¡Aquí como prometido! :D
Soul Eater no me pertenece, ni Rosas Rojas, sólo hago esto por fines de entretenimiento c:
Capítulo 7
Sabiendo que, tras el escarceo que había tenido con Maka en el jardín, le resultaría imposible dormir, Soul se encaminó lentamente hacia la casa y entró en la biblioteca. Encendió la lámpara de aceite, fue directamente hacia la garrafa de brandy y se bebió dos copas en rápida sucesión.
El fuerte licor se filtró por sus venas, relajándole en alguna medida. Aliviado, se sirvió otra copa bien llena y se dejó caer en una de las butacas orejeras que había junto a la chimenea. «¿Qué diablos estoy haciendo?»
Dio otro sorbo al brandy y se dio cuenta, muy a su pesar, de que le temblaban las manos. Estaba sumamente excitado, nervioso y condenadamente incómodo en aquellos pantalones tan estrechos.
Él ya sabía que besar a Maka sería un error antes de hacerlo, pero por alguna razón insondable no había sido capaz de controlarse. Había algo en aquella mujer, algo que no podía definir, que le atraía como la luz a las mariposas nocturnas. «¡Maldita sea! ¡Esa mujer me ha dejado temblando!»
Dio otro sorbo al brandy, intentando quitarse de la cabeza la imagen de Maka mientras la estrechaba entre sus brazos. Fracasó estrepitosamente. Era dulce. Increíblemente dulce y sensible. Casi podía oírla suspirando su nombre, sus ojos nublados por la creciente pasión.
Con un gemido, reclinó la cabeza en el respaldo de la butaca y cerró los ojos, dejándose embargar completamente por el recuerdo de sus besos. Nunca había besado a una mujer tan alta, y tenía que admitir que había sido una experiencia única. Todas sus curvas se adaptaban a las formas de su cuerpo como las piezas de un puzzle, encajando perfectamente. Si ella no hubiera salido corriendo del jardín, sabe Dios lo que habría ocurrido.
Maka le excitaba como ninguna otra mujer le había excitado hasta entonces. Cuando le rodeó el cuello con los brazos y se apretó contra él, a Soul estuvieron a punto de fallarle las rodillas.
De dónde había sacado las fuerzas para contenerse de arrancarle la ropa y hundir su virilidad en su acogedora calidez era algo que Soul no sabría nunca. Conocía a muchos hombres que se dejaban llevar por sus pasiones y tomaban decisiones imprudentes basadas en las necesidades corporales en vez de en la razón. Normalmente Soul no tenía ese tipo de problemas, pero besar a Maka había sido, sin lugar a dudas, algo que llevaba el sello de las necesidades corporales.
A pesar de que la cabeza le decía que no la besara, a pesar de que la lógica le gritaba que era una decisión imprudente, había hecho caso omiso de lo que le dictaba la razón. «Y ahora, mira cómo estás, bebiendo brandy a media noche, todavía inquieto e incapaz de conciliar el sueño. Y todo por culpa de una solterona que se ha quedado para vestir santos.» Si los miembros de su club pudieran verle en ese momento, soñando despierto con una inocente muchachita de pueblo, se partirían de risa a su costa.
«Pero no es sólo una muchachita de pueblo que se ha quedado para vestir santos —le interrumpió su voz interior—. Exceptuando a Tsubaki, ella es la única persona realmente buena que has conocido en toda tu vida. Lo comparte todo con todo el mundo: su familia, sus amigos e incluso los desconocidos, y sin pedir nada a cambio. ¿Qué tipo de persona haría algo así?»
Un ángel.
«Pero mira todos sus defectos.» Su comportamiento, su ropa, su familia… harían rasgarse las vestiduras a las damas de la alta sociedad. Pero, aun así, de algún modo aquella mujer le había calado muy hondo. Y, ¡maldita sea!, aquello no le gustaba lo más mínimo. Y lo que también le preocupaba sobremanera era que Maka pareciera tan alterada cuando salió corriendo del jardín.
Frustrado, Soul apuró el brandy y se levantó. Deambuló nerviosamente de un lado a otro. Tenía que afrontar la realidad. La única razón de que se hubiera quedado en la casa de los Albarn era que alguien pretendía matarle. Regresaría a Londres dentro de unas semanas y, sin lugar a dudas, no volvería a ver a Maka nunca más. El tiempo que iba a tener que pasar en el campo debería invertirlo en pensar en la forma de capturar a su asesino, no en besarse con una mujer en el jardín. Pero parecía estar resultándole muy difícil recordar por qué estaba allí. No tenía ningún sentido iniciar ningún tipo de aventura con aquella mujer. Tal vez si ella tuviera más experiencia y supiera coquetear siguiendo sus reglas, se plantearía la posibilidad de pasar aquella estancia forzada en Death City entre sus brazos.
Pero no tenía ningún interés en seducir a una virginal solterona. Soul se detuvo y miró hacia abajo, clavando la mirada en su excitación todavía visible y torció el gesto en una expresión de medio arrepentimiento.
Bueno, tenía que admitirlo, deseaba seducirla. Pero no iba a hacerlo. Su vida estaba en Londres, y no había espacio en su mundo para la señorita Maka Albarn ni su pandilla de ruidosos hermanos. Lo único que tenía que hacer era mantenerse lo más alejado posible de ella y controlarse cuando la tuviera cerca. No más besos. Ni uno más. Nunca más. Había permitido que las cosas se le fueran de las manos aquella noche, un error que no se podía repetir. Asintió enérgicamente con la cabeza y se encaminó hacia su alcoba.
Seguro que no le costaba demasiado controlar sus deseos carnales durante un par de semanas. Luego, en cuanto volviera a Londres, se refugiaría en los complacientes brazos de su amante y se olvidaría de aquel deseo enfermizo de poseer a una sencilla chica de campo.
«Ya lo creo. En cuanto sacie mis deseos con mi amante, todos mis pensamientos sobre Maka se desvanecerán completamente.»
Su voz interior le dijo: «¡Lo dudo mucho!», pero, con grandes esfuerzos, él consiguió ignorarla.
Maka estaba tumbada en su cama, mirando al techo fijamente, reviviendo la última hora, la hora más maravillosa y más vergonzosa de toda su vida. Sus emociones oscilaban constantemente entre la euforia y la vergüenza.
Un escalofrío le recorrió el espinazo al evocar el contacto con la boca de Soul, el calor de su cuerpo, aquel olor a limpio mezclado con toques picantes y aroma de madera que sólo le pertenecía a él. El calor le inundó las venas y se le concentró en el vientre. Después de vivir veintiséis años sin tener la más remota idea de cómo se sentía el deseo, Soul se lo había enseñado en cuestión de minutos.
Aquel extraño calor, doloroso y placentero al mismo tiempo… aquel palpitar del corazón… aquel cosquilleo que invadía todos sus sentidos… eso era el deseo. Se llevó las yemas de los dedos a los labios, ligeramente hinchados, y se los palpó.
«¡Santo Cielo! ¿Qué pensará de mí?», se preguntó. Al evocar su desenfrenada reacción a sus besos y a sus caricias, se le encendieron las mejillas. Pero él había abrumado completamente todos sus sentidos. Ella no podría haber contenido aquella reacción tan desinhibida, del mismo modo que no se puede arrancar la luna del cielo.
Giriko Popplemore nunca le había hecho sentirse de aquel modo, como si toda ella fuera de mantequilla y estuvieran a punto de fallarle las piernas. De hecho, lo que sentía por Soul hacía palidecer sus sentimientos adolescentes hacia Giriko, como si nunca hubieran existido.
Mientras Maka se iba dando cuenta del significado de aquel pensamiento, su corazón se saltó un latido. Sentándose de un salto en el borde de la cama, se apretó las palmas contra sus calientes mejillas, entre horrorizada y consternada por el descubrimiento.
