Yoh
Muchas cosas pasaron por mi mente cuando no escuché el carro de la Srta. Kyoyama alejarse.
Ira. Molestia. Frustración. Sospecha. Más ira...todo atado a este extraño sentimiento de esperanza.
Era ella, tenía que ser ella. Desde que la había conocido, despedía este sentimiento extraño de persistencia. Era como si su misión en la vida fuera nunca rendirse. Casi se parecía a mí hace algunos años, cuando molestaba a Hao de la misma forma.
"Nunca voy a atrapar a este tipo, seguirá alimentando a la ciudad con drogas y armas hasta que esté muerto o...muy viejo para hacer este trabajo." La frustración se lo estaba comiendo, era la tercera noche que se pasaba en vela trabajando en ese caso. Yo estaba ahí para hacerle compañía y para aprender un poco.
Le serví una taza de café y me senté a su lado.
"Lo vas a atrapar, Hao, tú siempre lo haces."
"No esta vez, es un psicópata listo," me dijo mientras leía el expediente nuevamente, intentando encontrar alguna pista.
"En algún momento se tiene que equivocar."
"No lo creo."
"Y cuando eso pase tú lo atraparás."
"Probablemente me despidan antes de que suceda."
"No te van a despedir, eres importante para el equipo."
"Soy un idiota por no poder descifrarlo."
"Nah, tú eres..."
"Yoh." Dijo mi nombre con molestia, al mismo tiempo que cerraba los puños y arrugaba el papel.
"¿Mmm?" Le di un sorbo a mi café.
"Cierra la boca."
Sonreí reviviendo ese momento, era lo único que podía hacer después de que Hao me había ordenado que me callara. Me quedé ahí y sentí como si estuviera de regreso en la sala de mis padres.
Sacudí esa memoria y me dediqué a escuchar; intente descifrar que había evitado que Anna Kyoyama abandonara la cabaña.
Tal vez ese viejo auto por fin dio su último viaje.
Tal vez se había caído en la nieve...de nuevo.
Todas eran simples teorías, eventualmente ella vendría y me diría que fue lo que sucedió.
Yo pensaba que me pediría ayuda con la chatarra que conducía, o que tal vez necesitaba usar el teléfono, sin embargo, nunca se me ocurrió la ridícula oferta de ir a cenar a la casa de Horo Horo, creí que no era en serio eso de pagarme de alguna manera por arreglar la perilla de la puerta.
Yo no iba a cenas, así que rechacé su invitación.
"Eh, gracias, pero no gracias."
"Será divertido."
¿Cuál era el punto?
"No."
Ir a cenar con ellos significaba platicar con ellos.
"¿Por qué no?"
"Porque no quiero." Le dije, parecía un niño de doce años intentando convencer a sus padres para que no lo mandaran a la cama temprano. Suspiré con un poco de resentimiento e intenté cerrar la puerta, pero ella me detuvo con su pie.
"Horo Horo y Tamao se decepcionarán si no vas."
Esta mujer era muy persistente.
Me molesté y alce mi voz. "Escucha."
La cabeza de la Srta. Kyoyama saltó un poco por la sorpresa, por fin había captado su atención
"Creo que te confundiste por lo de hace un rato, sí, me disculpé por lo de anoche, pero...no estoy interesado en tener una mejor amiga ni nada." Nos señalé con mi mano en caso de que no entendiera a quien me estaba refiriendo.
Ella sólo alzó una de sus cejas. "Lo que hizo antes no se considera como una disculpa, Sr. Asakura."
Ignoré su sarcasmo. "Mi error."
"No quise decir que..."
"Perfecto, entonces ya puedes irte."
"Sr. Asakura," hizo un ademan de agarrarme el brazo, pero en el último segundo se arrepintió, se alejó de mi como si quemara. Y de nuevo mi mente empezó a trabajar en sus reacciones.
Me daban ganas de abrir una investigación sobre ella y descubrir qué clase de secretos ocultaba.
