Después de contarme qué era lo que tendría que hacer una vez que el plan estuviese en movimiento, Pitch me dio la tarde libre. No es que fuéramos jefe y subordinado o algo por el estilo, sino que ya no había nada que yo pudiese hacer. Según él, hoy me había esforzado lo suficiente y me dijo que veía el agotamiento en mis ojos, sea lo que sea que eso signifique.
Sin que yo le hubiese respondido, me había llevado a la habitación en la que había dormido el último tiempo. Quedaba dentro de la guarida. Era como una cueva, con una cama y un par de cosas que yo encontré innecesarias. Con el paso de las noches yo fui decorando algunas partes con hielo y nieve. Incluso había creado una fina capa de escarcha sobre las sábanas. Pitch me dejó solo en esa habitación y ahí me di cuenta lo agotado que en realidad estaba. Me tiré a la cama a dormir un par de horas sin siquiera sopesar lo idiota que sonaba dormir en la guarida del mismísimo Coco.
Ahora estaba volando sobre el océano hacia el lado Europeo. Sentía que hacia bastante que no visitaba el lado este. No crucé hacia el sur, para ello tendría tiempo después. Cada vez que veía tierra debajo de mi me empeñaba en dejar una tormenta de nieve sin siquiera tomar responsabilidad por los daños que causara. Detuve mi viaje en una isla cerca del polo. Era pequeña comparada con otras, sus montañas eran completamente inaccesibles a pie, y casi siempre había una capa de nieve sobre su suelo. El pasto se abría paso por entre las piedras hacia la noche, las casas tenían las luces apagadas, y si no fuese por el humo que salía de las chimeneas, podría haber jurado que estaba totalmente desolada. Reconocería esa isla en cualquier lado: Berk.
El lugar donde nací.
Pasé de largo el pueblo para llegar hacia el lago que se encontraba al lado opuesto a Punta Cuervo. La luna se alzaba alta y victoriosa y se reflejaba en el agua turbia. No me gustaba así. Cree una pequeña ventisca y minúsculos copos de nieve cayeron sobre la superficie formando ligeras ondas que deformaban al idiota del Hombre de la Luna. Ese desgraciado me había hecho surgir de este lago, condenándome a una vida eterna sin ser visto por nadie, y diciéndome sólo mi nombre.
Mi bronca no se calmó con eso. No quería que se reflejara sobre mi lago. Caminé hacia la orilla y metí mi vara dentro del agua. Riachuelos de hielo comenzaron a surcarla, dejándolo sólido como roca. Volé sobre el lago, lanzando rayos azules que terminaron por congelar toda el agua.
Así estaba mejor.
Asentí para autofelicitarme por mi trabajo y decidí, ya que estaba, a hacer que nevara sobre esa isla. Le pedí al viento que me elevara por los aires y que me hiciera cruzar varias veces sobre el pueblo. Con cada pasada dejaba más nieve acumulada hasta que no quedara ni rastro del verde que antes lo cubría. Los techos de las casas se quejaban pero se negaban a ceder ante el peso que tenían sobre ellas y hasta los arboles más fuertes se sacudían por el viento que los azotaba. El sol comenzaba a salir. La vida en la villa comenzaría de nuevo en cualquier instante.
Primero un vikingo, luego dos, y después de pocos minutos la gran mayoría de los adultos se levantaban para correr del camino toda la nieve que yo había hecho caer. Desde el cielo observe todo. Era más que predecible que una tormenta de nieve, por fuerte que fuera, no les impediría salir afuera. Después de todo, eran vikingos.
Aterricé sobre el pueblo para verlo todo desde cerca. Algunos lanzaban juramentos en contra del clima y otros estaban más que felices de que nevara. Por supuesto, nadie allí podía verme. A la última persona que un vikingo le temería es al espíritu del invierno. Yo iba de acá para allá divirtiéndome con las reacciones de la gente.
El primer adolescente que salió de su casa, por alguna razón llamo mi atención. De seguro era por esa prótesis metálica que llevaba en su pie izquierdo, o tal vez por lo silencioso que era mientras caminaba, como si se deslizara sobre la nieve sin siquiera rozarla. El único ruido que venía de él era un tintineo de metal contra metal que hacía el objeto que llevaba con mucho cuidado en sus manos. El chico de pelo castaño y ojos verdes caminaba con paso decidido hacia la base de la montaña más cercana al pueblo. Su rostro portaba una sonrisa triste y por su constante tragar de saliva que me decía su nuez de Adán hacía evidente que el nudo en su garganta era más grande de lo que podía soportar.
Nadie le miraba ni le dirigía la palabra mientras caminaba. Casi me hizo cuestionar si era un espíritu como yo por ser así de invisible. Lo seguí, manteniendo una distancia prudente de él por si acaso. El chico se dirigía al cementerio del pueblo. Se adentró varios metros por entre las distintas tumbas hasta encontrar la que estaba buscando. Yo me senté sobre una de las lapidas, lo suficientemente lejos para que no se percatara de mí en el caso de que creyera en Jack Frost, pero lo suficientemente cerca como para escuchar con claridad todas y cada una de sus palabras.
El chico dejó uno de los objetos que llevaba en sus manos sobre la nieve que cubría la tumba, una rosa totalmente plateada, inclinó la cabeza y se arrodilló ante ella.
—Hola... —vocalizó como pudo con su voz quebrada y rasposa—, Mamá.
