Anna

Mis manos aún temblaban cuando regresé con Len a 'Great Spirit'.

¿Qué rayos había pasado?

Prácticamente le pegué a Yoh en la entrepierna y dejé que Horo Horo lo llevara a su casa, sin embrago, no podía sacudirme el deseo que ya iba a...ciertos lugares. Se supone que sólo tenía que detenerlo, nunca me imaginé que...digo, jamás había pensado que le gustara a ese hombre, mucho menos que quisiera...ya saben...y que yo reaccionaría así.

Todo me daba vueltas.

"Un trago, necesito uno."

Antes de que Len me preguntara que fue lo que pasó afuera (porque es obvio que mi rostro delataba que algo había pasado), tomé un vaso entero de Vodka con arándano que él había ordenado previamente por mí.

A mí no me gustaba el Vodka.

O el arándano.

Respira.

Eso era algo que no había hecho desde que el Sr. Asakura había jugado con el borde de mi falda. Ni siquiera estaba segura de recordar cómo hacerlo, hasta que la voz de Len finalmente llegó a mis oídos.

Una ola de imágenes chocaron contra mí.

Siempre te protegeré.

Él no lo había dicho bien.

Aun así...él tenía algo que había traído los olores de nuevo. La sensación de las telas jugando con nosotros...brazos, manos, piernas entrelazadas...el calor de su beso en mi cuello...casi había recreado la sensación.

"¿Anna?"

"¿Eh?"

Mis ojos miraron los suyos, únicamente para encontrar preocupación en ellos. Fue en ese momento que me di cuenta de cómo me había afectado, de nuevo, el Sr. Asakura.

"Son muchas coincidencias." Susurré a nadie en especial.

Él sonrió. "¿Qué?"

"Nada... ¿crees que podamos posponer esto para otra noche, me siento..."

¿Ofendida? ¿Debería estarlo?

¿Irritada? No...no era eso.

¿Sexualmente frustrada?

"Si, te ves cansada. ¿Está todo bien?"

Asentí con la cabeza. "Todo está bien, gracias."

"Te acompaño hasta tu casa...me aseguraré de que llegues a sana y salva."

"Eres muy amable, Len."

Él sonrió y recordé porque quería pasar más tiempo con él en primer lugar.

El viaje a mi casa fue rápido y aún era temprano. Cuando llegamos lo invité a sentarse en el columpio que estaba cerca de la puerta, tenía la intención de conocerlo mejor, era una lástima que mi mente estuviera ocupada con alguien más.

Mientras Len hablaba sobre el paisaje de Aomori y sobre las personas que había conocido, yo estaba de regreso en 'Great Spirit' contra una pared, acorralada por el Sr. Asakura.

"¿Qué tiene bajo esa falda Srta. Kyoyama?"

En mi mente, mi respuesta era totalmente diferente a la que le había dado. Yo era diferente.

"¿Por qué no lo averigua por su cuenta Sr. Asakura?," le decía con una ceja arriba. Una vez que él había obtenido el permiso por el que había rogado, sentí como una mano se movía sobre mi pierna deshaciéndose de toda la tela que se encontraba en su camino hasta llegar a su destino, después sentía como sus dedos me invadían, sus ojos nunca abandonaron los míos.

Su alma invadiéndome. Sus labios jugando conmigo.

Sus dedos se deslizaban desde mi pantorrilla hasta mi muslo haciendo que mi piel vibrara. Mis piernas se abrían para él y, con una lentitud dolorosa, se abría camino entre el encaje y el elástico.

Mojé mis labios en anticipación, él sólo sonreía y finalmente encontró lo que estaba buscando...

"¿Anna?"

Volví a la realidad.

Len.

"Lo siento."

"Te estaba preguntando si conoces un buen restaurante chino al que pueda invitarte...pero te ves...muy distraída. ¿Estás segura de que estas bien?"

La sequedad de mi garganta causo que me ahogara un poco y el calor entre mis piernas me obligo a ejercer más presión sobre ellas. "Estoy bien, en serio, es sólo que...ha sido un día muy largo." Sonreí.

¿Por qué mis fantasías no podían ser sobre este hombre? ¿Por qué no podía desear que fuera su mano la que me acariciara...o sus labios sobre mi piel? Él es un buen hombre. Es lindo, educado, amable...no sentía nada que se pareciera a la hostilidad en él.

