¡Y por mierda, se cerró mi estúpida cuenta de FF y ahora tengo que volver a escribir toda esta mierda!

Mierda!

Vale ya, estoy furiosa xD

Volviendo...

Kaaah!

Dos capítulos en esta semana :D

Soul Eater no me pertenece ni Rosas Rojas


Capítulo 10

Maka entró en su alcoba más tarde aquel mismo día, y una expresión de confusión se dibujó en su rostro. «¿De dónde diablos ha salido este paquete?»

Cogiendo el paquete, que estaba envuelto con un sencillo papel de regalo, estiró de una tarjetita que había debajo de la cinta del paquete. Rompió el precinto lacrado del sobrecito y leyó la nota: «Para Maka, con mi más profunda gratitud, Soul.»

Soul le había hecho un regalo.

Llevaba todo el día intentando quitárselo de la cabeza, a él y el apasionado encuentro de la noche anterior, pero él llenaba todos y cada uno de los rincones de su mente. Su sonrisa, sus ojos, maliciosos y juguetones en un momento, nublados por el deseo en el momento siguiente. El tacto de sus manos, el sabor de su boca... Maka cerró fuertemente los ojos. Tenía que dejar de pensar en él. Pero ¿cómo?

Apretó el paquete contra su pecho, soltando un profundo suspiro. Volvió a dejar el paquete sobre la cama y desató la cinta con dedos temblorosos. Retiró el envoltorio, miró con admiración el contenido del paquete y luego levantó el vestido más bonito que había visto jamás. Metros y metros de una muselina del matiz más claro de verde imaginable caían sobre el suelo. El vestido tenía las mangas cortas y abullonadas, adornadas con cintas de color crema. El corpiño tenía un generoso escote y estaba adornado con una cinta color marfil justo debajo del busto, con un ribete de flores color crema y violeta oscuro.

Las flores eran pensamientos.

El mismo ribete de pensamientos adornaba el dobladillo del vestido, y había enredaderas de color azul claro bordadas a lo largo de los pliegues de la falda. Maka se puso el vestido a la altura del cuello y miró hacia abajo sin creer lo que veían sus ojos. Parecía justo de su talla, la línea del dobladillo le rozaba la parte superior de sus sufridos zapatos marrones de piel.

Se deshizo rápidamente de su polvoriento vestido marrón y deslizó con reverencia aquella creación verde sobre su cabeza. El vestido le iba como anillo al dedo, como si se lo hubieran hecho a medida. Sin apenas poder respirar, Maka se acercó al espejo de cuerpo entero que había en la esquina de la habitación.

El generoso escote dejaba al descubierto una considerable extensión de piel que la hizo sonrojar. El fino material le caía sobre los pies desde la cinta color marfil que había bajo el busto. Maka resiguió con un dedo uno de los pensamientos bordados en el corpiño, todavía sin creerse que llevara puesto un vestido tan bonito. Se sentía como una princesa.

Alguien llamó a la puerta.

—Adelante —dijo aturdida, sin poder apartar la vista del espejo.

—Maka, podrías... —Chrona se paró en seco en cuanto vio a su hermana delante del espejo—. ¡Maka! ¡Qué vestido tan exquisito! ¿De dónde lo has sacado?

Maka se dio la vuelta y miró fijamente a su hermana.

—Es un regalo.

—¿Un regalo? ¿De quién? —Chrona tocó la fina muselina con un dedo.

—De Soul —dijo Maka con un hilo de voz—. Me lo ha regalado Soul.

Chrona abrió la boca de par en par.

—¿Dé dónde diablos lo ha sacado? ¿Y cómo ha podido pagar un vestido así? Ha debido de costarle una pequeña fortuna.

Maka sacudió repetidamente la cabeza.

—No tengo ni idea. Lo único que sé es que me he encontrado este paquete encima de la cama al regresar del pueblo. Llevaba una tarjeta. Está ahí, sobre la cama.

Chrona se acercó a la cama, cogió la tarjeta y leyó lo que había escrito. Luego observó el paquete y volvió a quedarse boquiabierta.

—¿Has visto el resto?

—¿El resto? ¿Qué resto? —preguntó Maka ausente. No podía dejar de pensar en el vestido el tiempo suficiente para atender a cualquier otra cosa.

—Mira esto —dijo Chrona sofocada—. ¿Has visto alguna vez una cosa tan preciosa?

Maka se giró y miró boquiabierta la combinación que le mostraba su hermana. Aquella prenda de ropa interior era de un blanco resplandeciente y estaba tejida con tal delicadeza que casi parecía transparente.

—¡Santo Dios! —exclamó Maka acercándose a su hermana. Juntas fueron extrayendo uno a uno los demás artículos que había en el paquete. Unas medias de pierna entera de pura seda, un liguero de raso color marfil adornado con una cinta verde claro, y un par de zapatos verdes satinados. Maka deslizó un pie en uno de ellos. Eran justo de su número.

—¡Oh, Maka! —exclamó Chrona con voz entrecortada—. Debe de habértelo comprado para que te lo pongas en la fiesta de mañana. ¡Qué increíblemente romántico!

—No me lo puedo creer —dijo Maka aturdida—. ¿Cómo lo ha hecho? ¿De dónde lo ha sacado? ¿Cómo ha sabido exactamente qué talla comprar? —Se sonrojó al recordar que Soul había tocado prácticamente todos los rincones de su cuerpo. Él, mejor que nadie, podía estimar con bastante exactitud sus medidas.

—Tienes que importarle mucho —dijo Chrona con dulzura. Cogió las manos de Maka y se las apretó con fuerza—. Estoy tan contenta por ti. El señor Evanson me cae de maravilla y, si te hace feliz, yo le recibiré con los brazos abiertos.

Maka levantó la cabeza y desplazó su anonadada mirada de los preciosos zapatos al radiante rostro de Chrona.

—¿De verdad crees que le importo?

—Por supuesto —dijo Chrona sin asomo de duda—. Un hombre no le regalaría algo así a una mujer a menos que le importara muchísimo. —Su mirada se detuvo en la ropa interior desparramada sobre la cama—. Tienes que importarle mucho.

Maka cerró los ojos e inspiró profundamente.

—Oh, Chrona. Ojalá tengas razón. ¡Dios! Ojalá la tengas.

—Por descontado que la tengo. —Chrona le dio un breve abrazo—. Ahora vamos a quitarte el vestido antes de que se estropee. —Ayudó a Maka a quitarse la prenda y a colgarla en el armario.

—Espera a que el señor Evanson te vea con este vestido. Se arrodillará ante ti y te declarará amor eterno —predijo Chrona, alargándole la ropa interior, que Maka guardó con sumo cuidado en el cajón de la cómoda.

—Espero que la conmoción de verme con algo distinto que un vestido de estar por casa no haga que se le pare el corazón —dijo Maka con una risa.

—Creo que el corazón del señor Evanson va a estar demasiado ocupado latiendo desbocadamente para plantearse siquiera la posibilidad de pararse.

Maka no pudo borrar la radiante sonrisa que sabía había iluminado su rostro al oír las palabras de Chrona. Se volvió a vestir rápidamente con la idea de dirigirse al establo.

Cogidas del brazo, ella y Chrona salieron de la habitación y bajaron las escaleras. En el vestíbulo, se encontraron con Soul. Con una tímida sonrisa, Chrona se excusó y dejó a Maka a solas con él.

Maka abrió la boca con la intención de darle las gracias por el regalo, pero se quedó sin palabras al contemplar la multitud de costras que salpicaban la mandíbula de Soul.

—¡Santo Dios! ¿Qué te ha pasado en la cara?

A Soul se le escapó una risita de arrepentimiento.

—Me he afeitado.

—¿Te has hecho daño?

—Sólo a mi orgullo. Me temo que afeitarme no es una actividad en la que destaco.

—Entonces, ¿por qué?... —Su voz se desvaneció cuando cayó en la cuenta del motivo—. ¿Te has afeitado por lo que te dijo tía Marie?

Él se encogió de hombros.

—Tal vez. Y Ragnarok me había pedido que le enseñara a afeitarse. Me temo que el pobre ha acabado con la cara tan llena de cortes como yo, pero, al fin y al cabo, nos las hemos arreglado bastante bien.

Maka se derritió por dentro. «¡Dios mío, es encantador! Destrozarse la cara para complacer a una anciana y a un adolescente. » Por un momento, se preguntó por qué sería tan poco hábil en una actividad tan típicamente masculina que probablemente llevaba años realizando, pero no le dijo nada. Era evidente que a Soul le avergonzaba su falta de habilidades, y ella no tenía ninguna intención de hacerle sentirse violento.

Poniéndole la mano en la manga, le dijo:

—Por favor, déjame ayudarte la próxima vez. Me estremezco con sólo pensar en que tú o Ragnarok podríais rebanaros el cuello en el intento.

—Te tomo la palabra.

Maka notó que le subía una oleada de calor por el cuello y supo que se estaba sonrojando.

—Soul, he encontrado el vestido. Es el vestido más bonito que he visto en mi vida..., que jamás podría llegar a imaginar. Nadie me había hecho nunca un regalo tan maravilloso, o que se sale tanto de lo corriente. —Al pensar en las medias y la ropa interior, se sonrojó todavía más—. No sé qué decir, o cómo agradecértelo.

Soul le tocó suavemente la cara con un dedo.

—No hace falta que me digas nada, y me lo puedes agradecer poniéndotelo mañana por la noche en la fiesta de la señora Diehl.

