Naminé estaba abrazada fuertemente a Alex en silencio mientras este intentaba asimilar lo que acababa de pasar. Apenas era un desconocido y ya estaban así, abrazados.
«Realmente está sola…» Pensó el incorpóreo.
La primera reacción del joven fue la de empujarla hacia atrás y explicarle que no podía estar con ella, pero al mirarle la cara Alex era incapaz de decírselo. Durante todo ese tiempo aquella chica había soñado con amigos, alguien que le hiciera algo de caso, alguien que no la tratara como basura, alguien que la protegiese… Y él era ese alguien. Apenas veinte minutos de conversación, unas palabras bonitas y ya pensaba que él era el chico que buscaba. No podía decirle que no, no podía hundirla de nuevo… pero tampoco podía hundir a Kairi.
Armándose de valor, suavemente se separó del cálido roce de su piel y evitando mirarla a los ojos comenzó:
-Naminé… yo… lo siento pero…
-Por favor –dijo ella cortándole- solo aquí, solo esta vez. Déjame sentir que le importo a alguien, por… favor.
El rostro de Naminé casi parecía lloroso, su voz era suave y tímida y sus ojos le miraban fijamente.
Alex no pudo evitar cruzar la mirada con la suya y ante tan argumentación, la débil fuerza de voluntad del incorpóreo se vio desmoronada.
Así, abrazándola con más fuerza le dijo suavemente:
-No te preocupes Naminé, claro que me importas y en cuanto conozcas a más gente también les importarás a ellos. ¿Por qué no sales por el pueblo, eh? Allí podría presentarte a mis amigos y apuesto a que les caes bien y…
-No puedo hacerlo –la incorpórea volvió a cortar secamente a Alex- DiZ jamás me lo permitiría…
Alex se dio cuenta de que aquello podría ser verdad e intentando seguir dándole ánimos dijo:
-… En cualquier caso, nunca olvides que estaré siempre cerca de ti.
Arriesgadas palabras para una chica que apenas conocía, arriesgadas palabras para alguien que se suponía que no tiene corazón pero para esa chica que tanto había sufrido, en aquel momento, todo valía.
-Parece que sabe protegerla.
Tanto Riku como DiZ acababan de regresar a la mansión abandonada. Nada más llegar, subieron al primer piso para comprobar que Naminé seguía allí.
Y así era.
En la habitación de Naminé, en la cama, abrazados, los dos incorpóreos dormían plácidamente.
-Cualquiera pensaría que… -comenzó Riku.
-No digas estupideces, es imposible –le cortó DiZ-. Sabes de sobra que no tienen corazón.
-En cualquier caso ¿Qué hacemos? ¿Le despertamos?
-Haz lo que te plazca.
Riku miró la cara de la dormida Naminé. En ella pudo ver un atisbo de felicidad, o algo parecido ya que ella no podía sentir eso. Y apiadándose de aquella pobre chica, cerró lentamente la puerta y se fue tras DiZ.
-¿Y bien? –preguntó Riku una vez se sentaron delante del ordenador donde siempre estaba DiZ- ¿Él es al que tenemos que atrapar?
-Eso parece… pero no creo que sea para nada fácil. Ese chico, Roxas, es muy fuerte.
-De eso ya me ocupo yo –repentinamente el semblante de Riku cambió a uno mucho más serio-. Tú preocúpate de tenerlo todo preparado.
DiZ rió.
A la mañana siguiente, Alex se tuvo que marchar corriendo cuando se despertó para llegar a tiempo a su casa antes de ir al colegio. Al hacerlo, procuró no despertar a Naminé, no sabría que decirle ni cómo reaccionar y aunque le pareciera un poco cobarde, se marchó sigilosamente evitando romperle el sueño.
A partir de ese día, durante un par de semanas Alex no recibió ningún tipo de aviso de Riku y DiZ. Siguió con su vida normal y para él perfecta en Villacrepúsculo, hasta que una mañana algo complicaría las cosas:
-¡SILENCIO! –la profesora acababa de entrar en la clase Alex y los demás. Como era costumbre cuando no estaba el profesor, todo el alumnado se revolucionó ignorando los libros y las tareas y prefiriendo la charla e incluso el sueño.
