Ola ke ase?

Soul Eater ni Rosas Rojas me pertenecen~


Capítulo 12

Varias horas después, mientras Maka dormía, Soul yacía en la misma cama, con los ojos como platos, mirando el techo. Se sentía más vivo de lo que se había sentido en toda su vida, pero su estado de euforia enseguida dio paso a un profundo sentimiento de aborrecimiento y odio contra sí mismo.

Hacer el amor con Maka había sido algo imperdonable, estúpido, aparte de absolutamente egoísta, pero no le sabía mal haberlo hecho. Intentó sentir remordimientos, pero le resultaba imposible. La noche había sido demasiado hermosa, demasiado mágica para estropearla con auto reproches.

En cierto modo, había sido inevitable. Había deseado a Maka desde el primer momento en que la vio dormida en el sofá, agotada de tanto cuidarle. Había algo en ella que le había atraído desde el principio.

Las emociones que Maka era capaz de despertar en él le aturdían sobremanera. Él nunca había sentido nada más que deseo carnal por cualquiera de sus ex amantes, mujeres que se le acercaban porque sabían que era marqués. Ninguna de aquellas mujeres superficiales le había conmovido o provocado ninguna emoción. ¿Se le habrían acercado si no hubieran sabido que era un marqués? Tal vez, pero seguro que sólo en busca de placer sexual.

Pero Maka no sabía quién era él. Y le había hecho sentir cosas que él habría jurado que era incapaz de sentir.

Como los celos. Soul había experimentado su primer ataque de celos la primera vez que Maka mencionó el nombre de Poppledart. La mera idea de que otro hombre, cualquier hombre, pudiera tocarla le ponía furioso, llenándole de una rabia gélida y malsana.

Y luego estaba aquel repentino e inaudito encariñamiento con los niños, las ancianas y los sirvientes irreverentes. ¿De dónde diablos había salido todo aquello?

Y luego estaba aquella maldita palabra.

Patty le quería. Y Maka le quería. Un nudo del tamaño de una taza de té se le alojó en la garganta. « ¡Dios! ¡Tengo casi treinta años y nadie me había dicho nunca esas palabras hasta que llegué aquí!» Su propia familia, exceptuando a Tsubaki, apenas le soportaban y, sin embargo, los Albarn, a quienes hacía sólo unas semanas que conocía, le querían.

Soul negó repetidamente con la cabeza. La mujer que tenía entre sus brazos le importaba mucho. ¿Cómo no iba a importarle? No tenía ni un ápice de maldad o mentira. Pero, ¿la quería? Soul dudaba de su capacidad de querer realmente a alguien. La vida entre miembros de la alta sociedad que intentaban ascender cada vez más en la escala social y que, si te descuidabas, te asestaban una puñalada por la espalda le había vuelto demasiado cínico, demasiado hastiado y demasiado descreído. Estaba demasiado corrompido desde el punto de vista moral para creer en ese cuento de hadas al que cantan universalmente los poetas: el amor.

Maka se agitó en sueños y los brazos de Soul se apretaron con más fuerza alrededor de su cuerpo. Él sabía que ella sufriría mucho cuando se enterara de su marcha, pero tenía que irse. Tenía un asesino que desenmascarar, un detalle que parecía olvidar con pasmosa facilidad. Tenía que concentrar todas sus energías en descubrir la identidad de su enemigo, o sería hombre muerto. Una vez que apresaran a la persona que quería verlo muerto, él podría reanudar su vida.

Y Maka reanudaría la suya. Ella creía estar enamorada de Soul Evanson, tutor, pero Soul sabía que aborrecería a Soul Evans, marqués de Evans. «Tal vez encuentre la felicidad al lado de Poppledink.»

Aquella idea llenó a Soul de una rabia incandescente, pero luchó contra ella con todas sus fuerzas. Ella se merecía ser feliz. Él no podía quedarse allí, y sabía que su estilo de vida superficial y disoluto entre la gente de la ciudad horrorizaría a Maka.

Ella no aguantaría ni cinco minutos entre las mujeres libertinas e inmorales de Londres. La ciudad la despojaría de todas aquellas cosas maravillosas y fascinantes que la hacían única. Sí, ella merecía a alguien mejor que él. Fuera quien fuese el hombre que acabara con ella, iba a ser un canalla con suerte.

«Siempre y cuando yo no le vea ponerle las manos encima. O se convertirá en un canalla muerto.»


A la mañana siguiente, Maka se despertó lentamente. La cálida luz del sol se colaba entre las cortinas de su alcoba. Se desperezó y sus músculos protestaron por un dolor sumamente placentero. Le inundaron los recuerdos de la noche anterior, y un ardiente rubor la bañó de pies a cabeza. Volvió la cabeza, esperando ver a Soul estirado a su lado, pero la cama estaba vacía. Se dio la vuelta, apoyando la cabeza en la impronta que había dejado Soul en la almohada junto a la suya y respiró hondo.

El lino blanco de la almohada olía exactamente como él. A limpio, con toques de madera y almizcle. Colocándose la almohada sobre la cara, la abrazó y suspiró de pura felicidad.

La noche anterior Soul la había hecho mujer. Y se sentía mujer. Una sonrisa de complicidad curvó los labios de Maka, al evocar el tacto de las manos de Soul, el sabor de su piel, la sensación de tenerlo en su interior, clavado en sus entrañas. Un placentero escalofrío atravesó todo su cuerpo. ¿Cómo iba a impedir que el resto de la familia se enterara? Seguro que su rostro la delataba.

Se levantó de un salto y corrió hasta el tocador. Se miró fijamente en el espejo en busca de signos visibles de su recién estrenada condición de mujer. Extrañamente, tenía el mismo aspecto de siempre, con la salvedad de los labios hinchados y aquel brillo de felicidad en los ojos.

