Cariño de niño

Cuantas veces no había escuchado -de sus alumnas- decir que el mejor remedio contra la depresión era tirarse en el sofá o la cama, frente al televisor, con una interminable dotación de dulces y golosinas, especialmente bombones y helado de chocolate; mientras se miraba un buen maratón de películas dramáticamente empalagosas, dejando que la cursilería se apoderase de cada fibra sensible de su ser. Describiéndolo de ese modo sonaba tan patético, que era difícil pensar que él estuviese realmente recurriendo a eso.

Todo había comenzado ya cuatro meses atrás, cuando a su inmaculado querubín se le había ocurrido confesarle -en aquellas triste noche- que le gustaba una horrorosa niña, la cual atentaba contra todo el universo de Minato -ósea Naruto-. Desde aquel instante su pelirroja reina le había prohibido acercarse a la escuela de su hijo, con el fin de evitar algún penoso altercado que los obligara a tener que mudarse de ciudad -Kushina simplemente no soportaría la venguenza -.

Hasta el momento nuestro rubio estrella había aguantado las ganas de ir corriendo donde la niña de la discordia, para gritarle en la cara que se mantuviese alejada de su hijo -el método más efectivo para repelerla-; pero ahora no podía sino sumirse en su propia miseria. Y tan bien que iba reprimiendo la ansiedad.

Ese sábado el otro demonio -ya no tan chibi-, por causas fantásticas del universo no se había presentado a su casa a incomodar, por lo tanto el Namikaze tenía todo el fin de semana para disfrutarlo con su hijito. Eso hasta que el blondo chiquillo le dijo que ya era tiempo de confesarse a Sakura; así que requeriría de todo el día para poder hacer una linda tarjeta que expresara todo su dulce cariño por su compañerita.

Luego del shock inicial que sufrió el rubio mayor -el cual duró más de veinte agónicos minutos-, su mente y su cuerpo se sentían tan debilitados y caóticos, que era inútil intentar salir de su casa para presenciar como aquella chica sufría de algún desafortunado incidente. Su nenita estaba cual guardia ingles a la entrada de su morada, e intentar escapar acarrearía seguramente más de una traumática lesión. Además, por desalentador que fuese, ver a su hijo tan entusiasmado pegando brillantina en diversas letras más o menos recortadas, era tan enternecedor, que no podía imaginarse cómo se pondría su tesorito si descubría que la tal Sakura se había marchado misteriosamente del vecindario.

No le quedaba más que hacer, que resignarse.

— Me sorprende que no hayas intentado escapar por alguna ventana —expresó risueña su esposa ingresando a la habitación; quería ver si le podía levantar un poco los ánimos a su marido, después de todo otra prueba de fuego se estaba llevando a cabo en el fuero interno del Namikaze.

— No tengo tiempo para eso cariño, que no ves que está en la parte critica de la historia. Se acaba de morir el perro de la gemela perdida de la protagonista —respondió distraídamente serio el rubio. Kushina ya no estaba del todo segura si permitir que Minato se encerrara en su burbuja de protección era mejor que dejarlo aceptar la obvia realidad. En momentos tan "memorables" como ese -ver al genio de Konoha U con bata rosa y lágrimas de cocodrilo, frente a una peli tipo Disney, y que tenía la cara llena de caramelo-, era cuando consideraba alguna intervención que conllevara un sanatorio mental.

— Sé que no estás para nada contento con la situación —dijo conciliadora la bella mujer, abrazando por la espalda a su pareja—. Pero entiende que Naruto no va a ser eternamente un crío, si no puedes ahora con un infantil enamoramiento, que harás cuando tenga eh… novia o esposa ¿Crees que Naruto estará a gusto de que intervengas en su vida?

Por un lado su nena tenía razón; aunque no lo admitiese Minato tenía pavor a que su hijo lo terminase odiando debido a sus eufóricos ataques de sobreprotección. No quería ser uno de esos padres que terminaban asfixiando tanto a sus retoños, que estos se vuelven chicos caóticos y pendencieros, cuya juventud se desvirtuaba completamente al querer tener un tanto de libertad. Si atentaba contra sus gustos, era posible que su querubín terminara fugándose a algún lugar recóndito como Alaska a vivir con esa niña, trabajando de guardabosques o combatiendo contra hombres lobos.

