Paseo escolar
Era oficial; odiaba el color rojo y los números impares. Todo lo impar era sinónimo de imperfección; por lo menos era lo que su pueril mente llegaba a comprender.
¿Qué acaso vendían sólo un calcetín? Claro que no. Vendían el par, no uno o tres. Los pares eran buenos, así como el dúo dinámico, o las parejas en un matrimonio, incluso el dos por uno, siempre eran dos no tres.
— Mira Gaa-chan, que bonito cuadro —sí, los tríos eran definitivamente malos.
Estúpido salón con número impar de alumnos. De no ser así, entonces ahora Naruto no tendría que estar caminando con una lapa pelirroja a su izquierda -al ver de ciertos ojos negros-, y un obsesivo a su derecha -en la percepción de unas cuentas verdes-.
Una bendición, que el rubio ni enterado de que esos dos intentaban evaporarse con las miradas.
Sasuke, después de una intensiva plática con su hermano, al final logró asimilar que el Uzumaki era propiedad pública. Quizás tenía cierta excepción a ojos de su padre, pero el punto era que no podía monopolizarlo, el niño sol tenía el derecho de hacer tantos amigos como quisiera.
Y si no quería perderlo, lo mejor era darle cierta libertad. Sólo un poquito.
Mientras que para Gaara, el pelinegro antipático y amargado -palabras utilizadas por su hermana mayor-, era un obstáculo en su lucha por establecer una amistad. Él no era una persona sociable, todo el jardín de niños se la pasó acompañado únicamente por su fiel peluche de osito, le costaba hablar con los demás; introvertido y con un terrible miedo al rechazo. Sin embargo ese chiquillo güerito rebosante de alegría, se le acercó al momento, y dedicándole una inmensa sonrisa lo llevó a su lado brindándole su compañía.
Ese tal Uchiha de verdad que era iluso si pensaba que iba a dejar a su primer amigo, únicamente por culpa de un tarado encaprichado.
Ahora sitúen a dos niñatos temperamentales en este contexto; van felizmente de paseo a una galería de arte, todos los infantes tienen que formar pareja con algún compañerito, y ellos oportunamente quieren estar en compañía de mismo niño. Adorable.
Quizás el odio arribaba un poco más del lado Uchiha. En la anterior excursión el bermejo ojeroso cayó enfermo, imposibilitado totalmente para ir con el resto del grupo a ver la exposición del antiguo Egipto, Sasuke no tuvo más que preocuparse de que Naru no traspasara la línea de seguridad que los dividían de las momias y los sarcófagos; pero ahora, tenía que lidiar con el de las aguamarinas, que fingía interés en el arte contemporáneo, al igual que el neko.
Así Naruto terminó con sus dos manos ocupadas, tambaleándose contento, imaginando que sus mejores amigos eran tan unidos que se asemejaban a los tres mosqueteros, y él era el heroico líder, ya que ambos parecían querer complacerlo.
¿Qué más podía pedir?
Simplemente seguir disfrutando de los cuadros abstratastos*, de los que sus maestros tanto hablaban.
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
— Cariño…
— ¿Qué pasa cielo?
— ¿Ya me sueltas?
— Déjame lo pienso otro ratito.
No estaba entre sus planes terminar encadenado al sillón, mientras su alegre esposa disfrutaba de un delicioso té de mango con fresa; la meta original era poder quedar incluido en la lista de chaperones para el viaje que su adoración realizaría ese día.
Qué pena que todo se fue al traste.
Para empezar ¿Qué clase de institución promovía los viajes a lugares tan lejanos? Entiéndase el centro de la ciudad a media hora de camino, yendo lento, muy lento. Como fuera, no era adecuado que su niño saliera, sin la supervisión de su Otou-chan; que los otros desobligados padres quisieran dejar a sus hijos, ahí afuera en el mundo para que cualquier mal les ocurriese, muy su problema. El año pasado había logrado su cometido, a escondidas de Kushina -y también de Naruto- ; después de todo él mismo se podía tomar algunos días a sueldo. Pero ahora, simplemente la treta no le salió ¿Por qué su madre tuvo que llamar a su mujer advirtiéndole de sus planes? No era increíble ver como su propia sangre lo traicionaba.
Suspiró rendido; su esposa no le cedería ni un instante a solas, y la verdad es que no le apetecía desobedecer a su pichoncito.
Kushina levantó discretamente la mirada, viendo como su marido intentaba recrearse, moviendo sus dorados mechones con su aliento; quizás era un poco severa con el hombre, pero su esposo tendía a la paranoia, algo común considerando que su juventud no fue del todo segura e integra.
Quizás recompensarlo de alguna forma no estaría del todo mal. Ahora que lo pensaba, estaban los dos solos en casa, como hace tiempo que no ocurría, y Naruto no llegaría de la excursión hasta pasadas las tres de la tarde, magnifico tiempo considerando que apenas eran las diez y media de la mañana. Sí, bien podía aprovechar el tiempo en otra cosa. Una pícara sonrisa se instauró en su cara, al tiempo que con felinos movimientos de acercaba a su pareja.
