¡Hi!
Aquí les dejo el siguiente cap :3
Les daré un aviso abajo, favor de leerlo ewe
Soul Eater no me pertenece ni Rosas Rojas y.y
Capítulo 6
Después de que Maka saliera de la alcoba de Soul, éste intentó descansar, pero tenía la cabeza demasiado llena de ideas, y la mente demasiado activa para conciliar el sueño. Intentó idear un plan para atrapar a su asesino, pero le resultaba imposible.
Tenía la mente en otro sitio.
La señorita Maka Albarn.
Por mal que le supiera, no podía dejar de pensar en aquella mujer. Y sabe Dios que no podía imaginarse por qué. Era atractiva, pero él conocía a muchas mujeres que, con diferencia, eran más hermosas que ella.
Y, desde luego, no era aquel caos de casa lo que le atraía. El comportamiento de sus habitantes distaba poco de lo insoportable, pero, por descontado, comentárselo a su anfitriona no era lo que a él más le convenía.
Inquieto, molesto y profundamente irritado, Soul empezó a dar vueltas por la habitación. ¿Qué diablos tenía aquella mujer que tanto le atraía? Recordó con irritación cómo el mero roce de los senos de Maka en su brazo le había hecho palpitar las partes íntimas. Se detuvo, intentando recordar la última vez que había mantenido relaciones sexuales con una mujer.
Con una exclamación de disgusto, se percató de que hacía casi tres semanas que no visitaba a su amante. Para él era sumamente inhabitual tener períodos de abstinencia tan largos.
Con razón su cuerpo reaccionaba de ese modo ante Maka. Necesitaba un desahogo. Cuanto antes volviera a Londres y se reencontrara con su amante, mejor.
Desahogarse. Sí, eso era cuanto necesitaba. Un buen y largo desahogo sexual.
Pero, a pesar de que en su mente se agolpaban multitud de imágenes de contenido sexual, Soul no conseguía imaginarse el hermoso rostro de su pequeña amante de rubia melena. En su imaginación, estaba besando a una mujer alta, esbelta y de cabello cenizo que le miraba con unos increíbles ojos de un verde brillante. Soul se imaginó el contacto de aquellos labios carnosos con los suyos, el calor de aquel voluptuoso cuerpo apretado contra el suyo.
Soltando una palabrota, Soul sacudió enérgicamente la cabeza para librarse de aquellos pensamientos y calmar su cuerpo. Iba a estar viviendo allí sólo durante unas pocas semanas. Maka no era más que una solterona que se había quedado para vestir santos. «Con unos ojos en los que se podría perder cualquier hombre y un corazón bondadoso y compasivo que aparentemente abre a todo el mundo. Una sonrisa maliciosa y un rubor fácil y encantador. Sin mencionar su cuerpo exuberante y curvilíneo, que pide a gritos que lo toquen.»
Dejando escapar un resoplido de disgusto, Soul se dirigió a la puerta. Si permanecía en aquella habitación un minuto más sin nada que hacer aparte de pensar en ella, iba a volverse loco. Bajó lentamente las escaleras y, al no ver a nadie, se dirigió a la biblioteca. Tal vez la lectura le ocupara la mente en otras cosas.
Una vez allí, inspeccionó los libros y, cuando estaba a punto de escoger uno, descubrió una pila de revistas medio escondidas en una esquina del estante más bajo. El título le llamó la atención y se agachó para coger un ejemplar. Al parecer, el capitán Albarn estaba suscrito a Gentleman's Weekly. Aquello le pareció bastante raro, puesto que no le parecía que aquél fuera el tipo de revista propio de un marinero. Cogió el ejemplar que estaba encima y lo contempló sorprendido. Era un número actual, de modo que era obvio que no pertenecía al padre de Maka.
Colocándose la revista bajo el brazo, siguió inspeccionando a su alrededor y descubrió una garrafa y un juego de copas de cristal. Vertió en una copa un dedo de lo que deseó fervientemente que fuera un brandy aceptable, aunque llegado a ese punto, hasta un brandy horrible habría servido, y se lo bebió de un trago.
El fuerte licor bañó sus entrañas dejando un ardiente rastro, y Soul suspiró satisfecho. Aquél era un brandy francamente bueno.
Sirviéndose otra copa, Soul se aposentó en una butaca orejera que había junto a la chimenea y colocó los pies en una otomana a juego. Dio otro sorbo al brandy y abrió la revista.
Parecía que sólo habían pasado unos minutos cuando oyó llamar a la puerta.
—Aquí está —dijo Maka con una sonrisa mientras empujaba la puerta y entraba en la biblioteca—. Estaba a punto de darle por perdido. ¿No tiene hambre?
—¿Hambre? —Soul miró el reloj de sobremesa que había sobre la repisa de la chimenea y se quedó de piedra al descubrir que eran casi las seis.
—Fui a su habitación para preguntarle si seguía queriendo comer abajo o prefería que le subiera una bandeja. Creía que estaba descansando —dijo en tono de suave regañina.
—No conseguía conciliar el sueño, de modo que decidí aceptar su invitación y coger prestado algo para leer. —Miró la copa vacía que tenía en la mano—. También me he tomado la libertad de degustar su excelente brandy. Espero que no le importe.
—En absoluto. Quiero que se sienta como en su propia casa. A mi padre le encantaba el brandy y sólo compraba el mejor. Es maravilloso que alguien más lo pueda degustar. —Maka se dejó caer en la butaca orejera que había enfrente de Soul—. ¿Qué está leyendo?
—El último número de Gentleman's Weekly. —Él vio cómo ella posaba la mirada en la revista que él tenía sobre los muslos y se ponía pálida, una reacción que él encontró de lo más curiosa—. Debo admitir que me ha sorprendido encontrar una pila de números actuales de la revista en su biblioteca.
Maka hizo un gesto brusco con la cabeza y volvió a buscar la mirada de Soul.
—¿Sorprendido? ¿Por qué?
—No me puedo imaginar a Harvar o a Stein leyendo esta revista, y, desde luego, no es una publicación dirigida a las mujeres.
—Bueno… eh… A los chicos les gusta.
Soul levantó las cejas, intrigado por el repentino nerviosismo de Maka.
—¿Los chicos? ¿No cree que sea un poco demasiado sofisticada para ellos?
El rubor volvió a teñir las pálidas mejillas de Maka.
—Hero y Ragnarok son muy inteligentes, y en Gentleman's Weekly no hay nada escandaloso.
—No, desde luego que no, pero usted debe de estar de acuerdo conmigo en que es una publicación para hombres, no para niños. —Antes de que ella pudiera decir nada, él continuó—: Yo soy un fiel lector de la revista. Sigo particularmente los relatos por capítulos que se publican en cada número.
A Maka se le subieron todavía más los colores, pero siguió mirando fijamente a Soul.
—¿Ah, sí? ¿Qué relatos le gustan más?
—Hay una serie escrita por un tal H. Spirit titulada Las aventuras de un capitán de barco. Cada semana relata una anécdota diferente sobre los viajes del capitán Haydon Mills, un viejo lobo de mar que siempre se mete en líos. La forma de escribir del señor Spirit no es ninguna maravilla, pero la peculiaridad de las historias compensa con creces su falta de dotes literarias.
Las cejas de Maka casi se fundieron con la línea del pelo.
