Los primeros días fueron algo difíciles tanto para Kairi como para Alex. Para ella era una situación extraña a la vez que divertida. Para él, era un sueño hecho realidad.
La casa era suficientemente grande para los dos y aún les sobraba el espacio, lo cual, unido al hecho de que ni el uno ni la otra tenían mucho para traer, pues se fueron con las manos vacías, suavizó muchísimo el panorama.
Entre los dos se repartieron las tareas de la casa:
Nada más llegar entre ambos se preparaban algo para comer, más tarde uno recogía la cocina y limpiaba la mesa mientras el otro se encargaba del suelo, y los fines de semana se dedicaban a limpiar el polvo. Llevaban ya tres semanas así y aún no habían tenido ningún problema entre ambos, a decir verdad cada minuto que pasaban juntos se atraían más.
«No cabe duda… esta es la chica de mis sueños» Pensaba Alex cuando la miraba.
«¿Será él aquel chico? Pero… se supone que yo nunca he estado aquí» Pensaba Kairi.
Todo era perfecto… salvo un detalle.
-Vamos, te esperan –Alex se encontraba en la torre de la estación observando silencioso y solitario la enorme luna llena que iluminaba toda la ciudad, cuando un portal oscuro se abrió a sus espaldas y de él emergió Roxas.
-¿No es tranquilo? –respondió Alex ignorando la orden.
Recelosamente, Roxas se asomó al bordillo y observó aquella ciudad intentando comprender el porqué aquel soldado de la Organización la defendía con tantísimo coraje.
Realmente era una vista gratificante. Las luces de la ciudad se extendían por todas partes y se respiraba una gran tranquilidad en casi todas las calles. El viento, suave y frío rozaba tiernamente la faz de Roxas y el influjo de aquella enorme luna transmitía, a aquellos que podían sentirlo, una extraña y gratificante sensación.
-No está mal –respondió sentándose a su lado.
Durante unos segundos ambos quedaron en silencio observando el panorama.
-Asique… -dijo el miembro número XIII- esta es la ciudad por la que vendiste tu mundo.
-Más que por la ciudad, por uno de sus habitantes.
-Ya, ya… he oído tu historia pero… si tanto buscas a esa chica ¿Por qué no simplemente le preguntas a Axel quién es? ¿No fue él quien la trajo?
-Muy sencillo. No necesito que me lo diga nadie. Simplemente, ya la encontraré con mis propios medios, si no lo hiciera así… sentiría que no me la merezco.
-Qué estupidez –Roxas se incorporó y abrió un portal oscuro- Vamos, te esperan.
El día siguiente pasaría muy rápido para ambos. La clase fue bastante divertida y pasaron toda la tarde jugando con Hayner y los demás.
Pero la noche en cambió sería mucho más lenta.
A eso de las once en punto, Kairi decidió acostarse para poder estar bien descansada al día siguiente, pese a que era viernes noche.
En cambio, Alex, pensó que no vendría mal darse un garbeo por la ciudad. Pese a que "oficialmente" había explorado varias veces la ciudad, en realidad lo único que hacía era ir a otros mundos como soldado de la Organización.
Paseó lentamente por la plazoleta del tranvía la cual se encontraba un poco solitaria a excepción de algunos grupos de amigos a los que Alex saludó alegremente.
Al final de la plazoleta, Alex se percató de algo que vio hace tiempo pero que en su momento no le preocupó:
En el muro que rodeaba el pueblo, había una gran rotura de un tamaño más que considerable, y tras ella se extendía lo que parecía ser un bosque.
Sin pensarlo dos veces, el joven atravesó el muro y caminó entre los enormes árboles.
Apenas había andado unos cien metros y el bosque dio lugar a un claro donde encontró algo que no se esperaba encontrar.
Una enorme mansión se erguía imponente en mitad de aquel bosque, la cual por desgracia parecía encontrarse en un estado un tanto ruinoso.
Protegiéndola, un muro de piedra y una puerta de hierro con una gran cerradura en el centro impedían el paso a los curiosos como Alex, pero por suerte para él, el chico no era un curioso cualquiera.
Se acercó a la puerta e intentó abrirla con un fuerte meneo. Cerrada.