—¿De dónde lo has sacado? ¿Cómo lo has conseguido? ¿Por qué?

—Escribí a Black Star, le expliqué con sumo detalle lo que quería y él me lo ha traído hoy. En lo que se refiere al porqué, bueno, supongo que tenía ganas de que tuvieras un vestido que no fuera marrón o gris. Quería que estuvieras tan hermosa como eres. Me preguntaba cómo te sentaría un vestido del color de tus ojos.

A Maka se le escapó una risita nerviosa.

—Espero no decepcionarte.

Soul negó con la cabeza y la miró fijamente con ojos sombríos y serios.

—Tú nunca podrías decepcionarme, Maka.

Al oír aquellas palabras, Maka se sintió la mujer más afortunada del mundo. Antes de que ni siquiera pudiera pensar en la respuesta, él se inclinó hacia delante con la mirada fija en su boca. «¡Dios mío! Va a besarme. Aquí, en medio del vestíbulo.»

Con el corazón desbocado, ella levantó el rostro. Sólo les separaba una respiración. Estaba...

—¡Que me aten a la lancha salvavidas y me tiren al mar! —bramó Harvar.

Maka jadeó y dio un paso atrás para separarse de Soul con tal rapidez que casi tropieza. Se dio la vuelta y respiró aliviada al ver que el ex marinero se estaba peleando con varias cajas que bloqueaban la visión del vestíbulo.

Harvar se percató de la presencia de Maka y Soul.

—¿Tiene un minuto, señor Evanson? Estas cajas no pesan, pero son grandes, y no sé dónde se ha metido ese enclenque saco de huesos.

—Me encantaría ayudarle —dijo Soul. Se giró hacia Maka—. ¿Adónde ibas?

—Al establo. Pensaba sacar a Pericles a dar un paseo. —«¡Santo Dios! Ha estado a punto de besarme en el vestíbulo a plena luz del día.» Pero todavía le sorprendía más el hecho de que ella había deseado desesperadamente que lo hiciera. Si Harvar no les hubiera interrumpido, probablemente ella se habría colgado de su cuello y lo habría besado hasta olvidarse de su propio nombre.

—Ayudaré a Harvar y luego iré a ver cómo te va. Que disfrutes de la cabalgada.

—Gracias. —Intentando disimular su azoramiento, Maka se dirigió hacia la puerta. «Casi nos besamos en el vestíbulo. ¡Por el amor de Dios! He perdido la cabeza. Patty casi nos cogió in fraganti ayer por la noche, un error que me juré no repetir, y ahora he estado a punto de hacer lo mismo.» Negando con la cabeza, se recordó a sí misma que se suponía que estaba intentando mantenerse alejada de Soul, una misión que parecía ser incapaz de cumplir durante más de dos segundos seguidos. Cuanto más lo conocía y más tiempo pasaba con él, más insoportable se le hacía la idea de su partida.

«¡Que Dios me ayude! ¡Quiero que se quede!»

«Pero él pronto tendrá que reemprender su vida.»

Fue entonces cuando Maka descubrió que, a pesar de sus mejores intenciones, nunca aprendería a dejar de desear lo que no podía tener.

Tras ayudar a Harvar con las cajas, Soul fue al establo, pero no había ni rastro de Maka o Pericles.Volvió a entrar en la casa, fue a la biblioteca y cogió un número atrasado de Gentleman's Weekly. Sentándose cómodamente en el sofá de brocado, buscó la página de Las aventuras de un capitán de barco. Estaba a medio relato, cuando un párrafo le hizo detenerse súbitamente. Volvió a leerlo, seguro de que le estaban engañando los ojos.

—No hay nada más maravilloso que los hijos —dijo el capitán Haydon a su tripulación—. Cuando nació cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habíamos concebido. —Su risa retumbó en la calma de la brisa marina—. Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habíamos amado. ¡Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habría llamado «Aguado» o «Riachuelo»!

Miró fijamente la página, boquiabierto, mientras las piezas empezaban a encajar. ¿«Aguada»? ¿Elegir el nombre de los hijos en honor al momento en que fueron concebidos? H. Spirit, Spirit Albarn, capitanes de barco, las indagaciones de Black Star sobre la situación financiera de los Albarn... «¡Maldita sea! Si Maka no es la autora de los relatos, desde luego tiene alguna relación con ellos.»

¿Era así como mantenía a toda la familia? ¿Vendiendo relatos basados en las experiencias de su padre a Gentleman's Weekly? Soul recordó la conversación que habían mantenido sobre Las aventuras de un capitán de barco. Maka se ofendió cuando él cuestionó las habilidades literarias de H. Spirit. Y reconoció que se leía todos los relatos. Por supuesto que los leía, los escribía ella misma. O, por lo menos, ayudaba a alguien a escribirlos.

Empezó a dar vueltas a las implicaciones de todo aquello. Era evidente que Maka tenía que mantener en secreto su participación en los relatos. Gentleman' s Weekly era la revista de mayor prestigio entre los miembros masculinos de la alta sociedad. Cada lord que Soul conocía la leía asiduamente, de cabo a rabo. Si los preciados miembros de la aristocracia llegaran a descubrir algún día que los relatos por capítulos de su revista favorita eran obra de una mujer, se escandalizarían y horrorizarían, aparte de dejar de comprar inmediatamente la revista. Un escándalo de ese calibre arruinaría a la revista... y dejaría a la familia de Maka sin lo que Soul imaginaba que era su única fuente de ingresos.

Debería haberse escandalizado. Que una mujer vendiera relatos a una revista para hombres era algo que estaba fuera de toda normal, algo completamente inaceptable. Pero, de algún modo, la admiración superaba con creces la conmoción que le había provocado aquel descubrimiento. Cuando tuvo que enfrentarse a circunstancias adversas, Maka había sabido encontrar la forma de sacar adelante a su familia. Pero, ¿era Maka el mismo H. Spirit, o simplemente la asesora del verdadero autor de los relatos?

La imperiosa necesidad de conocer la respuesta a aquella pregunta sorprendió a Soul. Necesitaba ver a Maka, hablar con ella. ¿Sería capaz de leer la verdad en sus ojos? Sólo había una forma de averiguarlo. La forma en que Maka se ganaba la vida no era de su incumbencia, pero no podía aplacar la imperiosa necesidad de saber la verdad.

Decidido a hablar con Maka, se dirigió hacia la terraza. En el vestíbulo se encontró a Stein echando una cabezada en una butaca. Dos semanas antes, la visión de un sirviente durmiendo en el vestíbulo le habría enfurecido y consternado. Pero en aquel lugar y en aquel momento, le parecía, en cierto modo, apropiado. Intentando no hacer ruido para no molestar a Stein, Soul se dirigió hacia la puerta que daba al jardín, moviendo repetidamente la cabeza en gesto de negación. Lacayos miopes durmiendo en el vestíbulo, groseros ex marineros vociferando por los pasillos, cocineros lanzando por los aires cazos y sartenes, niños revoltosos rebosantes de energía...; la casa de los Albarn y sus ocupantes eran lo más opuesto a aquello a lo que él estaba acostumbrado. Pero, aunque al principio se había sentido aturdido ante aquel caos, ahora sabía que aquel caos no era más que otra forma de llamar al paraíso. Y le iba a resultar muy duro tener que marcharse de allí.

Una vez en el exterior, vio dos figuras en la distancia acercándose a la casa. Enseguida supo que eran Maka y Patty. Se acomodó en una silla de hierro forjado para esperarlas e inspiró profundamente el aire con olor a tierra. Apoyando la cabeza en el respaldo de la silla, disfrutó del suave picor de los cálidos rayos del sol en la cara. Dentro de dos días estaría de vuelta en Londres, reanudando su vida normal, intentando dar caza a un asesino. «Debo decirle a Maka que me voy al día siguiente de la fiesta. No puedo posponerlo más, por mucho que lo desee. Se lo explicaré esta misma tarde.»

Sus pensamientos fueron interrumpidos por el sonido de unas voces femeninas. Irguiéndose en la silla, Soul se protegió los ojos del fuerte sol con una mano. Maka y Patty estaban corriendo por el césped con los brazos abiertos. Incapaz de resistir la atracción que aquellas risas ejercían sobre él, se levantó de la silla y se acercó a la barandilla del patio para tener mejor perspectiva.

—¿A que no me pillas? —chillaba Patty, corriendo todo lo deprisa que le permitían sus cortas piernas.

—Oh, sí. ¡Ya lo creo que te voy a pillar! —dijo Maka mientras la perseguía y simulaba estar a punto de cogerla—. Esta vez no te me escaparás.

Patty siguió dando grititos y riéndose mientras se acercaba al patio, con Maka pisándole los talones. Soul observó sus payasadas, y una extraña sensación, una indescriptible nostalgia, le embargó por completo, filtrándosele por las venas. ¿Cómo debía de ser una infancia llena de juegos y risas? ¿De abrazos y sonrisas? Le bastaba con mirar el rostro de Patty, radiante de felicidad, para saber que tenía que ser maravillosa. Maka estaba siendo una madre excelente para sus hermanos y, si sus sospechas eran correctas, los quería con una profundidad y una generosidad que él creía que no podían existir.

La mirada de Soul la buscó, siguiéndola mientras perseguía a su escurridiza hermanita simulando que la quería pillar. Se le había soltado el pelo, y sus brillantes rizos cenizos flotaban tras ella en un salvaje desorden mientras corría. Soul sintió que se le agarrotaba la garganta. ¡Era tan condenadamente bonita! Una fascinante combinación de inocencia y naturalidad.

