¡Aquí conti!
:D
Soul Eater, ni Rosas Rojas me pertenecen... ¡Damn!
Capítulo 8
La mirada de Soul se detuvo en Maka y se le aceleró el pulso. Llevaba el pelo cuidadosamente recogido en la nuca con un pulcro moño. Sus miradas se cruzaron y, cuando ella le dedicó una breve sonrisa, a Soul le invadió una reconfortante sensación de alivio por todo su cuerpo. Entonces se dio cuenta de que había estado conteniendo la respiración.
Aquella tarde le tocaba a Hero dar las gracias por los alimentos y todo el mundo se dio la mano. Todo el mundo menos Soul y Maka. Patty deslizó su diminuta manita en la mano de Soul, pero, aunque Maka le dio la mano a Chrona, no hizo en ningún momento ademán de dársela a Soul.
A Soul le embargó una profunda sensación de pérdida. «Toca a la gente para mostrarle su afecto. Pero no me quiere tocar a mí.» Un padecimiento completamente desconocido para él le encogió el corazón. No podía culpar a nadie salvo a sí mismo. «Maldita sea, yo no me refería a que no quería que volviera a tocarme nunca más.»
Con un nudo en la garganta, Soul tendió la mano a Maka. Ella miró hacia abajo y en sus ojos brilló la sorpresa, pero no hizo ningún ademán de darle la mano.
En voz baja para que sólo ella le pudiera oír, Soul dijo una palabra que el marqués de Evans raramente utilizaba, si es que la había utilizado alguna vez:
—Por favor.
Se volvieron a cruzar sus miradas y, tras varios latidos, ella depositó su mano en la de él. Sus palmas entraron en contacto y el calor fluyó súbitamente por todo el brazo de Soul. Él apretó suavemente la mano de Maka y una sonrisa iluminó sus labios cuando ella le devolvió el apretón. Después de todo, eso de tocarse, no era tan terrible. Por supuesto, él lo estaba soportando únicamente para hacer bien el papel de tutor. De hecho, estaba sumamente impresionado con sus recién descubiertas dotes de actor. (N/A: Tengo que decirlo… :SiClaro: e.e)
Mientras Hero daba las gracias por los alimentos, Soul dejó vagar la mente, evocando la imagen de Maka tal y como había salido del lago, empapada y sucia, sonriendo y riéndose, luego con los ojos encendidos, desafiándole y golpeándole en el pecho. Volvió a apretar los dedos involuntariamente alrededor de su mano.
—Señor Evanson, ahora ya puede soltar la mano de Maka —dijo Patty estirando de la manga de Soul—. La oración ya ha finalizado.
Soul miró a la pequeña y soltó lentamente la mano de Maka.
—Gracias, Patty —le dijo con una sonrisa.
Patty sonrió alegremente.
—No hay de qué.
La comida fue ruidosa y animada, con los niños explicando lo que habían hecho aquel día a tía Marie, Harvar y Stein.
—¡Que me cojan por los pantalones y me lancen de cabeza desde el nido del cuervo! —exclamó Harvar negando con la cabeza—. Los asquerosos de… —Captó la mirada de aviso de Maka y tosió—. Los locos de esos perros seguro que acaban provocando un accidente algún día.
Stein miró a Harvar entornando los ojos.
—Si no recuerdo mal, fuiste tú quien animó a la señorita Maka a quedarse con esas bestias indómitas. —Levantó la nariz con gesto altivo y añadió—: Yo habría…
—Pero si tú ni siquiera puedes ver a esos sarnosos perros callejeros, viejo bobo y ciego —espetó Harvar—. No sabrías distinguir un perro de una mesita incluso aunque te cayeras encima de uno.
Stein enderezó sus delgados hombros.
—En calidad de ayuda de cámara personal del capitán Albarn, nunca me he caído encima de ningún perro ni de ninguna mesita.
—Seguro que lo has hecho, pero no lo reconocerías nunca, miope saco de huesos.
Maka se aclaró la garganta con un sonoro «ejem» y los dos hombres dejaron de discutir. Aunque no intercambiaron más que unas pocas palabras durante toda la cena, Soul fue muy consciente de que Maka estaba sentada a su lado. Cada vez que ella se movía, un sutil perfume a rosas inundaba sus fosas nasales. El suave sonido de su risa le acariciaba los oídos con la dulzura de la miel. Sus dedos se rozaron una vez cuando los dos fueron a coger el salero al mismo tiempo y a él casi se le para el corazón. Una oleada de calor le subió por el brazo, y él negó con la cabeza, aturdido por la intensidad de la reacción.
Tras la cena, el grupo se retiró al salón, donde Ragnarok retó a Soul a una partida de ajedrez. Desesperadamente necesitado de estimulación mental, Soul aceptó. Maka, Chrona, Hero y Patty se pusieron a jugar a cartas mientras tía Marie se concentraba en su labor de punto. Soul se quedó impresionado por lo bueno que era Ragnarok jugando al ajedrez. El chico jugó astuta e inteligentemente, y Soul se lo pasó en grande.
—Jaque mate —anunció Soul al final, mientras movía el alfil—. Has jugado de maravilla, Ragnarok. Eres bueno —elogió al muchacho—. No me has dejado bajar la guardia. ¿Te enseñó a jugar tu padre?
—Sí, mi padre nos enseñó a todos, salvo a Patty, claro. Siempre gano a Hero, pero todavía no he conseguido ganar a Maka.
Soul levantó las cejas en señal de sorpresa.
—¿Tu hermana juega al ajedrez?
—Maka jugaba incluso mejor que mi padre, y mi padre era muy bueno, se lo aseguro—. Miró a Soul con curiosidad—. Usted es bueno, pero apuesto lo que quiera a que Maka le gana.
Soul llevaba años sin perder una sola partida de ajedrez. Recordaba su última derrota. Debía de tener aproximadamente la edad de Ragnarok y perdió con su tutor privado. Aquella derrota le había granjeado el mordaz desprecio de su padre.
—Perderías, Ragnarok.
—¿Lo dice en serio? ¿Quiere que hagamos una apuesta? —preguntó Ragnarok con los ojos brillantes.
Las manos de Soul hicieron una pausa en la tarea de guardar las piezas de ajedrez.
—¿Una apuesta?
—Sí, yo apuesto por que Maka le gana al ajedrez.
—¿Cuáles son tus condiciones?
Ragnarok estuvo un rato pensando, con la frente arrugada. De repente, se le iluminó el rostro.
—Si usted pierde, tendrá que ayudarnos a Hero y a mí a acabar de construir nuestro castillo en el prado que hay junto al lago.
Soul arqueó una ceja.
—¿Y si gano?
—No ganará —afirmó Ragnarok taxativamente.
—Pero… ¿y si, por algún milagro, ganara yo?
—Bueno… —Era evidente que a Ragnarok aquella posibilidad no le cabía en la cabeza.
Soul se inclinó hacia delante.
—Si gano yo, tú y tu hermano ayudaréis a vuestras hermanas a arrancar las malas hierbas del jardín.
Una expresión de verdadero horror se dibujó en el rostro de Ragnarok.
—¿Arrancar las malas hierbas del jardín? Pero eso es… es cosa de chicas —refunfuñó a modo de excusa poco convincente.
—Yo solía pensar como tú —dijo Soul, sonriendo para sus adentros al pensar en la noche anterior—, pero hace poco he descubierto que las flores son algo sobre lo que debería saber todo hombre.
—¿Ah, sí? —Era obvio que Ragnarok no sabía si tomarse o no en serio aquel consejo de hombre a hombre.
Soul se puso la mano en el pecho.
—Confía en mí, Ragnarok. Ayudar en el jardín también es cosa de hombres. Además —Soul dirigió una sonrisita al muchacho—, si Maka es tan buena jugando al ajedrez como tú dices, no hará falta que arranques ni una sola hierba del jardín.
—Tiene razón —dijo Ragnarok aliviado—. Me temo que va a tener que ayudarnos a construir el castillo. —Alargando la mano sobre el tablero de ajedrez, el chico estrechó la mano de Soul y añadió—: Hecho. Apuesta cerrada.
Soul devolvió al muchacho el fuerte apretón de manos.
—Hecho.
—¿Cuándo la retará? —preguntó el muchacho con impaciencia.
Soul buscó a Maka con la mirada, que en ese momento estaba mirando las cartas que tenía en la mano con expresión de seriedad.
—No te impacientes. La retaré esta misma noche —le contestó con voz pausada.
—Tengo entendido que eres muy buena jugando al ajedrez.
Maka, cuando se dirigía al despacho para escribir después de que el resto de la familia se retirara a descansar, se detuvo sorprendida. Soul estaba de pie junto a la puerta, apoyado en la jamba, soportando el peso de su larga figura con sus anchos hombros. Tenía los brazos cruzados sobre el pecho, y sus ojos rojos la estudiaban con interés. Ella anduvo hacia él mientras intentaba calmarse el pulso, que se le había acelerado súbitamente.
—Pensaba que todo el mundo se había retirado a descansar —dijo Maka, deteniéndose ante él.
—Todo el mundo… salvo nosotros —dijo Soul con dulzura—. Ragnarok me ha informado de que eres una excelente jugadora de ajedrez. ¿Puedo retarte a una partida?
Maka levantó las cejas en señal de sorpresa.
—¿No se da cuenta de que no sería correcto que nos quedáramos los dos solos, mirándonos fijamente sobre un tablero de ajedrez? No soportaría recibir otro rapapolvo como el de antes.
—He reconocido que me he pasado de la raya. Creía que habías aceptado mis disculpas.