Sintiéndose como si estuviera flotando en una nube, Maka se vistió a toda prisa. No estaba segura de lo que iba a decirle a Soul aquella mañana; lo único que sabía era que se moría de ganas de verle. Seguro que, después de la maravillosa noche que habían pasado juntos, podría convencerle para que se quedara en Death City. Era imposible que siguiera pensando en marcharse después de lo que habían compartido.

Él le había dicho que no tenía nada que ofrecerle, pero ella sólo lo quería a él. Se abrazó a sí misma y empezó a dar vueltas por la habitación, girando como una peonza, ¡Nada era imposible aquella mañana! Tenían que encontrar un trabajo para Soul como tutor cerca de Death City; él tenía que escribir una carta renunciando al trabajo que tenía programado. ¿Y hasta se atrevería a soñar con posibles planes de boda? Un hormigueante escalofrío la atravesó de pies a cabeza ante la mera idea. ¡Había tantas cosas maravillosas que hacer!

Acababa de abrocharse el último botón del vestido cuando oyó que alguien llamaba a la puerta.

—Adelante —dijo.

Chrona entró en la alcoba, con una mirada extraña e inquietante en el rostro.

— ¡Chrona! —Maka corrió hacia ella y le dio un abrazo—. ¿Qué tal fue el resto de la fiesta con Kid? ¿Te lo pasaste bien?

Chrona sonrió.

—Fue maravilloso. Maka...

—Me muero de ganas de oírlo —la interrumpió—. Quiero que me lo cuentes todo con pelos y señales. Venga, vamos abajo para hablar sobre ello delante de una humeante taza de té.

—Luego, Maka. Ahora tengo algo que contarte.

Por primera vez desde que Chrona había entrado en la habitación, Maka se percató de su expresión preocupada.

— ¿Va algo mal, Chrona?

Chrona entregó a Maka un sobre lacrado.

— ¿Qué es esto? —preguntó Maka, visiblemente desconcertada mientras le daba la vuelta al sobre. Iba dirigido a ella.

—Se ha ido, Maka.

— ¿Quién?

—El señor Evanson.

Maka se quedó de piedra.

— ¿A qué te refieres con que se ha ido?

—Su caballo ya no está en el establo...

—Tal vez alguno de los chicos o el mismo Soul lo ha sacado a dar una vuelta —la interrumpió Maka mientras una punzada de miedo empezaba a tensarle los omóplatos.

Chrona negó con la cabeza.

—Fueron precisamente Ragnarok y Hero quienes se dieron cuenta de la ausencia de Pericles. Yo fui a la alcoba del señor Evanson para ver si había salido a cabalgar. La puerta estaba abierta, de modo que entré. —Chrona respiró hondo, entrelazó los dedos de las manos y los apretó fuertemente entre sí—. La habitación estaba vacía, la cama sin deshacer. Esta carta, dirigida a ti, estaba en la repisa de la chimenea.

—Eso no significa que se haya ido.

—Se ha llevado toda su ropa, Maka.

Maka tuvo una náusea y se apretó el vientre con las manos.

— ¿Cómo lo sabes?

—Los cajones de la cómoda están vacíos, y también lo está el armario. —Chrona tocó el brazo de Maka—. Lo lamento.

—Debo... debo leer la carta —dijo Maka, que estaba hecha un mar de dudas—. Seguro que hay una explicación razonable. ¿Me disculpas un momento, por favor, Chrona?

—Por supuesto. ¿Quieres que te prepare un té?

—Sí—dijo Maka forzando una sonrisa—. Una taza de té me irá de maravilla.

Chrona salió de la habitación, cerrando la puerta con suavidad tras de sí. Maka rompió inmediatamente el precinto lacrado, le temblaban tanto los dedos que estuvo a punto de rasgar el papel. Sentía las rodillas demasiado débiles para sostenerse en pie, de modo que se derrumbó sobre una silla y extrajo dos cuartillas.

Mi queridísima Maka,

Cuando leas estas líneas, yo ya estaré lejos de Death City, una decisión que sé que no entenderás, pero que ruego a Dios llegues a perdonarme algún día.

Déjame empezar diciéndote que la noche pasada fue la noche más hermosa de toda mi vida. Debido a mi repentina partida, soy consciente de que probablemente no me creerás, pero te aseguro que es verdad. Sé que mi marcha te dolerá, como me duele a mí. Por favor, quiero que sepas que odio tener que hacerte daño, pero no tengo forma posible de evitarlo. Mi marcha no es bajo ningún concepto culpa tuya ni podrías haber hecho nada para impedirla. Yo sabía, los dos sabíamos, que me iría algún día. Ese día, simplemente, ha llegado antes de lo esperado.

O quizás haya llegado demasiado tarde. Si me hubiera marchado antes, lo que ocurrió ayer por la noche nunca habría sucedido. Siempre acariciaré con gran estima los recuerdos de la increíble noche que compartimos. Soy un canalla egoísta por haber permitido que ocurriera, pero, de todos modos, no puedo arrepentirme ni tener remordimientos. Es evidente que no soy tan maravilloso como creías, aunque, de hecho, yo nunca dije que lo fuera.

Eres una mujer sorprendente y con una inmensa capacidad para amar —la única persona que he conocido en toda mi vida que es realmente buena—. Por favor, busca a otra persona a quien amar, alguien que te merezca de verdad.

Si las circunstancias fueran diferentes—si mi vida no fuera tan complicada—, tal vez las cosas podrían haber sido distintas, pero hay cosas sobre mí, sobre mi vida, que no conoces, cosas que hacen imposible mi permanencia en Death City.

Por favor, perdóname por marcharme de este modo, por despedirme con una carta, pero quería que mi última imagen de ti fuera la que ahora tengo, un ángel dormido entre mis brazos. No podría soportar ver el dolor y la pena reflejados en tus ojos.

Te agradezco a ti y también a tu familia toda la amabilidad y el cariño que me habéis dado. Siempre te estaré agradecido por haberme salvado la vida. Me has llegado muy hondo, Maka, más hondo de lo que nadie me había llegado nunca. Y, por si quieres saberlo, nunca te olvidaré.