Pero ya no era sólo su hermoso rostro lo que cautivaba a Soul. Era su belleza interior. Su limpia sonrisa, sus cariñosas caricias. Su corazón generoso, su paciente fortaleza. Si las cosas fueran diferentes...

Soul cortó en seco sus pensamientos. Las cosas no eran diferentes. Nada era diferente. Y él debía tenerlo presente.

Las risas se hicieron más fuertes, Patty corrió a toda velocidad hacia la casa, pero, justo antes de llegar a los escalones del patio, Maka la cogió por la cintura y la levantó por los aires.

—¡Te pillé! —anunció Maka—. ¡Ya tengo a mi preciosidad! —Cubrió de besos la cara de Patty, y las risitas de felicidad de la pequeña resonaron en la estancia.

Soul carraspeó, tanto para que ellas se percataran de su presencia como para deshacer el nudo de emoción que se le había formado en la garganta. Dos pares de ojos azul y verde, respectivamente claro, se giraron hacia él. Su mirada se cruzó con la de Maka, y a él se le aceleró el pulso inmediatamente.

A Maka se le habían subido los colores del esfuerzo y la piel le brillaba con un intenso color rosa. La mirada de Soul descendió enseguida hasta la boca, aquella boca carnosa, seductora, que parecía hacerle señas, pidiéndole a gritos que se olvidara de dónde estaban y que la besara hasta la saciedad. Él supo que ella le había leído el pensamiento cuando se esfumó la sonrisa de su rostro y empezaron a temblarle los labios. Casi podía oírla decir: «Sí, quiero que me beses.» Casi podía notar el contacto de sus labios, el sabor de su lengua...

—¡Señor Evanson! —Patty se escabulló de los brazos de Maka y corrió hasta Soul—. ¡Estamos jugando a «pillar a la chica más guapa»! Yo soy esa chica.

Aquella dulce voz infantil rebosante de entusiasmo interrumpió la sensual ensoñación de Soul. Él miró al radiante rostro de Patty y no pudo evitar devolverle la sonrisa.

—Ya lo creo que lo eres. Y ya veo que te han cogido.

—Esa es la mejor parte —le confió con un susurro lleno de complicidad.

La mirada de Soul volvió a centrarse en Maka.

—Sí, me lo puedo imaginar.

—¿Le apetece jugar con nosotras? —preguntó la pequeña.

Antes de que Soul pudiera contestar, intervino Maka.

—Patty, tanto correr de aquí para allá podría lastimar el hombro o las costillas del señor Evanson. Podrá jugar con nosotras dentro de una semana o dos, cuando esté completamente recuperado.

—Tal vez —susurró Soul mientras le invadía una profunda sensación de melancolía.

A partir de pasado mañana, probablemente no la volvería a ver nunca más.

«Díselo. Díselo.» Pero tras contemplar el sonriente rostro de Maka, radiante de felicidad, Soul no consiguió hilvanar ninguna palabra.

«Luego. Se lo diré luego.»

—¿Puedo hablar con usted a solas, Maka?

Maka se detuvo cuando se disponía a entrar en la casa. Soul estaba apoyado en la barandilla del patio, un tobillo sobre el otro y los brazos cruzados sobre el pecho. La cálida brisa le había despeinado, y el sol proyectaba sutiles reflejos en su cabello blanco. «¡Santo Dios! Se me hace un nudo en la garganta sólo con mirarlo», se dijo Maka para sus adentros. Tras acompañar a Patty hasta el interior de la casa con la promesa de leerle un cuento después de la cena, Maka se reunió con Soul. Estaba a punto de sonreírle, cuando la seriedad de su mirada la paralizó.

Miró hacia abajo y se dio cuenta de que Soul llevaba en la mano un ejemplar de Gentleman's Weekly. Tuvo un mal presentimiento, y se le puso piel de gallina.

—¿Va algo mal, Soul?

Él la miró con una expresión insondable.

—No sé cómo preguntarte esto más que preguntándotelo. ¿Qué relación tienes con H. Spirit?

Las palabras de Soul hicieron temblar el suelo bajo los pies de Maka y ella enderezó las rodillas para mantenerse en pie. Notó que se estaba poniendo lívida, pero hizo un esfuerzo para ocultar su angustia y su aturdimiento.

—¿Qué me acabas de preguntar?

—H. Spirit, el escritor, ¿qué tipo de relación tienes con él?

Maka empezó a darle vueltas a la cabeza, buscando desesperadamente las palabras adecuadas. «¿Cuánto sabe? ¿Y cómo diablos lo ha averiguado?» Tragándose la angustia y rezando porque su voz sonara serena, preguntó:

—¿Y por qué crees que tengo alguna relación con él?

En vez de contestarle, Soul abrió la revista y leyó.

... cuando nació cada uno de mis hijos, mi esposa y yo lo miramos y recordamos el momento en que lo habíamos concebido. [...] Les pusimos nombres en honor al lugar donde nos habíamos amado. ¡Menos mal que ninguno fue concebido junto a un riachuelo o el pobre se habría llamado «Aguado» o «Riachuelo»!

Cerró la revista.

—Seguro que ahora entiendes mi pregunta.

Maka notó que estaban a punto de fallarle las piernas y se dejó caer en una silla de hierro forjado. Abrió la boca con la intención de hablar, pero no le salían las palabras. Había guardado su secreto durante tanto tiempo que no sabía cómo reaccionar. Y, si Soul se lo había imaginado, ¿cuánto tardaría el resto de la gente en averiguarlo? Si perdía su única fuente de ingresos... Entrelazó los dedos de ambas manos sobre el regazo y apretó fuertemente hasta que los nudillos se le pusieron blancos. Aquello no podía ocurrir. Ella no lo permitiría. Pero, dadas las circunstancias, no tema ningún sentido intentar mentir a Soul.

Cogiendo aire con fuerza en señal de determinación, buscó los ojos de Soul y le miró sin pestañear.

—Yo soy H. Spirit.

Ella esperaba que su confesión molestara a Soul o le disgustara, pero él se limitó a asentir.

—¿Lo sabe alguien más?

—No. El editor me ha exigido que lo mantenga en el más estricto secreto...

—Con un buen motivo —la cortó él.

—Sí. —Ella miró a Soul a los ojos en busca de alguna pista sobre sus sentimientos, pero su rostro seguía igual de impenetrable—. Cuando mi padre murió, necesitábamos dinero desesperadamente. Me negaba a obligar a los chicos a trabajar cuidando niños o como personas de compañía. Los ingresos que recibo de Gentleman's Weekly me permiten mantenerlos. —Restregó las palmas sudadas contra la falda—. Seguro que estás bastante escandalizado.

—No, no lo estoy.

Ella esperaba que Soul dijera algo más, pero guardó silencio. Tal vez no estaba escandalizado, pero parecía bastante evidente que no lo aprobaba. Y la posibilidad de que su secreto se difundiera la llenaba de pavor.

—Espero que me hagas el favor de no contárselo a nadie. Mi medio de vida depende de que se mantenga mi anonimato.

—No tengo ninguna intención de hacer nada que pueda poner en peligro tu forma de ganarte la vida, Maka. No revelaré tu secreto. Te doy mi palabra.

Maka sintió un inmenso alivio y soltó una espiración que ni siquiera se había dado cuenta de que estaba conteniendo.

—Gracias. Yo...

—No hay de qué. Por favor, discúlpame.

Antes de que ella pudiera decir una palabra más, Soul abrió la puertaventana y entró en la casa. Maka lo siguió con la mirada mientras se alejaba y se mordió el labio inferior para impedir que le siguiera temblando.

Aunque él no había dicho nada más, su brusca y fría despedida lo había dicho todo.

Aquella tarde, Soul se pasó toda la cena mirando de soslayo a Maka, que se sonrojaba cada vez que se cruzaban sus miradas. Él intentaba centrarse en la charla distendida que había a su alrededor, pero le resultaba imposible. Sus pensamientos deambulaban constantemente entre el sorprendente descubrimiento de que Maka era H. Spirit y la conversación que sabía tenía que mantener con ella sobre su inminente marcha de Death City.

Aquella noche Hero se unió al resto de la familia y, como fue el centro de atención tras su accidente, Soul no tuvo que hablar mucho. Y a él ya le iba bien así.

Maka estaba sentada a su lado, ataviada con un sencillo vestido. A pesar de que hablaba con todo el mundo, Soul pensó que, en cierto modo, se la veía apagada. Ella intentó varias veces implicarlo en la conversación, pero los comentarios de Soul fueron, en el mejor de los casos, lacónicos.

«Mañana. Se lo diré mañana. Si me quedo a solas con ella esta noche, sólo Dios sabe lo que puede pasar.» Tras tomar esa decisión, Soul se excusó inmediatamente después de la cena, alegando un fuerte dolor de cabeza. Se dirigió hacia las escaleras, pero sólo había subido la mitad del largo tramo de escaleras cuando Maka lo abordó.

—¿Te pasa algo, Soul? —le preguntó, tocándole la manga.

Soul bajó la mirada y miró la mano de Maka, luego sus ojos. Parecía preocupada.

—Sólo estoy cansado y me duele la cabeza —le mintió. «No sé cómo decirte que me voy. Y tengo que alejarme de ti o acabaremos otra vez en el sofá del despacho y concluiré lo que empecé la otra noche. Créeme, lo hago por tu bien. No estás segura conmigo.»

—¿Quieres que te prepare una infusión?

Soul negó con la cabeza.

—No, gracias. Sólo necesito descansar. —Se giró para irse.

