Amarán este cap, lo sé.

Puedo olerlo! (?)

Soul Eater no me pertenece, ni Rosas Rojas x3


Capítulo 11

—Está preciosa, señorita Albarn —dijo Soul a Chrona aquella misma tarde cuando la vio entrar en el salón. La repasó con la mirada de arriba abajo, fijándose en su vestido verde pastel y su favorecedor recogido—. Seguro que es el foco de las miradas de todos los hombres de la fiesta.

Un rubor rosado encendió las mejillas de Chrona.

—Muchas gracias, señor Evanson. Usted también está excepcionalmente elegante.

—Gracias... —la voz de Soul se desvaneció en cuanto vio a Maka de pie en el umbral de la puerta, toda una visión con su vestido verde claro. Era exactamente del mismo color que sus ojos. El escotado corpiño resaltaba sus senos, dejando al descubierto una tentadora extensión de piel color crema. Sus rizos cenizos estaban recogidos con suma habilidad en un elegante moño en la parte superior de la cabeza. Una cinta de color verde claro adornaba el fino recogido, y un par de resplandecientes zarcillos enmarcaban su hermoso rostro.

«¡Dios mío!» A Soul se le quedaron los pulmones sin aire. Maka le quitó literalmente el aliento. Avanzó hacia ella, con la mirada clavada en su rostro ruborizado. Cuando llegó a su lado, le tomó la mano y le dio un tierno beso en los enguantados dedos.

—Estás exquisita —dijo tiernamente—. Absolutamente exquisita.

Ella todavía se ruborizó más.

—El vestido es bonito, Soul.

—La mujer que lo lleva es bonita. —Incapaz de contenerse, le besó la cara interna de la muñeca.

Ella dijo en voz baja y ligeramente sofocada:

—¿No te parece que el escote es un poco escandaloso?

La mirada de Soul descendió al torso de Maka. Efectivamente, el corpiño era escotado, pero no exagerado ni indecente. De hecho, aquel escote era incluso moderado en comparación con los que llevaban las mujeres de la ciudad.

La piel color crema de Maka resplandecía bajo la muselina azul claro, y el contorno de sus enhiestos senos cautivó la vista de Soul. Él deseaba con todas sus fuerzas palpar aquellas tentadoras curvas, y sólo una considerable determinación le impidió hacerlo.

—Es perfecto —le aseguró, con voz ronca, intentando contener el deseo—. Pareces un ángel.

—Me encantan los pensamientos. Le dan un toque de elegancia.

—Sí, ya sabes, «ocupas mis pensamientos». —«Como has hecho tú desde la primera vez que te vi», pensó.

—¿Estamos listos para salir? —preguntó Chrona desde el otro extremo de la habitación.

—Por supuesto —dijo Soul forzándose a apartar la vista de Maka. Ofreció un codo a cada una de sus dos acompañantes y las condujo hasta la calesa que les estaba esperando. Stein sostuvo las riendas mientras Soul ayudaba a las damas a acomodarse. Luego tomó asiento entre ellas y cogió las riendas. La calesa estaba pensada para dos pasajeros, de modo que los tres se tuvieron que apretujar, muslo con muslo, en el asiento. Soul nunca había conducido un vehículo semejante, y cruzó los dedos para que no se notara su falta de experiencia. Puso la calesa en movimiento y deseó lo mejor.

Maka entró en la elegante casa señorial de Kim Diehl con el corazón latiéndole fuertemente en señal de anticipación. La forma en que Soul la había mirado, y la seguía mirando, con aquellos ojos rojo vino y tormentosos y aquella mirada tan cálida e irresistible, le dificultaba la respiración.

Las fiestas siempre le habían dado pavor. Las pocas a las que había asistido no le habían aportado nada más que malos ratos y un gran apuro. Era demasiado alta, nadie le pedía para bailar y su ropa siempre parecía pasada de moda.

Pero aquella noche era diferente. Aquella noche se sentía como una princesa. Llevaba un vestido precioso, y el hombre más apuesto y maravilloso del mundo era su acompañante.

—Maka y Chrona —dijo Kim en tono de afectación mientras les tendía la mano—. ¡Cómo me alegra verlas! ¡Y, señor Evanson, qué divino que también haya venido! —dirigió a Chrona una mirada superficial y luego clavó los ojos en Maka—. ¡Santo Dios! ¡Qué vestido tan precioso, Maka! —exclamó mientras tomaba nota de todos los detalles de su aspecto—. Creo que nunca la había visto tan elegante. —Colando sigilosamente el brazo del codo de Soul, con un inequívoco gesto de posesión, prosiguió—: Maka suele vestir de marrón oscuro y se lava con agua de lago. Sería bastante escandaloso si todo el mundo no estuviera acostumbrado a sus... excentricidades. Ahora, permítame que le presente a mis otros invitados, señor Evanson. —Luego se dirigió a Chrona y a Maka—. ¿Me disculpan, por favor? —Y pegándose todavía más a Soul lo guió hacia la entrada del edificio.

—No soporto la forma en que te trata esa mujer —susurró Chrona a Maka visiblemente enfadada—. Me gustaría borrar esa mirada arrogante y suficiente de su cara. ¿Cómo se atreve a llevarse a tu señor Evanson de ese modo? ¿ Por qué... ?

—Chrona, no es mi señor Evanson —le susurró Maka al oído mientras intentaba dominar los celos que le empezaban a corroer. La visión de las manos de Kim encima de Soul le despertó el imperioso deseo de romper algo, tal vez las horrendas figuras pastorales de porcelana que había sobre una lujosa mesita de cerezo.

Pero tenía que pensar en Chrona, de modo que se quitó la idea de la cabeza. Conteniéndose, le dijo:

—Deja de poner mala cara, Chrona, Kid nos acaba de ver y se dirige hacia aquí.

—Señorita Maka, señorita Chrona —dijo Kid en cuanto llegó hasta ellas. Hizo una reverencia a la primera y añadió—: Está preciosa esta noche, señorita...

—Gracias, Kid.

Kid se volvió hacia Chrona, y Maka le vio tragar saliva con dificultad.

—Y usted está francamente... hermosa. —Le hizo una reverencia formal y luego ofreció sendos codos a ambas hermanas—. ¿Me permiten que las acompañe?

—¿Quizás Maka me concedería ese placer? —preguntó una voz grave detrás de Maka.

Maka se volvió para encontrarse cara a cara con Giriko Popplemore. Él le sonrió cordialmente, y Maka le devolvió la sonrisa. No le guardaba rencor y, si él quería que fueran amigos, ella no tenía ningún inconveniente.

—Buenas noches, Giriko. Es muy amable de tu parte, pero Kid...

—Me temo que ya ha entrado con tu hermana en el salón —dijo Giriko en tono jocoso. Le ofreció su codo—. ¿Me concedes el honor?

Con pocas opciones entre las que elegir, Maka apoyó sin demasiado entusiasmo su enguantada mano en el brazo de Giriko y permitió a éste que la acompañara hasta el salón donde tenía lugar la recepción. Moquetas de Axminster cubrían los suelos de mármol pulido, y había elegantes mesas de madera de cerezo y caoba que realzaban la media docena de sofás de brocado. Debía de haber unas cuarenta personas en el inmenso salón, reunidas en corrillos, tomando vino de Madeira o ponche servidos por los mayordomos.

—Estás preciosa esta noche, Maka —le dijo Giriko, repasándola con la mirada y deteniéndose en el escote—. Realmente encantadora.

Maka no pudo evitar que se le escapara la risa.

—Gracias, Giriko, aunque debo admitir que todo el que me lo dice lo hace con una expresión de asombro en el rostro. Debo de estar bastante horrorosa la mayor parte del tiempo.

Giriko inclinó la cabeza hacia atrás y se rió.

—En absoluto, querida —le aseguró, volviéndola a repasar con la mirada—. En absoluto.