—Las he aceptado, pero…
—Entonces juega al ajedrez conmigo, y haz el favor de volver a tutearme como antes cuando estemos solos.
Maka dudó un momento. Realmente necesitaba adelantar su trabajo de escritura. Pero la posibilidad de pasar un rato a solas con Soul era sencillamente demasiado tentadora para ignorar aquella proposición. Las aventuras del capitán Haydon Mills podían esperar un par de horas.
Dirigiéndole una breve sonrisa, pasó de largo junto a él y entró en el salón.
—Me encantaría jugar.
Se sentaron uno enfrente del otro, separados por la mesita de ajedrez de madera de caoba que había delante de la chimenea.
Una lenta sonrisa arqueó las comisuras de los labios de Soul.
—¿Qué nos jugamos?
Maka le miró sorprendida.
—¿Que qué nos jugamos? ¿Se refiere a que nos apostemos algo? —Ella seguía sin tutearle.
—Exactamente. Eso hará la partida más interesante, ¿no te parece?
—Quizá —musitó Maka, algo azorada por tener que admitir que no le sobraba precisamente el dinero para jugárselo—. Me temo que no me puedo permitir apostar demasiado.
—No me refiero a apostar dinero.
—¿Ah, no? ¿Qué otra cosa podemos apostar?
Soul se dio varios golpecitos en la mejilla con los dedos.
—¡Ya lo tengo! Quien gane podrá pedir al perdedor que haga determinada tarea de su elección.
—¿Qué tipo de tarea? —preguntó Maka, completamente despistada.
—Bueno, por ejemplo, si ganas tú, me puedes pedir que arranque las malas hierbas del jardín, y, si gano yo, te puedo pedir que me cosas la camisa. —En los labios de Soul se dibujó una lenta y seductora sonrisa—. O quizá que me vuelvas a afeitar.
Maka contuvo momentáneamente la respiración. Era evidente que le estaba tomando el pelo.
—Pero, Soul, yo estaría encantada de hacer cualquiera de esas dos cosas por ti de todos modos. —Por fin, se dignó tutearle.
—Oh. Bueno, seguro que se me ocurre algo —dijo él agitando la mano para quitarle hierro al asunto.
—Suponiendo que me ganas, claro.
—Claro. —Soul se acercó a la mesa y le preguntó en tono desafiante—: ¿Jugamos?
Maka se moría de ganas por iniciar la partida. Hacía siglos que no jugaba al ajedrez con nadie aparte de los chicos. Le dirigió una sonrisa confiada.
—Prepárate a recibir la paliza del siglo.
Maka enseguida se dio cuenta de que Soul era un gran jugador de ajedrez. Disfrutando del reto, desplegó una ofensiva poco habitual que le había enseñado su padre, y contraatacó ante cada movimiento de Soul. Con cada jugada, fueron recobrando la fresca y desinhibida camaradería que tenían antes de la discusión. La distancia que había entre ambos al principio de la partida se disipó hasta tal punto que no dejaban de pincharse, bromear y reírse entre movimiento y movimiento.
Cuando llevaban dos horas de un juego sumamente reñido, Soul se reclinó sobre el respaldo del asiento con una mirada de suficiencia después de hacer un inteligente movimiento.
—Agárrate.
—Si te empeñas. —Maka se inclinó hacia delante y movió la reina—. Jaque mate.
La sonrisa de suficiencia y satisfacción se desvaneció de los labios de Soul. Bajó la mirada hacia el tablero y negó repetidamente con la cabeza, visiblemente asombrado. Luego la expresión de asombro dio paso a otra de clara admiración.
—Efectivamente, jaque mate —asintió—. No sé cómo lo has hecho, pero no te he visto venir. —Se reclinó sobre el respaldo de la silla y sonrió—. Quiero que sepas que hacía años que no perdía una partida de ajedrez.
—No pareces demasiado molesto por la derrota. Tal vez no estés tan contento cuando me cobre lo apostado.
—¿Por qué? ¿Acaso ya tienes pensado qué deseas que haga?
—Todavía no, pero lo de arrancar las malas hierbas del jardín tiene su atractivo.
Soul se palpó el vendaje de las costillas y del hombro.
—Demasiado duro para un hombre en mi debilitado estado. —Tosió varias veces exageradamente en un intento de darle lástima.
Maka frunció los labios en una mueca de fingida preocupación.
—Tienes razón, Soul. Tal vez sea mejor que bañes a Winky, Pinky y Stinky. —Le faltó poco para reírse a carcajadas cuando vio que Soul se ponía lívido.
—No, lo del jardín está bastante bien —se apresuró él a rectificar.
—Tranquilo. Te prometo no obligarte a hacer nada indecoroso.
—¡Gracias a Dios! —Soul se levantó y se dispuso a coger la garrafa de brandy que había junto a la ventana—. ¿Te importa que me sirva una copa?
—Por supuesto que no. Ya te lo dije ayer, siéntete como en tu propia casa. Sírvete tú mismo, siempre que lo desees. Me alegra saber que alguien sabe apreciar el brandy de mi padre.
—Muy agradecido. —La miró con curiosidad. Un demonio interior, tal vez uno que quería demostrarle que él también podía comportarse de forma no convencional, le incitó a preguntarle—: ¿Te apetece acompañarme?
Ella levantó las cejas.
—¿Yo?
—Sí. Tu victoria bien merece un brindis. ¿Has probado el brandy alguna vez?
—No, pero el brandy no es una bebida de mujeres —contestó ella con una mirada maliciosa—. Seguro que tú ya lo sabes.
—Prometo no contárselo a nadie —contestó él en tono divertido e incitador—. ¿No sientes curiosidad por probarlo? Te aseguro que es un brandy excelente. Le alargó una copita. Pruébalo.
Maka miró intrigada el líquido de color ámbar. El capitán Haydon Mills tomaba brandy a menudo, y Maka pensó que, si escribía sobre ello, por lo menos debería probarlo. Con finalidad exclusivamente literaria, por descontado.
Espiró sonoramente en señal de resolución y dijo:
—Como diría Harvar: ¡Arriba, abajo, al centro y «pa» dentro! —Y se tragó toda la copa de un solo trago.
El fuerte licor dejó un ardiente rastro en la garganta de Maka, dejándola sin aliento y con lágrimas en los ojos.
—¡Santo Dios! —dijo respirando con dificultad. Y luego empezó a toser.
Soul se levantó y la ayudó a ponerse de pie. Colocándose detrás de ella, le dio palmaditas en la espalda hasta que ella dejó de toser.
—¿Te encuentras bien? —le preguntó cuando vio que volvía a respirar con normalidad.
Maka asintió sin demasiada convicción.
—Sí, ahora sí. —Dirigió a Soul y a su copa de brandy todavía intacta una hosca mirada—. ¿Cómo puedes beberte algo tan asqueroso? Es repugnante.
Él contuvo una carcajada.
—Se supone que debe beberse a sorbos, no de un trago.
—Y me lo dices ahora. —Le dirigió una tímida sonrisa, que se desvaneció en cuanto sintió un repentino mareo—. ¡Dios mío! Me siento bastante indispuesta.
Soul la tomó del brazo y la guió hasta un largo sofá de brocado que había delante de la chimenea.
—Siéntate —le dijo mientras la ayudaba a sentarse, y luego se sentó a su lado—. ¿Un poco mejor?
Maka asintió.
—Lo siento, me he sentido tan rara durante un momento… —Se reclinó sobre el respaldo y cerró los ojos. Sintió una repentina oleada de calor y mareo al mismo tiempo, que le dejó con una extraña y líquida sensación de languidez—. ¡Santo Dios!
Soul la estudió detenidamente, recorriendo lentamente su rostro con la mirada, fijándose en la delicada piel de sus pómulos, la sensual prominencia de sus labios, la elegante curvatura de su largo cuello.
—Te has bebido de un trago una generosa copa de brandy. Y el hecho de que apenas hayas probado la cena no va a ayudarte demasiado.
Maka miró a Soul visiblemente sorprendida.
—¿Cómo sabes que apenas he probado la cena?
«No podía apartar los ojos de ti.» Siguió repasándola con la mirada y se detuvo en su vestido. En vez de responder a su pregunta, le preguntó:
—¿Acaso el marrón es tu color favorito?
Ella abrió los ojos de par en par.
—¿Qué?
—Todos los vestidos que llevas son de color marrón. ¿Es ése tu color favorito?
Ella volvió a cerrar los ojos.
—No particularmente. El marrón está bien porque es un color muy sufrido, disimula la suciedad.
—¿No tienes ningún vestido de otro color? —le preguntó él, imaginándose el aspecto que debía de tener con un vestido azul claro, del mismo color que sus ojos.
—Por supuesto que sí, tengo dos vestidos grises.
«Dos vestidos grises.» Aquellas palabras se le clavaron a Soul en el corazón. Ella las había dicho con una gran naturalidad, sin el menor signo de avergonzarse de ello. Jamás conocería a nadie tan poco vanidoso. Para contener el impulso de tocarla, ahuecó las palmas alrededor de la copa de brandy y apretó con fuerza contra el cristal.
—Chrona tiene vestidos de muchos colores —señaló él.
—Sí. ¿No son preciosos? —Una tierna sonrisa iluminó su rostro—. Chrona está en una edad en que los caballeros están empezando a fijarse en ella, especialmente uno de ellos. Es importante que se arregle para estar guapa. Le aconsejaré que se ponga su nuevo vestido púrpura para ir a la fiesta que dará Kim Diehl la próxima semana. —Abrió los ojos y sonrió a Soul como si estuviera soñando despierta—. A Chrona le sienta estupendamente el verde claro, ¿sabes?