Con todo mi afecto,

SOUL

Maka se quedó un buen rato mirando fijamente la carta, con los ojos secos, aparentemente vacía e insensible. Hizo un esfuerzo por seguir respirando regularmente, resistiéndose a dejarse llevar por aquel dolor desgarrador que amenazaba con partirla en dos. «Si consigo no sentir nada, sobreviviré. Si empiezo a llorar, no pararé jamás.»

Todavía podía oír la voz de Soul preguntándole con ternura desde la noche anterior: « ¿Te ha dolido? ¿Te he hecho daño?» Lágrimas de puro dolor se apretaban fuertemente contra el fondo de sus globos oculares mientras ella luchaba por contener el llanto.

«Sí, Soul. Me has hecho daño. Y mucho.»

De todos modos, sólo podía culparse a sí misma. Él nunca le había prometido nada y sólo le había dado lo que ella deseaba: la oportunidad de convertirse en mujer. Con un supremo esfuerzo, dobló las dos cuartillas con serenidad y se dispuso a introducirlas en el sobre.

Tuvo dificultades al intentar cerrar el sobre, de modo que miró en el interior para ver cuál era el impedimento. Había algo en el fondo. Invirtió el sobre y su contenido cayó revoloteando sobre su palma.

El fondo del sobre estaba lleno de pensamientos marchitos.

Y Maka no pudo contenerse más las lágrimas.


Soul estaba sentado en su despacho londinense, revisando las cuentas de sus propiedades con su secretario, Peterson. Se masajeó las sienes a fin de aliviarse el palpitante dolor de cabeza que le estaba torturando, pero el masaje no surtió efecto. La voz de Peterson le zumbaba monótonamente en los oídos, intentando ponerle al corriente sobre lo que había ocurrido durante su ausencia. Soul llevaba en su casa de Londres casi dos semanas, pero todavía no se había puesto al día con las finanzas.

Miraba, fijamente pero sin ver nada, los papeles que tenía delante; las pequeñas filas de números le bailaban ante los ojos sin que nada tuviera sentido. Por primera vez en la vida, le traían sin cuidado sus intereses financieros. Para ser francos, le importaban muy pocas cosas.

— ¿Le gustaría revisar las cuentas de sus propiedades de Yorkshire, milord? —le preguntó Peterson, observándole por encima de las gafas.

—Disculpe, ¿qué me acaba de preguntar?

—Las propiedades de Yorkshire. ¿Quiere revisar...?

—No —Soul se levantó con brusquedad y se pasó las manos por el pelo—. Tendremos que acabar esto mañana por la mañana, Peterson.

—Pero, milord —protestó Peterson—, las propiedades de Yorkshire...

—Haga lo que crea conveniente —le dijo Soul, tajante, mientras le indicaba con la mano que podía irse. Peterson, sin palabras, cogió precipitadamente el fajo de papeles y salió del despacho visiblemente consternado.

Soul vació su copa de brandy y se alejó de la chimenea para volver a llenarla. Las dos últimas semanas habían sido la peor época de su vida. En su casa de Londres todo funcionaba a la perfección. Tenía un servicio impecable, y sus comidas, formales y aburridas, eran obras maestras del arte culinario. Sin niños, sin perros, sin ruidos y sin caos.

Odiaba cada minuto de aquella asquerosa vida.

El día de su regreso había entrado en la cocina, sembrando el pánico entre el abnegado personal del servicio con tan impropia visita. Un marqués nunca entraría en la cocina a menos que hubiera encontrado algo horrible o imperdonable en la comida.

El segundo día Soul le había pedido a Mosquito que le enseñara a afeitarse. Su ayuda de cámara le miró como si se hubiera vuelto loco y pidió inmediatamente una infusión reconstituyente para su señoría.

En aquel preciso momento, mientras apuraba su segundo brandy, la mente de Soul retrocedió hasta la velada que había pasado con Maka en el despacho de la casa de los Albarn. Una sonrisa iluminó su rostro cuando la recordó bebiéndose el brandy de un trago y estando a punto de ahogarse cuando el fuerte licor le quemó la garganta. Luego él le había recitado un poema. Y la había besado. Soul cerró los ojos y casi pudo notar la suave caricia de aquellos labios en los suyos, aquellas manos rodeándole el cuello, aquella lengua...

—No tengo ni idea de en qué estás pensando —la voz rota de Black Star venía de la puerta—, pero debe de ser fascinante. Llevo casi un minuto intentando captar tu atención —Entró en la habitación y se sirvió un brandy—. ¿Quieres compartir conmigo tus pensamientos?

—No. —espetó Soul arrugando la nariz, y luego ignoró completamente a su amigo.

—Creía que estarías poniéndote al día con las finanzas —comentó Black Star con aire despreocupado. Dio un sorbo a su brandy y estudió a Soul por encima del borde de la copa.

—He despachado a Peterson por el resto del día.

— ¿Ah, sí? ¿Por qué?

—Porque no podía concentrarme y estaba malgastando tanto su tiempo como el mío. —Soul miró con dureza a su amigo—. ¿Has invadido mi intimidad por alguna razón en particular, aparte de para beberte mi brandy?

—Ya que lo preguntas, hay dos razones. La primera es que tenemos que hablar sobre el último atentado contra tu vida.

Soul suspiró sonoramente.

— ¿Y qué sentido tiene que hablemos sobre ello?

Black Star arqueó una ceja.

—Alguien intentó atropellarte ayer por la noche a la salida del club White. ¿No te parece un suceso digno de comentar?

—Creía que lo habíamos comentado ayer por la noche.

—El hecho de que alguien haya intentado asesinarte otra vez bien merece nuestra atención. Es evidente que tenemos que vigilar a Wess de cerca.

