Ahhh...
Seguramente pensarán "¡Maldita! ¡Dijiste 3 días!" xD
Pero... ¿para qué explicarles mi ausencia si les puedo dar lo que de verdad quieren de mí? (?)
Así que aquí tienen lo que quieren xD Y les encantará c: yo lo sé... (?)
Capítulo 5
Cuando los dos hombres llegaron a la casa, Maka sirvió un refrigerio al señor Star mientras Soul se excusaba para cambiarse de ropa.
Mientras servía el té, Maka estudió disimuladamente al amigo de Soul y tuvo que admitir para sus adentros que le gustaba lo que veían sus ojos. Black Star Star no sólo era agradable a la vista, sino que además era cordial y de fácil trato. El pelo, castaño claro, le caía sobre la frente confiriéndole un aire juvenil. Los ojos, color avellana, se le achinaban cuando sonreía. De hecho, era casi tan atractivo como el señor Evanson. Casi.
—Tenga, señor Star —dijo Maka alargándole un platito y una taza—. ¿Ha disfrutado del paseo por el jardín?
—Muchísimo. Y debo decirle, señorita Albarn, que tengo con usted una profunda deuda de gratitud por haber hecho lo que ha hecho por Soul. Le ha salvado la vida.
Ella intentó quitarse mérito.
—No hice más de lo que habría hecho cualquiera. Fue un gran alivio para mí que el señor Evanson sobreviviera. Tenía mis dudas al respecto.
—¿Qué tal están sus heridas?
—Se están curando muy bien. Le he cambiado los vendajes esta mañana. Ha sido una verdadera suerte que no se lesionara ningún órgano interno.
—Desde luego. Dígame, señorita Albarn, ¿recuerda el lugar exacto donde encontró a Soul?
—Por supuesto. —Ella describió la localización con todo detalle mientras el señor Star la escuchaba atentamente.
Tras pasarle una bandeja llena de pastelitos, comentó:
—Star es un apellido muy interesante. Según la etimología germánica significa «consejero de guerra», pero según la latina «de negro destino».
Black Star levantó las cejas.
—¿Ah, sí? No tenía ni idea. —Una leve sonrisa arqueó sus labios—. Me quedo con la etimología germánica.
Ella le devolvió la sonrisa.
—No me extraña.
—¿Estudia el origen de los nombres?
—Sí, es una afición que tengo.
—¿Y qué significa mi nombre de pila? —le preguntó con ojos rebosantes de curiosidad.
—Black Star significa «juicioso, sensato».
—¡Menos mal! Con un apellido que significa «de negro destino», necesitaba recibir buenas noticias.
—Desde luego —asintió Maka, y los dos se rieron.
—Dígame, señorita Albarn —dijo Black Star cuando cesó el alborozo—, ¿no sería su padre, por casualidad, el capitán Spirit Albarn?
A Maka le embargó una sensación de satisfacción y sorpresa al mismo tiempo.
—Sí. ¿Conocía usted a mi padre, señor Star?
—No, pero oí muchas cosas sobre él. Tengo entendido que era un hombre increíble.
—Ya lo creo —contestó ella a pesar del nudo que se le acababa de hacer en la garganta—. El más increíble. Todos le echamos de menos... terriblemente.
—¿A quién echan de menos? —preguntó Soul uniéndose a la conversación—. Seguro que a mí no. Sólo me he ausentado durante un par de minutos.
—Estábamos hablando de mi padre... —empezó a decir Maka, pero su voz, junto con su sonrisa, se esfumó cuando levantó la vista. Vestido con una camisa de un blanco resplandeciente y pantalones de montar de ante que le iban como anillo al dedo y acentuaban su corpulenta complexión, Soul le robó el aliento. Ya no parecía un herido, sino que, con aquellos vendajes y aquella barba de una semana que le confería un aire atormentado, le recordaba a un oscuro y peligrosamente atractivo pirata.
Maka lo repasó de arriba abajo con la mirada varias veces. Durante aquellos segundos, un inquietante hormigueo recorrió todo su cuerpo. «¡Santo Dios! Es imponente», pensó. Cuando, por fin, lo miró a los ojos, vio que él la estaba observando, con una sonrisita divertida en los labios. Notó que le quemaban las mejillas y se forzó a fijarse en la taza de té. «Seguro que está pensando que soy una imbécil rematada, mirándolo como si fuera un manjar y estuviera muerta de hambre.»
Recordando sus obligaciones como anfitriona, abrió la boca para ofrecer a Soul una taza de té, pero, antes de que pudiera decir una palabra, unos fuertes gritos rasgaron el aire.
—Yo he pescado el pez más grande —proclamó una voz juvenil.
—Pero yo he pescado más peces —respondió otro muchacho indignado.
Los hermanos de Maka entraron en el campo de visión de Soul, ambos cubiertos de porquería hasta las cejas, ambos enfadadísimos entre sí. Sin inmutarse ante el aspecto desaliñado de los chicos, Maka se limitó a inclinarse hacia delante y a susurrar al señor Star:
—Mis hermanos, Ragnarok y Hero.
