EPÍLOGO:
VIVA LA VIDA
Coldplay
Hacía ya media hora que no estaba quita en mi asiento. Cada tictac del reloj, era como una puñalada a mi mano, y la ralentizaba. Mi corazón bombeaba sangre velozmente, y más aun, cuando de pronto sonó el timbre. ¡No había acabado aun! La gente se levantaba de sus asientos, y yo seguí en mi silla hasta que coloqué el último punto, puse mi nombre y entregué el examen al profesor que se encontraba en el fondo.
Salí del gimnasio y respiré hondo. Había hecho un buen trabajo, ya podía estar satisfecha. Olí el seco aire veraniego y sonreí. Por fin empezaban las mejores vacaciones de mi vida.
Seth me esperaba tumbado sobre el capó en el aparcamiento, al verme sonrió. Me acerqué corriendo hacia él y le abracé.
–Hola –dijo él medio sonriendo–, ¿cómo te ha ido?
–Creo que tienes ante ti a una recién universitaria.
Se rió y acercándose a mí y nos besamos.
–¿Preparada para el verano entonces?
–Por supuesto.
Y le volví a besar, haciéndolo mío.
Me acompañó en su coche hasta mi casa en Forks. Solía quedarse a comer y pasábamos la tarde juntos, pero cuando estábamos en frente del porche me dijo:
–¿Te importa que no me quede hoy? Jake me ha pedido un favor...
–No, claro que no. ¿Tiene que ver con Nessie?
–Sí, pasaré a recogerte más tarde si quieres.
–Está bien –dije sonriente–. Por cierto, ¿no sabrás cuando vuelve, no?
–Claro que lo sé –bufó– Jake no puede pensar en otra cosa. Estará por aquí esta noche.
–Ah –musité a la vez que salía del coche. Le di un beso en los labios y le dejé irse.
Renesmee CullenMiraba por la ventana nerviosa. Volvía a ver los colores que la blanca Alaska me había estado privando. Hacía dos semanas que no había visto a Jake, y muy a mi pesar me estaba muriendo por dentro. Me maldije, nos maldije, por haber tomado aquella estúpida decisión hará casi un año de separarnos.
Esperaba que este verano me devolviera los momentos perdidos en aquel invierno tan largo sin Jake. Esperaba que al fin pudiéramos estar solos y por fin tenernos el uno al otro como siempre necesitábamos. Esperaba al fin, poner fin a esta situación tan terriblemente estúpida.
La gente empezó a levantarse y yo hice otro tanto. Cogí mi bolso y seguí a mi padre por el pasillo del avión. Ya con los pies en el aeropuerto nos lo pateamos entero, recogimos cada uno nuestras maletas y salimos por la puerta de llegadas.
Jake no me había prometido estar ahí para cuando yo llegara. Se lo perdoné porque sabía que estaba liado en el taller. Sin embargo cuando salimos, mi corazón esperaba verlo, y al no estar él allí, me llevé una gran decepción.
A las que sí vi en la puerta fueron las Reeves, cosa que sí me sorprendió. Fue un reencuentro bonito, la última vez que las había visto había sido hacia seis meses, y las cosas en seis meses, cambian completamente. Para mí, eran un contacto directo con todo Forks, y era como si me devolvieran a casa.
Lo primero que hice al llegar a casa fue bajar al garaje, seguida de Megan, y destapar la Vespa. Y recorrí aquel rojo metalizado tan suave con mis dedos.
–Es algo enfermizo, ¿sabías? –dijo Megan a mis espaldas.
–Calla, ¿nos vamos?
–¿A dónde?
–A La Push –dije ese nombre en un segundo pero con un infinito significado.
–Si no queda otro remedio...
Me conocía aquella carretera como la palma de mi mano y volver a verla, y saber a dónde conducía me producía una sensación de satisfacción incalculable. Echaba de menos ese lugar, sobre todo a las personas que vivían en él. Empecé a reconocer las casas, los lugares y no veía el momento de ver a Jake.
Bajé de la Vespa de un salto y me encaminé hacia la casa. Seth y él salieron del garaje y cerraron la puerta, y al verle salí corriendo hacia él. Chocamos y nos abrazamos fuerte. Juntamos nuestros labios como si fuera la primera vez, como en una película. Solo existíamos él y yo.
–Te he echado muchísimo de menos –me susurró al oído.
–Y yo. No sabes cuánto.
Nicole EvansSiempre me había encantado tener gente en casa, cosa que mi padre y mi hermana siempre habían odiado. Por eso, cierto día, mi casa se convirtió en una especie de taberna, donde cuando el frío corría, todos venían a refugiarse.
