RED

Había tenido dolores de todos los tipos , desde los que te provocan las vacunas y los que te provoca un parto hasta los que te producen cortarte con una hoja.
Pero nunca había sentido un dolor tan profundo como ver la mirada de tristeza que Rachel le había dado hace unos segundos atrás.
¿Como podía haber sido tan cruel como para tratarla de esa manera tan cortante y mordaz?

No tenía respuesta, se había quedado muda y se sentía decepcionada de si misma.
Intentó olvidarse de todo por un rato, por lo que junto con Kurt y otras Cheerios decidieron ir de compras al centro comercial de Ohio.

Quinn lograba sentirse a gusto con sus compañeras , y más aún con la compañía del chico ,quien se creía que estaba en "El diablo viste de Prada".
La gente miraba al séquito de porristas, desplazarse con elegancia por las varias tiendas que encontraban a su paso.
Cantidades industriales de prendas y en el caso de Kurt ,cremas , llenaban el auto de Quinn y el de el chico.
-Hablemos de puntajes- dijo una de las porristas.
Todas las chicas estaban en la casa de Kurt , comían ensaladas y se hacían mascarillas de barro para rejuvenecer sus ya juveniles rostros.
-Yo empiezo- grito Kurt emocionado- Noah Puckerman-
Todas se miraron y rieron
-Creo que se merece un seis y medio ,quizá un siete, pero nada más- opinó Caroline la más pequeña del grupo.
Quinn pinchó un trozo de lechuga y rió ante el comentario.
-Voy yo - anuncio la capitana- Quiero reírme … Finn Hudson- todas carcajearon incluido Kurt quien choco las manos con las de Quinn.
-Cero, no merece nada… ¿Alguna ha notado que necesita sostén?- criticó Susan desde un sillón.
-Y que dicen de el nuevo ¿Evans?- cuestiono Kurt con sorna hacia la rubia
Quinn se sonrojó y todas rieron entre bromas.
-Quiero decir ,en defensa, que es un muy buen amigo- lo miró asesinamente, pero el chico no retrocedió.
-Te quiere en su cama Fabray- le alcanzo a susurrar.
Todo el día, encerrada en su cuarto.
Cantando cada canción que su IPod decidía reproducir aleatoriamente.
No podía olvidar el trato que Quinn le había dado, la mirada fría que le otorgó y como le habló.
Le había dolido.
Le había dolido y había llorado sin parar en cada canción.
Agradeció haber comprado hace semanas atrás el nuevo CD de Taylor Swift ,Red.
Cuando escucho Red sintió un escalofrío recorrer su diminuto cuerpo, pero no se comparó en nada cuando los versos de All too Well la abrazaron hasta asfixiarla.
Es tan típico escuchar música triste sólo para sentirse peor y eso que se los digo yo desde el lugar de escritor omnisciente.