Se estaba enamorando de Soul Evanson.
«Enamorarme. ¡Santo Dios! ¿Es eso posible?»
Se dejó caer hacia atrás y se obligó a hacer varias inspiraciones profundas para tranquilizarse. Hacía tiempo que se había quitado de la cabeza la idea de encontrar a un hombre a quien amar y con quien compartir la vida. Había sabido salir adelante sola cuando Giriko la abandonó y, mirando hacia atrás, no podía culparle por no haber querido hacerse cargo de toda la familia Albarn. La responsabilidad, como ella bien sabía, era como para intimidar a cualquiera.
Ella había pasado todos aquellos años entregada en cuerpo y alma a su familia, sus días completamente ocupados en llevar la casa y educar a sus hermanos. Ninguno de los caballeros del pueblo era de su agrado y, de todos modos, ella sabía que era demasiado alta, demasiado normalita y demasiado poco convencional para que ningún hombre se fijara en ella. Con tan poco entre lo que elegir, había apartado de su mente cualquier esperanza de romanticismo y de amor.
Hasta que Soul Evanson entró en su vida.
Aquel hombre había ocupado constantemente sus pensamientos desde que lo encontró tendido sobre un riachuelo. Incluso cuando estaba postrado en el lecho, entre convulsiones febriles y cerca de la muerte, Maka había sentido algo, un indescriptible e inexplicable vínculo que la unía a él.
Cuando al fin se despertó y ella pudo mirarle a los ojos, aquellos preciosos ojos de color rojo oscuro, le dio un brinco el corazón. Ahora, después de pasar varios días con él, sus sentimientos se estaban haciendo cada vez más fuertes. Aparte de ser el hombre más imponente desde el punto de vista físico que ella había visto nunca, Soul tenía algo que la fascinaba.
El hecho de que no tuviera familia le encogía el corazón. Sí, Soul tenía un aire de tristeza, una vulnerabilidad interior que la atraía como el néctar a las abejas. Deseaba con todas sus fuerzas desterrar aquellas sombras que acechaban tras sus ojos y oscurecían su mirada.
Ella se había dado cuenta de que Soul a veces se quedaba helado cuando ella lo tocaba, como si las caricias tiernas y afectuosas fueran algo completamente desconocido para él. Le recordaba a la gatita con una pata rota que había recogido cuando era niña. Ella se había desvivido cuidando de aquella pobre y necesitada criatura. La llevó al establo, le curó la pata y la llamó Medusa. Cuidó y alimentó a aquel peludo animalillo con todo su amor, poniendo todo su corazón, su alma y su compasión en la tarea. Medusa, que no tenía amigos y estaba completamente sola en el mundo, se deleitó ante tantas atenciones. A pesar de que alguna vez le bufó y le sacó las uñas, Maka nunca perdió la paciencia y pronto se hicieron uña y carne. Medusa murió cuando Maka tenía dieciséis años, y ella se pasó varios días llorando su muerte.
Soul le recordaba a aquella gatita, herida y desesperadamente necesitada de amor y compasión, aunque él ni siquiera lo supiera.
«Tal vez le pueda curar por dentro, además de por fuera. Tal vez nadie haya sido realmente bueno con él, tal vez nadie le haya querido de verdad.» Su mente se empezó a acelerar. Quizá, si le mostraba a Soul lo que era el amor de una familia, tal vez querría quedarse a vivir en Death City.
«Tal vez le acabe importando tanto como él me importa a mí.»
En aquel momento Maka se dio cuenta de que si Soul no se quedaba, si se iba dentro de dos semanas como tenía pensado, a ella se le partiría el corazón. ¿Qué probabilidades había de que él también se enamorara de ella y quisiera quedarse? Maka negó con la cabeza. Un hombre ya la había dejado plantada por las responsabilidades que suponía compartir la vida con ella. Nada había cambiado, ella nunca se plantearía la posibilidad de abandonar a su familia.
Y luego estaba la cuestión de su secreta profesión. ¿Cómo podía siquiera plantearse la posibilidad de iniciar una relación romántica en tales circunstancias? Y, además, no podía hacerse ninguna ilusión en lo que se refiere a su atractivo femenino. Nunca había tenido ninguno.
«No te olvides de cómo te ha besado», le interrumpió su voz interior. Aquel beso. ¿Cómo iba a olvidarlo? Y lo cierto es que, mientras la besaba, Soul también parecía estar disfrutando. Tal vez no era tan poco atractiva como pensaba. Maka descartó inmediatamente aquella idea con un gesto de negación. No, categóricamente, los encantos femeninos no eran su fuerte.
¿Llegaría a importarle a Soul algún día?
Maka volvió a negar con la cabeza. Las probabilidades no estaban precisamente a su favor.
Pero, independientemente de cuáles fueran sus probabilidades de éxito, ¿acaso no merecía la pena arriesgarse?
Cuando a la mañana siguiente Soul entró en la habitación del desayuno, la encontró vacía, exceptuando a tía Marie, que estaba sentada a la mesa tomándose un café a sorbos lentos.
—Buenos días, señor Evanson —dijo ella—. Hay café, fruta y bollitos en el aparador.
—Muchas gracias, señorita Albarn —dijo Soul agradecido. Tenía un insoportable dolor de cabeza debido a lo mucho que se había excedido con el brandy la noche anterior. Deseó desesperadamente que Sigfried estuviera allí para aliviarle el dolor con alguno de los horribles brebajes que solía darle tras una noche de excesos. Puesto que su ayuda de cámara no estaba presente, el café le pareció el mejor candidato para aliviarle el malestar. Le debía a Maka una disculpa, y quería que todas sus facultades estuvieran intactas antes de enfrentarse a ella.
—Por favor, llámeme tía Marie —le dijo con una cordial sonrisa—. Todo el mundo lo hace. Y ahora usted forma parte de la familia, querido muchacho.
La mano de Soul se detuvo a medio camino cuando estaba haciendo el ademán de coger una taza de café. «¿Parte de la familia?» Si apenas sentía que formaba parte de su propia familia.
—Eh… gracias… tía Marie. —Para disimular su confusión, dio un par de sorbos al café.
—Esta mañana se ve un poco pálido —comentó tía Marie.
La imagen de Maka le vino súbitamente a la mente.
—Me temo que no he dormido muy bien.
—No se preocupe, querido. Yo tampoco oigo muy bien algunas veces, aunque la mayor parte del tiempo mi oído es bastante fino, por mucho que se empeñen mis sobrinos en decir que estoy medio sorda. —Negó con la cabeza en señal de disgusto.
Soul dio otro sorbo al café y estuvo a punto de atragantarse.
—He dicho que no he DORMIDO muy BIEN.
—¿Ah, no? ¿Y cómo se encuentra esta mañana?
—Me encuentro bien, gracias.
Una radiante sonrisa iluminó el rostro de querubín de tía Marie.
—¿Ah, sí? Me alegra oírlo, aunque me extraña un poco. Está bastante pálido.
—Estoy bien —dijo Soul con cierto deje de crispación. Aquella conversación le estaba empeorando el dolor de cabeza—. ¿Dónde está todo el mundo? —preguntó levantando un poco la voz para asegurarse de que tía Marie le oía bien.
—Maka está dando clase a los niños en el lago.
—¿Clase? ¿En el lago?
—Claro que sí. Maka siempre les imparte las clases al aire libre si el tiempo acompaña. —Luego se inclinó hacia delante—. Yo me he quedado en casa para supervisar lo que hace la mujer que viene del pueblo a lavar la ropa. Maka dice que no sabe cómo se las arreglaría si yo no estuviera aquí para controlar la tina de lavar. ¡Si no estoy encima de ella, podría estropearnos toda la ropa!
