Ola ke ase?
Dedicado a mi querida novia, Ellie77~ Love 'ya darling~
Soul Eater no me pertenece, ni Rosas Rojas :3
Capítulo 15
Maka se levantó del banco e inició el largo paseo de vuelta a la mansión. Llevaba andando varios minutos cuando oyó unas voces apagadas a lo lejos. Al principio, no les prestó atención, sintiendo sólo una ligera irritación por la posibilidad de cruzarse con alguien y verse forzada a mantener una conversación, algo que, desde luego, no le apetecía lo más mínimo. Lo único que quería era irse de aquella horrible fiesta y volver a Death City lo antes posible.
Aceleró el paso, esperando que las personas que estaban conversando no se percataran de su presencia. Pero, conforme se iba acercando a ellas, varias palabras inconexas llegaron a sus oídos: «Esperaba... Molestia... Pistola... Obvio... Matarte...»
La palabra «matarte» la hizo aminorar la marcha. Se detuvo, aguzando el oído. Las voces venían del otro lado del seto. Se acercó un poco más al seto y se dio cuenta de que una voz era de mujer y la otra de hombre. Sus ojos se abrieron de par en par cuando volvió a oír hablar al hombre: «¿Y dónde está mi querido hermano? Venga, Wess, sal de tu escondrijo. ¿Te has ocultado entre los setos?»
Maka reconoció de inmediato la voz de Soul. Se agachó, miró entre las ramas del seto y observó atentamente intentando ver algo en la oscuridad. Soul estaba sentado en un banco, a unos seis metros de ella. Hablaba con una mujer que se encontraba de espaldas a Maka.
Escuchó atentamente la conversación, aumentando su horror a cada segundo que pasaba. «¡Dios mío! Si no hago algo, esa mujer va a disparar a Soul.» Se puso de pie y miró alrededor completamente desesperada. La casa estaba demasiados lejos para ir a pedir ayuda. Aquella loca podía apretar el gatillo en cualquier momento. Procuró respirar más pausadamente y mantener la calma mientras se rompía la cabeza intentando idear un plan. Al volver a mirar a través del seto, vio a la mujer nivelando la pistola con el pecho de Soul.
—¿Quieres decir tus últimas palabras? —dijo la mujer teatralmente.
Maka respiró hondo y pensó: «Ahora o nunca.»
Y se lanzó contra el seto.
—¡Uf!
Maka no volvió a exhalar hasta que aterrizó sobre el césped, encima de la mujer. La fría pistola salió despedida cuando ambas chocaron contra el suelo. La mujer se quejó e intentó moverse, pero Maka la retuvo.
—Quíteme las manos de encima—gritó la mujer, intentando zafarse de ella.
—No pienso hacerlo —dijo Maka apretando los dientes. Se sentó sobre la espalda de su prisionera, y le aplastó los hombros contra el suelo con ambos brazos. Miró a su alrededor y sintió un gran alivio al ver la pistola en el suelo a varios metros. Su mirada se desplazó hasta el banco donde estaba sentado Soul, y se le paró el corazón.
Soul estaba estirado en el suelo, inmóvil, boca abajo.
—¡No! ¡Dios mío, no! —Su angustiosa súplica retumbó en el silencio de la noche. Se olvidó inmediatamente de la mujer que tenía debajo. Se levantó de un salto y corrió junto a Soul. Arrodillándose, le dio la vuelta con suavidad y emitió un grito sofocado. Soul tenía la cara cubierta de sangre y una herida en la sien que le sangraba profusamente. Maka percibió un fuerte olor metálico. Temerosa incluso de respirar, le puso una mano en el pecho y casi se desmayó del alivio al sentir el latido del corazón bajo la palma—. Soul, Dios mío, ¿me oyes? —Le tocó suavemente la cara con dedos temblorosos. Él escudriñó su rostro por un instante y luego cerró lentamente los ojos—: ¡Soul! —gritó Maka en tono desgarrador. Con el rabillo del ojo, captó un movimiento. Miró a su alrededor y vio a la loca avanzando hacia ella mientras se sacaba una pequeña pistola de entre los pliegues de la falda. Una negra oleada de odio, que no se parecía a nada de lo que Maka había sentido antes, se adueñó completamente de ella. Dejó con sumo cuidado la cabeza de Soul en el suelo y luego se levantó y se encaró a la mujer que se le estaba acercando.
—No sé quién es usted, pero ha cometido un grave error —dijo la mujer, mientras seguía avanzando hacia ellos, deteniéndose a poco más de un metro. Y volvió a apuntar con la pistola a Soul.
Maka no dudó ni un momento. Se lanzó contra la mujer, empujándola hacia atrás con todas sus fuerzas. La estatura de Maka, combinada con su rabia, derrumbó a la mujer, que acabó tumbada boca arriba sobre el césped, desarmada de nuevo y completamente aturdida. Cogiendo la pistola del suelo, Maka se le acercó y la apuntó desde arriba, dispuesta a apretar el gatillo si fuera necesario.
Se oyeron gritos y el ruido de pasos corriendo detrás de Maka. Una distracción momentánea la hizo apartar la vista de la loca durante una fracción de segundo.
Fue suficiente.
La mujer se arrojó sobre Maka, a la que cogió desprevenida. Maka cayó al suelo y la pistola salió despedida de su mano, volando por los aires. La mujer intentó desesperadamente hacerse con el arma, cogiéndola al vuelo por la empuñadura. Riéndose triunfalmente, empuñó la pistola y apuntó al pecho de Maka.
El ruido del disparo retumbó en el silencio de la noche.
Black Star atravesó el seto, jadeando, e inspeccionó visualmente sus alrededores. Contempló la escena que tenía delante y se le heló la sangre en las venas. Había una mujer tirada en el césped, cubierta de sangre. Otra mujer estaba sentada a pocos metros con la cara hundida en las palmas. También había un hombre en el suelo, medio oculto tras un banco de mármol.
—¿Qué ha ocurrido? —preguntó a Shinigami, el agente de la ley que se encontraba arrodillado junto a una de las mujeres.
—Está muerta—informó él sin el menor atisbo de emoción en la voz.
Black Star se arrodilló junto a Shinigami y miró el rostro de la mujer muerta.
—¡Santo Dios! —susurró, consternado. Miró a la otra mujer y luego la volvió a mirar para cerciorarse. Los ojos casi se le salen de las órbitas—. ¿Señorita Albarn? —No se habría quedado más helado si se le hubiera aparecido la mismísima Virgen María—. ¿Qué diablos está haciendo usted a aquí? —Luego volvió a dirigirse a Shinigami—. ¿Qué ha pasado?