Incapaz de controlarse, Soul alargó la mano y tocó suavemente la sonrojada mejilla de Maka.
—¿Y tú irás también de verde claro?
Ella se rió y negó repetidamente con la cabeza.
—No. Me pondré uno de mis vestidos grises. —Como él seguía observándola, ella dejó de sonreír. Hizo un esfuerzo por incorporarse y le dijo—: Te has puesto serio. ¿He dicho o hecho algo que te haya molestado?
Él siguió recorriendo el rostro de Maka con la mirada.
—Qué va. Sólo me estaba imaginando lo preciosa que estarías con un vestido púrpura. O verde claro, a juego con tus ojos.
A Maka se le escapó una risita indecorosa seguida de un hipo nada femenino.
—¡Dios mío! ¿Qué diablos lleva ese brandy? —Se apretó las sienes con las yemas de los dedos—. ¿Y bien? ¿De qué estábamos hablando? Ah, sí. Vestidos. Gracias por tus amables palabras, pero hace falta algo más que un vestido de color claro para hacerme parecer preciosa.
Dejando su copa intacta sobre una mesita de caoba, Soul ahuecó las palmas en torno al rostro de Maka.
—Al revés —dijo con dulzura mientras le acariciaba suavemente las mejillas con los pulgares—. No se me ocurre nada que, de algún modo, pueda hacer sombra a tu hermosura, incluyendo los vestidos grises o marrones.
Ella lo miró con los ojos como platos, y él enseguida leyó la confusión en su mirada.
—No es necesario que me digas cosas bonitas, Soul.
Aquellas palabras se le volvieron a clavar a Soul en el corazón. Era tan preciosa. Por dentro y por fuera.
—Eres hermosa, Maka. Absolutamente hermosa.
El rubor bañó el rostro de Maka y se dibujó una tímida sonrisa en sus labios.
—¿Nunca te lo había dicho nadie? —preguntó él.
Su rubor se intensificó.
—Solamente mi madre y mi padre. Nunca un hombre.
—¿Ni siquiera Poppledink?
—Popplemore. Y no.
—Ese hombre es estúpido.
A Maka se le volvió a escapar otro hipo y una risita.
—De hecho, por lo visto es poeta.
—¿Poeta? ¿Y no te dijo nunca que eras hermosa?
—No. Al parecer, le dio por la poesía después de romper nuestro compromiso. —Se inclinó hacia delante y le confesó—: Es obvio que yo no era el tipo de mujer adecuado para despertarle la vena poética.
A pesar de su actitud aparentemente despreocupada, Soul supo detectar cierta nota de amargura en aquellas palabras, una amargura que él se sentía impelido a desterrar.
—Te aseguro que tú podrías inspirar la vena poética en cualquier hombre.
—¿Ah, sí? —Una chispa de malicia iluminó los ojos de Maka—. ¿Hasta en ti?
—Hasta en mí.
—No te creo.
—Me encantaría demostrártelo… pero te costará lo que nos hemos apostado.
—¿Te refieres a que entonces no podré obligarte a arrancar las malas hierbas del jardín?
—Exactamente.
Maka se dio varios golpecitos en la mejilla con los dedos mientras consideraba ambas opciones.
—Está bien. —Levantando una ceja con malicia, añadió—: Así podré poner a prueba tus dotes como tutor, comprobando lo bien que manejas el lenguaje. —Se puso cómoda de una forma un tanto teatral, colocándose ruidosamente la falda alrededor del cuerpo y luego dijo—: Estoy lista. Soy todo oídos.
Soul paseó lentamente la mirada por el rostro de Maka, deteniéndose largamente en su boca y luego volviendo a reencontrarse con sus ojos.
Es como una gema brillante,
con esa mirada esmeralda y transparente.
Hay algo dulce y tierno en sus ojos,
que me hechiza y me hace sentir dichoso.
Maka acogedora,
Maka seductora,
Maka angelical.
Tan imposible de definir como de ignorar.
Escapa a todo lo convencional,
pero yo no puedo evitar
querer besar la boca
de Maka, la más hermosa.
Maka objeto de mi deseo,
Maka del prado de heno.
Soul rozó suavemente sus labios con los de Maka y luego se retiró. Ella lo miró fijamente, claramente aturdida.
—¿Y bien? —preguntó él—. ¿He pasado la prueba?
—¿Prueba? ¿Qué prueba?
—La de mis dotes como tutor. —Alargó el brazo y le acarició la tersa mejilla con un dedo.
Ella se quedó paralizada.
—Me has tocado.
—Sí.
—Pero creía que no te gustaba.
Él no podía dejar de mirarla.
—Sí que me gusta, Maka. Mucho.
Los ojos de Soul se detuvieron en un resplandeciente rizo que se había escapado del fino recogido que llevaba Maka aquella noche. En vez de inspirarle decoro, lo único que le inspiraba aquel moño era el deseo de arrancarle todos aquellos alfileres de la sedosa melena y ver cómo se le desparramaba por la espalda. La necesidad de volverla a besar turbaba sus sentidos y le invadió el intenso deseo de fundirse con ella. Aquella mujer había tocado algo muy profundo en su interior, una parte de él que ni siquiera sabía que existía antes de conocerla.
—Gracias por el poema. Es precioso.
La suave caricia de la voz de Maka en su oreja debilitó las defensas de Soul. Apartando firmemente su sentido común, Soul dio rienda suelta a sus deseos, largamente reprimidos. Introdujo los dedos entre los sedosos rizos de Maka y cubrió sus labios con los suyos, buscando con la lengua la entrada de su boca.
Ella le rodeó el cuello con los brazos y abrió los labios, acogiendo el empuje de la lengua de Soul y devolviéndole el beso con un abandono que todavía alimentó más el fuego que ardía dentro de él. Soul hundió su boca en la de ella una y otra vez, aumentando la duración y la intensidad con cada beso hasta que sintió que iba a explotar. Sin separar su boca de la de Maka, la sentó sobre sus muslos. Soul contuvo un gemido cuando ella, al cambiar de postura, apretó involuntariamente las nalgas contra su creciente excitación.
«Tengo que parar. Parar de besarla. Parar de tocarla.» Pero, mientras se repetía aquellas palabras, empezó a acariciar la cálida y prominente redondez de su seno. El pezón se contrajo al entrar en contacto con su palma, y él supo que su conciencia acababa de perder la batalla. Con un hondo gemido, Soul empujó la espalda de Maka contra los cojines del sofá, recostándola y medio cubriéndola con su cuerpo.
Enredó los dedos en los sedosos cabellos de Maka, luego recorrió sus costados con ambas manos y volvió a subir a los senos, acariciando sus tersos contornos y apresándolos con las palmas de las manos. Completamente perdido en la exquisitez de aquel tacto y de aquel embriagador perfume a rosas, sus labios recorrieron el cuello de Maka y siguieron descendiendo, besándole los senos a través del fino tejido del vestido.
Él levantó la cabeza.
—Abre los ojos, Maka.
Ella abrió lentamente los párpados y, al contemplar el brillo del deseo en sus verdosas profundidades, Soul sintió que se le tensaban los genitales con un palpitante dolor. Se llevó la palma de Maka a los labios y la besó ardientemente. Ella elevó la parte inferior del cuerpo, haciendo gemir a Soul al apretar los muslos contra su excitación. Mirando fijamente aquellos luminosos ojos, rebosantes de deseo, nublados por el placer, Soul apretó los dientes para contener el acuciante impulso de poseerla. Quería hacer muchísimo más que besarla.
Ella era una hembra acogedora y entregada que pedía más, y él un macho que ardía en deseos carnales, atormentado por aquel palpitante dolor en la entrepierna. El impulso de levantarle las faldas y hundirse en su calidez de terciopelo le estaba volviendo loco. «Es mía. En menos de diez segundos podría estar dentro de ella, poniendo fin a este incesante e insoportable dolor.»
Pero no podía hacerlo. Maka era virgen y, sin lugar a dudas, estaba mareada y confusa a consecuencia de aquel generoso trago de brandy. Y ella merecía muchísimo más que un rápido revolcón en un sofá con un hombre que iba a marcharse dentro de poco, un hombre que le había pagado su bondad con mentiras y duras críticas.
Pero, ¡maldita sea!, Maka no se parecía a ninguna de las vírgenes que él había conocido. Él era alérgico a las mujeres inocentes. Eran apocadas, aburridas, sosas y generalmente iban custodiadas por una madre obsesionada con encontrarles marido. Maka le retaba, le provocaba, le confundía y le fascinaba. Y, lo peor de todo, le excitaba hasta el punto de provocarle dolor.
Nunca supo de dónde sacó las fuerzas para alejarse de Maka, pero, murmurando una blasfemia contra sí mismo, se obligó a separarse de ella y se incorporó, sentándose en el sofá. «¡Maldita sea! ¡Maldita sea!»
Apoyando la cabeza en las manos, Soul cerró los ojos e intentó calmar sus desquiciados nervios. Tenía que alejarse de aquella mujer. De alguna forma, ella había sido capaz de despojarle de su sentido común. Se moría por ella. Su cuerpo pedía a gritos el contacto con su piel. Le estaba volviendo completamente loco. «No debería haber iniciado esto. Debería haber dejado que siguiera enfadada conmigo.» Pero había preferido egoístamente volver a ver aquel brillo tentador en sus ojos.
Ella se incorporó y se apoyó en el brazo de Soul.
—Oh… la cabeza —se quejó— ¡Cómo me late!
«Yo sé muy bien lo que es latir, créeme», pensó y, sacando fuerzas de flaqueza, se levantó.