—¿Soul?

Soul se detuvo y la miró, y casi pierde su determinación. Aquella mirada de sincera preocupación en el hermoso rostro de Maka casi le hace renunciar a sus nobles intenciones.

—¿Sí?

—Sobre la conversación que hemos mantenido esta tarde... —Su voz se fue desvaneciendo y bajó la cabeza—. Espero que no pienses mal de mí.

«Si lo hiciera, esto me resultaría mucho más fácil.» Levantándole el mentón con dos dedos, Soul le sonrió.

—Nunca podría pensar mal de ti, Maka. Por lo que a mí respecta, esa conversación está olvidada.

Maka suspiró, visiblemente aliviada.

—Menos mal. Me alegra saberlo. Que duermas bien, Soul.

—Gracias. —Siguió subiendo las escaleras, entró en su alcoba y cerró la puerta tras él.

«¿Que duerma bien? Lo dudo mucho.»

Aquel «lo dudo mucho» resultó profético. A las dos de la mañana aún no había ni rastro de sueño en el futuro inmediato de Soul.

Deambulaba incansablemente por su dormitorio, engullendo el excelente brandy de Spirit Albarn a un ritmo alarmante. Estaba tenso y sumamente molesto.

Y frustrado sexualmente como nunca lo había estado en su vida.

Deseaba con todas sus fuerzas salir de los confines de su alcoba, pero no se atrevía a hacerlo, temiendo abalanzarse sobre Maka en el despacho, el salón o el jardín. Soul sabía a ciencia cierta que, si se topaba con ella, su conciencia perdería la batalla. La deseaba vehementemente. Murmurando una blasfemia, echó leña al fuego y se sirvió otro brandy.

Justo cuando estaba llevándose la copa a los labios, oyó que alguien golpeaba suavemente la puerta de su alcoba. Creyendo que le habían engañado los oídos, Soul se quedó quieto, con la copa a medio camino de la boca y escuchó.

Volvieron a llamar a la puerta.

«Maldita sea! Ella ha venido a mí. ¿De dónde voy a sacar las fuerzas para no dejarle entrar en mi alcoba?» Con el corazón en un puño, fue hasta la puerta y la abrió.

Pero allí no había nadie.

Entonces oyó un lloriqueo. Miró hacia abajo.

Patty estaba en el pasillo, apretando su muñeca contra el pecho, con su pequeño rostro anegado por las lágrimas. Una combinación de alivio, decepción y alarma se apoderó de Soul.

Agachándose, apartó un rizo de la frente de la pequeña y le preguntó:

—¿Qué ha pasado, Patty? ¿No se supone que deberías estar en la cama?

Ella lo miró con los ojos llenos de lágrimas.

—Es la señorita Elizabeth —susurró con voz débil y trémula—. Ha tenido un terrible accidente.

—¿Ah, sí? ¿Qué tipo de accidente?

Patty le alargó la muñeca sorbiendo lágrimas por la nariz.

—Mira.

Soul tomó en brazos a la muñeca con suma delicadeza. En efecto, la señorita Elizabeth había sufrido un accidente. Un grave accidente. Tenía el vestido hecho jirones y los dos brazos arrancados de cuajo. Su cara, nunca muy limpia, estaba francamente sucia. Y olía a perro muerto.

—¿Qué le ha pasado? —preguntó Soul.

Stinky ha debido de hacer de las suyas —dijo Patty mientras le temblaba la barbilla—. Me he despertado y no la encontraba. Luego me he acordado de que me la había dejado olvidada en el patio, la he ido a buscar y así es como me la he encontrado. Sé que Stinky no quería hacerle daño, pero no creo que la señorita Elizabeth vuelva a ser la misma.

Patty empezó a sollozar como si se le fuera a partir el corazón, Soul la miró fijamente, con la muñeca en las manos, y se sintió completamente impotente. Dio palmaditas a Patty en la espalda torpemente.

—Bueno, bueno. Pero... ¿por qué no la acuestas? Tal vez mañana por la mañana Maka o Chrona o tu tía te la puedan arreglar —sugirió él, sin tener ni idea de cómo afrontar la situación.

Patty negó insistentemente con la cabeza.

—No puedo meter en la cama a la señorita Elizabeth en este estado. Se encuentra fatal. ¿Cómo va a dormirse con los brazos arrancados? —Se le escapó un hondo sollozo—. Está sufriendo terriblemente. Tenemos que ayudarla.

«¿Tenemos? También me incluye a mí.» A Soul le entró pánico sólo de pensarlo.

—¿Por qué no vas a ver si alguna de tus hermanas está despierta...? —Mientras Soul pronunciaba aquellas palabras, Patty levantó la mirada y Soul se encontró con sus acuosos ojos inundados de lágrimas.

—A Maka no le gusta que la despierte por las noches. Y a Chrona tampoco.

—Tonterías. No me puedo imaginar a ninguna de las dos enfadándose contigo por ese motivo.

—Sé que me dirán que me espere a mañana por la mañana, pero yo no puedo esperar. —Lo miró con ojos esperanzados—. ¿Puede ayudarnos?

Soul miró fijamente a la pequeña. «¿Yo?» Lo que él sabía sobre muñecas podría caber en la cabeza de un alfiler y todavía sobraría espacio. Se preguntó si parecía tan horrorizado como se sentía.

Las lágrimas seguían cayendo por las mejillas de Patty, y otro sollozo desgarrador estremeció su cuerpecito.

—Por favor, señor Evanson. Por favor.

Soul tragó saliva y reprimió el deseo desesperado de huir. La visión de Patty llorando a lágrima viva, lo desmontó por completo. Él supo que iba a perder la batalla en cuanto la vio.

—Por favor, Patty, no llores más. —Le pasó la mano por el pelo—. Supongo que puedo ayudarte a arreg... curar a la señorita Elizabeth.

—¡Oh, gracias, señor Evanson! —Patty se lanzó a sus brazos y le dio un abrazo tan fuerte que casi lo tira al suelo. Los brazos de Soul rodearon automáticamente el cuerpo de la niña. Era tan pequeña. Y tan confiada. Y tan dulce. Inspiró, y una sonrisa iluminó sus labios. Olía como siempre había imaginado que olían los niños: a rayos de sol y nata fresca.

La pequeña dio un paso hacia atrás y lo miró con ojos llorosos.

—¿Cree que la podemos curar? —le preguntó con voz esperanzada.

—Estoy seguro. —No tenía ni idea de cómo conseguirlo, pero haría todo lo necesario para que Patty volviera a sonreír—. Veamos. ¿Por qué no la llevamos a tu cuarto yla lavamos un poco? Seguro que se encontrará mejor cuando le quitemos toda esa porquería.

—De acuerdo. —Patty se frotó los ojos con el dorso de la mano. Soul rebuscó en su bolsillo y extrajo un pañuelo de lino blanco. Patty lo cogió y se sonó ruidosamente.

—¿Mejor? —le preguntó Soul con una sonrisa.

Ella asintió con la cabeza.

—Sí.

—Excelente.

Patty deslizó su diminuta mano en la de Soul y lo guió hasta su alcoba. Una vez allí, la pequeña le quitó a la muñeca el vestido hecho jirones y se lo alargó a Soul, quien lo sumergió con sumo cuidado en una jofaina llena de agua. Vertió un poco de jabón en la prenda y la frotó enérgicamente, luego la escurrió y la tendió cerca del fuego para que se secara.

A continuación, Patty sostuvo a la señorita Elizabeth mientras Soul le lavaba con gran delicadeza la carita de porcelana. Cuando acabaron, Soul la secó con cuidado con una toalla.

—¿Y ahora qué? —preguntó Patty, acunando a la muñeca envuelta en una toalla—. La ropa de la señorita Elizabeth todavía está mojada, y sigue sin brazos.

—¿Tienes más ropita? —preguntó Soul, en un mar de confusiones.

—No, la señorita Elizabeth sólo tiene un vestidito.

—Hummm... —Soul se frotó la barbilla con la mano, preguntándose cómo podía resolver el problema de la falta de vestuario de la señorita Elizabeth.

—Tal vez podríamos coserle los brazos —sugirió Patty.

—¿Coser?

—Sí. Creo que eso sería lo mejor.

—¿Tienes los, eh... utensilios adecuados para coser? —preguntó él, rezando para que la respuesta de Patty fuera negativa.

—Sí. —Patty cogió lo necesario de una cestita que tenía junto a la cama y se lo pasó a Soul.

Soul observó el hilo y la aguja que reposaban sobre la palma de su mano. Su consternación no habría sido mayor si le hubieran puesto una tarántula en la mano.

Aunque era evidente que los brazos de la señorita Elizabeth tenían que coserse a su cuerpo, Soul no tenía ni la más remota idea de cómo hacerlo.

—¿Sabes enhebrar agujas? —preguntó.

—Por supuesto que sí. —Patty cogió el hilo y la aguja, se acercó al fuego y, sumamente concentrada, enhebró la aguja e hizo un nudo en un extremo del hilo—. Aquí la tiene —añadió mientras alargaba la aguja enhebrada hacia Soul.

Soul cogió la aguja y la miró como si se tratara de una serpiente. «¡Dios mío! ¡En menudo lío me he metido!»

Pero, por difícil que pareciera la empresa, él se tenía por un hombre de recursos. Seguro que se las podía arreglar para dar un par de puntos. Echó una rápida mirada a su alrededor, como si pretendiera asegurarse de que ninguno de los miembros más preciados de la alta sociedad londinense estuviera agazapado tras las sombras, preparado para pillarle in fraganti y censurarle por conducta impropia. El marqués de Evans cosiéndole los brazos a una muñeca. Soul sabía que, si era lo bastante imbécil como para explicarle a alguien aquel episodio, de todos modos, no le creerían.