Antes de que ninguno de los dos pudiera responder, Sid Barett, el otro agente de la ley, chilló:
—Es lord Evans. Le han disparado.
Black Star se levantó de un salto y corrió hasta donde estaba Sid. Echó una mirada al rostro ensangrentado de Soul y le dio un vuelco el corazón.
—¿Está vivo?
—Sí, pero debe verlo un médico sin tardanza.
—Vaya a buscar al doctor Tezca Tiploca, es uno de los invitados de la fiesta —ordenó a Sid, quien se fue corriendo a cumplir el mandato. Black Star se quitó rápidamente la chaqueta y se la puso encima a Soul, rogando a Dios que su amigo sobreviviera.
A poco más de un metro, Maka se puso en pie temblando y se apartó el pelo de los ojos. Vio a la mujer en el suelo y a un hombre arrodillado junto a ella. El hombre se levantó y se acercó a Maka.
—¿Está muerta? —susurró Maka. Un escalofrío le recorrió la espalda.
—Lo está —asintió el hombre.
—Le ha disparado usted —dijo Maka. Luego respiró hondo y tragó saliva, mientras se echaba a temblar—. Me ha salvado la vida —añadió con un hilo de voz—Gracias.
—No se merecen, ¿señorita...?
—Albarn. Maka Albarn.
—Yo me llamo Shinigami —dijo amablemente. Tomándola del brazo, añadió—: ¿Por qué no me deja que la acompañe hasta la mansión, señorita Albarn, y...?
—No. —Maka negó con la cabeza y se volvió hacia Soul—. Quiero quedarme. —Se soltó del brazo de Shinigami y se acercó a Soul, arrodillándose junto a él—. ¿Está vivo? —preguntó a Black Star, aterrada por la posible respuesta.
Black Star la miró.
—Sí. Parece que todavía le queda un atisbo de vida.
En aquel momento llegó el médico, seguido casi inmediatamente de Tsubaki y otro hombre. En vista de su parecido con Soul, Maka supuso que era su hermano, Wess, el esposo de la loca. El médico empezó inmediatamente a explorar a Soul, y Black Star abrazó a Tsubaki contra su pecho.
Wess miró a su esposa muerta y se quedó lívido.
—¿Qué diablos ha pasado aquí? —preguntó con voz trémula.
—Eso es lo que vamos a esclarecer —dijo Shinigami con serenidad. Ordenó a Sid que mandara a los invitados de vuelta a la mansión y que llamara al juez. Mientras Sid cumplía sus órdenes, el resto del grupo se separó del médico para dejarle trabajar.
Shinigami preguntó a Maka qué había pasado en el jardín, y ella relató con claridad lo ocurrido. Todos la escucharon, con expresión de consternación en sus rostros. Cuando hubo acabado, Shinigami prosiguió con el relato.
—Oí voces al otro lado del seto. Miré a través del seto y vi a lady Cynthia apuntando a la señorita Albarn con una pistola. Apunté a través del seto y disparé. —Su mirada se desplazó hasta el cuerpo muerto que había estirado sobre el césped—Atravesé el seto, seguido de lord Star y de Sid. Encontramos a lady Cynthia muerta, a la señorita Albarn conmocionada y a lord Evans malherido.
—No me lo puedo creer —musitó Wess negando repetidamente con la cabeza con expresión atormentada.
Tsubaki se volvió hacia Maka con los ojos llenos de lágrimas.
—¿Cómo podremos agradecérselo? —le preguntó con voz trémula—. Le ha salvado la vida a Soul. Otra vez.
—Ruego a Dios que así sea —susurró Maka con voz entrecortada—. Ruego a Dios que así sea.
Maka estaba mirando fijamente por la ventana del salón, observando cómo el cielo se aclaraba con la llegada del amanecer. Hacía una hora que el médico había dicho que Soul sobreviviría. La bala sólo le había rozado, pero había perdido mucha sangre, de ahí su prolongada pérdida de conciencia. Su familia había ido a verlo a su alcoba, pero Maka se había quedado en el salón, a pesar de la invitación de Tsubaki para que los acompañara. Ella no era un miembro de la familia y además prefería estar sola.
Notó que alguien le tocaba la espalda y se volvió. Tsubaki estaba a su lado.
—Acabo de estar en la habitación de Soul —le dijo.
—¿Cómo está?
—Está durmiendo. El médico le ha dado láudano.
Maka apretó fuertemente los ojos y exhaló aliviada.
—Gracias a Dios.
Tsubaki sonrió.
—Gracias a usted. Estaría muerto si no hubiera sido por usted.
Maka miró hacia abajo mientras sus dedos jugueteaban nerviosamente con los pliegues de su vestido marrón. Se había traído una muda de ropa porque había planeado quedarse a allí a dormir tras la fiesta.
—Gracias por su hospitalidad, pero realmente debo volver a casa.
—No puede pensar en marcharse ahora. Está amaneciendo y no ha dormido nada.
—Debo volver con mi familia. —«¡Necesito salir de aquí!»
Tsubaki le dirigió una penetrante mirada, pero Maka se mantuvo en sus trece. Al final, Tsubaki dijo:
—Si es eso lo que desea... Pero ¿no quiere ver a Soul? Todos los demás han ido a ver cómo está.
—No —contestó Maka enseguida, negando con la cabeza. No es necesario.
Una expresión de preocupación y extrañeza se dibujó en el rostro de Tsubaki.
—¿Por qué no quiere verle? ¿Ha pasado algo en el jardín que no me haya explicado?
Maka bajó los ojos y miró fijamente la alfombra. «Soy el marqués de Evans... No tengo el deseo ni la intención de proseguir esta discusión. Cualquier relación que hayamos podido tener es cosa del pasado.» Maka parpadeó para contener las lágrimas que amenazaban con aflorar a borbotones.
—No. No ha pasado nada.
—Vaya a verle —insistió Tsubaki, estrechando las manos de Maka entre las suyas—. Él la necesita.
«Ojalá fuera cierto.»
—No, no me necesita.
—Sí que la necesita, Maka. Y usted lo sabe. Venga. La acompaño.
De pie junto a la cama, mirando a Soul desde arriba, Maka tuvo la extraña sensación de que se repetía la historia. Él llevaba un vendaje blanco alrededor de la cabeza parcialmente cubierto por un mechón de pelo blanco. Sus rasgos, relajados; su respiración, regular. Tenía exactamente el mismo aspecto que el hombre que ella había rescatado y cuidado en su casa. «¿Sólo fue hace unas pocas semanas? Parece que haya transcurrido toda una vida.»