Los chicos siguieron discutiendo mientras entraban en el patio.
—«Por lo que veo, eres objeto de aversión universal, y todos debieran sacudirte.» —Ragnarok escupió la cita de Shakespeare a su hermano menor acompañándola de una mirada fulminante.
—«Ah, no merecéis otro título sino el de sinvergüenza» —gritó Hero, pretendiendo decir la última palabra.
—«Veo que responderíais bien al azote como si estuvierais a punto de recibirlo» —contraatacó Ragnarok.
—«¡Señor, me estáis vejando de una manera insoportable!» —replicó Hero.
—«¡Su cara no vale la pena ni de quemarse al sol!»
—«¡Asqueroso engendro de la naturaleza!»
—¡Hero! ¡Ragnarok! ¡Basta ya!—Maka se levantó de la silla y se forzó a dirigir una mirada de reprobación a sus hermanos—. No os enseño Shakespeare para que os insultéis mutuamente.
Ragnarok y Hero se giraron hacia ella, con los ojos abiertos de par en par en señal de inocencia.
—¿Ah, no? —le preguntaron al unísono.
—Por supuesto que no.
—Pero ésas son las mejores partes —protestó Ragnarok—. Nadie sabe insultar tan bien como el bardo.
—De todos modos, ahora no es momento para eso —dijo mientras inclinaba la cabeza en dirección a la mesa—. Tenemos un invitado.
Maka presentó los chicos al señor Star y luego los mandó a sus habitaciones con órdenes estrictas de bañarse y ponerse rompa limpia. Los chicos hicieron lo que su hermana les había mandado murmurando entre dientes.
—Unos chicos con mucha energía —comentó el señor Star con una sonrisita.
—No ha visto ni la mitad —dijo Maka sacudiendo la cabeza y mirando al cielo—. Intentar mantener la paz entre ellos es agotador.
—Parecen dominar la obra de Shakespeare —dijo pensativo el señor Star tras tomar un sorbo de té—. ¿Ha sido usted su profesora, señorita Albarn?
—Sí. Mi abuelo materno era un erudito. Transmitió parte de sus conocimientos a mi madre, y ella nos instruyó a nosotros. Yo me he limitado a seguir la tradición familiar con mis hermanos. Como durante el verano la escuela del pueblo está cerrada, cada día les doy clase sobre un amplio abanico de materias.
—¿Como por ejemplo? —preguntó el señor Star.
—Bueno, literatura, por supuesto. Y matemáticas, filosofía, mitología, música, astronomía, bellas artes —dirigió una mirada maliciosa al señor Evanson— y latín, con el que tal vez pueda echar una mano al señor Evanson. Cada uno de mis hermanos tiene un don especial. Chrona toca muy bien el piano y Ragnarok es un genio de los números y el cálculo. La pasión de Hero es la astronomía y tiene su propio telescopio. A Patty le encanta dibujar y pintar con acuarelas. Es bastante buena para su edad.
—¿Y usted, señorita Albarn? —preguntó Soul, uniéndose a la conversación—. ¿Cuál es su don especial?
—Soy la pacificadora —contestó riéndose—. Supongo que vengo a ser algo parecido a un general del ejército. Mantengo las tropas a raya, doy órdenes, instruyo a mis subordinados y planifico ataques estratégicos.
—Todo un desafío —observó el señor Star.
—Desde luego, pero me encanta.
El señor Star miró el reloj y se levantó.
—Me temo que debo irme. Tengo un largo camino por delante. —Tomó la mano de Maka e hizo una reverencia formal—. Muchísimas gracias por su amable hospitalidad, señorita Albarn, y por todo lo que ha hecho por Soul.
Maka casi se sintió culpable aceptando aquel agradecimiento por cuidar de Soul. En realidad, había sido un placer.
—No se merecen, señor Star. Cuidar del señor Evanson no ha sido ninguna molestia. Se lo puedo asegurar.
El señor Star arqueó las cejas.
—Para serle franco, me sorprende oírlo. Soul puede ser un poco malhumorado, arrogante y cínico —le susurró con una sonrisa maliciosa—. Pero, en el fondo, es un buen tipo.
Maka miró a Soul y esbozó una sonrisa al contemplar la mirada asesina que acababa de dirigir a su amigo.
—El señor Evanson es un hombre encantador —ratificó Maka. Se inclinó hacia delante y susurró a Black Star al oído, dejándose llevar por el malévolo deseo de ver si provocaba alguna reacción en Soul—: Y no es malhumorado, arrogante ni cínico. Simplemente, se siente solo.
El señor Star dio un paso atrás y la miró fijamente, visiblemente sorprendido por aquellas palabras.
—¿Solo?
Maka percibió el peso de la mirada de Soul y asintió:
—No tiene familia. Está solo en el mundo, como usted bien sabe. Es muy afortunado de tener un buen amigo como usted.
—Desde luego —musitó el señor Star—. Debo decirle que es muy amable de su parte dejarle quedarse aquí hasta que se le curen completamente las heridas. Mi casa es... bueno, demasiado pequeña y le resultaría incómoda para una estancia larga.