-Muy bien –comenzó cuando consiguió callar a todos sus alumnos-, al parecer a habido un ingreso de última hora y nos ha tocado a nosotros, así qué os pediré, como de costumbre, que al menos durante los primeros días parezcáis una grupo de gente civilizada y no un rebaño de ganado como soléis parecer.
-¿Un ingreso a estas alturas? –preguntó Alex mientras se balanceaba a dos patas en su asiento.
-Probablemente sea hijo de alguien importante o algo así –comentó Pence.
Tras un gesto de la profesora, lentamente una chica rubia, tímida y con los ojos azules entró en la clase.
Al verla, el incorpóreo dio un respingo que ocasionó que cayera hacia atrás en su vaivén.
Normalmente la gente le miraría o incluso se reiría, pero nadie hizo nada. Todos observaban atentos a la misteriosa chica nueva; los chicos la miraban con los ojos brillantes y los corazones paralizados, mientras que las chicas la miraban asombradas de su discreta perfección.
-Ehm… -la chica estaba bastante cortada por ser la primera vez que asistía a una clase y las miradas de sus nuevos compañeros no la ayudaban-. Mi nombre es Naminé y… ehm… es un placer conoceros –concluyó con una ligera reverencia.
Un segundo más tarde, todos los chicos de la clase se levantaron de golpe aplaudiendo con todas sus fuerzas mientras gritaban: ¡BRAVO!
-Parecen majos –comentó Naminé a su nueva profesora.
-No, hija no. Están en la edad. Y ahora siéntate allí atrás, al lado del idiota que acaba de caerse.
Alex no podía creer los que había oído. De todos los sitios de la clase tuvo que tocarle justo a su lado.
-¡Ah! Y ya de paso –dijo la profesora-, ¡Alex! Enséñale la escuela.
-¡Cla… Claro! Por favor, sígueme.
Como si nada ocurriera, los dos chicos salieron del aula y, silenciosamente avanzaron por el pasillo.
-Me alegro de volver a verte. –Fue Naminé quien rompió el hielo de la conversación.
-Yo también me alegro mucho pero… este no era un buen lugar –respondió Alex intentando sonreír.
-No te preocupes.
Alex la miró sorprendido.
-Comprendo que no quieras estar conmigo –dijo la joven sonriendo.
-¡No te equivoques! –Alex parecía molesto- ¡Claro que me gusta estar contigo es solo que aquí… esta… Kairi y…
En ese instante el incorpóreo dio por hecho que acababa de invocar una auténtica tormenta. Sabía que ahora Naminé se molestaría y que probablemente se fuera enfadada y quizás, si tenía muy mala suerte, antes de marcharse le contara a Kairi la verdad, en cuyo caso pasaría algo similar con esta.
Pero lo que Alex no sabía era que Naminé no era para nada ese tipo de chica.
-¿Y qué pasa?
Al incorpóreo le sorprendió muchísimo esta pregunta.
-Pues… que me gusta y… ya sabes.
Naminé no parecía entender lo que quería decir.
-¿Crees que me importa? –Dijo finalmente la chica- Me da igual que te guste. Me parece genial y me alegro por ti. Tú has sido el único que me ha tratado bien y al único que parece que le importo un poco… Y es extraño ¿Sabes? Por alguna razón cuando estoy cerca de ti me siento… bien y tengo una extraña sensación que me gusta y por eso yo lo único que quiero es estar contigo y hacer amigos como me dijiste. No me importa que te guste Kairi, no sé qué tiene que ver, podemos ser amigos los tres ¿No?
-No exactamente… Claro que podemos ser amigos pero simplemente no podemos… besarnos o abrazarnos en público.
-Bueno ¡Pues lo haremos en secreto! –En ese momento, Naminé lo tapó suavemente la boca con el dedo y se acercó al incorpóreo con intención de juntar sus labios.