—Subamos arriba —dijo lacónicamente. La cogió firmemente por las axilas, la ayudó a ponerse en pie y luego prácticamente la arrastró por el salón.
—¡Espera! —le dijo respirando con dificultad—. Todo me da vueltas.
Pero Soul no esperó. No se atrevió a hacerlo. Sujetándola con firmeza con un brazo, medio la guió, medio la arrastró escaleras arriba. No se detuvo hasta que llegaron a la alcoba de Maka. Abrió la puerta, la empujó dentro con delicadeza y luego cerró la puerta con un decidido clic.
Tras entrar en su propia alcoba, Soul recorrió nerviosamente una y otra vez toda la longitud de la estancia, pasándose repetidamente los dedos por el pelo hasta que vio que se había arrancado varios mechones. Intentó desesperadamente no pensar en Maka, Maka ardiente y acogedora, Maka entregada, tendiéndole los brazos, con los ojos rebosantes de deseo.
No podía pensar en otra cosa.
Podía haberla hecho suya.
Si su maldita conciencia no se hubiera interpuesto, ahora podría estar hundiéndose en las profundidades de sus suaves muslos, acariciando su piel con perfume a rosas, besando sus labios, aliviando aquel palpitante dolor que tenía en los genitales.
«¿Por qué diablos se habrá despertado mi conciencia, largamente dormida, justo ahora? ¡Vaya momento tan asquerosamente inadecuado para hacerse oír!» Hundiéndose en una butaca orejera, estuvo mirando fijamente el fuego con la frente arrugada hasta que las ascuas casi dejaron de brillar. Tras una hora de examen de conciencia, sólo fue capaz de llegar a dos conclusiones.
Primera, por mucho que intentara negarlo y por mucho que intentara convencerse a sí mismo de lo contrario, deseaba a Maka Albarn con una intensidad que le desconcertaba. Le afectaba como ninguna otra mujer le había afectado nunca.
Segunda, el único motivo de que en aquel preciso momento no estuviera hundido en sus acogedoras profundidades era que aquella mujer le importaba demasiado como para arrebatarle la inocencia y después abandonarla sin más.
Cerró fuertemente los ojos y negó con la cabeza.
«¡Maldita sea! Me importa; me importa mucho. No quiero que me importe, pero me importa.»
Le habría gustado no desearla hasta el punto de volverse loco, pero la deseaba.
Deseaba desesperadamente ser capaz de hacerla suya y largarse sin más, pero no podía hacerlo.
Girando la cabeza, miró fijamente la única rosa amarilla que reposaba sobre la mesita que había junto a su butaca. Cogió la flor marchita y tocó sus pétalos con dedos dubitativos.
Incluso con un asesino pisándole los talones, de algún modo sospechaba que estaría más seguro en Londres.
Necesitaba marcharse de allí.
Y cuanto antes mejor.
A la mañana siguiente, Maka entró en la cocina bastante tarde.
— ¿Dónde se ha metido todo el mundo? —preguntó a Joe. Había pasado una noche movida e inquieta, sin poder conciliar el sueño hasta el amanecer. Necesitaba desesperadamente un café.
—Sus hegmanas ido con tía, Weenston y Stein al megcado —contestó el cocinero mientras preparaba la masa para hacer pan—. Los chicos llevan a monsieur Evangson a pescag.
— ¿A pescar? —preguntó Maka sorprendida.
Joe asintió.
—Se han ido a pgimega hoga de la mañana después de desayunag.
Tras disfrutar de una rápida taza de café, Maka cogió a hurtadillas un trozo de pan recién hecho y entró en el despacho. En la casa reinaba una calma que era una verdadera bendición y, si conseguía mantener sus pensamientos alejados de Soul, probablemente podría adelantar el trabajo que tenía pendiente.
Cerrando la puerta tras de sí, se sentó en el escritorio y extrajo sus papeles del último cajón. Intentó concentrarse, pero sus esfuerzos fueron infructuosos. Sólo podía pensar en la noche anterior. Se debatía entra la absoluta vergüenza y la incrédula evocación de una sensación maravillosa. La sensación de las manos de Soul sobre su cuerpo, tocándola, explorándola, acariciándola, no se parecía a nada de lo que había experimentado antes. Ella no quería que parara, pero él se había alejado de ella sin darle ninguna explicación. De hecho, hasta parecía molesto con ella. Indudablemente, por su comportamiento escandaloso y excesivamente desinhibido.
Maka estuvo reflexionando y, tras casi una hora de mirar fijamente una hoja en blanco, sólo fue capaz de llegar a dos conclusiones.
Primera, deseaba a Soul Evanson con una intensidad que la desconcertaba.
Segunda, el único motivo de que esa mañana siguiera siendo virgen era que él se había retirado la noche anterior. Ella habría continuado, deseosa de explorar y aprender más cosas sobre aquellas sensaciones increíblemente nuevas que la bombardeaban.
Cerró fuertemente los ojos y negó con la cabeza. Soul se iba a marchar dentro de dos semanas porque tenía que trabajar para una familia que vivía lejos de Death City. Sólo con pensarlo, se le partía el corazón.
Tenía que mantenerse alejada de él.
Black Star estaba sentado en su despacho privado, mirando fijamente la carta que acababa de recibir. Releyó la escueta misiva tres veces, frunciendo el ceño y levantando alternativamente las cejas.
—Pareces muy desconcertado, cariño —dijo Tsubaki mientras entraba en el despacho.
Black Star se guardó rápidamente la carta en el bolsillo del chaleco y sonrió a su mujer.
—No es más que un mensaje un tanto desconcertante de uno de mis socios —dijo quitándole importancia. Se levantó y se acercó a Tsubaki, rodeando su escultural cuerpo con los brazos y dándole un breve beso en su tersa frente.
Hasta que conoció a Tsubaki, Black Star siempre se había visto como el eterno soltero. Pero enseguida quedó prendado de los encantos de aquella joven menuda de brillantes ojos índigos, cabello negro brillante y una sonrisa que podría derretir la nieve en enero.
—Estaba pensando en cómo convencerte para que me lleves a Regent Street —dijo Tsubaki, reclinándose hacia atrás para apoyarse en los brazos de su esposo—. Llevo varios días encerrada en casa.
—Tú podrías convencer a las estrellas para que bajaran del cielo, mi amor—le susurró Black Star mientras besaba la boca que ella le acababa de ofrecer—. Necesito un par de horas para ultimar unos cuantos asuntos y luego estaré a tu entera disposición.
—Gracias, cariño. —Tsubaki se puso de puntillas, rozó con los labios la mandíbula de Black Star y salió de la habitación, cerrando la puerta detrás de ella con delicadeza.
En cuanto volvió a estar solo, Black Star se sacó la carta del bolsillo y la volvió a leer. Junto con la petición de más mudas de ropa, Soul le pedía algunas cosas que se salían de lo corriente. Y ni siquiera le preguntaba cómo iban sus indagaciones. Sólo una escueta nota pidiéndole una serie de raros artículos que quería que le llevara dentro de dos días. Black Star rió entre dientes. Se moría de ganas por ver de nuevo a Soul para averiguar cómo le estaba yendo en casa de los Albarn.
Si la lista de artículos que le pedía Soul era un indicador, su estancia debía de estar siendo de lo más pintoresca.
Y si Black Star lograba imaginarse cómo conseguir los objetos que necesitaba, todo iría bien.
— ¡Mira cuánto he pescado! —Soul entró en el jardín pisando fuerte, deteniéndose ante Maka con una sonrisa de oreja a oreja en el rostro—. ¡Mira! ¿Has visto alguna vez una pesca tan magnífica?
Maka se levantó, se limpió las manos en el delantal y examinó el grupo de insignificantes pececillos que colgaban de un hilo de pescar que sostenía Soul con orgullo.
— ¡Impresionante! —dijo intentando parecer seria—. Es evidente que eres un experto pescador.
Soul entornó los ojos con expresión de recelo, sin estar seguro de si Maka se estaba burlando de él o no.
—No te estarás burlando de mí, ¿verdad? —dijo él en tono amenazador.
Ella abrió los ojos de par en par en señal de fingida inocencia.
— ¿Yo? ¿Burlarme de ti? ¿Un hombre que, obviamente, es el mejor pescador que jamás ha recorrido las costas de Inglaterra? ¿Cómo se te puede ocurrir algo semejante?
—Debes saber que estoy bastante orgulloso de mí mismo. —Se inclinó hacia Maka y ella contuvo una risita. Soul apestaba a pescado—. Esta ha sido la primera vez que he ido de pesca.
—Se ha caído dos veces al agua —intervino inesperadamente Ragnarok, mientras entraba, junto con Hero, en el jardín.
La mirada de Maka se centró en las costillas de Soul.
— ¿Te... se ha hecho daño?
—Unas pequeñas punzadas, nada más. Y no me caí, sino que me empujaron esos gamberros —informó Soul a Maka señalando con dedo acusador a los dos chicos, que se estaban riendo—. Tiene que enseñarle buenos modales —añadió mientras le guiñaba un ojo exageradamente.
— ¿Nunca había ido de pesca hasta hoy? —preguntó Maka sorprendida.
—Nunca. Yo soy tutor, no pescador. No se me había presentado la ocasión, hasta hoy. Y he de admitir que, para ser la primera vez, lo he hecho francamente bien. —Levantó su hilo de pescar y dirigió una mirada de admiración a su exigua captura.
Maka los miró a los tres y sacudió la cabeza. No estaba segura de qué había ocurrido exactamente en aquella salida de pesca, pero era evidente que los tres se lo habían pasado en grande. Y Soul era quien tenía la sonrisa más grande de todos.