En menos de un mes todo su mundo había cambiado, elevándola a las alturas del éxtasis sólo para hundirla en las profundidades de la desesperación. Se había enamorado profunda, loca y perdidamente de un completo extraño, un hombre que había descubierto que no conocía en absoluto, un hombre que aquella noche le había dejado tan claro como el agua que ella no significaba nada para él y que no quería tener nada que ver con ella. «Si fueras la persona que yo creía que eras, un simple tutor, un hombre sin familia que me necesitaba, me quería y me deseaba, como yo te deseaba, te quería y te necesitaba a ti...» Se le escapó una sola lágrima que le resbaló lentamente por la mejilla. «No desees lo que no puedes tener.»
Maka se dio media vuelta y se dirigió a la puerta. Se detuvo momentáneamente en el umbral y observó al hombre que yacía en aquella cama. Lamentó profundamente la pérdida de Soul Evanson, el hombre de quien se había enamorado. Y deseó una larga y feliz vida al marqués de Evans, fuera quien fuese.
Luego cerró silenciosamente la puerta tras de sí.
Tuvo que pasar una semana entera para que Maka empezara a volver a ser la misma de antes. Por fin, aunque no se encontrara exactamente bien, por lo menos, no se encontraba tan francamente mal. Todavía le dolía el pecho cuando pensaba en Soul, pero había tomado la firme determinación de quitárselo de la cabeza.
Afortunadamente, tenía muchas cosas con que mantenerse ocupada, la más importante de la cuales era el séptimo cumpleaños de Patty. Maka se complicó bastante la vida organizando la fiesta, en parte porque quería que aquél fuera un día memorable para Patty, pero también porque aquella celebración le proporcionaba algo en que centrarse. La familia al completo estaba sumamente ajetreada haciendo regalos y buscando lugares ingeniosos donde ocultarlos de los curiosos ojos de Patty.
—No encuentro ninguno de mis regalos —se quejó Patty el día antes de la fiesta.
—Se supone que no tienes que encontrarlos —le contestó Maka con una sonrisa—. No habrá regalos hasta mañana.
—He buscado por todas partes. Hasta en el cuarto de Harvar. —Patty se acercó a Maka y le susurró al oído—: Tiene dibujos de señoritas medio desnudas debajo de la cama.
La sonrisa de Maka se esfumó.
—Patty, es de mala educación meter las narices en las cosas de otras personas. Estoy segura de que esas señoritas son, ejem... amigas de Harvar.
—No, no lo creo. Parecen malas y...
—¿Por qué no vas a buscar a Chrona y a los chicos y bañáis a Winky, Pinky y Stinky? —sugirió Maka en un intento desesperado de cambiar de tema de conversación—. No podrán asistir a tu fiesta si van así de sucios.
—Desde luego que no —asintió Patty, cambiando de foco de atención—. Sobre todo Stinky.
Al cabo de menos de media hora, los Albarn bajaron en masa al lago, cargados con cubos y jabón. Silbaron para llamar a los perros y, en cuestión de segundos, las tres inmensas bestias salieron del bosque a toda velocidad. Los chicos llenaron los cubos y tiraron agua sobre los perros mientras éstos corrían de aquí para allá.
Winky, Pinky y Stinky conocían muy bien el juego y, moviendo las colas y ladrando ruidosamente, se lanzaban contra el agua, intentando coger al vuelo la espuma. Todo el mundo estaba riendo, sin aliento y empapado, cuando una voz masculina irrumpió en la algarabía.
—Parece ser que siempre encuentro a las damas Albarn en las situaciones más sorprendentes cada vez que se me ocurre venir sin avisar.
Todo el mundo se volvió hacia la voz. Death the Kid estaba de pie a unos seis metros, con una amplia sonrisa.
El rostro de Chrona se tiñó de un rojo intenso mientras dirigía a Maka una mirada de angustiado bochorno.
—Hola, Kid —gritó Maka, saludándole con la mano. Luego guiñó rápidamente el ojo a Chrona y añadió—: ¿Le gustaría unirse a nosotros?
Kid se acercó, quitándose la chaqueta mientras caminaba, con los ojos clavados en Chrona. Tras dejar la chaqueta en la hierba, se sumergió en el agua hasta las rodillas sin dudarlo ni un momento.
—¿Qué hago? —preguntó con una maliciosa sonrisa en su atractivo rostro.
Maka le lanzó un trapo mojado, que se estrelló contra la camisa de Kid, mojándosela.
—Coja un perro, cualquier perro, e intente lavarlo—. Le hizo un gesto jovial con la mano—. Buena suerte.
A los seis les costó más de una hora encontrar alguna mejoría en el aspecto de los perros. En cuanto conseguían coger a un perro y lavarlo, la maldita bestia corría al bosque y regresaba cubierta otra vez de barro y hojas secas.
Pero, por fin, los animales se tranquilizaron y, entre risas y bromas, los Albarn lograron bañarlos con la impagable ayuda de Kid. En cuanto concluyeron, Maka envió a Patty y a los chicos por delante para que se lavaran y se cambiaran de ropa. Se agachó para recoger los cubos y el poco jabón que había sobrado y, cuando se levantó, vio a Chrona y a Kid muy cerca el uno del otro, cogidos de la mano. Maka enseguida apartó la mirada, sin querer interrumpir un momento tan íntimo.
Se apresuró a recoger el resto de los utensilios y, cuando se disponía a volver a casa, se le acercaron Chrona y Kid. Maka no pudo evitar fijarse en la expresión radiante de sus rostros y en que iban cogidos de la mano.
Tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa al contemplar el aspecto desaliñado de Kid. Tenía una pinta de lo más impropia de un médico. Se preguntó qué pensarían sus colegas del Ilustre Colegio de Médicos si le vieran en aquel estado.
—Ha sido muy amable de su parte ayudarnos a bañar a los perros —dijo Maka con una sonrisa.
Kid sonrió.
—Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.
Maka volvió a coger los cubos que había depositado puntualmente en el suelo.
—Bueno, si me disculpan, ahora soy yo la que necesito desesperadamente bañarme.
—Si no le importa—se apresuró a decir Kid—, me gustaría hablar un rato con usted.
Volviendo a dejar los cubos en el suelo, Maka le dedicó toda su atención.
—Por supuesto que no me importa, Kid. Usted dirá.
Kid carraspeó varias veces.
—Bueno, ejem, en ausencia de una madre o un padre de familia, y puesto que usted es la adulta que lleva la casa... —Se detuvo a media frase, ruborizándose un poco más con cada minuto que pasaba—. Bueno, siendo ésa la situación, creo que usted debe ser la primera en saber que le acabo de pedir a Chrona que se case. Conmigo. —Volvió a carraspear.