Maka intentó quitarse mérito.
—En esta laberíntica casa tenemos espacio de sobra. Estaremos encantados de que el señor Evanson se quede con nosotros todo el tiempo que necesite. El médico ha recomendado que no monte a caballo en varias semanas para que se le suelden bien las costillas.
Enseñándoles el camino, Maka acompañó a los dos hombres hasta el establo. El señor Star recogió su silla de montar, ensilló a su caballo y volvió a tomar la mano de Maka y a hacerle una reverencia.
—Por favor, vuelva a visitarnos —le invitó ella con una sonrisa. Luego se encaminó hacia la casa. Cuando se giró para mirarlos, vio a los dos hombres conversando a lo lejos. Soul tenía una expresión muy seria y ella se preguntó de qué estarían hablando.
—Una mujer que se sale de lo corriente —comentó Black Star. Soul apartó la mirada de la figura que se alejaba por el sendero y miró a su amigo. —Sí, se sale de lo corriente. —Y sumamente inteligente. —Cierto.
—Y bastante encantadora, también —dijo pensativo, mientras colocaba la bota en el estribo.
Sospechando que aquellos comentarios aparentemente inocentes iban con segundas, Soul dijo con fingido desinterés:
—Supongo que sí.
Black Star tomó impulso para subirse a la silla de montar.
—¿Qué edad crees que debe de tener?
Ahora Soul sabía que su amigo estaba tramando algo.
—¿Cómo diablos quieres que sepa cuántos años tiene? —preguntó sin poder disimular su irritación—. ¿Y por qué debería importarme?
—Te ha salvado la vida, Soul. Debo decir que tu actitud no dista mucho de la grosería.
—Sólo porque tengo la clara impresión de que estás intentando hacer una montaña de nada...
—En absoluto —le interrumpió Black Star con voz sosegada—. Me estaba limitando a afirmar lo obvio y a preguntarme qué edad debe de tener esa preciosidad. Estás a la que saltas. Bastante susceptible, de hecho. —Una sonrisa estiró las comisuras de sus labios—. Me preguntó por qué.
—No hace falta ser ninguna lumbrera. Me encuentro mal. Tengo un fuerte dolor de cabeza, me palpitan las costillas y el brazo me duele como un diablo. Estoy entumecido y dolorido y me ha costado sudor y lágrimas vestirme sin la ayuda de Sigfried. ¡Válgame Dios! Desde ahora valoraré como es debido la labor de un ayuda de cámara. A pesar de que estoy convencido de que quedarme aquí es lo mejor que puedo hacer, no puedo decir que me entusiasme la idea de esta estancia temporal obligatoria en una casa llena de adolescentes ruidosos.
—Bueno, es mejor que te vayas acostumbrando al ruido, mi querido amigo. O, si no, enséñales a no hacer ruido. Eres tutor, ¿no?
Soul fulminó a Black Star con la mirada. —Muy gracioso. —Volveré dentro de una semana y te pondré al corriente de lo que pasa en Londres. Si ocurre algo importante antes, adelantaré mi visita o te enviaré a un mensajero.
—Gracias, Black Star —dijo Soul con voz pausada—. Valoro mucho lo que vas a hacer por mí mientras yo estoy aquí sentado rascándome la barriga.
Black Star levantó una ceja y ladeó la cabeza mientras dirigía una mirada llena de significado a la casa.
—¿Es eso lo que piensas hacer? ¿Rascarte la barriga? No sé por qué, pero lo dudo bastante.
—Ya veo que sigues en tus trece —dijo Soul en tono gélido.
—Sí. Me cae bastante bien esa mujer, Soul. Supongo que eres consciente de que vas a pasar varias semanas aquí. Sería una verdadera lástima que le robaras el corazón a la señorita Albarn y luego le dieras la patada. Aunque te he estado pinchando, creo que sería mejor que la dejaras en paz.
Soul dirigió una mirada asesina a su amigo.
—¿Acaso te has vuelto completamente loco? No tengo ninguna intención de seducirla. Aunque le estoy muy agradecido, no es para nada mi tipo. Es demasiado alta, tiene la lengua demasiado larga y es demasiado directa y demasiado poco convencional.
—Por lo que yo he visto, es afectuosa, sencilla, natural, simpática y acogedora. Tu tipo debe de ser una mujer fría, calculadora y moralmente corrupta. —Black Star miró a Soul con seriedad—. Tal vez no me debería preocupar de que le robes el corazón a la señorita Albarn. Es mucho más probable que ella te lo robe a ti.
—¿Y qué más? —murmuró Soul entre dientes.
—¿Acaso crees que nadie puede robarte el corazón? Eso es lo que creía yo hasta que conocí a tu hermana. —Black Star movió enérgicamente la cabeza de un lado a otro en señal de desconcierto—. Conocer a Tsubaki fue algo parecido a ser arrollado por una manada de elefantes. —Alargó el brazo y le dio una palmadita a Soul en el hombro sano—. Hasta la próxima semana, amigo. Buena suerte.
