Sora saltó hacia atrás. Aquel último golpe le había rozado el rostro dejándole una fina marca roja.
-¿Este es todo el poder del elegido de la llave espada? –Xemnas rió frívolamente. Apenas habían andado cien metros desde la sala donde derrotó a Alex y Xemnas ya había aparecido.
«Alex...» Sora no podía dejar de pensar en lo último que dijo: «Protégela... Tsk, ahora encima se las daba de buen tipo.» Sora no quería recordar que Kairi había llegado a sentir algo por él, pero desde luego ella no se lo ponía fácil. Tras desaparecer el incorpóreo, Kairi se acercó donde había estado por última vez... y lloró. Lo había visto todo, lo había oído todo y lloró su muerte durante más 10 minutos. «¡Le llamé monstruo estúpido! –dijo entre sollozos- Le llamé monstruo estúpido...».
Un violento golpe vertical despertó a Sora de sus ensoñaciones. Con gran agilidad, pudo esquivar el ataque y propinarle una buena patada a Xemnas.
Una vez recuperado del ataque, Sora miró fijamente a su enemigo y sonriendo para sus adentros se preguntó: «¿Lloraría por mi 10 minutos?»
«Caigo… caigo… caigo…» Rodeado de oscuridad, Alex sentía como lentamente caía en lo que parecía ser un denso mundo oscuro infinito.
«Al fin y al cabo es lo que he estado haciendo desde siempre ¿No? Caer en mi propia oscuridad…-sus pensamientos resonaban en unas paredes inexistentes- Solo quería… solo quería lo mismo que los demás… solo quería ser feliz… Pero lo he perdido todo… no sirvo ni para proteger mis sueños.»
Durante un rato, Alex siguió compadeciéndose de sí mismo mientras aquel vórtice oscuro no llegaba a su fin.
«Monstruo estúpido –aquellas palabras le golpearon en lo más profundo de su ser-. Sin duda es el mayor insulto que un corazón tan bondadoso como el de Kairi podría decir.- Enhorabuena campeón, al menos has conseguido algún logro…
Y de repente, una fuerte descarga nació en su corazón y le recorrió el cuerpo provocándole un fuerte espasmo. Y durante un instante toda aquella oscuridad que le rodeaba se volvió luz, una luz pura iluminada por sus recuerdos en aquel mundo: Pudo ver la sonrisa de Kairi, las bromas de Pence o las broncas de la profesora. Y luego, oscuridad.
Apenas pasaron cinco segundos cuando le vino la segunda descarga, igual que la anterior, pero lo que esta vez vio fueron las frágiles manos de Olette tocando una hermosa melodía en el piano, la tranquilidad del rostro de Naminé dormida y la tristeza de Roxas.
«¿Qué… es esto?»
Y de nuevo… Oscuridad.
«¿Mis… recuerdos?»
De repente, Alex se dio cuenta de cuantísimo echaba de menos todos aquellos recuerdos. Y lloró. Bueno, al menos todo lo que se podía llorar envuelto en la oscuridad.
Pero no tuvo tiempo de comprobarse las mejillas antes de que una tercera descarga le atravesase de nuevo.
Pero aquella vez todo fue distinto. La oscuridad desapareció, y no solo durante un instante. De repente se encontraba en el crepúsculo: Rodeado de una triste y luminosa luz bañada con nubes marrones y cálido viento Alex encontró la felicidad. Fue extraño, sintió como si todo lo que le había pasado hasta aquel momento fuese una mentira, como si no hubiese ocurrido nunca, pero no le importaba porque sabía que en el crepúsculo se encontraban sus sueños, sabía que una vez entrara en el atardecer volvería a VillaCrepúsculo, volvería a tener una oportunidad. Sintió como si todo lo que le había ocurrido hasta el momento fuese tan solo el calentamiento para su verdadero sueño.
«En el crepúsculo… están mis sueños.»
Avanzó. Buceó mientras caía hacia el sol que moría en el horizonte, hacia su propia felicidad, en un crepúsculo infinito.
Pero por desgracia, una nueva descarga le recorrió y esta vez no fueron hermosos recuerdos lo que trajo con ella.
La oscuridad le rodeó, le atrapó como unos tentáculos enfurecidos y le arrastró alejándolo del crepúsculo y llevándole hacia la oscuridad que había a su espalda.
«¡NOOOO! NO, ¡NOOOOO!» Fue lo último que pudo pensar antes de ver como la puerta hacia la felicidad desaparecía ante sus narices.
Un nuevo golpe le alcanzó en el costado haciéndole caer.
Con cierta dificultad, Sora volvió a incorporarse.
«No voy a perder contra alguien como él.»
Xemnas volvió a reír.
-¿Esto es todo el poder que has sabido sacarle a la llave espada? Ni siquiera es una centésima parte. Realmente eres patético.
-¡Cállate! –vociferó el portador- Y prepárate para llorar, porque vas a ser derrotado por alguien patético que solo usa la centésima parte del poder de su arma.
Sin decir nada, Xemnas volvió a lanzarse al ataque.
Mientras Sora y Riku se enfrentaban a Xemnas, Roxas y Axel se habían quedado en la retaguardia cubriéndoles las espaldas de la marabunta de sincorazón que les acechaban.
Y sin darse cuenta a lo largo de la pelea se habían estado desplazando hasta una nueva sala. A Sora le parecían todas iguales: Blancas y grandes. Pero por algún motivo sabía que en aquella aún no había estado.