Cuando el incorpóreo vio a Naminé acercarse lentamente, el corazón se le aceleró a mil y deseó con todas sus fuerzas volver a besar aquellos delicados labios, poder abrazar aquella suave figura y poder fundirse con ella una vez más… pero sabía que no debía. Justo cuando estaba a unos centímetros, Naminé recapacitó un momento y miró la cara medio asustada del joven- A no ser… que tú no quieras claro.
«Pobre chica» Pensó el incorpóreo «Realmente estaba sola y ahora… Debería arreglar esto, simplemente no está para nada bien. Pero… ¿Y si la quiero más a ella que a Kairi? Kairi es perfecta en todos los sentidos pero… ella también. Además Naminé… me necesita, necesita a alguien que la trate bien, que la proteja… Esto no está bien, yo nunca he sido un traidor pero…
-¿Alex? –preguntó la chica
El incorpóreo la miró fijamente a los ojos y sin previo aviso le pasó la mano por la espalda y la empujó hasta él, donde finalmente la besó.
A Naminé aquello le pilló de improviso, pero tras darse cuenta de lo que había ocurrido le abrazó con fuerza y disfrutó de aquel beso que tanto le gustaba, aquella sensación de fusión con Alex y aquel abrazo del chico que aunque no lo supiera, tanto amaba.
Tras unos segundos, forzándose a sí mismo, el incorpóreo retiró la cara y miró a otro lado como si estuviese avergonzado.
-No… -dijo- Lo siento Naminé… no puede ser. Fuera de la mansión no soy un incorpóreo, ni un miembro de la organización, no conozco a ningún DiZ. Fuera de esas paredes yo soy un simple chico normal ¿Entiendes?
-Entiendo –respondió la joven sin enfadarse ni irritarse-. No te preocupes, no lo volveré a hacer.
-Esta vez… no ha sido tu culpa. Discúlpame tú a mí y bienvenida a nuestra escuela, Naminé.
A la salida del colegio, a la altura de la calle del mercado, el grupo de amigos tuvo que separarse como de costumbre en una bifurcación. Por uno de los caminos, Alex, Naminé y Kairi hablaban animadamente sobre las primeras impresiones de Naminé. Cuando llegaron a la plazoleta del Tranvía, Alex le dijo a Kairi:
-Ve yendo tú a casa mientras yo acompaño a Naminé a la mansión, no vaya a perderse. Así ya de paso empiezas a hacer la comida, porfa.
-Te recuerdo que la comida es tu trabajo.
-Ya, pero te recuerdo que el otro día tuve que limpiar yo por la mañana porque querías dormir mas.
Ante esto, Kairi se resignó con una afirmación.
El camino hacia la mansión lo pasaron hablando sobre algunas trivialidades y sobre la escuela. Una vez llegaron a la puerta principal, Naminé la abrió lentamente y ofreció el paso a Alex el cual, aceptándolo, nada más entró en el enorme hall, cerró la puerta, tiró del brazo de Naminé, y la besó apasionadamente.
La chica se quedó muy sorprendida por esta reacción y tras empujar suavemente a Alex
le preguntó:
-¿Pero no dijiste…?
-Dije –respondió el incorpóreo – que fuera de la mansión no era ni un incorpóreo ni te conocía de nada. Fuera de la mansión.
Ante aquella argumentación y la sonrisa dibujada en el rostro del incorpóreo, Naminé no pudo resistirse ni reclamarle y en silencio volvieron en donde se quedaron.
-¿Qué misión me toca? –Alex acababa de llegar al cuartel general y nada más hacerlo se acercó a Xemnas, el cual estaba mirando atentamente por uno de los enormes ventanales.
-Directo al grano ¿Eh?
Alex no respondió nada.
-Esta será tu primera misión realmente importante, espero que estés preparado.
-Ese es mi problema, tu solo dime qué mundo debo destruir.
-Te veo un poco… irascible… ¿Quizás no todo te va bien?
-Te agradezco tu preocupación-respondió Alex con una falsa educación-, pero no creo que quieras oír lo problemas de un adolescente ¿Qué mundo?