Una media sonrisa iluminó los labios de Soul. Nadie como Maka para hacer que su tía se sintiera importante. Se acabó el café, se levantó de la silla y se acercó a tía Marie. Cuando estuvo justo enfrente de ella, le tomó la mano, le hizo una reverencia formal y le dio un breve beso en el dorso de la mano.
—Maka y los niños tienen mucha suene pudiendo contar con usted, tía Marie. —Le dijo en voz alta, y supo que ella le había oído cuando un sonrosado rubor le iluminó las mejillas.
—Bueno. —Se atusó el pelo y dejó caer los párpados con disimulada coquetería—. ¡Qué cosas tan maravillosas dice, señor Evanson! Apostaría a que usted es incluso más encantador que el mismísimo rey. —Lo miró tímidamente desde abajo y se ruborizó todavía más.
Soul se rió.
—No estoy muy seguro de que la palabra «encantador» sea la más adecuada para describir a Su Majestad.
A tía Marie se le pusieron los ojos como platos.
—¡Santo Dios! Pero… ¿acaso usted le conoce en persona?
—Por supuesto. —De repente Soul se dio cuenta de lo que estaba diciendo y añadió—: No. —Luego tosió varias veces—. Por supuesto que no. —«¡Maldita sea!, tengo que acordarme de quién soy, o mejor, de quién se supone que soy. Desde luego, los tutores no suelen intimar con reyes»—. Si me disculpa —prosiguió— creo que voy a dar un paseo hasta el lago para ver a los demás. —Volvió a hacer una reverencia sobre la mano de tía Marie y salió del comedor.
—¡Qué joven tan simpático! —dijo tía Marie en voz alta cuando se quedó sola—Es tan encantador. Y tan endiabladamente apuesto. Me pregunto qué estará planeando mi sobrina al respecto.
Soul oyó sus voces antes de verlos.
Deteniéndose tras un bosquecillo de hayas, se mantuvo fuera de la vista del grupo y estuvo un rato escuchando.
—Excelente. —Era la voz de Maka—. Y ahora, quién puede decirme quién era Brabancio?
—Era el padre de Desdémona en Otelo —contestó Hero—. Se oponía tajantemente a su matrimonio con el moro.
—Correcto —dijo Maka—. ¿Y qué me decís de Goneril?
—Era la malvada hermana mayor del rey en El Rey Lear —contestó Ragnarok—. Ésta es muy fácil, Maka. Pregúntanos algo más difícil.
—Está bien. ¿Quién era Demetrio?
—El joven que estaba enamorado de Hermia en El sueño de una noche de verano —dijo Hero.
—No —objetó Ragnarok—. Era un amigo de Marco Antonio en Marco Antonio y Cleopatra, ¿verdad, Maka?
—De hecho, los dos tenéis razón —dijo Maka—. Shakespeare solía utilizar los mismos nombres para los personajes de obras distintas.
Soul dio un paso y salió de detrás de los árboles.
—Demetrio también era el hermano de Chiron en Titus Andronicus.
La «clase» era una enorme colcha apolillada extendida sobre la hierba. Hero y Ragnarok estaban tumbados boca abajo. Maka estaba sentada con las piernas dobladas y la falda marrón extendida a su alrededor, mientras Chrona y Patty estaban sentadas a cierta distancia delante de sendos caballetes con pinceles en las manos.
Maka se giró al oír la voz de Soul.
—¡Sou… señor Evanson! ¡Qué… grata sorpresa!
—¿Puedo unirme a ustedes?
Maka dudó un momento y luego se apartó para hacerle sitio.
—Por supuesto.
Soul se sentó a su lado. La repasó disimuladamente con la mirada y se le desbocó el corazón. El fuerte sol matutino centelleaba sobre su melena ceniza, produciendo suaves reflejos dorados, y un delicado rubor rosáceo le coloreaba los pómulos. A pesar del vestido, sencillo y bastante soso, estaba absolutamente preciosa.
Alargando la mano, Soul le obsequió con un ramillete de flores.
—Para usted.
Una lenta y bonita sonrisa iluminó por completo el rostro de Maka, y a él, bastante previsiblemente, le dio un vuelco el corazón.
—Pensamientos —dijo ella con dulzura—. Muchísimas gracias.
Él se le acercó, se inclinó hacia ella y en voz baja, para que sólo ella lo pudiera oír, le dijo:
—Discúlpame, por favor. Ayer por la noche dejé que las cosas se me fueran de las manos.
El rubor de Maka se intensificó, adquiriendo una tonalidad rosa intenso.
—Por supuesto.
Soul sintió un gran alivio, aunque todavía le gustó más comprobar que a ella le perturbaba su presencia.
—¿Quiere unirse a nuestra clase? —le invitó ella—. Casi había olvidado que usted es tutor.
La mirada de Maka se deslizó hacia abajo, deteniéndose en la boca de Soul, y éste ahogó un suspiro. A él aquella mirada le afectó como si ella le hubiera acariciado. Tardó varios segundos en procesar aquel comentario. Maka había olvidado que él era tutor. «Yo había olvidado que te dije que era tutor. Estaba demasiado ocupado recordando nuestros besos.»
Con un gran esfuerzo, dejó de mirar a Maka y se obligó a centrar la atención en Hero y Ragnarok.
—Parece que realmente domináis la obra de Shakespeare —comentó Soul. «Menos mal que no he llegado en medio de la clase de latín», pensó para sus adentros.
—¿Le gusta Shakespeare, señor Evanson? —preguntó Ragnarok, con los ojos brillantes de curiosidad.
—Sí, pero siempre he preferido las historias del rey Arturo y los caballeros de la tabla redonda. —Recordó sus años de infancia, en que se escapaba furtivamente a los bosques que rodeaban Evans Hall, con Wess y Tsubaki, y jugaban a que estaban buscando el Santo Grial.
Era uno de sus mejores recuerdos de infancia. Pero el juego se acabó en cuanto su padre se enteró de «semejante tontería».
—¡Nosotros jugamos muchas veces a ser caballeros del rey Arturo! —exclamó Hero. Señaló un claro del bosque en la distancia—. Estamos construyendo un castillo con piedras en el prado que hay más arriba. Ragnarok es Arturo y yo Lancelot. Nos falta alguien que haga de Galahad. ¿Le gustaría jugar con nosotros?
—Si no recuerdo mal, Galahad es un joven virtualmente sin defectos —dijo Soul frunciendo el ceño teatralmente—. No creo que diera la talla.
—¿Y qué me dice de Perceval? —intervino Ragnarok—. Era uno de los tres caballeros que buscaban el Santo Grial.
—De acuerdo —asintió Soul—. Yo seré Perceval. —Se giró hacia Maka—. ¿Y qué papel desempeña usted en Camelot?
Ella se rió.
—Chrona y yo compartimos el papel de la reina Ginebra. Raramente participamos en las grandes hazañas de los caballeros. Nuestra función consiste en cuidar del castillo y esperar el regreso de los valientes caballeros.
—Patty es el paje del rey Arturo —dijo Hero.
—Realmente parece que tenéis una buena pandilla para buscar el Santo Grial. ¿Cuándo es la próxima expedición? —preguntó Soul.
Ragnarok y Hero miraron a Maka expectantes e ilusionados.
—¿Hoy, Maka? ¡Por favor!
—Mañana, mis valientes caballeros. No habrá búsqueda del Santo Grial hasta que acabemos las clases y las tareas que tenemos pendientes.