En el otro extremo del salón, Soul oyó la risa de Giriko Poppleport. Había observado disimuladamente cómo aquel hombre entraba con Maka en el salón y luego el modo en que la devoraba con los ojos. Soul conocía demasiado bien el significado de aquella mirada. Era la mirada de un hombre a quien le gustaba lo que veía, que lo deseaba.

Los dedos de Soul se apretaron contra la base de la copa de vino que tenía en la mano. Luchó con todas sus fuerzas para no dejarse llevar por el deseo de aporrear a Poppledink hasta convertirlo en polvo. Y, para empeorar todavía más las cosas, Kim Diehl volvía a estar a su lado, cada vez más pegada a él e intentando conducirlo hacia un íntimo rincón del salón. Se había dejado guiar por ella al principio porque le había cogido desprevenido y no quería ser grosero con la gente con la que se relacionaba Maka y su familia. Pero ya había decidido que iba a darle a aquella pesada exactamente dos minutos más de su tiempo y luego prescindiría de tan molesta compañía.

—¿Le gusta mi casa, señor Evanson? —le preguntó Kim cuando se encontraban en una relativa intimidad cerca de las ventanas.

Él ni siquiera se había fijado en el color de las paredes.

—Sí. Es preciosa, señora Diehl.

—Llámeme Kim. Mi marido, que en paz descanse, me compró esta casa varios años antes de su muerte prematura.

—Le acompaño en el sentimiento —musitó Soul, con la atención puesta en la pareja que había en el otro extremo del salón.

—Oh, ya hace dos años de su muerte —dijo haciendo un gesto con la mano para quitarle importancia—. Ya tengo el luto bastante superado.

Soul se forzó a mirarla directamente. Era innegablemente atractiva, con cabello rosa claro y avispados ojos verdes prado rebosantes de sensualidad. Su cuerpo era exuberante, un hecho patentizado por sus voluptuosos senos, insinuantemente comprimidos contra el brazo de Soul, y la pasmosa cantidad de carne que le sobresalía por encima del escote. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que probablemente Soul habría mostrado por ella el mismo interés que ella demostraba por él, y la noche habría culminado en un encuentro sexual mutuamente satisfactorio.

Pero las cosas habían cambiado.

Soul miraba a Kim Diehl de forma desapasionada, experimentando nada más que una ligera molestia ante sus empalagosas atenciones. Estaba tenso y aburrido, y no había nada que le apeteciera más que cruzar el salón a toda velocidad y lanzar a Giriko Popplepuss por la ventana. El muy canalla estaba prácticamente desnudando a Maka con los ojos.

Los ojos de Soul se achinaron hasta reducirse a meras ranuras cuando vio que Giriko se inclinaba sobre Maka para decirle algo al oído. Independientemente de lo que le hubiera dicho, un atractivo rubor riñó inmediatamente las mejillas de Maka. Poppledop, sin lugar a dudas, iba a salir despedido por la ventana. De cabeza.

—Hacen buena pareja. ¿No cree? —le susurró Kim al oído.

—¿Quiénes?

—Giriko y Maka, por supuesto, aunque debo decir que me sorprenden un poco los gustos de Giriko. Creo que le pega mucho más Chrona. Es mucho más adecuada para él que Maka.

Soul se volvió hacia Kim.

—¿Eso cree? ¿En qué sentido?

A Kim se le escapó una sonora carcajada.

—Bueno, Maka es tan... no sé muy bien cómo expresarlo. Tan larguirucha y tan poco femenina. Chrona es mucho más señorita, pero parece ser que su corazón ya está ocupado por otro hombre. —Su mirada se detuvo en Chrona y Kid, que estaban conversando junto a la chimenea.

—En el caso de que Giriko esté realmente interesado por Maka —prosiguió Kim—, ella sería estúpida si rechazara su proposición. Ya no es ninguna niña, y no puedo imaginarme a ningún otro hombre cortejándola. —Miró a Soul a los ojos—¿Sabe que no hace mucho Maka y Giriko tuvieron una relación... muy estrecha?

—Sí, pero tenía la impresión de que Popplepart no estaba dispuesto a hacerse cargo de toda la familia de la señorita Albarn. —«Es evidente que es un completo idiota.»

—Popplemore... Giriko me ha confiado que, puesto que lo más probable es que Chrona se case pronto, y los niños ya no son tan pequeños, cree que podrá convencer a Maka para que delegue parcialmente el cuidado de sus hermanos en Chrona.

—¿Ah, sí? —preguntó Soul con una calma sólo fingida. Si Poppledart estaba barajando la idea de que Maka dejara tirada a su familia, aquel tipo todavía era más estúpido de lo que él creía. Un impulso arrollador de agarrar a aquel desgraciado por el cuello y sacudirlo hasta que le castañearan los dientes se adueñó de Soul. Mientras contemplaba la posibilidad de dejarse llevar por ese impulso, le interrumpió su fastidiosa voz interior. «Déjalos en paz. Ella merece ser feliz y, si Popplepuss es el hombre que va a hacerla feliz, es mejor que te mantengas al margen. Te vas de Death City mañana. No la volverás a ver nunca más. No estropees lo que podría ser su última oportunidad para ser feliz.»

Soul aspiró profundamente y se obligó a relajarse, a luchar contra aquellos celos que le corroían ante la idea de que Maka estuviera con otro hombre. Ella no era suya, no le pertenecía. No tenía ningún derecho a impedir que Maka estuviera con otro hombre. De hecho, lo mejor que podía hacer por ella era lanzarla en los brazos de Giriko. Sólo con pensarlo se le revolvían las tripas. «¡Maldita sea! No creo que sea capaz de ser tan considerado.»

—¿Le importaría traerme otro vaso de vino? —le preguntó Kim con una voz ronca que pretendía ser seductora.

Soul hizo un esfuerzo por centrarse en su acompañante. La mirada de sugerente invitación en los ojos de Kim era inequívoca. La mejor forma de incitar a Maka a pasar la velada con Poppledart sería ocuparse en otra actividad.

—¿Un vaso de vino? Por supuesto. —Cruzó el salón y se dirigió hacia la mesa de las bebidas, contento de poder alejar puntualmente la atención de sus mortificantes pensamientos.

Maka estuvo sonriendo, aunque sólo por fuera, durante toda la cena, pero, por dentro, estaba furiosa. Kim presidía la mesa, con Giriko a su derecha y Soul a su izquierda. Sentada al lado de Giriko y prácticamente enfrente de Soul, Maka observó, sumida en la desdicha y la desesperación, cómo Kim coqueteaba descaradamente con este último durante toda la cena, sonriéndole con los ojos y apretando su escandaloso escote contra su brazo.

Pero lo que más le dolía de todo era que Soul también estaba coqueteando con ella. Aquella encantadora y devastadora sonrisa dirigida a Kim, aquellos ojos rojos que la miraban con sensualidad y admiración, hicieron que a Maka le entraran ganas de gritar.

Intentaba negárselo a sí misma, pero estaba celosa. Completa, absoluta y desagradablemente corroída por los celos. Cada vez que la risa ronca pretendidamente seductora de Kim llegaba a los oídos de Maka y cada vez que oía el sensual rumor de la voz rasgada de Soul, Maka tenía ganas de romper algo. Nunca se había sentido tan mal y tan fuera de sitio en toda su vida.

Desesperada, se volvió hacia Giriko, incapaz de seguir escuchando u observando a Soul y Kim durante más tiempo. Giriko estuvo divertido, solícito y muy pendiente de ella durante toda la cena. Maka habló brevemente con Kid, pero Chrona estaba sentada al otro lado del médico, de modo que la atención de Kid estaba en otra parte.

Maka hizo un esfuerzo por disfrutar de aquella suntuosa comida, que constaba defaisanes a la brasa, guisantes ala crema ysurtido de pescado, pero todos aquellos manjares no le supieron a nada. Por puro orgullo, se esforzó en conversar con Giriko, pero su corazón estaba en otra parte. Por el rabillo del ojo, vio cómo Kim deslizaba lentamente un dedo por la manga de Soul y que él respondía a su gesto rozando la copa de su solícita acompañante con la suya.

