VIOLET HILL
Coldplay

Megan Reeves

La vida no era nada más que lo que había vivido. La vida no se extendía más allá de lo que eran mis manos. La vida no tenía más futuro que aquel que yo le daba, entonces, físicamente no existía. Y sin embargo, me aferraba a aquella futura vida, que veía desvanecerse entre mis dedos, como aire que nadie respira, como agua que nadie bebe.

Como vida que nadie vive.

Estaba asustada, muy asustada, más que al propio hecho de la muerte, al hecho de dejar de vivir, a dejar de ser yo, a dejar de querer y amar como lo había hecho, a dejar de pensar.

Supongo que al no dejar de estar asustada, no podía dejar de ver el miedo en cada rincón de la habitación, acechándome como una sombra en la oscuridad, que por el mero hecho de no estar iluminada, no dejaba de estar ahí, más cruel y dura que siempre.

De mis ojos no salían lágrimas, aquellas se habían ido mucho tiempo atrás. En aquel momento no era capaz de articular palabra tampoco, así que cuando me preguntaron por mi nombre me quedé estática, sin saber qué responder.

–Responde –dijo una voz dura y grave a mi lado. Antes de contestar, le miré, y se lo dije a él, antes de a aquel que me había preguntado.

–Megan –y volví la cara a los otros tres seres que estaban en frente–: Megan Reeves.

–¿Y bien, Thomas, a qué debemos tu visita? –dijo uno de aquellos, que parecía llevar la voz cantante.

–Quiero denunciar un crimen.

–¿Y cuál es ese crimen?

–Helen Reeves ha puesto en conocimiento de nuestra raza, a esta humana.

El vampiro meditó unos instantes, antes de contestar.

–Hechos –dijo de pronto.

Y Thomas me empujó hacia delante, dando yo un pequeño traspié. El vampiro me asió del brazo, y sonriente, me cogió de las manos, sin apenas pedirme permiso. Entonces, miles de recuerdos iban y venían, dando saltos en el tiempo, recordando cosas que ni yo misma sabía que había vivido. Y supe que era él quién hurgaba en cada rincón de mi memoria.

–Realmente interesante –dijo en un susurro casi inaudible.

–¿Qué has visto Aro? –preguntó otro de los vampiros.

–Verás, esta chiquilla fue mordida por el vampiro que la ha traído aquí hoy, tiempo atrás, y nuestra querida Helen, ahora Helen Reeves, apiadándose de su alma huérfana y mortal, la adoptó como a su propia hija...

–¡Qué insolencia! –interrumpió uno a Aro.

–¿Cuáles fueron tus motivos Thomas? –preguntó el otro.

Thomas se acercó a Aro y le extendió sus manos, y este, cogiéndolas, cerró los ojos. Tras varios segundos después del contacto se separó y volvió en sí.

–Aun más interesante –volvió a murmurar.

–¿Y bien...?

–Megan es la cantante de Thomas, y su olor le hizo caer en la locura. Viviste momentos de gran angustia, querido Tom –dijo dirigiéndose al mismo, para después volver a su relato–. Él, ofuscado por esos pensamientos tan contradictorios que tenía, decidió probar de su sangre, aunque fue una imprudencia por su parte.

Así que ahí tenía mi tan ansiado por qué. Él me odiaba, pero porque yo le resultaba relativamente tentadora. Había sido mi causa que él se volviera, como Aro había dicho, "loco". Y a pesar de sentirme culpable, por ser la causa de su desdicha, me sentía furiosa, ya que, ¿por qué ahora? Él había marcado mi vida, tanto como yo la suya. Hacía tiempo que ya nos habíamos pagado las cuentas, entonces, ¿por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

–Aro –dijo uno de los vampiros–. No demoremos esto más.

–De acuerdo. Thomas, ya sabes cuál es…

Antes de que Aro pudiera añadir nada más, alguien irrumpió en la estancia con un golpe sordo. Se me heló la sangre, y el corazón se me quedó en un puño.

Seth Clearwater

Con un golpe abrí las puertas de par en par, y Ness y yo irrumpimos en la estancia.

Llegar hasta allí había sido una tarea realmente difícil y estresante. Nada había salido como habíamos planeado, que decir tiene que tampoco habíamos planeado nada con detenimiento.

Cuando llegamos a Volterra, todo fue un continuo de prisas, y cada vez que nos acercábamos al lugar donde se suponía que estaba ella yo no podía por más que ponerme nervioso, más, si se podía, de lo que yo ya estaba.