—¿Falta de dotes literarias? —preguntó Maka con las manos en jarras—. Yo creo que el señor Spirit es un buen escritor, una opinión que comparto con mucha gente, a tenor de la popularidad de sus relatos.
Soul no pudo ocultar su sorpresa ante el tono beligerante de Maka.
—¿Y qué sabe usted de los relatos de Spirit, señorita Albarn?
—Me los he leído todos de cabo a rabo. Y me han encantado. —Levantó un poco la barbilla, desafiándole claramente a cuestionar sus impropios hábitos de lectura.
Por sorprendido que estuviera, Soul decidió no darle ese gusto, pero, por lo menos, ya sabía por qué a Maka se le habían puesto las mejillas de un rojo carmesí. En tono suave, comentó:
—Ya entiendo. Creía que a la mayoría de las mujeres no les gustaban los relatos de aventuras.
—Me… me temo que yo no soy como la mayoría de las mujeres.
—Parece lamentarlo.
Ella se encogió de hombros.
—No realmente, aunque he de admitir que a veces me gustaría poder ser como las otras jóvenes del pueblo, libre de responsabilidades y con más vida social.
Soul la estudió por encima del borde de la copa, evaluándola a ella y evaluando también sus palabras. Se hacía cargo ella sola de una prole de niños y de una casa caótica, salvaba la vida a desconocidos y era sumamente inteligente.
Sin mencionar lo ocurrente, sincera, afectuosa y cordial que era, y que podía afeitar a un hombre sin hacerle un solo rasguño. Y el hecho de que supiera montar a caballo a horcajadas y que leyera revistas de hombres fascinaba a Soul tanto como le horrorizaba.
—No, usted no es como la mayoría de las mujeres —dijo él con dulzura. «Y, créame, eso es un gran cumplido.»
La cena de aquella noche fue algo completamente diferente de lo que Soul había experimentado hasta entonces. El día anterior había comido con la familia y le había sorprendido que los niños ocuparan la misma mesa que los adultos, pero pensó que aquella violación de las normas sociales básicas debía de ser propia sólo de la comida informal del mediodía.
Puesto que el día anterior Maka le había llevado la cena al dormitorio en una bandeja, aquélla era su primera cena con los Albarn. Para su sorpresa, Ragnarok, Hero y Patty compartieron mesa con los adultos. Pero se quedó todavía más de piedra cuando comprobó que Harvar y Stein también comían con la familia. Maka presidía la mesa mientras tía Marie se sentaba en el otro extremo de la larga mesa. La charla era animada y constante, algo a lo que Soul no estaba habituado.
De niño, nunca le dejaban comer con sus padres. El duque y la duquesa comían en el comedor formal mientras Soul, Tsubaki y Wess lo hacían con la institutriz, una mujer dura y taciturna que no favorecía precisamente la conversación durante las comidas.
Por lo tanto, Soul estaba acostumbrado a comer en silencio. El bullicio de la mesa de los Albarn le sorprendía y desconcertaba.
Cuando todo el mundo tuvo el plato lleno, Maka dio un golpecito en su copa con el tenedor para atraer la atención del grupo.
—¡Silencio en la mesa! —exclamó. Cuando todo el mundo se hubo callado, se levantó y dijo—: Tengo una cosa que anunciaros antes de empezar a comer. Quiero que todo el mundo sepa que vamos a tener el placer de tener al señor Evanson como invitado durante las próximas semanas hasta que tenga las costillas lo bastante curadas como para regresar a Londres a caballo sin que le duelan y sin lesionarse todavía más…
—¿Significa eso que podrá venir a una de mis meriendas? —la interrumpió Patty con una mirada esperanzada iluminando su dulce rostro.
—¿Y que podremos seguir almohazando a Pericles? —preguntó Hero—. Es el caballo más bonito que he visto nunca.
—¿Y tal vez hasta lo podamos montar? —intervino Ragnarok emocionado.
—Eso sólo depende del señor Evanson —dijo Maka en tono de reprobación. Cogió la copa llena de sidra y la levantó, mirando a Soul, que ocupaba el lugar de honor, a la derecha de Maka—. Estamos encantados de compartir nuestra mesa con usted, señor Evanson. Propongo un brindis por su completa y rápida recuperación. —Y luego inclinó la copa hacia él.
Soul cogió su copa y rozó su borde con la copa de Maka. Sus miradas se cruzaron y él no pudo evitar ver la ternura y la aceptación en los ojos de ella. Luego repasó la mesa con la mirada, deteniéndose en cada uno de los presentes.
—Gracias, muchas gracias —dijo él, sorprendido por el nudo que se le acababa de hacer en la garganta.
Todos alzaron sus copas y brindaron a su salud.
—¿A quién le toca hoy dar gracias por los alimentos, Maka? —preguntó Chrona cuando todo el mundo se hubo aposentado de nuevo en sus sillas.
—Creo que le toca a Patty —contestó Maka sonriendo a su hermana pequeña, que estaba sentada al otro lado de Soul.
La niña tendió la mano a Soul. Él miró fijamente la diminuta palma sin entender absolutamente nada.
—Nos damos la mano durante la oración de la cena —dijo Patty solemnemente.
Soul se puso tenso. «¡Maldita sea! ¡Esta gente se toca constantemente!» La niña percibió sus dudas porque se inclinó hacia él y le susurró al oído:
—No tenga miedo, señor Evanson, no le haré daño. Yo no aprieto tan fuerte como Harvar.
Con cierta reticencia, Soul le cogió la mano y le sorprendió lo pequeña que se veía dentro de su inmensa mano. Justo en ese momento notó que alguien le tocaba suavemente la otra mano. Se giró y vio a Maka sonriéndole mientras le tendía la mano.
Él levantó la mano del regazo y la puso sobre la mesa con la palma hacia arriba. Sin dudar un momento, Maka deslizó su mano dentro de la de Soul, apretándole los dedos con suavidad y firmeza al mismo tiempo.
—Gracias, señor, por obsequiarnos con esta comida y con otro día más —dijo Patty con voz dulce y aguda, bajando la frente en postura de oración—. Por favor, bendice a Maka, Chrona, Ragnarok, Hero, tía Marie, Stein, Harvar y Joe. Por favor, cuida de mamá y papá, que están en el cielo, y diles que les queremos. —Levantó la cabeza y dirigió una breve mirada a Soul—. Y, por favor, bendice también al señor Evanson, porque ahora forma parte de nuestra familia. Amén.
Todo el mundo repitió «amén», se soltó de las manos y empezó a comer. Soul todavía notaba la cálida huella que le había dejado en la palma la manita de Patty y el hormigueo que le había dejado en la otra mano el contacto con la mano de Maka. Por algún motivo, se le tensó la garganta y se llevó la copa a los labios en un intento de ocultar su confusión.
—Ha sido una oración preciosa, Patty —dijo Maka con una sonrisa.
—Gracias —contestó la pequeña. Luego inclinó la cabeza hacia arriba para mirar a Soul, sus ojos cristalinos eran extremadamente hermosos, y examinó atentamente su rostro—. ¿Qué le ha pasado a su pelo? —le preguntó al final.
Soul reprimió una sonrisa.
—Me lo he afeitado.
—¿Por qué?
—Porque me picaba.
Patty asintió con la cabeza y luego dijo:
—Mi papá también tenía pelo en la cara. No sé si le picaba o no, pero a mí sí que me picaba cada vez que me besaba.