No. El corazón de Maka estaba, sin lugar a dudas, en otra parte.

Y se le estaba haciendo añicos.

Tras la cena, había baile en el salón. Mientras los invitados estaban comiendo, los sirvientes habían retirado los muebles y se había instalado una orquesta de tres músicos en una esquina del gran salón.

Giriko tendió la mano a Maka.

— ¿Me concedes el honor de este baile, Maka?

A Maka no le apetecía nada bailar. Quería irse a casa. Quería despojarse de aquel maldito vestido y lanzárselo a la cara al sinvergüenza que se lo había regalado.

Forzando una sonrisa, contestó:

—Por supuesto. —Tomó la mano de Giriko y bailaron una cuadrilla. Maka consiguió olvidar momentáneamente el enfado mientras se concentraba en los pasos del intrincado baile. Al acabar de bailar, Giriko se separó de ella para ir a buscarle un ponche.

Los ojos de Maka inspeccionaron el salón. Una sonrisa iluminó sus labios cuando divisó a Chrona y a Kid riéndose juntos cerca de la orquesta. Chrona irradiaba felicidad, y Maka se alegró sinceramente por ella.

La mirada de Maka siguió vagando por el salón hasta que se detuvo, por casualidad, en las puertaventanas. La sonrisa se le petrificó cuando vio a Soul saliendo sigilosamente por la puerta que conducía a los jardines. Segundos después, tras dirigir una rápida y disimulada mirada al salón, Kim se coló por la misma puerta.

—Ahí la tienes —murmuró Maka en voz baja. Tan enfadada que apenas podía hablar y tan dolida que apenas podía respirar, se abrió paso por el salón hasta el rincón donde se encontraban Chrona y Kid.

— ¿Kid, sería tan amable de acompañar a Chrona a casa esta noche? Me siento indispuesta y preferiría retirarme.

Una mirada de preocupación se dibujó inmediatamente en el rostro de Kid.

—Está un poco pálida —ratificó Kid—. ¿Es el estómago? ¿Quiere que le traiga una infusión?

Maka negó con la cabeza, desesperada por salir de allí cuanto antes.

—No, gracias. De hecho, es la cabeza. —«Mejor dicho, el corazón»—. Ya me prepararé una infusión al llegar a casa. Sólo necesito saber si usted se encargará de que Chrona llegue a casa sana y salva.

—Te acompaño —dijo Chrona enseguida, visiblemente preocupada.

Maka se volvió hacia Chrona y le cogió las manos.

—Por favor —imploró—, quiero que disfrutes de la fiesta. Pero yo debo irme. —Su voz se convirtió en un angustiado susurro—. Debo irme. —«Ahora. Inmediatamente. Antes de que me ponga a llorar y haga el ridículo.»

—Te acompaño hasta la puerta —dijo Chrona, tomando a Maka del brazo. Anduvieron hasta el vestíbulo, donde esperaron a que el lacayo les trajera la calesa.

—Sé lo que te molesta tanto, Maka. Ya he visto cómo esa insoportable coquetea descaradamente con el señor Evanson. Pero eso no significa que él...

—Están fuera, en el jardín, juntos —dijo Maka con un susurro entrecortado.

—Oh, Maka. —Chrona la rodeó con ambos brazos y le dio un fuerte abrazo. Maka casi sonríe cuando oyó decir a su hermana una palabrota de la cosecha de Harvar.

—Disfruta de la compañía de Kid —dijo Maka, separándose de Chrona—Quiero que mañana me lo cuentes todo con pelos y señales.

El lacayo anunció la llegada de la calesa, y Maka se dirigió rápidamente hacia la puerta de salida. Se subió al asiento, cogió las riendas y partió como alma que lleva el diablo. No permitió que le cayeran las lágrimas hasta que estuvo lejos de la casa de Kim Diehl.

— ¿Dónde está Maka? —preguntó Soul a Chrona casi media hora más tarde.

Había salido a fumarse un puro y casi inmediatamente se encontró en compañía de Kim. Soul reprimió una palabrota. Aquella mujer no sólo era molesta y aburrida, sino que encima era tenaz. Le recordaba a las mujeres de la ciudad a quienes tanto detestaba. Había tolerado su compañía durante la mayor parte de la velada, pero ya había tenido suficiente. Siguió fumando, ignorando su vacua conversación, y se deshizo de ella con brusquedad, antes de haberse fumado siquiera medio puro.

En cuanto entró en el salón, sus ojos inquisidores buscaron a Maka, pero no la pudo encontrar. Divisó a Giriko en la otra punta del sajón, pero no había ni rastro de Maka. Finalmente, se acercó a Chrona, que estaba sola junto a una ventana.

—Me sorprende que se atreva a preguntarme por el paradero de Maka, señor Evanson —contestó Chrona con voz gélida.

Soul la miró fijamente, sin poder ocultar su sorpresa ante aquel gélido tono.

— ¿Y por qué le extraña tanto?

Chrona le dirigió una mirada inequívocamente reprobatoria.

—Quizá porque, hasta ahora, llevaba toda la noche ignorándola completamente y parecía encontrarse bastante a gusto haciéndolo.

—Estaba bien acompañada —dijo Soul con la boca pequeña.

—La ha humillado delante de esa odiosa mujer —dijo Chrona echando fuego por los ojos—. Maka sólo le ha dado bondad. ¿Cómo ha podido ser tan cruel con ella?

A Soul le embargó un intenso sentimiento de culpa. No había sido su intención hacerla sufrir. Sólo había intentado hacer lo que él creía que era mejor para ella. Mantenerse alejado y dejar que otro hombre —un hombre que no la iba a abandonar— se fijara en ella.

—Le aseguro que no era mi intención hacerla sufrir.

—Pero lo ha hecho. Le ha hecho mucho daño.

—Dígame dónde está. Quiero pedirle disculpas.

—Se ha ido.

Soul miró a Chrona fijamente.

— ¿Qué?

—Se ha ido. Supongo que no se dio cuenta de su marcha porque estaba demasiado ocupado en el jardín con la señora Diehl. —Miró a Soul de arriba abajo con evidente deprecio—. Sinceramente, señor Evanson, me ha sorprendido. Hasta esta noche, le tenía por un hombre bueno, considerado, un hombre digno de la admiración de Maka. Es obvio que estaba equivocada. —Se volvió para alejarse, pero Soul la retuvo cogiéndola del brazo.

Lo cierto es que le había sorprendido mucho el breve discurso de Chrona. Al parecer, estaba destinado a recibir duras reprimendas de las hermanas Albarn. Pero su sorpresa quedó eclipsada por la profunda y dolorosa sensación de pérdida que le invadió inmediatamente. Le molestaba tremendamente que Chrona le estuviera mirando como si fuera un perro abandonado. Debía de estar realmente enfadada para hacer semejante exhibición de genio.

Y la mera idea de que Maka estuviera sufriendo por su culpa, de que ya no le tuviera en tan alta estima, le oprimía el pecho y le llenaba de remordimientos. Le dolía muchísimo que cualquiera de aquellas dos mujeres pudiera pensar mal de él, especialmente Maka.

—No estaba equivocada —contestó él dulcemente—. Le aseguro que tengo a su hermana en la más alta estima y que jamás le haría daño a propósito.

La mirada de Chrona no se suavizó ni un ápice.

—Entonces, ¿porqué...?

—No lo sé. —Una sonrisa de arrepentimiento apareció en el rostro de él—. Soy un imbécil.

Chrona lo miró sin parpadear, con expresión implacable.

—No pienso llevarle la contraria —dijo con brutal sinceridad—, pero se lo está explicando a la señorita Albarn equivocada. —Se liberó de los dedos de Soul con un ademán brusco—. Ahora, por favor, discúlpeme.

Soul observó cómo Chrona se reunía con Kid. La orquesta empezó a tocar una nueva melodía, y los dos se dirigieron hacia la pista de baile. Soul entró a pasos largos en el vestíbulo y salió del edificio a toda prisa.