Era evidente que estaba allí, no solo por las evidencias físicas, sino también porque lo notaba. Yo sabía que ella estabas allí. Lo notaba.

Cuando entramos en aquella especie de Castillo fuimos algo más cautelosos, pero enseguida notaron nuestra presencia, y ante nuestra sorpresa, nos acompañaron hasta una puerta.

Y como ya había dicho antes, yo sabía que ella estaba allí. No solo allí, sino detrás de aquella misma puerta, y no iba a ser aquel obstáculo material, quien me impidiera verla.

La empujé como si fuera de papel y entré con Nessie a mi lado.

Y entonces: ella. Nadie sabía cuánto la había echado de menos. Me quedé estático en mi posición, incapaz de avanzar un mísero centímetro. Y entonces ella dijo mi nombre: "Seth". Aquel nombre que en sus labios sonaba como si ese Seth fuera otra persona, y aquel fuera mejor que el que yo era de verdad.

Cada mirada que ella me mandaba era como un puñal que se calvaba una y otra vez en el mismo sitio, causando cada vez más daño que la anterior. Con esos ojos me pedía que la salvara, que la salvara y la devolviera a casa, con su madre, conmigo. Pero aun no Megan, aun no podía.

Ness empezó a hablar, pero yo no podía prestar atención. Ella estaba allí y yo aquí, y aquella distancia parecía completamente insalvable. No podía dejar de pensar que eran aquellos pasos los que nos mantenían lejos el uno del otro.

Era una discusión sin sentido, ella rogaba que la dejaran libre, diciéndoles que estaba imprimado de ella, que jamás los delataría, que ella jamás dañaría a Helen de esa manera, y un seguido de etcéteras. Y veía su negativa, veía la negativa que nos iban a dar, y no quería, no podría soportarlo.

–Quiero intercambiarme por ella –solté, y vi de soslayo la mirada decepcionada que me mandó Ness, pero no me importó, yo no podía ser sin ella, así que esperaba que ella pudiera ser sin mí.

–Honorable propuesta licántropo –dijo uno de ellos–. Estoy dispuesto a meditar tu petición con mis amigos, por ello, de momento marchaos.

Nos despachaban de nuevo, por la puerta por la que habíamos entrado, y no veía la hora en la que la cerraran para cogerla, para tenerla entre mis brazos de nuevo.

Thomas seguía cogiéndola por el brazo, pero cuando nos quedamos a oscuras en el recibidor, ella como pudo se deshizo de su agarre. Él la miró con profundidad, pero la dejó marchar.

El corazón me iba a cientos de kilómetros por hora, y no veía el momento en el que nuestros pies corrieran esa distancia, que nos había mantenido separados durante tanto, tanto tiempo.

Lo primero que recuerdo era su calor al abrazarme, sus suaves manos que me recorrían la cara, como si yo no fuera real, y por primera vez, la vi llorar en mucho tiempo.

–¿Estás aquí de verdad? –me preguntó.

–Jamás me fui, siempre estuve contigo.

Dios mío, como la había echado de menos, solo mi corazón lo sabía. Nos abrazamos de nuevo, y volvimos a ser uno, volvimos a ser aquello que debíamos ser, y contra lo que no podíamos luchar.

Nos separamos un instantes, y ella me dijo:

–Te quiero, te quiero, te quiero, jamás dejé ni dejaré de hacerlo.

Iba a besarla, con aquellos besos que habíamos hecho nuestros, solo nuestros, cuando de golpe, se abrió de nuevo la puerta, pero esta vez, no pensaba separarme de ella.

Obviamente, la respuesta de aquel vampiro era que no. Claro que iba a ser que no. Habíamos sido su propio circo personal, y ahora querían la muerte.

–Thomas, como sabrás –añadió–, el castigo para este delito es la muerte, tanto de la muchacha, como de Helen, por ello, que se haga nuestra voluntad.

Chasqueó los dedos un par de veces, pero yo no podía separarme de ella, no podía. Ella me miró con fuerza, llegando hasta lo más hondo de mi alma, volvió a llorar y me sonrió. Le devolví la sonrisa, ¿qué más podía hacer?

–Seth, no me olvides nunca... Te amo.

Le planté un beso de los nuestros en aquellos labios que eran míos. Cerré los ojos, y me la imaginé, la imaginé de todas las maneras posibles, las que jamás vería de ella.

–Megan... –le dije.

Alguien me arrastró a fuera de aquellas paredes, pero yo no quería, no podía.

Ella se iba, y yo me iba con ella.