Ragnarok y Hero se quejaron, pero obedecieron cuando Maka les indicó que tenían que proseguir con la clase. Soul observó con interés los métodos de enseñanza de Maka. Dio instrucciones a Hero para que redactara un breve relato, se inventó media docena de complicados problemas de matemáticas para Ragnarok, indicó a Patty que hiciera dibujos con objetos que empezaran por las distintas letras del abecedario. Y, por último, comentó algunos aspectos de las tareas domésticas con Chrona mientras preparaban el picnic del mediodía. Aquello no tenía nada que ver con las frías y disciplinadas clases que Soul había recibido de sus rígidos tutores particulares durante su infancia.
¿Hacía aquella mujer algo de forma convencional? Por supuesto que no. Y él estaba empezando a sospechar que aquello formaba parte de su tremendo atractivo.
Cuando los niños hubieron completado sus tareas, todo el mundo se reunió en torno a la colcha para comer. Maka sacó fuentes conteniendo pasteles fríos de carne, pollo, pescado y queso, mientras Chrona iba cortando rebanadas de pan.
Después de servir a los niños, Maka se dirigió a Soul.
—Espero que tenga hambre, señor Evanson.
—Muchísima —le aseguró Soul, recordándose a sí mismo que estaban hablando de comida.
—¿Qué parte del pollo prefiere? —le preguntó, mirando dentro de la cesta de la comida—. Tengo tres muslos, una pechuga y dos alas.
—¿En serio? Debe de verse negra para encontrar ropa que le vaya bien.
Al principio pareció confundida por aquellas palabras y luego, cuando se dio cuenta de lo que significaban, se le tiñeron las mejillas de un rojo intenso.
—No me refería a…
—Estaba bromeando, Maka —dijo con dulzura, sintiéndose más alegre de lo que se había sentido en muchos años. Alargó el brazo alrededor de Maka, cogió un muslo de pollo y le dio un mordisco con fruición—. Delicioso —proclamó, guiñándole el ojo con descaro. «Nunca pensé que ser tutor fuera tan divertido.»
Inclinándose hacia Maka, le dijo bajando la voz:
—Te estás sonrojando, Maka. Igual que cuando me dijiste que tu nombre significaba «prado de heno». —Hizo una pausa y le miró directamente a la boca—. Creo que ahora nos conocemos lo suficiente para que me expliques por qué el significado de tu nombre te enciende de ese modo las mejillas.
Mirando a su alrededor, Soul comprobó que Ragnarok y Hero estaban absortos en la improbable combinación de actividades que suponía comer pasteles de carne e intentar coger un saltamontes. Chrona y Patty estaban sentadas en el extremo más alejado de la extensa colcha, comiendo, mientras se reían de las payasadas de Ragnarok y Hero.
—Esto es todo lo solos que podremos estar entre semejante multitud. Cuéntamelo ahora —le instó.
A Maka le brillaron los ojos como si algo le pareciera sumamente divertido.
—No quiero escandalizarte.
Él agitó la pata de pollo en el aire en un ademán triunfal.
—Yo no me escandalizo por nada. Te lo aseguro.
—Está bien, pero luego no digas que no te he avisado. En la familia Albarn es tradición poner nombre a los hijos en honor al lugar o las circunstancias que rodearon su… eh… concepción.
Soul la miró fijamente durante varios latidos de corazón mientras iba entendiendo lo que acababa de oír.
—Te refieres a que tus padres…
—Exactamente. En un prado de heno. Estoy profundamente agradecida a que no hubiera ningún riachuelo cerca o tal vez me habrían puesto un nombre tan horrendo como «Aguada» o «Riachuela».
—Desde luego. —A Soul se le escapó una risita—. Debo admitirlo, ahora siento curiosidad por el origen de los nombres de tus hermanos.
Ella levantó las cejas.
—Tenías razón. No te escandalizas por nada.
—Afirmativo.
—De acuerdo. Chrona significa «fabricada con miel»*. Al volver de uno de sus viajes, mi padre le trajo a mi madre una jarra de porcelana llena de miel y… —Su voz se fue desvaneciendo poco a poco.
Soul contuvo la risa.
—No hace falta que sigas. Me lo puedo imaginar.
—Hero significa «regalo de Dios»* y mis padres lo eligieron porque habían rezado pidiéndole a Dios un varón. Ragnarok significa «varonil»*, elegido por mi madre porque ella decía que mi padre era… eso, varonil. —Maka se llevó la mano a la boca y tosió—. Y Patty* significa «la más bonita», de nuevo elegido por mi madre para conmemorar su… bueno, aquella noche con mi padre.
Soul no estaba seguro de qué le hacía más gracia —aquellas «escandalosas» anécdotas o el creciente color carmesí que estaban adquiriendo las mejillas de Maka. Sus miradas se cruzaron y los dos dejaron de reírse. El regocijo de Soul se desvaneció súbitamente, dando paso al imperioso deseo de tocarla. De besarla. Todas las promesas que se había hecho a sí mismo la noche anterior se esfumaron como por arte de magia, y el firme propósito que había tomado se derritió como el azúcar en el té caliente.
Por primera vez en muchos años, no tenía absolutamente nada que hacer aparte de sentarse sobre una colcha junto a un lago y mordisquear muslos de pollo, y estaba disfrutando de lo lindo. Todas las obligaciones y responsabilidades con que tenía que cargar estaban a kilómetros de distancia de aquel momento. Le embargó una profunda sensación de paz que no había sentido en toda su vida.
No debería coquetear con Maka, pero no lo podía evitar. Su mirada se detuvo en aquellos inmensos ojos de un esmeraldas brillantes y una lenta sonrisa curvó la comisura de sus labios.
Soul deslizó un dedo perezoso por la ruborizada mejilla de Maka. Ella inspiró entrecortadamente y separó ligeramente los labios, atrayendo la atención de Soul. La necesidad de volver a probar el sabor de aquella apetitosa boca se estaba imponiendo sobre su sentido común a marchas forzadas. Inclinándose más hacia ella, le susurró al oído:
—Tu piel adquiere la tonalidad más fascinante cuando…
—¡Maka! —la voz de Patty irrumpió súbitamente—. ¿Puedo tomar un poco de sidra?
Maka respiró sofocada. A Soul le embargó una profunda decepción.
Apartando la mano de Soul con un movimiento brusco, Maka centró su atención en servir a Patty un poco de sidra, y se perdió la magia del momento.
Chrona volvió a unirse al grupo y se sirvió otra rebanada de pan.
—¿Qué edad tienen los niños a quienes enseña, señor Evanson? —preguntó Chrona.
Soul se forzó en apartar la mirada de la tentadora boca de Maka.
—El joven a quien tenía como alumno hasta hace poco se trasladó a Eton recientemente, y ahora mismo estoy sin trabajo —improvisó sobre la marcha—. Tengo programado empezar con una nueva familia el mes que viene.
—¿Dónde vive esa familia? —preguntó Patty—. Espero que viva cerca de Death City para que le podamos ver a menudo. —Sus grandes ojos se clavaron en Soul y le miraron con gran expectación.
La alegría de Soul se desvaneció ligeramente y una nota de seriedad se reflejó en su rostro. En cuanto abandonara Death City, dudaba que volviera a ver otra vez a los Albarn. Su vida estaba casi exclusivamente en Londres o la finca que tenía en el campo, el Señorío de Evans, que se encontraba a dos horas de Londres en la dirección opuesta a la de Death City. Él y los Albarn se movían en círculos sociales completamente diferentes. No, era poco probable que los volviera a ver.
—Me temo que la familia vive muy lejos de Death City, Patty —contestó él. Los ojos de Patty perdieron súbitamente el brillo de la esperanza, y Soul sintió una punzada de ternura en el corazón.
