Capítulo 6

"Transilvania"

Esa noche la luna se veía tan roja que parecía de sangre. Por el sinuoso camino al castillo de Drácula, Simon Belmont eliminaba, con su látigo, murciélagos y otros monstruos pequeños. De pronto, escuchó pasos que se acercaban lentamente.

BELMONT: ¿quién es? muéstrate.

ALUCARD: Mi nombre es Alucard.

BELMONT: ¿Alucard? soy yo, Simon Belmont.

ALUCARD: ¿Simon? te ves tan diferente, ¿qué le pasó a tu cabello?

BELMONT: Sí, ahora es rojo.

ALUCARD: Muy rojo.

BELMONT: Tú también te ves diferente.

ALUCARD: Sí, ha pasado tiempo desde aquella vez que derrotamos a mi padre.

BELMONT: Pensé que había terminado y que no te volvería a ver.

ALUCARD: Yo también. Pero la maldición de Drácula nunca terminará. Ha vuelto a la vida, más pronto de lo que creí.

BELMONT: Esa es la razón por la que he venido. ¿Y tú?

ALUCARD: La misma. Siempre que Drácula regrese, habrá un valiente que luche por la humanidad.

BELMONT: Haré que esa sea la misión de mis descendientes.

ALUCARD: Me alegro de escuchar eso. Estaba algo preocupado por ti.

BELMONT: ¿por mí? pues ya ves que derroté a tu padre y sobreviví.

ALUCARD: En el castillo escuché unos extraños rumores, pero, ya hablaremos de eso después. Quiero preguntárselo a mi padre en persona.

BELMONT: ¿sigues estando de nuestro lado? , ¿Verdad?

ALUCARD: Por supuesto. Si pudiera eliminar la mitad vampírica de mi ser, lo haría.

BELMONT: Es muy noble lo que haces. Desafiar a tu padre y ayudar a los humanos que mataron a tu madre.

ALUCARD: Los años ayudan a olvidar.

BELMONT: Quiero que sepas que cuando acabemos con Drácula, no tienes que desaparecer. Tienes en mí a un amigo y una familia. De hecho quisiera pedirte que cuando yo muera, tú te encargues de que estén preparados para cuando reviva.

ALUCARD: Te lo agradezco, pero no es una buena idea.

BELMONT: ¿por qué no?

ALUCARD: Yo...

Unas risas malévolas se mezclaron con el viento, llenando el ambiente.

BELMONT: Es la muerte.

MUERTE: Su viaje termina aquí.

ALUCARD: Está derrumbando el puente. Corre o no podremos llegar al castillo.

Corrieron deprisa por la desquebrájate estructura, hasta que terminó de colapsarse, y no tuvieron otra opción que saltar. Hubieran podido llegar al final del puente, pero una grieta luminosa se abrió en el aire, y se interpuso entre ellos y el suelo. Ambos entraron en ella y desaparecieron, después de eso, la fisura se cerró. La muerte, que volaba y ya estaba preparada para atacar, se quedó inmóvil y desconcertada, en ese completo silencio.