Black Star apretó las rodillas contra los flancos de su caballo. Soul vio cómo su amigo desaparecía camino abajo. Mientas se dirigía a paso lento hacia la casa, recordó las palabras de Maka. «No es malhumorado, arrogante ni cínico. Simplemente, se siente solo.»
Un sonido de incredulidad salió de su garganta. La señorita Albarn tal vez fuera inteligente, pero iba muy desencaminada en el análisis que había hecho sobre él. En todo momento tenía alrededor más gente de la que era capaz de contar. Ayudas de cámara, mayordomos, lacayos y un amplio abanico de miembros del servicio doméstico lo seguían a todas partes.
En sus salidas vespertinas por la ciudad siempre estaba rodeado por montones de gente, independientemente de la función o velada a que asistiera, y los caballeros revoloteaban en torno a él cuando visitaba el club White. A veces hasta le agobiaban los pegajosos brazos de su última conquista. Parecía que siempre había alguien que quería algo de él.
Hasta entonces.
Se detuvo, desconcertado por la idea. Miró alrededor y aspiró la sutil fragancia de las flores. Verdes prados y altos árboles dominaban el paisaje hasta donde le alcanzaba la vista.
Estaba solo. Nadie saludándole humildemente, doblegándose servilmente ante él, deseoso de ganarse el favor del marqués de Li. Los Albarn no tenían ni idea de quién era. A sus ojos, no era más que el señor Evanson, de profesión tutor. Le habían abierto las puertas de su casa con una generosidad a la que no estaba acostumbrado. No tenía ni idea de que pudiera existir aquella amabilidad. Aunque valoraba los lujos que se podía permitir con su fortuna, sospechaba que podría encontrarle el gusto a la libertad temporal y la falta de responsabilidades de que podría disfrutar durante aquella estancia forzada en el campo.
De golpe, le vinieron a la cabeza las palabras de Black Star. «Es más fácil que ella te robe a ti el corazón.» Soul se rió a carcajadas, disfrutando de la libertad de poder hacerlo. «Vaya idea tan absolutamente ridícula.»
Él sabía demasiado bien que las mujeres sólo eran oportunistas, falsas y desleales. Su madre era un típico ejemplo de esa clase de mujeres, criaturas estúpidas y frívolas que tenían aventuras ilícitas y coleccionaban las joyas que les regalaban sus amantes. No, desde luego que no. Ninguna mujer iba a robarle el corazón.
Por muy encantadora, amable e inteligente que fuera.
Y por mucho que sus carnosos y sensuales labios le pidieran a gritos que los besara.
Ninguna.
—Su amigo, el señor Star, es una persona muy agradable —comentó Maka cuando Soul volvió al patio. Él se percató de que Maka tenía un libro abierto y una taza de té sobre la mesa delante de ella—. ¿Hace mucho que son amigos?
Soul se sentó cautelosamente en la silla que había enfrente de Maka y estiró las piernas.
—Hace más de una década que somos amigos.
Sin preguntárselo, Maka sirvió una taza de té a Soul, y él asintió en señal de agradecimiento. En el fondo, lo que de verdad le apetecía era una copa de oporto, o tal vez de brandy, pero dudaba que la señorita Maka tuviera esa clase de bebidas en casa. No había bebido tanto té en toda su vida. Echó un vistazo al libro que había en la mesa.
—¿Qué está leyendo?
—Orgullo y prejuicio. ¿Lo ha leído?
—Me temo que no.
—¿Le gusta la lectura?
—Mucho —contestó Soul—, aunque leer por placer es algo para lo que no me suele sobrar mucho tiempo.
—Ya sé a qué se refiere. Yo no suelo tener muchos ratos libres para sentarme tranquilamente a leer.
De repente, Soul cayó en la cuenta de que los dos estaban a solas y que era una bendición el silencio que reinaba.
—¿Dónde se ha metido todo el mundo?
—Tía Marie, Harvar y Stein han llevado a los niños de excursión. Están en el pueblo, haciendo compras.
—¿Y usted no ha querido ir con ellos?
—No. Prefiero leer a ir de tiendas.
—Y yo la he interrumpido —dijo Soul mirándola por encima del borde de la taza de té.
—En absoluto —le aseguró ella con una sonrisa—. Es un placer hablar con otro adulto, créame. Sobre todo con una persona culta como usted. Tenemos una biblioteca bastante completa, señor Evanson. Tal vez le gustaría verla.
—Por supuesto —dijo Soul, asintiendo.
Maka lo guió hacia el interior de la casa por una serie de pasillos.
—Ésta es mi habitación favorita —dijo ella, empujando una doble puerta de roble.
Soul no estaba seguro de lo que esperaba ver, pero, desde luego, no una habitación tan enorme y luminosa como aquélla. La pared que tenían enfrente estaba compuesta por unos largos ventanales que iban desde el suelo hasta el techo. Las recias cortinas de terciopelo verde oscuro estaban abiertas, y la luz del sol bañaba la estancia. Las tres paredes restantes estaban ocupadas de arriba abajo por estanterías. Volúmenes con cubiertas de piel llenaban ordenadamente todos y cada uno de los estantes, y había varios sofás de brocado que parecían muy cómodos y varias butacas desgastadas en torno al hogar.
