Cuando llegó a su casa todo ocurrió con normalidad, comió, descansó y se puso a estudiar para defenderse en clase al día siguiente. Pero aunque se encerraba en su habitación y abría los libros de texto, lo último que hacía era estudiar pues era sin duda lo que más odiaba en el mundo. Todas las tarde se echaba una cabezadita, leía algo interesante o simplemente se ponía a pensar en sus cosas antes de empezar el estudio. Y aquella tarde se la pasó entera ensimismado y mirando al cielo por la ventana.
Tras vaguear un buen rato, decidió que quería llenar su estómago con algo consistente y fue a merendar hasta que finalmente volvió a eso de las 6 para "estudiar". Y nuevamente miró al cielo, pero esta vez no lo hizo silenciosamente
- Supongo que no debo contárselo a nadie por ahora, primero quiero confirmar que no ha sido simplemente que he tenido un día ligeramente diferente a la rutina o alguna tontería así. Pero lo más importante es… si esto me acercará un poco más a ti. –Cuando terminó de decir esto esbozó una sonrisa-. Solo quiero estar junto a ti…
Y sin dejar de mirar al infinito comenzó a recitar: "Sueño contigo cada día y ansío el momento en el que pueda estar junto a ti. Aunque no sé dónde, yo afirmo tu existencia y junto a la tuya la de mi felicidad. Porque daré mi cuerpo, mi mundo y mi corazón para reunirme contigo y destruiré a aquel que me lo niegue. Tu eres la razón de mi existencia y mi objetivo y por ello, sueño contigo".
Cuando finalmente llegó la noche, Alex se acostó a aquello de las doce bastante cansado y no tardó en dormirse. Pero cuando creía que llegaba la calma absoluta, oyó un extraño sonido a los pies de su cama. Lentamente y con miedo, se dio la vuelta para observar que era lo que había producido aquel ruido y descubrió a un pequeño ser oscuro con dos ojos muy brillantes saliendo de una mancha negra del suelo.
Su primera reacción fue la de gritar, pero pronto se dio cuenta de que no serviría de nada, cosas muy extrañas le estaban pasando y esa no sería la última y además pensó que, quizás todo aquello… le gustara.
Mientras veía a aquella cosa mover la cabeza frenéticamente decidió que debía seguirle el juego a todos esos sucesos extraños y de ese modo evitar aquello que más odiaba y temía: La monotonía. Quizá todo aquello fuera la puerta a ser alguien especial, alguien diferente con un futuro incierto, en vez de aquel estudiante entre más de mil millones con un futuro ya obviado.
El ser oscuro se movió nuevamente y ante el asombro de Alex, se metió en el suelo como si tan solo tuviera unos milímetros de espesor y ágilmente se escurrió por debajo de la puerta de su habitación hacia el pasillo.
Rápidamente, Alejandro saltó de su cama, se vistió con unos vaqueros, una camiseta y una sudadera y sin hacer ruido salió de su casa hasta la calle, donde el oscuro ser le esperaba.
Sin mediar palabra, este se deslizó calle abajo y el joven corrió tras de él. Tras varios minutos de seguimiento, el misterioso intruso entró finalmente en un edificio: El colegio de Alex.
El extraño ser se deslizó por debajo de la puerta, pues aún se encontraba plegado en el suelo, y tras él, Alex comprobó el estado de las puertas. Abiertas. Dentro de la escuela, la persecución llevó a Alex hasta su misma clase recorriendo las mismas escaleras y los mismos pasillos que recorría todos los días, pero cuando llegó a la puerta, supo que allí se terminaba el trayecto y sabía que tras la puerta encontraría respuestas. Así, lentamente empujó la puerta como quien entra la habitación de alguien importante y miró en su interior:
Todo estaba igual que siempre, los pupitres desordenados, los abrigos olvidados, las pintadas graciosas en la pizarra y no había señales de ningún bicho oscuro. Pero si había algo diferente en todo aquello, en medio del aula, alguien cubierto por un abrigo negro largo estaba a espaldas de él.
En cuanto le vio, supo que era el encapuchado del primer día, pero esta vez su cabeza no estaba cubierta y dejaba caer una larga melena plateada. El desconocido se dio la vuelta y le miró fijamente con unos hermosos ojos color miel intenso, casi rojos.
-Buenas noches, Alex.
-Tú… ¡Tú eres el de la otra vez!
-En realidad yo no soy nadie, pero qué más da.
-¿Qué me está pasando? ¿Por qué me ocurren estas cosas? ¡Dilo! –El joven parecía muy ansioso por saber las respuestas y se mostraba muy irascible, pero en realidad solo tenía miedo, y esa era su forma de expresar el miedo: Ira.
-Yo soy Xemnas –respondió ignorando las ansiosas preguntas-, y soy un incorpóreo.
