-Creo que solo hay para hacer sándwiches, al menos que quieras pedir una pizza por teléfono.

-Con tus sándwiches estará bien. –dijo dulcemente sonriéndole a la chica, quien se sonrojo; aún no estaba acostumbrada a la nueva actitud que tenía Ryoma con ella: dulce y amable.

Sakuno terminó de sacar los ingredientes del refrigerador y se dispuso a cortar el pan, pero cuando estaba frente a la mesa sintió como los brazos de Ryoma la rodeaban por detrás, ella giró para encontrar esos ojos que amaba. Ryoma la tenía acorralada entre la mesa de comedor y su cuerpo, sus intenciones nunca serían malas, él solo quería robarle otro de sus besos, claro que eso a Sakuno jamás le molestaría.

Ryoma tomó el rostro de la pequeña con una mano mientras que la otra se encargaba de apresar una mano de ella junto con la mesa. Sakuno ya se imaginaba lo que buscaba Ryoma, así que con la mano que tenía libre abrazó a su querido príncipe.

- Sé mi novia. –propuso Ryoma mirando los ojos carmesí de la pequeña acorralada.

-Claro. –respondió ella sin pensarlo dos veces y sonriendo algo avergonzada.

Ahora los rojizos y tiernos labios de Sakuno le pertenecían, por lo que los tomó otra vez en otro beso. Él sintió esos tan dulces labios contra los suyos, pero esta vez quiso más; Sakuno sintió la cálida lengua de Ryoma haciéndose camino dentro de su boca, ella entreabrió los labios dejándose caer en un deseo que hasta entonces desconocía. Ryoma bajó la mano con la que tenía el rostro de su ahora novia, para poder posarla en su cintura y atraerla más hacia él, sintiendo como ese beso se volvía más placentero y expresivo. Al separarse de ella sonrió con diversión "ese si que fue un beso" pensó; si con el primero ya pudieron sentir esas mil y un sensaciones que solo se descubren con el primer beso, si con el segundo ya sentían esa extraña necesidad de que sus cuerpos se uniesen, con el tercero ya eran completamente adictos a ese sabor tan especial de los labios del otro.

La sonrisa divertida de Ryoma hacían a Sakuno colocarse un poco roja, y eso a Ryoma le encantaba, le gustaba la idea de ponerla nerviosa solo con un simple gesto, quizá era lo que más le gustaba de ella; de cualquier otra chica con una sonrisa como esa o con una simple mirada obtenía mil suspiros e incluso desmayos, pero de ella solo obtenía sonrojos y tartamudeos, algo mucho más bonito y menos escandaloso.

Ryoma se la quedó viendo a los ojos y ella a él, pero un gesto de ella lo afligió. La pequeña sonrió tristemente y bajó su mirada, asustado el chico le tomó con dulzura el mentón y alzó su rostro para verle a los ojos, esos ojos que le mataban por dentro al verlos así, cristalizados por las lágrimas que guardaban dentro.

- ¿Qué sucede? –preguntó preocupado.

- Ryoma-kun… ¿Cuánto falta? –Ryoma hizo notar el que no entendía la pregunta de la castaña - ¿Cuánto falta…. Para que regreses a… a América? –aclaró la pequeña con una lágrima bajando por su mejilla.

- Pensé que no me dejarías ir tan fácil –bromeó Ryoma limpiando esa fugitiva lágrima.

- Solo… solo quiero saberlo. Por favor… dímelo Ryoma-kun… -el miedo se pudo notar en su voz y sus lágrimas ahora escapaban sin permiso, Sakuno bajó la mirada, apoyó su frente en el pecho de su amado para que este no la viera llorar.

- Puede que sea dentro de la semana, puede que sea en un mes, puede que sea al terminar el año escolar, puede que eso no ocurra, puede que no me vaya, puede que… te lleve conmigo. –Sakuno alzó su vista en busca de esos ojos ámbar, quería saber si en ellos podía ver si eran verdaderas las palabras que su novio había dicho. –Ya no me separaré de ti, pequeña. No aguantaría. –aclaró el de la mirada penetrante.

