8: Contigo

A la mañana siguiente todos durmieron, como era costumbre en los sábados, hasta casi la hora de comer.
-Ayer regresaste tarde –dijo Kairi mientras preparaba la mesa para comer aún en pijama- ¿Al final quedasteis o algo?
-Que va, simplemente di una vuelta –respondió Alex algo apresurado sin saber que inventarse.
-En cualquier caso creo que esta tarde vamos a la playa, a Hayner le apetecía mucho.
-Por mi genial –respondió el incorpóreo con una sonrisa mientras cocinaba los macarrones.

Durante toda la tarde Alex procuró no darle vueltas a la cabeza sobre lo que ocurrió la noche pasada y se distrajo haciendo aguadillas a Pence, Hayner e incluso Kairi durante toda aquella tarde.
Ya en casa, a eso de las 12 de la noche, Kairi y Alex se sentaron en un sofá a descansar de aquel agitado día. El salón donde se encontraban era la sala donde más tiempo solían pasar. Era una habitación bastante grande decorada con algunos adornos que ellos mismos habían obtenido y algunos otros que les prestaron sus amigos. En el centro había una mesa cuadrada muy grande que solían usar para comer o para estudiar juntos, tras esta una gran chimenea chisporroteaba y en la pared continua, una gran ventana daba vistas al solar deportivo.
-¡Mierda! –Gritó inesperadamente el joven -¡Me he olvidado la mochila en clase! ¡Y el lunes tengo que entregar los deberes!
La reacción de Kairi fue estallar en carcajadas.
-¡Oye, no te rías! -dijo Alex preocupado- Me van a echar una buena bronca…
-No… no te preocupes –respondió Kairi intentando dejar de reírse- Vamos ahora a por tu mochila y punto.
-¿Ahora? ¿Un sábado? ¡¿A medianoche?!
-Si ¿Por qué no?
-¿Estará abierta la escuela?
-Debería estarlo.
-Bueno… por intentarlo…

Así, Kairi y Alex se calzaron y fueron hasta la escuela. Sorprendentemente, al menos para él, la verja del colegio de hallaba abierta y no encontraron ningún problema para entrar en el recinto.
Siguiendo la ruta que seguían todos los días de diario, llegaron finalmente a su aula donde, nuevamente la puerta se hallaba abierta.
-Increíble… ¿Dejáis las puertas del instituto abiertas siempre?
-Si lo piensas bien, tampoco hay mucho que robar. Además si algo pasara, en un pueblo tan pequeño enseguida se cazaría al culpable.
-¿En tu pueblo también dejabais los institutos abiertos?
-¿Pueblo? –Dijo Kairi sin recordar que "Oficialmente" venía de otro pueblo- ¡Ah! ¿Mi pueblo? Erm… si claro.
El incorpóreo, en seguida se dio cuenta de que esa respuesta fue bastante sospechosa, pero decidió no darle importancia.
-¡Hey! Ya que estamos aquí ¿Porqué no subimos a la terraza? Seguro que se está muy bien –propuso Kairi cambiando de tema.

Minutos más tarde, ambos se encontraban atravesando la puerta que daba acceso al tejado.
Al abrirla, una fuerte corriente de viento les acarició el rostro.
-¡Whooooo! –Exclamó Kairi al ver el paisaje –realmente es bonito.
Lentamente, Alex se puso a su lado y miró más allá de la barandilla.
Frente a ellos, se extendía aquel pequeño pueblo. Sobre todas las casas de la zona central se erguía la famosa torre de la estación donde tanto tiempo pasaban juntos, más allá y unido por vías de ferrocarril, la zona de las terrazas casi podía verse con claridad, aunque el edificio no era lo suficientemente alto.
-Al final ha merecido la pena acompañarte hasta aquí –Comentó la chica.
-Gracias por acompañarme.
-No hay de qué. Además… en realidad yo debería darte las gracias a ti.
Al oír esto, Alex la miró muy extrañado.
-Antes de que vinieses y todo eso –continuó Kairi- yo estaba un poco… mal ¿Sabes? No es importante, simplemente… sentía cómo si me faltase alguien.
Alex no sabía cómo responder, lo que sí que sabía era que de su respuesta dependería su futura relación con la que era sin duda la chica de sus sueños. Así pues, se rió levemente, miró al cielo estrellado, se armó de valor y dijo:
-No te preocupes, a partir de ahora estaré contigo para siempre. Cada vez que te miro… –Alex miró fijamente a Kairi-… siento que sería capaz de hacer cualquier cosa con tal de estar a tu lado o simplemente de poder tocarte para demostrarme a mí mismo que eres real, que no eres un sueño. Y… supongo que todo eso es porque… porque… -Alex comenzó a sentir por encima de su estomago un fuerte hormigueo- … Te quiero.
Todo quedó en silencio durante unos segundos, y cada uno de ellos era una punzada de dolor para Alex. Lentamente, Kairi miró al suelo, sonrió levemente y alegre respondió:
-Te he estado buscando.
Con la silenciosa ciudad de fondo, el brillante cielo sobre ellos y la luz lunar iluminándoles, la chica se acercó al incorpóreo, entrecruzó sus dedos con los de Alex, se puso de puntillas para estar a su altura y ambos se fundieron en un profundo beso.
«Luz» Fue lo único que pudo pensar Alex mientras sus labios se unían a los de Kairi. De repente, algo estalló en su interior y se propagó por todo su cuerpo: Felicidad.
El incorpóreo, sin dejar de besar a Kairi, separó sus manos de las de la chica y la abrazó con fuerza, como si no quisiese separarse de ella jamás.