—Venga, señor Evanson —instó Hero a Soul estirándole del brazo—. Entreguémosle lo que hemos pescado a Joe para que pueda empezar a preparar la cena.
—Ahora tengo que irme —informó Soul a Maka con una sonrisa de suficiencia—. Ya sabe, Joe nos espera en la cocina. —Le dedicó otra radiante sonrisa y dejó que Hero le guiara.
Maka observó al trío y se tapó la boca con la mano para evitar estallar en carcajadas mientras se alejaban.
Soul tenía una raja en los pantalones de montar justo a la altura de las nalgas.
— ¿Qué plan tenéis para esta mañana, chicos? —preguntó Maka a sus hermanos al día siguiente a la hora del desayuno—. Tenemos algunas clases pendientes.
Ragnarok y Hero dirigieron sendas miradas anhelantes y suplicantes a Maka.
—El señor Evanson se ha ofrecido a darnos clase hoy. Habíamos pensado ir al prado. ¿Te parece bien?
Maka miró a Soul sorprendida.
— ¿Clases al aire libre? ¿He oído bien?
Soul la miró por encima del borde de la taza de café.
—Sí. Debo zanjar una deuda de honor con los chicos y he pensado que podría darles clase al mismo tiempo. Si usted no ve ningún inconveniente, claro.
—No. No veo ningún inconveniente —musitó Maka, extrañada—. ¿Qué tipo de deuda de honor debe zanjar con los chicos?
—Ragnarok y yo hicimos una apuesta antes de ayer por la noche y perdí.
Maka enarcó las cejas.
— ¿Apostó... con Ragnarok? ¿Y perdió?
—Por lo visto, no era mi noche para las apuestas —dijo esbozando una sonrisa.
Maka se ruborizó hasta las raíces del cabello cuando recordó en qué había desembocado su apuesta con Soul.
Sin hacer ningún otro comentario, observó cómo los tres salían de la habitación. No tenía la más remota idea de qué hacer con Soul. Desde la discusión que habían tenido hacía dos días y la posterior partida de ajedrez, lo encontraba cambiado. Menos reservado. Con todo el mundo, salvo con ella. A pesar de que había sido educado y atento con ella en todo momento, de algún modo, había erigido un muro invisible entre ambos.
Contrariamente, Soul estaba mostrando un gran interés por Ragnarok y Hero, primero acompañándoles a pescar y ahora embarcándose con ellos en una extraña aventura.
En la cena del día anterior Maka se había sentado a la mesa dominada por los nervios anticipatorios, preguntándose si se volvería a encontrar a solas con Soul. La cabeza le decía que se mantuviera alejada de él, pero su corazón le imploraba con la misma insistencia que lo buscara.
No tuvo que tomar ninguna decisión al respecto porque Soul se excusó poco después de cenar y se retiró a su alcoba. Ella pasó todo el tiempo comprendido entre la cena y la hora de acostarse trabajando en el despacho, intentando con todas sus fuerzas no sentirse decepcionada o confundida. Seguro que era mejor así.
—Ragnarok y Hero parecen haberle cogido mucho cariño al señor Evanson —comentó tía Marie, interrumpiendo los pensamientos de Maka.
—Sí, es verdad.
—Y el señor Evanson también parece haberse encariñado con ellos —añadió Chrona, volviéndole a llenar a Maka la taza.
— ¡Que me aten al travesaño del puerto y me golpeen con el sextante! —dijo Harvar a voz en cuello—. ¿Por qué no iban a gustarle los muchachos? Son buenos chicos, como su padre, que en paz descanse. Porque, si a ese asqueroso gorrón no le gustaran los chicos, le obligaría a andar por el tablón de cubierta. —Luego dirigió una mirada fulminante a Stein—. ¿Acaso estás buscando la forma de llevarme la contraria, enano escuálido?
Stein se arregló la chaqueta.
—Desde luego que no, aunque no me puedo imaginar dónde vas a encontrar un tablón de cubierta donde hacerle andar.
—Tú no verías un tablón de cubierta aunque te golpearas la cabeza con uno —masculló Harvar.
—Yo sé dónde hay una tabla —intervino inesperadamente Patty mientras acunaba a la señorita Josephine en sus brazos—. Hay una tabla grande ahí fuera, cerca del corral de las gallinas. —Se volvió hacia Harvar—. La vimos el otro día, Harvar. Usted se tropezó con ella y se cayó de morros sobre las cacas de las gallinas, ¿no se acuerda? Y entonces gritó: «¡Asquerosamente condenado trozo de madera! Menudo hijo de...»
— ¡Patty! —se apresuró a interrumpir Maka—. Estoy segura de que Harvar no quería decir unas palabras tan inapropiadas. —Lo miró con seriedad— ¿Verdad que no, Harvar?
El ceño de Harvar indicaba claramente que quería decir cada una de las palabras que dijo y algunas más, pero suavizó su expresión cuando miró a Patty.
—Lo siento —susurró—. Me olvidé de que la chiquilla andaba cerca.
Stein murmuró algo entre dientes y empezó a quitar la mesa. Maka soltó un profundo suspiro, rogó a Dios que le diera paciencia y cambió de tema.
— ¿Qué creen que tienen pensado hacer hoy? —preguntó—. Espero que Ragnarok y Hero no hayan pensado en nada demasiado cansado desde el punto de vista físico. Estoy segura de que a Sou... al señor Evanson todavía le duelen las costillas, y el hombro aún no se le ha curado por completo.
—El señor Evanson parece un ejemplar de lo más saludable —dijo Chrona con una risita guasona—. Estoy segura de que puede seguir el ritmo de Ragnarok y Hero.
—Ya lo creo que sí —añadió tía Marie—. El señor Evanson es realmente un buen ejemplar. Tan viril, tan apuesto y tan ancho de hombros. ¿No te parece, Maka, querida?
En los pómulos de Maka empezaron a arder las llamas del infierno.
—Bueno... sí. Es bastante... eso, un buen ejemplar.
—Y es muy simpático; encantador, de hecho —prosiguió tía Marie, obviamente sin darse cuenta de lo violenta que se sentía Maka.
—No sabía que usted hubiera pasado tanto rato con él, tía Marie —dijo Maka levantando un poco la voz.
Tía Marie cogió sus agujas de hacer punto para proseguir con su labor.
—Oh, sí. Pasamos un rato muy agradable ayer por la tarde. Mientras tú estabas en el establo con los niños, el señor Evanson me ayudó con mis tareas domésticas.
Maka y Chrona intercambiaron una mirada de extrañeza.
—Pero a usted le tocaba sacar el polvo de la biblioteca —dijo Chrona.
Una sonrisa de oreja a oreja iluminó el rostro de tía Marie.
—Exactamente. Y el señor Evanson utiliza el plumero bastante bien, y llega mucho más alto que yo. Bueno, he de admitir que al principio se mostró algo reacio, horrorizado, en realidad, pero el muchacho enseguida le cogió el tranquillo.
— ¿Cómo consiguió convencerle para que sacara el polvo? —le preguntó Maka entre risas.
—Bueno, me limité a pasarle el plumero y a pedirle que me ayudara. —Tía Marie dirigió una mirada directa a Maka y añadió—: Cuando uno quiere algo, mi querida Maka, necesita expresar sus deseos. Después de todo, el señor Evanson no sabe leer la mente.
Maka miró fijamente a su tía y se preguntó si seguían hablando de quitar el polvo. Antes de que tuviera la oportunidad de contestarle, tía Marie volvió a concentrarse en su labor, y Maka prefirió dejar el tema antes de que empezaran a arderle literalmente las mejillas.
Al poco tiempo, Chrona y Maka salieron del comedor y, seguidas de Patty, se dirigieron hacia el lago. Patty abrió su caballete y Maka y Chrona se sentaron en la hierba, disfrutando de la cálida brisa y de una paz y un silencio poco habituales y bien recibidos, gracias a la ausencia de los chicos.
— ¿Te hace ilusión ir a la fiesta de Kim Diehl? —preguntó Chrona, arrancando una larga brizna de hierba y jugueteando con ella entre los dedos.
Maka puso mala cara y miró al cielo.
—Antes preferiría bañar a Stinky. Cada vez que me la encuentro, esa mujer me hace sentir como una gran intrusa, aparte de torpe, maleducada y que está de más. —Dirigió una mirada de reojo a Chrona—. Por supuesto, haré el sacrificio de soportar su compañía por ti. Nunca te negaría el placer de asistir a la fiesta, sobre todo teniendo en cuenta que asistirá un joven y apuesto médico.
Las mejillas de Chrona se sonrojaron intensamente.
—Oh, Maka, casi me muero de vergüenza cuando Kid me vio el otro día en el lago con el aspecto de un gato ahogado. Sabe Dios lo que debió de pensar de mí.
—No podía quitarte los ojos de encima —le aseguró Maka.
—No podía creerse que estuviera tan horrible.
—No podía creerse cómo podías estar tan hermosa, incluso calada hasta los huesos y vestida con una vieja sábana.
— ¿Lo crees realmente? —preguntó Chrona con los ojos esperanzados.
—Es tan evidente que te adora, Chrona, que hasta Stein se ha dado cuenta, sin tener que ponerse las gafas. Confía en mí. Death the Kid está loquito por ti. —«Y pronto estarás felizmente casada, llevando una vida normal, lo que más deseo para ti.»
Chrona se abrazó a sí misma y emitió un hondo suspiro.
—Ay, hermanita, espero que tengas razón. Es el hombre más maravilloso. Tan atento y tan apuesto. Me deja... —Su voz se fue desvaneciendo poco a poco.