La caminata de tres cuartos de hora hasta la casa de los Albarn ofreció a Soul la oportunidad que tanto necesitaba para pensar.

Sabía que aquella noche había hecho lo mejor que podía hacer por el bien de Maka, pero, de todos modos, se sentía como un canalla. Estaba tan hermosa, con el rostro ruborizado e irradiando felicidad, tan increíblemente encantadora con su nuevo vestido. Había deseado tanto tocarla, besarla, cogerla en brazos y llevársela a un lugar íntimo donde pudieran estar los dos solos...

Pero ¿cómo iba a hacerlo yéndose a la mañana siguiente? Era un canalla, pero no tan canalla como para eso.

La idea de su inminente marcha le llenó de una profunda sensación de vacío, y sintió una fuerte opresión en el pecho. Se había encariñado mucho con los Albarn en aquella breve estancia en su casa. Con todos ellos. Sobre todo con Maka.

« ¡Maldita sea!», pensó. Encariñarse era un eufemismo rayano con el ridículo. La admiraba. La respetaba. Le gustaba tremendamente.

Le importaba. Muchísimo.

Entró en la casa de los Albarn. Stein no estaba en la puerta, de modo que Soul asumió que se había retirado a su alcoba. Buscó a Maka en la biblioteca y en el despacho, pero los dos estaban vacíos, de modo que supuso que se había acostado. Decidió esperar. Ya hablaría con ella a la mañana siguiente antes de partir. Así tendría toda la noche para pensar en las palabras adecuadas, aunque dudaba que existieran.

Mientras subía las escaleras, se aflojó el cuello de la camisa. Cuando entró en su alcoba, se quitó rápidamente la chaqueta y la dejó caer, junto con la corbata, sobre la butaca que había junto a la chimenea. Estaba desabrochándose la camisa cuando vio la cama por el rabillo del ojo. Sus dedos se detuvieron súbitamente y miró fijamente en aquella dirección.

El vestido que le había regalado a Maka estaba desparramado sobre la cubierta.

Como si estuviera hipnotizado, se acercó a la cama. El precioso vestido estaba cuidadosamente extendido sobre la cama, con una nota encima del suave tejido. Al lado del vestido, perfectamente apilados, Maka había dejado la combinación, las medias y los zapatos. Soul alargó el brazo y cogió la nota.

Señor Evanson,

Quiero darle las gracias por este precioso vestido y sus complementos, pero tras reconsiderarlo, opino que sería impropio aceptar un regalo tan elaborado y personal.

Mañana debo ir a un pueblo vecino para visitar a una amiga de la familia que está enferma y pasaré allí la noche. Puesto que sus heridas parecen estar bastante curadas, creo que sería mejor que usted se hubiera ido para cuando yo esté de vuelta pasado mañana.

Cuidarle ha sido un placer para mí y para toda mi familia y estamos muy contentos por su pronta recuperación. Por favor, acepte mis felicitaciones por su buena salud y mis más sinceros deseos de que siga así.

Cordialmente,

Maka Albarn

Soul volvió a leer la nota, mientras su opresión en el pecho iba en aumento hasta que sintió como si un piano le estuviera aplastando los pulmones. Le estaba echando. Le había devuelto su regalo y le pedía que se marchara antes de que ella volviera a casa.

La cabeza le decía que Maka estaba haciendo lo correcto. Era mejor así. Cuando ella regresara, él se habría marchado. Sin tristes despedidas. Sin tener que admitir sus mentiras.

Pero su corazón sabía que no podía marcharse de ese modo.

Sin saber lo que iba a decirle, Soul cogió precipitadamente el vestido y los complementos, salió de la alcoba y cerró la puerta tras él.

Soul oyó los llantos en cuanto se acercó a la alcoba de Maka.

Llamó suavemente a la puerta, pero, al no obtener respuesta, hizo girar el pomo con delicadeza. La llave no estaba echada. Entró en la habitación y cerró la puerta tras de sí.

Maka se hallaba de pie junto a la ventana, dándole la espalda y con la cara hundida en las manos.

Soul sintió que aquellos sollozos ahogados le destrozaban el corazón.

—Maka.

Maka dio un respingo y se volvió, con los ojos anegados en lágrimas y abiertos de par en par. Se secó las lágrimas con dedos temblorosos.

—¿Qué estás haciendo aquí?

—He venido a devolverte tu regalo...

Ella miró las prendas por un instante, luego se le endureció la mirada y se volvió.

—Ya te he dicho que no puedo aceptarlo —dijo—. Ahora, por favor, vete.

Soul dejó las prendas sobre una silla.

—Ya lo habías aceptado.

—Sí. Pero eso era antes —dijo ella con voz cortante.

—Sí —ratificó Soul, colocándose justo detrás de ella—. Eso era antes de que yo me comportara como un imbécil. Antes de que te ignorara. Antes de que te hiciera daño. —Le puso las manos sobre los hombros y la instó a girarse.

Ella primero se resistió, pero él ejerció una suave presión hasta que ella se dio la vuelta. A pesar de que estaba de cara a él, Maka seguía mirando al suelo.

—Mírame, Maka. —Colocándole un dedo en la barbilla, la obligó a levantar la cara. Las lágrimas seguían manando, dejando regueros plateados en sus mejillas color crema.

A él se le hizo un nudo en la garganta cuando vio cómo una sola lágrima resbalaba por el rostro de Maka.

—Me he comportado mal esta noche. Por favor, perdóname. Te prometo que no quería hacerte daño. Jamás querría hacértelo.

Ella respiró hondo y tragó saliva con dificultad.

—No lo entiendo —susurró con voz temblorosa—. ¿Por qué le has tenido que seguir el juego? —Se le escapó un sollozo ahogado—. Me he puesto un vestido adecuado. Me he arreglado el pelo, me he comportado como una dama. Pero seguía sin ser suficientemente buena para ti. ¿Qué tengo de malo?

A Soul se le escapó un atormentado suspiro y la estrechó entre sus brazos, hundiendo el rostro en el suave cabello de Maka con olor a rosas.

—Maka... Maka —le susurró al oído—. ¡Dios! No tienes nada malo. Eres la mujer más extraordinaria que he conocido. Eres dulce y buena y generosa... —Dio un paso atrás y ahuecó ambas palmas alrededor de sus mejillas, apartándole delicadamente las lágrimas con los pulgares—. Eres un ángel. Lo juro por Dios, un verdadero ángel.

— ¿Entonces por qué...?

—Estaba pensando en ti, en tu felicidad. No quería echar a perder tu oportunidad de rehacer tu vida con Popplepuss.

—Popplemore.

—En serio. —Soul sondeó la mirada de Maka y se forzó a decir las palabras que sabía iban a hacerle daño—. Los dos sabemos que tendré que irme. Pronto. —« ¡Santo Dios! Si supieras lo pronto que me voy a ir!»

—Lo sé —susurró ella.

—No quería echar a perder tu oportunidad de rehacer tu vida con otro hombre. Créeme cuando te digo que he tenido que hacer un esfuerzo sobrehumano. Quería estar contigo, Maka. Te lo prometo. Kim Diehl no te llega a la suela del zapato. —Negó repetidamente con la cabeza—. La primera vez en mi vida que actúo con nobleza y lo echo todo a perder.

—¿La...? ¿La has besado?

—No. No tenía el menor deseo de hacerlo. —Sintió un gran alivio cuando vio que parte del dolor desaparecía de los ojos de Maka.

—A ver si lo he entendido correctamente. Querías estar conmigo, pero has hecho un esfuerzo por comportarte con nobleza alejándote de mí y dejando el campo libre a Giriko porque vas a irte pronto de Death City y no querías interferir en mi oportunidad de ser feliz con otro hombre. —Lo miró con expresión interrogativa—. ¿Correcto?

—Sí, más o menos, eso viene a resumirlo todo.

Ella sacudió repetidamente la cabeza.