Maka tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantener una expresión de seriedad acorde con la solemnidad de la situación. Allí estaban los dos, con aquel aspecto tan desaliñado, fuertemente cogidos de la mano y con el amor reflejándose ostensiblemente en sus radiantes rostros. Se volvió hacia Chrona.
—¿Quieres casarte con Kid, Chrona? —preguntó Maka en lo que esperaba que pareciera un tono serio.
Chrona asintió tan enérgicamente que Maka temió que se fuera a marear.
—Oh, sí.
Luego Maka se volvió hacia Kid:
—¿Por qué quiere casarse con mi hermana?
—Porque la quiero—dijo sin dudar—. Quiero compartir mi vida con ella. Quiero que sea mi esposa.
Maka sonrió.
—Eso es cuanto necesito saber. —Se acercó y los abrazó a ambos a la vez—. Estoy muy contenta por los dos —dijo, conteniendo las lágrimas. «Todo cuanto quería para ella se está haciendo realidad.» Frotándose los ojos, Maka añadió con una risita—: Estaba pensando, Chrona, que nos hemos gastado una fortuna comprándote vestidos preciosos, y mira en qué momento se le ha ocurrido a Kid pedirte que te cases con él. Hueles a perro muerto y pareces un gato ahogado.
Chrona se rió y miró a Kid con ojos radiantes de felicidad, quien la rodeó por la cintura y la apretó contra su costado.
—Pero un gato ahogado muy hermoso —dijo Kid. Miró al rostro de Chrona, que le observaba emocionada desde abajo y se desvaneció su risa. La miró extasiado y añadió—: Francamente hermoso.
Maka era lo bastante inteligente como para saber cuándo estaba de más su presencia, y aquél era, sin lugar a dudas, uno de esos momentos. Se apresuró a disculparse y dejó solos a Chrona y a Kid. Cargada de cubos y trapos, tomó el sendero que llevaba hasta la casa. Justo antes de que el sendero describiera un recodo, miró hacia atrás.
Chrona y Kid estaban fundidos en un fuerte abrazo y Kid besaba apasionadamente a su hermana. Maka se dio la vuelta y reanudó su camino. Sabía lo maravilloso que es y lo dichosa que se siente una mujer cuando el hombre a quien ama la estrecha entre sus brazos.
Agradeció a Dios que la felicidad de Chrona fuera real y no un mero producto de su imaginación.
Más tarde aquel mismo día, Maka estaba en el jardín, agachada arrancando malas hierbas con desgana. Aquella actividad era demasiado lenta y demasiado solitaria, y propiciaba demasiado fácilmente la introspección. Y Maka había descubierto que la introspección no le iba bien. Le llevaba sólo a un lugar, siempre al mismo lugar.
Soul.
Y pensar en Soul le llevaba siempre al mismo lugar.
La aflicción.
Tras la divertida informalidad de bañar a los perros, arrancar malas hierbas le resultaba demasiado pesado y aburrido. Tal vez escribir la ayudaría a dejar de pensar en las cosas en que no quería pensar. Suspirando, se levantó yse quitó de un tirón los guantes de jardinería.
—Hola, Maka.
Sobrecogida, se dio la vuelta.
—¡Dios mío, Giriko, me has dado un buen susto!
Él sonrió.
—Lo siento. Tienes un jardín precioso.
—Gracias. Me encanta la jardinería. —En realidad, apenas soportaba mirar las flores, pero tampoco podía dejarlas morir por falta de cuidados—. ¿Querías hablar conmigo?
—Sí, de hecho, eso es exactamente lo que quería. Hablar contigo. —Le ofreció el codo—. ¿Te apetece dar un paseo?
Maka dudó un momento y luego se encogió de hombros. Con tal de mantener la mente ocupada, cualquier cosa serviría.
—Está bien. —Dejó los guantes en la cesta y se cogió del brazo de Giriko.
Pasearon lentamente por el jardín hablando sobre naderías hasta que Giriko se detuvo. Se volvió hacia Maka, y ella notó que se estaba poniendo serio por momentos.
—¡Por Dios, Giriko! Por tu forma de mirarme, parece como si se fuera a acabar el mundo. ¿Va algo mal?
—No, sólo que tengo algo importante que decirte.
—¡Por todos los santos, haz el favor de decírmelo!
Giriko se soltó de Maka bruscamente, entrelazó los dedos de ambas manos detrás de la espalda y empezó a andar delante de ella.
—He estado pensando bastante en ti desde mi regreso a Death City.
Maka arqueó las cejas en señal de extrañeza.
—¿Ah, sí?
Giriko asintió, sin reducir el paso.
—Sí, de hecho, también pensé a menudo en ti mientras estaba fuera. —Hizo una pausa y la miró—: Y tú, ¿pensaste también en mí?
«Por supuesto que sí. Tenía ganas de golpearte con una cacerola en la cabeza por haberme abandonado.»
—Sí. A veces.
Él exhaló sonoramente.
—Excelente. Como te decía, desde mi vuelta he estado pensando bastante en ti, o mejor dicho, en nosotros, en cómo fueron las cosas antes de mi partida. Cuando me fui, era considerablemente más joven y bastante inexperto. —Un súbito rubor tiñó las mejillas de Giriko—. Lo que te quería decir es que ya no soy un chiquillo. Hace tres años, no estaba preparado para asumir la responsabilidad de sacar adelante a toda tu familia. —Se pasó un dedo por el pañuelo que llevaba en el cuello—. Pero creo que ahora sí lo estoy.
Maka se limitó a mirarlo fijamente.
—No te entiendo.
—Chrona se casará pronto, sobre todo si Death the Kid no se duerme...
—Le ha pedido que se case con él hoy mismo —interrumpió Maka—. Y ella ha aceptado.
Una sonrisa triunfal curvó sus labios.
—¡Ya lo decía yo! ¿Lo ves?
—De hecho, no...
—Ragnarok y Hero están creciditos y son bastante autosuficientes, y Patty ha dejado de ser un bebé. —Alargó los brazos y los apoyó en los hombros de Maka—. En otras palabras, lo que tanto me imponía e intimidaba hace tres años ha dejado de imponerme y de intimidarme.
Maka lo miró fijamente sin entender absolutamente nada.
—¿Qué pretendes decirme?
—Quiero que te cases conmigo.
La expresión de extrañeza de Maka dio paso a otra de profunda estupefacción.
Giriko cogió con más fuerza a Maka por los hombros y la atrajo hacia sí. Inclinándose hacia delante rozó sus labios con los de ella varias veces en una serie de castos besos y luego se retiró.
Los labios de Giriko se iluminaron con una sonrisa.
—Ya veo por tu expresión que te he sorprendido.