— ¿Sin aliento? —Maka completó la frase que su hermana había dejado a medias.
—Exactamente.
—Y se te acelera el pulso, se te desboca el corazón y apenas puedes pensar con claridad cuando él está cerca —susurró Maka con dulzura, mientras dejaba vagar la imaginación. Una cascada de imágenes de Soul la asaltó súbitamente: Soul sosteniendo un hilo de pescar del que colgaban peces, Soul riéndose, Soul inclinándose sobre ella para besarla...
—Sí—dijo Chrona, trayendo a Maka de nuevo al presente—. Así es exactamente como me hace sentir Kid. ¿Cómo lo sabes?
Avergonzada por sus imprudentes palabras, Maka bajó la mirada y permaneció en silencio.
Chrona alargó el brazo para tocar la manga de su hermana.
— ¿Es así como te hacía sentir el señor Popplemore, Maka? —le peguntó en tono compasivo.
—No —dijo Maka rápidamente frunciendo el ceño—. Giriko nunca influyó sobre mi pulso, sobre cómo me latía el corazón ni sobre mi capacidad para pensar con claridad.
—Entonces... ¿quién? —Los ojos de Chrona se abrieron de par en par mientras miraba fijamente a Maka—. ¿Te hace sentir el señor Evanson de ese modo? ¿Del modo en que Kid me hace sentir a mí?
Al principio, Maka no contestó, temerosa de decir aquellas palabras en alto, incluso a Chrona, pero no quería añadir una mentira más a su larga lista.
—Sí, eso me temo.
Una radiante sonrisa se dibujó en el rostro de Chrona.
— ¡Maka! ¡Eso es maravilloso! ¡Estoy tan contenta de que hayas encontrado a alguien que te importe! Yo...
—Él me importa —Maka interrumpió las entusiastas palabras de su hermana—. No he dicho que yo le importe a él.
Chrona cogió la mano de Maka y se la apretó fuertemente.
—No seas tonta. ¿Cómo no vas a importarle? Le salvaste la vida. Eres hermosa y encantadora y generosa...
—Chrona. —Una sola palabra de Maka bastó para cortar el discurso de su hermana—. Valoro tu buena intención, pero debes afrontar la realidad, como he hecho yo. Soul se marchará pronto. Tiene un trabajo lejos de aquí y, cuando se marche, probablemente no volveré a verle nunca más. Sé que me está agradecido, pero eso es todo.
—Tal vez cambie de opinión sobre el trabajo y decida quedarse —sugirió Chrona—. Seguro que no se va si se enamora de ti. Podría trabajar como tutor aquí en Death City.
—Soul no ha dado ningún indicio de que pretenda cambiar de planes.
—Tal vez lo haría si supiera que te importa.
— ¡No! —contestó Maka prácticamente chillando—. Me refiero a que él ya debe de saber que me gusta...
— ¿Sabe que estás enamorada de él? —le preguntó Chrona—. ¿Estás enamorada de él?
Maka empezó a sentir que el corazón le latía frenéticamente.
—No. Y sí. No, no lo sabe. Y sí, lo estoy... Estoy enamorada de él. —El hecho de decirlo en voz alta le produjo tanto alivio como tristeza—. Pero seguro que puedes ver lo desesperado de mi situación. Ya no soy ninguna niña.
—Pero... ¡Maka! ¡Si sólo tienes veintiséis años!
Maka sonrió ante la lealtad de su hermana.
—Hace tiempo que pasé la primera eclosión de la juventud, Chrona, y un hombre como Soul... bueno, seguro que podría tener a cualquier mujer que deseara.
— ¿Y si te desea a ti? —le preguntó Chrona con dulzura.
Maka negó con la cabeza repetidamente, sin contestar a la pregunta de su hermana. Incluso aunque Soul la deseara, ella tenía demasiadas responsabilidades y secretos para considerar siquiera la posibilidad de compartir su vida con alguien.
—Me encantaría poder ayudarte, Maka. Tú siempre estás haciendo cosas por los demás, sin pedir nada a cambio. Por primera vez en la vida deseas algo. Y yo rezaré para que lo consigas.
Al escuchar las tiernas palabras de su hermana, Maka se derritió por dentro.
—Querida Chrona, tú ya me ayudas siendo feliz y compartiendo conmigo esa felicidad —le dijo sinceramente—. He cambiado de idea. Y me muero de ganas de asistir a la fiesta de Kim por la única razón de poder ver cómo a Death the Kid se le salen los ojos de las órbitas al verte con tu precioso vestido nuevo.
Chrona se sonrojó.
—Gracias por comprármelo. Es realmente precioso.
Maka se inclinó y besó la sonrojada mejilla de su hermana.
—Igual que tú, Chrona. Igual de precioso que tú.
—Bueno. Voy a cruzar los dedos para que el señor Evanson se dé cuenta de lo maravillosa que eres y decida quedarse en Death City —dijo Chrona—. Tal vez si las dos lo deseamos con suficiente fuerza, acabará ocurriendo.
— ¿Qué acabará ocurriendo? —preguntó Patty mientras se unía a Maka y Chrona—. ¿Qué deseo habéis pedido? Me encanta pedir deseos.
Maka acarició los rizos rubios de la pequeña.
—Hemos pedido un deseo de amor. De amor y felicidad.
Patty rodeó a Maka con sus rollizos y diminutos bracitos y la abrazó fuertemente.
—Yo os quiero a las dos y soy muy, muy feliz.
Maka y Chrona se rieron.
— ¿Has visto? —dijo Maka—. Acabas de hacer realidad todos nuestros deseos. —Y luego estampó un beso en el pelo de Patty—. ¿Te parece que recojamos tu caballete e intentemos averiguar qué se traen entre manos esos hermanos nuestros y a qué travesura han arrastrado al pobre señor Evanson?
Todas estuvieron de acuerdo y se dispusieron a buscar a Ragnarok, Hero y Soul.
—Aquí faltan más piedras —gritó Hero mientras colocaba una piedra inmensa encima del muro que crecía rápidamente.
— ¿Cuántas? —preguntó Ragnarok, también gritando.
—Tres o cuatro.
—De acuerdo.
Ragnarok levantó una piedra pesada y la transportó con un gran esfuerzo hasta donde estaba Hero. Soul levantó una piedra todavía más pesada, con una mueca de dolor e ignorando sus magulladas costillas. La transportó hasta donde estaban los niños y la colocó en lo alto del muro.
— ¿Cómo va eso? —preguntó Soul mientras se secaba el sudor de la frente con el antebrazo.
Llevaban toda la mañana trabajando en el «castillo» del rey Arturo, apilando piedras de todos los tamaños. El resultado de tantas horas de trabajo era el muro de una fortaleza bastante respetable.
—Es magnífico —dijo Hero entusiasmado mientras rodeaba la estructura. Medía aproximadamente un metro y medio de alto por tres y medio de largo.
—Y nos ha costado lo nuestro —dijo Soul dejándose caer sobre la hierba—. Entre el hombro y las costillas, creo que necesito un merecido descanso. —Se tumbó boca arriba y se protegió los ojos de los rayos del sol con el antebrazo.
—Pero ahora toca jugar a los Caballeros de la tabla redonda —protestó Hero—. Tenemos que ponernos las armaduras.
Soul emitió un leve quejido y dirigió una mirada furtiva por debajo del brazo a los dos chicos, que le miraban expectantes.
—Bueno, está bien, pero primero los caballeros necesitan descansar un poco. —Hizo una mueca cuando una punzada de dolor le atenazó el hombro, que había forzado demasiado—. Creo que se tercian unos refrescos.
—Iremos a coger agua al lago —se ofreció Ragnarok.
Los dos chicos se fueron corriendo a toda prisa y Soul suspiró aliviado, disfrutando de aquella breve tregua. El sol le calentaba la piel, y la suave brisa veraniega le traía el perfume de las flores silvestres.
Se le acercó un insecto y él lo espantó con un perezoso movimiento de la mano. A pesar de lo agotado que estaba, había disfrutado mucho de aquella mañana en compañía de Ragnarok y Hero, igual que el día anterior. Al principio había procurado la compañía de los chicos en un intento desesperado de evitar a Maka, pero enseguida había descubierto que eran unos muchachos alegres, inteligentes y sorprendentemente educados y que, a pesar de su tendencia a discutir, tenían buen corazón. Le habían enseñado a pescar, y se habían reído a carcajadas ante su reticencia a ensartar la pringosa y escurridiza lombriz en el anzuelo.
Pero, tras varios intentos, Soul había acabado dominando la parte más truculenta de la pesca y se lo había pasado en grande. No podía recordar haberse reído tanto en toda su vida. «Los chicos —pensó Soul— no son ni de lejos lo difíciles que yo creía que eran. De hecho, es un verdadero placer hablar y pasar el rato con ellos.»
Hoy les había estado ayudando a construir su «castillo». Ya habían construido varios «edificios» más, y Soul no podía por menos de admirar el tiempo y esfuerzo que obviamente habían invertido en su Camelot. Durante su infancia, Soul tuvo muy pocas oportunidades para jugar. Pasó la mayor parte del tiempo aprendiendo todo lo que su padre consideraba necesario para que en el día de mañana su hijo mayor pudiera heredar su ducado.
Wess y Tsubaki habían tenido mucho más tiempo libre para jugar. Su padre era mucho menos estricto con su hija y con su segundo hijo varón. Les permitía correr por toda la finca y jugar —cualquier cosa que los mantuviera ocupados y alejados de él—, pero Soul muy pocas veces podía unirse a ellos. Se pasaba la mayoría de los días encerrado en el cuarto de estudio bajo la estricta mirada de sus incontables tutores. «Y aquí estoy, con veintiocho años cumplidos, corriendo por el bosque como un chiquillo y pasándomelo condenadamente bien.»