¿Por qué tenía que fantasear con el irritable inquilino de Horo Horo?

Suspiré.

Aún podía funcionar.

Si trataba.

Todos teníamos la opción de elegir, no importaba en donde estuviera nuestra mente. Kino lo había hecho, ¿por qué yo no?

"Creo que mejor me voy," dijo en voz baja acariciando mi mano mientras se levantaba.

"Len, espera, lo siento. ¿Podríamos, no sé...tratar de nuevo?"

Su sonrisa era perfecta.

"Por supuesto," dijo. Colocó gentilmente su mano sobre mi cadera y me acercó hacia él inclinándose para besarme. Probablemente lo iba a hacer en la mejilla, él no parecía del tipo que se lanzaba por todo a la primera semana, pero yo necesitaba desesperadamente una distracción, algo en que ocupar mi mente antes de que fuera consumida por Yoh Asakura.

Así que me aventuré un poco y choqué mis labios contra los suyos.

A principio se notaba sorprendido, después se relajó y me acercó más a él.

Fue un beso tranquilo, pero apasionado a la vez, y ahí fue cuando lo supe.

No es él.

Mi piel no vibraba. La sangre no corría rápidamente, no hubo ninguna reacción química de ningún tipo, en realidad. Tampoco hubo ninguna visión.

Él besaba bien. Fantástico, incluso. Pero no era lo que buscaba.

Rayos.

¿Qué es lo que buscaba?

Ahora deseaba nunca haberlo hecho.

Debería haber sentido decepción o algo parecido, pero en lo único que me podía concentrar era en las emociones que no sentía. Estaba confundida y frustrada y estaba casi segura que Len se había dado cuenta, lo podía ver en sus ojos cuando se separó de mí.

"Lo siento," le dije. No sólo por forzar un beso que no debía suceder, sino por el hecho de que, tal vez, esta sería nuestra última cita.

Len sólo sonrió. "No te disculpes, Anna. No todos los días una hermosa mujer me besa de esa forma."

"¿Por cuánto tiempo te quedarás en Aomori?" Le pregunté, sentía la necesidad de cambiar el tema.

"No estoy seguro...depende."

"¿De qué?"

"De si encuentro lo que estoy buscando."

Incliné un poco mi cabeza intentando descifrar esa aura misteriosa que lo rodeaba. No sabía nada de él. Típico. "¿Qué dijiste que hacías?"

"No lo dije," sonrió de forma burlona al mismo tiempo que se levantaba del columpio y se despedía. Caminó hacia su auto con las manos en sus bolsillos.

Esperé a que su carro desapareciera en el camino y entré a la casa, pensé que Kino estaría dormida, pero ahí estaba en la cocina, esperándome como cuando era más joven.

"¿Kino?"

"Tu padre llamó, Anna."

Oh.

"¿Está todo bien?"

Sabía que sí, no había tenido ninguna sensación extraña, o alguna visión, acerca de Fausto últimamente. Era una pregunta que hacía siempre, como un hábito. Algo que la gente pregunta cuando contacta a alguien que ya tiene mucho tiempo de no verla.

"Él está bien. Sólo quería hablar contigo."

Mi ceño se frunció. Él era mi padre, pero no tenía ningún interés de hablar con él.

Aún estaba molesta.

"¿Qué le dijiste?"

Kino se rió. "¿Qué crees que le dije? Le dije que si tanto quería hablar contigo que trajera su trasero aquí y lo hiciera."

Me reí cuando termino de hablar, Kino siempre tenía las palabras exactas para Fausto.

"¿Y qué te dijo?"

Caminó hacia mí y tomo mi mano en un gesto amoroso. "Anna, si de verdad quieres hablar con él, llámalo."

Se despidió de mí y se fue a su cuarto para prepararse para dormir.

Ella también tenía las palabras exactas para mí, pero eso no significaba que yo iba a llamar a Fausto.

No pude dormir bien esa noche. Si no estaba pensando en Yoh Asakura y su fastidioso enojo, estaba pensando en lo que me dijo en el bar. Y si no estaba pensando en eso, estaba pensando en cómo no pensar en eso.

Era tan...molesto. Y...sexy.

