El jardín

Por Mandragorapurple

I

Me gustaría que comprendieras que es mejor no volver a vernos. Siempre estaré contigo, seré esa voz que te pide ser más considerado pero, aunque quieras responderme… no dejes de tomar el litio.

II

Se hallaba en el auto, severamente arrepentido. Parecía decidido a esconder su cara de frustración mirando hacía la ventanilla aunque sólo su nariz llegara a asomarse tras la pila de cosas que llevaba en sus piernas. Íbamos hasta el techo de gente y delante iba guiándonos el coche de Marie.

Todos bromeaban animados pero él no compartía el jolgorio, Lavi y yo le mirábamos por el espejo retrovisor.

A pesar de los hechos conocidos, nadie mencionó una palabra y trataron de recobrarse de la sorpresa de tenerlo como invitado, era mejor la indiferencia para continuar con sus asuntos individuales.

Lavi había sido siempre el que trataba de socializar con él. Yo me sentía un poco culpable por la condición de nuestra relación, jamás habíamos hablado civilizadamente. Pero más culpable me hacía sentir el sentirme culpable por sentir lástima.

Medianamente o casi nada lo comprendía, después de todo también había más que admirado a Alma.

Seguía mirando por la ventanilla. Ojalá pudiera hablarle de algo pero la única razón por la que los otros parecían en control era porque Kanda había tomado distancia instintivamente. Aún así Lavi preguntaba cada cierto tiempo si alguien quería parar al baño o a tomar aire. Para él no era fácil ignorarlo. Para mí tampoco. De alguna forma no era sólo un loco… era un loco miserable.

Me sorprendió que aceptara venir de campamento. Sospechamos que tras esto obraba su abuelo apoyado por Lavi, claro, era lo más cercano que tenía a un amigo. Había dos razones posibles para su flexibilidad: o se estaba reintegrando o ya le daba igual su presencia social. Quizá "reintegrar" no fuera la mejor palabra, según recuerdo, jamás estuvo integrado.

Paramos a cargar gasolina, algunos, incluyéndolo, nos quedamos cerca de los autos para charlar. Al poco rato una alarma sonó y todos revisaron sus móviles pero fue Kanda quien la apagó. Sin inmutarse, sacó una botella de la mochila cruzada de la que no se despegaba y un recipiente del cual tomó una pastilla. Con paciencia la metió en su boca y dio varios tragos de agua, se quedó quieto nuevamente.

Lenalee trató de no mirar, Daisya no separó los ojos de sus movimientos y Lavi trató de retomar la conversación. Por primera vez se sintieron inquietos aunque esas medicinas deberían proporcionarles un sentimiento contrario.

III

Cuando pregunté quién era dijeron: "Es la mascota de Kanda Yuu".

Lo había observado por semanas, fingía leer en las bancas después de las prácticas de la banda y esperaba a que saliera el equipo de kendo.

Siempre sociable, sonriente y amable. A los que disimuladamente había entrevistado les parecía que teníamos muchas cosas en común. Por lo tanto era increíble su amistad con Kanda.

Recuerdo la primera vez que lo noté. Durante en receso les montaba una coreografía de pelea a los chicos de teatro. Cayó al chocar con una compañera e hizo un sonido sordo que llamó nuestras miradas. Se quedó tirado riendo a carcajadas y cinco minutos después les enseñaba a pararse de manos.

Lavi me preguntó varias veces si me gustaba y no supe nunca qué contestar. Supongo que eso era un "sí". Neah dijo alguna vez "Tienes suerte, también es marica".

Siempre iba detrás de Kanda, siempre lo apresuraba, parecía descortés pero noté que le cargaba el equipo. Le miraba callado, esperando a que se despidiera de sus miles de conocidos, nunca saludaba.

Me parecía al revés: Kanda era la mascota de Alma.

No fue difícil hablarle, lo complicado era confrontar a su guardián que siempre enseñaba los dientes y gruñía si alguien los interrumpía.

Le gustaban las cosas dulces, llevar el cabello de colores y las historias de fantasmas. No leía nada pero le presté algunos libros que pareció disfrutar.

Me gustaba y se lo iba a decir. Entonces lo atropellaron un fin de semana mientras iba en bicicleta.

No vio su coreografía en escena y el último color que usó fue el morado.

Dos meses después Kanda dejó de ir a la escuela, estaba en el hospital.

IV

Estábamos hambrientos cuando llegamos.

Nos dividimos las tres cabañas disponibles. Encendimos el asador y comenzamos a comer.

Lavi, Jhonny, Marie, Kanda y yo dormiríamos en el mismo lugar. Las chicas tenían una cabaña y los otros (aquellos a los que Kanda incomodaba lo suficiente) una más.