Sí, Minato se estaba deschavetando.

Por otro lado; la Uzumaki ya tenía una idea de que era lo que pasaba por la mente de su amor, era tan fácil de manipular como a un cachorrito.

— Tienes razón —concedió al final, no sin cierta pesadumbre, el blondo—. Tengo que apoyarlo en todo, es mi deber.

— Estoy orgullosa de ti cariño.

Observo dichosa como su esposo se adecentaba un tanto, apagaba la televisión, y se dirigía donde su hijo, con la solemne intención de ayudarle en el asunto de la tal Sakura. Al parecer Minato había tenido grandes avances ese día.

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

— Y es por eso que tienes que esperar —dijo firme como si de una orden se tratase—. Si te le confiesas ahora, lo más seguro es que te rechace y no porque tú valgas poco —comunicó rápido a ver la cara de circunstancias que se formaba en el rostro de su angelito—. En absoluto; de hecho es porque eres demasiado para todos cariño, y seguramente esa niña se siente ofuscada a ver a un ser tan lindo como tú, eso explicaría por qué no se acerca a ti. Es que tiene miedo de no estar a tu altura.

Su esposo era un verdadero caso perdido. De no estar Naru presente, Kushina ya podría estar estampando la cabezota dura del Namikaze en la pared. Y ella -pobre incauta- que creyó que el rubio por fin había madurado. Definitivamente necesitaba una aspirina, soledad y quizás vodka.

— ¿Entonces es por eso papi? —preguntó ilusionado el niño.

— ¡Claro! ¿Por qué otra razón sería? —después de todo ¿A quién dañaba con esa mentirilla?

Al bajar de su habitación y ver a su hijo, todavía tan entusiasmado por armar una tarjeta para esa mocosa producto del infierno; simplemente no pudo contra tal panorama. Su niño era aún un bebé, no podía permitirse perderlo tan rápido ¡Por dios que Naruto no había ni cumplido los once años!

— Lo mejor que puedes hacer por el momento es acercártele pero como amigo. Así es más fácil decidir si realmente te conviene —su hijo no era de los que juzgaban mal a otras personas; pero existía la posibilidad de que esa chiquilla tuviese algún hábito horrible y desagradable del que su retoño no se hubiese percatado, o quizás en realidad era tan molesta y delicada como su hijo consideraba al resto de las niñas. Quizás al final su preciosa maravilla descubriría que esa chica no le convenía y dejaría su pueril capricho de disque atracción. Después de todo, era su firme obligación como padre el proveer la información correcta y necesaria para que su querubín no pasara por ningún mal momento futuro—. Y si ves que presenta cualquier anormalidad o no está de acuerdo con tus gustos entonces la abandonas y no le vuelvas a dirigir la palabra.

— El último punto no es realmente necesario Naru, tú le podrás seguir hablando a Sakura-chan cuando gustes —tenía que ponerle un alto a su insensato marido antes de que ofuscara por completo el juicio de su primor.

— ¡Y Sakura-chan me querrá como yo a ella! —exclamó dichoso el infante, nunca se hubiese imaginado que las relaciones amorosas se podían complicar tanto, en la tele todo se resolvía en menos de hora y media; vaya que la realidad era un asunto distinto. Además, hasta hace unos meses las niñas le seguían produciendo tal aversión, que era difícil el plantearse querer a una—. Gracias papá, a partir del lunes comenzaré a volverme su mejor amigo dattebayo.

— De nada cariño ¡Ya sabes cualquier novedad coméntamela primero! —por un segundo sintió que desarrollaba de forma tan integra su rol de padre, que era difícil creer que todo lo hacía para ganar tiempo y demostrarle a su hijo que podía seguir muchos años más sin tener pareja.

— No te pases Minato —como dije por un segundo—. Si Naruto sufre cualquier decepción será tu culpa ¿Entendido? —advirtió la de los jades, hastiada de las inmaduras decisiones de su conyugue, y peligrosamente cerca de las agujas para tejer.