Soul no sabía muy bien qué contestar. «¿Cómo se supone que se debe hablar a una niña, especialmente a una niña que está hablando sobre su padre muerto?» Le embargó una profunda compasión por aquella pequeña que había perdido a sus padres y que nunca podría volver a recibir un beso de su padre.
Patty se llevó el tenedor lleno de guisantes a la boca y luego se inclinó hacia Soul.
—Maka me da muchos besos, pero no pica nada —le confesó en voz baja—. ¿Es porque ella también se afeita?
Antes de que Soul pudiera pensar siquiera en la respuesta, intervino Maka:
—Contadme lo que habéis hecho esta tarde en el pueblo —preguntó a la mesa.
Todo el mudo empezó a hablar al mismo tiempo; Soul no podía seguir aquella atropellada y caótica conversación que llenaba el comedor. «¿Es así como come la gente corriente? ¿Hablando desordenadamente y a voz en grito?»
Ragnarok, a pesar de las numerosas interrupciones de Hero, explicó qué había comprado en una librería. Chrona contó su visita al sastre, y Patty explicó emocionada la golosina que se había comprado y comido de camino a casa.
—¿Y usted, tía Marie? —preguntó Maka levantando un poco la voz. Como la mujer siguió comiendo sin dar muestras de haber oído a Maka, Stein le dio un codazo y ella levantó súbitamente la cabeza en señal de sorpresa.
—¿Se lo ha pasado bien en el pueblo? —preguntó Maka levantando todavía más la voz.
—¿Quéeee?
—El pueblo. ¿Se lo ha pasado bien en el pueblo?
—¿Por qué? Sí, cariño. Muy bueno, está muy bueno. ¿Me pones otra patata, por favor? —contestó tía Marie con una radiante sonrisa.
Maka sonrió y le pasó la bandeja de las patatas.
—Tía Marie me ha acompañado al sastre —intervino Chrona—. Ha estado haciendo media mientras yo me probaba varios vestidos.
Tía Marie se sirvió otra patata y fijó su atención en Soul.
—Tiene mucho mejor aspecto, señor Evanson —le dijo con una sonrisa maliciosa—. Y la ropa que lleva le sienta estupendamente.
—Sí. He…
Antes de que Soul pudiera decir nada más, la puerta del comedor se abrió de par en par, al tiempo que entraba un hombre alto y de pelo moreno ataviado con un delantal. Llevaba un gorro de cocinero ladeado y la piel y la ropa llenas de algún tipo de verdura. Parecía muy enfadado.
—Sacrebleu! —Entró pisando fuerte en el comedor—. ¡Esta gata tiene que igse! ¡Miguen cómo ha dejado al pobgue Joe! —gritó refiriéndose al lamentable estado de sus ropas mientras agitaba las manos en el aire—. No puedo cocinag con esa bestia gondándome pog los pies. ¡Mon Dieu, casi me pagto la cguisma al tgopezag con esa cguiatuga! ¡O sale de la cocina o la conviegto en suflé!
Señaló a Maka con dedo acusador.
—Mademoiselle Maka, la cocina es un caos. Si no se deshace de esa bestia, segá Joe quien se deshaga de ella. ¡Sea como sea, la bestia no puede seguig aquí! —Dejando aquella ominosa amenaza en el aire, el enorme hombre se dio la vuelta y salió del comedor, dejando tras de sí varias hojas verdes.
Soul hizo un gran esfuerzo para no quedarse boquiabierto. No le cabía en la cabeza que un sirviente pudiera hablar a su señor de aquel modo. Si hubiera ocurrido algo así en su casa, el sirviente se habría ganado el despido inmediato sin referencias. Sin embargo, la familia Albarn al completo parecía aceptar las airadas palabras del cocinero sin pestañear. Soul tuvo que morderse literalmente la lengua para no dar a aquel insolente la reprimenda que se había ganado con creces. «Pero soy Soul Evanson, tutor. No el marqués de Evans.»
—¿Le hemos hablado sobre nuestro cocinero, Joe? —le preguntó Maka, intentando reprimir una sonrisa.
—Patty me habló de él, pero no había tenido el… el placer de conocerlo.
—Era él —dijo Hero innecesariamente.
—Lo suponía —contestó Soul en tono de guasa—. ¿Cenará con nosotros?
—Joe sabe que puede comer en la mesa con nosotros cuando quiera —dijo Maka—, pero sólo lo hace en contadas ocasiones. Dice que la constante informalidad de nuestras comidas le produce dispepsia. —Dirigió una mirada de soslayo a sus dos hermanos.
Soul consideró de inmediato que, por muy incorrecto que hubiera estado, era evidente que aquel hombre no estaba loco.
—¿A qué gata se refería?
—Tenemos una gata europea morada que se llama Blair. El lugar que más le gusta de toda la casa es la cocina. Por desgracia, es bastante revoltosa. Joe amenaza con «cocinagla» a la cazuela varias veces por semana.
Soul echó un breve vistazo a su plato y suspiró aliviado. «Cordero. Sin lugar a dudas, es cordero. ¡Gracias a Dios!»
—No se preocupe —dijo Patty, tocándole la manga—. En el fondo Joe quiere mucho a Blair. Nunca la cocinaría a la cazuela.
—Eso es una buena noticia —dijo Soul—. Tanto para mí como para Blair.
Hubo una carcajada generalizada y luego siguieron comiendo. Soul fue contestando cuando le preguntaban, pero la mayor parte del tiempo estuvo callado, escuchando la animada conversación. Aquella mesa parecía un gran debate. Maka hacía de moderadora, procurando que todo el mundo tuviera la oportunidad de hablar. Anticipaba discusiones e introducía nuevos temas en los pocos momentos en que se hacía el silencio. Soul se debatía entre si aquella atmósfera ruidosa e informal le resultaba entretenida o inaguantable. Pero de lo que sí estaba seguro al final de la cena era de que, con tanto ruido, parecía que iba a estallarle la cabeza.
—¿Se encuentra bien, señor Evanson? —preguntó Maka arrugando la frente—. Se ha puesto bastante pálido.
—Me temo que me duele un poco la cabeza —admitió Soul.
—Ha tenido un día muy ajetreado —dijo ella inmediatamente—. ¿Quiere que le prepare una infusión?
—No, muchas gracias. Estoy seguro de que sólo necesito dormir un poco. —Se levantó y se inclinó hacia delante—. Gracias por la cena. Ha sido muy, eh…, interesante.
Maka sonrió.
—Nos ha encantado que nos haya podido acompañar. Que descanse, señor Evanson.
—Buenas noches, señor Evanson —repitió todo el mundo mientras Soul salía de la habitación.
Él se detuvo en el umbral y contestó:
—Buenas noches a todos.
Una vez en su alcoba, Soul se estiró en la cama sin quitarse las botas siquiera. Le dolía la cabeza y le palpitaban las costillas y el hombro. Pero, por muy agotado que estuviera, no conseguía conciliar el sueño. Cada vez que cerraba los ojos veía a una sonriente joven de rizos cenizos y ojos esmeraldas… y largas piernas… y unos labios que pedían a gritos que alguien los besara. Se le aceleró el pulso y notó que se le reactivaban los genitales.
Se le escapó un gemido y miró el reloj. Sólo eran las nueve de la noche.
«¡Maldita sea! —pensó—. Va a ser una noche muy, muy larga.»