— Minato —pronunció silbante, acomodándose en el regazo del todavía aprisionado hombre—. Hace tiempo que no tenemos espacio para nosotros —dijo divertida, quitándole las ataduras al rubio. Tenía que aprovechar al blondo, el cual seguía siendo increíblemente atractivo, manteniendo la fresca serenidad de cuando lo conoció y que ahora en contadas ocasiones apreciaba; es decir, ya no lo veía sereno muy seguido.
El Namikaze al comprender las intenciones de su mujer, esbozó una cándida sonrisa; debes en cuando el interés por su hijo no le dejaba apreciar que había otras personas muy importantes en su vida.
— Es verdad, quizás hasta podríamos intentar tener otro dulce bebé —comentó bromeando.
Eso fue suficiente para detener todos los objetivos de la Uzumaki ¿Otro niño? ¿Volver a pasar por lo mismo? Los ataques que sufrió cuando su esposo se despertaba a medianoche alegando que su angelito estaba muy callado ¿Qué acaso lo quería todo el santo día despierto? Las ocasiones en las que la pelirroja se llegó a enfermar y por ende Minato le prohibía entablar cualquier clase de contacto con su hijo por varias semanas; la angustia que experimentaba su esposo cuando a su niño le daba gripe. No quería ni imaginarse las reacciones de Minato cuando Naru llegara a la adolescencia o se fuera para estudiar en la universidad o se quisiera casar. Ellos tres ya tenían suficiente, como para arriesgarse a traer otro ser a la tierra y que el ciclo volviera a comenzar.
Le daban escalofríos, de rememorar su vida.
— No expondré a otro inocente niño a tu patológica demencia —exclamó retirándose de su marido. Convencida de que la abstinencia era mil veces mejor a seguir trayendo retoños al mundo que enloquecieran -de dicha- más al rubio.
Minato sólo se le quedó viendo expectante ¿Ahora qué había hecho mal?
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
— ¡Quiero un jugo teme! ¡Dame mi dinero! —exigió el rubiecito abalanzándose sobre su amigo, en vano intento de arrebatarle su monedero de ranita. A lo que el niño de ónice mirada, tan sólo le bastó alzar la mano imposibilitando el efectivo.
— Ahorita te acompaño dobe, Kushina-san me dijo que no te dejara gastar en golosinas —le recriminó Sasuke, apartando a Naruto de su cuerpo. Al áureo chiquillo no le quedó más opción que arrebolar sus mejillas mostrando su inconformidad. Mientras que el tercero en discordia del grupito miraba curioso la escena, buscando una explicación para el comportamiento del Uchiha.
La hora del almuerzo transcurría sin más inconvenientes, y al final tanto el pelinegro como el bermejo se cansaron de ocupar toda su atención en el mutuo desprecio que los envolvía, así que decidieron hacer las paces momentáneamente y disfrutar de sus emparedados, tranquilos e ignorándose, centrando su atención en cosas mucho más trascendentales, como las ardillas pequeñas y curiosas que habitaban cerca del complejo que visitaban.
Todo iba sobre ruedas hasta que al angelito blondo, se le ocurrió, ir a comprar alguna bebida de mejor sabor que el agua simple.
— ¿Por qué el Uchiha tiene tu dinero, Naru? —preguntó Gaara llamando la atención del zorrito que seguía rezongándole al neko, para que lo acompañara por su jugo.
— Mi mami le dio mi dinero a Sasu-teme, por…
— El dobe tiene caries —pronunció Sasuke cortando a Naruto, antes de que al niño sol se le ocurriera ponerse como la víctima—. Y Kushina-san me dio su dinero, porque yo sí soy responsable y no le voy a permitir comprar caramelos. Vez Naruto, eso te pasa por no comer lo que debes —dijo con una sonrisilla prepotente, disfrutando de que la madre de su amigo le tuviera tanta confianza, después de todo, muchos adultos opinaban que era muy maduro para su edad.
— ¿Conoces a sus papás Uchiha? —preguntó un tanto inseguro el rojillo; Gaara sabía que esos dos habían sido amigos por mucho tiempo, pero no imaginó que su relación fuera tan sólida, hasta el punto en que los padres del rubito le tuvieran ese tipo de confianzas al Uchiha.
Sasuke vio entonces, una oportunidad de oro para alardear de todas las vivencias que había pasado al lado de Naruto, demostrándole a ese niño metiche, que el güerillo siempre sería más cercano a él de lo que el otro podía aspirar.
— Claro que sí, hace años que voy a jugar a la casa de Naruto, él es MI mejor amigo y siempre lo será, hasta he paseado los fines de semana con él y sus papás y me quedó a dormir y jugar seguido con el dobe —dijo jactándose de su suerte. Lanzándole una mirada de superioridad.
Al final, se dignó a acompañar al querubín de los zafiros, por su bebida, satisfecho por haber dejado callado al ojerosin.