Viejos hábitos, pensé. Mientras decía las palabras la voz de Hao hacía un eco en mi cabeza, recordándome esos días en los que seguía cada uno de sus pasos como policía de Tokio.
Me lo podía imaginar, caminando con esa sonrisa confiada que usaba para impresionarme con su sabiduría.
"Tu instinto es lo único que tienes, Yoyo."
Intenté no verlo feo.
O a ella.
Creo que no tuve mucho éxito.
"Mira," empezó de nuevo, esta vez noté un poco de desesperación en su voz. "Horo Horo siempre quiere quedar a mano con la gente. Tu le hiciste un gran favor arreglando la puerta..." Señaló la perilla y me miró. "Se volverá loco si no vas a cenar."
Arreglar la perilla fue pan comido. No era como hubiera construido una nueva casa o algo así.
"Me tomó diez minutos."
Ella negó con la cabeza. "Eso no importa, Horo Horo cree en el karma."
Parecía que quería sonreír por un recuerdo o algo así, me dio la impresión de que esos dos tenían mucho tiempo de conocerse y que había miles de chistes locales que no tenía ni la menor oportunidad de entender.
No es que quisiera hacerlo, pero no voy a negar que la chica tenía despedía una energía que te hacía querer conocerla mejor.
Por otro lado, también quería descubrir porque había desarrollado una averción a tocarme. Y porque se desequilibraba cada vez que lo hacía.
"No me vas a dejar salir de esta, ¿cierto?"
"No lo creo." Ella sonrió y no tuve más opción. Lo único que quería hacer este día era tomar unos cuantos tragos, pero aparentemente eso o iba a suceder. Había aceptado ir a la cena de Horokeu Usui.
"Está bien, vamos."
Mientras más rápido, mejor.
"Aún es muy temprano y la cena empieza a las siete." Me dijo con un poco más de ánimo. "Te escribiré su dirección."
"Genial." Dije sin la misma emoción que ella tenía. Le invité a pasar a la cabaña.
Esta vez tuvimos una visita tranquila, sin tropiezos, ni gritos. Cuando se fue, creí que por fin tendría un poco de paz, hasta que escuché mi celular sonar.
Lo maldije.
Ya sabía quién era.
Mi antiguo Capitán me había llamado desde que había llegado a Aomori.
Me imaginé que quería saber cómo estaba o, tal vez, convencerme de que regresara a la ciudad.
No estaba interesado en discutir ninguna de esas cosas, así que seguía ignorando las llamadas.
Esta vez apagué la endemoniada cosa y me serví un Jack con Coca-cola.
"Peeeeeero, no puedo emborracharme, ¿cierto? Porqué tengo un compromiso." Le dije al vaso de alcohol que estaba frente a mí.
Estaba empezando a reflexionar mi teoría de los pueblos pequeños, incluso consideré mudarme a una ciudad más grande. Mucho más grande, en donde la gente no le importara un comino si conducías o no la camioneta de tu hermano por una colina en un estado de ebriedad; donde las mujeres no se metieran en tu cabeza a la fuerza, donde sus ojos y su cuerpo no te atormentaran a cada minuto.
"No pasará nada si me tomo un vaso."
Me terminé mi trago y serví otro, era un hábito, sin embargo lo dejé sobre la mesa y me fui a dar una ducha.
En ese momento me di cuenta que una perilla no era lo único que estaba roto en esta vieja cabaña.
El calentador de agua dejó de funcionar a la mitad de mi ducha, la ventana se partió a la mitad cuando intenté abrirla y el lavabo se inundó cuando abrí la llave.
"¡Por Dios!"
Me sentí como en casa durante unos segundos. Era como vivir en la antigua casa de mis padres, reparando una pared que se había dañado o acomodando una puerta que Hao la había azotado después de pelear con papá.
Nunca entendí la enemistad que había entre Miki y Hao, mi hermano siempre tenía algo que decir cuando Papá hablaba.
Sólo porque es más grande o significa que siempre esté en lo correcto, Yoyo.
Suspiré mientras hacía una lista para comprar algunas herramientas que necesitaba de la ferretería. Intenté no pensar más en Hao. Tomé mi iPod y subí el volumen.