Aquella misma noche, sobre las once, Maka bajó sigilosamente las escaleras. No se arriesgó a encender una vela hasta que hubo cerrado la puerta del despacho de su padre tras de sí. No quería tener que inventarse ninguna excusa para explicar su presencia en el caso de que alguien se despertara.
Una vez que la habitación estuvo bañada por una suave luz, se sentó en la desgastada silla que había delante del escritorio. No estaba segura de qué habitación amaba más: la biblioteca o aquel despacho. Todas las pertenencias de su padre estaban exactamente donde él las había dejado. Su pipa reposaba sobre un cenicero de cristal macizo que había sobre una mesita de cerezo y sus mapas estaban ordenadamente apilados junto a la chimenea. Maka deslizó los dedos sobre los pergaminos, imaginando el fresco olor a mar y tabaco que siempre acompañaba a su padre.
Los únicos cambios que había introducido en la habitación eran algunas pinturas de Patty, que Maka había enmarcado y colgado de las paredes, y el nuevo contenido del inmenso escritorio de caoba. Aparte de los papeles personales de Spirit Albarn, sus cajones guardaban ahora el secreto de Maka.
Maka se apretó las sienes con sendos dedos índices y se las frotó intentando aliviar el palpitante dolor de cabeza que le atormentaba. Estaba agotada. Le escocían los ojos y no había nada que deseara más que tumbarse en la cama a descansar.
Pero tenía trabajo pendiente.
Introdujo la mano en el bolsillo, sacó una llave y abrió un cajón. Extrajo una pila de papeles y pasó la mano sobre la página superior. Las aventuras de un capitán de barco, de H. Spirit.
«El trabajo que amo, el trabajo que detesto», musitó mientras preparaba el material de escritura. Si no hubiera estado tan agotada, se habría reído de la ironía. Le encantaba escribir aquellos relatos. Divulgar las aventuras de ficción del capitán Haydon Mills, basadas en las anécdotas con que su padre había obsequiado a toda la familia, le producía una gran satisfacción personal y una profunda sensación de logro.
Pero también le partía el corazón. Odiaba tener que mentir a su familia, pero, si alguien descubría que el autor de los relatos de aventuras que se publicaban en todos los números de la revista para hombres más famosa de Inglaterra era una mujer, perdería su única fuente de ingresos. Un escalofrío le recorrió el espinazo de sólo pensarlo. Los chicos se verían obligados a buscarse un empleo y a dejar los estudios. Vio a Chrona como institutriz o niñera, echando a perder su juventud y su oportunidad de formar una familia. ¿Y qué sería de Patty y tía Marie? Sin mencionar a Harvar, Stein y Joe. La situación financiera de la familia dependía enteramente de ella y, si tenía que mentir para sacar adelante a su familia, pues mentiría.
La única persona que sabía quién era H. Spirit era su editor, el señor Timothy, y él le había pedido encarecidamente que lo guardara en secreto. En opinión del señor Timothy, un secreto deja de serlo cuando lo conocen más de dos personas. Aquellos relatos le reportaban unos suculentos beneficios y él era demasiado avaricioso para renunciar a ellos y demasiado listo para arriesgarse a perderlos.
Por descontado, si el señor Timothy hubiera sabido desde el principio que H. Spirit era una mujer, nunca le habría comprado el primer relato. Cuando descubrió el engaño, su escuálido rostro se puso lívido. El único motivo por el que la siguió contratando era que la tirada de la revista había aumentado con cada nuevo relato. Ambos eran conscientes de los riesgos que entrañaría, tanto para la empresa del señor Timothy como para la seguridad financiera de la familia Albarn, que alguien averiguara la verdad. Y Maka estaba decidida a no poner en peligro su única fuente de ingresos.
Se sentó cómodamente en la silla y se puso manos a la obra. Estuvo las dos horas siguientes escribiendo sin parar, inmersa en aquel mundo trepidante que ella misma había creado. Cuando hubo acabado la próxima entrega, guardó los papeles en el cajón, lo cerró con llave y apagó la vela de un soplo. Se levantó y arqueó su dolorida espalda, luego se dirigió a las puertaventanas que daban al patio y miró el oscuro cielo nocturno.
La luna llena proyectaba un suave resplandor sobre los jardines, y Maka sintió la imperiosa necesidad de salir afuera unos minutos. Estaba agotada y le dolían los ojos, pero, puesto que su mente seguía activa, inmersa en el relato que acababa de escribir, sabía que le costaría bastante conciliar el sueño.
Abrió las puertaventanas y salió al exterior. La dulce fragancia de las rosas embargó sus sentidos. Incapaz de resistirse a la llamada de aquella embriagadora fragancia, tomó uno de los senderos de piedra.
Respirando profundamente, dejó que el fresco aire de la noche la llenara de una agradable sensación de paz. Maka amaba aquel jardín. Lo había plantado su madre hacía años, y las dos habían pasado muchas horas juntas cuidando amorosamente las flores. Aunque siempre se sentía más cerca de su madre cuando estaba en él, también sentía más hondamente su ausencia cuando paseaba entre las flores y arbustos que ella tanto había amado.
Estuvo un rato paseando por el jardín y se olvidó de la fatiga mientras disfrutaba de la paz de la noche. A Maka le encantaba pasear por allí mientras el resto de la familia dormía. Sus días eran siempre tan febriles y estaban tan llenos de actividad y de niños, con sus necesidades y sus clases, que le gustaba saborear aquellos momentos de soledad.
Cuando llegó a su banco de piedra favorito, se sentó de cara a la casa. Se le escapó un suspiro. El tejado necesitaba urgentemente una reparación. Mantener una casa del tamaño de la de los Albarn resultaba caro, algo de lo que no había tardado en percatarse tras la muerte de su padre. Incluso manteniendo muchas de las habitaciones cerradas, el mero hecho de reparar las averías y mantener la casa en un estado razonablemente aceptable requería una suma considerable.
Maka estimó que el pago que había recibido del señor Timothy en su viaje a Londres hacía una semana debería bastar para mantener a la familia durante los próximos meses. Hasta podría reservar un poco de dinero para comprarle algún vestido nuevo a Chrona.
Quería estar segura de que Chrona tenía las máximas oportunidades de atraer a un joven adecuado para no convertirse en una solterona como ella. Una joven tan encantadora como su hermana se merecía tener hijos y formar su propia familia.
Y, a menos que le fallara la intuición, Death the Kid, el médico del pueblo, estaba loquito por Chrona. Para su regocijo, Maka se había percatado de que siempre que su hermana se acercaba a menos de seis metros de Kid, al joven se le ponían las orejas rojas y la cara colorada como un tomate y que empezaba a tartamudear y balbucear.
A pesar de su timidez, Kid era un buen hombre. «Es amable, considerado y también bastante atractivo.» Maka tenía la esperanza de que no tardara mucho en formalizar su relación con Chrona.
Dejando escapar otro suspiro, Maka pensó en que Death the Kid no era el único hombre atractivo que había en Death City en aquel momento.
También estaba el señor Soul Evanson.
Por atractivo que fuera Kid, parecía un sapo al lado del señor Evanson. Intentó alejar sus pensamientos de su apuesto invitado, pero fracasó estrepitosamente.
No había visto un hombre tan imponente como aquél en toda su vida. Parecía perfecto en todos los sentidos. Alto, apuesto, inteligente. Todas aquellas cosas eran puntos a su favor, tenía que reconocerlo, pero había algo más que le hacía sentirse atraída por él.