Según le habían explicado sus hermanos, cuando quieres algo de alguien y no te gusta que la otra persona disfrute de su suerte se llama envía; ellos le dijeron que esa clase de sentimientos era llanamente malos; pero Gaara no podía evitar experimentar esos ácidos celos bullir en su interior. Naruto también era su amigo, quizás la convivencia entre ambos no había sido tan extensa pero ya era un año de que se conocían, el Uchiha lo superaba con más del doble de tiempo, pero eso no le impediría disfrutar la compañía del zorrito. Vio regresar a sus dos compañeros, Naruto succionando su jugo, recriminándole al otro que no era un mal niño y que no desobedecía a su madre si ésta le daba una orden, y el otro escuetamente ignorando sus chiquillos.
— Naruto —señaló el pelirrojo algo fuerte y con mucha seguridad en la voz, llamando la atención del otro niño—. ¿Yo también puedo ser tu mejor amigo, verdad? —preguntó esperanzado, dirigiendo sus enormes ojos verde agua, hacia los intensos cielos.
Sasuke se quedó pasmado ante la iniciativa del pelirrojo, nunca imaginó que fuera a tratar las cosas de manera tan directa. Pero él sabía que el blondo pequeño sería incapaz de darle la espalda.
— Claro que sí, Gaa-chan.
Estúpido rubio.
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
Pronto arribarían a la escuela, y él no podía estar más incómodo. Se hallaba en los últimos asientos del autobús; al ser todavía sus cuerpos pequeños y delgados, era muy fácil que tres chiquillos se acomodaran fácilmente en dos butacas. El problema era compartir dicho espacio con, el ahora declarado, su rival.
Porque sí, a partir del momento en que el pelirrojo se ganó el título de "el otro mejor amigo de Naruto" Sasuke estaba compitiendo; y eso le desagradaba muchísimo.
Veía a Gaara, dormir apacible recargado contra la ventana; como le daban ganas de desquitarse de él en ese momento, pero no podía, en sus clases de artes marciales le enseñaban constantemente lo deshonroso que era aprovecharse de un enemigo con la guardia baja. Arrugó el entrecejo, cavilando los métodos que luego utilizaría para que Naruto permaneciera como uno de sus más fuertes lazos.
— ¿Estás enojado? —cuestionó el áureo que recién se despertaba y que permanecía acomodado sobre su pecho.
— Sí —dijo el neko, arrugando más su frente y observando al otro pequeño de forma acusadora.
— ¿Por qué? —inquirió preocupado, no le gustaba tener problemas con Sasuke, él sabía que cuando el otro se ponía escurridizo, era una pelea diferente a cuando ambos quería un mismo juguete al mismo tiempo.
— Le dijiste al Sabaku que también es tu mejor amigo —chilló ofendido por encontrarse en la misma categoría que Gaara.
— ¿No puedo tener más de un mejor amigo? —pronunció triste el querubín, pidiendo la respuesta del azabache.
No quería hacer sentir mal a Naruto, gracias a él había disfrutado de experiencias maravillosas, y era complemente injusto provocar que se encasillara a una sola persona. Pero simplemente no lo quería compartir. No quería dejar de ir a su casa a jugar y disfrutar en su compañía de las deliciosas galletas de Kushina-san, no quería dejar de ir al cine con la familia del rubio, pese a lo molesto que podía llegar a ser su padre; incluso hasta Minato-san ya le hacía gracia, no quería perder todo eso. Tan sólo le quedó asentir con la cabeza, diciendo que no estaba mal que tuviese otros amigos. Guardándose sus pesimistas expectativas, de que ahora sería desplazado.
— Seguiremos haciendo lo mismo dattebayo —aseguró Naruto con una sonrisa; como adivinando el pensamiento del otro crío—. Pero ahora quizás Gaa-chan nos acompañe.
Eso no se escuchaba tan mal. Sasuke no pudiéndose contenerse, y cerciorándose que la mayoría de sus compañeros o estaban dormidos o distraídos en algo. Apretó aún más a Naruto entre sus brazos para enseguida darle un piquito. Dejando descansar una parte de su corazón.
— Soy el único que puede hacer eso —advirtió sonriente.
— Sip, Sasu-baka.
Notas
*Naru quiso pensar abstracto.
Me apuré, ahora que tengo ánimos es mejor aprovechar. Aunque… no hubo mucha participación de Minato y eso que es el protagónico, bueno lo solucionaré en el siguiente episodio. Por cierto ya tienen siete años los críos latosos, lentamente se acercan a la edad de la punzada.
Muchísimas gracias a las personitas que se molestan en dejar comentario:
Nekomata-Mizu; Ranmen-chan; Hakkusyo - San; Thalismandra; Mikiita; miko0; tSuKi Ai KoU; ginna; UsuRaKantochi en buSca de TeMe; Ale-are; Sasuko-Uchiha; Kuroko du Lioncourt; luna; ika; Enit Shadow; joshihita-chan H.K.; katsurag; Asura no Yukiko; lin; aki-chan91; GenoBlack; Miru; Aswang; zarame-sama y a Elo-chan.
Gracias por leer y cuídense.
