Gracias por los reviews :D como prometí, tres días después la siguiente parte.
La mañana del viernes de la semana en la que se celebra San Valentín.
El viernes. El día. La mañana del viernes comenzó muy bien a pesar del anuncio madrugador y del ambiente desconocido. Helga apagó su alarma y se volvió a dormir. Su alarma insistió una segunda y una tercera vez antes de que encontrara la suficiente fuerza de voluntad para sentarse en el colchón. Su alarma sonó una cuarta vez, sorprendiéndola pues no la había configurado así, y la apagó antes de darse cuenta que en realidad había colgado una llamada. Le llegó un mensaje antes de que pudiese remediarlo y cuando lo leyó se sintió la estudiante más afortunada del planeta. Hopkins está enfermo, no hay clase hasta la siguiente semana. Era Samantha, una amiga que había hecho en un curso de maestría y que era, alabado sea el universo, la asistente del profesor con el único curso que tocaba a ingentes momentos de la mañana. Casi madrugada.
Las seis con diez minutos. Helga no necesitó analizarlo porque su cuerpo ya se había vuelto a tumbar en el calor que todavía se podía sentir en las sábanas. Buenas noches para ti, mundo. Cerró los ojos y soltó un suspiro satisfecho que le llenó los párpados de somnolencia. Sin darse cuenta, en unos milagrosos minutos, se volvió a quedar dormida sin ninguna preocupación que turbara las fantasías de sus sueños.
Una hora y cinco minutos después, sin embargo, sería cruelmente arrancada de los círculos narcóticos que le relajaban el cuerpo. Un sacudón fuerte e impertinente la obligó a abrir un ojo con molestia. Se cuajaba la irritación, pero estaba todavía demasiado confundida para responder con coherencia. No escuchó nada y casi pensó que estaba en una pesadilla muy real. Volvió a cerrar los ojos (sin perderse la rareza de estar durmiendo en un sueño) y nuevamente, más fuerte que antes, se movió el mundo que la sostenía en algodones. Pletórica de rabia y de ese impulso juvenil que lidera el ritmo de la sangre, se despertó (¡por fin!) con todas las ganas de terminar al mundo y dormirse, luego, sobre él.
—¿Qué carajos?
—Helga, despierta, es tarde.
—¿Qué demonios? —Se sobó los ojos—. ¿Arnold?, ¿qué rayos haces en mi habitación?
—Es mi sala. —Escuchó el tono irritado y eso la irritó todavía más—. ¿No tenías clase en la mañana?, ¡vas a llegar tarde!
—¿Tu sala? —Miró alrededor y se levantó sin cuidado—. Mi clase se canceló. Samantha me avisó hoy en… ¿Qué demonios me ves?
Arnold había enrojecido profundamente y cuando por fin se le ocurrió seguir la dirección de su mirada, Helga recordó algo muy importante que quizá no debió haber olvidado. Además de todo el asunto de dormir en una casa ajena, por supuesto.
Se cubrió en un movimiento instintivo y sintió que la modorra mañanera moría miserable y débil en medio de la vergüenza que llenó su cara de ardiente adrenalina. Quería gritar, pero había demasiado silencio y solemnidad. Demasiadas miradas y un estupor ridículo que los había dejado quietos a los dos. Recurrió a la legendaria fuerza de los Pataki y fingió como jamás había fingido en su vida, todavía cubriéndose.
—Es mi brassier, Arnoldo. —Su voz sonó quebrada y nerviosa. Ronca, también, porque era muy temprano—. ¿Podrías…?
No tuvo que terminar la frase, claro, porque Arnold estaba (si era posible) más avergonzado que ella. Se alejó de inmediato y como si hubiese entrado en contacto con la peste. Murmuró un montón de sonidos que parecían palabras y que probablemente eran excusas y esas cosas que uno dice cuando no sabe qué decir. Helga rogaba porque se largara de una vez y alguien en el cielo debió escucharla porque Arnold se fue (todavía murmurando) hacia su habitación y cerró la puerta con fuerza.
Silencio.
Pesado.
Incómodo.
Mañanero.
Quebrado al fin por la voz estrangulada detrás de la puerta. Avísame cuando estés vestida.