Sakuno sintió un enorme alivio en su ser y luego sintió que Ryoma entrelazaba sus dedos con los de ella – ¿Vendrías conmigo? –preguntó él. Las mejillas de ella quemaban, estaba totalmente ruborizada, jamás, ni en sus sueños se habría imaginado que Ryoma Echizen se le declarara, la besara más de una vez y le preguntara si le acompañaría a América, todo en un mismo día.

-Sakuno. Vámonos juntos. –insistió el ambarino al no ver respuesta en la impactada Sakuno, y ¿Cómo no había de estarlo? Su cabeza era incapaz de procesar la cantidad de sensaciones que inundaban su corazón. "al parecer tardará en reaccionar" pensó Ryoma, ya que ella aún no daba ningún signo, el ambarino tendría que esperar un poco, pero mientras tanto se embelesaba observando la chica que aún tenía acorralada, sintiendo su respiración y con ello sentía como su propio corazón se aceleraba.

La chica no sabía cómo responderle a tan tentadora petición, pero sabía con seguridad la respuesta. Con un leve apretón de manos le hizo saber que ya había tomado una decisión, y con una mirada le dio a entender que se relajaba, con un leve sonrojo y con un movimiento de labios que formaba con claridad un 'Sí' le hizo entender perfectamente que se iría con él a donde fuese. Ryoma sonrió sincero, con alegría en los ojos y con otro beso le dio las gracias. Estaban seguros de que no importara cuantas veces se besaran, cada beso sería una sensación nueva, inexplicable, diferente y más si se mejoraban con la práctica.

Ninguno podía explicar esa sensación tan satisfactoria, tan gratificante, tan hermosa que se siente al saber que desde ese momento todo iría mejor, pero algo debía de interrumpirlos, todo había salido demasiado perfecto esa noche.

En medio de ese profundo beso y de las caricias de sus manos que lo acompañaban, un auto se detuvo frente a la casa, claro que ellos no escucharon nada; no querían terminar ese beso, no podían hacerlo, era como una prohibición terminar con ello. La cálida y traviesa lengua de Ryoma saboreaba y jugaba con la lengua de su novia y ella le seguía el paso como podía. Ryoma la había raptado, la había alejado del mundo para dejarla solamente para él, para poder saciar esas ganas de tenerla cerca que por tanto tiempo había ocultado.

-¡Ya regresé Sakuno! –gritó la anciana Sumire anunciando su llegada. Eso fue suficiente para que su beso eterno terminara y cada uno volviera a lo que debería de haber estado haciendo desde hace rato: preparar dos simples sándwiches.

-¿Dónde estás Sakuno? –preguntó la abuela al no verla en su cuarto.

-A… aquí estoy abuela… en… la, cocina. –dijo dudosa intentando poder cortar el pan como si nada hubiera pasado.

La abuela entró en la cocina y se sorprendió a ver al menor de los titulares en ella, pero sonrió al pasarle un pensamiento por la mente.

- Creo que ya es demasiado tarde para que Ryoma se vaya solo. –la anciana salió de la habitación dejando a los enamorados confundidos. Ambos tomaron los sándwiches que acabaron de terminar y la siguieron, la encontraron en un closet del pasillo, pero la puerta de este les impidió ver que era lo que buscaba.

-Ten Ryoma. Hoy pasarás la noche aquí –dijo la anciana dándole al mencionado una almohada y una manta - yo le avisaré a tu padre y… veamos… puedes dormir en el sofá del living o si a ti y a Sakuno no le molesta, puedes dormir en el sofá que está en su cuarto, allí pasarás menos frío. Yo –bostezó- iré a acostarme. Que pasen buena noche. –cerró el closet y entro en su cuarto dejando de nuevo a los dos enamorados "boquiabiertos".

Sakuno volteó y le regalo una divertida sonrisa, pensando "que vergüenza", a Ryoma quien se la devolvió al estilo Echizen.

-Y...? ¿Dónde quieres que duerma? –preguntó con diversión esperando la respuesta de su chica, esta se sonrojo ante la pregunta y más ante la respuesta que podría darle. –esto… yo… -Ryoma sonrió de nuevo, le encantaba ponerla nerviosa y hacerla sonrojar, no podía evitarlo.