–Rachel me ha dicho que te dé esto –dijo Embry colocando un vaso lleno de azúcar en mi mano.
–Vale, gracias.
Cogí aquello que me daba y lo vertí en la masa homogénea que estaba preparando. Él se limitó a observar como removía el mejunje, para luego verterlo en una bandeja y seguidamente meterla en el horno. Le sonreí y me miró como un crío mira los regalos de navidad. Iba a alzarme sobre la encimera para besarle, cuando la ya mencionada Rachel pasó en frente de nosotros.
De nuevo nuestros momentos se encontraban rodeados de gente, que aunque siempre me había gustado, empezaban a cansarme. Se suponía que era mi casa, y parecía una camarera.
De todas formas, hoy podía perdonar cualquier cosa, ya que me sentía de buen humor. Por fin vería a la que era mi mejor amiga de nuevo. Nessie al fin volvía a casa por verano, y la esperaba retener cuanto fuera posible.
Por eso estábamos todos allí, haciendo buena comida para la fiesta sorpresa que le íbamos a dar a ella, cuando Jake la trajera.
Rachel y Paul empezaron a discutir de nuevo, porque el segundo seguía tumbado en el sofá mirando uno de los tantos partidos de fútbol que mi padre tenía grabados.
–Pero nena –le dijo sin apartar la vista de la caja tonta–, sabes que no tengo ningún don para la cocina, y más que ayudar estorbaré.
–Ya claro –bufó la chica y continuó fregando uno de los tantos platos que había por fregar.
Claire daba vueltas por la casa poniéndolo todo patas arriba, y Quil iba detrás suya poniéndolo todo peor, y por la puerta no paraban de entrar más y más gente. Me estaba poniendo aun más nerviosa de lo que estaba. Notaba el bullicio en cada uno de mis sentidos y sentía mis fuerzas desbordarse.
Y de pronto Embry me cogió de la mano, en medio de mi ataque de pánico, y me susurró:
–Relájate –no como una orden, sino como un apoyo.
Y le miré, como si no hubiera nadie más en la habitación y supe que si no hubiera sido por él, me hubiera vuelto loca. Y supe que por el mero hecho de saber él, en cada momento como estaba, le querría para siempre.
Tyler BrumCaminábamos a un paso no muy decidido por la calle. Aquel siempre había sido el pueblo de mi infancia, y que ella lo conociera me entusiasmaba. No es que tuviéramos una relación muy formal, ni tampoco habíamos hablado de ello, pero estaba claro que ambos sentíamos cosas el uno por el otro, y sin embargo yo la había traído a la fiesta, como amiga. Pensé que quizás todo esto le gustara, y no andaba muy equivocado.
Lo cierto es que hacía mucho tiempo que no se hacía una cosa como esta. Cuando se fue Renesmee todo el mundo se quedó triste, y la gente se apagó como una lámpara que se había quedado sin aceite. Y parecía que con su vuelta, había sido ella la misma chispa que nos había prendido a todos.
–¿Nerviosa? –le pregunté antes de subir las escaleras del porche.
–Avergonzada –susurró.
Le sonreí y le estreché la mano, antes de tocar la puerta. Nos abrió un Paul soñoliento y ya dentro de la casa hicimos las debidas presentaciones. Todos la recibieron con comentarios jocosos, y sonrisas y Annabell respondió con un tímido: «Hola».
Dijeron que era guapa, que era simpática, que era amable, divertida, graciosa... Pero yo solo podía pensar que era mía, y que había sido ella misma la que había decidido empezar a formar parte de algo que habíamos empezado juntos.
La vi desenvolverse tan bien, tan a su aire, como siempre, que solo podía pensar en lo afortunado que era. De haberme enamorado de una chica como ella.
Embry CallRepartimos la comida entre toda la gente del salón, que fue marchando en dirección a la playa, y sin embargo conseguí hacer lo que me proponía.
Cuando Nicole iba a salir por la puerta la cogí de la cintura, la abracé por detrás y le di un beso en el cuello. Ella solo se rió, y yo la devolví de nuevo al interior del salón.
–Embry, nos están esperando.
–Venga va, solo quiero estar contigo un ratito a solas.
Se giró y me miró a los ojos, me sonrió y me dio un beso dulce en los labios.
–Te quiero –me dijo.
–Vente a París conmigo.
–¿A París? –sonrió.
Yo asentí.
–¿Tu y yo? ¿Solos?
–Sí.
