había comprado esta endemoniada cosa?

"No tiene sentido que siga perdiendo el tiempo." Pensé en voz alta, tome mis llaves y me dirigí a la cabaña de mi pesadilla personal. Pensé que podía dejar la caja frente a la puerta, seguramente el Sr. Asakura la vería en cualquier momento y la tomaría. No había la necesidad de pelear de nuevo. Después de eso, podría ii al templo y terminaría el trabajo que me habían encargado.

Todo tranquilo, sin problemas.

Cuando llegué a la cabaña me di cuenta que mi plan no iba a funcionar. Me acerqué hasta la puerta para dejar el taladro en un lugar seguro y eché un vistazo por la ventana. El Sr. Asakura estaba desparramado en el sillón de la sala, rodeado por, nada más y nada menos que, seis botellas de cerveza vacías, el volumen de la música, que provenía desde adentro, era tan fuerte que tuve que dejar el taladro en el piso para taparme los oídos.

De alguna forma logré verlo mejor.

Y por mejor me refiero a...mucho mejor.

Su camisa estaba desabotonada, como si pensara en cambiarse y cambiara de opinión. La tela colgaba y dejaba a la vista una especie de tatuaje en el lado izquierdo de su pecho. Incliné un poco la cabeza mientras veía el resto, casi me reí cuando noté que solo tenía un zapato puesto, quien sabe dónde podría estar el otro. Sus pantalones estaban...

Abiertos.

Oh. Por. Dios.

Una parte de mí se sentía mal por él. Otra parte de mi quería cachetearlo. Y, tal vez, había una pequeña parte que quería...

Olvídenlo.

Mentiría si dijera que no había notado su físico y que había sentido una especie de deseo (a un nivel muy bajo, por supuesto), sin embargo, él hombre era un completo desastre. Yo no necesitaba los problemas.

Él parecía estar consiente. Tenía una mano sobre su cabello y la otra descansaba protegiendo una botella que aún tenía un poco de cerveza, su dedo golpeaba el vidrio al ritmo de la música. Me debatía entre dar la vuelta e irme, dejando el taladro en cerca de la puerta, pero algo dentro de mí quería decirle unas cuantas palabras.

Está bien, puede que pequeña parte de mí también quería asegurarse de que estuviera bien.

Use mi llave de repuesto para abrir la puerta y lo hice con cuidado, cuando entré me recibió una caja vacía de pizza. Caminé hasta el estéreo y desconecté el iPod.

Su reacción fue inmediata. Abrió los ojos y buscó al culpable del silencio. Cuando sus ojos me encontraron, suspiró y volvió a ignorarme, terminándose la cerveza que tenía en la mano. Después se levantó a buscar otra.

Tuvo, por lo menos, la decencia de abrocharse los pantalones.

"¿Qué demonios está haciendo en mi casa, Srta. Kyoyama?" Preguntó frunciendo el ceño, y agregó. "¿Y cómo entró aquí?"

"Técnicamente es la casa de Horo Horo, y yo soy la...gerente no oficial de la propiedad." Le mostré la llave que tenía para que no pensara que había entrado por la fuerza. Me acerqué a recoger las botellas con las que estaba intentando decorar el lugar, por lo menos así me entretenía en algo más que su torso. "Creí que iba a hacer un trabajo aquí."

"Hubo un cambio de planes."

"¿Decidiste mejor arruinar el lugar?"

Soltó una risa amarga y abrió otra cerveza, jugando con la tapa entre sus dedos, se giró a verme.

No me intimide por su mirada.

"Decidí que la perilla puede esperar hasta mañana," me dijo y le dio un gran trago a la botella.

Parecía que trataba de irritarme a propósito.

Pero eso sería ridículo. Él ni siquiera me conocía. ¿Qué ganaría con hacerlo?

Mi celular vibró y lo revisé. Sonreí cuando reconocí el número de Len en la pantalla.

El Sr. Asakura me miró y sonrió de forma picara. "¿Tu novio no ha sido lo suficientemente inteligente para huir?"

"Él no es mi..." Repliqué. "No es de su incumbencia, Sr. Asakura, y no vine a pelear con usted. Sólo quería traerle el taladro que le compré a Horo Horo para que pudiera arreglar la puerta más rápido, pero es obvio que no tiene ninguna intención de..."

"¿Te das cuenta de que no es mi trabajo arreglar la puerta de mi casero, cierto?"

"Pero usted dijo que lo haría. Horo Horo está muy ocupado..."

"No es mi problema y, legalmente, no importa."

"Pero usted dijo...que lo haría," insistí.