— ¡Dios mío! ¡Vaya plan tan enrevesado! ¿Cómo se te ocurrió tramar algo tan ridículo?

—Me pareció una gran idea, al principio —musitó Soul—. De hecho, podría haber funcionado perfectamente, salvo por un detalle.

— ¿Qué detalle?

Él le cogió las manos y se las acercó a los labios, probando el sabor salado de las lágrimas que le impregnaban las yemas.

—Cada vez que Popplepart te tocaba, cada vez que te miraba o te hablaba, tenía ganas de estrangularlo, al muy canalla.

—Popplemore.

—Ya lo creo. Poco me ha faltado para cruzar el salón, agarrarlo por su escuálido cuello y hundirlo en la ponchera.

A Maka se le pusieron los ojos como platos.

— ¿En serio?

Soul asintió con expresión solemne.

—Completamente en serio. —Consciente de que estaba jugando con fuego, pero incapaz de contenerse, besó los dedos de Maka y pasó suavemente la lengua por su piel con olor a rosas. «Déjalo ya. Dile que te vas mañana. Díselo ahora y sal de su alcoba. Antes de que sea demasiado tarde. Antes de que hagas algo de lo que ambos os arrepentiréis.»

—Entonces, ¿podrías... podrías plantearte la posibilidad de quedarte?

Él levantó despacio la mirada buscando la de ella. A Maka le ardían las mejillas, y sus ojos, todavía húmedos, eran dos inmensos estanques de agua verdosa que reflejaban una combinación de incertidumbre y esperanza.

—¿Qué?

—Si es eso realmente lo que sientes, entonces no te vayas de Death City. Puedes buscar trabajo en el pueblo o alguna localidad vecina. Si no encontraras nada, siempre te podría contratar yo para que dieras clases a los chicos y a Patty. —Con labios temblorosos, esbozó una dubitativa sonrisa—. Mis hermanos te han cogido muchísimo cariño, y tía Marie cree que el sol sale y se pone sólo para ti. Hasta has conseguido ganarte a Joe, una gran hazaña, te lo puedo asegurar. Todos queremos que te quedes. —Su voz se convirtió en un susurro—. Yo quiero que te quedes.

Soul la miró fijamente, completamente sin habla. ¿Por qué no había previsto que le pediría aquello? Según él mismo le había explicado, podía trabajar en cualquier sitio. Entonces, ¿por qué no en Death City? « ¡Dios mío! ¡Hasta qué punto he liado las cosas!» Tenía que decirle inmediatamente que no podía hacer lo que le pedía.

—Maka yo...

—Me he enamorado de ti, Soul. Te quiero.

Aquellas palabras, dichas con una inmensa dulzura, calaron muy hondo en Soul, dejándole sin habla, anulando absolutamente su capacidad para pensar. Completamente. Irrevocablemente. La miró y vio claramente aquellas palabras reflejadas en sus ojos.

Maka le quería.

Aquel maravilloso, generoso y hermoso ángel le quería. Se sentía como un completo canalla. «¿Qué voy a hacer ahora?»

—Maka debo decirte...

Ella le puso la yema de un dedo sobre los labios, sin dejarle continuar.

—No te lo he dicho para que te sientas obligado a decirme lo mismo. Te lo he dicho sólo porque ya no podía callármelo más tiempo. Y quería que supieras, que supieras sin ninguna duda en absoluto, que quiero que te quedes. Y que, si te quedas, siempre serás bien recibido en esta casa y formarás parte de nuestra familia.

A Soul se le hizo un inmenso y pesado nudo en la garganta. Intentó alejarlo de allí, pero estaba firmemente alojado, como un trozo de pan seco. Cerró los ojos e hizo un esfuerzo por controlar la batalla que se estaba librando en su interior entre sus nobles intenciones y sus deseos. Si no se alejaba de ella rápidamente, sabía quién saldría victorioso. Pero le resultaba imposible pensar con el eco de las palabras de Maka resonando en su interior. «Me he enamorado de ti. Te quiero, Soul. Te quiero, Soul.»

Él no merecía su amor. « ¡Dios mío! ¡Si ni tan siquiera sabe quién soy!» Ella se había enamorado de Soul Evanson, tutor. Le rechazaría si supiera que le había estado mintiendo todo el tiempo, que en el fondo era un noble de vida disoluta, con una larga lista de amantes, una excusa superficial como familia y un asesino pisándole los talones. Sólo de pensar en que ella pudiera mirarle con desprecio, esfumándose el amor y la confianza de su mirada y dando paso al rechazo, Soul sentía un dolor desgarrador, como si estuvieran partiéndole en dos.

Tenía que hacer lo que era mejor para ella. Por mucho que le costara.

Soul soltó un suspiro y apoyó decididamente las manos en los hombros de Maka. Mirándola directamente a los ojos, rezó para que ella percibiera la profundidad de su tristeza.

—Maka, no tengo nada que ofrecerte. No puedo darte todo lo que te mereces, lo que querría darte, como querría dártelo. No puedo.

Aquellas palabras apagaron el tenue brillo de la esperanza en los ojos de Maka, extinguiendo sus tiernos anhelos, instaurando el vacío donde había latido el deseo hacía sólo un momento. A Soul el sufrimiento que traslucía aquella mirada se le clavó en las entrañas como una fría puñalada.

Zafándose de él, Maka se acercó a la ventana y miró fijamente la negra noche con la mirada perdida. Él se quedó mirándole fijamente la espalda y tuvo que hacer de tripas corazón para no lanzarse sobre ella, estrecharla entre sus brazos. Hacerla suya.

Cuando por fin Maka se dio la vuelta y se encaró a Soul, tenía los dedos de ambas manos fuertemente entrelazados y la mirada clavada en el suelo.

—Lo entiendo. Disculpa mi desmesurado atrevimiento. Es obvio que no deseas... —Su voz se fue desvaneciendo y cerró fuertemente los ojos.

La visión de Maka, destrozada y humillada, destruyó a Soul, haciéndole añicos por dentro. Cruzó el espacio que los separaba con dos largas zancadas y la agarró por los hombros.

— ¿Qué no deseo? ¿Que no te deseo...? —Respiró entrecortadamente y se le escapó una risa llena de amargura—. ¡Por el amor de Dios, Maka! Te deseo tan terriblemente que estoy temblando. Te deseo tanto que no puedo dormir por las noches. Sufro por ti constantemente.

Le cogió la mano y se la restregó lentamente por la entrepierna de los pantalones, presionando la palma de Maka contra la dura prominencia de carne palpitante.

—Así es como te deseo. Pienses lo que pienses, no se te ocurra decirme que no te deseo.

Maka se quedó helada, sintiendo cómo la turgente virilidad de Soul palpitaba en su palma. Las emociones la bombardeaban por todos los flancos, como un barco vapuleado por la furia de un huracán. Él la deseaba. No del mismo modo en que ella lo deseaba a él, pero la prueba de su deseo era real e inconfundible, literalmente palpable. Y demasiado irresistible.

La cabeza de Maka se rebeló contra el deseo de su cuerpo, gritándole que era demasiado arriesgado, que tenía demasiado que perder. Su reputación, el respeto de su familia. ¿Y si se quedaba embarazada?

Pero no podía acallar a su corazón. Ya tenía veintiséis años. Y durante toda su vida había sido muchas cosas: hermana, amiga, enfermera, cuidadora.

Pero nunca había sido, sencillamente, mujer.

Maka miró aquellos hermosos ojos, atormentados por la pasión contenida, aquella mirada tan intensa que transmitía una necesidad que ella jamás había soñado con provocar en un hombre. No podía seguir esquivándolo, huyendo de aquella ardiente promesa sensual que manaba de todos y cada uno de sus poros, del mismo modo que no podía arrancar la luna del cielo.

Quería experimentar la pasión, y no quería hacerlo en las manos de ningún otro hombre más que él.

Soul estudió el rostro ruborizado de Maka y casi se cae de rodillas al comprender lo que le estaban diciendo sus ojos. Bastó con una sola mirada para sellar su destino.