En aquel preciso momento, los dos chicos llegaron con un cubo lleno de agua fresca. Soul bebió con fruición y se secó la boca con el dorso de la mano. Los pelos de la barba le pincharon la piel de la mano y se dio cuenta de que llevaba varios días sin afeitarse. Se pasó las palmas por la recia mandíbula y recordó la sensación de los suaves senos de Maka apretados contra su brazo mientras ella se inclinaba sobre él para rasurarle la cara. Pedirle que le volviera a afeitar probablemente no era una buena idea.
Ragnarok y Hero se tumbaron en el suelo al lado de Soul, y él se fijó en ellos. Reprimió una sonrisa cuando se dio cuenta de que los chicos se habían remangado las camisas y desabrochado los botones de una forma similar a la suya. Era evidente que le estaban imitando. Inesperadamente, sintió que una oleada de orgullo masculino le hinchaba el pecho.
Soul observó cómo Ragnarok se pasaba las manos por la cara como acababa de hacer él.
—Supongo que pronto tendré que empezar a afeitarme —dijo el chico como quien no quiere la cosa.
Antes de que Soul pudiera contestar, Hero estalló en carcajadas.
— ¿Estás tonto o qué? —Miró la cara de su hermano mayor con atento y exagerado interés—. Ni un solo pelo. Eres más imberbe que un huevo.
Ragnarok se sonrojó.
—No es verdad. Ya tengo bastante bigote. —Se giró hacia Soul—. ¿Verdad que sí, señor Evanson?
A Soul le vino inmediatamente a la mente la imagen de sí mismo cuando tenía la edad de Ragnarok. Todavía un niño, tambaleándose en la delicada antesala de convertirse en hombre, impaciente y al mismo tiempo aterrado por cruzar esa frontera. Entonces habría necesitado y deseaba desesperadamente tener una charla de tú a tú con un hombre, pero su padre no tenía el tiempo ni la disposición necesarios para dedicarle unos minutos. Él sabía muy bien qué era crecer sin el amor y la atención de un padre; se le encogió el corazón y sintió una gran complicidad acompañada de una sincera compasión por aquellos dos chicos que habían perdido a su padre.
Con fingida concentración, Soul inspeccionó atentamente el rostro de Ragnarok. Era tan imberbe como un bebé.
—Hummm. Es verdad, Ragnarok. Creo que te está empezando a salir bigote. Predigo que tendrás que empezar a afeitarte muy pronto. —Casi se le escapa una sonrisa ante el evidente alivio del chico—. Por supuesto —prosiguió Soul—, cuando un hombre empieza a afeitarse, todo cambia drásticamente.
Los dos chicos se sentaron y enderezaron la espalda, con los ojos como platos.
— ¿Todo cambia? —repitieron al unísono—. ¿En qué sentido?
Soul dudó, intentando encontrar las palabras adecuadas, y maldijo para sus adentros su falta de experiencia para impartir algún tipo de sabiduría masculina a su entregado público. Sabiendo que se había metido en camisa de once varas, pero decidido a intentarlo, inspiró profundamente y se lanzó.
—Una vez que te haces hombre, la vida se vuelve... complicada. Hay innumerables normas que seguir y te asaltan muchas obligaciones y responsabilidades. Tienes que aprender a confiar en ti mismo. El mundo está lleno de gente de la que no te puedes fiar, que intentará aprovecharse de ti o hacerte daño. —«O matarte.»
Hero se acercó rápidamente a Soul hasta que chocaron sus rodillas y le dijo:
—Pero Maka nunca permitiría que nadie nos hiciera daño. Ella nos protege y cuida de nosotros.
—Sí, es verdad —asintió Soul—, pero, cuando te conviertas en un hombre, serás tú quien tendrá que cuidar de ella. Y también de Chrona y de Patty.
Ragnarok se puso serio de repente.
—Pero no tendré que asistir a las aburridas meriendas de Patty, ¿verdad que no?
—Cuando digo «cuidar de ellas», me refiero a ser considerado con ellas —aclaró Soul—, respetarlas, hacer cosas por ellas sin protestar. Protegerlas de todo mal y de la gente mala. Creedme, no todo el mundo es tan bueno y generoso como vuestra familia, de modo que tenéis que estar atentos para protegeros y proteger a los vuestros. —Dudó un momento y luego añadió—: Y, por supuesto, luego está el tema de... las chicas.
Hero soltó un bufido.
— ¿Chicas? ¡Menuda lata! Yo no soporto a las chicas. Sólo quieren jugar con muñecas y no soportan ensuciarse.
Soul le despeinó.
—Lo verás diferente dentro de unos años.
— ¿Cuándo necesite afeitarme?
Conteniendo una risita, Soul contestó:
—Sí, Hero. Ese es más o menos el orden de los acontecimientos. Primero te das cuenta de que te gustan las chicas, luego te empiezas a afeitar y luego te conviertes en un hombre.
Los ojos de Hero brillaron como si, súbitamente, hubiera caído en la cuenta de algo.
— ¡Por eso a Ragnarok le está empezando a salir bigote! ¡Es porque le gusta Elizabeth Thompson!
— ¡No es verdad!
Intentando evitar la incipiente discusión, Soul puso una mano en el hombro de cada uno de los chicos.
—Ya basta, caballeros. Hero, haz el favor de dejar de meterte con tu hermano. Entenderás por qué cuando tengas catorce años. Y tú, Ragnarok, no hay nada malo en que te guste una chica. Tan sólo es una parte de hacerse mayor. —Y, dirigiéndole un guiño de complicidad, añadió—: La mejor parte.
Ragnarok esbozó una sonrisa.
—Gracias, señor Evanson. Yo...
— ¡Ahí están!
Soul se giró y vio a Maka, Chrona y Patty avanzando entre las altas hierbas del prado.
Hero se puso de pie de un salto y dijo:
—Voy a coger la armadura de nuestro escondite secreto antes de que lleguen. —Y desapareció entre los árboles.
—Parece ser que nuestra conversación de hombre a hombre ha llegado a su fin —dijo Soul.
— ¿De hombre a hombre? —preguntó Ragnarok, con los ojos como platos.
Soul asintió.
—De hombre a hombre. —Luego tendió la mano a Ragnarok. La mirada del chico se deslizó del rostro a la mano de Soul. Tragó saliva visiblemente y luego estrechó con fuerza la mano de Soul. La gratitud que brillaba en los ojos de Ragnarok llenó a Soul de orgullo.
— ¡Mirad qué castillo! —chilló Patty, batiendo palmas mientras corría hacia la estructura.
Maka y Chrona inspeccionaron el muro y lo declararon una maravilla arquitectónica. Luego se reunieron con Ragnarok y Soul.
Apoyándose en los codos, Soul decidió concederse una satisfacción y se permitió mirar a Maka. Deslizó la mirada hasta su rostro y se le desbocó el corazón al comprobar que ella estaba mirando fascinada su camisa medio desabrochada.
Inmediatamente Soul se la imaginó tocándolo, desrizándole las suaves manos por el pecho, los hombros, y descendiendo luego por la espalda. El dolor le atenazó las partes íntimas y se sentó de golpe, con expresión de seriedad. «¡Santo Dios! ¡Esta mujer es capaz de endurecer mi virilidad sólo con mirarme! Si no vuelvo pronto a Londres y hago una visita a mi amante, voy a volverme loco.»
— ¿Dónde está Hero? —preguntó Chrona, escudriñando el prado con la vista.
—Ha ido a buscar la armadura a nuestro escondite secreto —contestó Ragnarok.
—Voy a buscarlo —dijo Patty, corriendo hacia el bosque—. Ya sé dónde está vuestro escondite secreto.
— ¿Cómo lo sabes? —le gritó Ragnarok.
Patty se limitó a reír entre dientes y se dirigió hacia el bosque.
— ¿Está lejos? —preguntó Maka viendo que Patty cruzaba el prado corriendo y entraba en el bosque.
—No, está justo después de pasar ese grupo de árboles —dijo Ragnarok señalando un denso robledal.
—Dígame, señor Evanson —le preguntó Chrona sonriéndole—, ¿cómo le han convencido Ragnarok y Hero para que les ayude a construir Camelot? En el desayuno ha mencionado que había perdido una apuesta.
Soul dirigió una mirada de soslayo a Ragnarok.
—Ragnarok apostó que su hermana me ganaría al ajedrez. Yo no le creí, aunque debería haberlo hecho. —Su mirada se cruzó con la de Maka—. Ella me dio una paliza. Y construir Camelot ha sido el precio que he tenido que pagar por dejarme ganar.
— ¡Qué lástima que no te apostaras nada con el señor Evanson, Maka! —dijo Ragnarok entre risas.
—Sí, ya lo creo que lo hizo —dijo Soul regodeándose con una lenta sonrisa, sin poder evitar pinchar a Maka. Le encantaba ver cómo se le sonrojaban las mejillas—. Ya he zanjado mi deuda con tu hermana —contestó a Ragnarok sin apartar los ojos del ruborizado rostro de Maka—. Ella no es ninguna negrera, como tú y Hero.
Ragnarok miró a Soul con una gran curiosidad.
— ¿Qué le hizo hacer?
—Me hizo...
— ¡Santo Cielo! Se está haciendo tarde. —Interrumpió Maka, con un tono de voz que denotaba una mezcla de vergüenza y desesperación. Frunció el ceño y dirigió una mirada de aviso a Soul—. Deberíamos ir volviendo a casa.