Maldito sea ese hombre y sus tentadores labios, y sus brazos fuertes, y...sus manos. Soñé con ellas esa noche. Sus manos...y las promesas de lo que me harían si tuvieran la oportunidad. Me estremecí y me giré, intentando sacudir sus palabras de mi subconsciente, pero nunca me abandonaron, al contrario, se volvieron cada vez más ruidosas.

Era demasiado molesto.

Lo que arruinó aún más mi humor fue la mañana siguiente, cuando mi mejor amigo llegó a la casa a 'saludar' y a desayunar, él tampoco me ayudaba en mucho.

"Si te molesta tanto mantente alejada de él, Anna. ¿Cuál es el problema?"

"¿Qué es lo que sabes de él, de todos modos?" Le pregunté intentando desviar un poco el tema.

Horo Horo llevó a su boca un gran trozo de pan y dijo, "¡Está delicioso!", escupiendo casi la mitad en mi cara.

"¡Horokeu!"

"Perdón," se limpió con una servilleta. "Trabajaba como policía."

Interesante.

"¿Trabajaba? ¿Lo despidieron?"

Él negó con la cabeza sin dejar de devorar la comida de su plato. "Creo que él renunció...o se retiró, o algo así. No lo sé."

"¿Verificaste sus referencias?"

"Sí, Anna, verifique sus referencias. Su Capitán me dijo que era un gran policía, un buen hombre y que era confiable...era todo lo que necesitaba escuchar."

Lo miré encarando una ceja. "¿Y nunca te pasó por la cabeza que tal vez su Capitán esté mintiendo?"

"¿Qué pasa contigo? ¿Por qué me mentiría?" El tragó su bocado y tomó de su té, esperando una respuesta de mi parte.

Yo no sabía que decir.

"No pasa nada conmigo, Horo."

"Bien, entonces sólo haz lo que hiciste con el pobre de Kouji Yamada en la preparatoria."

Lo mire confundida y el dejó de comer.

"Actúa como si no existiera."

"¿Qué?"

"¿No te acuerdas de como rompiste el corazón del pobre Kouji?"

"Yo nunca rompí su corazón, Horo Horo."

Él se rió. "Anna, el chico lloró en los vestidores por una semana cuando le dijiste que preferías comer tierra que salir con él."

"Era un idiota."

"Era un idiota sensible."

"Se acostó con todo el equipo de porristas y ni siquiera se molestaba en terminar con ellas antes de pasar a la siguiente. ¿Qué tiene eso de sensible?"

Suspiré fastidiada y Horo Horo me miró por unos segundos. "Te gusta este tipo."

Casi me ahogo.

"Claro que no."

"Claro que sí, estás toda sonrojada y nerviosa y..." Sus ojos se abrieron más de lo normal. "¿Viste algo?"

Horo Horo lo sabía desde hace mucho tiempo y no le molestaba. Sabía que tenía visiones de la vida de otras personas y que sabía cosas que muchos ignoraban. Él era una de las pocas personas en las que confiaba plenamente, pero, aun así, no podía ser completamente honesta con él acerca de mi hombre misterioso.

Aún no.

"¿Qué? No, yo sólo...él es..."

"¿Guapo?"

¡Arg! Había días en que lo odiaba.

Él se rió, pero su sonrisa no duró mucho. "Es obvio que viste algo, Anna, escucha, si él es..."

"Él no es nada, Horokeu, ya cállate."

"Es sólo un comentario."

"¿Cuando regresa Tamao? Estoy cansada de que vengas a robarnos comida."

Finalmente se levantó, llevó su plato hasta el fregadero y lo lavó. Se acercó a mí y me dio un beso en la mejilla. "Está bien, no tienes que decirme, pero créeme cuando te digo esto, Anna Kyoyama, tarde o temprano me explicarás que está sucediendo."

Lo miré fingiendo molestia. Él tenía razón. "Te odio."

"Me amas."

"Tienes suerte de que lo haga."

Soltó una carcajada y camino hasta su auto. Antes de irse se despidió con su mano y dijo, "¡Sigue tu instinto, Anna!"

Cerré la puerta de la casa y pensé en las palabras de Horo Horo.

Sigue tu instinto.

No era como si tuviera un mal presentimiento sobre el hombre. Había sentido todo menos eso. Había algo en él que no podía identificar.

Y mi otro instinto...

Mordí mi labio.