-Se acabaron los juegos –dijo el incorpóreo- Tengo un asunto muy importante pendiente y no puedo perder más tiempo con vosotros.
Sin decir una palabra más, Xemnas apareció de repente a la espalda de Riku y antes de que Sora pudiera abrir la boca para advertirle, el incorpóreo le agarró, le lanzó al aire y con sus dos rojizas espadas le atestó una buena paliza dejándolo malherido.
-¡NO! –Al ver aquel cruel espectáculo Sora enarboló su arma y dirigió una fuerte estocada hacia su oponente, pero antes de que la Llave espada le rozara siquiera, Xemnas desapareció de donde estaba.
Sora miró un instante a su alrededor. Frente a él, bastante malherido, un Riku incapaz de pelear luchaba por mantenerse de pié; A su izquierda, preocupada, Kairi intercambió un mirada con él; a su derecha no vio nada más que una pared blanca.
«¡Mi espalda!»
Para cuando el joven se dio la vuelta ya era demasiado tarde. A no muchos metros de él, Xemnas se lanzaba a gran velocidad preparado para darle el golpe de gracia.
Se planteó poner el arma entre su oponente y él, pero estaba demasiado cerca; luego pensó en saltar hacia algún lado para esquivar el golpe, pero sabía que de nada le serviría.
«¿Este es el fín?»
Una sombra saltó desde una de las ventanas y se puso entre humano e incorpóreo. Con una mano agarró el brazo de Xemnas desviándolo hacia una pared, con la otra apartó a Sora de la fatídica trayectoria.
-¿La única cosa que te pido y no eres capaz de hacerla?
Sora no pudo evitar la sorpresa.
-¿¡Xeon!?
Sin darse la vuelta para mirarle, Alex alzó la mano derecha y levantó el pulgar.
-Llámame Alex.
Desde luego aquel chico que había aparecido no era el mismo incorpóreo con el que tantas veces había peleado ya Sora. Alejandro iba vestido con lo que parecían unos vaqueros algo anchos y una sudadera; a diferencia de la armadura con la que le había conocido. Y no solo eso, la forma de hablar también había cambiado: esta era más alegre, más infantil.
-¡Alex! - Kairi no pudo aguantar la alegría.
«¿Es este el chico del que se enamoró?»
-Interesante… -Para estar en clara desventaja numérica, Xemnas parecía muy tranquilo- ¿Cómo es posible que un incorpóreo que ha perdido su mismo ser, sea capaz comenzar a existir?
-¡Piensas demasiado! –le respondió Alex- Yo lo veo así: Estoy aquí, estoy armado y muchísimas ganas de patearte el trasero. Fácil ¿Eh?
Sora dudó. Se puso en guardia y miró fijamente a Xeon. Nada había cambiado en los últimos 30 minutos, si había tenido un motivo para luchar antes, también lo tendría ahora. Puede que tuviese otra ropa pero seguía siendo un incorpóreo, un ser sin corazón, un enemigo de la Luz.
-Cierra la boca, payaso –la secante respuesta de Alex sorprendió a Xemnas, quien lo único que supo hacer ante aquel improperio fue lanzarse al ataque.
A simple vista, Alex parecía completamente desarmado, pero al ver que un enemigo cargaba contra él, dio un golpe seco en el aire con su mano derecha y en ella apareció lo que Sora supuso sería un arma.
-Este es un regalo de mi mundo.
Sin más, el joven apuntó con el cañón de su arma a Xemnas y comenzó a apretar repetidamente un gatillo que mediante algún mecanismo desconocido para el portador del arma más poderosa de todas provocaba que la plateada y misteriosa arma lanzara proyectiles a una velocidad increíble.
Aquello detuvo el avance del incorpóreo, los pequeños proyectiles chocaban contra lo que parecía un escudo invisible por lo que no le hacían daño, pero aún así Xemnas se retiró de la trayectoria de tiro y retrocedió.
Y al fin Sora pudo ver su rostro:
Ignorando por completo a su enemigo, Alex giró la cabeza y observó a Kairi con una sonrisa algo triste. Ella se le acercó y le cogió la mano.
«Si quiere lanzarse a su cuello debería hacerlo» Sora sintió punzante dolor en el pecho.
-Perdóname- Fue todo lo que dijo ella. Parecía que se arrepentía tanto de lo que le había dicho que no podía ni mirarle a la cara.
-¡No digas estupideces! Fui yo quien vendió su mundo, quien os engaño a todos y que se fue con los malos… ¿Sabes qué? Creo… creo que realmente soy un monstruo estúpido. –y le dedicó una infantil sonrisa que pareció animar a Kairi, quien también sonrió.
-Y respecto a ti… -esta vez a miró a Sora y le ofreció la mano- ¿En paz?
-Hmph, muy fácilmente resuelves tú las disputas
-¡No te preocupes! En cuanto termine esto, tu y yo comenzaremos nuestra verdadera disputa –Alex se acercó al su oído y susurrando dijo: -Por Kairi.
Por Algún extraño motivo aquello le animó.
-Pero será en Villacrepusculo y día a día, sin armas, o al menos sin intención de matarnos.
Todo aquello le hizo, en cierto modo, ilusión a Sora. Sin duda vivir como un chico medio normal y pelear por el corazón de Kairi contra Alex era una de las cosas que más podían apetecerle… Pero tenía un deber, y no podía permitirle existir.