—Wess estaba dentro del club cuando ocurrió el incidente —le recordó Soul—. No hacía ni cinco minutos que yo le había dejado sentado en la mesa del farolito.

—Es fácil contratar a alguien —señaló Black Star.

Soul se encogió de hombros.

—Supongo que sí.

—La verdad es que se te ve bastante tranquilo, dadas las circunstancias, lacayo.

— ¿Cómo se supone que debería comportarme? —preguntó Soul—. ¿Quizá preferirías que me desmayara o que estallara en llanto?

—Me tranquilizaría si te viera por lo menos un poco preocupado —dijo Black Star—. Debemos averiguar quién está detrás de todo esto antes de que vuelva a atacar. Tal vez no tengamos tanta suerte la próxima vez. Ya lo hemos retrasado bastante. Wess es nuestro principal sospechoso.

Soul volvió a encogerse de hombros.

—Sí, supongo que lo es.

—Entonces ya es hora de que le tendamos una trampa. Me he tomado la libertad de organizar una situación donde los dos podréis estar juntos y a solas. Tú te dejarás ver y, cuando él haga un movimiento para atacarte, lo cogeremos.

—Vale —dijo Soul, trayéndole sin cuidado lo que le acababa de decir su amigo.

—Sé que es peligroso —dijo Black Star poniéndose serio—, pero debemos hacer algo, y rápido. Si nuestro plan sale bien, lo cogeremos y a ti nadie te tocará ni un pelo.

—Pero... ¿y si sale mal? —dijo Soul sarcásticamente—. Me imagino que en tal caso me tocarán bastante más que un pelo.

—Eso no ocurrirá, Soul —le prometió Black Star solemnemente.

— ¿En qué has pensado concretamente?

—En una fiesta. En la casa que tengo a las afueras de Londres. Grandes espacios. Mucha gente. Probablemente Wess intentará llevarte a algún lugar apartado de las miradas de la gente para atacarte.

Soul levantó las cejas.

— ¿No crees que es bastante improbable que intente algo con tanta gente alrededor?

—Creo que lo verá como la perfecta oportunidad para atacar. Creo que se adherirá al axioma de «ocultarse a la vista de todos». Hay más confusión en una multitud, más oportunidades para escabullirse sin que nadie se dé cuenta, como ayer por la noche. Podría haberse levantado de la mesa, haber salido de la sala, matarte, volver en cuestión de minutos y encontrar a media docena de testigos que jurarían que había estado allí todo el rato.

»Si esto falla —prosiguió Black Star—, sencillamente te haremos salir a pasear solo por los jardines, lejos de la casa, para que quienquiera que desee acabar contigo tenga la oportunidad de seguirte. Ni yo ni varios agentes de la ley te quitaremos la vista de encima. Con medio Londres en la fiesta, aunque Wess resultara no ser nuestro hombre, seguro que el verdadero culpable estará presente.

Soul reflexionó sobre las palabras de Black Star.

—De acuerdo. Terminemos de una vez. ¿Cuándo es la fiesta?

—Dentro de cuatro días. Yo quería celebrarla inmediatamente, pero Tsubaki insistió en que necesitaba ese tiempo para organizarlo todo. Bueno, de hecho insistió en que necesitaba dos semanas, pero yo sólo le di cuatro días.

—Ella no sabe nada de...

—Por supuesto que no —le interrumpió Black Star—. Pero no podía organizar una fiesta sin ella. También he contratado a varios agentes de la ley para que vigilen a tu hermano.

—Parece que lo tienes todo controlado —comentó Soul entre sorbos de brandy.

—Alguien tiene que hacerlo. Es evidente que tú tienes la cabeza en otra parte.

Soul dirigió a su amigo una mirada represora.

—Dijiste que habías invadido mi santuario por dos motivos. ¿Cuál es el otro? ¿O acaso no lo quiero saber?

—Mi querida esposa me ha encargado que te pida que nos honres con tu presencia en la cena de esta noche.

—Podía haberme enviado una invitación con un mensajero.

—Sabía que la rechazarías, de modo que me ha convencido para que te lo pida en persona. Has rechazado sus tres últimas invitaciones.

—No puedo ir.

—Le darás un disgusto a Tsubaki —dijo Black Star—. Y a mí también.

Soul apuró su brandy y dejó bruscamente la copa sobre la mesa. Avanzó a pasos largos hasta la ventana y miró hacia fuera. Al otro lado de la calle se extendían los caros terrenos que rodeaban los prados de Hyde Park. Ante sus ojos ciegos desfilaban lujosos carruajes con elegantes caballos que transportaban a destacados miembros de la aristocracia londinense.

— ¿Te esperamos a las siete? —preguntó Black Star.

Soul quería rechazar la invitación. No le apetecía nada conversar educadamente con nadie. De hecho, se sentía completamente incapaz de hacerlo. Pero había pocas cosas que podía negarle a su hermana, y como ya había rechazado sus últimas invitaciones, se sintió obligado a aceptar.

— ¿Habrá alguien más?

—De hecho, sí. Hemos invitado también a tus padres y a Wess y a Melissa.

A Soul se le escapó una carcajada.

— ¿Una íntima cena familiar? Olvídalo, Black Star.

—Quiero observar cómo reacciona Wess en la intimidad. Tú no tendrás que hacer nada más que estar sentado, comer y beber brandy.

— ¿Cuánto brandy tenéis?

—Suficiente.

Soul dudaba que hubiera suficiente brandy en todo el asqueroso reino para aliviar su dolor.

—De acuerdo. Allí estaré, a las siete. Seguro que es una velada encantadora.


El lujoso carruaje avanzaba lentamente por Hyde Park mientras su único ocupante miraba fijamente por la ventana con los ojos llenos de odio. «Has vuelto a salir con vida, indeseable. ¿Por qué no te mueres de una vez?» Sus manos, enfundadas en guantes negros, se cerraron en apretados puños. «Tú eres la única cosa que se interpone entre mí y todo lo que siempre he deseado y merecido. No habrá más errores. Ni más estúpidos asesinos a sueldo. Te mataré con mis propias manos.»