Una gota de agua rodó por su mejilla. Yo me incliné para ver aún mejor.
—Volví y estoy bien —prosiguió con una sonrisa tal vez un poco forzada. El estómago se me revolvía con sólo escucharlo—. Papá está ayudando a limpiar toda esta nieve y Chimuelo sigue durmiendo, como todos los demás dragones. El frío los hace más flojos. —Rió un poco, pero luego siguió serio—. ¿Recuerdas de cómo eran las cosas cuando derroté a la Muerte Verde? Pensé que por fin me aceptarían, que notarían mi presencia. Pero todo volvió a como era antes. La gente me ignora, papá me habla solo cuando tiene algún problema con los dragones y Astrid actúa como si no nos hubiéramos conocido jamás. —Otra lágrima cayó sobre la nieve. Este chico era casi tan invisible como yo...
»—Por suerte tengo a Chimuelo. Pero extraño la sensación de ser querido por las personas. Soy el hijo del jefe de la tribu Hooligan, por Thor, y soy tan invisible como un nanodragon. Casi todo el mundo piensa que Patán sería mejor líder que yo.
Estuvo hablando con ella un largo rato. Le contaba de su vida y de los dragones, de cómo ahora la tribu había dejado de luchar contra ellos y de como si ella lo viera, no entendería que rayos estaba pasando. Le narraba sobre los lugares a los que había ido con "Chimuelo" y de las personas que había conocido. Hablo sobre unos tales "Astrid", "Camicazi" (que al parecer no se llevaban bien), "Patapez", "Patán", y unas cuantas personas más que ya ni me acuerdo los nombres. Le explicó paso por paso como él mismo había hecho esa rosa que descansaba sobre su tumba con metal, ya que casi no había flores en Berk.
Quién sabe cuánto tiempo estuvo allí arrodillado, describiendo anécdotas divertidas y trágicas, hablando con ella, hasta que precipitadamente se despidió. Miró hacia el cielo y luego... miró en mi dirección. No podía verme a mí ¿cierto? Él no podía verme. Él no debía verme.
El chico, que no debía tener más de dieciséis años, comenzó a caminar hacia mí. ¿Por qué caminaba hacia mí? Me levanté velozmente (y torpemente, debo aclarar) de mi puesto de observación y me alejé cinco metros para el lado de la costa. Dejó de mirarme. Yo me había sentado sin querer en la lápida del dueño de la siguiente rosa de metal.
Una vez que me asegure que no podía verme, me acerqué con sigilo. Un paso tras otro fui cortando la distancia entre nosotros, hasta quedar satisfecho con mi nuevo punto de observación detrás de él. Tenía vista hacia la lápida, una roca clavada en la tierra sin ningún tipo de inscripción en ella, más que unas líneas en un idioma que no conocía. El chico sin nombre había estado tanto tiempo quieto en la tumba de su madre que se le había formado una ligera capa de escarcha sobre el chaleco de piel que llevaba puesto. Pude ver como su espalda subía y bajaba mientras respiraba para juntar fuerzas para dejar la segunda rosa recostada contra la lápida, arrodillarse y pronunciar la oración que le estaba quemando la garganta.
—Hola, hermano mayor.
Y como hizo con su madre, le contó las cosas a su hermano mayor. Recordaba los momentos que pasaron juntos cuando eran más pequeños, pero que había sido una pena que se tuvo que ir tan pronto. También que jamás olvidaría el día en el que su padre le dijo que ya no podía estar más con él. Que fue una tarea tremendamente dura para un padre explicarle a un niño de diez años lo que era la muerte, ya que cuando su madre se había ido, él era tan pequeño que no casi tenía recuerdos. Pero jamás lo olvidaría, a fin y al cabo esa era la razón por la cual estaba allí ese día. Un día como ese hace seis años, su hermano mayor había dejado de existir.
Varias lágrimas rodaron por sus ojos y algunas casi escaparon por los míos. Y de pronto, como con su madre, miró el sol por un par de segundos, se despidió precipitadamente y se fue corriendo del lugar, atravesando mi cuerpo en su huida.
Los pulmones momentáneamente se me vaciaron de aire y tuve dificultad para respirar. Sentí como un choque, seguido de una sensación de que mi cuerpo estaba hecho de humo, y que lentamente volvía a materializarse y solidificarse. Llevé mi mano a mi pecho como para comprobar que aún seguía ahí. Esa era la prueba definitiva, el chico no creía en mí. No lo seguí después de eso. En cambio, tome la rosa plateada y la rodé entre mis dedos. Me resultaba increíble que un chico como él hiciera algo tan firme y delicado, con tanto detalle. Después de admirar ese trabajo por unos minutos en los que estuve honestamente asombrado, observé el sol. Estaba tan alto como podía. Una vez más se me estaba haciendo tarde.
El show en el globo terráqueo estaba a punto de empezar.
Okey, tuve que separar esto porque en la versión que estoy traduciendo los tuve que dividir, y ademas me parecio que iba a quedar mejor. Estoy traduciendo esto en el momento, y planeo cambiar varias cosas. Sinceramente, no las voy a cambiar en esta version original, por el momento, porque tampoco se qué cambios les voy a hacer. Releí esto el otro dia y vi que se podia mejorar, asi que aquellas personas que leen esta histora esperen una version mejorada y mas creible!
bueno, una vez mas: gracias por leer, seguir, dejar comentario o simplemente haber entrado :)