No necesitó que se lo dijeran dos veces. Bastante más consciente de su cuerpo, tomó su mochila y se retiró al cuarto de baño. Tiró del pestillo y se dio cuenta que la cara todavía le quemaba. Sabía que este tipo de situaciones ocurrían en las películas mal hechas que le hacían reír los sábados por la tarde, pero no lograba hacer la conexión entre las películas y la experiencia de dolorosa deshonra (exacto, deshonra, se sentía medieval) que acababa de pasar. Era, quizá, su culpa. Quizá. Pero prefería echarle la culpa al vecino y no caer en las profundidades bochornosas de los recuerdos y en la implicancia de haber enseñado su ropa interior (y lo que había en su ropa interior) al chico que le había gustado buena parte de su infancia. Phoebe pensará que lo hice al propósito. Ocultó la cara en las manos y un pensamiento todavía más oscuro y espantoso le llenó el cuerpo de escalofríos. Gracias al cielo, ¡felizmente no dormí desnuda!
Helga Pataki y su desnudez cuidadosamente escondida bajo su ropa, salieron del cuarto de baño y arreglaron la sala en dolorosa lentitud premeditada. Ponderó dejar todo doblado y como si no hubiese dormido aquí para poder irse sin decir nada; pero la certeza de que Arnold no saldría de su cuarto hasta que no le avisara le impidió el escape tan ansiado. Dubitativa e incómoda, avanzó en pasos pequeños y tocó toc toc toc con mucha timidez. Pasó un largo rato antes de que obtuviera una respuesta y se alivió al intuir que Arnold también estaba pasándolo mal.
—¿Ya…? —Tosió—. ¿Ya terminaste? —Le llegó la voz desde el otro lado. Se alejó inmediatamente y fue a sentarse hasta una silla del comedor. Se aclaró la garganta y contestó tan fuerte como le era posible.
—Sí, ya puedes salir.
Nuevamente, la espera y el silencio que le hacían de preámbulo a la coronación de la mañana más hijadeputa que había tenido en la semana. En el mes. En el año. Le habían visto las tetas, podía ponerse dramática si quería.
La puerta se abrió con normalidad, sin ese ruidito rasposo que aumentaba el misterio, y Arnold (menos normal que las bisagras) avanzó evitando su mirada.
—Buenos días.
—Sí, buenos días.
Dónde estaba la bizarría Pataki cuando más la necesitaba. Dónde estaban los cojones legendarios y el cinismo que convertía en arena hasta las rocas más sólidas. Helga se fastidió en medio de su monólogo. Insegura, claro, pero con más orgullo que el regular en las personas, decidió que faltaría un universo de vergüenzas para someterla a ese mutismo tan de morondanga.
—Mira Arnold… —Comenzó.
—¡No!, espera, no digas nada. —La detuvo con los nervios crispados—. Es mi culpa.
Helga alzó una ceja, pero dejó que continuara.
—Es mi culpa por despertarte. Yo… de verdad lo siento mucho.
Y parecía sentirlo. Profundamente. Dolorosamente. Como los que se mortifican en la empatía del prójimo y todo eso. Arnold era muy raro.
Helga, por no saber cómo actuar de otra forma, se comenzó a reír con ganas.
Arnold, por no saber cómo responder de otra forma, arrugó el ceño.
—¡Fue un accidente! —Se burló—. Demonios contigo, cabeza de balón. Y yo que creía que era dramática. Joder. Me viste en ropa interior, ¿y qué?, es lo mismo que si hubiese ido a la playa.
—Yo…
—No, déjalo. Mira, es mi culpa. —Pero su tono irónico no admitía ninguna culpa en lo absoluto—. Sobreactué porque me impresionaste. Me acababa de levantar y de verdad que no recordaba qué rayos hacías en mi habitación, despertándome.
—Es mi sala.
—Eso lo sé ahora. —Rodó los ojos—. No lo hagas más grande de lo que es. Ya es suficientemente raro entre nosotros sin que tengas que agregar que me has visto semidesnuda. Sólo olvidémoslo.
—Está bien. —Respondió de inmediato—. ¿A qué te refieres con raro?
—¿Eh? —Abrió los ojos, pero un gesto con la mano, desestimándolo—. No es nada. Ahora que está todo solucionado, ¿me vas a invitar a desayunar?
—Lo que quieras, Helga. —Se encogió de hombros y se apuró en organizar los platos que se habían quedado del día anterior.