—Vaya —dijo Patty, visiblemente decepcionada. Luego se le volvió a iluminar el rostro—. Tal vez pueda venir a visitarnos. Maka me prometió que celebraríamos una fiesta el mes que viene por mi cumpleaños. ¿Le gustaría venir? Habrá una gran merienda con té, pastas y pasteles.
Soul se salvó en el último momento gracias a un fuerte ladrido. Se dio la vuelta y emitió un grito sofocado mientras observaba atentamente a tres perros gigantescos —¿o eran caballos pequeños que habían aprendido a ladrar?— que corrían directamente hacia ellos como alma que lleva el diablo. Sin demasiado entusiasmo, Soul hizo ademán de levantarse, pero Maka le retuvo sujetándole del brazo.
—Yo de usted no me levantaría —le avisó entre risas—. Sólo conseguirá que le tiren al suelo.
—¿Qué diablos son? —Soul miró con desconfianza a las bestias que se aproximaban—. Parece como si pudieran comerse a Patty de un bocado. Y casi están encima de nosotros.
—Son nuestros perros. Ya sé que su aspecto es bastante intimidador, pero son dóciles como corderitos. Limítese a quedarse quieto y deje que le olfateen. Se harán íntimos amigos en menos que canta un gallo.
A Soul no le dio tiempo a contestar. Los tres perros se precipitaron sobre ellos, ladrando, dando lengüetazos y moviendo nerviosamente la cola, y se instauró el caos. Las bestias alternaban entre engullir ávidamente cualquier resto de comida que había quedado sobre la colcha, lamer a los Albarn y ladrar de forma desafiante. Soul se quedó sentado, completamente paralizado, rezando para que el monstruo que le estaba olfateando la oreja no decidiera arrancársela de cuajo al confundirla con unos entremeses.
—¿Puedo presentarle a nuestros perros, Winky, Pinky y Stinky? —dijo Maka intentando sin demasiado éxito contener la risa—. Chicos, os presento al señor Evanson, nuestro invitado. Espero que le tratéis con la máxima amabilidad y consideración.
A la bestia que estaba justo delante de Soul le faltaba un ojo.
—Supongo que éste es Winky1 —tanteó Soul dirigiendo una mirada de reojo a Maka.
—Sí, el pobre Winky perdió un ojo al poco tiempo de nacer. Y éste es Pinky2. Patty le puso ese nombre porque, cuando era un cachorro, no tenía pelo, sólo piel de color rosa.
Soul se contuvo de señalar que Pinky seguía sin tener mucho pelo. Era probablemente el ser más horripilante que Soul había visto en toda su vida.
La tercera bestia se acercó a Soul, restregó el hocico contra su cara y ladró una vez. Sin lugar a dudas, aquel animal era Stinky3. El hedor de su aliento casi mareó a Soul. Luego, antes de que él pudiera hacer nada, la bestia le lamió todo el lado de la cara con su lengua viscosa y hedionda.
—¡Venga, chicos! —gritaron Hero y Ragnarok. Recogieron varios palos y corrieron hacia la orilla del lago.
Al cabo de varios segundos, los perros entraban nadando en el agua, persiguiendo con visible entusiasmo los trozos de madera.
—¿Necesita un pañuelo? —preguntó Maka a Soul mirándole sin ningún disimulo la cara manchada de saliva.
Soul se tocó la mejilla con los dedos.
—De hecho, creo que un buen baño sería más apropiado —dijo en tono de guasa. Si Mosquito hubiera vivido aquella escena, su impecable ayuda de cámara habría muerto de apoplejía, inmediatamente después de condenar a muerte a aquellos perros.
—Espere aquí, le mojaré una servilleta.
Maka se levantó, caminó hasta el lago, se agachó y sumergió el extremo de una servilleta de lino en el agua.
—¡Cuidado, Maka!
El aviso de Ragnarok llegó demasiado tarde.
En cuanto Maka se levantó, una de las bestias saltó sobre ella y le apoyó las enormes patas delanteras encima de los hombros.
Maka, que evidentemente no estaba preparada para recibir un saludo tan entusiasta, perdió el equilibrio. Se cayó hacia atrás y aterrizó en el agua, con una sonora salpicadura, mientras el gigantesco animal seguía encima de ella, lamiéndole la cara.
Soul se puso de pie de un salto, ignorando el dolor que aquel repentino movimiento le provocó en las costillas, y corrió hacia la orilla.
—¡Para ya, perro loco! —chilló Ragnarok, dándole a la bestia un fuerte empujón.
El perro obsequió a Maka con un último lametón en la cara y se alejó, corriendo orilla abajo, seguido por sus compañeros en una frenética carrera.
Cuando Soul llegó a la orilla, Ragnarok y Hero habían ayudado a Maka a ponerse de pie y la estaban ayudando a salir del lago. Soul se detuvo y contempló la escena.
Maka estaba empapada, de pies a cabeza. Tenía la melena aplastada contra el cráneo, pequeñas hojitas pegadas a los cabellos y manchas de lodo salpicándole la cara, como pequeñas pecas sobre su pálida piel.
El vestido, manchado de lodo negro, se le pegaba al cuerpo como una segunda piel. Soul la repasó de arriba abajo con la mirada, mientras su imaginación se deleitaba con la perfección de las curvas que se insinuaban bajo el tejido.
Las ventanas de la nariz se le contrajeron en cuanto le llegó una bocanada de aire procedente de Maka. Olía a perro muerto. Era evidente que Stinky era el culpable. La mirada de Soul se volvió a detener en el rostro de Maka y se quedó de piedra, atónito ante lo que veían sus ojos.
Esperaba que Maka estuviera enfadada. Cualquiera de las mujeres que conocía, incluyendo su hermana, que tenía buen corazón, estaría furiosa y enrabiada después de semejante incidente.
Pero Maka sonreía.
—¿Estás bien? —le preguntó Chrona mientras tomaba a Patty de la mano.
Maka se rió y se miró de arriba abajo.
—Bueno, tengo un aspecto horrible y huelo todavía peor, pero aparte de eso, estoy bien. —Dirigió una tímida mirada a Soul—. ¿Le había comentado que los perros son algo excitables?
A Soul se le ocurrieron inmediatamente varios adjetivos más para describir aquellas bestias asquerosas, pero antes de que pudiera decirlas, los perros volvieron corriendo a todo galope con las lenguas colgando. Las tres bestias rodearon al grupo y se sacudieron simultáneamente para secarse, salpicando chorros de agua con lodo en todas direcciones. Luego despegaron al unísono, desapareciendo entre los árboles.
Soul se miró la camisa empapada e hizo ademán de secarse las gotas de agua de la cara con la manga mojada.
—¿Ha dicho excitables? —preguntó repasando con la mirada al resto del grupo.
Estaban todos mojados y sucios, especialmente la pequeña Patty, que estaba calada hasta los huesos.
—Quizás excesivamente entusiastas sea la palabra —sugirió Chrona con una risita, mientras se apartaba el pelo mojado de la cara.
—Y también demasiado apasionados —añadió Ragnarok con una sonrisa.
—De hecho, mentalmente desequilibrados sería más exacto —masculló Soul mientras negaba repetidamente con la cabeza.
Hero se giró hacia su empapada y sucia hermana mayor y la miró con ojos suplicantes.
—Maka, por favor, ¿podemos bañarnos en el lago? Venga, por favor. Ya estamos calados.
Soul creía que Maka se opondría, pero vio brillar una chispa de malicia en sus ojos. Se bajó súbitamente la falda empapada hasta las rodillas y dijo:
—¡Tonto el último!
El resto de los Albarn, incluyendo Chrona, la única que hasta aquel momento Soul había considerado que estaba en su sano juicio, se lanzó al lago. Hero aterrizó de barriga, salpicando a todos los demás al sumergirse en el agua. Soul se quedó de pie en la orilla, entre divertido y horrorizado por aquel comportamiento tan eufórico y desinhibido. Empezaron a salpicarse agua unos a otros al tiempo que se proferían insultos shakesperianos.