-No lo hagas, Sora –Esta vez fue Riku quien averiguó sus intenciones- No estes tan ciego como Xemnas. Mírale fijamente.
Y todos miraron al joven. A simple vista, allí estaba, entre Xemnas y Sora en mitad de una enorme sala blanca con grandes ventanales. Vestido con ropas de su mundo y desarmado. A simple vista, nada.
Pero Sora miró un poco más allá. Observó cierta tristeza la forma de sus cejas, alegría en sus labios e incluso enamoramiento, el brillo de los ojos cuando miraba a Kairi.
-Tiene… corazón.
Alex asintió sonriente.
-¿Cómo es posible? –El tono de Xemnas seguía inalterable.
-Yo tampoco me di cuenta hasta hace poco –comenzó a explicar Alex-. Pero lleva ahí bastante tiempo. Concretamente, desde cierto sábado por la noche –miró a Kairi y sonrió- Cuando dos personas se importan mucho… sus corazones se unen. Pero, cuando uno de los dos no tiene corazón ¿Qué es lo que ocurre? –le preguntó a Xemnas, quien no supo responder- Nace un corazón. Kairi… me dio parte de su corazón y desde ahí comenzó a crecer… Hasta apenas hace un rato, cuando por fin se completó. Te lo debo a ti, Kairi… Muchas gracias- Y se giró hacia ella, quién cada vez estaba más ruborizada-.
Lo hiciste mal, viejo-le dijo a Xemnas-. Debiste haberte ido a conocer chicas en vez de encerrarte aquí.
-Perdóname… si no me creo del todo tu teoría –le respondió el supremo de La Organización-. Pero debes recordar que tú nunca fuiste un incorpóreo completo. Que contigo funcionara no significa que lo haga con los demás.
-¡Bah! –respondió Alex preparándose para pelear- ¿Y qué importa todo eso ahora? Vas a morir…
-Yo no puedo…
-Morir porqué no existo… bla bla bla –El hasta hacía una hora incorpóreo le interrumpió bruscamente-Siempre te sueltas el mismo royo, tío. Anda, cállate y prepárate para pelear, mariquita. Voy a cumplir el sueño americano.
Y una vez más, con un pequeño golpe al aire, dos espadas aparecieron en sus manos.
-¿Sueño americano? –Preguntó Kairi- ¿Qué es eso?
Xemnas le lanzó una mirada asesina.
Y con una frívola sonrisa Alex respondió: -Matar a tu jefe.
No hubo más palabras. Xemnas se lanzó como un poseso contra su nuevo enemigo. Había perdido por completo todas aquella irritante tranquilidad que tanto odiaba Sora, casi parecía que había perdido el control. El incorpóreo… estaba acabado.
Por otro lado, Alex lucho realmente bien en aquella ocasión: Esquivaba los ataques de su oponente casi sin esfuerzo y aprovechaba cualquier descuido de Xemnas, que no eran pocos, para atestarle un golpe. Tan precisa era su forma de luchar, que Sora decidió no ayudarle y quedarse a proteger a Kairi, al fin y al cabo una lucha mucho mayor entre él y Alex acababa de comenzar y no podía perder ni una sola oportunidad.
En apenas 10 minutos la pelea quedó decidida.
Alex, básicamente se mofaba de Xemnas. En su mano derecha, portaba una preciosa espada, de aspecto ligero y resistente y de un color blanco puro decorado con un rojo oscuro en las puntas de la hoja dentada y una línea purpura que la atravesaban; en la otra mano sujetaba fuertemente otra espada, de lo que parecía doble filo y de un color dorado intenso pero muy hermoso. Y con ambas espadas, era capaz de esquivar, devolver y bloquear casi todos los ataques de Xemnas de una manera casi cómica.
En un desesperado intento, el incorpóreo se lanzó hacia el aire y enarbolando sus dos ardientes armas cayó en picado hacia Alex, quien en seguida vio como reaccionar.
Bloqueó satisfactoriamente cada uno de los golpes mientras Xemnas caía hacia él, y en cuanto vio un agujero en su defensa aprovechó para atestarle una patada suficientemente fuerte como para lanzarle nuevamente al aire.
Xemnas estaba indefenso, cansado… y acabado.
Con gran habilidad, Alex juntó sus dos espadas fusionándolas en una sola lanza. Un arma alargada, coronada con un filo en forma de dragón y unas pequeñas cintas que la decoraban.
El joven saltó hacia su antiguo jefe mientras este caía indefenso y cuando estuvieron casi a la misma altura, Alex atravesó enérgicamente el pecho de su enemigo provocándole una herida letal.
Ya en el suelo, derrotado, el incorpóreo rió cansado mientras comenzaba a desaparecer.
-No eres más que una mentira.
-¿Crees que me importa? –respondió Alex mientras se acercaba a su antiguo jefe- La vida es una mierda. Yo solo me he buscado mi propia felicidad.
-Y has ganado –comentó Xemnas cuando Alex ya se encontraba junto a él.- Y por eso creo que es justo que te devuelva ¡ESTO!
Antes de que pudiese reaccionar, ya era demasiado tarde. Con un golpe rápido, Xemnas llevó lo que parecía un orbe oscuro hasta el pecho de Alex.