De cualquier forma, era mejor que me mantuviera alejada de él.

Kino apareció en la puerta que separaba la cocina del cuarto de lavado. Tenía algo entre sus manos y llamó mi atención de inmediato.

"¿Estás metiendo hombres a esta casa, jovencita?"

Ella decía cosas como esas para intentar molestarme...incluso lo hacía para aparentar estar molesta ella misma. Pero yo la conocía mejor. Kino tenía sus propios secretos y le gustaba pensar que yo no sabía de ellos.

"Ese no es asunto tuyo, ¿cierto?" Le informé dramáticamente mientras tomaba la sudadera de la Universidad de Tokio de sus manos.

Quería olerla, pero me di cuenta de lo tonta que me vería; acababa de sacarla de la lavadora, es obvio que ya no iba a oler como Yoh Asakura.

"Es asunto mío mientras sigas viviendo bajo este techo, Anna Kyoyama."

"Tal vez me mude, viejita."

"Sí, claro," se burló. "Te irás de aquí cuando los cerdos vuelen."

Acomodé la sudadera sobre mi hombro y caminé dándole la espalda. "Para tu información, el otro día vi pasar uno frente a mi ventana."

"Sabelotodo."

"¡Abuela!"

Soltó una carcajada y entró a la cocina. Yo me quedé ahí pensando, tenía que regresar la sudadera, ¿cierto? Él había dicho que era un recuerdo. Debió ser importante para él.

Olvide de mi idea de evitar todo contacto posible con el hombre y me dirigí e inmediato a la vieja cabaña de Horo Horo. Es probable que haya tocado una que otra vez la sudadera, quería ver si podía tener otra visión, pero claro, eso nunca ocurrió. Nunca pasa cuando lo más lo necesito.

No estaba segura de que es lo que le iba a decir al Sr. Asakura cuando le regresara su sudadera. Cuando llegué estaba casi convencida de que el Sr. Asakura no quería esa sudadera de regreso. ¿Acaso no había una regla para esta situación? Pensé. Digo, cuando un hombre le da a una mujer su sudadera, no debería de esperar que ella se la regresara, ¿cierto?

"La dejaré cerca de la puerta trasera," me dije. Me acerque de la forma más silenciosa que pude y noté que había una silla en donde la podía dejar.

Eso era lo que tenía que hacer: ir, dejar su sudadera y regresar en menos de quince segundos, pero no. Tenía que asomarme a la casa y ver si el Sr. Asakura estaba inconsciente de nuevo. O peor, tal vez había logrado ahogarse en el alcohol esta vez.

Noté que la perilla de la puerta estaba reparada y me sentí mal por haber dudado de él el día anterior.

Dejé la sudadera en la silla y me asomé por la ventana para ver si había algún cuerpo inconsciente en el piso, pero no vi nada. No sabía si sentirme aliviada o decepcionada de no ver a nadie adentro; ya era tiempo de irme.

Justo cuando me giré para salir de ahí me encontré, con nada más y nada menos que con, "¡Sr. Asakura!"

La expresión que tenía en su rostro me decía que quería reirse de mi, pero parecía como si el hombre hubiera olvidado como hacerlo.

Tal vez nunca supo en realidad.

"¿Qué, ahora me estás espiando?"

Sentí como mi sangre corría hasta mis mejillas, no sabía que decir.

"¿Qué? No...yo no estaba..." Recordé porque había ido ahí en primer lugar, tomé la sudadera de la silla y la empujé contra su pecho. "Aquí está su sudadera."

Él la detuvo por un momento, me vió como si estuviera hablando en un idioma desconocido. Quería preguntarle porque siempre parecía estar enojado conmigo. Con todos, en realidad. Cuando estaba a punto de hacerlo,, él habló.

"Escucha."

No había dado ni un paso cuando sentí su mano sobre mi brazo. No fue como el gesto agresivo de ayer. Sólo lo hizo para detenerme.

Las palabras me golpearon como un viento fuerte, sólo pude captar una o dos frases que pasaron sin avisar.

No quieres hacer esto.

¡Detente!

Las palabras...o al menos unas de ellas, parecían ser de él, pero no estaba segura de lo que significaban o de quien hablaba. Me quedé ahí, incapaz de moverme, hasta que escuché su voz.