Tres certeros golpes en la puerta y la cabeza de Leroy asomándose.
-Hija ,¿Podemos hablar?- Rachel asintió y le hizo un lugar en la cama para que se sentara.
Pasaron unos segundos, incómodos para Rachel y odiosos para Leroy.
-¿ Quieres decirme que es lo que sucede en esa cabecita?- le acaricio el cabello y Rachel saco la cabeza de la almohada para luego abrir los ojos, dejando a su padre con la boca abierta.
El hombre cuidadosamente observó los enrojecidos ojos de su pequeña y limpio cada una de sus lágrimas.
La miro unos segundos divagando en esa mirada almíbar y con una cinta le ató un rodete en el cabello.
Rachel se aferró al pecho de su padre y lloro , lloró sin parar, deteniéndose para respirar ,sólo para llenar sus pulmones de aire.
-¿Qué te han hecho mi niña?- susurro Leroy cuando su hija detuvo el llanto.
Limpio sus lágrimas y suspiro reiteradas veces antes de contestar.
-Quinn - murmuró sollozando de nuevo- Me odia - exclamó enojada.
El hombre la miró y negó moviendo la cabeza de lado a lado.
-¿Cómo es posible que esa chica te odie si hace ayer vino a cuidarte?- cuestiono mirando a su princesa.-Te quiere y lo sabes … hasta te ha traído de esos dulces que sólo venden en el otro lado de la ciudad.- gesticulo divertido.
-Hoy … ella me trato horrible y me miró como lo hacía al principio , sólo que ahora no fingía-
Suelen decir que hay muchas formas de descargar las emociones acumuladas en nuestro pecho.
Algunas personas suelen golpear cosas hasta destrozarlas por completo ,otros hacen ejercicio hasta quedarse sin energías y solo unos pocos lloran, lloran como niñitas de cinco años cuando se hacen su primer raspón.
Y personalmente creo que nuestra querida Rachel Berry pertenecía al cerrado grupo de los llorones.
Por lo que lloró y lloró toda la noche.
Lloró por ser una estúpida, lloró por el trato que tuvo Quinn, lloró por los recuerdos que le propinaban golpes y patadas y lloró por llorar.
Miró el reloj ubicado en la pared y suspiro como ya era de costumbre.
Estaba rodeada por siete porristas y un genio de la moda, pero aún tenía energías de sobra.
Todas habían dormido en la casa de Kurt y los colchones en el suelo eran la prueba de aquello.
Se levantó sin esfuerzo y se acercó al chico para avisarle que saldría un rato.
El "Mmm" que soltó Kurt le basto para marcharse.
Once y media de la noche y Quinn Fabray salía a correr por la oscura ciudad.
Ohio era una ciudad bastante tranquila ,no tenía muchos habitantes y se podía salir a cualquier hora.
Corrió sin para y no le costó llegar a un parque bastante alejado de la ciudad.
No solía tener miedo a nada ,aunque a veces fingía tenerlo porque Rachel amaba que ella escondiera su cara en su cuello.
Rachel.
Ahí estaba otra vez colándose en sus pensamientos ,¿Era necesario relacionarla con cada cosa que le sucedía?
Claro que era necesario relacionarla, si todo lo que hacia era para escapar de ella.
Había pensado mil maneras de olvidarla, ¿Alcohol?
Ella no bebía ¿Drogas? Ella no se drogaba ¿Acostándose con cualquiera? Ella no hacía eso.
Miro todo a su alrededor y pudo ver al parque totalmente desolado y ella por primera vez se sintió en igualdad de condiciones.
Abandono su posición sobre el banco y por inherencia bajo hacia la calle de en donde vivían los Berrys.
Acelero el ritmo de su caminata y se enfrentó al balcón de Rachel, le sorprendió que la luz aún continuara encendida pero aún lo hizo más ver que dentro de la habitación había movimiento.
Podía escuchar la voz de la chica salir en majestuosas palabras y también pudo sentir que estaba llorando.
Quizá si la situación hubiera sido otra, Quinn ya se habría colado por el balcón y estaría dentro de la cama con la diva.
Pero no.
Quinn Fabray no lo dudo y sin meditarlo dio media vuelta y regresó a su casa. Pronto se encargaría de avisarle a Kurt que no volvería.
Nunca llegaba tarde a clases , era algo así como cavar su propia tumba cuando lo hacia.
Había un largo protocolo a realizar antes de bajar a desayunar.
Primero se levantaba cuando el despertador marcaba las seis en punto, estiran su cuerpo de una manera muy extraña y con los ojos aún cerrados se colocaba las pantuflas de elefante que su tía Polly le había regalado cuando vino de visita.
Montaba la escaladora y durante treinta minutos subía y bajaba mirando una fotografía de su mayor inspiración.
Un baño reparador para luego volver a enjuagar su rostro y aplicar una importante cantidad de crema a sus piernas.
Aquella rutina era un tanto extraña, pero si la comparábamos con la exfoliación facial de Kurt ,tenía mucho que envidiarle.
-Papá- beso la cabeza de Hiram mientras este leía el diario con una mueca en su rostro.
-Papi- imito el gesto anterior y tomo asiento en una banqueta al rededor del desayunador.
Dio un sorbo a su café y mordió una tostada, para luego con la boca llena anunciarle a sus padres que volvería más tarde.
-Barbra ¿A dónde están tus modales?- la reto Hiram con la mirada acusadora.
Leroy rió y Rachel se encogió de hombros dando otra mordida a la tostada mientras miraba lo que había en la ventana.
-¿Ustedes la conocen?- señalo a la calle donde una señora se acercaba a su casa.
El timbre sonó y Leroy se levantó para atender a la mujer.
-Buenos días Señora Tasquil-
Rachel casi muere de la risa con el apellido de la señora ,pero contuvo la gran carcajada que se avecinaba y se acercó a la puerta-
-Buenos días Señor Berry ¿Cómo esta?- pregunto la señora
- Bien gracias y ¿usted?-
-Estoy bien pero no voy a mentirle estoy preocupada- dijo la mujer apenada mientras sostenía un asqueroso caniche en sus regordetes brazos.
-Cuénteme que sucede- rogó Leroy, las ancianas con su dramatismo lo sacaban de quicio.
-Bueno vera … - hizo una pequeña pausa y se tocó la barbilla- el miércoles ,cerca de las cuatro para ser más precisos, vi como una jovencita se colaba por la ventana mientras subía con un bolso- Leroy contuvo la risa ante la extraña preocupación que mostraba la señora Tasquil - Y pues verá yo pensé que era una ladrona… Usted sabe como está la seguridad hoy en día- sentenció la pobre ancianita.
-Gracias por su amabilidad, creo que comenzaremos a activar la alarma-
Rachel de atrás escuchaba como su padre y la vecina se despedían por lo que se arrimó a su padre
-¿Qué quería?-pregunto curiosa
-¿Así que Quinn trepó al balcón?- interrogo con una sonrisa y una mirada divertida.
La morena palideció , era prácticamente imposible que alguien hubiera visto a Quinn trepar su balcón pero bueno era su padre y ella no le mentiría.
-Mira tu … Quinn Fabray todo un Romeo- se mofó Hiram desde la cocina
-Deja a mi Julieta en paz- dramatizó seguido de un suspiro.