Había una cosa que me gustaba de esta lugar...no había vecinos.
Una vez vestido lo suficientemente decente, me dirigí hacia la casa de Horokeu Usui, me sentía como en mi primer día en la escuela. Esta vez la Pick Up encendió a la primera...por supuesto. Me acordé de otro primer día que tuve hace ya un tiempo, cuando Hao me llevó a mi primer día en la academia.
"¿Estás nervioso?"
"No," le dije muy seguro, él se rió y me pegó en el brazo.
"Silver es estricto, pero es una buena persona. Estará contigo desde la mañana hasta el almuerzo. Es de Amidamaru de quien te tienes que cuidar. Él va a ser tu instructor desde la una hasta que decida que es suficiente por el día."
"Genial."
Mira la ventana del auto, pensando en que significaba 'hasta que decida que es suficiente'.
Hao encendió el radio y tarareó una canción mientras manejaba. "No te preocupes, hermanito...¡eres un Asakura! Dime ¿quién manda a los Asakura?"
"Nadie." Respondí, rodando mis ojos mientras él gritaba de nuevo.
"¿Quién?"
Nadie," dije más fuerte esta vez.
"¡¿Quién?!"
"¡NADIE!" Grité sobre la música, riendo. Hao golpeo mi brazo.
"Así es, ¡nadie!"
Platicamos por el resto del viaje. Cuando me dejó frente a las instalaciones de la academia me recordó una vez más porque lo estaba haciendo.
"Eres un hombre bueno y trabajador, Yoyo. Amidamaru se dará cuenta...no tienes nada de qué preocuparte."
Sonreí y esperé sobre la acera a que el carro de mi hermano desapareciera entre las calles de Tokio. Antes de que me diera cuenta ya estaba frente a la casa de Horokeu.
Me pregunté cómo es que había aceptado a venir aquí.
Tal vez aún tenía tiempo de escabullirme, de regresar a la cabaña y de embriagarme.
Noté que había alguien moviéndose entre las sombras cerca de donde yo estaba, mi atención se concentró en descubrir quién era esa persona, y adivinen quien era...oh, si, señoras y señores, la invitada de honor: Anna Kyoyama.
Se dará cuenta si intento huir.
"Diablos."
Apagué el motor y me bajé despacio de la camioneta. Ella notó mi presencia y se tropezó con un arbusto cercano a la casa. Apenas si alcancé a sostenerla del brazo, evitando que cayera.
"Debemos dejar de encontrarnos así." Le dije. Ella me miró sorprendida, pero no dijo nada.
No sé porque había dicho eso.
Tal vez era la luna, o el Jack con Coca-Cola que me había tomado, pero había algo que me incitaba a provocarla. Incluso sentí una sonrisa formarse en mi rostro. Ella estaba a punto de responderme, pero fue interrumpida...
"Qué bueno que llegaron." La mujer dijo con una sonrisa. Parecía emocionada.
No era por mí, eso era seguro.
La mujer caminó hasta nosotros y abrazó a Anna. "Te extrañé."
La Srta. Kyoyama sonrió. "Yo también, Tamao. Cuéntame ¿cómo te fue?"
"Fue increíble, Anna. Fue todo y mucho más, no sé cómo agradecértelo."
¿Agradecérselo?
"Yoh, pudiste venir."
La voz profunda detrás de las dos mujeres llamó mi atención. Caminé hacia ella y saludé a Horo Hoto. "Gracias por invitarme."
"No te preocupes, amigo. Quiero que pruebes la comida de Tamao, te encantará."
Su actitud amistosa hacia mi (alguien que apenas conocía) hubiera levantado mis sospechas en Tokio, pero aquí, en pueblo quieto, parecía ser algo normal.
"Sólo estás exagerando," su esposa le dijo, pero Anna lo apoyó.
"No en realidad. Tu comida sacará del aire a Nobuyuki Matsuhisa.