—Me has dejado completamente anonadada —consiguió articular Maka cuando logró hilvanar varias palabras.
—Pero no te he ofendido, espero.
—No, no me has ofendido —dijo con suma cautela, mientras intentaba ordenar sus caóticos pensamientos—. Sólo me has desconcertado.
Giriko tomó las frías manos de Maka y las estrechó entre las suyas.
—Siempre me has importado, Maka, y tú lo sabes. —Se llevó las manos de Maka a los labios y le besó fervientemente los dorsos—. No fue hasta que me marché que me di cuenta de lo maravillosa y especial que eres, de lo buena y cariñosa que eres. —La rodeó con ambos brazos y la abrazó fuertemente—. Y tan pura e inocente.
A Maka se le encendió la cara. «¿Inocente? ¿Pura?» Cerrando los ojos, contuvo algo que estaba a medio camino entre la risa y el llanto. «¡Santo Dios! ¡Menuda ironía! Hace tres años habría dado cualquier cosa por oír esas palabras saliendo de la boca de Giriko. Pero ahora es demasiado tarde.»
Giriko quería casarse con una mujer pura e inocente, con una virgen, y tenía todos los motivos para esperar que Maka lo fuera. «Y yo soy cualquier cosa menos eso.» Su noche de bodas tendría un desenlace dudoso, que probablemente traería la vergüenza y la humillación a ambos. No podía plantearse bajo ningún concepto casarse con él.
Y luego estaba la cuestión de su identidad secreta como H. Spirit. Esa información no sólo escandalizaría a Giriko, sino que también le haría dudar de su honestidad.
Dando un paso hacia atrás para soltarse del abrazo de Giriko, Maka dijo:
—Yo...
Giriko le tapó los labios delicadamente con la yema de un dedo, deteniendo sus palabras.
—No quiero que me des una respuesta ahora. —Una medio sonrisa arqueó sus labios—. Sobre todo si la respuesta va a ser no. Piensa en ello, Maka. Podríamos ser muy felices juntos. —Le tocó suavemente la mejilla—. Quiero cuidar de ti.
Maka cerró los ojos y respiró hondo. Alguien que cuidara de ella. «¡Dios, qué bien suena eso! ¡Qué maravilloso debe de ser que te cuiden! He cuidado de tanta gente durante tanto tiempo... ¿Cómo debe de ser eso de que alguien cuide de ti?»
—Prométeme que pensarás en ello.
¿Cómo no iba a pensar en ello? La proposición de Giriko era increíblemente tentadora, no algo que descartar de entrada. Sí, era cierto que Maka había llorado y lo había pasado muy mal por culpa de Giriko hacía tres años, pero una parte de ella había entendido aquella decisión. Aunque tal vez no estuviera enamorada de él, lo apreciaba y los dos se llevaban bien. «Alguien que me cuide.»
Maka asintió.
—Te lo prometo. Pensaré en ello.
Volviéndola a atraer hacia sí, Giriko le besó la mejilla, luego los labios. Maka intentó sentir algo, cualquier cosa, ante el contacto de los labios de Giriko, pero no sintió nada. La embargó una profunda decepción, una desesperada necesidad de sentir algo en los brazos de aquel hombre que quería pasar con ella el resto de su vida. «Alguien que me cuide.»
Rodeándole el cuello con los brazos, le pasó los dedos por su recio pelo castaño.
—Bésame —le susurró al oído.
La sorpresa brilló momentáneamente en los ojos de Giriko, y luego rodeó a Maka por la cintura con ambos brazos y la besó varias veces antes de separarse de ella.
—Creo que será mejor que paremos —dijo con voz trémula.
—Sí—asintió Maka intentando ocultar su decepción.
—¿Puedo venir a verte mañana?
—¿Mañana? —repitió ella ausente—. Celebramos la fiesta de cumpleaños de Patty, pero sí, por supuesto. Estaremos encantados de que nos acompañes.
Él le dio un delicado beso en el dorso de la mano.
—Hasta mañana entonces, cariño. —Y se fue, caminando hacia la casa por el sendero del jardín.
En cuanto hubo desaparecido de su vista, Maka se dejó caer en el banco más cercano y se llevó los dedos a los labios. Había intentado desesperadamente sentir algo, la más leve chispa de pasión, en el beso de Giriko, pero no lo había conseguido. Había fracasado estrepitosamente.
En comparación con el beso de Soul, besar a Giriko había sido tan excitante como besar a una carpa muerta. El beso de Soul la había dejado sin aliento y anhelando más. El de Giriko, sólo vagamente aburrida.
Emitiendo un hondo suspiro de autorreproche, Maka hundió el rostro en las manos. Era injusto comparar a Giriko con Soul porque el Soul de quien ella se había enamorado no existía en realidad. Giriko era real. Ella sabía que a él sí que le importaba. Quería casarse con ella. Y cuidarla.
«¿Qué diablos voy a hacer?»
Tuvo que pasar una semana entera para que Maka empezara a volver a ser la misma de antes. Por fin, aunque no se encontrara exactamente bien, por lo menos, no se encontraba tan francamente mal. Todavía le dolía el pecho cuando pensaba en Soul, pero había tomado la firme determinación de quitárselo de la cabeza.
Afortunadamente, tenía muchas cosas con que mantenerse ocupada, la más importante de la cuales era el séptimo cumpleaños de Patty. Maka se complicó bastante la vida organizando la fiesta, en parte porque quería que aquél fuera un día memorable para Patty, pero también porque aquella celebración le proporcionaba algo en que centrarse. La familia al completo estaba sumamente ajetreada haciendo regalos y buscando lugares ingeniosos donde ocultarlos de los curiosos ojos de Patty.
—No encuentro ninguno de mis regalos —se quejó Patty el día antes de la fiesta.
—Se supone que no tienes que encontrarlos —le contestó Maka con una sonrisa—. No habrá regalos hasta mañana.
—He buscado por todas partes. Hasta en el cuarto de Harvar. —Patty se acercó a Maka y le susurró al oído—: Tiene dibujos de señoritas medio desnudas debajo de la cama.
La sonrisa de Maka se esfumó.
—Patty, es de mala educación meter las narices en las cosas de otras personas. Estoy segura de que esas señoritas son, ejem... amigas de Harvar.
—No, no lo creo. Parecenmalas y...
—¿ Por qué no vas a buscar a Chrona y a los chicos y bañáis a Winky, Pinky y Stinky? —sugirió Maka en un intento desesperado de cambiar de tema de conversación—. No podrán asistir a tu fiesta si van así de sucios.
—Desde luego que no —asintió Patty, cambiando de foco de atención—. Sobre todo Stinky.