Desde la perspectiva de Lavi, lo más probable era que nadie se quedara donde le tocaba. Entendí que el orden era un convencionalismo tomado para Kanda.

Comía en silencio, desde que bajamos del auto sólo preguntó dónde poner las cosas que llevó en su regazo y pidió que le sirvieran sólo vegetales. Algunas cervezas se abrieron pero Lavi lo cubrió rápidamente impidiendo que le ofrecieran una. Igual la rechazaría. Gracias a eso vi algo parecido al agradecimiento en su cara.

Me senté junto a él, yo tampoco pretendía beber y éramos marginados sociales por eso.

Entre juegos y bromas llegó la noche.

Particularmente no esperaba nada de ese viaje de generación. Era nostálgico pensar que sería la única vez en mucho tiempo que mis amigos estarían juntos pero mis expectativas no iban tan alto como las de Bak (declararse a Lenalee) o Daisya (sacar fotos vergonzosas de la borrachera para subirlas a facebook).

El exterior era animado pero mi interior se sentía contagiado de su actitud taciturna.

Traté de sacarle conversación con la elección de su comida pero cuando pregunté si era vegetariano sólo respondió que no le gustaba comer carne. Era inusual, en otro tiempo ni siquiera me hubiese respondido.

De todos los presentes, él era el único que no me había permitido llegar a su intimidad. O era inmune a mis habilidades sociales o notaba la curiosidad que me provocaba últimamente o probablemente sólo pensaba que era como esos idiotas que se acercaban a cotillear.

Debía reconocer que ponía más empeño que con los otros. Desafortunadamente era obvio que su actitud se había interiorizado más que nunca y ya era tarde para intentar cualquier movimiento.

Soy culpable porque quería hablar de Alma con él. Soy muy estúpido. Me frustraba que fuera alérgico a mí.

Daisya había aguantado suficiente su actitud descarada. Logró conducir la conversación desde las experiencias con la marihuana hasta preguntarle si su condición le causaba alucinaciones parecidas y aunque todos fingíamos desaprobarlo, también queríamos saber con exactitud en que consistía su enfermedad.

V

Siempre temía preguntar. "¿Las ves?" y rogaba que Alma las viera también. Pero las flores de loto le acompañaban desde su niñez.

Era diferente con lo demás, siempre variaba. Gatos, arañas flotantes, sus padres se sentaban en la cama, los colores bailaban últimamente y lo ponían de mal humor esas canciones que provenían de la nada. Pero las flores siempre estaban ahí,

Le abrazaba y hacía que escondiera su cabeza entre su cuello y hombro. Era su forma de consolarlo.

Con el tiempo esas caricias consideradas ya no eran suficientes. Siempre pensó que se reían de él, que hablaban a su espalda. Pero él seguía siendo su zona segura.

"¿Las ves?"

Alma decía que no. Al principio jugaba a imaginarlas, luego comprendió que no era correcto.

Kanda pensó durante muchos años que en realidad estaban ahí. Jardines hermosos por todas partes floreciendo sobre lugares inesperados. Pero cuando las voces aparecieron, cuando despertó y había un gato escalando las paredes tuvieron que decirle que sus jardines no existían.

De amarlas llegó a detestarlas. Cerraba los ojos con todas sus fuerzas esperando que desaparecieran porque era imposible que una flor viviera en la espalda de su abuelo. Ningún medicamento lograba quitarlas.

Sólo cuando se concentraba en Alma, en su sonrisa, en sus palabras alegres y desenfadadas podía olvidarlas por un momento.

Recordaba la primera vez que se besaron. Ahí estaban, más hermosas que nunca y parecían brillar aunque estuvieran a oscuras.

Cuando hacían el amor, las voces lo llamaban "marica". Y pasó mucho tiempo antes de volver a intentar estar juntos.

"Soy real, concéntrate, yo soy real" y por fin podían amarse mientras ambos les gritaban a las voces que no estaba mal. ¿Y qué importaba si eran unos desviados? Era real y ellos no.

"¿Qué dicen?" preguntaba y el respondía "que somos unos chupa vergas" "pues sí, lo somos"

Las arañas jamás morían aunque las pisara. Entonces se repetía una y mil veces que Alma no era real.

Volvió, sonriente, con el cabello morado como la última vez que lo vio. Se besaban y las flores desaparecían, se tocaban y ya no sonaban las voces. Pero tenían que decirle que su jardín no era real.

VI

Kanda habló sin problema de sus alucinaciones, dijo que veía gatos pegados al techo y algunas arañas. Daisya parecía decepcionado.

Perdido el misterio, le dejaron en paz y volvieron a las habituales conversaciones de fiestas pasadas y fracasos amorosos. Cabe decir que todos parecían más tranquilos. A mí me atormentaba su apertura ante el grupo.