—Estás bastante pálido —comentó la madre de Soul mientras lo observaba por encima del borde del vaso de vino—. ¿Estás enfermo?

Soul miró fijamente al otro lado de la mesa, donde se sentaba la mujer que le había traído al mundo y enseguida se había olvidado de que tenía un hijo salvo cuando a ella le convenía. Estaba innegablemente estupenda, y era una anfitriona encantadora, así como un miembro honorable de las listas de invitados de todas las celebraciones de la alta sociedad. Pero también era el egoísmo personificado y no se esforzaba por disimular que le traía sin cuidado todo lo que no estuviera directamente relacionado con su persona. Soul sabía que, en el fondo, no le preocupaba en absoluto su salud, sólo la posibilidad de que le pudiera contagiar alguna enfermedad, obligándole a interrumpir sus numerosos compromisos sociales. Se percató de que llevaba una nueva gargantilla, una gran esmeralda tallada en forma de cuadrado flanqueada de diamantes. Obviamente, un obsequio de su último amante, su marido hacía años que había dejado de comprarle joyas.

—Estoy bien, madre. Es muy amable de su parte preocuparse por mi salud. —Podía palparse el sarcasmo en sus palabras, como él bien sabía, pero su madre sonrió, visiblemente aliviada por la respuesta.

— ¿Tienes las cuentas de las propiedades de Yorkshire listas para que las revise?

Soul se volvió hacia su padre. Con cincuenta y dos años, el duque de Evans, alto y espigado, todavía tenía una figura imponente. Vetas grises salpicaban su pelo plateado, y profundas líneas enmarcaban una boca incapaz de esbozar una sonrisa. Tenía la mirada más fría que Soul había visto en toda su vida.

—No, necesito un día más para concluirlas.

—Ya entiendo. —El duque acompañó aquellas dos palabras con una larga, silenciosa y gélida mirada que indicaba claramente su desaprobación. Volvió a centrarse en la cena, despreciando a su hijo mayor como si le hubiera cerrado una puerta en las narices.

Soul se dio cuenta de que aquel breve intercambio había sido la conversación más larga que había mantenido con su padre desde su regreso a Londres.

—He oído una noticia interesante esta tarde en el club White —dijo Wess mientras asentía para que un lacayo le sirviera otra copa de vino—. El libro de apuestas está al rojo vivo.

La mirada de Soul recorrió la larga mesa hasta detenerse en su hermano. El estilo de vida disipado de Wess estaba empezando a pasarle factura, estropeando su atractivo rostro; la expresión somnolienta provocada por el alcohol nunca desaparecía completamente de sus ojos. El color de sus mejillas anunciaba un estado de inminente embriaguez. Si Wess no fuera un indeseable completamente inmoral, Soul hasta le tendría lástima.

—¿Qué has oído? —preguntó Tsubaki.

—Se rumorea que el autor de una serie de relatos que se publican por capítulos en Gentleman 's Weekly es una mujer.

Soul se quedó helado.

—¿Qué?

Wess dio un sorbo a la copa, salpicando su corbata blanca de gotas de vino de Borgoña.

—¿Soléis leer Las aventuras de un capitán de barco, escritas por H. Spirit en Gentleman's Weekly?

—Ya lo creo que sí—dijo Black Star desde la cabecera de la mesa—. Tú también las lees, Soul.

—Sí. Prosigue, Wess.

Claramente convencido de que tenía cautivados a sus oyentes, Wess dijo:

—De todos los autores de los relatos por capítulos que se han publicado en la revista, H. Spirit es el único escritor que nunca ha aparecido en público. ¿Por qué no es miembro de ninguna sociedad de autores? ¿Por qué no asiste a ninguna reunión social? Se especula que la razón es que se trata de una mujer.

—Tal vez sea tímido o esté enfermo o viva demasiado lejos —sugirió Cynthia con la boca pequeña.

Wess fulminó a su esposa con su hosca mirada.

— ¡Vaya sugerencia tan aguda! —se mofó con evidente sarcasmo—. No me puedo imaginar cómo podríamos proseguir la velada sin tus ocurrentes intervenciones.

Sendas pinceladas de roja humillación colorearon los escuálidos pómulos de Cynthia mientras bajaba la mirada.

Poniendo cara de póquer para ocultar sus sentimientos, intervino Soul.

—Lo que acaba de sugerir Melissa explica con suma lógica por qué nadie ha visto nunca a H. Spirit.

—Entonces explícame por qué el señor Timothy, editor de la revista, se altera visiblemente cuando sale el nombre de H. Spirit en la conversación —le desafió Wess—. Se pone lívido y le empieza a sudar la frente.

Una amarga sonrisa curvó los labios de Soul.

—Tal vez el alcohol que emana de tu aliento le hace sentirse indispuesto.

El rostro de Wess se tiñó de rojo carmesí. Hizo el ademán de levantarse de la silla, pero Cynthia le puso la mano sobre el brazo para retenerlo.

—Wess, por favor, no montes una escenita.

La atención de Wess se centró en su esposa, a quien dirigió una mirada asesina.

—¡Quítame la mano de encima! ¡Ahora!

El pálido rostro de Cynthia adquirió el mismo color carmesí que el de su marido. Retiró la mano y, durante un breve instante, antes de que volviera a bajar la mirada, Soul creyó ver un destello de odio en sus ojos.

Wess hizo el gesto de cepillarse con la mano la manga donde su esposa le había puesto la mano.

—Tu contacto me pone enfermo. Limítate a quedarte sentadita y a mantener tu estúpida boca cerrada.

Los dedos de Soul se apretaron alrededor de su copa de vino.

—Ya basta, Wess. Y, en lo que respecta a tu teoría sobre H. Spirit, espero que no te hayas apostado más de lo que te puedes permitir perder.