A juzgar por su ruinoso estado y por su hermética seguridad, Alex supuso que allí no debía vivir nadie.
El incorpóreo miró a su alrededor: Vacio, al menos a simple vista.
Con un movimiento de mano, el incorpóreo abrió un portal delante de él que llevaba al otro lado de la verja.
-¡Fácil! ¡Fácil! –se dijo para sí cuando atravesó el portal.
Con demasiada tranquilidad, el descuidado joven atravesó el jardín que se interponía entre la puerta y él. Pero cuando estaba a mitad de camino se percató de algo:
En la ventana del primer piso del ala derecha Alex vio lo que parecía ser una silueta.
Al verla se paró en seco y enfocó hacia aquella posición.
Y allí estaba. Tras el ventanal, silenciosa, una chica rubia le observaba.
«¡Mierda!» Pensó «¡No estaba vacía!»
Pero antes de que Alex pudiese pensar una solución a aquel problema otro se le vino encima.
De la nada un encapuchado, arma enarbolada, le saltó encima. Por suerte, el joven supo reaccionar a tiempo y pudo esquivar por muy poco aquel ataque.
Recobrando el equilibrio, el misterioso agresor retomó la ofensiva y Alex esquivó como pudo aquellos ataques. Cuando el misterioso desconocido se detuvo un momento, el incorpóreo aprovechó para ponerse en posición de batalla aún sin arma.
-¿¡Y a ti qué coño te pasa!? –preguntó este.
-¡¿Cómo?! –El encapuchado tenía una voz bastante joven- ¿¡Cómo nos habéis encontrado tan pronto!?
-¿Eh? –Alex no entendía a que venía aquello.
-Malditos incorpóreos… -el agresor levantó su espada con una oscura y misteriosa forma hasta ponerla por encima del hombro, dispuesto a atacar.
-¿Cómo…? ¿Cómo lo has sabido?
-Já, es fácil sentir vuestra esencia –el desconocido miró a su alrededor-. ¿Dónde están?
-¿Quiénes? –Preguntó desafiante
-Los umbríos, los trepadores o los otros miembros de la organización. ¿O vas a decirme que has venido tu solo? ¿Tan ingenuo eres?
-No sé de qué me hablas… Alex estaba realmente perdido en aquella situación.
Repentinamente, tras el encapuchado se abrió un portal oscuro y de él salió un hombre cubierto de la cabeza a los pies por ropajes rojos. Su máscara solo dejaba ver un ojo marrón intenso y su mera presencia ya imponía bastante.
-¿Qué ocurre? –preguntó el nuevo desconocido.
-La organización.
-¡Que no soy de la Organización! –gritó Alex.
El nuevo desconocido se le quedó mirando en silencio.
-Pero eres un incorpóreo –dijo este.
En respuesta a esto, Alex simplemente apartó la mirada como avergonzado.
-¿Insinúas…? -el hombre cubierto de rojo avanzó firme hacia el incorpóreo- ¿…que eres un incorpóreo que mantiene su cuerpo y no perteneces a la organización?
-No exactamente… Yo… -Alex sabía que no debía decir aquello pero quería evitar a toda costa la batalla por si atraía la mirada de algún conocido, en cuyo caso su perfecta vida se vería destruida- Yo soy un incorpóreo "artificial".
Nadie dijo nada.
-Yo… -continuó- Mi corazón… me lo quitó Xemnas manteniendo el cuerpo intacto.
Tras unos segundos de silencio, el desconocido de rojo dijo:
-Ya veo… por lo visto Xemnas sigue siendo tan temerario como de costumbre…
Mientras los encapuchados discutían algo en baja voz, Alex se percató de la presencia de una cuarta persona. La misteriosa chica rubia que le observó desde la ventana, se encontraba ahora en la puerta de la mansión, expectante.
Alex se fijó en ella y cuando lo hizo se quedó anonadado:
Sus cabellos eran rubios, hermosos y de una forma parecida a la de Kairi. Sus ojos azules profundos e incluso… tristes. Y su figura, cubierta por un suave vestido blanco era fina y hermosa.
Al ver al incorpóreo tan absorto, los dos encapuchados dirigieron sus miradas a donde apuntaba la suya.