Al cabo de menos de media hora, los Albarn bajaron en masa al lago, cargados con cubos y jabón. Silbaron para llamar a los perros y, en cuestión de segundos, las tres inmensas bestias salieron del bosque a toda velocidad. Los chicos llenaron los cubos y tiraron agua sobre los perros mientras éstos corrían de aquí para allá.
Winky, Pinky y Stinky conocían muy bien el juego y, moviendo las colas y ladrando ruidosamente, se lanzaban contra el agua, intentando coger al vuelo la espuma. Todo el mundo estaba riendo, sin aliento y empapado, cuando una voz masculina irrumpió en la algarabía.
—Parece ser que siempre encuentro a las damas Albarn en las situaciones más sorprendentes cada vez que se me ocurre venir sin avisar.
Todo el mundo se volvió hacia la voz. Death the Kid estaba de pie a unos seis metros, con una amplia sonrisa.
El rostro de Chrona se tiñó de un rojo intenso mientras dirigía a Maka una mirada de angustiado bochorno.
—Hola, Kid —gritó Maka, saludándole con la mano. Luego guiñó rápidamente el ojo a Chrona y añadió—: ¿Le gustaría unirse a nosotros?
Kid se acercó, quitándose la chaqueta mientras caminaba, con los ojos clavados en Chrona. Tras dejar la chaqueta en la hierba, se sumergió en el agua hasta las rodillas sin dudarlo ni un momento.
—¿Qué hago? —preguntó con una maliciosa sonrisa en su atractivo rostro.
Maka le lanzó un trapo mojado, que se estrelló contra la camisa de Kid, mojándosela.
—Coja un perro, cualquier perro, e intente lavarlo—. Le hizo un gesto jovial con la mano—. Buena suerte.
A los seis les costó más de una hora encontrar alguna mejoría en el aspecto de los perros. En cuanto conseguían coger a un perro y lavarlo, la maldita bestia corría al bosque y regresaba cubierta otra vez de barro y hojas secas.
Pero, por fin, los animales se tranquilizaron y, entre risas y bromas, los Albarn lograron bañarlos con la impagable ayuda de Kid. En cuanto concluyeron, Maka envió a Patty y a los chicos por delante para que se lavaran y se cambiaran de ropa. Se agachó para recoger los cubos y el poco jabón que había sobrado y, cuando se levantó, vio a Chrona y a Kid muy cerca el uno del otro, cogidos de la mano. Maka enseguida apartó la mirada, sin querer interrumpir un momento tan íntimo.
Se apresuró a recoger el resto de los utensilios y, cuando se disponía a volver a casa, se le acercaron Chrona y Kid. Maka no pudo evitar fijarse en la expresión radiante de sus rostros y en que iban cogidos de la mano.
Tuvo que hacer un esfuerzo para contener la risa al contemplar el aspecto desaliñado de Kid. Tenía una pinta de lo más impropia de un médico. Se preguntó qué pensarían sus colegas del Ilustre Colegio de Médicos si le vieran en aquel estado.
—Ha sido muy amable de su parte ayudarnos a bañar a los perros —dijo Maka con una sonrisa.
Kid sonrió.
—Hacía tiempo que no me lo pasaba tan bien.
Maka volvió a coger los cubos que había depositado puntualmente en el suelo.
—Bueno, si me disculpan, ahora soy yo la que necesito desesperadamente bañarme.
—Si no le importa—se apresuró a decir Kid—, me gustaría hablar un rato con usted.
Volviendo a dejar los cubos en el suelo, Maka le dedicó toda su atención.
—Por supuesto que no me importa, Kid. Usted dirá.
Kid carraspeó varias veces.
—Bueno, ejem, en ausencia de una madre o un padre de familia, y puesto que usted es la adulta que lleva la casa... —Se detuvo a media frase, ruborizándose un poco más con cada minuto que pasaba—. Bueno, siendo ésa la situación, creo que usted debe ser la primera en saber que le acabo de pedir a Chrona que se case. Conmigo. —Volvió a carraspear.
Maka tuvo que hacer un gran esfuerzo por mantener una expresión de seriedad acorde con la solemnidad de la situación. Allí estaban los dos, con aquel aspecto tan desaliñado, fuertemente cogidos de la mano y con el amor reflejándose ostensiblemente en sus radiantes rostros. Se volvió hacia Chrona.
—¿Quieres casarte con Kid, Chrona? —preguntó Maka en lo que esperaba que pareciera un tono serio.
Chrona asintió tan enérgicamente que Maka temió que se fuera a marear.
—Oh, sí.
Luego Maka se volvió hacia Kid:
—¿Por qué quiere casarse con mi hermana?
—Porque la quiero—dijo sin dudar—. Quiero compartir mi vida con ella. Quiero que sea mi esposa.
Maka sonrió.
—Eso es cuanto necesito saber. —Se acercó y los abrazó a ambos a la vez—. Estoy muy contenta por los dos —dijo, conteniendo las lágrimas. «Todo cuanto quería para ella se está haciendo realidad.» Frotándose los ojos, Maka añadió con una risita—: Estaba pensando, Chrona, que nos hemos gastado una fortuna comprándote vestidos preciosos, y mira en qué momento se le ha ocurrido a Kid pedirte que te cases con él. Hueles a perro muerto y pareces un gato ahogado.
Chrona se rió y miró a Kid con ojos radiantes de felicidad, quien la rodeó por la cintura y la apretó contra su costado.
—Pero un gato ahogado muy hermoso —dijo Kid. Miró al rostro de Chrona, que le observaba emocionada desde abajo yse desvaneció su risa. La miró extasiado y añadió—: Francamente hermoso.
Maka era lo bastante inteligente como para saber cuándo estaba de más su presencia, y aquél era, sin lugar a dudas, uno de esos momentos. Se apresuró a disculparse y dejó solos a Chrona y a Kid. Cargada de cubos y trapos, tomó el sendero que llevaba hasta la casa. Justo antes de que el sendero describiera un recodo, miró hacia atrás.
Chrona y Kid estaban fundidos en un fuerte abrazo y Kid besaba apasionadamente a su hermana. Maka se dio la vuelta y reanudó su camino. Sabía lo maravilloso que es y lo dichosa que se siente una mujer cuando el hombre a quien ama la estrecha entre sus brazos.
Agradeció a Dios que la felicidad de Chrona fuera real y no un mero producto de su imaginación.
Más tarde aquel mismo día, Maka estaba en el jardín, agachada arrancando malas hierbas con desgana. Aquella actividad era demasiado lenta y demasiado solitaria, y propiciaba demasiado fácilmente la introspección. Y Maka había descubierto que la introspección no le iba bien. Le llevaba sólo a un lugar, siempre al mismo lugar.
