Capítulo 4

"Residentes"

Chris Redfield y Leon Kennedy corrían por los oscuros pasillos subterráneos, habían pasado la fachada de los laboratorios y las oficinas, y claro algunos de los zombis de menor peligro. Lo peor estaba escondido bajo tierra, tras esas celdas de oxidadas rejas y poca luz, que para colmo, parpadeaba en los momentos más inoportunos.

CHRIS: Wesker. ¡No huyas maldito!

LEON: Se fue por acá.

WESKER: (risas) Nunca me atraparán.

Wesker entró por una puerta de seguridad que se cerró tras él.

CHRIS: No escaparas. Te mataré de una vez y para siempre. Debe haber alguna forma de alcanzarlo.

LEON: Como siempre, por la ruta más larga.

CHRIS: Y llena de monstruos.

LEON: Exacto.

Después de aniquilar a todos los enemigos, llegaron a una zona invadida por plantas secas y unas gigantescas raíces, que habían derribado el suelo.

CHRIS: No podemos seguir. El otro extremo está demasiado lejos. Tendremos que escalar hacia abajo por estos tallos. Serán tres o cuatro pisos. Allí hay una puerta que nos sacará de aquí.

LEON: Chris, cuidado, la planta se mueve. ¡Chris!

La planta reaccionó retorciéndose con fuerza y Chris estuvo a punto de caer, pero Leon se lanzó y lo alcanzó a sujetar de la mano.

LEON: te tengo.

CHRIS: Gracias amigo, te debo una.

LEON: Me debes muchas, pero estamos a mano. Ahora trata de subir.

CHRIS: No puedo. La planta me tiene amarrado con sus raíces.

LEON: Le dispararé. Así te soltará.

Se escuchó el sonido de una de las puertas electrónicas abriéndose, y del otro lado del largo corredor, apareció el Tyrant, acercándose lentamente.

CHRIS: Leon, detrás de ti.

LEON: que carajos…

CHRIS: Suéltame.

LEON: No.

CHRIS: Entonces nos matará a los dos.

LEON: Mierda.

CHRIS: ¡Sálvate Leon!

LEON: Vamos a saltar.

CHRIS: ¡Qué! ¿Estás loco?

LEON: Mira esos tubos. Si llegamos a ellos, podremos bajar.

CHRIS: No somos unos pinches gimnastas.

LEON: Hemos salido de cosas peores que unos cuantos metros.

Los dos se miraron fijamente a los ojos, y recordaron todas las grandes hazañas que habían logrado en sus aventuras, y por un momento, sintiendo cada uno la fuerte mano de su otro amigo, no hubo miedo, ni dudas.

CHRIS: Es cierto. Hagámoslo. Confío en ti.

LEON: Uno…

CHRIS: Dos...

Al decir tres, Leon descendió por el cuerpo de Chris. Al quedar colgado, se empujó de la pared con las piernas, y al alcanzar buena distancia, disparó a la planta y liberó el brazo de Chris. En ese momento exacto, Leon usó toda su fuerza para jalar a Chris, quien gracias al impulso de su compañero, pudo correr un tramo por la pared, después saltó lo más lejos que pudo, y logró alcanzar el otro extremo del piso, justo arriba de los tubos.

LEON: Lo logramos.

CHRIS: Ahora te toca a ti. ¿Preparado?

LEON: Sí.

Chris se soltó y Leon se colgó de uno de los tubos con su mano libre. Después se columpiaron usando sus piernas y finalmente ambos se lanzaron hacia el frente, sin soltarse de las manos, hasta que aterrizaron con un giro, en el estrecho pedazo de piso que quedaba junto a la puerta.

Los dos sonrieron y con alegría se abrazaron. De pronto escucharon al Tyrant rugir y vieron como usó su ataque de gran velocidad, con las garras por delante, pero antes de que pudieran reaccionar, el vórtice luminoso apareció bajo sus pies, y los absorbió a los tres.