— Vamos Kushina, realmente no creo que le guste esa niña —rebatió el Namikaze guardando una distancia prudente para iniciar una huida fructuosa. Claro todos jugaban con la ingenuidad de su nene, pero él no podía, él que tenía más derecho que nadie en el mundo sobre la vida de Naruto—. Además ¿Qué clase de decepción podría sufrir? —preguntó con descarada inocencia.

— El rechazo por ejemplo —quizás y sus padres si lo habían tirado más veces de las que se acordaba, y a ello se debían sus brotes de estupidez patológica, concluyó la Uzumaki—. Básicamente le dijiste que nadie nunca lo batearía, y sabes que eso no está asegurado —a la vista de los padres sus hijos eran únicos e inigualables, preciosas joyitas de oro -quizás Naru si lo era-, pero el punto es que toda la atrayente chispa de su hijo no aseguraba el éxito con la féminas—. Créeme que esa niña será el asunto amoroso más irrelevante que confronte nuestro hijo —terminó en tono de advertencia.

La pelirroja no tenía otra opción que abandonar la batalla por el momento, amaba mucho al rubio como para quedarse viuda tan joven. Aparte necesita conservar nervios para lo que seguramente se avecinaría.

— Sasuke-kun… —dios esos niños no tenían concepción de en lo que se estaban metiendo. Sólo esperaba que en un cercano futuro no tuviese que consolar a cierto niño de cabello negro azabache al sufrir el rechazo, o controlar a su marido para que la policía no lo arrestase por intento de homicidio.

*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*

Estaba molesto, irritado, furibundo; quería gritar, romper algo, golpear a alguien, patear un chihuahua. Estúpido rubio que se cargaba por mejor amigo; eran en momentos así cuando deseaba nunca haberlo conocido. O por lo menos tener la capacidad para ignorarlo cuando era debido.

Vio su elegante figura en el largo espejo de su habitación, su rostro que lentamente abandonada las pueriles facciones dando las señales de la etapa que estaba por atravesar su anatomía; además de que lucía esplendido en el magníficamente confeccionado traje negro que vestía esa noche. Un inconforme suspiro escapó de sus labios.

Era un día importante, después de seis largos meses de ausencia su querido hermano al fin regresaba a casa del extranjero, y toda la familia se había reunido para en parte darle una cálida bienvenida como sólo el clan podía hacerlo -entre estadísticas de sus logros y comparaciones con otros miembros-, además de que en poco menos de un año, regresaría definitivamente a la mansión para ocupar un puesto junto a Fugaku, que ya iba siendo hora de explotar los majestuosos talentos del heredero prodigio.

Desde hacía una semana Sasuke estaba más que dichoso por la expectación de ver a su Nii-san después de tan prolongada ausencia, sentir el cariño y la protección que únicamente los brazos de su hermano le podían otorgar, ni su madre era capaz de transmitirle tal sentimiento filiar.

Una fecha tan esperada y él no podía quitar la cara de mala leche. Pensar que hace veinticuatro horas todo pintaba espectacular.

La mañana del viernes transcurrió de lo más normal; quizás las catástrofes futuras se debieron al buen humor con el que se despertó aquel día, ya que Naruto tomó la actitud de su amigo como una señal en positivo para tratar con él cierta cuestión que ya le estaba corroyendo las tripas. Durante el almuerzo el rubio bobalicón, de la manera más imprudente e insensible que se pudo venir a la mente, le confesó el disque amor que profesaba por cierta compañera suya decorada de rosa pastelón. Fue en ese momento -en el que el ingenuo chiquillo blondo lo miró ilusionado esperando alguna reacción de su mejor amigo-, cuando algo muy frágil explotó dentro del Uchiha.

A partir de ahí, Sasuke decidió pasar olímpicamente de Naruto; algo que irónicamente no le resultó para nada como la última ocasión que le aplicó la ley del hielo. Ese idiota rubiales estaba tan absorto en la forma en que conquistaría a Sakura, que ni atención le ponía al desprecio de su amigo. Le daban tantas ganas de ir donde Minato a chismearle las alucinaciones que tenía su inocentón hijito. Seguro que el paranoico padre le prohibía rotundamente volver a compartir espacio con la Haruno.