En aquel instante Alex recordó. Recordó la soledad, la tristeza, el aburrimiento… recordó su mundo.
Aquello que lenta e inexorablemente penetraba en su pecho era su antiguo corazón. Un corazón oscuro y triste que poco a poco le iba recordando como era su antigua vida.
-¡NO! ¡Aaaaaaah! –entre rayos y un halo oscuro, Alex luchaba desesperadamente por intentar quitarse aquel etéreo orbe que poco a poco entraba en su cuerpo.
-Lo único que has hecho es destruir la felicidad de los demás –Aquellas fueron las últimas palabras de un Xemnas sonriente justo antes de desaparecer.
-¡Alex! –La voz de los tres jóvenes sonaron al unísono.
Los gritos de Alex se volvieron aún más desesperados mientras de él salían furiosos unos rayos de oscuridad que impedían que nadie se acercase a él.
De repente Alex se dio cuenta de que una vez más comenzaba a caer en la oscuridad, comenzó a escuchar cada vez más lejanas las voces de sus amigos y poco a poco, dejaba de controlar su propio cuerpo.
«¿Es acaso más triste mi antiguo corazón, que feliz el nuevo?»
Una pregunta que se hizo para sus adentros, que curiosamente, obtuvo respuesta de su propia voz:
-Es que tú no eres feliz.
Un tornado de oscuridad rodeó el cuerpo del joven mientras gritaba agonizante.
De su espalada brotaron dos alas negras, su pelo castaño y rubio se volvió oscuro, su piel blanca se volvió de un tono mucho más moreno y sus ojos azules oscuro se volvieron enteros de un brillo amarillento, como los ojos de un sincorazón.
Ya parecía que todo había acabado. El joven jadeaba cansado mientras miraba al suelo, ocultando sus ojos.
-¿Alex? –Kairi preguntó con miedo, pues nada le asustaba más en aquel momento que perder a aquel chico… por segunda vez.
Y por desgracia, parecía que iba a ocurrir.
Alex levantó la mirada y todos pudieron ver los ojos de un sincorazón. Unos ojos amarillos, vacios de vida y llenos de oscuridad.
-¡Es un…! –Riku no podía dar crédito a sus ojos.
El sincorazón sonrió tétricamente e invocó en su mano derecha los que parecía su antigua espada. Un halo oscuro invadió su arma y convirtió le hermosa hoja blanca y azul en una tétrica hoja oscura.
-Dejádmelo a mí –Riku avanzó hasta ponerse entre el sincorazón y sus amigos.
-¡Riku! –replicó al instante Kairi.
-Lo siento- respondió- pero le hemos perdido.
Y sin decir una palabra más, Riku se lanzó al ataque.
Pero Alex había cambiado. Tenía el poder de un incorpóreo, tenía el poder de un corazón lleno de luz… y tenía el poder de un sincorazón.
Sin demasiado esfuerzo, el nuevo sincorazón bloqueó el ataque de Riku, giró sobre sí mismo, y agarró a su víctima por el brazo antes de que esta pudiese hacer nada.
Riku intentó zafarse desesperadamente, pero su enemigo era más rápido de lo que él creía; Con un brusco movimiento, Alex tiró a sus pies a Riku; el sincorazón era más rápido de lo que todos creían.
La espada atravesó limpiamente el pecho de Riku.
No hubo sangre, solo oscuridad.
Del pecho y de la espada comenzó a emanar un halo oscuro que consumió al joven mientras gritaba. No era la primera vez que Riku sentía como la oscuridad se apoderaba de él, no era la primera vez que notaba aquél gélido silencio en su corazón pero aquella vez, no fue como las anteriores.
La oscuridad le rodeó, le ató, dejó de sentir alegría, dejó de sentir felicidad y durante un instante, antes de que le consumiera por completo, fue capaz de sentir lo que aquél joven había estado sintiendo toda su vida.
-¡NOOO! –Sora no podía dar crédito a sus ojos. Delante suya, su mejor amigo acababa de desaparecer. Todo fue muy rápido: Intento atacarle, Alex le contraatacó, y en menos de 3 segundos, una masa oscura le había rodeado haciéndolo desaparecer como si nunca hubiese estado allí.
Sora perdió el control. Como un poseso se lanzó contra el nuevo sincorazón con la única intención de matarle. Le daba igual lo que Kairi sintiese por él, le daba igual las palabras que había escuchado anteriormente. Con o sin corazón ese monstruo pagaría lo que había hecho.
Al ver a Sora corriendo hacia él, el sincorazón de Alex sonrió tétricamente mientras daba un golpe seco al aire con la mano derecha.
La oscuridad invadió toda la sala.
Sora paró en seco al ver que su enemigo había desaparecido. Allí estaba, rodeado de una oscuridad infinita a solas con Kairi, pero aquello solo duró unos instantes.
La oscuridad desapareció por completo dejándoles en un lugar completamente diferente del que habían salido. Ya no se encontraban en aquella sala blanca donde había perdido a su mejor amigo. Ahora, de nuevo se encontraba en la plazoleta de aquel cálido pueblo donde Alex había vivido una vez.
«Villacrepúsculo…»
Miró a su alrededor en busca del sincorazón; pudo ver a niños jugando, ancianas comprando y algunos otros trabajando, como si nada malo estuviese ocurriendo.
-Kairi… -Sora se giró hacia su amiga.