Avanzando a paso lento por la habitación, Soul leyó con atención algunos títulos. Se dio cuenta de que había libros sobre todas las materias, desde la arquitectura hasta la zoología.
—Realmente se trata de una biblioteca muy completa, señorita Albarn —dijo Soul, incapaz de ocultar su sorpresa—. De hecho, esta colección casi hace sombra a la mía.
—¿Ah, sí? ¿Y dónde guarda semejante cantidad de libros?
—Sobre todo en la finca que tengo en el campo… —Soul se calló de golpe y ahogó una blasfemia ante su metedura de pata. Forzando una tímida sonrisa, añadió—: Me refiero a la finca del caballero para quien trabajo. No puedo evitar pensar en ese lugar como en mi propia casa. Dígame, y usted… ¿cómo ha conseguido reunir una colección tan formidable?
—Muchos de estos libros pertenecían a mi abuelo, quien los había heredado de su padre, y él, a su vez, se los dejó a mi padre. Éste amplió considerablemente la colección con lo que recogía en sus viajes.
Soul deslizó lentamente los dedos sobre un volumen de poesía elegantemente encuadernado con cubiertas de piel y comentó:
—Entiendo perfectamente por qué es ésta su habitación favorita.
—Por favor —dijo ella—, utilice la biblioteca con toda libertad durante su estancia aquí, señor Evanson. Uno de los mayores placeres de tener libros es compartirlos con otras personas que los aman tanto como uno.
—Es usted muy generosa, señorita Albarn y, por descontado, acepto su invitación. —Soul siguió repasando los libros con la mirada durante unos minutos. Cuando se dio la vuelta para mirar de nuevo a Maka, se percató de que ella lo estaba estudiando atentamente—. ¿Ocurre algo? —quiso saber.
—No —respondió Maka, ruborizándose—. Sólo me preguntaba si querría usted afeitarse.
Soul la miró fijamente, desconcertado ante aquella respuesta.
—¿Qué ha dicho?
—Cuando le encontramos, estaba recién afeitado. Si quiere, puede utilizar la navaja de afeitar de mi padre.
Soul se llevó una mano a la cara. La recia barba le resultaba extraña al tacto e incómoda. De hecho, los malditos pelos le picaban de una manera horrorosa. Un buen afeitado le iría de maravilla, pero no podía admitir que nunca se había afeitado él solo y no tenía ni idea de cómo hacerlo sin dejarse la cara llena de cicatrices de por vida. Los tutores, de hecho, no tenían ayudas de cámara que les afeitaran.
—Me gustaría afeitarme, en efecto —dijo con cautela—, pero me temo que la herida del hombro dificultaría un poco mis movimientos. Es obvio que ésta es una perfecta oportunidad para estrenarme en eso de llevar barba. —Volvió a dirigir la atención a los libros, convencido de que la cuestión había quedado zanjada.
—Tonterías. Si no es capaz de hacerlo usted mismo, a mí me encantará afeitarle.
—¿Qué ha dicho?
—Me estoy ofreciendo a afeitarle, si lo desea. Solía afeitar a mi padre cuando estaba enfermo, y nunca le hice ninguna escabechina. Tengo bastante experiencia en el tema, se lo aseguro.
Soul la miró, consciente de que en su rostro debía de estar escrita la sorpresa. «¿Afeitarme? ¿A mí? ¿Una mujer? ¡Dónde se ha visto nada igual!» Nadie, aparte de su ayuda de cámara, había utilizado nunca una navaja de afeitar en su rostro. Aquello era impensable. De repente, se rebeló su origen aristocrático. Un marqués nunca debería permitirlo. «Pero ahora soy tutor, y es mejor que me comporte en consonancia», se dijo para sus adentros.
Cuanto más pensaba en la idea de quitarse aquellos pelos que tanto le picaban, más le agradaba.
—¿Está segura de que sabe…?
—Por supuesto. Venga conmigo y volverá a tener el cutis suave como la seda en un abrir y cerrar de ojos.
Maka salió de la biblioteca y Soul la siguió, no del todo convencido, pero intrigado por saber adónde se dirigía.
—Todos estos días ha estado en la habitación de mi padre —dijo ella mirando hacia atrás—. Sus útiles de afeitar están en el armario. Voy por un poco de agua y vuelvo enseguida.
Sin estar seguro de cómo había ocurrido exactamente, Soul se encontró de repente sentado en una sólida butaca, con una sábana de lino en torno al cuello y sobre el pecho y Maka de pie junto a él, moviendo con garbo una brocha de afeitar dentro de una jofaina de porcelana para obtener una espuma densa. Cuando la vio coger una afilada navaja de afeitar y restregar el filo contra un suavizador de cuero, no las tuvo todas consigo.
—¿Está segura de que sabe hacerlo? —le preguntó, siguiendo con la vista la navaja con bastante más que un poco de aprensión.
Ella sonrió.
—Sí. Le prometo que no le haré daño.