— ¿Ah, sí? ¿Por qué motivo?

—Porque yo conozco bastante bien a H. Spirit, y te aseguro que lleva pantalones.

Soul supo inmediatamente por la expresión de consternación que se dibujó en el rostro de Wess que su hermano se había excedido en sus apuestas.

Pero la beligerancia sustituyó rápidamente a la consternación, y Wess lo miró con los ojos entornados.

— ¿Dónde lo conociste?

—No estoy autorizado a decirlo.

— ¿Y cómo sé que estás diciendo la verdad?

— ¿Acaso estás poniendo en duda mi palabra, Wess? —preguntó Soul en un tono gélido y fingidamente sereno.

Los ojos rojizos de Wess se movían nerviosamente.

— ¿Me das tu palabra de caballero?

—Absolutamente —dijo Soul sin atisbo de duda—. De hecho, pienso pasarme por el club en cuanto me sea posible para poner fin a esas habladurías.

Con una indiferencia que estaba lejos de sentir, Soul se volvió hacia Tsubaki y le preguntó sobre la fiesta que estaba organizando, sabiendo que ella se extendería sobre los preparativos por lo menos durante un cuarto de hora.

Se aseguraría de pasarse por el club de camino a casa aquella misma noche para acallar aquel maldito rumor. Nadie se atrevería a cuestionar la palabra de honor del marqués de Evans.

Se dio cuenta de que probablemente aquélla era la primera vez en toda su vida que se sentía agradecido por el título que ostentaba.

—Una cena bastante cool, Black Star —comentó Soul varias horas después cuando él y su amigo se retiraron a la biblioteca. El duque y la duquesa se habían excusado, sin duda ansiosos por encontrarse con sus respectivos amantes, y Wess había salido del comedor tambaleándose y echando pestes contra Cynthia, quien lo siguió sumisamente. Tsubaki se había retirado a su alcoba alegando un fuerte dolor de cabeza. A Soul no le extrañó nada, pues a él también le latían las sienes a consecuencia de la tensión que se podía palpar en aquella atmósfera tan viciada.

Sirviéndose una generosa copa de brandy, Soul se la bebió de un trago. El licor le quemó la garganta y le relajó los tensos músculos. Enseguida volvió a servirse otra copa y se la llevó, junto con la garrafa, a la butaca orejera que había cerca del fuego, dejando el licor en una mesita baja de caoba, al lado del sillón.

Black Star se sirvió un dedo de brandy y tomó asiento en la butaca que había enfrente de la de Soul. Los dos hombres permanecieron en silencio durante varios minutos, mirando fijamente la danza de las llamas.

Black Star se aclaró la garganta.

—Si continúas bebiendo a ese ritmo, vas a acabar en un estado incluso peor que el de Wess al marcharse. —Miró la copa de brandy que Soul tenía en la mano—. Tal vez ya lo estés.

—Todavía no, pero ésa es mi meta —contestó Soul. Apuró la copa y se sirvió otra.

—Ya entiendo. Entonces, antes de que lo consigas, ¿quieres oír mis observaciones sobre la cena de hoy?

—Por supuesto, aunque estoy seguro de que coincidirán con las mías.

— ¿Cuáles son las tuyas?

—Mi hermano es un borracho ambicioso, ofensivo y endeudado que estoy seguro de que ha deseado verme muerto por lo menos una docena de veces durante la cena. —Volvió a dar otro trago al brandy, deseoso de alcanzar la insensibilidad—. ¿Tienes algo que añadir?

Black Star negó con la cabeza.

—No. —Tras varios minutos de violento silencio, preguntó—: ¿Quieres hablar sobre lo que realmente te preocupa?

El nudo que se le hizo a Soul en la garganta estuvo a punto de cortarle la respiración.

—No. —Dando un buen trago al brandy, miró fijamente las llamas. « ¿Por qué diablos no consigo mitigar el dolor? ¿Cuánto brandy necesitaré beber para que desaparezca de una vez por todas?»

—No es mi intención criticarte, Soul, pero... ¿consideras que beber hasta la inconsciencia es el mejor remedio a seguir? —le preguntó Black Star con voz serena—. Sea quien sea, la persona que ha intentado matarte está ahí fuera, esperando otra oportunidad. Apenas podrás defenderte si estás como una cuba.

Soul apoyó la cabeza en el respaldo de la butaca y cerró los ojos. El fuerte licor se iba filtrando en su interior, y él estaba empezando a alcanzar el estado de vacío mental que buscaba. Tal vez el alcohol no le ayudaría a encontrarse bien, pero, por lo menos, le evitaría encontrarse tan mal. De hecho, con un poco de suerte y unas cuantas copas más, dejaría de recordar cualquier cosa que le resultara dolorosa.

—Te importa. Ella te importa, ¿verdad? —La afirmación de Black Star, formulada con una gran delicadeza, golpeó a Soul como un jarro de agua fría—. Por eso te sientes tan desgraciado.

Soul abrió los ojos e inmediatamente se percató de su estado de embriaguez. Tres Black Star flotaban en el aire delante de él. Volvió a cerrar fuertemente los ojos.

—No sé de qué me estás hablando —le dijo arrastrando la voz.

—Sí, lo sabes —dijo Black Star implacablemente—. No has sido el mismo desde que volviste a Londres. Estás triste, enfadado, con un humor de perros, y saltas a la más mínima contra todo el que se te acerca. No es que te merecieras ganar ningún premio de sociabilidad antes de tu estancia en Death City, pero ahora estás insoportable, casi imposible.

—No me adules tanto que luego no pasaré por la puerta.

—Si te importa tanto esa mujer, ¿por qué no vas a verla? Dile quién eres en realidad. Sé sincero con ella. Si le importabas cuando no eras más que un tutor, le encantará saber que eres un marqués y el heredero de un ducado.

—Me detestaría por haberla mentido —dijo Soul en tono sepulcral y desapasionado. Dio un buen trago al brandy—. Maka valora la sinceridad y la honestidad por encima de todo. Créeme, Black Star, ella está mucho mejor sin mí.