—Bueno, vamos allá. —Flexionando las piernas, se sentó en el suelo cerca del fuego.

Patty se sentó a su lado, y los dos juntos fueron cosiéndole los brazos a la señorita Elizabeth. La pequeña sostenía los brazos mientras Soul daba una serie de torpes e irregulares puntadas, haciendo un gran esfuerzo por mantener los labios cerrados cada vez que se clavaba la puntiaguda aguja en el dedo.

—Es mejor que no se pinche demasiado, señor Evanson, o acabará con un tatuaje.

—¿Qué?

—Así es como se hacen los tatuajes, ¿sabe? Con agujas. Oí a Harvar y a Stein hablar sobre ello. Primero te bebes algo que se llama Blue Ruin hasta que te sientes un poco atontado, luego te pinchan con agujas y después te vas con tus amigos a una casa de citas. —Ladeó la cabeza en señal de interrogación—. ¿Qué es una casa de citas?

Soul soltó la muñeca y estuvo a punto de atragantarse.

—Es un lugar adonde, bueno... van caballeros y señoritas a... eh, a... jugar.

—¡Qué divertido! Me encantan los juegos. ¿Crees que en Death City habrá alguna casa de citas adonde pueda ir yo?

Soul se tapó la boca con las manos y musitó una palabrota para sus adentros.

—Sólo está permitida la entrada a los adultos. —La mera idea de que aquel tipo de vulgaridades pudiera manchar algún día a aquella inocente niña le revolvió las tripas.

Patty lo miró decepcionada.

—Bueno... Tal vez cuando sea mayor.

Poniéndole las manos en sus estrechos hombros, Soul la miró a los ojos y se esforzó por encontrar las palabras adecuadas.

—Las señoritas decentes y... limpias no van a casas de citas. Nunca.

A Patty se le pusieron los ojos como platos.

—¿Qué? ¿Quiere decir que es un lugar adonde van las señoritas que no se bañan?

—¿Bañarse? Eh, bueno, sí. Eso.

Patty arrugó su naricita chata.

—Entonces no me verán por allí. Me encanta jugar en la bañera. Maka me deja quedarme hasta que se me empieza a arrugar la piel. —Bajó la mirada y se fijó en la muñeca que estaba en la alfombrilla entre ellos dos—. ¿Y si acabamos de curar a la señorita Elizabeth?

Soul aprovechó la oportunidad y cogió la muñeca con el mismo celo con que un perro hambriento corre tras un hueso. Y empezó a coser como si le fuera en ello la vida, rezando porque a Patty no se le ocurriera hacerle más preguntas.

—Ya está —dijo él por fin, haciendo un nudo y cortando el hilo con los dientes. Levantó la muñeca para que Patty la pudiera inspeccionar. «No está mal. Nada mal.» Aunque le dolían los dedos, estaba orgulloso de sí mismo. «¿Y qué más da si los brazos de la muñeca están un poco torcidos y uno es más largo que otro? La cuestión es que ahora tiene brazos.»

—¡Tiene un aspecto magnífico! —dijo Patty y después emitió un hondo suspiro. Sus ojos rebosaban gratitud.

Una profunda sensación de logro y autocomplacencia invadió a Soul.

—Sí, lo tiene. Ahora veamos cómo está su ropa. Tal vez ya se haya secado.

Patty fue a buscar el vestidito de la muñeca.

—Sólo tiene los bordes un poco húmedos.

—Perfecto. Sugiero que vistamos a la señorita Elizabeth y la acostemos.

—Opino lo mismo. Ha tenido una noche agotadora.

Soul sujetó la muñeca mientras Patty le introducía el vestido por la cabeza. Y se lo abrocharon entre los dos.

—Gracias, señor Evanson —dijo Patty, abrazando a la muñeca contra su pecho—. Le ha salvado la vida a la señorita Elizabeth y siempre le estaré agradecida. —Se acercó la muñeca al oído y escuchó, con los ojos abiertos de par en par. Luego miró a Soul—. A la señorita Elizabeth le gustaría darle un beso y un abrazo.

Soul hincó una rodilla en el suelo enfrente de Patty. Ella acercó la carita de porcelana de la muñeca a la mejilla de Soul e hizo el sonido de un beso.

—Gracias, señor Evanson —dijo Patty con voz aguda, simulando ser la señorita Elizabeth—. Le quiero.

A Soul se le hizo un nudo en la garganta, un nudo que le resultó casi insoportable cuando Patty se abalanzó sobre él, le rodeó el cuello con sus bracitos y lo abrazó con todas sus fuerzas. Al principio, Soul dudó, pero luego apretó a la pequeña contra su pecho, mientras sentía que se le expandía el corazón ante semejante muestra de gratitud. «¡Qué sensación tan distinta abrazar a un niño! Distinta, increíble y maravillosamente enternecedora.»

—Yo también le quiero, señor Evanson —le susurró en el cuello. Le dio un jugoso beso en la mejilla sacando mucho los labios y luego se retiró y le sonrió, con los ojos brillantes.

«¡Maldita sea! Esta niña va a acabar por desmontarme.» Soul carraspeó y, de algún modo, consiguió esbozar una sonrisa.

—Creo que ya es hora de que tú y la señorita Elizabeth os vayáis a la cama —dijo con voz ronca, embargado por la emoción.

Patty se subió a la cama y Soul las arropó a ella y a la señorita Elizabeth. No estaba seguro de haberlo hecho correctamente, pero Patty bostezó inmediatamente y cerró los ojos. Al poco rato, tenía la respiración profunda y regular propia del sueño.

Soul se quedó de pie junto a la cama durante varios minutos, observándola. Un halo resplandeciente de rizos rubios ybrillantes rodeaba la preciosa carita de Patty, las pestañas proyectaban sombras en forma de media luna sobre sus regordetas mejillas, y su boquita de piñón parecía robada de un querubín.

«Yo también le quiero, señor Evanson.» «Que Dios me ayude.»

Soul salió del dormitorio, cerrando silenciosamente la puerta tras él.

Cuando entró en su alcoba, Soul se fue directo a la garrafa de brandy. «¡Estoy perdido! Los habitantes de esta casa van a acabar volviéndome loco.» No sabía cómo había ocurrido, pero cada uno de ellos se las habían apañado para, de alguna manera, colarse con la habilidad de un experto ladrón en su hastiado corazón y robarle un pedacito.

Pero ninguno lo había logrado tan completamente como Maka. «¡Dios! Ni siquiera creía que tuviera un alma hasta que ella me la despertó con su valiente compasión, su ternura y su afecto.» Ella era un ángel que le tentaba más allá de lo imaginable y le hacía sentir cosas que nunca había experimentado antes, cosas que ni tan siquiera era capaz de describir, que le estremecían íntimamente y le hacían sentir que iba a estallarle el corazón.

Dominado por la inquietud, Soul se bebió una copa de brandy y volvió a servirse otra enseguida. Era una buena cosa que tuviera que abandonar pronto la casa de los Albarn. Se había implicado demasiado con aquella gente, en sus vidas y sus problemas. No podía permitir que le importaran.

No. Era demasiado tarde.

«¡Maldita sea! Ya me importan. Todos ellos.»

Intentó alejar sus pensamientos del rato que acababa de pasar con Patty, pero no lo consiguió. No sabía absolutamente nada sobre niñas pequeñas, pero, cuando la encontró llorando por su querida muñeca, notó que estaba a punto de partírsele el corazón. Si hubiera sido necesario, habría luchado contra dragones para que la pequeña volviera a sonreír.

Y lo había conseguido. Bajó la mirada y contempló sus dedos doloridos y no pudo evitar esbozar una sonrisa. Por lo menos no «le había salido» un tatuaje. «¡Dios mío! Qué hermosura de niña. Tan abierta, sincera e inocente.» «Yo también le quiero, señor Evanson.»

Nadie le había dicho antes aquellas palabras. Ni su madre, ni su padre, ni su hermana, ni ninguna de sus numerosas amantes. Nadie. Lo cierto era que él nunca había concedido ninguna importancia a aquellas tres breves palabras hasta que las había oído en boca de una niña de seis años que lo miraba con ojos brillantes y llenos de admiración, unos ojos que eran un duplicado exacto de los de su hermana mayor. «Qué extraordinario que una niña tan pequeña haya experimentado el amor cuando yo, alguien que se supone que lo tiene todo, no lo ha hecho nunca.»

Soul dio un buen trago al brandy, el fuerte licor le dejó un ardiente rastro de camino al estómago. Fuera como fuese, tenía que dejar de pensar en Maka. Pero, por mucho que lo intentaba, no podía alejar sus pensamientos de ella. Recordó el rato que habían pasado a solas la noche anterior; Maka entregada y temblorosa entre sus brazos, experimentando su primer éxtasis pasional. La sedosa textura de su piel, con olor a rosas, la aterciopelada calidez de su feminidad contrayéndose alrededor de sus dedos, sus suspiros de placer, la caricia de sus labios...

Dentro de cuarenta y ocho horas estaría de vuelta en Londres, fuera de la vida de Maka. Se le revolvieron las tripas sólo de pensarlo y sintió un dolor que no se atrevió a nombrar. ¡Maldita sea! Aquella mujer se le había metido debajo de la piel y no sabía cómo sacársela de allí. Tenía que marcharse, por el bien de los dos.