—Pero…
—Señor Evanson, me he complicado bastante la vida para salvarle la suya. No pienso rebanarle el cuello y echar a perder todo ese trabajo. Ahora, limítese a cerrar los ojos y relájese.
A regañadientes, Soul hizo lo que le mandaban, decidiendo que probablemente sería mejor no mirar.
—¿Qué diablos es eso? —gritó Soul de repente, incorporándose.
—No es más que un paño empapado en agua caliente para dilatarle los poros —respondió ella, mofándose de la evidente inquietud de Soul—. Ahora sólo le pido .que se esté quieto, o me temo que podría cortarle el cuello. No sería más que un accidente, pero con consecuencias tan fatales como dolorosas.
Tragándose sus dudas, Soul se retrepó en la butaca y dejó que Maka le aplicara la toalla mojada en la cara. Repitió varias veces la operación y Soul tuvo que reconocer, aunque a regañadientes, que lo que le estaba haciendo Maka era agradable. Muy agradable, en verdad.
Soul mantuvo los ojos cerrados mientras Maka le extendía una gruesa capa de espuma sobre las mejillas, la mandíbula y el cuello, disfrutando de la caricia de la brocha en su piel y del agradable perfume del jabón.
—Estoy lista, señor Evanson. ¿Promete permanecer completamente quieto?
—¿Promete usted no rebanarme el cuello o cortarme una oreja, señorita Albarn? —contraatacó él. Abrió los ojos y se sumergió en las profundidades de los luminosos jades de Maka.
—Se lo prometo, si usted me lo promete —contestó ella con una sonrisa.
Soul volvió a cerrar los ojos, sintiéndose extrañamente sosegado ante las dulces palabras de Maka y la ternura que había visto reflejada en sus ojos.
—Se lo prometo.
—Excelente.
Colocándole dos dedos en el mentón, Maka ejerció una suave presión. Soul colaboró estirando el cuello y girando levemente la cabeza hacia un lado.
Ella obró en silencio, un silencio sólo roto por las instrucciones que iba dando a Soul con delicadeza para que fuera moviendo la cabeza y el suave sonido que hacía la navaja al restregarla contra el paño después de cada pasada.
Soul fue relajándose. Tras las primeras pasadas, no tenía ninguna duda de que la señorita Maka Albarn sabía muy bien cómo afeitar a un hombre, un hecho que Soul encontraba extrañamente perturbador. Hasta aquel preciso momento, nunca se había percatado de lo personal e íntimo que era el acto de afeitar a alguien. Cada vez que Maka se inclinaba sobre Soul, él olía la suave fragancia a flores que ella desprendía. Su ayuda de cámara, Mosquito, desde luego, no olía a flores. La dulzura de su voz, la suavidad de sus manos, la precisión de sus movimientos, lo dejaron completamente relajado y casi traspuesto.
Hasta que abrió los ojos.
El rostro de Maka se encontraba sólo a unos centímetros del suyo, con el entrecejo fruncido en señal de concentración mientras le rasuraba el labio superior. Ella, por su parte, se mordía el labio inferior, otro signo evidente de la atención que estaba poniendo en la tarea. Su cálido aliento acariciaba el rostro de Soul, y el olor a canela lo inundaba todo.
Maka se inclinó hacia delante para alcanzar una toalla limpia y sus senos se apretaron contra la parte superior del brazo de Soul, lo que provocó que las partes íntimas de éste despertaran de inmediato.
Soul hizo un esfuerzo por mantener los ojos cerrados, pero le fue imposible. Estaba completamente anonadado ante la visión de Maka, su olor, su tacto.
Cuando ella hubo acabado de limpiarle toda la espuma de la cara, sus miradas se cruzaron. Ella lo miró largamente con tal fijeza que él tuvo la sensación de que, de repente, la piel se le había encogido.
Soul carraspeó y luego le preguntó:
—¿Ha acabado?
Ella asintió y él no pudo evitar que su mirada se deslizara hasta la boca de Maka. Realmente tenía la boca más apetitosa que había visto nunca. Aquellos labios carnosos y prominentes parecían hacerle señas, pidiéndole a gritos que los besara, y se imaginó a sí mismo inclinándose hacia delante, cubriendo aquella boca y acariciando la lengua de Maka con la suya. Sus pensamientos se interrumpieron súbitamente cuando notó que Maka le tocaba la mejilla, ahora suave, con la palma de la mano.
—Le encuentro extremadamente atractivo —le susurró ella. Sus dedos se deslizaron delicadamente por el rostro de Soul, como los de un ciego intentando memorizar cada rasgo.
Soul la observó, extasiado. Muchas mujeres habían alabado su aspecto físico en el pasado, pero él siempre había desestimado sus piropos, consciente de que no eran más que una forma de intentar atraparlo. O de obtener algo a cambio. Toda caricia que había recibido de una mujer había sido siempre premeditada y calculada.
Hasta entonces.