–Me encantaría –y me besó en los labios y deseé que nadie nos echara en falta, ni ella, ni a mí, ni a las patatillas.
Recorrí su cuerpo con mis manos y le besé el cuello, descendiendo hacia su clavícula. Ella enredó sus manos en mi pelo y de nuevo buscó mis labios. La levanté del suelo y la apoyé en la mesa, quería que estuviéramos más cerca el uno del otro, y en eso estaba… pero como había aprendido desde que estábamos juntos más o menos: jamás estaríamos solos.
–Niki soy yo, ábreme –dijo Jane, su hermana, desde la puerta de la calle–. Me he dejado el móvil cargando y no llevo llaves.
Esta se apartó de mis labios y miró al suelo, soltó un suspiro de resignación, y de un salto se bajó de la mesa y fue a abrir la puerta. Jane pasó veloz, y subió por las escaleras. Nicole mantuvo la puerta abierta, y comprendí que nuestro momento había acabado. Me resigné y suspiré para bajar el calentón que me había pegado, yendo hacia la puerta.
–París, ¿no? –me preguntó
–Ajá.
–Y has dicho solos ¿no?
–Ajá.
–Perfecto –sonrió. Y ambos salimos por la puerta.
Y supe que aquel verano sería para siempre si era con ella.
Jacob Black–Os habéis esmerado demasiado –dijo Nessie al ver la playa, girándose hacia Seth y Megan y hacia mí.
–Nosotros no hemos hecho nada –dijeron Seth y Megan a la vez, que bajaban a la playa detrás de nosotros.
–La verdad es que yo tampoco –dije yo cogiéndola de la mano.
En la playa ya estaban todos. Todo nos había salido a pedir de boca, lo cierto es que básicamente la idea había sido de Nicole, pero es que además ella lo había organizado todo. Esa debía apuntármela, para devolvérsela cuanto antes.
Ness al notar el contacto de la arena en sus pies se estremeció y me dio un apretón, me sonrió y fue corriendo a saludarlos. Avancé detrás de ella y llegué al corro de gente.
–¡Nessie! –chillaron la gran mayoría. Y todo fueron llantos, y risas, y más llantos y más risas. Y supongo que no hablaría solo por mí, al decir que a todos nos iba el corazón muy rápido.
Me senté al lado de Ness, en frente del fuego, mientras degustaba un trozo de pizza, y ella reía a carcajadas del chiste que acababa de contar Quil. La miré y sonreí al pensar que no hacía tanto, que la tenía entre mis brazos, y se vestía de princesa, y recordaba aquellos momentos con cierta nostalgia.
Pero ahora ya era mucho más mayor, había cambiado muchísimo durante ese último año y sus facciones habían madurado. Ya no parecía la niña que solía ser, y supuse que tampoco lo era. Ese año también la había hecho crecer en otros muchos sentidos. Y me reía al pensar en cómo mi vida había cambiado desde que la había visto por primera vez.
Se giró con una sonrisa en los labios y me miró, le devolví la sonrisa. Me puso una mano en la mejilla y amplió aún más, si se podía, la hilera de blancos dientes que mostraba. «Gracias por todo esto.»
Me acerqué a ella y le susurré al oído:
–En realidad, lo ha organizado todo Nicole. Pero aún así hay algo que sí he hecho y quiero darte.
La cogí de la mano y la llevé hasta la orilla. Aunque aún así se oía el jaleo que montaban.
–Renesmee te quiero –le dije–, aunque creo que eso ya lo sabes. Mira, lo hemos intentado este tiempo y ha sido… –no encontraba la palabra adecuada.
–¿Horrible? ¿Espantoso? ¿Terrible? –acabó ella.
–Sí, y tú lo sabes tan bien como yo. Esto de estar separados, más que bien está resultando fatal –hice una pausa y proseguí–. Y mira, no te voy a negar que no he disfrutado gastando el dinero de Eddie –me sonrió–. En realidad ha sido lo único provechoso.
–Jake, para mí esto tampoco ha sido fácil. Pero tienes que entender que está mi familia y que también está la manada…
–Sí, sé que esto no es justo… Pero a lo que iba es que si tú no puedes estar sin mí, y yo no puedo estar sin ti ¿por qué no estamos juntos?
–Explícate.
Me exasperé y rebusqué en mi bolsillo izquierdo del pantalón y saqué un manojo de llaves y se las mostré.
–Ahora son tuyas.
–¿De dónde son? –me preguntó con un deje de desconfianza.
–De un apartamento en Seattle.
–Y por qué… –no la dejé terminar.
–Porque ahora es mi apartamento.
–¿Qué?
