5: Villa Crepúsculo

-Perdedores ¡Quitaos de mi vista! –Seifer se jactaba ante Hayner, el cual se encontraba tirado en el suelo tras recibir una paliza.
Seifer era el chico más "malote" de toda Villa Crepúsculo. Era alto, rubio, con una cicatriz en su cara y el pelo siempre cubierto con un gorro donde se veía escrito "Yo". Junto a él siempre iban sus dos mejores amigos: Viento y Trueno.
Viento era una chica delgada y algo pequeña pero muy peligrosa. Su pelo violeta claro le tapaba parte de un rostro serio y unos penetrantes ojos rojos.
Trueno era un chico con la piel bastante oscura, muy bien musculado y no especialmente listo.
Por otro lado, Hayner era un chico mucho más amigable, algo gamberro y mucho menos orgulloso. Físicamente, era más bajo que Seifer, tenía el pelo rubio y los ojos castaños oscuro. Al igual que Seifer, él siempre iba acompañado de sus dos mejores amigos: Olette y Pence.
Olette era la chica más inteligente de todo el pueblo, tenía unos preciosos ojos verdes y una melena castaña que le caía por los hombros.
Y Pence era algo robusto y más bajo. Tenía una cinta que le apartaba su oscuro pelo de la cara y era un chico bastante resuelto.
-¡Ya verás tú quién es el perdedor! –Hayner se lanzó nuevamente al ataque.
Los palos de struggle, los cuales eran azules, de una sustancia similar al plástico duro y usaban como armas, entrechocaron iniciando un forcejeo entre ambos chicos.
En vista de esto, Pence se lanzó para ayudar a su amigo, pero Viento y Trueno se interpusieron en su camino bloqueándole el paso.
-¡Ya basta los dos! –gritó Olette.
Obedeciendo a su amiga, Hayner empujó a su enemigo violentamente y bajó el arma.
Tras reincorporarse del empujón, Seifer miró con superioridad a Hayner y dijo:
-Has tenido suerte esta vez, pero te advierto que la próxima no pienso hacer caso de lo que ella diga.
-La próxima vez, os haré tragar polvo a los tres.
Viento, Trueno y Seifer abandonaron el solar deportivo entre carcajadas.
-¿Estás bien? –Preguntó Pence- Siento no poder haberte ayudado.
-No importa, agradezco que lo intentaras, en serio.
Tras comprobar el estado de su amigo, los tres pusieron rumbo hacia lo que ellos llamaron "El lugar de siempre". Pero mientras subían una pequeña cuesta, en esta encontraron algo bastante inusual.
Una chica con el pelo rojizo y un vestido rosa se encontraba tirada inconsciente en el suelo.
Nada más verla, los tres corrieron a socorrerla.
-¡Hey, hey! ¿Estás bien? –Hayner la zarandeó suavemente hasta que volvió en sí.
- ¿Dónde…? –La misteriosa chica abrió los parpados mostrando unos intensos ojos azules- ¿Quiénes… sois? –preguntó mientras les miraba.
-¿Estás bien? –Preguntó el jefe del grupo ignorando su pregunta.
-Sí, sí… Solo… me he mareado, nada más –respondió incorporándose.
Mientras analizaba sus alrededores, el trío de amigos se miraron entre sí extrañados.
-Por cierto, -dijo Olette tras unos segundos de silencio- Mi nombre es Olette, y estos son Hayner y Pence –los chicos saludaron a la chica.
-Mi nombre es Kairi, encantada. Y decidme, exactamente… ¿Dónde estoy?
-¿No lo sabes? –Preguntó Pence asombrado- Esto es Villa Crespúsculo.
-Vaya… sí que he llegado lejos… esto parece ser otro… ¡Ah! Por cierto, conocéis a un chico que…
Por un instante, Kairi había olvidado que ni ella misma recordaba a aquel chico que tanto buscaba. Sabía que estaba allí porque buscaba a alguien, pero… ¿A quién? Sabía que era importante para ella, sabía que ansiaba encontrarle. Cuando pensaba en él siempre le recorría el cuerpo felicidad, alegría y otros muchos sentimientos. Quizá por eso había atravesado ese portal oscuro casi sin dudar, porque sabía que le encontraría. Pero, como es normal, en su cabeza pasaban muchísimas preguntas: ¿Quién era? ¿Se conocían de antes? ¿…Existe siquiera?
«Un chico que…» No sabía cómo continuar, no sabía nada de él. Si quería encontrarle, simplemente debía meterse en ese pueblo y conocer a todo el mundo posible, pues si había algo que ella tenía claro, era que si le veía, le reconocería.
-… Olvidadlo… -Kairi bajó la cabeza cansada-. Y… bueno si no os importa ¿Podríais enseñarme un poco este lugar? Es qué soy nueva y estoy un poco perdida –dijo sonriendo.
-¿De dónde eres exactamente? –preguntó Hayner.
-De lejos, de muy lejos… Si os lo contara, me tomaríais por loca.
-Ponnos a prueba.