Sabía a ciencia cierta que Maka no estaba flirteando con él. Su mirada casi transmitía reverencia, algo que a él le confundía. La forma en que lo tocaba era tierna, espontánea e inexperta. Él ya se había percatado de lo dada que era a prodigar caricias. El modo cariñoso con que despeinaba a sus hermanos dándoles un golpecito en la cabeza incluso cuando les regañaba. La delicadeza con que le apartaba a Patty los rizos de la frente. Él sabía cómo reaccionar ante una caricia de índole sexual, pero encontraba aquella forma tan inocente de tocarlo absolutamente inquietante. Ella no podía imaginar lo que le estaba haciendo.
¿O tal vez sí?
Soul entornó los ojos. Tal vez la señorita Maka Albarn no fuera tan inocente como parecía. ¿Acaso existía una sola mujer en el mundo que no tuviese doblez? La experiencia le decía que aquello era, por lo menos, dudoso.
Él rompió el encanto enderezándose en la butaca y pasándose las manos por el rostro.
—¿Le parezco atractivo?
—Ya lo creo, señor Evanson. Creo que es el hombre más apuesto que he visto en mi vida. —Se ruborizó mientras una sonrisa arqueaba las comisuras de sus labios—. Pero seguro que ya se lo han dicho muchas personas.
Los ojos de Soul se clavaron en los de ella, en busca de los consabidos signos del engaño femenino. No encontró ninguno.
—Algunas, supongo, pero nunca las creí.
—Yo siempre intento decir la verdad.
—Entonces, usted es la primera persona que conozco que lo intenta.
—Me sabe muy mal por usted, señor Evanson. Mis padres nos enseñaron que la sinceridad es sumamente importante… tal vez la cualidad más importante que puede poseer una persona.
—¿Ah, sí? Pues mis padres, mi padre en concreto, me enseñaron que no debo confiar en nadie. —Su voz traslucía un deje de amargura—. No recuerdo haber oído nunca la palabra sinceridad en su boca o en boca de mi madre.
La mirada de Maka, visiblemente conmovida, se enterneció. Se apoyó en el borde de la butaca y acarició la mano de Soul.
—No sabe cuánto lo siento. Pero es evidente que usted sí confía en la gente. Las malas enseñanzas de sus padres no consiguieron ensombrecer su bondad natural.
Soul intentó ocultar la expresión sarcástica de su rostro.
—Y dígame, ¿cómo diablos ha llegado a esa conclusión?
—Usted confía en su amigo Black Star. Y confía en mí.
—¿Ah, sí?
—Por supuesto. —Un brillo malicioso iluminó los ojos de Maka—. Si no hubiera confiado en mí, ¿habría permitido que le pusiera una navaja en la garganta?
«¿Cómo ha conseguido convertir una conversación seria en una charla desenfadada?», se preguntó Soul.
—Eso no ha sido por confianza, sino por desesperación. Esa dichosa barba me picaba como un diablo. —Soul intentó fruncir el entrecejo mientras hablaba, pero le costó enormemente mantener una expresión seria.
Ella puso los brazos en jarras y levantó las cejas.
—¿O sea que está diciendo que no confía en mí?
Soul pensó en picarla, pero, de repente, se dio cuenta de que, a pesar del tono chistoso que había empleado Maka, había cierto deje de seriedad en su voz. ¿Que si confiaba en ella? Por supuesto que no. Él no confiaba en nadie. Bueno, salvo tal vez en Black Star. Y en Tsubaki. Pero… ¿en Maka? ¿Por qué iba a confiar en ella? ¡Apenas la conocía!
Abrió la boca, pero la volvió a cerrar inmediatamente. Maka le había salvado la vida. No tenía ni idea de quién era él —creía que era un mero tutor sin pena ni gloria—. No tenía ninguna otra razón para ayudarle que la bondad de su corazón. Era obvio que no pretendía obtener nada a cambio. ¿Cuál era la palabra que definía a una persona así? Soul rebuscó en su cerebro y al fin dio con la palabra que buscaba y que estaba tan poco acostumbrado a utilizar.
Generosa.
Maka era generosa. Y leal. Una persona digna de confianza.
Por primera vez en su vida, alguien distinto de Black Star o Tsubaki —y además del sexo femenino— le estaba tratando con sinceridad, ternura y amabilidad, y sin esperar nada a cambio. Era algo que nunca le había ocurrido a Soul Alexander Li, octavo marqués de Li. Pero le estaba ocurriendo a Soul Evanson, tutor. Aquella súbita revelación sacudió a Soul como si acabara de caerle un rayo encima, dejándole sin habla. Era extraordinario que un plebeyo pudiera tener algo que no tenía un marqués.
—Por favor, discúlpeme, señor Evanson. —El suave susurro de la voz de Maka sacó a Soul de su ensimismamiento—. Sólo estaba bromeando, pero es evidente que le he hecho sentir incómodo con mi pregunta. —Le miró con ojos serios y redondos y añadió—: Lo siento.
—Al contrario, señorita Albarn. Soy yo quien debe disculparse. Usted sólo me ha mostrado una suprema bondad. Es obvio que usted es una persona digna de mi confianza.
Soul no pudo evitar percatarse del placer con que recibió aquellas palabras Maka, que volvió a ruborizarse.
—Bueno, ahora que hemos acabado con su barba —dijo con una risita nerviosa—, debo dejarle. Tengo unas cuantas tareas que completar antes de que vuelvan los niños.