-Adiós Mama- gritó desde la puerta
Se había levantado tan temprano como siempre y con su perfecto uniforme partía hacia la casa de Kurt.
Paró en Lima Bean y con 8 cafés en la mano salió en busca de las porristas.
Su I Pod conectado al auto y en modo aleatorio dejaba escapar extrañas canciones.
Le bastó escuchar las primeras notas del piano para desconectar el aparato y encender la radio.
Eso si que no, no se comportaría como una depresiva mientras su queridísima ex andaba dando saltitos y cantando de la mano de su otro ex.
O al menos eso era lo que creía que hacia Rachel.
Estúpida y sensual Berry siempre colándose en sus pensamientos.
El vecindario de Kurt se encontraba un tanto alejado de la escuela como para ir caminando por lo que decidió que irían al colegio en su auto.
Toco la puerta con sus característicos dos golpes y Burt le abrió la puerta.
-Buenos días Señor Hummel- el hombre le sonrió.
-Buenos Días Quinn , déjame que te ayude- le quitó un par de vasos y se adentró en la casa mientras la rubia lo seguía de cerca.
-Están en el cuarto de Kurt , pasa por favor- la porrista le sonrió y con ayuda de Burt bajaron al sótano.
-Ladies- saludo Quinn bajando las escaleras.
-Q- exclamaron todas y Kurt rió ante el trato a la capitana
Le sorprendía, nunca dejaba de hacerlo.
Quinn Fabray siempre había sido el mismísimo diablo, o por lo menos eso demostraba , pero ahora , cuando la veía así tan amable y sonriente no dudaba de las cosas que Rachel hablaba sobre su rubia.
Le sorprendía.
Quinn les entrego cada vaso y dejo para el final a su amigo.
Tenía que disculparse por marcharse a tales horas y sin meditarlo se acercó a Kurt.
-Café negro con un dedo de espuma para el señor Hummel- el chico tomo el vaso , beso la mejilla de Quinn y le dio un sorbo para luego sonreír complacido.
Amaba el café y que mejor que compartirlo con un grupo de hermosas animadoras en piyamas.
-Kurt lamento haberme marchado como lo hice anoche solo que… - hizo una pausa y agacho la mirada- yo … necesitaba pensar y no conseguía dormir- dijo enunciado susurro perfectamente audible para el joven.
-Entiendo ¿Berry se cuela en tus sueños?- pregunto y la rubia asintió- ¿Sabes? Rachel también se cuela en los míos, aún me atormenta por haberle quitado el solo- dijo divertido causando la risa de Quinn.
Las risas son llenadoras , purificadoras , alimentan el alma pero ni Lucy ni Babra se habían permitido hacer un uso constante de estas magníficas cualidades.
Cuando su vaso se vacío partieron hacia el Instituto.
Hacia mucho que no se juntaba con las porristas y realmente la había pasado bien.
-Abajo señoritas- exclamo Quinn riendo en el asiente del piloto.
Todas las porristas se fueron llenado una a una y cuando la mayoría estaba en la puerta una cabeza rubia apareció en su ventana.
-Brittany, no vuelvas a asustarme - suspiro calmando la respiración y abrió la puerta bajando con esa elegancia que tan bien la caracterizaba.
-Necesito que me ayudes con la tarea de Matemáticas- sonaba desesperada y no era nada nuevo que Brittany Susan Pierce no hubiera hecho la tarea.
No lo dudo ni un segundo, entrelazo su brazo con el de la rubia y se dirigió hacia la biblioteca.
Quinn Fabray había aprendido que las amistades continuaban creciendo a pesar de todas las cosas y que no importaba que es lo que tenías, si no a quien, y que los buenos amigos como Brittany eran la familia que se había permitido elegir