–Bueno, el taller a Embry y a mí nos está funcionando de maravilla y nos hemos sacado unas pelas este año y estamos a punto de abrir nuestro taller en Seattle, ¿te lo puedes creer? Y bueno con el dinero que nos ha sobrado… He conseguido alquilar un apartamento, no el mejor, pero bueno, por algo se empieza… y quiero que tú estés conmigo.
–Jake… yo no… No es que no quiera ir contigo pero mis padres…
–Tranquila no te preocupes de eso ahora –le guiñé un ojo, la abracé y la llevé de nuevo con todos.
La sorpresa, y el cabreo que se iba a llevar cuando se enterase del notición. Hacía más o menos un mes y medio que la que es mi mejor amiga, véase su madre, me había abordado sobre lo triste que se encontraba su hija, y sobre lo alicaído que estaba yo. Ella me había comentado que su marido y ella, estaban planeando irse a un lugar "más cercano". No le pedí que se volvieran, pero sabía que ella haría lo que fuera por Renesmee, y ella sabía tan bien como yo que cuando se fue, acabaría volviendo.
Así que cuando hicieron tres semanas, más o menos de nuestra charla, me volvió a abordar en mi salida de su casa. Me dijo que lo había estado meditando, y que por el bien de su familia, no podía volverse a Forks, pero por el bien de su hija, y pese a que le costó decirlo, no podía mantenerla lejos de mí. Me dijo que lo más seguro era que volvieran, y yo no dudé en hacer mis planes por mi cuenta, y comentarle la expansión a Embry. Todo iba como planeaba y por una vez mis planes no se torcieron: Bella me dijo en mi última visita, que ya habían encontrado casa, a las afueras de ciudad de Seattle, y que se mudarían al final del verano. Mantuve bien lejos mi idea del apartamento en mi mente, y parece que dio resultado.
Claro que hoy me matarían, en cuanto Ness les contara mi plan, y ellos el suyo. Pero no importaba, solo sabía que ella se volvía, y eso era suficiente.
Antes de llegar hasta donde todos se encontraban, la agarré de la muñeca y la estiré hacia mí.
–No olvides que te quiero Ness –le dije al oído.
–No lo olvido, y no olvides tú que también te quiero Jacob –dijo ella.
Y a la vez que ella acababa de hablar la besé, y ella sonrió. Como había echado de menos aquella sonrisa y a la que pertenecía. Jamás se me iba a volver a escapar nunca más, porque a partir de ese momento, estaríamos juntos para siempre.
Seth ClearwaterVimos como ambos desaparecían hacia la playa y aunque Megan y yo les seguíamos a un paso más lento, decidimos quedarnos atrás. Megan se apoyó en mi brazo y me cogió de la mano, la miré atisbando en la oscuridad el acantilado que se había convertido en nuestro.
–¿Vamos? –le dije inclinando la cabeza hasta nuestro acantilado. Ella afirmó con la cabeza sonriendo.
Volvimos atrás nuestros pasos y subimos por el bosquecillo espeso, a medida que este se convertía en uno más fluido y los árboles se separaban cada vez más los unos de los otros, nos acercamos al precipicio.
En cuanto llegamos nos sentamos mirando hacia el mar, y escuché, los gritos de la fiesta que se había montado en la playa. Pasaba corriente, por lo que estreché a Megan hacia mi lado. Se apoyó en mi pecho y cerró los ojos unos instantes.
–Seth, tú me quieres ¿verdad?
–Claro tonta.
–Nunca había sentido esto por nadie –dijo.
–Yo tampoco.
–Sin imprimaciones, sin magia ni trucos: Eres la primera persona de quién me enamoraré jamás.
–Para mí también es la primera y la última vez.
Miró el cielo, sin nubes y completamente estrellado, y con una luna llena magnífica. Era grande, más bien enorme, y brillaba preciosa y lo vi reflejado en sus ojos claros que me miraban, y me dijo:
–Seth prométeme que jamás dejaremos de ser lo que somos. Que jamás dejaremos que nada nos cambie. Que cuando amanezca seamos los mismos que cuando anochezca. Que seamos siempre nosotros cuando el día acabe.
–Sí, te lo prometo. Creo que ahora que te tengo a ti, no podría pedir nada más.
–Siempre se desea algo más –dijo sonriendo.
–Lo sé, pero yo no.
–¿Entonces eso quiere decir que te tendré siempre?
–Siempre.
–¿Hasta el final?
–Hasta el final –prometí.
Y junté mis labios con los suyos, para siempre, hasta el más final de los finales.