Un impulso irrefrenable se apoderó de él y entregó su conciencia al mismísimo diablo. La atrajo fuertemente hacia sí y tomó su boca, abriendo con la lengua la entrada a aquella cálida gruta. Temió que su intensidad la asustara, pero ella le devolvió el beso con la misma pasión, enredando los dedos en su pelo y poniéndose de puntillas para apretarse más contra él. Cada parte de ella se adaptaba perfectamente al cuerpo de él, todos sus picos y valles encajados en su cuerpo como si los dioses los hubieran tallado expresamente el uno para el otro. Él la rodeó fuertemente con ambos brazos, pero parecía no tenerla lo bastante cerca. Deseaba absorberla literalmente, metérsela en la piel. En el alma.

Los labios de Soul dejaron un ardiente rastro en el fino cuello de Maka, mientras él se dejaba embargar por su embriagador perfume a rosas y sus gemidos entrecortados. Cuando los labios de Soul llegaron al escote del camisón, él levantó la cabeza.

Mirándola a los ojos, Soul le desabrochó lentamente los botones del camisón hasta la cintura, con dedos temblorosos pero decididos.

Cuando hubo acabado, separó el tejido hacia ambos lados, lo deslizó sobre los hombros de Maka y luego se lo bajó por los brazos. Soltó el camisón y éste cayó sobre los tobillos de Maka hecho un remolino.

Bajó la mirada y se quedó sin respiración. Ella era increíble. Absolutamente perfecta.

Sus enhiestos senos apuntaban a Soul con orgullo, sus crestas de color coral endureciéndose bajo su ardiente mirada masculina. Su estrecha cintura daba paso a unas voluptuosas caderas que desembocaban en dos largas y esbeltas piernas. La visión del triángulo de rizos cenizos en el vértice de los muslos amenazó con eliminar el poco control que Soul creía que poseía todavía. Cogiéndole las manos, entrelazó sus dedos con los de ella.

—Eres hermosa, Maka. Increíblemente hermosa.

Soul sentía como si le fuera a estallar el corazón. Le bombardeaban emociones completamente desconocidas, atacándole por todos los flancos. Ella estaba allí delante, alta y orgullosa, pero sus ojos abiertos de par en par y el rápido ascenso y descenso de su pecho delataban su nerviosismo.

Desentrelazando los dedos, Soul deslizó las manos sobre los brazos de Maka describiendo un movimiento ascendente, y luego le acarició la espalda. Bajó la cabeza y la besó, muy lentamente y con una gran ternura, para ayudarle a relajarse. Siguió el contorno de sus labios con la lengua, saboreándola, tentándola hasta que ella fundió su boca con la de él y le rodeó el cuello con ambos brazos.

Él la sedujo poco a poco, con la boca y con las manos, intentando hacer de aquella experiencia todo cuanto ella deseaba, cuanto ella merecía. Los ángeles merecen el cielo, y aunque sólo fuera por aquella única y maravillosa noche, Soul estaba decidido a dárselo o a morir en el intento.

Soul se colocó detrás de ella y le deslizó ambas manos por la espalda hacia arriba y hacia abajo, desde los hombros hasta las nalgas, acariciando con los dedos la suavidad de su piel. Ella se retorcía de placer, restregándose contra el cuerpo de Soul, la respiración, irregular, los suspiros, entrecortados. Aquéllos eran los sonidos más eróticos que Soul había oído nunca.

Cuando le acarició con las palmas los lados de los senos, él supo que había tocado la tecla adecuada cuando ella respiró brusca y profundamente. Inclinándose hacia delante para verla mejor, deslizó los pulgares suavemente sobre los pezones de Maka. Ella le recompensó con un gemido de placer.

Llenándose las manos con la turgencia de aquella carne tan sensible, él la siguió atormentando con los dedos, y luego bajó la cabeza y le rozó levemente los erectos pezones con la lengua. Ella emitió un largo y hondo suspiro, enredó los dedos en el pelo de Soul, tiró de su cabeza y la atrajo hacia sus senos.

Él se dejó guiar por Maka, se colocó delante de ella y le lamió el pezón, acariciándoselo suavemente con la lengua, luego se introdujo el palpitante ápice en la boca y succionó. Los labios de Soul se movían frenéticamente hacia dentro y hacia fuera, alternando entre ambos senos, hasta que los quejidos de Maka se fusionaron en un largo y efusivo gemido de placer.

Soul deslizó una mano hacia abajo y enredó los dedos en los suaves rizos que cubrían las partes íntimas de Maka.

—Separa las piernas para mí, Maka.

Ella obedeció y él acarició su humedad, separando los protuberantes pliegues de carne femenina. Una carne que sólo él había tocado, una carne que ya estaba caliente y húmeda. Para él. Una oleada de posesividad se adueñó súbitamente de Soul. Aquella mujer era suya. Sólo suya. Deslizó suavemente un dedo dentro de ella, gimiendo de placer cuando sus aterciopeladas paredes se contrajeron en torno a él.

Maka cerró los ojos y se aferró a los hombros de Soul mientras susurraba su nombre.

La visión de su rostro ruborizado, sus labios húmedos y enrojecidos por los besos, y aquella palpitante presión en su dedo hicieron que Soul perdiera el control por completo. Quería, necesitaba sentir las manos de Maka sobre su cuerpo. Por todo su cuerpo. Deseaba sentirlas sobre su piel. Se despojó rápidamente de sus ropas y se quedó de pie, inmóvil ante ella, dejando que los ojos de Maka captaran todos los detalles, dándole tiempo para que observara su virilidad. Maka lo miró de arriba abajo con pasión y él apretó los dientes, ansiando su tacto, pero dejándole que se tomara el tiempo que necesitaba... hasta que no podía aguantar ni un segundo más.

—Tócame, Maka.

En los ojos de Maka parpadeaba el reflejo de la duda.

—No sé cómo hacerlo.

—Sólo... tócame. Quiero que percibas con tu tacto lo mucho que te deseo. —Tendió el brazo y guió las manos de Maka hasta su pecho.

Ella extendió los dedos bajo los de él.

—Te late muy fuerte el corazón —susurró—. Y te arde la piel.

Él deslizó las manos de Maka hacia los costados de su cuerpo.

—No tengas miedo.

Ella deslizó las palmas por el torso de Soul, primero con inseguridad, luego con mayor atrevimiento, acariciándole también los hombros y la espalda. Los músculos de Soul se tensaban y contraían bajo las caricias, delicadas e inexpertas, de Maka, volviéndole loco. Cuando ella empezó a descender, acariciándole el vientre, él no pudo contener un gemido.

Ella se detuvo en seco.

— ¿Te he hecho daño?

«¡Me estás matando!»

—No, mi ángel. No pares.

Visiblemente envalentonada por la respuesta, Maka deslizó las manos por el cuerpo de Soul una y otra vez. El soportó aquella dulce tortura, consciente de que el entusiasmo y la admiración ante aquel sensual descubrimiento que se reflejaba en los ojos de Maka compensaba con creces cualquier tormento. Cuando ella se inclinó hacia delante y apretó sus labios contra el pecho de Soul, éste respiró hondo y apretó los puños.

— ¿Te gusta?

— ¡Dios! ¡Sí!

Una maliciosa sonrisa femenina arqueó los labios de Maka. Besó el tórax de Soul lentamente, encendiéndole la piel hasta el punto de que parecía que un infierno ardiera en su interior. Cuando le rozó el pezón con la lengua, él no pudo soportar más aquel delicioso tormento.

Cogiéndola en brazos, la llevó hasta el lecho y la tumbó delicadamente sobre la colcha. Estaba a punto de estirarse a su lado, cuando se detuvo, completamente paralizado ante la expresión que vio en el rostro de Maka. La mirada de Maka traslucía una mezcla de sensualidad, curiosidad y poder femenino recientemente descubierto. Maka se arrodilló y miró fascinada su enhiesta virilidad.