Kairi estaba en shock. No podía creer todo aquello, como de un momento a otro todo había desaparecido para ella, como acababa de perder a 2 personas tan importantes para ella.
-Sora… -dijo entre sollozos.
Pero un fuerte ruido la interrumpió.
Sobre ellos, la enorme y orgullosa torre del reloj de Villacrepúsculo comenzó a arder. Una explosión a medio nivel de la misma provocó que comenzara a arder y que pocos segundos más tarde la parte superior cayera sobre la estación.
-Alex –dedujo Sora mientras miraba aquella horrible escena.
Y la gente del pueblo ya no actuaba con tanta tranquilidad. Los niños comenzaron a correr a sus casas, las ancianas miraban aterradas la torre ardiente y los adultos corrían hacia la escena para intentar ayudar.
Sora intentó pensar donde podría estar Alex «¿Tal vez en su casa?»
-Kairi, no te muevas de… -Sora calló inmediatamente al vez aquellas conocidas figuras de oscuridad emanar de todas partes.
Los sincorazón estaban apareciendo por todas las paredes, tejados y suelos. De todos los tipos y tamaños aquellos soldados de la oscuridad comenzaron a atacar a los ciudadanos.
-¡Maldito monstruo! –vociferó Sora al ver la masacre-. ¡Tenemos que detenerle!
Así pues, el portador de la llave espada comenzó a correr a toda velocidad atravesando las calles de aquel pueblo mientras intentaba salvar como podía a tantas personas como podía, mientras Kairi corría detrás suyo.
-No puede ser él –Kairi se paró en seco-. Él quería a esta ciudad más que nadie.
Sora miró a su alrededor. Ciertamente aquello no parecía ser obra de Alex: La gente gritaba mientras eran atacados por los sincorazón, los edificios eran consumidos por las llamas mientras sus habitantes huía hacia los sincorazón y el crepúsculo del horizonte que una vez fue tan cálido y relajante se había convertido en un frió y triste paisaje.
-No importa quién sea, Kairi. Voy a detenerle… aunque me odies por ello.
La joven miró hacia otro lado evitando la mirada de su amigo y al hacerlo, vio algo que hizo que su rostro palideciese.
En una pequeña plaza, sobre ellos, pudieron ver a sus amigos Pence, Olette y Hayner andando lentamente hacia atrás mientras intentaban huir de un Alex armado.
Desde aquella distancia, poco podía hacer Sora, ni siquiera podía escuchar lo que decían, solo ver lo que pasaba mientras intentaba correr hacia ellos.
Parecía que Olette intentaba disuadirle con palabras mientras Pence se ponía delante suya para protegerla. Hayner, en cambió se lanzó para darle un puñetazo, por supuesto, en vano. Con un simple movimiento, Alex agarró el brazo de su antiguo amigo, hizo que girase sobre sí mismo y sin pensárselo dos veces, la atravesó de la espalda al pecho con su hoja.
Ahora Olette lloraba y Pence se petrificaba mientras Hayner era consumido por la oscuridad.
Alex dio un salto, ensartó a Pence y con su mano izquierda desarmada, lanzó una llama de oscuridad que acertó de lleno a Olette.
Segundos más tarde, los tres amigos fueron consumidos.
Sora llegó tarde, pero llegó.
Con la llave espada enarbolada, lanzó un poderoso ataque vertical que el sincorazón de Alex bloqueó y utilizó para enviar a su contrincante por los aires.
Sora aterrizó satisfactoriamente junto a Kairi ayudándose de las manos y los pies. Levantó la vista hacía donde se encontraba Alex y descubrió que allí ya no había nadie.
-¡Sora! –le advirtió Kairi.
A su espalda, con la espada bajada y una mirada silenciosa, se encontraba su adversario.
Sora le examinó detenidamente. Su pelo, antes entre castaño claro era ahora de un color mucho más oscuro; sus ojos, anteriormente azules y llenos de vida, ahora no eran más que dos brillantes luces carentes de sentimientos; y su piel, que siempre había sido blanca y rosada, ahora eran de un color moreno que le recordaba a un viejo enemigo.
A su alrededor los gritos dejaron de sonar, pues ya no quedaba nadie para gritar; las llamas comenzaban a alzarse más fuertes que nunca, pues ya no quedaba nadie para apaciguarlas; y los sincorazón se comenzaban a alejar, pues sabían que estaba a punto de comenzar una dura batalla.
Sora miró a de reojo a su espalda para cerciorarse de que Kairi estaba bien. Y lo estaba, o al menos todo lo bien que puedes estar después de perderlo casi todo.
-¿Ya no tienes alas? –preguntó burlón Sora. La última vez que vio a Alex, a su espalda llevaba dos alas negras compuestas por lo que parecía un humo denso y oscuro.
La criatura no respondió. Y tampoco es que Sora esperase que lo hiciese, así que se lanzó al ataque.
Con el arma agarrada con ambas manos y apuntando a su adversario, el joven portador de la llave espada corrió hacia él.
Ambas espadas chocaron, Sora retiro la suya y contraatacó rápidamente, pero Alex no era más lento y supo cubrirse de nuevo. El portador de la legendaria arma giró sobre sí mismo para coger potencia y volvió a golpear duramente la defensa de su adversario, quien se vio ligeramente superado. El sincorazón cedió rompiendo su defensa y abriendo una apertura para su rival, quién golpeó salvajemente en un corte ascendente en el pecho de Alex.
