10: Despertar

El cielo era oscuro, el suelo estaba húmedo y todo alrededor eran ruinas.
Ruinas, eso era aquel mundo frío y abandonado. Rompiendo por segunda vez la tranquilidad de aquel mundo que durante miles de años había estado vacío, una extraña cápsula en medio de de la hierba se abrió lentamente y de esta emergió un joven chico: Sora.
Habían pasado semanas desde que apareció en ese mundo y finalmente había despertado... y lo recordaba todo.
Al menos, hasta donde debía de recordar.
«¿Dónde estoy?»
El joven de 15 años miró a su alrededor buscando algo familiar. Ante él lo único que había eran gigantescos castillos medievales la mayoría en ruinas y probablemente todos vacíos.
Un mundo gris y solitario se expandía a sus pies y Sora no comprendía cómo había llegado allí.
El suelo estaba sembrado con una hermosa hierba alta que se movía con el viento silencioso; el cielo, nublado y gris amenazaba con lluvias que no parecían caer nunca y el silencio más súbito inundaba todo.
«Bueno al menos se que no habrá sincorazones...»
Tras meditar un rato y desentumecerse un poco, el portador de la llave espada decidió que lo mejor que podía hacer en aquella situación era, en primer lugar, encontrar a sus "compañeros de aventuras" y el mejor lugar donde empezar la búsqueda era el castillo que tenía más cerca.

Unos minutos más tarde, atravesó sin ningún problema el portón principal y se adentró en el misterioso castillo.
«Esta más abandonado de lo que pensaba»
Tras buscar en innumerables habitaciones, Sora llegó a lo que parecía la sala del trono y aún no había encontrado a nadie.
La sala era increíblemente grande y elegante. Al final de esta, dos tronos tapizados de rojo mostraban que hacía algún tiempo un rey gobernó todo aquello.
Atravesando la sala había una alfombra desgarrada y polvorienta, a los lados, mesas con un banquete que fue preparado hacía miles de años y que ahora no mostraba más que telarañas.
El tejado, derruido en la mayor parte, dejaba pasar la poca luz que atravesaban las oscuras nubes.
-¿Hola? ¿Donald? ¿Goofy? ?Alguien?
No había respuesta.
-¡¿Quién anda ahí?! -a espaldas del portador de la llave espada, alguien vestido con una pesada armadura apareció.
-Pe... perdón, solo buscaba a...
-¿Qué haces aquí? ¿Cómo has llegado? -el guerrero no quiso oír sus escusas.
-Bueno si te soy sincero... No lo sé -respondió Sora sonriendo.
Pero por desgracia, la respuesta del misterioso caballero fue muy diferente.
Sin decir nada, este estiró bruscamente el brazo y de la nada apareció una espada oscura en su mano.
«Parece que no se anda con chiquitas» Sin más, el portador de la llave espada hizo gala de su nombre e invoco a la ancestral arma en sus manos.