Frío. Era lo que sentía Alex en aquel instante. Tras destruir su mundo, había entrado por un portal oscuro que Saïx le abrió, y ahora se encontraba en la que parecía ser la base de la Organización. Un castillo enorme construido con colores claros pero fríos. Frio… como el del espacio que parecía surcar aquel castillo ambulante. Alex miraba a la infinitud del espacio intentado sentir algo: Pena, tristeza, dolor… Nada, realmente había perdido el corazón, y aquello le gustaba, aquella libertad, aquella falta de conciencia, aquella ausencia de sentimientos… era algo con lo que todo el mundo había soñado alguna vez, y él lo había conseguido.
-¡Hey! –Un rato más tarde, tras él un hombre con el rostro lleno de cicatrices y un parche se le acercó.
Este vestía el mismo abrigo negro que los otros miembros de la organización, tenía una melena negra y miel recogida con una coleta, unos ojos color marrón, y pese a su aspecto de adulto, corría como si de un jovenzuelo se tratara.
-Tú eres el nuevo ¿Verdad? Sígueme.
Sin decir nada, Alex obedeció.
-Bueno, Xemnas me ha dicho que te cuente un poco cómo va todo esto. Bien en primer lugar me ha dicho… Deja que recuerde… ¡Ah, sí! Recordarte que no eres un verdadero miembro pues no eres un verdadero incorpóreo… o algún rollo así. Y luego me ha dicho que te enseñe el castillo y te hable de tus superiores, o sea, nosotros. ¡Ah! Y lo más importante de todo: Yo soy Xigbar. Bien, comencemos pues.
Durante un rato, el incorpóreo estuvo hablándole sobre los miembros, sus objetivos y las que serían sus tareas. Estas parecían bastante sencillas: Vivir en paz en el mundo donde habitaba la chica de sus sueños y cuando le reclamaran para algo acudir rápidamente.

Cuando llegaron a una sala llena de lo que parecían lápidas, Xigbar dio por concluida la lección y se fue como vino dejándole solo.
Alex suspiró.
-No suspires como si tuvieras corazón.
Nuevamente, uno de los miembros apareció a su espalda. Este era mucho más joven que Xigbar, de unos 15 años aproximadamente. Era rubio con los ojos azules y nuevamente, vestía un abrigo negro.
-"La llave del destino"-Dijo Alex identificandolo-. El miembro número XIII, Roxas.
-Parece que te has aprendido nuestros nombres.
-En realidad te he reconocido porqué Xigbar te describió como "Un mocoso de tu misma edad".
-Al menos tenemos más edad mental que él. –ambos se rieron-. Asique… tu eres el nuevo juguete de Xemnas.
-Un juguete contento.
-Menuda estupidez, dar tu corazón así, por las buenas.
-Ese es mi problema –Y sin decir más, Alex abandono la habitación.
Roxas se quedó solo y pensativo, y tras un momento de reflexión, cuando ya Alex no le podía oír dijo:
-Tú, que pudiste elegir…

El despertador sonó estrepitosamente cuando marcó las 10:00 y con un suave golpe, Kairi lo silenció hasta el próximo día. La joven chica, en realidad ya llevaba despierta un buen rato, pero como medida de seguridad siempre activaba el despertador por si se le pegaban las sábanas.
Era la hora de ir a clase y por eso, animada, se vistió con el uniforme reglamentario. Una semana antes, Olette la acompañó a comprarse uno nuevo, pues el suyo se lo quedó en sus islas debido a que nadie la avisó del viaje que iba a realizar.
Desde el día en el que apareció las cosas fueron bastante bien para ella: Descubrió que Hayner y los demás eran sus amigos desde el momento en el que ella les confesó que venía de otro mundo. Momento en el que ellos no dudaron ni un momento de la veracidad de sus palabras; había conseguido un buen lugar donde dormir gratis, pues los adinerados padres de Olette le dejaron una pequeña casa cerca de la estación que nunca usaban y entró en la clase de sus amigos, llena de compañeros muy simpáticos y profesores muy majos.
Pero no estaba completa, el principal motivo de su viaje no se había cumplido.
Aún no había encontrado a aquel chico. Pese a que conoció a muchos, ninguno hacía reaccionar su corazón. Su corazón… la única pista que tenía, su última esperanza. «Solo llevo aquí una semana» pensaba, «Seguro que tarde o temprano aparecerá… seguro…»
Desesperadamente, intentaba darse ánimos a sí misma.

Una vez lista, bajó y se puso en marcha al primer punto de su recorrido matutino: Encontrarse con Olette. Su amiga vivía de camino al colegio en un chalet bastante grande. Y era en la puerta de ese lugar donde siempre quedaban para ir juntas, pero aquella vez Olette no estaba sola.
Junto a ella, un chico alto, con los ojos azules y el pelo castaño hablaba alegremente.
Picada por la curiosidad, Kairi lentamente se acercó a ellos interrumpiendo su animada conversación.
-¡Ah! Kairi, ya has llegado.
El misterioso chico se giró hacia ella. Belleza. Era la única palabra que le venía al chico al mirarla. Jamás en su vida había visto una chica igual, tan guapa, tan hermosa con aquella mirada triste que intentaba ocultar.
-Sí, hoy he salido un pelín antes… Por cierto, yo soy Kairi –tras decir esto esbozó una sonrisa que dejó completamente prendado al chico, el cual, venciendo su parálisis continuó:
-Encantado, Kairi. Mi nombre es Alex.