Xemnas rió. –No es ningún mundo, no esta vez. Se trata de una parte de gran importancia en nuestro plan y he decidido darte una oportunidad de mostrar tu lealtad. No es nada personal, es que hace poco tuvimos unos… problemillas con algunos miembros.
-No gano nada traicionándoos pero si así te quedas más tranquilo… ¿Qué debo hacer?
-Es muy simple. Necesito que encuentres a alguien y le despiertes como sea, una vez despierto quiero que le ofrezcas aliarse con nosotros y una vez te diga que no… quiero que lo mates.
-¿Nombre? –preguntó Alex.
Y Xemnas, sin cambiar en nada el rostro de su cara respondió:
-Sora.
Alex había entendido más o menos el plan pero le parecía un tanto extraño. Al parecer necesitaban a ese tal Sora por ser el portador de la llave espada, y necesitaban la llave espada para derrotar a los sincorazón. Pero entonces ¿No sería más fácil no decirle nada y que el solo matase a los sincorazón? «Qué más da…» Pensó «Lo último que me apetece es discutir con él»
-Me he enterado de lo de tu misión –Axel había aparecido de la nada y ahora se encontraba a espaldas de Alex apoyado en una pared- El mundo es un pañuelo ¿Eh?
-¿A qué te refieres? No conozco a ese tal Sora de nada.
-¡¿En serio no sabes quién es?! –Axel estalló en carcajadas-. Quizás debieras preguntarle a tu chica.
-¿Qué tiene que ver Kairi en todo esto? –Alex se miró fijamente a los ojos del incorpóreo mostrando más seriedad que de costumbre. Ante esto Axel solo supo reaccionar con una leve sonrisa mientras decía:
-Sora es… ¿Cómo es la expresión…? El chico que le gusta ¿Lo captas? –Dijo con su característico gesto de muñeca.
Alex pensó aquello durante un segundo y en seguida comprendió que era no era más que una mentira y sin más se dio media vuelta y comenzó a andar en dirección contraria a su compañero.
-Eso es imposible, no hay ningún chico en el pueblo que se llame así.
-¡Ahí está la clave! Ella no es de ese mundo –Al oír esto, Alex se detuvo y volvió a mirarle a los ojos.
-Mientes, es imposible.
-¿Tú crees? ¿Es qué acaso te ha hablado alguna vez de su pasado? ¿Has visto a su familia? ¿Has ido a su casa?
La firmeza de Alex comenzó a desaparecer poco a poco. Es cierto que siempre que intentaba hablar de alguno de esos temas, ella siempre desviaba la conversación o simplemente le abrazaba y besaba.
-Aún si eso fuera cierto, es imposible que a ella le gustara algún chico.
-¿Y si no recordase a ese chico?
Alex no comprendió aquello.
-¡Explícate!
-Hace tiempo, Sora tuvo que entrar en un lugar llamado "El castillo del olvido". Allí su memoria se vio modificada debido a los efectos de una incorpórea llamada "Naminé".
Alex se sorprendió al oír ese nombre
-Naminé es… –continuó Axel- el incorpóreo de Kairi ¿Lo captas? Por eso tenía ese poder.
En aquel momento, el joven incorpóreo casi no fue capaz de ocultar su sorpresa. Aunque inesperado, aquello… explicaba muchas cosas.
-En cualquier caso –continuó Axel- cuando Sora consiguió subir el castillo entero para salvar a su amada Naminé, descubrió que a quien realmente buscaba no era a Naminé, sino a Kairi y que su memoria había sido modificada. Y con todos los miembros de la organización del castillo derrotados y con una cara bonita, Naminé le prometió a Sora devolverle los recuerdos.
Creemos que aún está es dicho proceso.
-¡¿Y eso que demonios tiene que ver con Kairi?!
-Un… pequeño efecto secundario fue que… al igual que Sora olvidó a todos, todos olvidaron a Sora, incluida Kairi. Asique… el día que despierte Sora, Kairi le recordará y entonces pues… bueno, digamos que no será tu mejor día.
-Cuando llegue ese día… ya tomaré medidas.
