Era domingo, las seis de la tarde y el sol empezaba a ocultarse por el horizonte.
Alex se encontraba, como de costumbre "estudiando" cuando miró al cielo y observó que la típica escena del sol muriendo por el horizonte se había sustituido por una hermosa tormenta.
Los truenos empezaban a sonar violentamente y todo estaba cada vez más oscuro.
«Ha llegado» Pensó Alex «Por fin, el momento ha llegado»
Tenía que pensar seriamente como hacerlo. Sin duda aquel era el día en el que abandonaría su mundo e iniciaría la vida de sus sueños.
Mientras se perdía en pensamientos sobre su ansiado futuro, un portal oscuro apareció a su espalda, y de él salió un hombre con el pelo azul y una gran cicatriz con forma de "X" en su frente.
-Ya es la hora –dijo simplemente-. Mi nombre es Saïx, y me han encargado ayudarte con esto.
-Un placer –respondió Alex sin darse ni siquiera la vuelta- Y dime ¿Cómo lo vamos a hacer?
-Tú simplemente sigue a los sincorazón hasta la cerradura y actívala. Las armas que usáis aquí son casi inefectivas contra los sincorazón pero aún así tú cúbreles a ellos y sobre todo a la cerradura. No sabemos qué es lo que puede pasar si la destruyen.
-Si solo existe una cerradura… ¿No debería de ser indestructible?
-En este mundo existen varias. Una aquí, otra en un lugar llamado Japón, otra en Londres y una bastante inestable en lo que denomináis "Triángulo de las Bermudas", al menos que tengamos localizadas. Ahora basta de hablar y obtengamos los corazones.
Cuando dijo esto, una enorme espada con una extraña forma apareció en su mano y rompió parte del suelo al caer el extremo.
-Oye… que es mi casa, no la rompas –dijo Alex bromeando.
Tras el estruendo de la espada cayendo al suelo, la puerta de la habitación de Alex se abrió violentamente, y tras ella aparecieron sus padres.
-¿Pero qué…? –dijo su padre al ver a aquel desconocido.
-Demuestra tu lealtad, incorpóreo –dijo Saïx.
Sin mediar palabra, Alex invocó en su mano una espada. Esta era azul brillante y larga. No parecía especialmente pesada pero desde luego sí muy mortífera. En el mango tenía unos detalles con forma de plumas negras que seguían por la hoja.
Tras esto y sin decir nada, de sus manos lanzó una llama negra que impactó contra su madre, la cual desapareció casi al instante. Y antes de que su padre pudiera reaccionar, Alex le clavó el arma en el pecho. No hubo sangre, solo oscuridad. Una oscuridad que le engulló y le hizo desaparecer.
Los sincorazón comenzaron a aparecer por todas partes, las calles comenzaron a infestarse de estas criaturas y los gritos de la gente llenaron el ambiente de la ciudad.
-Dime algo Saïx, según lo que me ha contado Xemnas, los sincorazón y los incorpóreos sois dos cosas muy diferentes, casi opuestas. Entonces ¿Por qué ayudamos a los sincorazón?
-Cuantos más corazones tomen, más sincorazón habrá. Y cuantos más sincorazón halla, más corazones se liberarán para nuestro Kingdom Hearts.
-Y supongo… que eso es bueno.
-Así es. Pero tu ahora no te preocupes por esto y desbloquea la cerradura de tu mundo, tal y como debes hacer. Baja a la calle, allí te indicaré donde se encuentra.
Sin decir nada más, el incorpóreo desapareció tras un portal oscuro.
Alex comenzó a correr por la calle como si fuera una asustada persona normal.
La ciudad estaba llena de personas que corrían de un lado a otro, coches de policía disparando contra las misteriosas criaturas y manchas de oscuridad por todas partes. El cielo estaba completamente oscuro y no parecía ser la simple oscuridad de la noche pues ni siquiera los potentes truenos lo iluminaban.
Alex comenzó a ir como si fuera al colegio en busca de Saïx. Y lo encontró.
El miembro de la organización se encontraba frente a aquella horrible fuente que tanto atraía a todo el mundo, y ahora Alex comprendía el porqué. Aquella fuente era la cerradura, aquella que se suponía ellos debían proteger y guardar, la misma que estaba a punto de vender Alex a la Organización.
Ignorando a la gente cuyo corazón era tomado por los sincorazón, Alex se acercó lentamente a la fuente y alzó la mano hacia ella.
-Hey ¡Escúchame! Siento tener que traicionarte a ti y a todos, pero… finalmente voy a conseguir lo que quiero y para ello, te necesito. Asique, obedece a uno de tus guardianes y muestra la cerradura de este mundo.
Obedeciendo sus palabras, la fuente se iluminó y en su interior mostró la ansiada cerradura. Esta tenía un tamaño enorme y brillaba llena de luz. Pero esta luz desapareció cuando los sincorazón comenzaron a entrar en su interior.
Sin decir nada más, Alex desenfundó su espada y arremetió contra el primer policía que se encontró. Cuando insertó la hoja en su estomago, este simplemente desapareció, sin sangre, sin dolor.
Así, el nuevo incorpóreo atacó a cuantas personas veía que atacaban a los sincorazón pero cuando apenas había hecho desaparecer a 5 policías se dio cuenta de algo.
-Las balas… no les afecta –Dijo Alex sorprendido.
-Es normal –respondió Saïx-, esas cosas tan pequeñas de nada sirven. Parece que no hay de qué preocuparse, esto va a ser más fácil de lo que esperaba. De todas formas vigila que nadie destruya a los sincorazón, solo la llave espada puede liberar los corazones que tienen capturados.
Con cierto desprecio y lástima, Alex observó a su alrededor. Policías que disparaban desesperada e inútilmente, gente que corría desesperada intentando huir de algo inevitable…
Sin duda los truenos, la lluvia y la oscuridad de la noche eran la mejor banda sonora para ese momento…
Durante un rato, Alex se quedó observando como la oscuridad engullía todo su mundo… por su culpa. Pero no le importaba lo más mínimo, al fin y al cabo, él no tenía corazón.
Pero algo le sorprendió por detrás:
-¡Alex! –perseguida por una sombra, Marina corría hacía él.
Con un simple gesto de cabeza, el incorpóreo transmitió la orden al sincorazón de que dejara a la chica, la cual al llegar a él le abrazó profundamente.
-Alex… ¿Qué está pasando?
-Lo siento, bueno, en realidad no pero… me gustaría poder decirlo.
-¿Qué estás diciendo? –Marina parecía ahora un poco más tranquila al encontrarse entre los brazos del chico que tanto quería.
-Te lo prometí ¿Recuerdas? Iré a buscarte, iré a por ti algún día y estaremos juntos.
Sin decir nada más, Alex invocó entre sus brazos un portal oscuro que comenzó a engullir a Marina hacia un lugar seguro, la cual, antes de desaparecer solo pudo decir:
-Te esperaré… -la chica le miró fijamente a los ojos y continuó- ¡Ar…! –Pero no pudo terminar la palabra, la oscuridad la había llevado a un mundo a salvo.
Para Alex fue una noche muy larga, durante toda ella, la oscuridad consumió su mundo. Un buen rato más tarde, Saïx apareció nuevamente junto a él, y abrió un portal de oscuridad.
-Entra, aquí ya nada más podemos hacer.
Alex echó un último vistazo a aquel mundo. Todo estaba lleno de oscuridad, de sincorazones. Un mundo podrido y condenado que llegaba a su fin. Y sin más entró en el portal abandonando para siempre Gaia.