Casi me reí por lo que dijo. Lo hubiera hecho, pero ella parecía saber algo de lo que nadie más estaba al tanto, por eso pregunté.
"¿Tienes un programa de cocina?"
Tamao sólo sonrió y negó con la cabeza. "Aún no."
Mi instinto me decía que hiciera más preguntas, pero Horo Horo se me adelantó.
"Vengan, hay que entrar, ya casi está lista la comida. ¿Quieres una cerveza, Yoh?"
"Si, gracias." Respondí. Parecía que esta noche sólo tendría la oportunidad de beber una o dos.
Me encontré a mí mismo siendo más un merodeador que un participante activo en la conversación que ocurría en el interior. En realidad no sabía mucho acerca de ninguno de ellos y realmente no tenía ningún interés en lo que estaba hablando, asi que es escuchar era a lo máximo que podía llegar.
Me di cuenta de que Anna se comportaba diferente cuando estaba con sus amigos, se veía más confiada y relajada, incluso reía, de vez en cuando acomodaba su cabello detrás de su oreja mientras platicaba con Horo Horo y Tamao sobre sus recuerdos de su infancia. Verla era como verme a mí mismo, hace quince años o más.
No puedo decir que me sentía incómodo. Estaba satisfecho con mi cerveza y sentado en una buena silla, mientras que los recuerdos de mi propia infancia luchaban contra la barrera que había armado antes de salir de la Pick Up.
Ellos intentaron incluirme en la conversación, pero no tenía ganas de compartir nada esta noche.
Las preguntas de rutina ya se habían hecho, empezaron queriendo saber a que me dedicaba.
A nada, les dije. Era la verdad, a menos que 'beber hasta el cansancio' se considerara una profesión.
Después quisieron saber sobre mi familia, a lo que contesté que no era de su incumbencia. Palabras más, palabras menos. Después de eso Horo Horo cambió el rumbo de la conversación hacia el clima, comparó el de Tokio con el de Aomori.
"Aquí hace más frio." Le respondí. Esa había sido la pregunta más tonta que pudo haberme hecho. Y con mi respuesta me gané una mirada de odio por parte de su esposa.
Y así fue como se dieron por vencidos conmigo. Después de eso me convertí en una lámpara más en la sala, de vez en cuando notaba una que otra mirada de Anna, pasaba cuando la veía durante mucho tiempo.
No podía evitarlo.
Mientras más la veía, o pasaba más tiempo con ella, más quería saber de ella. Quería etiquetarla en alguna categoría que pudiera entender.
Pero aún no sabía lo suficiente para poder hacerlo.
Por lo que había escuchado, ella tenía varios trabajos, ninguno de tiempo completo, ni con mucha paga.
No era del tipo que parecen modelo, pero era sensual en su propio estilo. Tenía un no sé qué-qué qué sé yo. Ahí estaba, en cada cosa que decía, en cada ceja que alzaba, en cada conversación...
Era como si se hubiera amarrado tan fuerte alrededor de mi cerebro que me era imposible alejarla. No podía deshacer el nudo. Ni aunque quisiera.
No tenía sentido, sin embargo, mis ojos no se apartaban de ella.
Casi podía escuchar la voz de mi hermano en tono de advertencia. "Es de las inocentes de las que te tienes que cuidar, Yoyo."
Lo aparté de mi sin siquiera notarlo y me gané un par de miradas curiosas.
Me terminé mi cerveza. "Había una mosca." Expliqué.
"Iré a revisar la cena," dijo Tamao. Horo Horo de inmediato la siguió para ayudarla, dejándome solo con Anna.
Me sorprendí un poco cuando, sin mirarme directamente, me dijo, "¿Podrías dejar de verme?"
No le respondí enseguida, sólo leí su lenguaje corporal.
Esta tensa.
¿Por qué?
¿Acaso es mi culpa?
Tal vez es tensión sexual.
Tal vez le interese más de lo que aparenta.
Ella miró directamente a mis ojos, como si hubiera escuchado mis pensamientos. ¿Eso era posible? "Por favor," dijo y le respondí con toda honestidad.
"No puedo."