Todavía de rodillas, se desplazó hasta el borde de la cama con los ojos clavados en aquella parte de la anatomía de Soul que parecía a punto de explotar.

Excitado más allá de lo soportable, Soul le cogió la mano y la guio hacia su prominente miembro.

—Tócame, Maka. No tengas miedo.

Dubitativa y tan hermosa que a él se le antojaba increíble, le tocó suavemente la punta del miembro con el índice. El gemido de Soul retumbó en el silencio de la habitación. Nunca una caricia íntima le había hecho alcanzar tan doloroso placer. Moriría si ella continuaba. Moriría si se detenía.

—Tócame otra vez —le suplicó con voz ronca—. No pares, por favor.

Ella deslizó los dedos a lo largo de la tensa virilidad de Soul y él tuvo que apretar los dientes ante aquella maravillosa sensación. Cuando Maka rodeó su erección con los dedos y presionó suavemente, a él casi se le detuvo el corazón. Maka deslizó la mano a lo largo del miembro varias veces más hasta que Soul le cogió la muñeca. Si ella no paraba, Soul corría el riesgo de derramar el elixir de su pasión sobre la palma. Y no era eso lo que deseaba. No era lo que ninguno de los dos deseaba. Soul ya no podía aguantar mucho más.

Empujándola suavemente hacia atrás, se tendió sobre ella, mirando sus luminosos ojos.

—Probablemente esto te dolerá...

—Tú nunca podrías hacerme daño, Soul.

Inclinándose sobre ella, la besó en la boca, y el imperioso deseo eliminó toda posibilidad de conversación. Abriéndose paso entre sus muslos, Soul la penetró suavemente, muy poco a poco, hasta que topó con una barrera... Intentó franquearla con delicadeza, pero fue inútil. Sólo tenía dos opciones: retirarse o embestir.

La cogió por las caderas.

—No quiero hacerte daño —le dijo apretando los dientes.

—No me importa —contestó ella entre jadeos. Empujó hacia arriba en el mismo momento en que él se hundía profundamente entre sus piernas, y juntos rasgaron la fina barrera que separaba a la niña de la mujer.

Soul apoyó la frente en la de Maka y se quedó completamente inmóvil. O todo lo inmóvil que le permitían su respiración agitada y su palpitante corazón. ¡Dios! Estaba tan húmeda y se contrajo con tal fuerza alrededor del miembro de Soul... Como una mano que lo estrujase enfundada en un guante de terciopelo.

Gotitas de sudor salpicaron la frente de Soul mientras se esforzaba por permanecer inmóvil para dejar que ella se fuera acostumbrando a la sensación de tenerlo dentro.

— ¿Estás bien, Maka? —dijo con un ronco susurro.

—Nunca he estado mejor. ¿Hay más o esto ha sido todo?

Soul levantó la cabeza y la miró a los ojos. No pudo evitar sonreír.

—Hay más.

Ella le rodeó el cuello con los brazos y se retorció bajo su cuerpo.

—Enséñamelo. No te olvides de nada.

Dejando de lado cualquier duda, él empezó a moverse lentamente dentro de ella, retirándose casi por completo, sólo para volverse a hundir completamente en sus profundidades otra vez. La mirada de Soul estaba clavada en la de ella, hipnotizado por el juego de emociones que reflejaba su expresivo rostro. Aceleró el ritmo de las embestidas, temblándole los brazos bajo su peso, decidido a darle a ella placer antes de encontrar el suyo.

Soul observó cómo la tensión iba creciendo dentro de ella. Maka se aferró a sus hombros, buscando sus embestidas, con la respiración entrecortada. Cuando alcanzó el clímax, arqueó la espalda, tiró la cabeza hacia atrás e hincó las uñas en la piel de Soul.

—Soul. Oh, Dios... Soul...

Gritó su nombre una y otra vez. Soul observó cómo Maka se dejaba llevar por el placer, devorando con ojos y orejas aquella respuesta tan desinhibida. Las contracciones de Maka estrujaron el miembro de Soul, llevándole al límite. Volviendo a embestir, derramó su semilla dentro de ella, entregándole un trozo de sí mismo, un trozo de su alma.

Cuando, al final, remitieron los espasmos, Soul la rodeó con ambos brazos y los dos se tumbaron sobre el costado, todavía unidos íntimamente. Él hundió la cabeza en los despeinados rizos de Maka y respiró profundamente, llenándose los sentidos de aquel dulce perfume a rosas y del olor a almizcle de sus sexos.

Ella se acurrucó contra el cuerpo de Soul y le dio un tierno beso en el cuello.

Al notar el beso, Soul buscó la mirada de Maka. Los ojos le brillaban con una cálida languidez. Tenía el aspecto de una mujer a la que acaban de hacer bien el amor.

— ¿Te ha dolido? —le susurró él al oído.

—Sólo durante un momento. Luego, ha sido... —Su voz se desvaneció en un suspiro de éxtasis.

Él le acarició el puente de la nariz con un dedo.

—¿Cómo ha sido?

—Indescriptible. Increíble. —Un brillo malicioso iluminó sus ojos—. ¿Acaso estás esperando algún tipo de elogio, Soul?

Él soltó una risita y negó con la cabeza.

—No. Ya sé lo maravilloso que ha sido. Yo también estaba ahí, contigo.

—Sí, lo estabas. —Luego arrugó la frente y añadió—: No es que pretenda meterme donde no me llaman, pero supongo que no es la primera vez que haces... esto, ¿verdad?

Soul reaccionó con recelo. Lo que menos le apetecía en aquel momento era hablar con Maka sobre su disoluto pasado.

— ¿Por qué lo quieres saber?

—Me estaba preguntando si siempre es tan maravilloso, tan mágico. Puesto que es la primera vez que hago algo semejante y no tengo con qué compararlo, esperaba que tú me lo aclararas.

Soul pensó brevemente en sus experiencias pasadas, la larga lista de mujeres hermosas con quienes había compartido lecho. No recordaba los nombres de la mitad de ellas, y en aquel momento no conseguía evocar el rostro de ninguna. Todas eran como él, aristócratas egoístas en busca de placer cuya única meta era la gratificación sexual.

—No, Maka. No siempre es tan maravilloso ni tan mágico. Hasta hoy, nunca lo había sido para mí.

—Entonces ya habías hecho antes el amor—dijo ella con la boca pequeña—. Sabía que debías de haberlo hecho. Me has desnudado con una facilidad indicativa de una gran experiencia.

Soul sintió una fuerte opresión en el pecho. Comparar lo que acababa de compartir con Maka con las experiencias sexuales que había tenido con las mujeres que la habían precedido le resultaba repugnante. No había comparación posible, y él sabía por qué. Más allá de la mera atracción física, nunca habían desempeñado ningún papel las emociones, ni por su parte ni por la de sus compañeras de cama.

—No, Maka. Ahí te equivocas. Sí, me he acostado con otras mujeres, pero nunca he hecho el amor con ninguna de ellas. —Ahuecó ambas manos alrededor de su rostro y le acarició el carnoso labio inferior con los pulgares—. Nunca había hecho el amor. Hasta hoy. Hasta ti. —Su voz denotaba un gran asombro, como si él mismo no se acabara de creer sus propias palabras. Pero eran ciertas.

Una trémula sonrisa curvó los labios de Maka.

—Amor... Eso es lo que siento por ti, Soul.

Él cerró los ojos y tragó saliva.

—Lo sé.

—Hazme otra vez el amor.

Soul abrió los ojos de par en par y la miró fijamente.

— ¿Otra vez? ¿Ahora? —Pero, aunque él lo creía imposible, su virilidad volvía a estar a tono.

Una chispa de malicia brilló en los ojos de Maka.

— ¿Se te ocurre un momento mejor? Tengo mucho que aprender. —Luego frunció los labios—. Creía que lo tuyo era la enseñanza. Tal vez necesite otro profesor.