El oscuro ser supo recuperarse de la caída rápidamente.
-Déjalo Alex. Vamos, vuelve a ser tú –Sora aún tenía fe en que quedara algo de luz en aquel ser.
Pero no parecía ser el caso.
Las dos alas negras de oscuridad volvieron a aparecer en la espalda de Alex. Las estiró y empujándose con su poder se deslizó por el suelo rápidamente hasta su contrincante.
Sora contraatacó, con un fuerte tajo intentó golpear el lugar donde calculó estaría su enemigo unas decimas de segundo más tarde. Pero los cálculos le fallaron. Cuando solo se encontraba a unos 2 metros de él, Alex desapareció en un solo instante, provocando que la legendaria arma golpeara contra el suelo.
Sora miró a su alrededor un instante en busca de su enemigo a quien encontró a pocos metros sobre él. Con un ágil movimiento, Sora rodó por el suelo evitando el ataque en picado de su alado enemigo. Al chocar la oscura espada contra el suelo, a causa probablemente del poder de la oscuridad, un rayo del cielo golpeó justo en el mismo punto donde Alex acababa de fallar el golpe.
De nuevo se encontraban cara a cara y a unos metros, ambos en guardia.
-¡Alex! ¡Para por favor! –ni las súplicas de la chica de sus sueños sirvieron para aplacar al sincorazón. Ya poco de Alex quedaba en él.
Ambos luchadores volvieron a la batalla.
Nuevamente comenzaron una serie de golpes y bloqueos decorados por magistrales fintas y ágiles florituras por parte de los dos.
Sora dio un pequeño salto para acompañar su próximo golpe con la ayuda de la gravedad mientras Alex colocaba su espada en posición horizontal sobre él sujetada con ambas manos.
Las armas chocaron de nuevo pero esta vez Alex liberó su mano izquierda de la defensa mientras giraba sobre sí mismo y dejaba caer su espada.
Ahora se encontraba pegado a Sora, con la llave espada apuntando al suelo, a su espalda y su mano izquierda preparada para el ataque. Con una fuerte descarga, el pecho de Sora salió disparado de la mano de Alex, quien no se movió ni un milímetro.
El cansado héroe se reincorporó y miró a su enemigo: Sostenía en la mano izquierda lo que parecía un pequeño fragmento de luz rodeado de oscuridad.
«¿Mi corazón?» Durante un instante Sora temió convertirse en lo mismo que aquella criatura alada, pero al instante comprendió que lo que sostenía en su mano no era su corazón, sino algún tipo de extracto del mismo.
Alex cerró la mano de un golpe provocando que el fragmento desapareciera al instante.
Como la vez anterior, el sincorazón se impulso con el poder de sus alas hacia Sora, pero esta vez hubo algo diferente. A cada metro que se deslizaba mediante el poder de la oscuridad, un rayo caía del cielo e impactaba tras él, como si fuese una estela.
El golpe fue brutal. Sora consiguió defenderse del golpe de la espada, pero no tuvo tanta suerte con el poderoso rayo que le seguía. Salió disparada de nuevo hacia atrás, hacia una pared, pero el portador de la llave espada llevaba ya demasiadas batallas a su espalda como para dejarse sorprender con aquel tipo de trucos.
Al llegar a la pared, con gran agilidad, Sora recuperó el equilibrio y pudo posicionar sus piernas flexionadas justo para poder darse impulso contra el muro.
Y así lo hizo. Su enemigo no pudo reaccionar a tiempo.
Con fuerza, Sora golpeó a su contrincante quien, bastante herido cayó de espaldas contra el suelo.
El joven portador supo que aquél era un buen momento para decirle algo a su adversario, pero ¿Qué le podía decir? Al fin y al cabo, aquel enemigo no parecía más racional que cualquier otro sincorazón.
Alex se incorporó y una vez más, sonrió.
«Cualquiera diría que esto le gusta» Pensó Sora.
El sincorazón volvió a alzar la mano izquierda, generando en su palma, el mismo fragmento que unos instantes antes había hecho desaparecer.
La oscuridad brotó bruscamente del fragmento y comenzó a rodearlos a los tres. Asustado, Sora sacó fuerzas de donde pudo abrazó a Kairi, para protegerla de lo que pudiese pasar.
Pero una vez más la oscuridad se disipó dejando a su alrededor un lugar diferente.
Desconfiadamente Sora miró a su alrededor para identificar aquel lugar.
No le llevó ni un instante.
Las islas del destino. Su amado hogar, el lugar que tanto tiempo llevaba buscando, el lugar donde residían sus propios sueños… Al fin había regresado, pero de qué forma…
De repente Sora sintió un nudo en el estómago. Recordó lo que Alex le había hecho a Villacrepúsculo y observó a su alrededor.
-No… ¡No voy a dejarte destruir este lugar! ¿¡Me oyes!?
El sincorazón no respondió. Simplemente le miró, impasivo, como si con su silencio intentara decir algo.
Le dolían las manos, los pies le pesaban y sentía rozones por todos los muslos. El famoso héroe estaba agotado y magullado y cada respiración le producía un agudo dolor pero aun así no podía permitir que su hogar fuese destruido.
Sora perdió el norte, la ira le llenó y se lanzó como un poseso contra su adversario.