-¿Dónde está? –Alex apareció en la habitación de Naminé. Riku y DiZ y se fueron hace poco y le pidieron que vigilara a la incorpórea.
-¡Alex! –Naminé se acercó corriendo a su protector y suavemente le besó.
-¿Dónde está? –preguntó de nuevo este apartándose del beso.
-¿Quién? –Naminé empezó a percibir que algo no iba bien.
-Sora.
A Naminé en aquel momento se le cayó el mundo a sus pies. Lo último que deseaba era que Alex se enterase de la existencia de Sora, ella había prometido devolverle la memoria aunque en el fondo ella sabía que aquello… significaba la destrucción de Alex.
¿Tan rápido había pasado el tiempo? ¿Ya se había terminado todo? Apenas llevaba unas semanas como colegiala normal y ahora Alex venía a matarle y aquello derivaría en el enfrentamiento con Riku y DiZ y nada bueno podía surgir de aquello.
-No… no lo sé, no sé quién es ese.
-Naminé –Alex la miró muy seriamente- Necesito saber dónde está, te lo suplico –repentinamente, la cara de Alex cambió radicalmente. Aquel semblante amenazador y adulto se había transformado en una mirada de desesperación y casi llanto como si la vida le fuera en aquella respuesta.
Y no era mentira. Alex no fingía en absoluto, realmente estaba desesperado. Desde hacía tiempo se daba cuenta que aquel perfecto mundo se iba poco a poco al garete, que su magnífico sueño empezaba a desaparecer y aquello le daba auténtico pavor.
-Te lo suplico Naminé… ¿Dónde está?
Y Naminé no pudo soportar aquella mirada, fallar a la persona que más quería, a la única que la había tratado bien…
-¿Me prometes que no le harás nada?
-… Te juro que por ahora no le tocaré un pelo –respondió firmemente el incorpóreo.
-Si me estas mintiendo –Naminé le cogió de la barbilla para mirarle mejor a los ojos- te juro que te odiaré, aunque es lo último que deseo.
-No te preocupes, no tendrás que odiarme.
Realmente Naminé no podía negarle aquello después de todo lo que él había hecho por ella. Desde decirle que tenía un corazón hasta simplemente protegerla de los chicos que la atosigaban pidiéndole citas.
Desde la biblioteca accedieron a través del suelo hasta un extraño y misterioso laboratorio oculto. Y allí, la hermosa joven le señaló una puerta:
-Por allí –Y dicho esto, se marchó.
Alex avanzó por la puerta indicada hasta llegar a un pasillo en forma de L. En este, había varias cápsulas de un tamaño más que suficiente para que cupiera una persona.
«Así que en una de estas cosas debe de estar durmiendo Sora… Hice una promesa y voy a cumplirla»
Con un simple chasquido de sus dedos, portales oscuros comenzaron a engullir cada una de aquellas cápsulas enviando cada una de ellas a un mundo diferente.
Y sin ningún remordimiento continuó aquel pasillo hasta llegar a otra puerta.
Una enorme habitación blanca apareció frente a él. En esta no había nada, no había muebles, ni ventanas, ni flores, ni ruinas. Nada, excepto una cosa:
Una capsula más grande y más adornada que las demás descansaba silenciosa en medio de aquella misteriosa habitación.
Sin ninguna prisa, el incorpóreo se acercó al extraño objeto y cuando lo hizo por algún motivo la capsula se abrió.
Frente a él, flotando dormido se hallaba su objetivo. Sora.
-Al fin no encontramos… -Sora no reaccionó- Parece que… en cierto modo he estado ocupando tu lugar y debo admitir que me gusta ¿Sabes? Me gusta mucho… sobre todo… ella.
No tengo nada personal contra ti, solo hago esto para poder mantener mi felicidad para poder seguir teniendo esta vida… Estoy seguro que en mi posición tú harías lo mismo.
Lentamente, Alex se alejó de la capsula hasta que esta dejó de detectarle y se cerró.
Y antes de alzar la mano, antes de enviar a aquella capsula a otro mundo y así protegerse temporalmente miró al tejado y con los ojos húmedos dijo:
-Perdóname, Kairi.