Se alarmó cuando lo dije. Fue como si una abeja la hubiera picado, como si hubiera ido otro lugar por unos segundos.
"Estás bien?"
Respiró profundo. "Tienes que dejar de hacer eso."
"¿Hacer qué?"
"Sólo..." Ella empezaba a ponerse nerviosa.
"La cena está lista." Dijo Horo Horo desde el otro cuarto. Estaba tentado a presionar a Anna por una respuesta, pero ella fue más rápida y huyó hacia el comedor.
Si la mesa hubiera sido más grande, estoy seguro de que se habría sentado lo más lejos posible de mí, por suerte Horo Horo y Tamao eran dueños de una bonita mesa, perfectamente cuadrada y para cuatro personas, así que terminamos sentado cara a cara.
Ella no se atrevía a mirarme y yo me debatía entre salir de ahí y dejarla cenar tranquila o quedarme. Hice lo último.
Tal vez ella sabe, pensé, consideré la posibilidad de que lo que pasó con Hao en Tokio llegara hasta aquí, aunque eso fue hace casi un año y la noticia no era tan importante como para estar en los noticieros. Aparte, ellos ya hubieran mencionado algo, ¿o no?
Tal vez quiere que tu lo admitas, hermanito.
Sacudí mi cabeza, no estaba pensando con claridad, "Estúpido," dije, Tamao me escuchó. "¿Disculpa?" Preguntó un poco ofendida, lo único que pude hacer fue disculparme con la mujer que parecía haber insultado.
"Eh, sólo estaba pensando en voz alta. Recordé que dejé la luz prendida en la cabaña."
Horo Horo se rió. "Yo no me preocuparía por eso, Yoh, el foco se fundirá antes de que queme algo."
Dejé salir una especie de suspiro. "Claro."
La cena fue servida y no pude evitar felicitar a la chef, la comida estaba excelente. Anna tenía razón. Si esta mujer tuviera su propio programa de cocina Nobuyuki Matsuhisa ya no sería el chef más famoso de Japón.
"Tamao es la mejor cocinera del mundo." Comentó Horo Horo después de devorar su plato.
"Estoy de acuerdo." Aceptó Anna y tomó un poco de su vino. Esto no tenía sentido, ¿por qué una persona gastaba todo su talento en un restaurante en medio de la nada cuando era obvio que tenía habilidad?
Terminé mi segunda cerveza y aclaré mi garganta, era tiempo de entrar en la conversación.
"No quiero ofender ni nada, pero...¿por qué asistes a clases de alta cocina?"
Sus cejas se juntaron mientras inclinaba un poco la cabeza, esperando mi explicación. Miré a Horo Horo buscando un poco de apoyo, mientras intentaba establecer mi punto con su esposa.
"Me refiero a que...lo que ustedes tiene es una simple cocina, ¿no? Eso no es exactamente un gourmet."
"No es sólo para la cocina," ella explicó sarcásticamente, "es para el restaurante cinco estrellas que vamos a tener en Aomori algún día." En otro momento esta chica me hubiera agradado. Aún tenía esperanza.
"Lo entiendo...todos tienen uno o dos sueños." Al menos yo los tenía.
"No es un sueño, es una realidad," ella continuo. "Anna nos lo dijo."
"¿Anna?" Dije intrigado. "¿Ella que tiene que ver?"
Los ojos de Tamao se movieron entre los míos, los de Anna y los de Horo Horo. "¿Acaso no sabe?"
"Anna?" Horokeu preguntó a su amiga.
"¿Saber qué? ¿Eres una especie de inversionista o algo así?" Pregunté. No pude evitarlo. La Srta. Kyoyama se veía un poco incómoda.
"En realidad, ella es..."
Horo Horo pisó su esposa por debajo de la mesa y Anna terminó su enunciado.
"La persona más rica del pueblo," se rió sarcásticamente. Tomó un gran trago de su vino y no dijo más.
Tamao Usui veía a su esposo con molestia y a su mejor amiga como si hubiera perdido la razón. Horokeu sólo se veía preocupado.