-Está reaccionando -DiZ miraba atentamente una escrituras en la pantalla de su ordenador-, su corazón está reaccionando ante algo y parece que… se debilita.
-¿Nos estamos quedando sin tiempo? –Preguntó Riku preocupado.
-No debería. Es muy extraño… -El encapuchado pensó durante unos segundos-. De todas formas no hay razón para preocuparnos, no es nada especialmente grave simplemente es… misterioso.

A partir de aquella noche, la vida de Alex era incluso mejor que antes. A su grupo de amigos no les sorprendió especialmente la noticia. «Tarde o tempano algo tendría que pasar» Solían decir.
En clase y en la calle guardaban siempre bastante discreción, aunque la noticia se hizo más que pública enseguida. Su relación no era exageradamente dulce como algunas ni tan frías como otras. Solían besarse en la intimidad o en momentos puntuales, no siempre iban abrazados y nunca quedaban sin el resto de sus amigos.
Aquello era el verdadero paraíso para Alex: Buenas notas, buenos amigos, la chica de sus sueños a su lado e Incluso la organización empezaba a gustarle. Pese a que no compartía sus planes, el poder luchar le relajaba bastante, aunque no le hacía mucha gracia destruir tantos mundos y a tanta gente. Pero era así, ese era el precio de la felicidad y estaba más que dispuesto a pagarlo.

-¿Esta noche saldremos? – Preguntó Olette.
Era la hora de la merienda y todos tomaban tranquilamente su bocata en la azotea de la escuela.
-¡Por supuesto, es viernes! –Respondió Hayner- La pregunta es: ¿Algún plan en especial alguno?
«Plan… Hoy es el día en el que quedé en ir a aquella mansión» Recordó Alex.
-Podríamos ir a la playa –comentó Pence –Ya empieza a hacer calorcillo.
-¡Por mi perfecto! –respondió el incorpóreo. «De esta forma seguro que puedo inventarme algo para escabullirme».
Y tras la aprobación general, todos bajaron de nuevo a clase.