¿En verdad ya no le importaba nada?

Debía estar consciente de lo que ocurriría y de las maneras de evadir a los curiosos.

Comenzaron a jugar póker de prendas. Me echaron cuando dejé a Bak y a Lavi en calzones.

Kanda ya se había ido.

Cuando el clima se volvió húmedo y olía a lluvia, nos fuimos a la cabaña de Bak.

Decidí huir cuando las cosas comenzaban a tensarse con el "verdad o reto"

VII

Se despertó sediento pero tardó en abrir los ojos.

Para "disfrutar" el viaje, y ya que su doctor se lo permitió, se atrevió a reducir las dosis de algunos fármacos. Siempre lo hacían sentir desganado e incluso tomándose esas libertades no había conseguido evitar dormirse temprano.

Era absurdo, de todas maneras, querer permanecer despierto. Estaba luchando fuertemente contra su naturaleza y si la hubiera dejado fluir no estaría en esa cama extraña ni compartiendo tiempo con gente que no significaba nada.

Sospechaba que las medicinas eran las culpables de que buscara parecer normal. Cualquier individuo sano participaría de ese viaje sin cuestionarse constantemente.

"¿Me veo cansado?" "¿Me tiemblan las manos?" "¿Puedo soportarlo?

Jamás trató de complacer pero ver sus colapsos graves, conocer sus desordenes le hizo evaluar si era posible que su personalidad fuera producto de la enfermedad. ¿Cómo sería si estuviera en sus cabales?

Trataba de averiguarlo. Si fallaba tenía la excusa de estar loco.

Lo comprendió en la clínica: te calmaban, le daban un nuevo orden a tu cabeza, fingías aceptarlo y a veces, por más que te resistieras, algunas ideas se quedaban dentro. Eso bastaba para dejarte salir. Aunque sabías que tarde o temprano debías regresar.

"¿Tienes ganas de vivir?"

Sabían que, a pesar de su labor, la única forma efectiva de abandonar la locura era morir.

Mientras descubrías la manera (o hasta que dejasen de hostigarte con el tema) tenías que seguir viviendo. Ciertamente no tenía un lugar al cual volver, pero los medicamentos no lo dejaban pensar mucho en ello. Tampoco el viejo.

Abrió los ojos, junto a su cama se movía una figura pequeña. Se inclinó para ver mejor y el otro se disculpó por haberlo despertado. Su voz era un susurro, se levantó y lo abrazó por detrás sobresaltándolo.

"Sabía que vendrías", le dijo al oído. Era natural después de haber bajado el Litio.

Desde hace casi un año no se aventuró a dejar su rutina, pero vio la oportunidad en ese viaje para volver a ver a Alma.

"Perdón, no debí pero te extrañaba" y besó su cuello permitiéndose acariciar el pecho. Sus manos lo detuvieron, estaba rígido.

"¿Estás enojado?" dijo, "No" recibió, "Entonces quédate conmigo esta noche"

Se liberó y continuó hundiendo sus dedos entre cada músculo se la suave espalda.

Pequeños "ah" escapaban de esa boca.

Le dio la vuelta sin dejar de tener contacto con su piel y acarició su rostro. Era Alma, finalmente.

Pasó las puntas por su frente apartando el cabello. Aprisionando con dulzura lo besó. Primero cada centímetro, luego sus labios.

El jardín brillaba pero no prestó atención. Ahora recorría su pecho a penas rozando. Los besos fueron correspondidos con timidez, como si no lo hubiera besado lo suficiente y eso le encantaba, siempre parecía tenerlo por primera vez a su merced.

Esas manos trataron de darle la misma satisfacción. Cada día de ese año infernal había valido la pena. Las sensaciones eran mucho más vívidas hoy.

Apretando sus caderas luego coqueteó con la orilla de la ropa abriendo el pantalón. Sus dedos revelaban su extrema necesidad pero incluso era más efectiva la pasión dosificada. Besó como si cada beso estuviera conectado con el otro. Imaginaba que sus terminaciones nerviosas se estaban uniendo. Un sabor dulce y la sed se esfumó.

Alma era todo lo que necesitaba beber.

El juego de sus lenguas creaba pequeños clics no mucho más ruidosos que el cierre bajando. El pantalón deslizándose y liberando las estrechas caderas que pronto invadió por debajo de la ropa interior para llegar a sus muslos.

Una pausa y ambos ya estaban sin camiseta.

Insistentes negaciones que no tenían la fuerza necesaria para parar sus manos. Estaba por encontrar las condiciones propicias y las respiraciones agitadas lo condujeron a deshacerse el mismo de lo que quedaba de su ropa.