"Tal vez me guste la puerta de esa forma...ayuda a mantener lejos a la chusma, ¿sabe a lo que me refiero?" Me dio un guiño ebrio insinuando que yo estaba incluida en su descripción.

"Escuche..."

"Arreglaré la puerta, Srta. Kyoyama. No preocupe a su linda cabecita con eso, ¿de acuerdo muñeca?"

Se acercó para echarme de la cabaña como el día anterior, pero esta vez lo detuve tomando su mano mientras él se movía. En el momento en que nuestros dedos se tocaron, escuché una especie de estallido, como si hubieran disparado un arma. Salté por la sorpresa, y antes de que lo notara, una fuerte ola de tristeza y dolor me inundó.

Casi caigo cuando mis piernas dejaron de responderme, pero él me atrapó soltando un gruñido al mismo tiempo. Me sujeto contra él, salvando mi cabeza de chocar contra la orilla de la mesa de madera.

Mire sus ojos desconcertada, sentía como si algo estuviera jaloneándome desde abajo en un intentando ahogarme. Sentía algo muy pesado...y muy oscuro.

Aún en su estado de ebriedad, él podía ver mis ojos vidriosos mientras que yo luchaba por no dejar escapar las lágrimas que se acumulaban en mis ojos. Su expresión cambio a una de confusión. Casi parecía que le importaba lo que me había sucedido, incluso preguntó si me sentía bien.

No iba a decirle que de repente tuve una pequeña y perturbadora idea del porque bebía.

O porqué quería decirle que lamentaba la pérdida de su hermano y lo abrupta que había sido su muerte.

Esa suficientemente extraño cuando esas cosas me pasaban con alguien a quien conocía. No iba a decirle a un extraño que podía, literalmente, sentir su dolor y pena. Sin mencionar el hecho de que casi no había tenido experiencia con el pasado de alguien más. Eso casi nunca pasaba, y esto fue tan fuerte...

Necesitaba alejarme de él, el dolor era demasiado. Apenas si podía respirar, la visión me estaba ahogando. No estaba segura de cómo explicar mi sorpresivo cambio de actitud, así que sólo me levanté e intente calmarme.

Sus manos liberaron mi cintura y reprimí la urgencia que tenía por mantenerlas ahí.

"Estoy bien, no fue nada." Me separé de él y me dirigí a la puerta. "El taladro está afuera; le diré a Horo Horo que mañana arreglarás la puerta."

Y salí de ahí.

Él no me detuvo y no me sorprendió. Lo único que podía sentir era la alegría de no tener más esa sensación de opresión sobre mí.

Me apresuré a llegar a mi auto sin mirar atrás. Espere a que mi corazón se tranquilizara y a recuperar mi aliento. Revisé mi celular sólo para distraerme de lo que pasó en la cabaña.

Cuando vi que Len no me envió un mensaje decidí hacerlo yo. Era lo correcto.

Mis manos temblaban ligeramente y sentía una gran necesidad de tomar un trago después de ver la visión que tuve con el Sr. Asakura. No estaba segura si era mi necesidad o se me había impregnado la suya.

Lo siento, no pude contestar tu llamada, estaba ocupada. Le envié el texto con mis dedos de gelatina.

Las palabras que escogí no escribían, ni un poco, lo que había experimentado, pero no había necesidad de explicárselo a alguien que apenas acababa de conocer. Simplemente necesitaba olvidar lo que había pasado, no podía parar mi vida sólo por eso. Además, no importaba que demonios tuviera el Sr. Asakura en su vida, yo no necesitaba entrometerme en sus cosas. Ya tenía suficiente con los míos.

¿Cierto?

No espere mucho para que Len me respondiera. Espero que no sigas 'ocupada'. Sino, no podría invitarte un trago.

Solté una risa nerviosa y abrí la puerta del auto. Había sido una buena decisión distraerme con eso.

¿Nos vemos en el Great Spirit? Me alegraba saber que alguien me acompañaría a consumir un poco de alcohol.

¿Cómo llego? Preguntó y deprisa respondí.

Es el uno de los dos bares que hay en aquí. Está muy cerca del edificio en donde nos conocimos. ¿Nos vemos en un par de horas?

Tendría tiempo suficiente para terminar mi trabajo y arreglarme para esta noche.

Su respuesta o tardo. De acuerdo.

Es una cita, le confirmé y encendí el motor. Tenía muchas cosas que hacer y no planeaba en experimentar una visión como esa de nuevo.


Gracias por leer esta extraña historia y mandarme sus maravillosos comentarios. Espero que les guste.