El departamento pronto de llenó del olor del café recién hecho y de las frutas cortadas. Para malestar del hambre Pataki, Arnold se había quedado sin embutidos y se tuvieron que conformar con tostadas y mermelada de durazno. Es de Gerald, había aclarado Arnold. El desayuno pasó en paz y en evítame porque no se me pasa el susto. No lo hicieron muy evidente, pero hasta lo más sutil alcanza neones de colores cuando se le trata con tanto cuidado. Cada uno, por su cuenta, decidió que el tiempo sanaría todas las heridas y les devolvería su estado de comodidad anterior. Ese era el plan, al menos.
—¿Tú crees que sea seguro volver a mi departamento? —Preguntó en voz alta mientras lavaba los platos. Ya que el rubio le había preparado el desayuno, se sintió lo suficientemente generosa para corresponder—. Gerald todavía no llega, ¿hoy tenía clase?
—No. Hoy no. Pero no estoy seguro sobre sus horarios en el trabajo. —Se escogió de hombros y terminó de secar los platos que Helga dejaba a un lado—. Pero lo mejor que puedes hacer es llamar a Phoebe y preguntar.
—Ayer no me contestó y hoy todavía no me llama. Creo que su celular está felizmente olvidado, Arnoldo.
—Entonces yo llamo a Gerald y ya está.
—Gracias. Quiero quitarme esta ropa y bañarme de una buena vez. —Dijo impaciente—. Nos quedamos en un hostal de estudiantes que era como una horrible película de terror. No me atreví a usar la ducha, parecía infectada.
—Te ofrecería mi ducha, Helga, pero creo que algo saldría mal.
—Algo sale mal siempre que nos juntamos, cabeza de balón. —Ironizó—. Mejor ya hablemos de otra cosa.
—Está bien. —Terminó de poner el último plato en el estante.
—¿Qué harás mañana?
—Mañana tengo media jornada y me parece que nada más, ¿por qué?
—Interesante. —Se cruzó de brazos—. Mañana es el infierno de febrero. No importa a dónde vayas, cómo vayas o con quién vayas, siempre te encontrarás con demasiada gente en la calle.
—¿Mañana?
—Mañana es San Valentín, Arnoldo. —Alzó las cejas—. Prepárate para el horror y la prostitución del rosa en nombre de un montón de cursilerías que a todos avergüenzan, pero que secretamente esperan.
—¿San Valentín? —Abrió los ojos sorprendido—. Mierda.
—Ese es el espíritu.
—Lo había olvidado completamente. ¿Estás segura?
—Claro que estoy segura. Lo marco en mi calendario todos los años y elaboro un plan complicado para hacer miserables a todas las parejas que tengan la desgracia de atravesarse en mi camino.
Arnold le lanzó una mirada llena de incredulidad mezclada con temor. Helga soltó una carcajada seca.
—Oh, por amor al pastrami. —Continuó—. Tengo una cita, Arnold. Así es como sé que mañana es San Valentín. Tengo mejores cosas qué hacer en mi vida que preocuparme por las parejas empalagosas del mundo.
—Perdona mi momento de asombro, pero entenderás que tiene dónde fundarse.
—Lo sé, lo sé, soy muy poderosa y popular. Me gusta que pienses que puedo arruinar una celebración casi mundial. —Aplaudió—. ¿Soy bastante genial, no?
—Genial no es la palabra que usaría. —Arnold se rió cuando Helga le lanzó una mirada resentida—. Pero sí, eres bastante genial.
—Deja de alabarme un rato y llama a Gerald. Dile que lo estoy grabando… eso lo apurará.
—Eres retorcida, Pataki. Muy retorcida.
—Lo dices como si no lo supieras.
Arnold prefirió ir por su celular.
Continuará...
Holo, nuevamente ;)
Antes que nada quiero agradecer a todos los que me han ofrecido su apoyo y me han levantado los ánimos respecto al incidente que mencioné en la actualización anterior. Será, trataré, la última vez que lo mencione (para no hacer más drama del asunto) y por eso no quiero dejar de mencionar lo mucho que me han alegrado. De verdad lo aprecio y les prometo que no lloré un poquito ;)
Ahora, pues yastá, estoy muy contenta porque han llegado varios reviews (parece que el nuevo tratamiento de los personajes ha gustado) y desde ya aviso que la última parte es larga. Como siempre, el ritmo de la actualización está en sus manos. Todavía no es seguro, pero lo más probable es que le haga un anexo (chiquito, eso sí) que estoy escribiendo ahora mismo. Está en evaluación y su publicación, también, queda a cuenta suya. Si lo desean, lo subo.