Tiró de esos incómodos bóxers para igualar las circunstancias, hambriento provocó la fricción sobre esa piel cálida y abrió el paso hacía su premio provocando un temblor y piloerección. No confundir con una erección, esa era más que evidente.

No tocó nada, era el delicioso proceso que debes pasar para que algo exquisito sea sublime.

Alma se abrazó a su cuerpo haciendo chocar sus sexos. Una tensión maravillosa y pareció que la sangre corría con más prisa hacía aquel lugar.

Subió y presionó sus costillas, amasó cada fibra hasta volver abajo y el intercambio nervioso se intensificaba.

Las manos corrían. Podría vivir cien años sin probar un solo bocado después de aquello.

Tomó sus muslos con fuerza y con un ligero impulso hizo que esas piernas delgadas le abrazaran la cintura y su miembro calentara su vientre.

Su entrada quedó expuesta cuando lo lanzó en la cama. Su lengua se detuvo en el cuello, en el pecho, en los pezones y ombligo hasta que llegó al miembro que exhibía una gota brillante en la punta y muchas más ya manchando su extensión. Lo metió en su boca soltando el vaho y rodeándolo con su lengua. La suave textura alcanzaba su garganta y saboreaba lo que lo mantendría vivo por siglos.

Calidez y esos gemidos reprimidos. Olvidó que en cualquier momento podría llegar alguien. Olvidó dónde estaba y que los sabores eran nuevos en sus alucinaciones. Pero era nuevo y bueno. Sí, bueno.

Estaba entre sus piernas, con las defensas apagadas y aún así era Alma quien corría más peligro. Él subía la pelvis, pedía más pero lo abandonó. Mojó el orificio rosado que se abría intermitente cada vez que sus manos lo masturbaban. Su lengua llegó hasta el calor de su interior y cuando los músculos parecieron darse por vencidos, su dedo se escabulló dentro. Salió, entró, buscaba algo. Salió, entró, pero Alma pidió un momento y escalando las sábanas llegó hasta él para entregarse con energía a complacerlo con sus labios.

Su boquita se abría al máximo y lograba soportar algunas arcadas cuando su pene llegaba al límite de su garganta. Kanda descubrió que era el alivio que necesitaba, algo irreal como sus flores porque en ese mundo nada podría sentirse mejor. Y las flores habían desaparecido. Y las voces decían que se condenaba. ¿Por qué continuaban las voces? ¿Tenía que devorar a Alma por completo para que los dejaran? Pero ya lo había devorado mil veces en el hospital, con cada palabra de realidad, con cada pastilla, con cada día convenciéndose que no era inmortal en su cabeza de loco. Le enseñaron a matarlo, le enseñaron a negarse ese inofensivo placer, le enseñaron a no ver muertos.

Separó el rostro de su alucinación y lo obligó a acostarse de nuevo. Dejando marcas rojas en todo lo que su boca tocaba, volvió a juntar sus erecciones y tomándolas fuertemente con su mano, hizo que aquellos positivos se mezclaran como si fueran positivo y negativo. De más sabía que no podría conectarse de otra manera, tenía que tocarse a si mismo también para que su fantasía funcionara. Alma ya no tenía cuerpo, mucho menos interior y era inútil forzarse a llenarlo.

Corrían uno sobre otro, uno al lado del otro, se encontraban y con cada movimiento los músculos se endurecían hasta abrirse y deshilacharse.

Ahora gritaban, el sudor trataba de enfriarlos pero bien podría evaporarse y nublar sus cerebros. Caliente, mojado, enrojecido, palpitante, liso, brillante, asfixiante, ardiendo, estrujando la tela, con nudillos blancos, apnea, tensión, quemando, como si cada parte se su cuerpo fuera apretada, con el latido en los oídos, rápido, luminoso, desbordante, blanco.

Las gotas seguían saliendo con cada temblor. Cuando sus pechos se juntaron en descanso y sus corazones trataban de calmarse mutuamente murmurando el regreso de la vida a sus cuerpos, supo exactamente donde reposaba Alma y que esta vez él lo había devorado.

Cuando la voz volvió a él, dijo: "Tú no eres Alma, yo lo maté"

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DISCLAIMER: D. Gray –man no me pertenece, es de Hoshino Katsura

NOTAS DEL AUTOR: Bien pues no sé que mierda estoy haciendo. Me sentí como una colegiala inocente escribiendo este lemon, creo que me he oxidado. .

Dedico este fic a las inocencias perdidas y a los que no saben qué coño hacer con sus vidas.

Agradecimientos a todos los que dejaron review, leyeron el fic o lo botaron a la basura porque no es una historia de amor y en especial a Yin-Riench que me da esperanzas en la juventud.

Y recuerden Spielberg está sobrevalorado. (¡Y Tim Burton también!)

Nos leemos luego.

Mandra