Tras un par de caras de enfermedad y disculpas, Alex se encontraba caminando por el bosque para llegar a la mansión. Ya era el crepúsculo, el cual duraba bastante en aquel lugar y pronto sus amigos también se plantearían el regresar de la playa. Por suerte para él, la casa donde vivía disponía de pestillos en las habitaciones, por lo que cuando Kairi entrara y quisiera ver como se encontraba, no podría abrir la puerta y por tanto no podría ver que la cama estaba vacía.
Tras un rato de paseo, finalmente el incorpóreo llegó a su destino. Atravesó el jardín y la puerta principal sin avisar hasta llegar un enorme y derruido hall.
-Creo que os vendría bien una criada –pese a que parecía que hablaba solo, Alex se había percatado de que a su espalda Riku había aparecido.
Esta vez el chico venía sin capucha, lo que dejaba ver un rostro serio y duro, una melena grisácea y una cinta negra que le tapaba los ojos.
-Hablando de criadas, ese será tu trabajo hoy.
A Alex se le quitó la sonrisa de la cara.
-¿Criada? Explícate.
-Debemos ir a observar a… "El Sujeto" -DiZ apareció de la nada- pero mientras lo hacemos no queremos dejar sola a nuestro incorpóreo, Naminé. Podría ser que la organización estuviera tras ella.
«¿Es un incorpóreo?» Pensó Alex
-Pero… si yo realmente fuera un espía me lo estaríais poniendo muy fácil ¿Cuál es la trampa?
-Si realmente fueses un espía –continuó Riku- y cuando regresáramos no estuviese aquí Naminé… Sabríamos donde encontrarte y créeme, te arrepentirías.
Divertíos –concluyó el joven abandonando la mansión.
-Jugaremos un parchís –respondió el incorpóreo mientras DiZ y Riku desaparecían en un portal oscuro.
Sin decir nada más, Alex se dispuso a encontrar a aquella chica y protegerla.
-Alex ¿Verdad?
-Wooooo –Alex dio un salto asustado al no saber de dónde venía aquella voz.
Pronto pudo averiguar de dónde. En la puerta de una de las habitaciones del segundo piso, aquella chica rubia con el traje blanco le observaba.
-¡No me des esos sustos!
Naminé rió.
-Disculpa, no era mi intención asustarte.
-Asiqué… tu eres la princesa ¿No?
-¿Princesa?
-Si, bueno vives encerrada en un "castillo" y tengo que ser el caballero que te proteja. Casi es como si fuera un cuento de princesas.
-No soy ninguna princesa –respondió como si no entendiera el juego de palabras.
-Ya lo supongo. ¿Y bien? ¿Qué haces para entretenerte?
Naminé pensó un momento la respuesta.
-No se… dibujo.
-Vaya… has dado precisamente en mi peor campo. Da igual, ya se nos ocurrirá algo.
Alex se acercó entonces a la habitación. Ante él se expandía una gran sala enteramente blanca. En esta, no había muchos muebles salvo una mesa central bastante grande y unos cuantos dibujos colgados en las paredes y en el suelo.
-Vaya… qué… limpia. –Alex se acercó entonces a los dibujos de la pared.
-No lo haces nada mal ¿Eh? –dijo fijándose en un dibujo donde aparecían dos chicos juntos de la mano.
Tras examinar unos segundos todos los dibujos, Alex se percató de que había una figura de un chico castaño repetido en muchos de los dibujos.
-¿Quién es este? –Dijo señalando al misterioso chico castaño- ¿Tu novio?
-¿Eh? No.
-¿Y este? –Dijo Alex señalando a un chico rubio que aparecía en otro dibujo- ¿Es tu novio?
-¿Por qué me preguntas siempre eso?
-No sé, alguno de estos tendrá que ser tu novio.
A Naminé le sorprendió esa respuesta.
-¿Novio?
-Ya sabes, alguien que te cuide, te proteja, te quiera… esas cosas.
-Yo… no tengo a nadie así.
-¿En serio?
-¿Te extraña?
-No se… eres rubia, ojos azules, mirada angelical… guapa. En mi clase no hubieras pasado ni 5 minutos sin que todos los tíos se te declarasen, de hecho, no hubieras pasado ni 10 segundos sin que Miguel se te declarase.
Al recordar a Miguel Alex miró a la oscuridad de la noche que reinaba fuera y sintió un poco de algo que parecía ser añoranza. Pero al recordar que ya no tenía corazón ignoró aquel falso sentimiento.
-Tú vives allí ¿No? –cambió de tema Naminé señalando a Villa Crepúsculo.
-Así es. Es un buen lugar, podrías venir.
-Ojala pudiera pero me temo que DiZ no quiere que me escape.
-No te estás escapando, solo podrías ir un rato y volver. Seguro que aquí sola te amargas muchísimo.
-Díselo a él. Jamás permitirá que la bruja que tanto necesita desaparezca.
-¿Bruja?
-Así es como me llama él.
En ese momento Alex perdió bastante aprecio al cada vez más borde DiZ.
-No dejes que te llame eso –respondió muy serio-. Escúchame bien Naminé, tú no eres ninguna bruja, de hecho pienso… ni siquiera eres un incorpóreo.
Aquella respuesta sorprendió mucho a la chica.
-Pero eso es imposible –dijo perdiendo las pocas esperanzas que Alex había infundado en ella-. Yo no tengo corazón.
-Mentira –respondió firme el incorpóreo-. Te he visto poner una mirada triste, te he visto sonreír e incluso te he visto añorar. Sé que solo nos conocemos desde hace unos minutos pero… No me cabe ninguna duda, tienes un corazón.
Entonces Alex se dio cuenta de que estaba mirando fijamente a los ojos semi-húmedos de Naminé, se dio cuenta de que no era capaz de quitarle la mirada y, mientras recordaba interiormente su soledad y lo mal que la trataban no se dio cuenta de que poco a poco iba agachándose hasta que finalmente sus labios y su brazos se entrecruzaron en un beso.