Paso a la contestación de reviews "anónimos":
Nuleu Strack. Hola cariño :) Sí yo también te extrañé :'( mira que esto de no tener inspiración es una verdadera mierda. Felizmente algo se me ocurrió y ojalá pronto vuelva a las andadas. Jajaajaja, gracias por la emoción, yo también me emociono 3 Bueno, pues entonces espero que te haya gustado el anterior y también este. Trataré de no desaparecerme así tan feo. Un besote enorme del tamaño de una pangea :D y un abrazo de oso vicioso apachurrador. ¡Espero leerte prontísimo!
Polly. Mi Polly querida 3 wiiii, ya extrañaba leerte. Pues qué gusto me da haber llegado en el momento. Espero que no lo estés pasando muy mal cariño y si quieres conversar de cualquier cosa (en privado) me pides el mail y lo arreglamos :D Jajajaja, trataré de no desaparecerme así tan feo. Es culpa de mi musa que se larga sin avisar y me deja con los vestidos listos. Pues verás que sí, normalmente no me molestan las críticas (hey, ¿qué mejor manera de ver lo que se pasa de largo?), pero no me gusta cuando se vuelven insultos u ofensas personales y lo que colmó mi paciencia fue la cantidad que recibí (cerca de 70), sospecho que se trata de pocas personas que tienen muchas ganas de joder, pero sumado a mi frustración por actualizar pues me fui un poco a la ira. No te preocupes, no dejaré que me desanimen ni que detengan las actualizaciones, prometo seguir y seguir :) Te agradezco muchísimo la buena onda (la siento hasta aquí) y las recomendaciones las tendré todas anotadas. ¡Un abrazo fortísimo tritura huesos y un beso enorme! Qué alegría leerte cariño :)
merope. Hola :) Pues, sí, esta larga sequía creativa ha dado lugar a un nuevo planteamiento. Algo que quería intentar desde hace rato, pero sólo hasta ahora me doy el tiempo de dar algunos esbozos. Me alegra que el fanfic de MarHelga te haya gustado, yo le veo muchísimo potencial y creo que es bueno apoyar escritores nuevos (relativamente) a que sigan experimentando y enriqueciendo el fandom. Gracias a ti por notar el esfuerzo, se aprecia muchísimo.
La continuación de tu review es bastante oportuna, en realidad. Justo acababa de responder el de Miss Cerezo. Tomo lo que me toca, porque mucho de ese melodrama se puede encontrar en mis otros fanfics (quizá el que más lo demuestra es Entre Luces). Pero sí, les doy la razón y también a otros lectores que me han hecho notar lo mismo. La serie nunca fue completamente melancólica y nostálgica, así que parte de esa fidelidad es no pasarse tanto con los sentimientos. Lo que le decía a Miss Cerezo es que aquí está en desarrollo otra dinámica. En los fanfics más ''pesados'' Arnold y Helga no se conocen. Actúan por instinto y siempre predispuestos a la interacción que conocían en la primaria. Con Helga, creo, es más acentuado porque su obsesión con Arnold era bastante fuerte. Entonces, ese desconocimiento sumado a la distancia y a la edad crean este aire de complicación tan fuerte. En este fanfic, en cambio, los dos son amigos. La fuerza de la costumbre es lo que hace que el enamoramiento no sea tan céntrico y que las relaciones se hayan desarrollado en otros aspectos. Por eso Arnold tampoco es tan sumiso, porque conoce mejor a Helga y no está caminando sobre campos minados a ver si adivina cuando está de mal humor o cuando puede lastimar sus sentimientos. Helga, por otro lado, está más acostumbrada a la presencia de Arnold y la falta de distancia para idealizar le hace comprender su enamoramiento de forma más madura. Así que, sí, les doy toda la razón del mundo ;)
¡Me alegra mucho haber recibido tus comentarios! Espero poder leerte pronto.
Abrazos :D
Pues eso, muchas gracias por el apoyo que siempre me brindan (:3 me engríen siempre, juar) y espero poder leerlos prontísimo.
¿Clic al botoncito azul? :3