—«¡Oh, atroz es mi delito! ¡Su corrompido hedor llega hasta el cielo!» —Salpicadura.
—«¡Huelo por todas partes a orines de caballo, lo que pone a mi nariz en gran indignación!» —Salpicadura.
—«¡El suyo es un olor deshonroso y escandaloso!» —Salpicadura.
Soul negó repetidamente con la cabeza en señal de desconcierto. Todos eran candidatos para ingresar en el manicomio. Pero, maldita sea, su alegría era contagiosa. Inclinando la cabeza hacia atrás, Soul se rió hasta que le empezó a doler la mandíbula. Sencillamente, no se podía contener. La familia al completo, desde Maka, supuestamente adulta, hasta la pequeña Patty, estaba empapada, sucia y, evidentemente, pasándoselo en grande.
—¡Señor Evanson! ¡Señor Evanson! Usted es el tonto; todavía no se ha bañado en el lago. —Patty corrió hasta Soul y le cogió la mano, tirando de él—. ¡Vamos! ¡Se está perdiendo toda la diversión!
Soul dudó. «¿Juguetear en el lago? ¿Vestido?» Nunca había hecho nada tan indecoroso en toda su vida. Una cosa era verlo y otra muy distinta practicarlo.
Patty volvió a estirarle del brazo.
—No tenga miedo, señor Evanson. No es más que agua.
Soul estiró en sentido contrario.
—No tengo miedo.
Acercándose más, Patty le dijo en voz baja:
—Si Harvar estuviera aquí, le diría: «Meta su asqueroso culo en el agua de una puñetera vez. No se le va a encoger.» Eso es lo que les dice a Ragnarok y Hero cuando se niegan a bañarse.
Una serie de escandalosas carcajadas casi dejan a Soul sin respiración. Entre horrorizado y divertido ante el desparpajo de Patty, Soul dio un par de pasos hacia delante mientras se debatía entre si debía o no corregir a la pequeña.
Patty interpretó claramente aquel movimiento como un signo de recapitulación. Se colgó del brazo de Soul y éste desistió. «¡Qué diablos! ¡Nadie se enterará!» Dejó que Patty le arrastrara hasta la orilla. En el instante en que se unió al resto del grupo, una pared de agua le golpeó el rostro, cogiéndole desprevenido y dejándole farfullando.
—¡Ahí va eso! —Maka le dirigió una sonrisa desafiante. Decidido a recuperar su dignidad, Soul soltó un fuerte gruñido y golpeó la superficie del agua con ambas manos, salpicando agua con todas sus fuerzas. Sus doloridas costillas protestaron, pero él ignoró el dolor, empeñado como estaba en recuperar su honor. Patty y Ragnarok se pusieron de su lado, en contra de Hero, Chrona y Maka, y enseguida se declaró una guerra total.
Tras casi media hora, Maka pidió un alto el fuego.
—¡Alto! —dijo sofocadamente, jadeando por el esfuerzo.
Soul seguía agachado, con las manos bajo la superficie, preparado para atacar. Miró al bando opuesto con ojos achinados.
—¿Os rendís?
—Sí, yo me rindo. Ya no puedo más —dijo Maka, apartándose el pelo mojado de la frente.
—Tampoco yo —dijo Chrona jadeando.
—¡Pero, Maka! —protestó Hero—. Yo todavía no me quiero rendir.
Maka acarició a Hero en la cabeza.
—Parte de ser un buen jefe consiste en saber cuándo te han derrotado. Ya les venceremos la próxima vez.
—Aceptamos vuestra rendición —dijo Soul solemnemente. Los bandos opuestos se estrecharon las manos y salieron del lago chapoteando, riéndose y chorreando agua.
Acababan de pisar la orilla cuando les llegó una voz masculina procedente de la densa arboleda.
—¡Hola! ¿Es usted, señorita Albarn?
Las miradas de todos se centraron en un grupo de personas que salían del bosque.
—¡Santo Dios, Maka, es el doctor Death! —dijo Chrona en voz baja y con tono de preocupación—. ¿Qué pensará de mí si me ve en este estado? ¡Oh, Dios!
—Venga, deprisa. —Maka cogió a Chrona de la mano y corrió con ella hacia la colcha. Recogió una sábana limpia del suelo y la sacudió enérgicamente para que se desprendieran las hojas—. No podemos hacer nada con tu pelo, pero, por lo menos, te taparemos el vestido mojado. —Maka envolvió a Chrona en la sábana, apartó con la mano un mechón empapado del rostro húmedo y ruborizado de su hermana y luego se giró hacia los recién llegados.
Soul y los niños se unieron a Maka y Chrona justo cuando ellas estaban a punto de saludar a dos caballeros y una dama. Cuando los recién llegados se encontraban a unos metros de ellos, se detuvieron.
—¡Señorita Albarn! —dijo el más bajo de los hombres—. Pero… ¿qué clase de tragedia se ha cernido sobre usted?
Soul miró de arriba abajo al hombre que acababa de hablar. Era un joven apuesto de cabello negro con 3 líneas blancas de un lado y preocupados ojos ámbares. Soul se dio cuenta de que la mirada de aquel hombre se detenía en Chrona, a quien inmediatamente se le ruborizaron las mejillas, adquiriendo un delicado color rosa. Volviendo a mirar a Maka, a Soul le extrañó que se hubiera puesto pálida y que guardara un silencio impropio de ella. Su atención estaba centrada en el otro hombre del trío.
El otro joven, de cabello rubio y ojos castaños, también era bastante apuesto. Soul se tensó cuando vio que aquel hombre examinaba la forma en que el empapado vestido de Maka se pegada a las curvas de su cuerpo. Luego Soul detuvo la vista en la dama que se encontraba entre ambos caballeros. Era bastante atractiva, aunque tenía una expresión un tanto malhumorada.
Maka carraspeó.
—Estábamos jugando con los perros y acabamos todos en el lago, me temo.
—¡Qué desafortunado accidente, pero qué propio de usted, querida Maka! —dijo la mujer arrugando la nariz. Soul vio cómo la arrogante mirada de la mujer recorría a todo el grupo y se detenía en él. Sus ojos verdes se abrieron de par en par en señal de sorpresa, y luego se entornaron, visiblemente interesados en lo que veían—. Maka, querida, creo que debería hacer las presentaciones de rigor —musitó la arrogante belleza, mientras sus ojos repasaban ávidamente cada centímetro de la húmeda anatomía de Soul, aparentemente gustándole lo que veía.
—¿Presentaciones? —Maka siguió la mirada de la mujer y vio a Soul—. Oh, sí. Por supuesto. Les presento al señor Soul Evanson, de Londres. Es nuestro invitado y va a quedarse con nosotros varias semanas. —Maka asintió y luego miró a Soul—. Señor Evanson, le presento a la señora Kim Diehl, vecina del pueblo —añadió sin el menor entusiasmo.
Soul hizo una reverencia formal ante la mano que le tendía la mujer.
—Es un placer, señora Diehl.
—El placer es mío, señor Evanson —asintió la señora Diehl con voz sedosa mientras volvía a deslizar la mirada por toda la estatura de Soul.
Maka prosiguió con las presentaciones:
—Le presentó al doctor Death the Kid, también vecino del pueblo. Kid completó recientemente sus estudios y ahora es médico. Le visitó cuando estaba herido.
Death the Kid tendió amistosamente la mano a Soul.
—Me alegra verle tan recuperado, señor Evanson. Es evidente que ya ha conocido a Winky, Pinky y Stinky —dijo frunciendo irónicamente los labios.