Musitando con rabia una obscenidad, cogió la garrafa de brandy, se sirvió otra copa y se hundió en la butaca orejera que había enfrente de la chimenea con un sonoro suspiro.

Casi eran las cuatro de la madrugada. Se bebió el brandy y volvió a llenarse la copa.

¿Acabaría aquella noche alguna vez?

Maka estaba tumbada sobre un costado, con los ojos como platos, mirando fijamente el vestido que colgaba de su armario abierto, pensando en el hombre que se lo había regalado.

Soul.

Emitiendo un hondo suspiro, cerró los ojos y dibujó mentalmente su atractivo rostro. Casi podía oler su fragancia, limpia y salvaje al mismo tiempo, sentir sus manos explorando su cuerpo, la caricia de sus labios.

Nunca había sospechado que en ese punto tan tardío de su vida podría enamorarse tan loca y desesperadamente. Lo único que ahora se preguntaba era qué debía hacer, en el caso de que debiera hacer algo.

Soul tenía una vida, un trabajo, lejos de Death City. Y para ella su familia era su principal preocupación.

¿Se plantearía él la posibilidad de buscar trabajo en Death City? ¿Se atrevería ella a pedírselo? Si no se lo pedía, ¿se pasaría el resto de su vida lamentándose y preguntándose qué habría respondido él? Pero ¿y si se atrevía a pedírselo y él le daba una negativa?

«Se me partiría el corazón.»

Pero ¿y si decidía quedarse?

Maka cerró los ojos con fuerza y negó con la cabeza, temerosa de soñar siquiera con que Soul pudiera quedarse, aterrada de desear tan intensamente que se enamorara de ella, que pudieran tener un futuro juntos. ¿Estaría dispuesto a cargar con el peso de toda su familia?

Mucho riesgo, mucho que perder.

Pero mucho más que ganar.

Maka barajó mentalmente sus opciones una y otra vez sin llegar a una decisión casi hasta el amanecer.

Cuando despuntaron los primeros rayos del sol tras el horizonte, tiñendo el cielo de un resplandor anaranjado, por fin logró conciliar el sueño, tras haber tomado una decisión.

Iba a decirle a Soul lo que sentía por él y a pedirle que se estableciera en Death City. E iba a rezar para que le contestara que sí.

«Mucho riesgo, pero mucho más que ganar.»

A la mañana siguiente, Soul se despertó muy tarde, con una de las peores resacas que había tenido en años. Parecía como si la cabeza le fuera a explotar, y las sienes le latían con tal fuerza que casi le resultaba imposible pensar. Se levantó de la cama, avanzó con paso vacilante hasta la ventana y descorrió con sumo cuidado las pesadas cortinas.

Craso error.

La fuerte luz del sol le golpeó los ojos, y retrocedió tambaleándose, apartándose de los hirientes rayos con un hondo gemido. Categóricamente, la abstinencia no estaba hecha para él. Sintió que se le revolvían las tripas y volvió a gemir. Pensándolo bien, el brandy tampoco estaba hecho para él.

Jurándose a sí mismo no beber nada más que té hasta el fin de sus días, se vistió lentamente. Cada movimiento le repercutía en la cabeza, como si le estuvieran clavando afilados dardos en el cerebro. ¡Dios! Necesitaba desesperadamente uno de los asquerosos brebajes que le preparaba Mosquito en las contadas ocasiones en que bebía más de la cuenta.

Cuando, por fin, se hubo vestido, Soul bajó las escaleras ansiando desesperadamente un café. Tras asomarse al comedor y encontrarlo desierto, se dirigió hacia la cocina, donde se encontró a Joe limpiando pescado. Al percibir aquel fuerte olor a pescado, casi le fallan las rodillas.

—Tiene aspecto de pagueceg mal de mer, monsieur Evansgson —dijo Joe.

—Me encuentro incluso peor, se lo aseguro —contestó Soul, sentándose con cuidado en una silla de respaldo rígido delante de una mesa grande de madera. Dejó caer la dolorida cabeza sobre las manos—. ¿Le importaría prepararme un café?

Joe dejó el cuchillo y se secó las manos en el delantal.

—¿Demasiado bgandy fgancés del capitán? —preguntó con una sonrisa de complicidad.

Soul asintió y luego deseó no haberlo hecho. Y pensó que alguien debería decirle al maldito gato que dejara de pasearse por allí.

—Joe sabe cómo ayudag a monsieur. Dentgo de poco se sentigá mejog. Ya vegá.

Soul no contestó, se limitó a apoyar su palpitante cabeza en las manos y luego gruñó.

Al cabo de cinco minutos Joe colocó un vaso delante de Soul. Éste levantó la cabeza y lo miró con ojos legañosos.

—¿Qué es? —preguntó, en el fondo sin importarle.

—Limítese a bebégselo —le ordenó Joe en tono imperativo.

Soul olió su contenido.

—¡Puaj! ¿Qué demonios es esto?

—Una gueceta secgueta. Bébaselo.

«¿Y qué más da? Si no me cura, tal vez me mate. De todos modos, me encontraré mejor.» Cogió el vaso y engulló el brebaje. Era con diferencia la pócima más repugnante que había bebido en su vida. Se preguntó si el plan de Joe consistiría realmente en quitarle el dolor aniquilándole.

Joe cogió el vaso vacío y volvió a su pescado.

—Se sentigá mejog muy pgonto. Joe es un maestgo.

Soul se quedó completamente inmóvil sentado en la silla, con los ojos cerrados y la cabeza apoyada en las palmas. No había bebido tanto brandy desde que era un joven imberbe. Si se descuidaba, los Albarn acabarían matándolo. En aquel momento se sentía morir.

Pero, al cabo de unos minutos, francamente no se sentía tan mal. De hecho, se fue encontrando mejor a cada minuto que pasaba. Al cabo de diez minutos, se sentía casi humano. Levantó la cabeza, moviendo el cuello tentativamente. El persistente dolor de cabeza se le había ido. Miró a Joe estupefacto.

—¿Se encuentga mejog, monsieur Evansgson? —preguntó Joe, sin levantar la cabeza de la pila de pescado.

—Me encuentro bastante bien —dijo Soul sorprendido. Ni siquiera el elixir de Sigfried lograba un efecto tan espectacular—. ¿Qué diablos me ha dado?

—Una gueceta familiag secgueta. Es lo mejog, ¿vegdad?

—Lo «mejog» —asintió Soul.

—Me imagino que ahoga le empezagá a entgag hambgue —predijo Joe asintiendo con una gran seguridad.

—Me muero de hambre —dijo Soul sorprendido. Hacía sólo diez minutos, pensaba que no volvería a comer nunca más.

Sin decir nada, Joe le preparó una comida ligera mientras Soul iba dando sorbos a un café bien cargado. Soul miró a su alrededor con interés, y comprobó que en aquella cocina había un inmenso horno de leña y decenas de cacerolas, sartenes y otros utensilios colgados de las paredes. De repente, se dio cuenta de que aquella habitación era cálida, acogedora y agradable. También cayó en la cuenta de que era la primera vez en su vida que ponía los pies en una cocina.

¡Voilà! —dijo Joe, colocando una bandeja delante de Soul—. Coma y se encontgagá très bien paga la cena de esta noche.

—Gracias —dijo Soul, atacando los huevos con un entusiasmo fuera de lo común. Le supieron a gloria y devoró hasta el último bocado. Luego se recostó en el respaldo de la silla, satisfecho y encontrándose mucho mejor de lo que hacía un rato creía posible. Saboreó otra taza de café mientras observaba cómo Joe limpiaba un pez tras otro—. Parece ser que Ragnarok y Hero se han ido de pesca esta mañana —comentó Soul al cabo de un rato.

Oui. Ha ido toda la familia. Tgaído montones de pescados. Joe muy ocupado.

—¿Dónde están ahora?

Joe se encogió de hombros.

—Cgueo que en el lago con los pegos. —Arrugó exageradamente la nariz en señal de disgusto— ¡Esos pegos! Quelle horreur! Lo desogdenan todo. Huelen fatal. A Joe no gustag que entguen en la cocina.

—Perfectamente comprensible —murmuró Soul, estremeciéndose sólo de pensar en el estropicio que aquellas bestias podrían hacer en la cocina. Se levantó y se acercó a Joe, observando fascinado cómo aquel hombre menudo limpiaba el pescado.

El cuchillo de Joe se movía de un lado a otro con una gran economía de movimientos, y la pila de pescados limpios iba creciendo a la misma velocidad. Tras observarle atentamente durante varios minutos, Soul sintió el repentino impulso de probarlo por sí mismo.

—¿Puedo ayudar? —preguntó con aire despreocupado.

Joe se detuvo ylo miró de soslayo durante un momento antes de hablar.

—¿Ha limpiado pescado alguna vez?

—No.

—Le enseñagué. —Le pasó a Soul un cuchillo y un pez pequeño—. Pguimego le cogta la cabeza —dijo Joe, y se lo demostró con el pescado que tenía en la mano.

Soul lo cogió por la cola e imitó las acciones de Joe.

—Luego cogta aquí abajo y le aganca las tguipas.

Soul imitó a Joe, haciendo una raja en el abdomen del pez y extrayéndole las vísceras.

—Luego, sosténgalo pog aquí y gasque con el cuchillo.

Soul observó cómo Joe cogía el pez por la cola y lo descamaba deslizando el borde romo del cuchillo a lo largo del cuerpo del pez.