Al ver la llave espada, el desconocido, sorprendido, bajo su arma y con un gesto de respeto dijo:
-Disculpa, no sabía que eras el portador del arma sagrada.
Extrañado, Sora preguntó:
-¿¡Conoces la...?
-¿Llave espada? -le interrumpió el guerrero- Si, la conozco. He oído hablar de ti, Sora.
-Vaya... pues sí que soy famoso -respondió sonriente-. ¡Oh! Por cierto ¿No habrás visto a mis amigos pos aquí? ¿Verdad? Uno es…
-Este mundo está vacío –le interrumpió-. Pero si te sirve, ayer oí unos ruidos extraños en el castillo que hay al norte de aquí. Quise pensar que el viento había tirado algo, pero quizás fuesen esos amigos tuyos.
-¡Genial! Seguro que son ellos. Por cierto...Ehm… ¿Quién eres?
-Xeon, guerrero de Lux.
-Erm... ¿Guerrero de...?
-Somos una orden que lucha contra los sincorazón -volvió a interrumpir Xeon-. ¿O acaso creías que eras el único que les hacía frente?
-Pues la verdad es que... si.
-La diferencia entre tú y nosotros, es que tú eres el único que puede detenerlos, pero no el único que puede destruirlos. En cualquier caso me alegro de que hayas podido venir, pronto un gran ejercito de sincorazón regresará a este mundo para… "recordar" el pasado.
Sora, llevándose las manos tras el cuello en gesto de tranquilidad respondió:
-No te preocupes por eso, derroté a los sincorazón.
Pero la tranquilidad del portador del arma pronto se vería completamente derruida ante una sola palabra de Xeon:
-No.
-¿Qué? No, estas equivocado ¡Derroté a Ansem!
-Me consta. Pero eso no significa en absoluto que hayas derrotado a los sincorazón.
La cara de Sora reflejaba perfectamente su sentimiento de inutilidad.
-¡¿Quieres decir que todo lo que hice fue para… nada?!
-En absoluto. Le hiciste una gran perrada a la oscuridad al detener su avance de manera descomunal, pero a no ser que hayas sido capaz de erradicar cada mínimo atisbo de oscuridad de cada corazón de cada persona de cada mundo, los sincorazón seguirán existiendo.
-Mierda… -respondió Sora desesperanzado.
-No te pongas así, chico. Nadie espera que los erradiques.
-Entonces… ¿Tengo que seguir luchando?
-Ese es tu trabajo ¿No?
-Claro –respondió no muy animado-. Por cierto ¿Dónde estamos?
-El nombre de este lugar desapareció hace miles de años ya. Lo único que sabemos… es su historia.
-¡Oh! Y… ¿Cuál es?
Xeon giró la vista a una de los ventanales y se dejó llenar de la absoluta tranquilidad que aquel paisaje le transmitía.
-Mientras este mundo existió, por decirlo de alguna manera, fue muy prospero y muy feliz… hasta aquel día 0.
-¿Día… 0? –Sora empezaba a tener bastante curiosidad por la historia.
-Los sincorazón aparecieron en este mundo.
Los grandes reyes de entonces formaron enormes ejércitos para luchar contra ellos, pero aún así siempre volvían a aparecer, daba igual cuantos destruyeras.
-Pobres…
-Si… pronto empezaron a desesperarse sin saber qué hacer hasta que finalmente tomaron una decisión. Requeriría muchísimos sacrificios, pero conseguirían hacer frente a los sincorazón.
-¿Qué se les ocurrió?
-Los magos de las cortes se pusieron a buscar, incansables, qué era exactamente aquellos que les hacía frente. Y no tardaron en descubrir muchas verdades.
Verdades como la existencia de otros mundos, o cómo el hecho de que simplemente no podían derrotarlos con armas convencionales. Asique solo pudieron hacer una cosa:
Crear un arma. El arma más poderosa de todas. Un arma capaz de controlar los corazones… y de cerrarlos. Descubrieron que los sincorazón era la oscuridad de los corazones de la gente y esta era la única forma de derrotarlos.
-¡¿Te refieres a…?!-preguntó Sora muy sorprendido.
-A cambio de su mundo y de cada uno de sus habitantes consiguieron crear… la llave espada –Xeon señaló el arma que portaba Sora.
-¿¡Tantos sacrificios solo por esto?!
-"¿Solo por esto?" Aunque tú no sepas casi usarla, el poder que puede alcanzar esa arma es… casi infinito.
Silencio.
-Asique… este es su hogar.
-En cierto modo.
Sora miró también al ventanal con cierta tristeza.
-Pero eso no son más que antiguas historias –comentó Xeon-. Ahora lo que debe preocuparnos es el presente.
Desde aquel día cada 100 lunas nuevas los sincorazón vuelven a este mundo por alguna extraña razón que desconocemos.
Si de verdad quieres derrotar a los sincorazón bien podrías empezar por destruir a los miles que se congregarán en 2 días.
-¡¿Miles?! ¡No soy tan bueno!
-Tranquilo, nosotros también estaremos aquí para ayudarte.
-Bueno… supongo que es lo que debo hacer.
-Por supuesto, por eso eres el portador. Bien, ahora debo marcharme tú, si quieres quédate por aquí buscando a tus amigos. En el castillo del oeste hay víveres y todo lo necesario para que sobreviváis y… Por cierto. Quizás debieras cambiarte la ropa.
Sora vestía un con una camiseta, una chaqueta y unos pantalones que le venían pequeños.
-Ya bueno… digamos que no he tenido tiempo de cambiarme.
Sin decir nada, el soldado alzó la mano, y automáticamente la ropa del portador de la llave espada cambió. Ahora vestía una ropas más anchas de colores más oscuros y cubiertas por lo que parecía una armadura parcial. Esta era muy ligera, le cubría parte del cuerpo y dejaba al descubierto las articulaciones para que no mermasen en nada su agilidad.
Sora comprobó su movilidad y el peso y todo era perfecto.
-Bueno, pues eso me voy… volveré mañana de todas formas. Si quieres que te traiga algo…
A Sora le sorprendió aquello y de repente cayó en la cuenta de que no sabía cómo estarían Riku y Kairi.
-Si no te importa… -pidió tímidamente Sora- quizás podrías traerme algo de… información.
-¿Sobre?
-Riku y Kairi. Son mis amigos y quisiese saber cómo están.
El soldado enmascarado se lo pensó por un instante.
-Está bien. Veré que puedo hacer.
Sin decir nada más el soldado desapareció nuevamente.