Estaba solo.
Y, en cierto sentido, era vulnerable.
No estaba segura de cómo lo sabía, pero lo sabía. Tal vez eran las sombras que acechaban tras sus ojos y oscurecían su mirada lo que apuntaba a un alma atormentada. Maka sentía que la vida del señor Evanson no era particularmente feliz. Aquel hombre no tenía familia, un hecho que a ella la llenaba de compasión. Maka no se podía imaginar un destino más triste que no estar rodeado de personas que te quieren. Soul era reservado y se guardaba sus sentimientos y pensamientos para sí mismo. Ella no había podido evitar percatarse de la sorpresa que se reflejaba en sus ojos cuando pasaba un rato con la familia Albarn. Después de todo, él era un tutor y seguro que estaba acostumbrado a ambientes académicos, serios y silenciosos. El bullicio que había en aquella casa debía de chocarle bastante.
Y luego estaba la cuestión del efecto que él provocaba sobre sus sentidos. Cada vez que lo miraba, se le cortaba la respiración y se le aceleraba el pulso. Ningún hombre le había provocado aquel efecto, y era sumamente turbador. Soul Evanson estaba extremadamente atractivo con barba, pero limpio y afeitado, era irresistible. Maka evocó el momento en que se inclinó sobre él mientras le afeitaba, sus rostros separados sólo por unos pocos centímetros. Si ella se hubiera movido un poco, sus labios se habrían rozado.
—¿Señorita Albarn, qué hace aquí fuera a estas horas de la noche?
Aquella voz profunda sacó súbitamente a Maka de sus pensamientos. Apretándose la palma de la mano contra el pecho como si así pudiera calmar su acelerado corazón, se puso de pie de un salto. El mismo objeto de sus turbadores pensamientos estaba de pie delante de ella.
—¡Santo Dios! ¡Señor Evanson! Me ha asustado.
Sus repentinas ganas de huir la sorprendieron. Normalmente Maka se consideraba una persona bastante poco asustadiza, pero aquel hombre era capaz de alterar su calma habitual.
Él avanzó hacia ella.
—Discúlpeme. Sólo me preguntaba por qué estaba usted aquí fuera en plena noche.
Maka pidió a Dios que el intenso rubor de sus mejillas no se percibiera a la luz de la luna.
—Suelo salir a pasear por el jardín cuando todo el mundo está durmiendo. Disfruto del silencio tras el ajetreo del día. Pero… ¿y qué me dice de usted? ¿Qué le ha traído hasta aquí? Usted sí que debería estar descansando.
—Me he despertado hace un rato y no conseguía volverme a dormir. He pensado que un paseo por el jardín me ayudaría a relajarme.
—Al parecer, los dos hemos tenido la misma idea —dijo Maka con una sonrisa—. ¿Le apetece que paseemos juntos?
Soul dudó. Tenía literalmente delante de él el motivo que le había impedido volver a conciliar el sueño. Hacía una hora se había despertado de un sueño placentero y sumamente sensual protagonizado por la señorita Maka Albarn. Había tenido que hacer un esfuerzo hercúleo para mitigar su palpitante excitación. Probablemente un paseo a solas con ella a la luz de la luna no era lo más sensato. Abrió la boca para rehusar la invitación, pero las palabras se le ahogaron en la garganta cuando se dio cuenta de cómo iba vestida.
Maka vestía con una camisa blanca de lino y pantalones de montar oscuros.
«¿Pantalones de montar? ¿A qué tipo de mujer se le puede ocurrir ponerse unos pantalones de montar y encima ajustados?» La mirada de Soul recorrió a Maka en toda su estatura, fijándose en cada una de sus curvas y oquedades, acentuadas por aquellos pantalones que se le pegaban a la piel. En toda su experiencia no podía recordar una visión más escandalosamente erótica que la de Maka embutida en aquellos pantalones de montar. Le iban tan justos que venía a ser como si estuviera desnuda.
«¡Dios! ¿Por qué no seguirá esta mujer los simples dictados de la moda?», se preguntó Soul. De hecho, era como si toda la casa funcionara sin atender a ningún tipo de norma, algo inconcebible para Soul, un hombre cuya existencia estaba enteramente regida por las normas sociales. Aquello le desconcertaba y le confundía, y detestaba sentirse así.
En los labios de Maka se dibujó una sonrisita maliciosa.
—No me había dado cuenta de que «le apetece que paseemos juntos» fuera una proposición tan seria y atrevida.
Soul arrugó la frente. La muy condenada le estaba pinchando otra vez, de aquella forma tan desenfadada y tan fresca que hacía que se le acelerara el corazón. Como si su corazón no estuviera lo bastante desbocado por culpa de aquellos malditos pantalones de montar.
La expresión de Soul debió de reflejar sus pensamientos porque Maka siguió su mirada y se miró las piernas. Y dio un gritito sofocado.
—¡Dios mío! ¡Los pantalones de montar! Me había olvidado de que los llevaba puestos. —Cruzó los brazos sobre su esbelta cintura y retrocedió dos pasos, con expresión de azoramiento—. ¡Dios mío! Por favor, disculpe mi atuendo. A veces voy así vestida cuando salgo a pasear por la noche para no tropezarme con la falda. Nunca pensé que podría cruzarme con alguien a estas horas. Lo siento mucho. Espero no haberle ofendido.
Soul no podía apartar los ojos de ella. «Maldita sea. Ojalá estuviera sólo ofendido», pensó para sus adentros. Pero estaba excitado. Y fascinado.
—No, no estoy ofendido. Sólo sorprendido.
—Me lo puedo imaginar. Por favor, discúlpeme. —Retrocedió un paso más—. Si me disculpa un momento…
—¿Ya no le apetece pasear?
La pregunta de Soul la sorprendió visiblemente.
—¿Y a usted? ¿Le apetece?
Él se encogió de hombros aparentando una indiferencia que estaba lejos de sentir.
—No veo qué puede haber de malo en dar un paseo juntos. —Después de todo, era perfectamente capaz de controlarse durante un breve paseo. Sin lugar a dudas. Con toda probabilidad.
Le ofreció el codo e ignoró las campanitas de alarma que tintineaban en su cabeza. Tras dudar momentáneamente, ella lo tomó del brazo y lo guio lentamente a lo largo de un estrecho sendero.
—¿Qué tal se encuentra? —preguntó Maka mirando hacia arriba.
«Inquieto. Frustrado. Condenadamente excitado.»
—Bien.
—¿Ha desaparecido el dolor?
Soul miró al cielo. Aquel dolor palpitante seguía allí, atormentándole, gracias a ella. Pero no era del tipo que ella se imaginaba.
—Sí, ya ha desaparecido.
Pasearon en silencio durante varios minutos hasta que ella se detuvo junto a un lecho de flores. Soltándose del codo de Soul, se agachó y tocó una delicada flor.
Mientras seguía agachada, miró a Soul desde abajo y le preguntó:
—¿Le gustan las flores, señor Evanson?
«¿Las flores?» Salvo como algo que solía enviar a sus múltiples amantes en ocasiones especiales, Soul nunca pensaba en las flores.
—Supongo que sí.
Arrancó una flor y se levantó, alzándola en el aire y dejando que la luz de la luna iluminara sus pétalos morados y amarillos.