—Luego cogta aquí y voilà. Ya está. —Joe golpeó fuertemente la cola contra el poyo de la cocina y añadió el pez al montón de pescados limpios—. Usted se encagga del guesto y mientgas tanto Joe hace otgas cosas.

Soul cogió el cuchillo, primero torpemente, y estuvo a punto de rebanarse un dedo de cuajo, pero al final le cogió el tranquillo a la tarea, aunque sin igualar la velocidad y la destreza de Joe.

Al principio, Soul no entendía muy bien qué impulso se había adueñado de él para ofrecerse voluntariamente a ayudar a Joe, aparte de una curiosidad insana por aprender una actividad completamente desconocida para él. Pero, para su sorpresa, comprobó que en el fondo le gustaba limpiar pescado. Cuando acabó y dejó el cuchillo sobre el mármol, se sentía bastante orgulloso de sí mismo.

Joe examinó su trabajo y dijo:

—Ha hecho un buen tgabajo. Ahora le enseñagué a cocinag.

Soul se pasó la próxima hora en la cocina con su maestro, aprendiendo los detalles de preparar la comida para una familia hambrienta. Codo con codo, frieron la pila de pescados, hicieron al vapor una enorme cacerola de hortalizas y hornearon varias barras de pan mientras Joe iba explicando anécdotas sobre sus años como cocinero a bordo del barco del capitán Albarn.

Escuchando aquellas divertidas anécdotas, Soul experimentó un desconocido sentimiento de pertenencia, algo que nunca le había ocurrido en su propia casa. Iba acompañado de una agradable sensación de logro y satisfacción. Algo tan sencillo como limpiar pescado o trocear verdura era capaz de inspirarle una camaradería que nunca había sentido hasta entonces. ¿Era aquello lo que hacían sus sirvientes? ¿Charlar y reír mientras trabajaban? ¿Establecían lazos de amistad entre ellos? Soul sacudió la cabeza. No tenía la más remota idea, y el hecho de saber tan poco sobre la gente que trabajaba para su familia le llenó de vergüenza. Tenían sus vidas y sus familias, pero él nunca se había interesado por ellas. Por supuesto, si el marqués de Evans se hubiera ofrecido para ayudar en la cocina, sus sirvientes se habrían muerto del susto.

Poco antes de llevar la comida al comedor, Joe preparó un plato con cabezas de pescado y lo dejó en el suelo para Blair, la gata.

—Creía que odiaba a la gata —comentó Soul con una sonrisa mientras veía cómo el cocinero acariciaba cariñosamente al felino en la cabeza mientras éste se le restregaba entre las piernas.

Bgaig es buena. Y mantiene a gaya a los gatones —contestó Joe con una breve sonrisa—. Pero no se lo diga a mademoiselle Maka. Es nuestgo secgueto, oui?

Soul asintió y luego ayudó a Joe a llevar las fuentes llenas de humeante comida al comedor. Llegaron justo cuando los Albarn entraban en la habitación.

Maka miró a Soul sorprendida cuando lo vio cargando con sus manos una pesada fuente, que dejó en el centro de la mesa.

Soul se dio cuenta de que ella lo miraba y sonrió:

—Quiero informar a todo el mundo de que he ayudado a preparar la comida —anunció, incapaz de ocultar el orgullo en su voz.

—¿Ah, sí? —Maka miró a Joe, quien confirmó las palabras de Soul asintiendo solemnemente.

—Él buen cocinego. No tres magnifique como Joe, pego bueno. —Dirigió una sonrisa de oreja a oreja a Soul—. Sega bien guecibido en la cocina de Joe siempgue que usted quiega.

Maka miró azorada al cocinero.

—Nunca permite que nadie le ayude en la cocina.

Joe miró a Maka enarcando las cejas y luego se volvió hacia Soul.

—Ella ni siquiega sabe poneg agua a calentag —confesó a Soul simulando hacerle una confidencia en voz alta.

Maka miró a Joe con fingida seriedad, pero Soul la vio torcer el labio.

—Reconozco que no soy muy buena cocinera.

Joe puso los ojos en blanco.

Sacrebleu! Es una cocinega pésima. Si cocina ella, salga coguiendo de esta casa.

Soul rió al imaginar a los Albarn saliendo en estampida de la casa. Rodeó la mesa y se sentó en su sitio, a la derecha de Maka, con Patty al otro lado. Tras tomar asiento, Soul se inclinó hacia Patty.

—¿Cómo se encuentra la señorita Elizabeth esta mañana? —le preguntó en voz baja.

Patty le dedicó una sonrisa radiante.

—Se encuentra bastante bien, gracias. Ahora está descansando.

—Es comprensible —dijo él en tono solemne—. Ayer vivió una experiencia terrible.

—Sí. Pero ahora está bien. Gracias a usted. —Patty lo miró sin poder ocultar su admiración—. Usted es un héroe, señor Evanson.

Soul se detuvo a medio camino cuando se estaba llevando el tenedor a la boca. «¡Un héroe!» Si no se le hubiera hecho un nudo en la garganta, se habría reído a carcajadas ante una idea tan absurda. «Vaya ocurrencias tienen los niños y qué cosas tan tiernas les hace decir su inocencia.»

«Aunque no tengan absolutamente nada que ver con la realidad.»

Maka observó a Soul durante toda la comida, estupefacta ante lo que veían sus ojos. Soul rió abiertamente las payasadas de Ragnarok y Hero, hechizó a tía Marie hasta reducirla a un estado de azoramiento y tartamudeo que lindaba con la incoherencia, y hasta mantuvo una conversación con Stein y Harvar sobre las maravillas de la pesca. Conversó con Chrona sobre música, y se inclinó repetidamente sobre Patty, sonriendo ante todo lo que la pequeña le susurraba al oído.

De hecho, habló y se metió literalmente a todos y cada uno de los miembros de la familia Albarn en el bolsillo.

A todos menos a ella.

Al principio, Maka pensó que era ella quien se estaba imaginando que él la ignoraba, pero, cuando le tocó la manga para atraer su atención, él apartó el brazo, le contestó con un monosílabo y volvió a centrar su atención en Ragnarok y Hero.

Bien podría haberle dado una bofetada. Primero la invadió un intenso azoramiento que enseguida dio paso a una oleada de enfado. ¿Qué demonios le había hecho ella para merecer tal rechazo? «¡Dios mío! Este hombre es absolutamente imposible. En un momento me besa como si no quisiera parar nunca y en el momento siguiente me evita como si tuviera la peste. Me hace regalos caros sólo para darse la vuelta e ignorarme al día siguiente. ¿Y todo sólo porque sabe que soy H. Spirit? Me aseguró que había olvidado aquella conversación. ¿Acaso me mintió?»

Cuanto más pensaba en ello, más enfadada y ofendida se sentía Maka. Ya la había hecho sufrir un hombre, y no iba a permitir que le ocurriera otra vez lo mismo. Cuando acabaron de comer, a Maka le dominaba la rabia, y la sangre le hervía en las venas. ¿Cómo podía haber sido tan estúpida de creer que se había enamorado de un hombre así? Atento en un momento, frío al momento siguiente. Era obvio que aquel hombre era incapaz de aclararse sobre nada.

—¿Vas a quedarte ahí sentada todo el día?

Las palabras de Soul, dichas en un tono claramente jocoso, interrumpieron las elucubraciones de Maka. Mirando a su alrededor, se percató de que todo el mundo se había levantado de la mesa y había salido del comedor.

—Llevas un buen rato ahí sentada, mirando al vacío, con cara de pocos amigos —comentó Soul desde la puerta.

Dirigiéndole una mirada fulminante, Maka se levantó con toda la dignidad de la que pudo hacer acopio.

—No veo por qué te tiene que importar que me quede o no aquí sentada todo el día.

Soul levantó las cejas. Anduvo hacia Maka y se detuvo cuando les separaba menos de un paso, bloqueándole la salida del comedor.

—Por favor, ¿puedes ser tan amable de apartarte? —dijo ella con voz tirante intentando esquivarle.

Él dio un paso al lado para bloquearle la salida.

—Estás molesta conmigo. ¿Por qué?

Ella le dio un codazo en el pecho y él se quejó.

—¡Ay!

—¿Y a ti qué más te da si estoy o no molesta contigo? No me has dirigido la palabra en toda la comida. ¿A qué viene esta repentina muestra de interés?

Soul repasó el rostro de Maka con la mirada, y le invadió una oleada de culpabilidad. La había ignorado durante la comida. No con la intención de enfadarla o de herir sus sentimientos, sino sólo por instinto de conservación. En un intento de evitar la tentación, era evidente que había ofendido y enfadado a Maka. Sintió una punzada de remordimiento.

Ahuecando ambas palmas alrededor de la barbilla de Maka, le acarició las mejillas con los pulgares.

—Lo siento.

Vio cómo el enfado se esfumaba de sus ojos para dar paso a una mirada de absoluta confusión.

—Creía que nos llevábamos bien. ¿Qué he hecho mal? ¿Es por... por quién soy?

Soul le puso un dedo en los labios.

—No, Maka. No has hecho nada mal. Sólo estaba intentando evitar la tentación.

—¿La tentación?

—Ejerces sobre mí una atracción irresistible. Eso me temo. Pensé que, si te ignoraba, no me sentiría tan intensamente atraído por ti y evitaría caer en la tentación. —Soul sonrió—. Mi plan no sólo ha sido un estrepitoso fracaso, sino que además te he hecho sufrir en el proceso. —Sin poder controlarse, se inclinó y rozó sus labios con los de ella—. Lo siento. Tú te mereces algo mejor. «Mucho mejor de lo que yo te puedo dar.» Dio un paso atrás y analizó el rostro de Maka. La cálida oleada de ternura que a menudo le invadía cuando la contemplaba hizo que se le encogiera el corazón—. ¿Podrás perdonarme?