Kairi, su isla, sus amigos, los mundos… Sora luchaba por todo aquello, luchaba por protegerlo a todo y a todos. Sin él, todos peligraban; sin nadie que luchara contra los sincorazón la oscuridad podía engullirlo todo y sin alguien que la protegiera, Kairi estaría indefensa.
Y tal vez por eso la sensación de la fría oscuridad atravesándole el pecho le dolió aún más.
Tardó un instante en comprender que había ocurrido. Se había lanzado contra Alex, arma en ristre apuntando el corazón pero el sincorazón había sido más rápido: Con un simple gesto evitó el golpe fatal mientras con ambas manos perforaba su pecho.
Sora no podía creérselo, no podía terminar así.
Los dedos dejaron de responderle haciendo caer la llave espada quien al tocar el suelo se convirtió en un millón de estrellas.
Alex retiró bruscamente su espada del pecho de su rival haciéndole caer de rodillas.
Sora sintió el frío y cálido abrazo de la oscuridad rodeándole poco a poco, naciendo de su pecho y consumiéndole entero. Con sus restantes fuerzas se giró sobre sí mismo buscando la mirada de Kairi. No la encontró pero sí pudo escuchar su grito:
-¡SORA!
Su último pensamiento fue para ella.
Kairi se dejó caer en la arena. Al ver desaparecer a Sora tras un halo oscuro perdió las fuerzas.
-No…
Alex se acercó hacia ella.
Al verle, Kairi entró en un pánico silencioso. Se incorporó y comenzó a correr de forma instintiva aunque no sabía por qué. Ya no le quedaba nada.
Unos instantes más tarde se dio cuenta de que no tenía salida. Se había metido en aquella cueva secreta de la isla que tanto quiso en su infancia. Un buen lugar para acabar.
Unos pocos segundos más tarde apareció su ejecutor. Con la mirada vacía y andares tranquilos, lo que quedaba de Alex apareció en la boca de la cueva.
Kairi se giró para mirarle a la cara, se apoyó en la pared de más al fondo y se dejó caer hasta sentarse en el suelo.
Era extraño pero no lloraba, le miraba casi como cuando entraba por la puerta de su casa cada tarde: con unos ojos preciosos y llenos de luz. Aquel ser era ahora todo lo que le quedaba.
Alex se acercó hasta situarse a poco menos de un metro de ella y sin alterar el rostro comenzó a enarbolar su espada para ejecutar el golpe final.
Y de repente una ráfaga de imágenes apareció en la mente del sincorazón.
Eran imágenes tristes, muy tristes. Imágenes de un chico solo en una habitación, de un chico mirando esperanzado al cielo, de un mundo aburrido y cruel.
La ráfaga de imágenes pasó en un solo instante, pero antes de que el sincorazón pudiese reaccionar, otra ráfaga apareció ante él.
Esta vez las imágenes eran muy diferentes: era el mismo chico, pero ahora estaba feliz. Estaba rodeado de amigos en una torre de reloj, jugando con ellos en la playa, abrazando a una hermosa chica, mirando el crepúsculo con el rostro iluminado… Pero sobretodo vio imágenes de Kairi: Al despertarse, preparando la comida, yendo al instituto o incluso durmiendo.
El sincorazón gruñó. Comenzaba a sentir algo en su interior, tal vez luz, una luz procedente de la chica que tenía delante y no lo podía permitir.
Fuertes rayos emergieron del oscuro ser mientras gritaba casi agónico hacia el techo.
Bruscamente levantó su arma una vez más y con fuerza la clavó en su objetivo.
Kairi cerró los ojos al ver como Alex comenzaba a gritar y al hacerlo, en la oscuridad escuchó el inconfundible sonido de la espada de Alex al atravesar a alguien.
Ante ella se alzaba una vez más Alex. Aquel divertido joven con los ojos azules y llenos de vida que acababa de desaparecer. Aquel chico que tanto la había enamorado y por quien se despertaba cada mañana.
Si, ante Kairi estaba una vez más él. Con su mirada triste, su labios sonrientes… y su espada atravesándole el pecho mientras caía de espaldas.
Justo cuando comenzó Alex a caer, instintivamente Kairi se levantó para intentar ayudarle, pero no llegó a tiempo.
Y en cuanto el cuerpo de Alex tocó el suelo, millones des halos blanco y luminosos comenzaron a emanar de él llenando toda la estancia, llenándolo todo.
Kairi se arrodillo precipitadamente hacia él observando la terrible herida. Donde espada y cuerpo se juntaban no había carne y sangre, ni tampoco oscuridad. Sino luz. Una luz pura y alegre que comenzaba a inundar la estancia entera.
-Alex…
De la espalda del joven aparecieron etéreas dos preciosas alas blancas que se alzaron y desaparecieron en otro estallido de luz.
Y millones de imágenes pasaron ante Kairi:
Vio la muerte de Sora, y la de sus amigos. Vio la transformación de Alex y su reaparición. Vio el día que llegó Sora y el día que besó por primera vez a Alex, cuando le abrazó por primera vez, cuando le conoció…
Ante ella pasaron los últimos meses de su vida, pero hacia atrás, como una cinta al rebobinarse.
Y a su lado, clavada en el suelo apareció la mítica llave espada.
-Kairi… -Alex le acarició el rostro.
-¡Alex! –pese a todo, Kairi no pudo evitar alegrarse de oír su voz.