—Por supuesto. Gracias otra vez por afeitarme. Me siento casi humano. —Se pasó las palmas por las mejillas, ahora suaves—. Y parece ser que no estoy sangrando, y mis orejas siguen en su sitio.
Ella esbozó una breve sonrisa.
—Lo prometido es deuda. —Se dio la vuelta y se dirigió hacia la puerta.
—¿Señorita Albarn?
Maka se detuvo en el umbral y se volvió.
—¿Sí?
Soul no estaba seguro de por qué la había llamado.
—Eh, bueno… La veré a la hora de cenar —dijo, sintiéndose ridículo.
Una sonrisa iluminó el rostro de Maka y se le formaron dos encantadores hoyuelos en las mejillas.
—Sí, señor Evanson. A las seis en punto. Le sugiero que descanse hasta entonces. —Luego salió de la habitación, cerrando suavemente la puerta tras de sí.
«¡Maldita sea! —pensó Soul— ¡No podré esperar tanto!»
Aañljfalksdfjklasd :D Les gustó? Díganme que sí, plz xD
Como decía, tardé en actualizar ya que tuve un concurso en el que tenía que estudiar 6 materias y realmente ni tenía tiempo para esto, sorry :c y después me enfermé, y después llegaron mis hermanas... blá blá blá xD
Pero ahora les traigo esto y ojalá les haya hecho felices c:
Hora de responder reviews!:
Julian & Jumbie Hana: Foooo xDDDDD No quiero ver tus ovarios! Los mios están más lindos! (?) okay nu, asco xDDDD y mi corazón, no estás en subasta, porque sé que tu corazón ya es mío (?) vale no.
Gisselle Lee Evans: Alñjldfsajklsd, gracias :3 y vale punto para el lemmon, de hecho estoy a punto de cambiar el rating a "M" xD pero aún no estoy muy segura... ya veremos qué pasa xD
Love Anna: Tranquis, en el próximo nuestro Soul hace algo~ Spoilers! D: xD Aquí está el próximo cap :33
Jaxsy-chan: Jajá xD otro punto para el lemmon O: y qué bueno que hayas sido tu, me sentiría avergonzada si no le atinaba xD y qué bueno que te dejo con la intriga ;3
hikary-neko: xD chica! pero qué perv eres! xDDDD Tan santita que parecías... (?) vale no, ojalá te haya gustado fea.
Xixiilowweyou: Oh, gracias :D pero recuerda que sólo ando adaptando, yo no la escribí e.e y me encanta esta historia, por eso decidí adaptarla :D
Luna-SE23: YA LO SÉ! Amo este libro y es tan malditamente bueno que... que... maldición! xDDDD y la verdad sí me pareció un poco difícil adaptarlo ya sabes... tratar de encontrar personajes que parescan un poquitín a los del libro xD añsdlfkjaslñjfldkf ya sé, amo a patty y a liz xD aunque la última sea un muñequita e.e y tranquila ya verás K*C :33 y Soul es jodidamente sexy sensual y tranquila, chica, ya pronto sabrás a quién matar y te sorprenderás... Spoiler!
Oh, gracias por todos sus reviews de verdad me animan el día :3 los amo a todos y cada uno de ustedes, lectores, lo que comentan y los que no C: pero ahora vamos a lo interensante~~~:
Avances:
"Introdujo la mano en el bolsillo, sacó una llave y abrió un cajón. Extrajo una pila de papeles y pasó la mano sobre la página superior. Las aventuras de un capitán de barco, de H. Spirit.
«El trabajo que amo, el trabajo que detesto»
—Usted está ocupando mis pensamientos en este momento —dijo él, con un ronco susurro.
—¿Ah, sí? ¿Estoy ocupando sus pensamientos?
—Sí.
Su voz interior hizo un último e ímprobo esfuerzo por hablar, pero él la acalló con firmeza y rozó con su boca los carnosos labios de Maka. Aquella sutil caricia, en el fondo no más que una fusión de alientos, dejó a Soul insatisfecho y ávido de más.
—Ah… pero Giriko no… Me refiero a que él nunca. Nosotros nunca…
—¿Nunca qué?
—Giriko nunca me besó como me acabas de besar tú —dejó escapar impulsivamente.
«¿En qué diablos estaba pensando?»
Pero él sabía perfectamente en qué estaba pensando.
Y ahora que conocía su sabor, su tacto, no sabía cómo dejar de pensar en ella."
Kyaaaa~ (?) xD Amo a Soul, totalmente :$ (?) y hagamos un trato, si para mañana hay 5 reviews les subo el siguiente cap mañana en la noche c: para que me perdonen por haber tardado tanto xD pero no se preocupen! No dejaré botada esta historia, y ando haciendo una historia hecha por le me, aunque ña subiré hasta que tenga varios capítulos escritos y sepa que les gustará c: y también subiré un one-shot la próxima semana ;D Ojalá les gusteeeee! :DDD
Hasta la próxima mis amados~~:
By.
Ren la amadora de sus amados (?)