La imagen de otro hombre compartiendo lecho con Maka, de Maka estirada bajo otro cuerpo, mirándolo con amor, riéndose y bromeando con otro hombre llenó a Soul de unos celos tan intensos que estuvo a punto de ahogarse en ellos. Era suya, ¡maldita sea! Era su ángel. Su parte racional le decía que no tenía ningún derecho a sentir aquello, pero no podía evitar sentirlo. Era como si pudiera matar a cualquier hombre que osara ponerle las manos encima.

Incapaz de reconciliar aquellas emociones contradictorias, la besó casi violentamente en la boca.

—No, no necesitas ningún otro profesor—refunfuñó. Enfadado consigo mismo e irrazonablemente enfadado con ella por hacerle sentir tan inquieto e inseguro de sí mismo, la empujó para estirarla boca arriba y la penetró de una sola y fuerte embestida.

— ¡Soul!

— ¡Oh, lo siento! —« ¿Qué diablos me pasa?», pensó. Acababa de penetrarla con la falta de delicadeza propia de un escolar sobreexcitado en su primer encuentro sexual. Había estado a punto de partirla en dos—. ¿Te he hecho daño?

Una lenta sonrisa iluminó el rostro de Maka.

— ¿Te has dado cuenta de que no paramos de preguntarnos el uno al otro si nos hemos hecho daño?

Soul se relajó y la arruga que se había formado en su frente se suavizó.

—Sí, me he dado cuenta, pero supongo que es bastante normal entre nuevos amantes, sobre todo teniendo en cuenta que uno de ellos es virgen.

—Era virgen —le corrigió ella con una sonrisa maliciosa. Súbitamente, adoptó una expresión de fingida seriedad—. Supongo que no debería estar demasiado satisfecha de ello. Probablemente debería estar avergonzada y consternada por mi escandaloso comportamiento y debería echarte a patadas de mi lecho. Por lo visto, vuelvo a merecerme el sermón que me soltaste sobre mi falta de decencia.

— ¿Ah, sí? —Soul se retiró casi por completo y volvió a embestir, hundiéndose en la sedosa y acogedora calidez de Maka— No sé cómo se me ocurrió semejante tontería.

—Oooh... —gimió ella—. Afortunadamente no estoy nada avergonzada y no tengo la menor intención de echarte a patadas de mi cama.

— ¡Menos mal! —Soul volvió a retirarse y luego embistió hasta el fondo.

—Me ha gustado bastante lo que has dicho antes —susurró ella mientras se movía debajo de él.

Soul volvió a retirarse y a penetrarla.

— ¿Qué he dicho?

—Has dicho que éramos amantes. Me gusta cómo suena eso.

Soul se retiró y la penetró de nuevo.

— ¿Y cómo se siente esto?

Él se inclinó hacia delante y se introdujo en la boca el pezón de Maka, contraído por la excitación, provocándole un largo gemido de placer. Empezó a succionar, primero con delicadeza, incrementando luego la presión y deteniéndose justo antes de que a ella le resultara doloroso. Maka se agitaba violentamente bajo el cuerpo de Soul, levantando las caderas para buscar el encuentro con él en cada embestida.

—Rodéame la cintura con las piernas —le instruyó él con la respiración entrecortada.

Ella obedeció sin dudarlo, abriéndose todavía más para él. Él se balanceó sobre ella, aumentando la duración y la profundidad de las embestidas hasta que ella empezó a gritar su nombre sofocadamente.

Soul volvió a penetrar la acogedora calidez de Maka, incapaz de controlarse por más tiempo. Una fuerza inexplicable se había apoderado de él. Por completo. Su cuerpo se movía involuntariamente, entrando y saliendo de ella, cada vez más deprisa, cada vez con más intensidad. El sudor le salpicaba la frente y le cubría la espalda, resbalándole por la piel. Cuando sintió que las aterciopeladas paredes de Maka se contraían a su alrededor, perdió el control por completo. Embistió una y otra vez, cegado por la pasión, dominado por un torrente de sensaciones. Cuando alcanzó el clímax, sus espasmos fueron increíblemente fuertes. Y la penetró por última vez, con ímpetu salvaje.

Cuando por fin cesaron los espasmos, Soul se desplomó sobre ella, incapaz de moverse, apenas capaz de respirar. Sabía que probablemente la estaba aplastando, pero no podía mover ni un músculo.

Maka lo rodeó con los brazos, acariciando su resbaladiza espalda, empapada de sudor, y se apretó contra su pecho.

—Quiero hacer otra vez el amor —le susurró al oído al cabo de varios minutos.

Si Soul hubiera sido capaz de reír, lo habría hecho. « ¡Por Dios! ¡Esta mujer me va a matar! Pero vaya forma tan maravillosa de morir.»


Yo sé que me aman (?) xDDD

Les soy sincera casi no subo este cap porque no tenía tiempo pero les prometí y aquí vine a cumplir! (rimó o:)

Tell me... ¿qué les pareció?

asñjdfñlsdjfasdfs sinceramente yo lo amé y me encanta *3*

Bueno, como voy de rapidito~ responderé reviews xD

Julián & Jumbiie Hana Roth: ustedes creen? xD yo pienso que la cantidad de reviews que pido está bien... por ahora xDDDD NO SOY SU MUJER! Soy su acosadora personal~ kya~ (?) xD Vale no

TCHini: Yep, yep, a que cumplo mis promesas D; y me sonrojas mujer! xD me alegro que te encante y ojalá también te guste este :3

tsu: De nada c: aquí está tu cap, linda ;3

shiku-mya: lñasjdfñalsdjñflajskdf D/: Matrimonio!? Holy Crap! x/D estoy empezando amarte (?) y aslñfjlasdkf :okay: pero espero el cap la próxima semana D_D :3 alñjflasjdflsd te amo! (?)

AN-drex: Me alegro! xD Lo sé los hago un poco largos, porque en lo personal a mí me encanta que sean largos D; aslñdfjalskdjfklas me alegro de haber sido mejor que tu profa (?) :3 aquí está el cap :D

6ijuaXpo: Aquí está la conti! Y me alegro que dejarás review kya~

CcXDSOxMAK: Aún falta mucho para que acabe~ okay no tanto pero sí falta xD aquí está la conti :D

hikary-neko: xD Okay... rara!

Bueno, sigo buscando Beta :3

Y son 6 reviews para el próximo cap eh! xD

Bueno~ avances~:

"La mujer que tenía entre sus brazos le importaba mucho. ¿Cómo no iba a importarle? No tenía ni un ápice de maldad o mentira. Pero, ¿la quería?

Estaba demasiado corrompido desde el punto de vista moral para creer en ese cuento de hadas al que cantan universalmente los poetas: el amor.

«Tal vez encuentre la felicidad al lado de Poppledink.»

.-.-.-.-.-.-.-

Chrona entregó a Maka un sobre lacrado.

— ¿Qué es esto? —preguntó Maka, visiblemente desconcertada mientras le daba la vuelta al sobre. Iba dirigido a ella.

—Se ha ido, Maka.

— ¿Quién?

—El señor Evanson.

.-.-.-.-.-.-

— ¿Qué has oído? —preguntó Tsubaki.

—Se rumorea que el autor de una serie de relatos que se publican por capítulos en Gentleman 's Weekly es una mujer.

Soul se quedó helado.

—¿Qué?

.-.-.-.-.-.-.-

Black Star lo miró fijamente, visiblemente impresionado.

— ¿Comprometiste la reputación de la señorita Albarn?

—Completamente.

Black Star miró a Soul con los ojos como platos. Abrió la boca, pero no le salieron las palabras.

— ¿Nada que añadir? —dijo Soul con una rancia sonrisa en los labios—. ¿He conseguido impresionarte?

—He de reconocer que sí—admitió Black Star. Tras una larga pausa, preguntó—: ¿Has considerado la posibilidad de que hayas podido dejarla embarazada?"

D:!

lsajñflsdjfklajsdlñkfjalsdjflkjsdl

!

xD

6 reviews e.e

By.

Ren -la lñasjflsdjfasd- Miyamoto.