—¿Sabe qué tipo de flor es ésta?
Él la miró.
—¿Una rosa?
Riéndose, ella se colocó la flor en el ojal superior de la blusa de lino.
—Es un pensamiento.
—Me temo que para mí todas las flores son rosas.
—Los pensamientos eran las flores preferidas de mi madre. Los plantaba cada año. —Deslizando de nuevo la mano en el pliegue del codo de Soul, Maka lo guio sendero abajo—. Mi madre se llamaba Kami, que significa «floreciente»*. Es un nombre que le pegaba mucho. Amaba las flores, y este jardín floreció bajo sus cuidados. Ella sabía qué simboliza cada flor.
—¿Todas las flores simbolizan algo? —preguntó él sorprendido.
—Oh, ya lo creo. Del mismo modo que los nombres de las personas tienen su significado, cada flor simboliza un sentimiento o emoción. El lenguaje de las flores tiene cientos de años de historia y ha recibido influencias de la mitología, la religión, la medicina y el uso emblemático de las flores en la heráldica durante el siglo XVI.
Maka cogió un tallo del que pendían pequeñas florecillas en forma de campana. Acercándoselo a Soul, le dijo:
—Huela esto.
Soul cogió con cuidado el tallo entre los dedos y se acercó las florecillas a la nariz, inhalando su dulce fragancia.
—¿Sabe qué flor es ésta? —le preguntó Maka mientras le observaba atentamente.
Soul volvió a inhalar.
—¿Rosas pequeñas?
Ella se rio y movió la cabeza repetidamente de un lado a otro.
—Lila del valle. Simboliza la pureza.
Siguieron avanzando a paso lento por el sendero. Maka fue señalando más de una decena de flores diferentes mientras paseaban, indicando a Soul qué simbolizaba cada una. A Soul le sorprendió que Maka fuera capaz de distinguir las flores, pues, a pesar de la luna llena, estaba bastante oscuro. Él se fijaba atentamente en la dinámica mano de Maka señalando las perfumadas flores, e intentaba recordar sus nombres y lo que simbolizaban, pero se equivocaba constantemente. Le resultaba casi imposible concentrarse en sus palabras mientras ella le sonreía, inmerso en su perfume embriagador y, por mucho que lo intentara, no conseguía olvidarse ni ignorar aquellos condenados pantalones. Al contemplar sus caderas, se le tensaron las partes íntimas y, de repente, notó que se le estrechaban los pantalones.
Al cabo de un rato, se acercaron a un gran lecho de rosas.
—Bueno. Éstas sí que son rosas —dijo él, orgulloso y aliviado por pensar en algo que no fuera ella.
—Correcto —dijo ella sonriendo—. Son mis flores preferidas.
—¿Qué simbolizan? —le preguntó, con auténtica curiosidad y al mismo tiempo sorprendido por aquel repentino interés. Si alguien le hubiera dicho hacía una semana que estaría paseando por un jardín en plena noche hablando sobre flores con una virginal solterona de pueblo que, de algún modo, le despertaba fuertes deseos carnales, se le habría reído en la cara. Pero ahí estaba. Y lo más sorprendente de todo, se lo estaba pasando en grande.
—Las rosas simbolizan muchas cosas diferentes, dependiendo del color y de lo abiertos que estén los capullos.
Alargando la mano, Maka cogió un capullo amarillo de un alto rosal. Cortó el pequeño tallo lleno de espinas, inhaló su dulce fragancia y se lo ofreció a Soul.
—Para usted —dijo con una sonrisa.
—¿Para mí? —preguntó sorprendido aceptando el regalo. Si la memoria no le engañaba, aquélla era la primera vez en su vida que alguien le regalaba una flor. Acercó la nariz a la rosa e inhaló. Aquella flor de un amarillo intenso olía exactamente igual que Maka.
—¿Qué simbolizan las rosas amarillas?
—La amistad.
Soul levantó la cabeza y sus miradas se cruzaron.
—¿Amistad?
Ella asintió con la cabeza y sonrió.
—Sí. Somos amigos, ¿no?
Él la miró fijamente durante varios largos segundos, completamente extasiado ante aquella visión. Resplandecientes ondas de cabello cenizo acariciaban los hombros de Maka y le bajaban por la espalda como un sedoso manto. Varias redecillas ayudaban a recoger los cabellos que se escapaban de la sencilla cinta que apartaba los rizos del rostro más encantador que Soul había visto nunca. Sus expresivos ojos lo miraban de una manera directa, cálida y natural. ¿Cuándo fue la última vez que una mujer le había mirado de ese modo? «Nunca. Nadie ha mirado así al marqués de Evans. Hasta hoy.»
Las mujeres que conocía Soul, las superficiales damas de la ciudad, siempre le miraban con calculado interés, elucubrando formas de seducirle para que les comprara joyas caras, urdiendo tretas para convenirse en sus esposas y ofreciéndole a cambio sus encantos en el lecho. Ninguna mujer le había ofrecido su amistad.
Él carraspeó.
—Considerando que me ha salvado la vida y que me ha abierto generosamente las puertas de su casa para que me recupere, desde luego, estoy de acuerdo en que usted es mi amiga —dijo finalmente—. Ojalá algún día pueda devolverle toda su amabilidad.
—Oh, eso no es en absoluto necesario. Me encanta su compañía. Es muy agradable tener a otro adulto con quien poder hablar. —Le dirigió una mirada de soslayo y añadió sonriendo—: Además, me he encariñado bastante de Pericles. Supongo que ya se habrá dado cuenta de que su caballo es el verdadero motivo de que le deje quedarse.
—Entonces, tendré que darle a él las gracias —contestó Soul con una sonrisa.
Permanecieron de pie durante un momento, uno delante del otro, simplemente mirándose mutuamente, y Soul se sintió como si ella le hubiera hechizado. Con la luz de la luna iluminando su cabello, resaltando el color crema de su piel, casi parecía que Maka tuviera un halo a su alrededor. Era como un ángel de ojos esmeraldas vestido con blusa de lino y pantalones de montar.
Ella alargó el brazo y le tocó la manga.
—¿Se encuentra bien, señor Evanson? Parece alterado.
Soul miró hacia abajo y clavó la mirada en la mano de Maka, que reposaba sobre su antebrazo. Un cálido escalofrío le recorrió el espinazo y le hizo hervir la sangre. ¿Por qué el más leve contacto con aquella mujer ejercía un efecto tan perturbador y tan profundo en sus sentidos?
—¿Señor Evanson?
El deje de preocupación de aquella dulce voz sacó a Soul de su ensimismamiento. Levantó la mirada, completamente hipnotizado por la joven que tenía delante. Las arrugas de su frente indicaban que estaba sinceramente preocupada por su bienestar.
—Me encuentro bien, señorita Albarn —contestó con dulzura, mientras su mirada se deslizaba lentamente hacia abajo hasta detenerse en la flor que ella llevaba en el ojal. Alargando la mano, tocó un pétalo con un dedo. ¿Cómo ha dicho que se llamaba esta flor?
—Pensamiento.
—¿Y qué simbolizan los pensamientos?
—«Ocupas mis pensamientos.»
—«Ocupas mis pensamientos…» —repitió él. Aparentemente en contra de su voluntad, sus pies dieron un paso hacia Maka y luego otro más, hasta que sólo los separaban unos pocos centímetros. Él casi esperaba que ella retrocediera, pero Maka no se movió; se limitó a mirarlo fijamente con los ojos abiertos de par en par.