—Triste pero cierto —asintió Soul con una mueca.
Soul soltó la mano del doctor Death y dirigió la atención al hombre de cabello rubio. Para su irritación, aquel hombre estaba mirando sin ningún disimulo los senos de Maka, cuyos contornos se marcaban bajo la ropa mojada. Soul arrugó inmediatamente la nariz.
Esperó a que Maka hablara, y le sorprendió lo afectada que sonaba su voz.
—Señor Evanson, déjeme presentarle a otro vecino del pueblo: el señor Giriko Popplemore.
Aquel nombre le sentó a Soul como una patada en la entrepierna. Giriko Popplemore. Hizo un gran esfuerzo por permanecer inexpresivo mientras examinaba al hombre que había dejado plantada a Maka.
Giriko le tendió la mano.
—Encantado de conocerle, señor Evanson —dijo con visible falta de interés, sin apartar la mirada de Maka.
Soul dio un paso a un lado y se puso delante de Maka, impidiendo de ese modo que Giriko Popplemore siguiera recorriendo su cuerpo tan ávidamente con la mirada, y le estrechó la mano con la misma falta de interés.
—Bueno, me ha encantado volverles a ver a todos —dijo Maka asomándose tras el hombro de Soul—, pero, como pueden ver, estamos un poco indispuestos y debemos regresar a casa. Por favor, discúlpennos. —Se dio la vuelta, cogió a Patty de la mano y empezó a andar hacia la casa. No había dado más de dos pasos cuando la voz de Kim Diehl la hizo detenerse.
—Antes de que se vaya, Maka, querida, debo explicarle el motivo que nos ha traído aquí —dijo mientras alargaba la mano para entregarle a Maka un papel doblado lacrado en rojo—. Es una invitación para que usted y Chrona asistan a una pequeña fiesta que celebraré en mi casa dentro de una semana en honor al feliz regreso de Giriko a Death City. También me encantaría que asistiera usted —añadió dirigiéndose a Soul—. Espero que, para entonces, todavía siga en Death City, señor Evanson. Será un placer para mí verlo en mi fiesta. —Una lenta sonrisa iluminó su rostro mientras sus ojos recorrían los músculos claramente visibles bajo la empapada camisa de Soul.
Soul percibió enseguida la sugerente invitación en la seductora mirada de la mujer. Parecía como si se lo fuera a comer literalmente como merienda.
Determinado a ser amable con los vecinos de Maka, Soul inclinó la cabeza hacia delante y contestó:
—Sería un honor para mí asistir a su fiesta.
—Excelente. —La mirada de Kim seguía fija en Soul. Luego miró puntualmente a Maka—. Espero que para entonces ya haya podido secarse, mi querida Maka —dijo con una carcajada. Luego se cogió con ambas manos a los brazos de sendos acompañantes—. Caballeros, volvamos al pueblo antes de que regresen esos salvajes perros.
Los dos hombres se despidieron y a Soul le hizo gracia que Death the Kid no apartara la vista de Chrona hasta el último segundo. Sin embargo, no le hizo ninguna gracia que Giriko Popplemore no apartara la vista de Maka hasta el último segundo.
Ni la más mínima.
—Maka, espera.
Soul no quería que su petición sonara como una orden, pero fue incapaz de ocultar su irritación.
Maka se giró hacia él con las cejas levantadas en señal de interrogación. El resto del desaliñado grupo continuó por el camino hacia la casa.
—¿Qué ocurre, Soul?
Soul repasó con la mirada el empapado vestido de Maka, que se pegaba a su voluptuoso cuerpo como un guante de satén, y el más puro deseo masculino se adueñó de él. En vez de sangre, le corría fuego por las venas, y perdió completamente la calma.
—Tenemos que hablar sobre tu falta de… decencia.
A Maka se le levantaron todavía más las cejas.
—¿Qué acabas de decir?
—Ese hombre, ese tal Popplecart…
—Popplemore.
—Eso. Le ha faltado poco para ponerse a babear cuando te ha visto el vestido pegado al cuerpo de una forma que sólo se puede describir como indecente.
A Maka se le encendió el rostro.
—Seguro que le has malinterpretado. Giriko nunca me ha faltado al respeto.
—Ya lo creo que lo ha hecho. Te ha desnudado con los ojos hace apenas cinco minutos. —«Y, maldita sea, yo también lo he hecho.» Su irritación dio paso a la ira—. Tu forma de vestir dista poco de lo escandaloso. Si no te exhibes en pantalones de montar hiperceñidos…
—¡Exhibirme! —exclamó Maka irritada.
—… vas calada hasta los huesos y… —indicó su estado con un movimiento de mano— bueno, calada. Tu comportamiento dista muy poco de lo escandaloso.
Los ojos de Maka echaban chispas verdes.
—¿Ah, sí? Entonces, dime, ¿qué es exactamente lo que encuentras tan ofensivo?
—¡Todo! —dijo furioso. Toda la frustración que había ido acumulando en su interior explotó y salió a bocajarro—. La forma en que montas a caballo, a horcajadas. Que leas revistas de hombres. Que siempre lleves el pelo suelto. Por el amor de Dios, sólo las niñas y las cortesanas llevan el pelo de ese modo. —Empezó a dar vueltas nerviosamente delante de ella—. Siempre estás tocando a la gente. ¿Tienes alguna idea de lo inapropiado que fue que me afeitaras? ¿Pasear a solas conmigo por el jardín? ¿Dejar que te besara?
Soul hizo una breve pausa para tomar aire y prosiguió:
—Y luego está la forma en que llevas la casa. Tus hermanos deberían estar en un internado, Patty necesita una institutriz y a todos les iría bien un poco más de disciplina y unas normas estrictas a seguir. Las clases se dan entre cuatro paredes, no sobre una colcha apolillada. Los niños y el personal de servicio no comen en el comedor ni en la misma mesa que los adultos. —Hizo una pausa en su invectiva y se pasó los dedos por el pelo mojado—. Harvar necesita pulir su lenguaje y Joe controlar su genio. Tu casa está a un paso del caos, y el comportamiento de toda tu familia a menudo roza los límites de la decencia.
Maka seguía echando fuego verde por los ojos.
—¿Ya ha acabado el señor?
Soul asintió tensamente.
—Sí, creo que eso lo abarca prácticamente todo.
—Excelente. —En vez de amedrentarse en vista del enfado de Soul, como él esperaba, Maka dio un paso hacia él y le golpeó fuertemente con el índice en el pecho. Soul retrocedió sorprendido—. Ahora es usted quien me va a escuchar y a entender, señor Evanson. Puede decir cuanto quiera sobre mí, pero no ose insultar a mi familia. —Volvió a golpearle en el pecho, esta vez más fuerte—. Tal vez nos salgamos un poco de lo habitual, pero sugerir que no somos decentes es un grave error. Todos y cada uno de los miembros de mi «caótica» familia, desde Harvar hasta la pequeña Patty, son acogedores, afectuosos, amables y generosos, y yo estoy sumamente orgullosa de todos ellos. No permitiré que ni usted ni nadie digan una sola palabra en su contra.
»Y en lo que se refiere a sus otras quejas, no tuve otra elección que montar a Pericles a horcajadas cuando le rescatamos, puesto que usted no llevaba ninguna silla lateral en su caballo, y no creo que el Parlamento haya decretado que leer revistas de hombres sea ningún crimen. Sólo llevo pantalones de montar por las noches en la intimidad de mi propiedad, nunca en el pueblo. Que usted me viera con pantalones fue un accidente. Raramente pierdo el tiempo intentando «domar» mi pelo porque, me haga el recogido que me haga, siempre se me acaba soltando. Y, en lo que se refiere a tocar a la gente, no es más que mi forma de mostrar afecto. Mi madre y mi padre siempre tenían una caricia para cada uno de nosotros. Ellos me inculcaron esa tendencia con su ejemplo, y yo espero inculcársela también a mis hermanos en ausencia de mis padres. Si hubiera sospechado que lo encontraba tan desagradable, jamás le habría puesto una mano encima.