-Eres… ¿De alguna secta? –Ahora, Alex parecía más acobardado.
Xemnas solo rio vagamente.
-No intentes explicar mi presencia con absurdas ideas de tu mundo, soy algo que está más allá, soy un incorpóreo –repitió-, soy lo que queda de un cuerpo que pierde su corazón, soy algo que ni siquiera existe.
Pese a que lo que estaba diciendo carecía de sentido, de alguna manera Alex entendía lo que le quería decir pues el mismo había deseado en alguna ocasión perder su corazón.
-En cualquier caso… ¿Qué me está ocurriendo? Tú lo sabes ¿Verdad?
-Te estás desprendiendo de tu corazón. Cuando te vi, descubrí que eras especial y decidí atacar a tu corazón sin que te diese cuenta, pero no te preocupes en un par de días todo regresará a la normalidad.
Alex se quedó sorprendido. Por un momento, la lógica le dijo que todo aquello era imposible y lo más probable era que hubiera una broma detrás o incluso una cámara oculta. Pero por suerte para él, nunca hacía caso a la lógica y se arriesgaba por lo "imposible", y con cierta vergüenza, le siguió el juego en serio:
-Y… Especial… ¿Por qué?
-Dos cosas. La primera es que tú eres capaz de comprender la existencia de tu corazón y la segunda y aún más inaudita… es que lo odias, a él y a todo lo que te transmite, pues he sentido auténtica oscuridad en él y sé que solo sientes pena y dolor que camuflas tras estúpidas y falsas sonrisas y una inútil amabilidad.
Alex se sorprendió al escuchar aquellas palabras. Lo sabía. Realmente era capaz de sentir su corazón, pues había dado una perfecta explicación de sus sentimientos.
-Y yo… puedo liberarte –continuó el incorpóreo-. Puedo librarte de tu corazón y ofrecerte un trato para que puedas obtener poder a cambio de él. Pierdes algo que te molesta y obtienes algo que ansías. ¿Qué me dices?
-¿Perder mi corazón…? ¿Eso que significaría?
-Simplemente… dejas de existir. Estas aquí, como estoy yo, pero serás un ser incompleto, y no podrás existir realmente. Pero ya no volverás a sufrir por la oscuridad de tu corazón y podrás viajar a otros mundos y ayudarnos con nuestro proyecto.
Alex sopesó muy seriamente el trato. Creía enteramente a aquel tipo, no le cabía duda de la veracidad de sus palabras.
-¿Qué proyecto?
-Si todo sale como está previsto, quizás puedas recuperar tu corazón en un futuro.
-Demasiado bonito. ¿Cuál es la pega?
-Tu mundo. Este, es el mundo más grande de todos los que conocemos, y es el que más corazones posee. Pero mucho me temo que su cerradura es especial.
-¿Qué cerradura?
-Todo aquello que existe realmente posee un corazón. Ya sea una persona, un perro o un mundo, y cada corazón posee una cerradura que da acceso a este. Los corazones están formados por luz y oscuridad y por razones que no te contaré ahora, necesitamos el corazón de este mundo y de todo lo que lo puebla. Gaia, tu mundo, posee varias cerraduras, y para ser abiertas, necesitamos el consentimiento de uno de sus pobladores. Podríamos haber cogido a cualquiera, pero tú me pareciste interesante.
Ahora la cosa empezaba a tomar sentido. Su mundo por poder. No era una generosa oferta, era algo caro pero tentador. "¿Coger a cualquiera? " Alex sabía que eso era mentira, que no podía ser tanta casualidad que él era necesario, necesitaba creerlo para decir:
-Paso. Mi mundo apesta, y yo soy el primero que lo odia, a él y a mi corazón. Pero me parece demasiado egoísta el trato. Al fin y al cabo, si os ayudo, tanto este mundo como sus pobladores desaparecerán ¿Verdad?
Xemnas asintió en silencio. Pero no había dicho su última palabra. Justo cuando Alex se daba media vuelta para abandonar la habitación dijo:
-¿Ni siquiera por ella?
El joven se paró en seco, sorprendido.
-" Daré mi cuerpo, mi mundo y mi corazón…"
-¿Qué tiene ella que ver en todo esto? –Dijo Alex enfadado.
-Ya te lo dije, si aceptas, podrás viajar a otros mundos. Y, ¿No eres tu quien tanto reafirma su existencia?
Alex pensó entonces muy seriamente el trato. Su mayor sueño estaba en juego pero… a cambio de tantas personas… Pensó durante alrededor de un minuto, aclarando con Xemnas cada punto de él. Y finalmente respondió:
-Me estas pidiendo que, a cambio de un único sueño destruya millones de otros sueños, destroce la felicidad de miles de personas y sacrifique un mundo tan amplio como este. Todo eso, simplemente por una chica…
Alex sonrió fríamente y continuó:
-Trato hecho.