—En tu estado actual, no lo dudo. Pero está más claro que el agua que tú no estás mejor sin ella.

—Aunque quisiera volverla a ver, no puedo. No en mi actual situación —dijo Soul con voz gangosa y cansina—. Mi vida corre peligro. Si Maka estuviera conmigo, ella también correría peligro. Si yo volviera ahora a Death City, pondría a toda su familia en peligro. Si me siguieran, guiaría a un asesino hasta su puerta.

Black Star lo miró fijamente, con un destello de comprensión en los ojos.

— ¡Por Dios, Soul! No sólo te importa, estás enamorado de ella, la quieres.

Soul negó con la cabeza y se arrepintió inmediatamente de haberlo hecho cuando el movimiento le desencadenó al instante un fuerte martilleo en las sienes.

—No digas ridiculeces. El amor no es más que un conjunto de palabras biensonantes recitadas por hombres como lord Byron.

—Tal vez pensaras eso antes, pero me apuesto lo que quieras a que últimamente has cambiado de opinión.

Soul hizo un gran esfuerzo por abrir sus pesados párpados y miró el fuego. Ante él danzaban bellas imágenes, imágenes que llevaba las dos últimas semanas tratando de olvidar. Pero no lo conseguía. Por mucho que trabajara o por mucho que bebiera, no podía quitarse a Maka de la cabeza.

Maka riéndose, Maka jugando con los niños, Maka leyéndole un cuento a Patty, Maka dando clases sobre Shakespeare a los chicos, Maka riñendo sin enfadarse a sus salvajes perros, Maka envolviendo a Chrona con una colcha apolillada para ocultar su vestido mojado de la mirada de Death the Kid.

No podía dejar de dar vueltas a los días que había pasado en la casa de los Albarn, y se dio cuenta de que aquélla había sido la época más feliz de toda su vida. A los Albarn les importaba él. No su fortuna. Le habían incluido en todos los aspectos de sus vidas, habían compartido con él cuanto tenían. Nunca se había sentido tan a gusto en toda su vida. Y todo se había acabado.

Todo.

«¡Maldita sea! ¡Cómo lo echo de menos!»

Soul echaba de menos el ruido, la confusión y el caos general que reinaba en la casa de los Albarn. Echaba de menos el sonido de las risas y el calor de las sonrisas que se intercambiaban en la mesa del desayuno. Echaba de menos coger la diminuta mano de Patty durante la oración de la cena. Y sobre todo, echaba de menos a Maka.

« ¡Por todos los santos! ¡Cómo la echo de menos! Añoro su ternura y su bondad. Me muero por sentir el tacto de sus manos, el sabor de sus besos, la sensación de su cuerpo contra el mío, piel con piel, aquella mirada de amor y admiración brillando en sus expresivos ojos.»

—Les echas de menos.

Las palabras de Black Star reflejaron con tal precisión los pensamientos de Soul que éste no se pudo contener una risa llena de amargura. Luego tragó saliva y asintió.

—Sí. —«Les echo muchísimo de menos. No te imaginas hasta qué punto.»

Le costó un gran esfuerzo decir aquella palabra con el inmenso nudo que se le había hecho en la garganta. Tras engullir el poco brandy que le quedaba en la copa, Soul dejó con cuidado la copa junto a la garrafa que había en la mesa de caoba. Se inclinó hacia delante, apoyó los codos en las rodillas y hundió el rostro en las palmas. Se sentía vacío, triste, desgraciado, increíblemente culpable y mucho más que un poco borracho.

—Me dijo que se había enamorado de mí. Que me quería —dijo Soul arrastrando la voz, incapaz de contener las palabras—. Me dijo que no tenía por qué irme, que podía buscarme un trabajo como tutor en Death City y ser un miembro más de la familia. —Se pasó las manos por la cara y luego entrelazó fuertemente los dedos de ambas manos entre las rodillas abiertas, bajando la cabeza en un gesto de profunda aflicción.

Súbitamente, levantó la cabeza y clavó su apagada mirada en Black Star.

— ¿Y sabes qué hice yo cuando me dijo que me quería? ¿Sabes qué le di yo a cambio de lo bien que se había portado conmigo? ¿A cambio de haberme salvado la vida? ¿De ofrecerme su amor? —Se le escapó una risa amarga—. Ahora te explico lo que hice, lo que le di yo a cambio. Le robé la inocencia y me marché a la mañana siguiente. Sin una palabra. No, eso no es del todo cierto. Le dejé una carta en la que le decía que se buscara a otro hombre a quien amar.

Black Star lo miró fijamente, visiblemente impresionado.

— ¿Comprometiste la reputación de la señorita Albarn?

—Completamente.

Black Star miró a Soul con los ojos como platos. Abrió la boca, pero no le salieron las palabras.

— ¿Nada que añadir? —dijo Soul con una rancia sonrisa en los labios—. ¿He conseguido impresionarte?

—He de reconocer que sí—admitió Black Star. Tras una larga pausa, preguntó—: ¿Has considerado la posibilidad de que hayas podido dejarla embarazada?

Soul sintió como si faltara oxígeno en la habitación. «¡Dios! ¿Cómo no he pensado en eso antes? Porque estaba demasiado abatido para pensar con claridad.» No, no lo había considerado.

— ¿Y si está embarazada?

El brandy estaba haciendo que a Soul le diera vueltas la cabeza a gran velocidad.

—No lo puedo saber. Ya haré mis averiguaciones discretamente dentro de varios meses para saber cómo está y si está esperando un hijo.

— ¡Dios mío, Soul! Creí que era una posibilidad factible que la señorita Albarn perdiera la cabeza por ti, pero debo admitir que, a pesar de mis bromas, nunca pensé seriamente que tú pudieras perderla por ella.