Creo que no había sido una buena idea venir hasta aquí. No podía hablar, no podía moverme...sólo podía mirarlo a los ojos y esperar.

Esos ojos.

Un recuerdo de la noche anterior pasó por mi mente. Sus manos en mi, sus labios tan cerca que casi podía saborearlos...eso, combinado con la visión que acababa de tener, hicieron que perdiera el equilibrio, pero esta vez no necesité de su ayuda.

Sus ojos no se despegaron de los míos. Su mirada era pesada.

"Siempre haces eso."

Pestañé. "¿A qué te refieres?"

Apenas si me había movido, pero el lo notó.

"Esa cosa, como si fueras a caerte. ¿Tienes algún problema en tus oídos?"

No sabía que responderle. Fácilmente podía haberle mentido, decirle que sí y terminar con todo esto, pero no lo hice...no podía. "No."

"¿Fumas hierba?"

"No."

"¿Usas pastillas?"

"NO." Oh por dios. ¿Acaso lucía como una drogadicta?

Me soltó después de eso. Cuestionar a las personas parecía ser una rutina en él. "Como sea, creo que hay una posibilidad de que haya cruzado una línea anoche," él dijo, despeinando un poco su cabello.

¿Cruzar una línea?

Que te parece todo un continente.

"No me preocuparía por eso," le dije, intentando sonar casual, esperando que no descubriera el efecto que tenía en mí. "Estabas borracho, fue algo..."

"Inapropiado," me interrumpió con una mirada seria. "No sé qué fue lo que me sucedió."

Oh.

"No hay problema." Le di una mirada igual de seria. Hubo un silencio incomodo después de eso. Él fue el primero en romper la tensión.

"Eh...gracias por la sudadera." Dijo y camino hacia la cabaña.

"Claro," murmuré mientras lo veía desaparecer por la puerta, quería decirle algo más, pero no se me ocurrió nada. Sentí mi celular vibrar y respondí ciegamente.

"¿Hola?"

"Anna, Tamao regresó y quiere invitarte a cenar esta noche." Era la voz de Horo Horo.

"Um...claro, iré. ¿A qué hora?"

"A las siete, ella va a cocinar algo especial."

"Genial," tomé las llaves de mi auto y abrí la puerta. Había extrañado a Tamao. Esto sería divertido, tenía que saber cómo le había ido en sus clases de cocina que había tomado en Kioto.

Sonreí con la idea de pensar en lo mucho que disfrutó de esa experiencia.

"¿Quieren que lleve algo?"

"Lo que tú quieras, pequeña, sólo asegúrate de venir."

Me reí, ya estaba a punto de arrancar. "Oh, y no olvides invitar a Yoh."

Mi buen ánimo se desvaneció.

"¿Qué?"

"Se lo debo por arreglar la perilla."

"¿Cómo sabes que estoy...?"

"Anna. ¿Quién es tu mejor amigo?"

"Eres tú." Duh.

"¿Y quién te conoce mejor que nadie en este pueblo olvidado por dios?"

Cerré mi puño enfadada.

"Tú."

"¿Y quién tiene una molesta necesidad de arreglar los problemas de todos los que conoce?"

No dije nada, sólo giré mis ojos, y como si me hubiera visto hacerlo, se rió.

"Está bien. Le diré que está invitado, pero no prometo nada."

"Gracias, Anna. Nos vemos en la noche."

"Adiós, Horo."

Terminé la llamada y me quedé en el auto por unos segundos más.

No tenía idea de cómo invitar a un hombre que no tenía ni la más mínima intención de sostener una conversación decente con alguien. Era obvio que no se sentiría cómodo en una cena con dos personas que hablan hasta por los codos.

Pero supongo que siempre había una primera vez para todo.

Y quien sabe, tal vez le ayudaría un poco...tal vez había algo más dentro de ese exterior duro y frio.

Algo debe de haber perdido cuando su hermano murió.

Miré hacia la cabaña de nuevo y suspiré, mientras más rápido lo hiciera, más rápido podía irme de ahí.


La curiosidad de Anna la supera. Yoh por fin se disculpó, o algo por el estilo. Y Len sigue siendo un misterio. No se preocupen, en algún momento todo se aclarará, sólo les pido un poco de paciencia jaja.

Gracias por leer y no olviden dejarme su opinión.

¿Creen que Yoh acepte la invitación a cenar?