Antes de que Ragnarok pudiera satisfacer su curiosidad, la atención del grupo se centró en Patty. Acababa de salir del bosque y estaba corriendo por el prado mientras agitaba los brazos frenéticamente.
— ¡Maka! ¡Maka! ¡Ven, deprisa!
El miedo se apoderó de Maka cuando vio los ojos abiertos de par en par de Patty y percibió el pánico en su voz. Corrió inmediatamente hacia la niña, alejándose de Ragnarok, Soul y Chrona.
Cuando llegó hasta Patty, se arrodilló y apartó los rizos del asustado rostro de la pequeña.
— ¿Qué pasa, Patty? ¿Qué ha ocurrido?
—Es Hero —dijo Patty jadeando y con los ojos como platos—. Se ha caído, creo que de un árbol, y está herido. Le he oído quejarse y lo he encontrado, pero no me contesta cuando le hablo.
A Maka se le cayó el alma a los pies.
—Llévame adonde está —le ordenó, intentando mantener la calma.
— ¿Qué ha pasado? —preguntaron Soul, Ragnarok y Chrona sin aliento y al unísono.
—Hero se ha caído de un árbol y está herido —dijo Maka lacónicamente—Guíanos hasta él, Patty.
El grupo siguió a la pequeña, que entró en el bosque, pasó de largo un alto robledal y señaló:
—Ahí está, al pie de ese árbol.
Maka corrió hacia allí y al cabo de varios minutos encontró a Hero, hecho un ovillo debajo de un árbol, con un saco entre los brazos.
— ¡Dios mío! —susurró Maka mientras se le aceleraba el pulso. Hero tenía un hilillo de sangre en la sien y el rostro de una palidez mortecina.
— ¿Está bien? —preguntó Soul visiblemente preocupado, arrodillándose junto a Maka.
—No... no lo sé —susurró, apenas capaz de pronunciar palabra con el pesado nudo que se le había hecho en la garganta. Alargando el brazo, colocó un dedo en el cuello de Hero, rezando para encontrarle el pulso. Cuando palpó un latido regular y fuerte, casi se desmaya del alivio.
—El pulso es normal —consiguió decir.
—Gracias a Dios —dijo Chrona. Tomó a Patty y a Ragnarok de la mano y dejó que Maka examinara a Hero.
Con la ayuda de Soul, Maka examinó al niño en busca de posibles huesos rotos.
—Por lo que he visto —dijo Maka al cabo de varios minutos— creo que no se ha roto ningún hueso. Parece que sólo se ha dado un golpe en la cabeza.
— ¿Y si tiene una hemorragia interna? —preguntó Ragnarok aterrado, con los ojos abiertos de par en par.
—No lo creo —dijo Maka intentando aparentar una calma que estaba lejos de sentir. Tenía ganas de gritar, llorar, tirarse de los pelos, pero no podía perder el control y asustar a los demás. Se volvió hacia Soul y preguntó:
— ¿Puedes llevar a Hero a casa? Yo iré en busca del médico.
Soul asintió.
—Por supuesto. —Se agachó y cogió con suma delicadeza al niño con sus fuertes brazos. Hero emitió un leve gemido.
Maka tocó la frente de Hero y luego volvió a mirar a Soul, consciente de que su mirada era la de una mujer aterrada.
Soul le mantuvo la mirada, con ojos preocupados pero serenos.
—Yo cuidaré de él, Maka. Va a ponerse bien. Coge a Pericles y ve a buscar al médico.
Incapaz de pronunciar palabra alguna con aquella angustia que se le clavaba en la garganta, Maka asintió nerviosamente con la cabeza y desapareció corriendo a toda velocidad hacia el establo. Cuando llegó, ensilló rápidamente a Pericles y, sin pensar ni por un momento en lo poco femenino de su comportamiento, se levantó la falda hasta los muslos, saltó sobre el caballo y lo montó a horcajadas.
Apretó las rodillas contra los flancos de Pericles, y galoparon hacia el pueblo como alma que lleva el diablo.
Ahhh! ¡Hero!
Y... Soul! Gah! ¿A qué hora habrá lemmon!?
Lamento decirlo pero falta... y mucho (?) xD
Holis! (?) Les gustó? Ojalá que sí c: Bueno, quiero decirles que estoy contenta! 7 reviews~ Wiii~ *saltos de felicidad* (?) y sigo con lo mismo, 6 reviews para conti c: los amo~~ y una preguntota!
¿Capítulos largos o cortos?
Bueno a responder reviews~:
Julian & Jumbiie Hana Roth: Maldito, estúpido te odio e.e ya verás que me extrañarás, someday y cuando llegue ese día me burlaré de ti c: (?) vale no, y cuñis! sabes que no puedo escribir lemmon xD no sé cómo :c pero cuando sepa prometo hacerte tu fic lemmon KxC pero... no me molestaría que me hicieras un fic lemmon SxM... (?) xD
Bell Star: Anda, pensé que me odiabas :c me deprimí un tiempo por eso (?) vale no; aquí está tu conti c: y pronto derramará miel para después -censura- ñalkfjdklfjla xD
TCHini: No puedo sacar dos capítulos en un mismo día, pero actualizaré más seguido c:
hikary-neko: ¡NO! Soul es más guapo que Kid! Y sí te mato, desgraciada :c xD sé que me amas, bobis c:
Guest: Aquí está la conti, mi querido invitado c:
Ellie77: ¿y quién dice que no leo tu fic? xD lo leo, pero me da flojeritis aguda comentar y más porque cuando actualizas lo leo en un cel xD si actualizaras cuando estoy en mi pc... (?) vale, prometo comentar el tuio c: y me alegra que te guste C:
Celia-Chop: xD Gracias por animarme c: ajñlsdjfklañsjdlkfjas
añsdjfladskjf Me pongo tan feliz cuando me dan reviews~ *q*
Ahora vamos con lo que quieren c:
Avances~:
"—Maka —le dijo con dulzura, sufriendo por ella.
Ella levantó la cabeza de las manos y lo miró, mientras le resbalaban por las mejillas todas las lágrimas que llevaba rato intentando contener.
—Por Dios, Maka, no llores, por favor. —A Soul, la visión de aquellos ojos verdosos, anegados de lágrimas, y de aquel rostro pálido de miedo le partía el corazón. Abrió los brazos y ella, con un sollozo entrecortado, se refugió en ellos.
.-.-.-.-.-.-
«¡Qué rostro tan perfecto! ¿Cómo puede ser tan atractivo?», se dijo para sus adentros. Relajados por el sueño, sus rasgos se suavizaban y casi parecía un muchacho, con un mechón blanco cayéndole sobre la frente.
A Maka le embargó una ternura abrumadora e indescriptible por aquel hombre que, a pesar de sus heridas, se había agotado construyendo un muro de piedra para hacer felices a dos muchachos, había cargado a Hero y la había consolado como nadie más podría haberlo hecho.
Le quería.
«¡Que Dios me ayude! ¡Cómo le quiero!»
—No pares —volvió a susurrar él, dirigiéndole una mirada intensa y penetrante—. Tócame. —Apretó fuertemente la mano de Maka contra su pecho y luego la deslizó sobre la densa mata de vello pectoral—. Así.
.-.-.-.-.-.-.-.
—Separa las piernas para mí, Maka. Quiero tocarte. Necesito sentirte.
Sin apartar ni un momento la mirada de la de él, Maka obedeció.
.-.-.-.-.-.-.-
—¿Interrumpo algo, lacayo? —preguntó Black Star al día siguiente por la tarde. Entró en el patio de la casa de los Albarn y enseguida se dibujó una mirada entre incrédula y divertida en su rostro.
Dirigió a Black Star la mirada más seria que logró esbozar en tales circunstancias.
—¿Por qué? No, qué va, Black Star. No interrumpes nada. De hecho, llegas justo a tiempo para unirte a nosotros. —Señaló una sillita vacía levantando levemente la barbilla—. Por favor, toma asiento.
Soul casi se ríe a carcajadas al ver la expresión de horror en el rostro de Black Star.
.-.-.-.-.-.-.-
—No es de tu incumbencia —contestó Soul de malos modos, pero luego se retractó—. Prometí a Maka y a su hermana acompañarlas a una fiesta mañana por la noche, de ahí que te pidiera que me trajeras el vestido. No puedo faltar a mi promesa.
—Ya entiendo —dijo Black Star repasándolo con la mirada—. ¿Y qué tal te llevas con la señorita Albarn?
—Chrona Albarn es una joven encantadora —dijo Soul simulando haber interpretado erróneamente la pregunta de Black Star mientras aceleraba el paso.
—Chrona no es la señorita Albarn a quien me refería, como tú muy bien sabes —dijo Black Star, siguiéndole al mismo paso.
—Maka y yo nos llevamos bien —contestó Soul con una brusquedad que habría disuadido a cualquiera de seguir haciéndole preguntas.
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—Te espero de vuelta pasado mañana, Soul. —Black Star se ladeó el sombrero y guiñó el ojo a Soul exageradamente—. Pásatelo bien en la fiesta.
Soul observó cómo Black Star se alejaba galopando y luego se encaminó hacia la casa, apretándose contra el pecho el paquete que le había traído Black Star.
Estaría en Londres dentro de sólo dos días.
Debería estar ilusionado. Entonces... ¿por qué se sentía tan abatido?"
El próximo cap está un poquito largo, como éste. Pero, les gusta largos? o prefieren que sean cortos? respondan! D:
Y 6 reviews para conti! :3
By.
Ren Miyamoto~