Anna estaba sonrojada, descubrí que me gustaba mucho verla así, pero no ignoré el hecho de que, obviamente, este tema no le gustaba, y eso hizo que creciera mi curiosidad.
Estaba empezando a sentir como volvían esas manías de policía a mí. Era obvio que esa mujer esconda algo más de lo que mostraba en la superficie, mi pregunta era ¿qué tanto había detrás de ella?
Me tomé otra cerveza y decidí dejar el tema en paz, por ahora. Esta vez me concentré en la comida, y mientras más comía, más bebía...
Siempre supiste como utilizar tu encanto, ¿no, hermanito? Hao apareció cuando no respondí la pregunta de Tamao de porqué había venido a Aomori.
Lo ignoré y fingí interés en lo que decía Horokeu, aunque no pudiera comprender ni una palabra.
Su presumida cara se apareció ante mí, me sonrió del otro lado de la mesa, a un lado de Anna. Es toda una belleza, Yoh.
"Eso no te incumbe," le susurré. Parecía que se lo había dicho a Horo Horo.
"No te ofendas, Yoh, pero eh...creo que ya tuviste suficiente," me dijo inclinándose un poco para quitarme mi trago, pero lo aparté.
Si no te vas a lanzar, tal vez debería de intentarlo yo, ¿no lo crees, Yoyo? Me molestó Hao. Él siempre lo hacía cuando éramos más jóvenes. Siempre me provocaba para que armara de valor y me acercara a una chica, en lugar de quedarme sentado en las sombras, esperando a que alguien se acercara a mí. Para ser sinceros, eso casi nunca pasaba.
Sacudí un poco mi cabeza, intentando ignorarlo, apenas notando a Anna, quien me veía de forma extraña junto a mi hermano.
Ella continuó su conversación con Tamao.
Vamos, hermanito, haz algo.
Dejé la botella de cerveza sobre la mesa y la apreté, rogando silenciosamente porque me dejara solo, pero no lo hizo. Él no era así. Hao nunca se rendía tan rápido.
Alguien dijo mi nombre, pero no le puse atención. Estaba demasiado concentrado en Hao.
Ella note esperará por siempre, Yoyo.
"¡Cierra la boca!" Le grité, me levanté, empujando mi silla con la parte trasera de mis rodillas, mientras aventaba la botella vacía hacia mi hermano.
La silla cayó y me percaté e lo que acababa de hacer.
Lo primero que noté después de que Hao desapareció fueron los ojos de Anna. Estaban llenos de miedo e incomprensión, no pude seguir mirándolos. Me recordaban la manera en que mi madre me veía aquel día, cuando Hao murió.
Tragué en eco. "Yo..." No sabía que decir, ¿qué carajos había hecho?
"Iré por la escoba."
Creo que esa fue Tamao. Debí haberme ofrecido a ayudar, pero lo único que quería era salir de ahí lo más rápido posible. Caminé hasta la puerta, estaba a punto de salir cuando un fuerte brazo me lo impidió.
"Yoh, no puedes manejar así."
Horokeu.
No tenía la fuerza para pelear con alguien, no obstante, no iba a dejar que dejara a su familia por ayudarme a mí. Saqué las llaves de mi bolsillo del pantalón y se las arrojé.
"No te preocupes," dije con ambas manos arriba. "De cualquier forma, esta porquería no sirve."
Parecía que le estaba hablando a Horo Horo, pero eso iba dirigido a Hao.
Jódete, pensé. Tú y tu camioneta.
Horo Horo no dijo nada, simplemente tomó las llaves y me dejó salir. Tomé mi oportunidad y me fui, gritándole un "gracias" a Tamao por invitarme a cenar.
Encontré la calle que me llevaba hacia la cabaña, aparté las luciérnagas que se cruzaron en mi camino y canté una vieja canción que Hao y yo solíamos cantar después de pasar una noche en un bar.
No se preocupen damitas, dentro de poco Yoh tendrá su lección.
Gracias por leer y no olviden dejarme sus comentarios.