-¡Naminé! –Gritó el segundo encapuchado- ¡Te he dicho que no salgas de tu cuarto!
-Pero él… -replicó la chica.
-Maldita bruja ¿Por qué eres siempre tan desobediente? –la cortó el hombre cubierto de rojo mientras la agarraba violentamente.
-¡HEY! –Gritó Alex mientras invocaba su arma- ¡Suéltala!
Ante esta reacción, los tres se quedaron anonadados. El segundo encapuchado, el cual parecía mayor que el primero, miró fijamente a los ojos de Alex, los cuales desprendía una llama invisible.
Y, de repente empezó a reírse.
-Esto puede ser interesante… Naminé-dijo autoritariamente-, ve a tu habitación por favor.
La chica asintió lentamente y tras mirar por última vez a Alex, se dio la vuelta y subió por unas escaleras.
-Ese maldito insensato de Xemnas avanza muy rápido… si no nos damos prisa, no podremos detenerle –dijo el enmascarado al primer encapuchado.
-Vosotros… ¿Odiáis a Xemnas? –preguntó sorprendido Alex mientras bajaba su espada.
-¿Odiar? El no es un ser que pueda ser odiado pero… Sí, es nuestro enemigo.
-Y no te voy a dejar chivarte –amenazó el encapuchado de negro preparándose de nuevo para el ataque.
-En ese caso… -Alex estaba ahora muy serio y tranquilo-… Dejadme ayudaros.
Ambos desconocidos reaccionaron sorprendidos.
-A mi me suena a intento desesperado de librarse de la paliza que le voy a meter.
-Espera, Riku –el hombre enmascarado en cambio parecía más interesado en el trato del incorpóreo- ¿Y por qué quieres destruirle? Si puede saberse.
Alex medito durante un segundo hasta donde podría contar, y tras hacerlo, decidió contarles el cómo sumió su mundo en la oscuridad a cambio de aquello.
-¿¡Vendiste tu mundo por convertirte en… eso!? –El denominado Riku parecía muy furioso.
-En cierto modo… sí. Y créeme, no me arrepiento en absoluto –le respondió Alex con una mirada seria y profunda.
-Eso no explica el por qué quieres derrotarle –respondió en encapuchado.
-Puede que sea lo suficientemente estúpido como para dar mi mundo por fines egoístas, pero no lo soy tanto como para no darme cuenta del plan de Xemnas a la larga. No sé que planea exactamente, no se cual es su objetivo final concreto pero si sé una cosa: Esta relacionado con los mundos. He sido soldado de la Organización bastante tiempo ya y se como hacen las cosas, necesitan corazones, muchos además y sé que los mundos poseen corazones por sí mismos. Dentro de poco Xemnas comenzará la verdadera caza de corazones, aún no ha podido pues le falta un… "arma" o algo así he oído, pero en cualquier caso, en cuanto consiga lo que le falta estoy seguro comenzará a tomar muchísimos corazones incluidos los de los mundos y este no será una excepción. Al fin y al cabo, no creo que le tenga ningún tipo de respeto a la promesa que me hizo de no tocar este mundo.
-En ese caso –concluyó el hombre de rojo tras una meditación- tus manos serán bien recibidas en nuestra causa.
-¡DiZ! –protestó el encapuchado.
-Dentro de una semana ven a esta misma hora –respondió el susodicho DiZ ignorando a Riku.
Sin decir nada más y antes de darse la vuelta para regresar a la ciudad, Alex miró nuevamente a la ventana buscando el rostro de aquella misteriosa chica.
-¿Estás seguro? –Preguntó Riku cuando ya el incorpóreo no les podía oír.
-Sí. No te preocupes, el no es más que un pobre iluso.
-¿A qué te refieres?
-El objetivo de la organización no son los mundos, pero si consiguen ese arma…
-¿La llave espada?
-Quizás, aunque no termino de comprender bien él porque…
-Aún así esa no es justificación para aceptar su confianza.
-Pese a que se equivocara en lo de los mundos, si llevaba razón en algo…
Riku le miró sin saber a qué se refería.
-Xemnas terminará por traicionarle.