—Es un ángel —dijo Soul, arrastrando tanto la voz que apenas se le entendía. Se le cayeron los párpados y luego añadió—: Hermosa Maka, del valle de heno. ¡Dios, cómo la echo de menos...! —Su voz se fue desvaneciendo y se le desplomó la cabeza hacia un lado.

Black Star negó repetidamente con la cabeza, visiblemente sorprendido. No se podía creer que Soul estuviera reducido a un estado tan lamentable. Y estaba francamente sorprendido por lo que Soul acababa de reconocer en pleno estupor etílico. «Debo ayudarle a recuperar la sensatez e intentar mantenerlo sobrio o, si no, sea quien sea la persona que quiere verlo muerto, seguro que logra su objetivo.»

Cogió a Soul por las axilas y lo levantó de la butaca. « ¡Dios! Pesa una tonelada. Una tonelada de peso muerto empapado en brandy. Pero un dios como yo puede hacerlo.» Soul se enderezó un poco y Black Star medio lo empujó y lo arrastró escaleras arriba. Lo llevó a una de las habitaciones para invitados y lo dejó caer sin demasiados miramientos sobre la cama.

Black Star miró a su amigo con el corazón encogido y embargado por la lástima. En vista de las palabras de Soul y de su estado actual, tan impropio de él, Black Star sólo podía concluir que su amigo estaba enamorado de Maka hasta la médula. Se preguntaba cuánto tiempo tardaría él en darse cuenta. Lo único que Black Star deseaba es que no tardara demasiado.


:c

añlsdjalfkajñdslkf me deprimo~ ;w;

¿Alguien quiere zarandear a Soul y golpearlo hasta que vuelva con Maka? xD Yo sí e.e

Ejem~ Como decía... ¿qué les pareció? Ya casi vamos por la recta final de esta hermosa historia! D:

Bueno~ Respondiendo reviews~:

Julian & Jumbiie Hara Roth: xDDDD! Son unos pervs! D: xD aquí está la conti :3

Gisselle Lee Evans: D: será que Makita esté embarazada? quién sabe! xD sdlfñjalsdk tendrás que seguir esperando para saber! :3

niixuiix: La verdad que Maka es una perv! Pero bueno~ yo tampoco me cansaría de Soulsitou~ klsañfjlsd xD! Y sí, en esos tiempos tener un hijo sin estar casada es horrible xD todos te tachan de bitch :c y te diré que Soul es un amor! es lo único que puedo decirte xD y gracias c:

Ellie77: Amore mio~ algunas veces me ha pasado xD dices algo como "ah, ya dejé review.. creo, quiero que actualices mierda!" o bueno, eso pienso yo xD aslñdjflsdfasd xD qué es ganosa? xDDD y yo también amé el lemmon ;w; es totalmente hermoso~ y alsñfjlsdkjfasd xD eres una pervertida pero así te amo, querida~ (?) kyaa~

hikary-neko: Eres una pervertida! PERVERTIDA! xDDD sdalñfjlsdfjlkasdjflñkjsd por qué me reclamas a mí!? Ni que yo la hubiera escrito! xD

shiku-mya: xD Perv D: *toma el anillo y lo observa* aslfñjsdlfjaksld es hermoso, shiku-chan D: pero Ellie me matará si lo acepto u.u es muy celosa (?) quién no querría una tercera vez con Soul!? Es decir... míralo! xD Y aquí está la conti, queridisha~ te amo~ (?)

Bell Star: xD petarda? lol xD dlñfjañsdlkjfls Maka es una perv! Y también amo a la autora, te recomiendo "Ladrón de Novias" es otra de ella y es hermosa *O* la he leído 570203489572394 veces y me sigue enamorando esa lectura... como ésta *3* y me alegro que te haya gustado mi english review xD y para que lo sepa no utilicé traductor google nyajajajja! (?) :3 Gracias, Bell-chan~ yo también te quello mucho~

AN-drex: Y chico pervertido! Sí es corto, pero bueh~ maybe habrá otro... quién sabe o:

Chicos! Amo sus reviews! Me en-can-tan! Los amo tanto que podría morir (?)

Bueh~ aquí les dejo sus adelantos~:

"—Soul se pondrá bien, mi diosa —le dijo intentando tranquilizarla—. Créeme, no hay nada que puedas hacer para ayudarle, salvo tener paciencia con él. Pronto volverá a ser el mismo Soul de siempre.

Tsubaki se acurrucó contra el pecho de su marido, con una sonrisa furtiva en los labios. « ¿Que no hay nada que pueda hacer para ayudarle?»

«Eso ya lo veremos.»

.-.-.-.-.-

No había sido capaz siquiera de mirar el jardín. No soportaba ver las flores, sobre todo los pensamientos. Y no había dormido en su cama desde que él se fue, incapaz de acostarse donde habían pasado la noche haciendo el amor.

Puesto que tampoco conseguía conciliar el sueño, se pasaba la mayor parte de las noches en el despacho de su padre, escribiendo hasta la madrugada.

.-.-.-.-.-

—Tengo un mensaje para usted de la condesa de Star. La condesa me ha pedido que esperara para recibir su respuesta.

—¿La condesa de Star? —repitió Maka completamente desorientada. Cogió el grueso trozo de papel y le dio varias vueltas—. Nunca había oído ese nombre hasta hoy. ¿Está seguro de que el mensaje es para mí?

—La condesa de Star me invita mañana a su casa de Londres a tomar té. Dice que, aunque no nos conozcamos, recientemente ha descubierto que tenemos amigos comunes y que le encantaría conocerme personalmente.

—¿Qué amigos comunes? —preguntó Chrona, intentando leer la nota asomándose tras el hombro de Maka.

—No lo menciona.

.-.-.-.-.-

—Alguien intenta matarle, Maka."

D:

¿Alguien sabe quiénes son los amigos en común? xD

añsdfjaklsjlfas

6 reviews, plz :3

Los amo~

By.

Ren Miyamoto