Maka hizo ademán de volver a golpear a Soul en el pecho, pero él se apresuró a dar un paso atrás. Ella seguía echando fuego por los ojos.
—Y, cuando me ofrecí a afeitarle, sólo estaba pensando en su comodidad. Según recuerdo, usted también participó en lo que ocurrió en el jardín. Estoy de acuerdo en que cometí un grave error al permitir que me besara, pero tenga por seguro que no se volverá a repetir, sobre todo teniendo en cuenta que usted lo encontró tan detestable.
—Maka, yo…
—Todavía no he acabado —dijo, y su mirada sumió a Soul en el más sepulcral de los silencios—. No dispongo de suficiente dinero ni para contratar a una institutriz ni para enviar a los chicos a un internado, pero quiero dejarle algo muy claro, aunque lo tuviera, jamás se me ocurriría enviar a Ragnarok y a Hero lejos de casa.
»Tenemos muchas normas sobre las tareas domésticas y el comportamiento. Tal vez no estén a la altura de sus elevados estándares, pero eso no las convierte en inadecuadas. Imparto disciplina a mis hermanos con firmeza y afecto al mismo tiempo, y creo que son unos chicos estupendos. Revoltosos, sí, pero a mí me preocuparía mucho más que se estuvieran sentados, con la boca cerrada y las manos quietas.
Maka frunció los labios y se golpeó el mentón con los dedos.
—Hummm… ¿Qué más ha encontrado ofensivo el señor?
Antes de que Soul pudiera abrir la boca, ella se apresuró a añadir.
—Ah, sí. Nuestra colcha apolillada. Nos gusta hacer clase al aire libre. Me sorprende que, siendo usted tutor como es, no lo haga también con sus alumnos, pero es obvio que discrepamos bastante en la mayoría de las cuestiones. Los niños y los «sirvientes» comen en el comedor porque forman parte de la familia, un concepto sobre el que es obvio que usted no sabe absolutamente nada. Y, si Joe despotrica de vez en cuando y a veces Harvar habla de una forma un tanto grosera, yo los acepto tal y como son porque les quiero, otro tema del que usted parece saber bien poco, y por eso me da lástima.
Soul la miró fijamente. Lo había dejado sin palabras. No le habían echado semejante rapapolvo en toda su vida. Hacía cinco minutos, se sentía dominado por una ira que él consideraba plenamente justificada. Ahora se sentía como un chiquillo ruborizado en pantalones cortos después de haber recibido un duro sermón.
Se sentía como un imbécil. Al dejarse dominar por el enfado, la frustración y, ¡maldita sea!, los celos, sólo había conseguido enfadar a Maka, aparte de un pecho dolorido. Se frotó la piel que le palpitaba bajo la camisa. Desde luego, Maka tenía fuerza en el dedo.
Dirigiéndole una última mirada que a Soul se le clavó como una espada, Maka empezó a subir el camino que llevaba a la casa. Soul sintió una tremenda vergüenza, junto con una desazón que le agarrotó las entrañas.
Aceleró el paso para alcanzarla y la cogió por el brazo.
—Maka, espera.
Ella se detuvo y miró inequívocamente la mano de Soul sobre su brazo, y luego le miró directamente a los ojos.
—Por favor, déjeme. Acaba de dejar bastante claro lo mucho que detesta el contacto físico.
Él retiró lentamente la mano mientras se le revolvía el estómago. El problema no era que le desagradara su contacto, sino que le gustaba demasiado.
—Te debo una disculpa.
El silencio y una ceja levantada fueron toda la respuesta de Maka ante aquella declaración.
—Estaba enfadado y me he pasado. —Y luego añadió—: Lo siento.
Ella lo miró fijamente durante un minuto largo. Luego ladeó afectadamente la cabeza y dijo con frialdad:
—Acepto sus disculpas, señor Evanson. Ahora, discúlpeme, por favor, debo cambiarme de ropa, no puedo seguir vestida con este «escandaloso» atuendo.
Dio media vuelta y siguió caminando hacia la casa, arrastrando el vestido.
Soul se quedó allí parado, mirándola fijamente mientras se alejaba. No lograba recordar la última vez que alguien se había atrevido a contradecirle. O la última vez que se había disculpado. Ni aquel desagradable remordimiento por haber hecho sufrir a otra persona. Ni tampoco que le importara que alguien pensara mal de él.
Lo único que sabía era que le dolía el corazón.
Y no tenía nada que ver con los golpes que Maka le había dado en el pecho.
1 En inglés, to wink significa «guiñar el ojo», y winky «el que guiña el ojo. (N. de la T.)
2 En inglés, pink y pinky significa «de color rosa». (N. de la T)
3 En inglés, to stink significa «oler mal», y stinky «hediondo». (N. de la T)
Holis~ :3
Me enfermé la semana que viajé... qué mala suerte xD pero bueno, regresé ayer y salí todo el día por culpa de papá... vale no. Pero aquí está como prometido c:
Respondiendo reviews:
Julian & Jumbiie Hana Roth: ¡SÍ! Aún sigo con lo de cuñada! Problem!? Aunque nos hayamos divorciado tengo derechos! ;O; Y sí, cuñis! KxC te encantará~ aldhkfañdljfas c: y sí, sí, lo más seguro es que haya lemmon xD
Danny de Evans: Sorry por tardar :c pero aquí está :D y joasjaosjoas tranquila~ Giriko es un asñfdjaskldfjkls y Soul -censura- bueno.. no más spoiler!
hikary-neko: jiji, lo sé, me amas c: y soul es mejor! D_D (?)
Celia-Chop: Oh, de nada c: y qué bueno que lo sepas, que algunos se confunden ^ y gracias por tu cumplido~ sñldfajlsdkf me sonrojas~
Sabes... me deprimo, antes recibía más reviews xD Así que, tengo que recibir 6 reviews para publicar next chapter :3 so~ depende de ustedes que haya continuación :D kachis~ les dejo con los que les gusta~
Avances:
"«Toca a la gente para mostrarle su afecto. Pero no me quiere tocar a mí.» Un padecimiento completamente desconocido para él le encogió el corazón. No podía culpar a nadie salvo a sí mismo. «Maldita sea, yo no me refería a que no quería que volviera a tocarme nunca más.»
En voz baja para que sólo ella le pudiera oír, Soul dijo una palabra que el marqués de Li raramente utilizaba, si es que la había utilizado alguna vez:
—Por favor.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
—He reconocido que me he pasado de la raya. Creía que habías aceptado mis disculpas.
—Las he aceptado, pero…
—Entonces juega al ajedrez conmigo, y haz el favor de volver a tutearme como antes cuando estemos solos.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-
La necesidad de volverla a besar turbaba sus sentidos y le invadió el intenso deseo de fundirse con ella. Aquella mujer había tocado algo muy profundo en su interior, una parte de él que ni siquiera sabía que existía antes de conocerla.
—Gracias por el poema. Es precioso.
.-.-.-.-.-.-.-.-.-.-.
Soul le mantuvo la mirada, con ojos preocupados pero serenos.
—Yo cuidaré de él, Maka. Va a ponerse bien. Coge a Pericles y ve a buscar al médico."
Añljsdlfkajñsflas! ¿Qué pasó? ¿A quién? Ajñdlfjdklasf D:
Hasta el próximo capítulo mis pequeñuelishos~ (?)
Los amo :3
By.
Ren la... no sé... la Miyamoto? (?)