Las puntas de los senos de Maka rozaban la camisa de Soul cada vez que ella inspiraba. Una imagen del cuerpo de ella apretado contra el suyo en toda su estatura irrumpió súbitamente en la mente de Soul y le hizo estremecerse íntimamente. Necesitaba alejarse de ella. Inmediatamente.
En lugar de ello, le apartó delicadamente un rizo rebelde de la mejilla y se percató de que le temblaban los dedos.
—Usted está ocupando mis pensamientos en este momento —dijo él, con un ronco susurro.
—¿Ah, sí? ¿Estoy ocupando sus pensamientos?
—Sí. —La mirada de Soul sondeó la de Maka. Él deseaba besarla con todas sus fuerzas, pero, para su desconcierto, estaba experimentando una lucha interna impropia de él, entre sus deseos y su conciencia, una voz interior que había dado por muerta hacía tiempo.
«Te irás de aquí dentro de dos semanas. No te arriesgues a hacer sufrir a una mujer que sólo te ha mostrado amabilidad. Es una inocente chica de campo que no sabe jugar a los enrevesados juegos del amor a los que tú estás tan acostumbrado. ¡Déjala en paz!»
Soul estaba a punto de hacer un noble gesto, increíble e impropio de él, alejándose de ella, cuando la mirada de Maka se detuvo en su boca. Él prácticamente podía sentir la suave caricia de aquellos labios en los suyos.
Ahogando un gemido, enterró mentalmente su conciencia en una honda sepultura y se inclinó hacia delante hasta que sólo unos milímetros separaban sus labios de los de Maka.
Su voz interior hizo un último e ímprobo esfuerzo por hablar, pero él la acalló con firmeza y rozó con su boca los carnosos labios de Maka.
Aquella sutil caricia, en el fondo no más que una fusión de alientos, dejó a Soul insatisfecho y ávido de más. Ahuecando las manos alrededor del rostro de Maka, la volvió a besar, atormentándola dulcemente, recorriendo con sus labios el contorno de los de ella y probando su sabor.
Independientemente de lo que él esperara, desde luego no era el torbellino de sensaciones que inundó todo su cuerpo.
La sangre le empezó a correr a toda velocidad por las venas, palpitando por todo su cuerpo como un río de aguas turbulentas a punto de desbordarse. Su femenina fragancia a flores silvestres lo impregnaba todo, invadiendo los sentidos de Soul, narcotizándole. Maka dejó escapar un velado suspiro de placer, y él tensó el cuerpo como reacción.
El cuerpo de Soul rezumaba calor y, cuando Maka colocó suavemente las palmas sobre su pecho, él sabía que ella palparía el desbocado latido de su corazón.
Perdiéndose en ella, él ahondó el beso, recorriendo la abertura de los labios de Maka con la punta de la lengua.
Ella se los abrió como los pétalos de una flor cuando eclosiona, recibiendo de buen grado aquella invasión de su sedosa intimidad. Su boca era increíblemente acogedora y sabía a gloria.
El instante en que sus lenguas entraron en contacto, Soul sintió que los dos estaban fundidos como la llama se funde con la cera al arder. Emitiendo un grave gemido, ella le rodeó el cuello con los brazos y le devolvió el beso con el mismo fervor.
El abandono de su respuesta confundió a Soul, despojándole del escaso control que le quedaba. Sus partes íntimas se activaron con un intenso hormigueo, y el hormigueo enseguida dio paso a un palpitante dolor. Cuando Maka le ofreció dulcemente su lengua, restregándola lentamente contra la de él, Soul emitió un hondo gemido. Apretándola contra él, capturó los labios de Maka en una secuencia de largos, lentos y narcotizantes besos que desencadenaron oleadas de paralizante placer por todo su cuerpo.
Él deshizo el lazo que recogía la sedosa cabellera de Maka y dejó caer la cinta de satén. Acariciando las suaves y perfumadas ondas con ambas manos, enredó los dedos en su cabello mientras hundía su boca en la de ella con un ávido y abrasador apetito.
—Soul… —le susurró ella al oído cuando él bajó la cabeza para besarle el lado del cuello.
Al oírla murmullar su nombre tan apasionadamente, a él se le escapó otro hondo y dolorido gemido. Soul le besó ávida e intensamente la larga columna del cuello y, cuando la blusa le impidió avanzar, desenredó los dedos de los rizos de Maka y le abrió rápidamente varios botones de la blusa.
Los labios de Soul acariciaron el acelerado pulso de Maka en la base de la garganta y luego siguieron descendiendo hasta hundirse en las voluptuosas curvas de sus senos, que sobresalían sobre el encaje de la combinación. Soul inhaló profundamente y luego acarició con la lengua la piel de terciopelo y olor a rosas de Maka. «¡Dios mío! —pensó—, ¡tiene el tacto de un ángel y sabe a gloria!»
Mientras Maka se aferraba a los hombros de Soul, él le deslizó lentamente los labios cuello arriba. Cuando su boca encontró de nuevo la de Maka, ella separó los labios, acogiendo el fuerte empuje de la lengua de Soul con un empuje similar en sentido contrario.
Él se sentía como si alguien le hubiera prendido fuego por dentro. Sus palmas recorrieron incansablemente la espalda de Maka, deslizándose hacia abajo para apresarle las nalgas, levantarla y apretarla fuertemente contra su creciente y dolorosa excitación. La sensación de los prominentes senos de Maka aplastados contra su tórax, con los pezones endurecidos como puntiagudas crestas, llevó al cuerpo de Soul al límite.
Su control, un aspecto de su personalidad en que siempre había podido confiar, estaba suspendido al borde de un abismo. Tenía el miembro tan tenso como un puño apretado y le dolía a rabiar. Las manos le temblaban con la acuciante necesidad de apresar los senos de Maka… e ir descendiendo… bajo sus pantalones.
A menos que pensara despojarla de sus ropas, estirarla sobre la tierra húmeda y tomarla allí mismo, en el jardín de rosas, tenían que parar. Ya.
Con muchas reticencias y no menos fuerza de voluntad, Soul levantó la cabeza y emitió un hondo y entrecortado suspiro en un intento de recuperar el aliento. Miró a Maka y fue incapaz de contener la oleada de satisfacción masculina al contemplar la mirada aturdida y rebosante de deseo de Maka.
—¡Santo Dios! —dijo ella casi sin aliento—. No tenía ni idea de que besarse pudiera ser tan… tan… —Su voz se desvaneció por completo.
—¿Tan… qué? —preguntó Soul con un ronco susurro que no reconoció como su voz. La mantuvo bien apretada contra su cuerpo, con un brazo alrededor de su cintura, mientras le apartaba un rizo de la ruborizada mejilla con la otra mano.
—Tan emocionante. Tan embriagador. —Suspiró—. Tan absolutamente maravilloso.
—¿No te había besado nunca nadie? —Aquella respuesta tan espontánea y temblorosa convenció a Soul de que Maka había sido sincera, pero ella tampoco era ninguna chiquilla. Seguro que alguien la había besado antes.
—Sólo Giriko Popplemore.
—¿Quién es Giriko Popplemore?
—Un joven del pueblo. Estuvimos prometidos durante un tiempo.
A Soul aquello le sentó como un jarro de agua fría.