Soul.
Y pensar en Soul le llevaba siempre al mismo lugar.
La aflicción.
Tras la divertida informalidad de bañar a los perros, arrancar malas hierbas le resultaba demasiado pesado y aburrido. Tal vez escribir la ayudaría a dejar de pensar en las cosas en que no quería pensar. Suspirando, se levantó yse quitó de un tirón los guantes de jardinería.
—Hola, Maka.
Sobrecogida, se dio la vuelta.
—¡Dios mío, Giriko, me has dado un buen susto!
Él sonrió.
—Lo siento. Tienes un jardín precioso.
—Gracias. Me encanta la jardinería. —En realidad, apenas soportaba mirar las flores, pero tampoco podía dejarlas morir por falta de cuidados—. ¿Querías hablar conmigo?
—Sí, de hecho, eso es exactamente lo que quería. Hablar contigo. —Le ofreció el codo—. ¿Te apetece dar un paseo?
Maka dudó un momento y luego se encogió de hombros. Con tal de mantener la mente ocupada, cualquier cosa serviría.
—Está bien. —Dejó los guantes en la cesta y se cogió del brazo de Giriko.
Pasearon lentamente por el jardín hablando sobre naderías hasta que Giriko se detuvo. Se volvió hacia Maka, y ella notó que se estaba poniendo serio por momentos.
—¡Por Dios, Giriko! Por tu forma de mirarme, parece como si se fuera a acabar el mundo. ¿Va algo mal?
—No, sólo que tengo algo importante que decirte.
—¡Por todos los santos, haz el favor de decírmelo!
Giriko se soltó de Maka bruscamente, entrelazó los dedos de ambas manos detrás de la espalda y empezó a andar delante de ella.
—He estado pensando bastante en ti desde mi regreso a Death City.
Maka arqueó las cejas en señal de extrañeza.
—¿Ah, sí?
Giriko asintió, sin reducir el paso.
—Sí, de hecho, también pensé a menudo en ti mientras estaba fuera. —Hizo una pausa y la miró—: Y tú, ¿pensaste también en mí?
«Por supuesto que sí. Tenía ganas de golpearte con una cacerola en la cabeza por haberme abandonado.»
—Sí. A veces.
Él exhaló sonoramente.
—Excelente. Como te decía, desde mi vuelta he estado pensando bastante en ti, o mejor dicho, en nosotros, en cómo fueron las cosas antes de mi partida. Cuando me fui, era considerablemente más joven y bastante inexperto. —Un súbito rubor tiñó las mejillas de Giriko—. Lo que te quería decir es que ya no soy un chiquillo. Hace tres años, no estaba preparado para asumir la responsabilidad de sacar adelante a toda tu familia. —Se pasó un dedo por el pañuelo que llevaba en el cuello—. Pero creo que ahora sí lo estoy.
Maka se limitó a mirarlo fijamente.
—No te entiendo.
—Chrona se casará pronto, sobre todo si Death the Kid no se duerme...
—Le ha pedido que se case con él hoy mismo —interrumpió Maka—. Y ella ha aceptado.
Una sonrisa triunfal curvó sus labios.
—¡Ya lo decía yo! ¿Lo ves?
—De hecho, no...
—Ragnarok y Hero están creciditos y son bastante autosuficientes, y Patty ha dejado de ser un bebé. —Alargó los brazos y los apoyó en los hombros de Maka—. En otras palabras, lo que tanto me imponía e intimidaba hace tres años ha dejado de imponerme y de intimidarme.
Maka lo miró fijamente sin entender absolutamente nada.
—¿Qué pretendes decirme?
—Quiero que te cases conmigo.
La expresión de extrañeza de Maka dio paso a otra de profunda estupefacción.
Giriko cogió con más fuerza a Maka por los hombros y la atrajo hacia sí. Inclinándose hacia delante rozó sus labios con los de ella varias veces en una serie de castos besos y luego se retiró.
Los labios de Giriko se iluminaron con una sonrisa.
—Ya veo por tu expresión que te he sorprendido.
—Me has dejado completamente anonadada —consiguió articular Maka cuando logró hilvanar varias palabras.
—Pero no te he ofendido, espero.
—No, no me has ofendido —dijo con suma cautela, mientras intentaba ordenar sus caóticos pensamientos—. Sólo me has desconcertado.
Giriko tomó las frías manos de Maka y las estrechó entre las suyas.
—Siempre me has importado, Maka, y tú lo sabes. —Se llevó las manos de Maka a los labios y le besó fervientemente los dorsos—. No fue hasta que me marché que me di cuenta de lo maravillosa y especial que eres, de lo buena y cariñosa que eres. —La rodeó con ambos brazos y la abrazó fuertemente—. Y tan pura e inocente.
A Maka se le encendió la cara. «¿Inocente? ¿Pura?» Cerrando los ojos, contuvo algo que estaba a medio camino entre la risa y el llanto. «¡Santo Dios! ¡Menuda ironía! Hace tres años habría dado cualquier cosa por oír esas palabras saliendo de la boca de Giriko. Pero ahora es demasiado tarde.»
Giriko quería casarse con una mujer pura e inocente, con una virgen, y tenía todos los motivos para esperar que Maka lo fuera. «Y yo soy cualquier cosa menos eso.» Su noche de bodas tendría un desenlace dudoso, que probablemente traería la vergüenza y la humillación a ambos. No podía plantearse bajo ningún concepto casarse con él.
Y luego estaba la cuestión de su identidad secreta como H. Spirit. Esa información no sólo escandalizaría a Giriko, sino que también le haría dudar de su honestidad.
Dando un paso hacia atrás para soltarse del abrazo de Giriko, Maka dijo:
—Yo...
Giriko le tapó los labios delicadamente con la yema de un dedo, deteniendo sus palabras.
—No quiero que me des una respuesta ahora. —Una medio sonrisa arqueó sus labios—. Sobre todo si la respuesta va a ser no. Piensa en ello, Maka. Podríamos ser muy felices juntos. —Le tocó suavemente la mejilla—. Quiero cuidar de ti.
Maka cerró los ojos y respiró hondo. Alguien que cuidara de ella. «¡Dios, qué bien suena eso! ¡Qué maravilloso debe de ser que te cuiden! He cuidado de tanta gente durante tanto tiempo... ¿Cómo debe de ser eso de que alguien cuide de ti?»
—Prométeme que pensarás en ello.