Ella le miró durante varios segundos y luego sonrió.

—Por supuesto.

«¡Lo que faltaba! Otra faceta suya que admirar. Te ofrece su perdón sin hacerse rogar.» Soul se frotó allí donde Maka le había dado el codazo.

—Ésta es la segunda vez que te veo enfadada. Pare evitar futuras agresiones contra mi persona, tal vez convendría que me dijeras qué cosas te molestan.

—¿Aparte de los hombres testarudos que son cariñosos y amables en un momento y fríos y distantes al momento siguiente?

—Sí. Pero yo no soy testarudo.

—Eso es opinable —dijo ella, mientras se le hacían sendos hoyuelos en las mejillas.

—Tal vez. ¿Y qué otras cosas hacen que te enfades?

Ella apretó los labios y reflexionó sobre la pregunta durante unos instantes.

—La falta de consideración —respondió al cabo—. El egoísmo. La crueldad. Las mentiras —dijo finalmente con expresión de seriedad.

Aquellas palabras le calaron muy hondo a Soul, llenándole de vergüenza. «Falta de consideración, egoísmo, crueldad, mentiras.» Él era culpable de todas ellas. Especialmente de las mentiras, en lo que se refería a su relación con Maka.

Forzando un tono despreocupado, le dijo:

—Deberé hacer un esfuerzo para evitar participar en cualquiera de esas actividades. —«Demasiado tarde, Soul», le gritó su voz interior.

—No tengo ningún miedo de que alguna vez puedas actuar sin consideración, con egoísmo o crueldad, o engañando a la gente. Sé que no lo harás —le dijo dulcemente, con el corazón en la mirada.

Soul sintió otra oleada de culpabilidad, que le comprimió tanto el pecho que tuvo que hacer un gran esfuerzo para respirar. La miró con seriedad. «Díselo. Díselo ahora.»

—Maka, yo no soy el dechado de virtudes que pareces creer que soy. De hecho, yo... —Sus palabras se perdieron en el aire cuando ella alargó el brazo y le tocó la mano.

—Sí, lo eres, Soul. —Lo miró con ojos brillantes—. Sí, lo eres.

Suspirando hondamente, él la estrechó entre sus brazos, apretándola contra su palpitante corazón. Hundió el rostro en el perfume de su cabello y cerró los ojos intentando luchar contra la culpa y la vergüenza que le carcomían por dentro. Maka le acababa de mirar como le había mirado Patty la noche anterior. La admiración brillaba en sus inmensos y límpidos ojos verdes, una admiración que a Soul le hizo sentir, por primera vez en la vida, que tal vez no era tan canalla, después de todo. Y sabe Dios lo mucho que le gustó aquella sensación.

Demasiado.

Pero él no era digno de aquella admiración.

«Aléjate de ella. Dile que te vas mañana.»

En lugar de ello, se acercó todavía más. La abrazó más fuerte e intentó absorber parte de su bondad, sabiendo que al día siguiente, cuando él ya no estuviera allí, aquella mirada de admiración desaparecería de los ojos de Maka. Le invadió una profunda sensación de pérdida y la abrazó todavía más fuerte, disfrutando de la ternura de aquel momento, tan hermoso como fugaz.

«Pasado mañana todo se habrá acabado.»


Ehhh... Algo importante... Busco Beta, aunque no tengas por FF el título de Beta Reader, pero crees que puedes ayudarme, plz envíame un PM ;w; estoy desesperada! xD

¡Ah mierda! A escribir todo de nuevo :c

Les recomiendo que antes de poner save copien todo lo que habían puesto ;w; (?) Nunca sabes cuando FF se encabronará contigo y hará que ya no esté tu cuenta conectada y pierda todo... TODO! (?)

Vale ya. Respira~

:3

Como había escrito~ ¿Quién quiere que Soul se quede? ;O; además de que todos lo amamos (?) acepta a Maka y le tiene respeto aunque ya haya descubierto lo que hace para ganar dinero c': awwwi te amu Soul (?)

Y amo a Patty! Todo un amor! Y también amo a Joe xD es tag jodidamengte guacioso (?) Y plz, señoritas, no vayan a lugares donde están otras señoritas que no se bañan D: báñense!

¿Quién quiere jugar conmigo a pillar a la más guapa? Pero tengan cuidado no vayan a echar a perder mi guapura (?) Vale no.

y Spoiler... Próximo cap la fiesta~! :D

Respondiendo Reviews!

Julian& Jumbiie Hana Roth:¡Sí puedo! ¡Y lo haré si algún día te vuelvo a ver! D_D xD cuñis~ xD eres un perv~ y desesperada~ (?) Vale, lo escribo y paso xD (?) y no soy un intento fallido de novia! Sabes qué!? Ahora te acosaré más! (?)

Giselle Lee Evans: No te preocupes, lo importante es que leas :3 xD Aquí está tu cap D: tranquis!

TCHini: aAljslñkfajsldkfjlasd me sonrojas~ x/3 enserio revisas todos los días!? Me sonrojo D/:! y sí dejaré los caps largos xD si los dejo cortos de seguro me matan por dejarlos en intriga D: esta semana te prometo dos caps xD

Kadero: Gracias :D Aquí está :3

Celia-Chop: No son novios... xD Oh! Pero a quién le importa! Son hermosos juntos *O*! :D

Ellie77: Ya sé! Lo que más admiro de la creadora de esta hermosa historia~ es que sus escenas lemmon son hermosas! Nada vulgare añsjlfalskd me llegan al corazón xD No le podría hacer nada a Hero, pobre Maka si le ocurría algo xD y bueno, ya Soul descrubre qué hace Maka para conseguir dinero O: y amo Kid xD no me casaría con él porque amo más a Soul *v* pero~ sdñlafjlksdfja y Chrona es un amor c: y Patty es la adorabilidad en persona! lsjfaslñ

PD: Sí, tus poderes telepáticos son una mierda xD (?)

hikary-neko: Jijí ;D soy una pilla! y no intente asesinar a alguien! Y no te quité tu llemon! Y culpa a Soul de querer irse! xD Y todos aman KidxChrona excepto tú xDDD así que el público manda (?) Y quién no se cagó de risa con lo de las sillitas? xD

tsu: Por ti estoy subiendo esto así que ojalá lo leas xD sino fuera porque tu review me llenó de ternurisidad (?) Hubiera subido hasta mañana xD Aquí está ojalá te guste, linda ;3

Amo sus reviews! Los AMO! xD

Pero ya saben 6 reviews antes del jueves y les prometo subir! xD jueves o viernes, pero lo más seguro que el jueves! :3

Ahora sí, lo que más les gusta~

Avances~:

"Kid se volvió hacia Chrona, y Maka le vio tragar saliva con dificultad.

—Y usted está francamente... hermosa. —Le hizo una reverencia formal y luego ofreció sendos codos a ambas hermanas—. ¿Me permiten que las acompañe?

—¿Quizás Maka me concedería ese placer? —preguntó una voz grave detrás de Maka.

Maka se volvió para encontrarse cara a cara con Giriko Popplemore. Él le sonrió cordialmente, y Maka le devolvió la sonrisa. No le guardaba rencor y, si él quería que fueran amigos, ella no tenía ningún inconveniente.

.-.-.-.-.-.-.-.-.-

Los ojos de Maka inspeccionaron el salón. Una sonrisa iluminó sus labios cuando divisó a Chrona y a Kid riéndose juntos cerca de la orquesta. Chrona irradiaba felicidad, y Maka se alegró sinceramente por ella.

La mirada de Maka siguió vagando por el salón hasta que se detuvo, por casualidad, en las puertaventanas. La sonrisa se le petrificó cuando vio a Soul saliendo sigilosamente por la puerta que conducía a los jardines. Segundos después, tras dirigir una rápida y disimulada mirada al salón, Kim se coló por la misma puerta.

.-.-.-.-.-.-.-.-

—Maka yo...

—Me he enamorado de ti, Soul. Te quiero.

Aquellas palabras, dichas con una inmensa dulzura, calaron muy hondo en Soul, dejándole sin habla, anulando absolutamente su capacidad para pensar. Completamente. Irrevocablemente. La miró y vio claramente aquellas palabras reflejadas en sus ojos.

Maka le quería.

.-.-.-.-.-.-.-

— ¿Qué no deseo? ¿Que no te deseo...? —Respiró entrecortadamente y se le escapó una risa llena de amargura—. ¡Por el amor de Dios, Maka! Te deseo tan terriblemente que estoy temblando. Te deseo tanto que no puedo dormir por las noches. Sufro por ti constantemente.

Le cogió la mano y se la restregó lentamente por la entrepierna de los pantalones, presionando la palma de Maka contra la dura prominencia de carne palpitante.

—Así es como te deseo. Pienses lo que pienses, no se te ocurra decirme que no te deseo.

Soul estudió el rostro ruborizado de Maka y casi se cae de rodillas al comprender lo que le estaban diciendo sus ojos. Bastó con una sola mirada para sellar su destino.

Un impulso irrefrenable se apoderó de él y entregó su conciencia al mismísimo diablo."

Alñjlñfkajsñlfdjñalsd!

Los veo el jueves! Recuerden 6 reviews ;D!

By.

Ren -la cabrona- Miyamoto (?)