—¿Prometidos?
—Sí.
—¿Y te besó? —le preguntó Soul, mientras su enfado iba creciendo más inexplicablemente a cada momento.
Maka asintió.
—Sí, ya lo creo. Varias veces, de hecho.
—¿Y qué pasó? ¿Por qué no os casasteis?
Ella dudó antes de responder.
—Cuando falleció mi padre, informé a Giriko de que no dejaría a mis hermanos cuando nos casáramos, y sus sentimientos hacia mí cambiaron. Me dejó bien claro que, aunque yo le importaba, no estaba dispuesto a cargar con toda mi familia. Me pidió que dejara a mis hermanos con tía Marie, pero yo me negué. —Maka movió repetidamente la cabeza en señal de negación—. ¡Santo Dios! ¡Si tía Marie necesita casi tantos cuidados como Patty! Tras mi negativa, Giriko se fue de viaje al continente. No le he vuelto a ver desde entonces, aunque creo que volvió a Death City hace poco.
—Entiendo. —La mirada de Soul sondeó la de Maka. Sus ojos expresaban con diáfana claridad sus sentimientos. Reflejaban el daño que le había hecho aquel hombre.
Un repentino deseo de partirle la cara al egoísta de Giriko Pop… lo que fuera se apoderó de Soul. La imagen de otro hombre besándola, poniéndole las manos encima, llenó a Soul de una desagradable pero no por ello menos intensa oleada de celos y posesividad.
—Realmente te enseñó a besar. —«El muy canalla.» Frunció el ceño en una mueca de malhumor mientras le dominaba el enfado. «¿Le habrá enseñado algo más?»
Maka abrió los ojos de par en par.
—Ah… pero Giriko no… Me refiero a que él nunca. Nosotros nunca…
—¿Nunca qué?
—Giriko nunca me besó como me acabas de besar tú —dejó escapar impulsivamente.
El imperioso deseo de Soul de partirle la cara a Giriko Pop… lo que fuera se apaciguó considerablemente.
—¿Ah, no?
—Tú eres el único que… —Maka bajó la cabeza.
A Soul le embargó la compasión y se le hizo un nudo en la garganta cuando se la imaginó ofreciendo su corazón a un imbécil insensible que la había rechazado porque era demasiado buena y generosa para abandonar a sus hermanos pequeños bajo el cuidado de una tía anciana y medio chiflada.
Estaba a punto de decirle que Giriko Popincart era un imbécil, cuando ella dio un gritito sofocado.
—¡Santo Dios! ¡La blusa! —Poniéndose de espaldas a Soul, Maka empezó inmediatamente a abrocharse los botones y a arreglarse la ropa—. ¡Dios mío! ¡Qué debes de pensar de mí!
«Creo que eres maravillosa», dijo Soul para sus adentros. Aquel pensamiento le vino súbitamente a la mente, cogiéndole desprevenido. Nunca había pensado nada semejante sobre ninguna mujer. ¿Maravillosa? «Maldita sea, debo de estar perdiendo la cabeza.»
Cuando Maka se dio la vuelta, Soul contuvo un gemido. Con las prisas, se había abrochado la blusa incorrectamente, y la melena, despeinada, le colgaba sobre los hombros, confiriéndole un atractivo aire salvaje. El acuciante deseo de volverla a besar le golpeó en los genitales, dejándole sin habla.
—Debo irme —dijo ella con su voz a un paso del pánico—. Buenas noches. —Y se fue corriendo por el sendero como si la persiguiera el mismísimo diablo.
Soul soltó un sonoro suspiro largamente reprimido. El perfume de Maka seguía impregnándolo todo. Todavía sentía la huella de su cuerpo sobre el suyo.
«¡Maldita sea!»
Había salido a pasear por el jardín para tranquilizar su agitada mente. Pero ahora su mente estaba más agitada que nunca, y encima el cuerpo le dolía con una imperiosa necesidad.
«¿En qué diablos estaba pensando?»
Pero él sabía perfectamente en qué estaba pensando.
Y ahora que conocía su sabor, su tacto, no sabía cómo dejar de pensar en ella.
Acababa de comprobar que descansar y relajarse en el campo estaba sobrevalorado.
De hecho, probablemente tanta relajación le acabaría matando.
*: Eh, acuérdense que no pienso cambiar los significados originales de los nombres e.e y también en el próximo cap se verá eso, así que... los significados que aparezcan no son los de verdad.
Alñjdsflñajsdfa
Me encanta este cap xD Y más que es por su primer beso *q*
Reviews:
hikary-neko: xD Chica, tú más que nadie sabe porqué no subí y sí, tienes que leer por siempre! (?) Vale no. Y si eres perv, y no me puedes cambiar por nada, boba!
Shald120: Gracias :3 aquí tengo más de él o: ojalá te guste c:
Celia-Chop: Ehhh... según el internet Celia significa "Caída del cielo" pero recuerda que la historia no es mía xD sólo me encargo de publicarla para que todos la conozcan c:
SoMa NDxLHxS: De nada :D y tranquila, pronto, pronto :D
shiku-mya: aslñdjfñlaskjfsd perv xD y te recomiendo que leas el original, es muy chido *w*
Dany de Evans: Oh God, me equivoqué al adaptarlo entonces xD sorry D: y lo de Black también se me pasó, me extraña ya que siempre lo leo como 3 veces antes de publicarlo pero bueno, nadie es perfecto :c ojalá te guste este cap :3 y eres un perv :c (?) vale no.
Gracias por sus reviews :D Me hacen tan feliz~ *v*
Aquí les dejo unos pequeños avances del próximo cap :D
Avances~:
"Él ya sabía que besar a Maka sería un error antes de hacerlo, pero por alguna razón insondable no había sido capaz de controlarse. Había algo en aquella mujer, algo que no podía definir, que le atraía como la luz a las mariposas nocturnas. «¡Maldita sea! ¡Esa mujer me ha dejado temblando!»
—Te estás sonrojando, Maka. Igual que cuando me dijiste que tu nombre significaba «prado de heno». —Hizo una pausa y le miró directamente a la boca—. Creo que ahora nos conocemos lo suficiente para que me expliques por qué el significado de tu nombre te enciende de ese modo las mejillas.
—¡Hola! ¿Es usted, señorita Albarn?
Las miradas de todos se centraron en un grupo de personas que salían del bosque.
—¡Santo Dios, Maka, es el doctor Death! —dijo Chrona en voz baja y con tono de preocupación—. ¿Qué pensará de mí si me ve en este estado? ¡Oh, Dios!
Soul se quedó allí parado, mirándola fijamente mientras se alejaba. No lograba recordar la última vez que alguien se había atrevido a contradecirle. O la última vez que se había disculpado. Ni aquel desagradable remordimiento por haber hecho sufrir a otra persona. Ni tampoco que le importara que alguien pensara mal de él.
Lo único que sabía era que le dolía el corazón.
Y no tenía nada que ver con los golpes que Maka le había dado en el pecho."
Aviso:
Me iré de viaje mañana así que lo más seguro es que publique hasta la próxima semana, el lunes. Aun no estoy segura pero lo más seguro es que sea hasta el lunes :3
Sip, ya aparecerá el sexy de Kid, y esta pareja a hice para mi cuñis porque sé que le encanta xD Ojalá les haya gustado mis amados~
Hasta la próxima~~
By.
Ren.