¿Cómo no iba a pensar en ello? La proposición de Giriko era increíblemente tentadora, no algo que descartar de entrada. Sí, era cierto que Maka había llorado y lo había pasado muy mal por culpa de Giriko hacía tres años, pero una parte de ella había entendido aquella decisión. Aunque tal vez no estuviera enamorada de él, lo apreciaba y los dos se llevaban bien. «Alguien que me cuide.»
Maka asintió.
—Te lo prometo. Pensaré en ello.
Volviéndola a atraer hacia sí, Giriko le besó la mejilla, luego los labios. Maka intentó sentir algo, cualquier cosa, ante el contacto de los labios de Giriko, pero no sintió nada. La embargó una profunda decepción, una desesperada necesidad de sentir algo en los brazos de aquel hombre que quería pasar con ella el resto de su vida. «Alguien que me cuide.»
Rodeándole el cuello con los brazos, le pasó los dedos por su recio pelo castaño.
—Bésame —le susurró al oído.
La sorpresa brilló momentáneamente en los ojos de Giriko, y luego rodeó a Maka por la cintura con ambos brazos y la besó varias veces antes de separarse de ella.
—Creo que será mejor que paremos —dijo con voz trémula.
—Sí—asintió Maka intentando ocultar su decepción.
—¿Puedo venir a verte mañana?
—¿Mañana? —repitió ella ausente—. Celebramos la fiesta de cumpleaños de Patty, pero sí, por supuesto. Estaremos encantados de que nos acompañes.
Él le dio un delicado beso en el dorso de la mano.
—Hasta mañana entonces, cariño. —Y se fue, caminando hacia la casa por el sendero del jardín.
En cuanto hubo desaparecido de su vista, Maka se dejó caer en el banco más cercano y se llevó los dedos a los labios. Había intentado desesperadamente sentir algo, la más leve chispa de pasión, en el beso de Giriko, pero no lo había conseguido. Había fracasado estrepitosamente.
En comparación con el beso de Soul, besar a Giriko había sido tan excitante como besar a una carpa muerta. El beso de Soul la había dejado sin aliento y anhelando más. El de Giriko, sólo vagamente aburrida.
Emitiendo un hondo suspiro de autorreproche, Maka hundió el rostro en las manos. Era injusto comparar a Giriko con Soul porque el Soul de quien ella se había enamorado no existía en realidad. Giriko era real. Ella sabía que a él sí que le importaba. Quería casarse con ella. Y cuidarla.
«¿Qué diablos voy a hacer?»
¡D:!
¡No! ¡Maldición! ;w;
¡Aaaaaah!
¿Comentarios?
Bueno, aquí está el cap tan rápido como pude y tengo un retito pequeñito :3
El review #100 recibirá un premio sorpresa~ por favor, si eres anónimo deja tu correo o algún lugar donde pueda comunicarme, en tal caso que no pueda comunicarme con el review #100, pasaré al review #101, sucesivamente, hasta encontrar un ganador :3
Bueno~ respondiendo reviews~
Cap 13:
hikary-neko: xD impaciente es una mala virtud (?) bueno, en el capítulo anterior estuvo el encuentro que todos anhelaban! No de la forma que querían... pero fue un encuentro xD ¿En serio me dices mala en todos los reviews? ¡No me habia dado cuenta! *sarcasmo, plz* :3
TCHini: :3 Lo sé~ Esa Maka, ya lo sabe todo :3 No dejes de hacer tus tareas por mi culpa, me sentiré culpable xD Me alegro de alegrar tus días *w*
shiku-mya: Te dediqué el anterior, chiquisha~ *corazones, corazones* (?) también te quello, pequeña :3
Ellie77: Amor mío~ Tsubaki es realmente cool~ la amo tanto~ no tanto como a ti, corazón~ (?) ¿Eres hermana mayor? Yo soy la menor xD LAL yo soy del sureste :3 de ashi por donde los mayas~ (?) te amo querida~
Dany de Evans: Aquí 'tá uno largo :3 ojalá te guste~
An-drex: aquí~ :3
Tsu: Es Goodbye~ te doy tutorías de inglés cuando quieras~ Extrañaba tus reviews :c :3
Cap 14:
Julian & Jumbiie Hana Roth: ¡Esterilizarme! ¡WTF! xDDDD!
TCHini: Ya subí ;3
jeez chan gomez: Yo también, hay que golpearlo entre las dos, ¿vale? xD
Tsu: Jé, la verdad sí, amo confundirlos. Es divertido :d Pero bueno~ ya has de ver que no murió xD
An-drex: ¡Va a ver lemmon! ¡Eso ni lo dudes! Pero nunca dije entre quiénes akñfhlasdjfkldsñlkfjalsdk :B
hikary-neko: xD ¡No lo maté! D: y estuvo corto xD :3 Te quello~
Ellie77: xD celosa, amada? Nunca te engañaría, amore~ yo te quiero sólo a ti (?) ;3 Y por eso eres mi novia/esposa! Wess era una pobre alma inocente xD Su esposa era una vil perra e.e :c Tienes razón, quegiga, el final está cerca, casi a la vuelta de la esquina ;w; Pronto Soul dejará de ser tan asklfñjsdklfjlsakfjaklsd baka. Te amo, mi amor~ (?
Dany de Evans: Ya, ya, todos creen que lo mato xD! Pero está vivito y coleando(?) :3
Añldsjafñlksdjfklsdjf!
Adelantos~:
"—Muy bien. Es sobre Maka.
Soul se quedó helado, con la copa de brandy a medio camino de la boca. Simulando una calma que estaba lejos de sentir, dijo:
—¿Ah, sí?
Black Star le alargó un sobre.
—Me lo ha traído un mensajero esta mañana. Lleva esta dirección, pero está dirigido a ti. El mensajero dijo que procedía de una tal señorita Albarn de Death City.
.-.-.-.-.-
—Sí. Sí, ya me iba. De hecho, tengo muchas cosas que hacer.
—¿Ah, sí? ¿Qué te traes entre manos?
—Parece ser que tengo que hacer algunas compras.
Black Star enarcó las cejas.
—¿Compras?
—Sí. Me han invitado a una fiesta de cumpleaños. Y, desde luego, no puedo presentarme con las manos vacías, ¿no crees?
Black Star lo miró durante un buen rato, con una gran complicidad. Soul mantuvo una expresión fingidamente neutra.
—No —dijo al fin Black Star, apoyando una mano sobre el hombro de Soul—. Desde luego, no puedes presentarte con las manos vacías.
.-.-.-.-.-
Asintiendo solemnemente, le alargó la flor.
—Cásate conmigo."
D:
¿Ansiosos? xD
Yo sí!
Chaus~
¡6 reviews!
By.
Ren77(?) Miyamoto
P.D: ¿Ves? Puse el 77, querida Ellie~ (?)