-Perdóname, Kairi, yo…
"No pasa nada, no te preocupes" –le hubiese gustado decir, pero sería una terrible mentira, sí que pasaba, por mucho que quisiese a Alex, lo que había hecho era imperdonable.
-Ahora no pienses en eso…
Fue entonces cuando Kairi se dio cuenta de algo. A su alrededor estaba ocurriendo algo extraño, era como si todo hubiese desaparecido. Las piedras y la arena seguían allí, sí, pero sentía como si no fuesen reales, como si fuesen parte del recuerdo de un sueño. De alguna forma, sentía que en aquel momento solo existían ellos dos.
-Pero no te preocupes –comenzó a decir Alex- Arreglaré lo que he hecho.
Kairi le miró sin entenderle. Alex miró hacia la llave espada.
-He hecho otro trato… con ella. Ciertamente Sora no conocía ni la décima parte de su poder…
-¿De qué hablas?
-La llave espada… es la llave a todos los mundos… incluso la del tiempo. Hemos hecho un trato: Ella cerrará esta puerta y abrirá la del día en el que acepté el pacto con Xemnas, el día que comenzó todo esto… Y podré evitarlo.
-¡No! –replicó ella- ¿Por qué no abre la de hace apenas una hora y seguimos desde ahí?
-Porque entonces yo no recibiría ningún castigo por todo esto… Ese es el trato.
-No quiero perderte… -Lo que más ansiaba Kairi en aquel momento era recuperar todo lo que acababa de perder, pero aun así la idea de no volver a ver a Alex…
-No me perderás… no exactamente. Simplemente… no me recordarás. No nos conoceremos y no puede perder algo que no conoces.
Por el rostro de Kairi aquella idea le parecía incluso peor.
-Pero… -no sabía que replicar.
-Por otro lado yo si lo recordaré todo… recordare lo que es ser feliz mientras vivo en un mundo en el que no puedo serlo. –una triste sonrisa apareció en sus labios-. Ese también es mi castigo.
-Volveremos a vernos, no lo dudes. -Kairi le acarició el rostro.
-Por supuesto. ¡No olvides que tengo una pelea por ti con Sora! -Esta vez la sonrisa de Alex fue de verdad.
Todo comenzó a agitarse bruscamente de nuevo. El momento había llegado y apenas le quedaban unos segundos. Había mil cosas que le querría haber contado a Kairi pero no disponía del tiempo así que antes de que todo desapareciera decidió decirle algo que lo resumiera todo: Te quiero… y te querré aún más.
Y de nuevo oscuridad.
«¿Por qué siempre estoy cayendo? ¿No hay suelo o qué?»
Todo a su alrededor era silencio. Un terrible silencio que poco a poco le apartaba de sus sueños.
«Tal vez aún puedas oírme de alguna manera Kairi… si es así…»
Pese a todo el tiempo que había estado con Kairi había algo que aún no le había dicho. Nunca le había comentado como cada tarde, miraba al cielo del atardecer y rezaba aquellas palabras que él mismo había creado solo para ella:
"Sueño contigo cada día y ansío el momento en el que pueda estar junto a ti.
Aunque no sé dónde, yo afirmo tu existencia
y junto a la tuya la de mi felicidad.
Porque daré mi cuerpo, mi mundo y mi corazón
para reunirme contigo y destruiré a aquel que me lo niegue.
Tu eres la razón de mi existencia y mi objetivo
y por ello, sueño contigo".
Se quedó un momento pensativo. «No… no son las palabras correctas…» Y ante él, de alguna manera sintió como la luz transformaba sus palabras:
"Pienso en ti, donde quiera que estés,
Rogamos para que terminen nuestros pesares
Y nuestros corazones se unan
Ahora me pondre en marcha para cumplir ese deseo.
Y ¿Quién sabe?
Quizas no sea tan arduo emprender el viaje
O quizas ya haya comenzado...
Son muchos los mundos
Pero todos bajo un mismo cielo
Un Cielo, Un Destino."
Y de nuevo todo apareció de nuevo a su alrededor. Y allí estaba en su clase, a la que había llegado siguiendo a un sincorazón, en mitad de la noche con aquel incorpóreo observándole:
-¿Ni siquiera por ella? –preguntó Xemnas.
Alex se paró en seco.
-" Daré mi cuerpo, mi mundo y mi corazón…"
-¿Qué tiene ella que ver en todo esto? –Dijo Alex recordando la expresión que puso la primera vez.
-Ya te lo dije, si aceptas, podrás viajar a otros mundos. Y, ¿No eres tu quien tanto reafirma su existencia?
-Me estas pidiendo que, a cambio de un único sueño destruya millones de otros sueños, destroce la felicidad de miles de personas y sacrifique un mundo tan amplio como este. Todo eso, simplemente por una chica…
Alex sonrió fríamente y continuó:
-Búscate a otro.
El incorpóreo no discutió más.
-Te arrepentirás.
Y tras decir esto, Xemnas desapareció tras él.
-Ya lo hago… -respondió al silencio.
Alex no sabía qué hacer en aquel instante. Supuso que lo mejor sería regresar a casa o tal vez…
Un temblor interrumpió sus pensamientos.
«¡Oh! Venga, ¿Y ahora qué?» A su alrededor la oscuridad comenzó a engullirlo todo… y a él.
Y antes de que pudiese reaccionar, gritar o cualquier cosa, una intensísima luz le cegó.