¿Pero qué mierda estaña pensando? Ya hace tiempo que se había puesto el firme objetivo de no celar al niño sol. Ni siquiera sabía por qué le causaba tanta aversión ver como el zorrito otorgaba afecto a otros. Seguramente la locura de Minato-san lo había consumido.

¿Qué podía hacer para dejar de sentirse tan asquerosamente emocional al lado de Naruto? Seguro que su Aniki nunca sufría por nimiedades de ese tipo.

Entonces todo en la mente del neko se aclaró.

¡Su fantabuloso hermano estaba a unos cuantos metros de distancia! Seguramente terminándose de arreglar para la fiesta y más que dispuesto para escuchar todas sus preocupaciones y dilemas. Tan fácil que era ir y pedirle un consejo.

Se terminó de poner la corbata correctamente y salió disparado hacia la recamara de su amadísimo Nii-san; así también podría aprovechar para platicar un rato con el mayor, ya que desde su arribo unas horas antes, apenas y tuvo oportunidad de saludar a Itachi. Al llegar frente a la puerta que lo separaba de su Aniki, Sasuke no pudo evitar notar ciertos ruidos extraños provenientes del cuarto, como si alguien estuviese empujando muebles ¿Es que a su hermano le había dado por reacomodar su habitación? Toco varias veces, algo quedo, esperando autorización y al no recibir respuesta simplemente entró.

— Vaya ¿No eras tú quien decía que esperáramos hasta el final de la velada?

— Algo que seguramente habría logrado sino te la pasaras insinuándome, maldito descarado.

¡Shock total! Su respetadísimo hermano mayor, aquel epitome de perfección ¡¿Estaba besándose con un rubio -¿Era hombre verdad?- al que acorralaba impúdicamente contra su escritorio, y ambos medio desnudos? ! ¡Vaya que la vida sabe dar sorpresas!

— Aniki… —se escuchó una voz insegura y apagada, aterradoramente infantil; una de las pocas cosas a lo cual Itachi reaccionaria.

— ¡Por dios Sasuke! ¡No es lo que parece!

— ¡Por eso debíamos esperar idiota! —exclamó el rubio intentado cubrirse con el cuerpo de su amante ya que ni idea de donde había terminado su camisa.

— ¡Disculpen!

Salió corriendo, a pesar de los llamados -gritos- que profería su hermano para que se detuviera. Sasuke sentía como un apabullante calor se extendía por toda su cara coloreando de rojo intenso sus blancas mejillas ¡Ese percance también era culpa de Naruto! Ahora jamás volvería a ver a su hermano de la misma forma -si es que algún día, para empezar, lograba verlo de nuevo a la cara-.

Lo peor es que mientras huía con rumbo desconocido, no pudo evitar -por una fracción de segundo- imaginar que aquellas dos figuras eran siniestramente similares a él y cierto zorrito blondo, lo que agitó su corazón a niveles insospechados.

— ¡Dobe todo es tu culpa!


Notas

Que descarada soy, dos meses perdida después de decir que me apuraría con las actualizaciones.

Bueno, sé que a muchos no les agrada que cierta chica de cabello rosa se entrometa con nuestros niños favoritos, pero vamos, Naruto nunca fue realmente consciente de que lo que hace con Sasuke no es normal en una relación de "amistad", además Sakura no va a ser ninguna plaga en el fic, ya tendrá su importancia, después de todo yo misma estoy en contra del Bashing hacia casi cualquier personaje. Espero que esto no los decepcione.

También habrán notado que nuestros niños dentro de poco comenzarán con la revolución de hormonas -Ehh Itachi no perviertas mucho a Sasukito-, así que espero poder cumplir con sus expectativas.

Como siempre muchas gracias por todo su apoyo, que me hace muy feliz saber que varias personillas disfrutan con las cosas que escribo.

Sol uzumaki; miko0; KShieru; ika; Ranmen-chan; Yuki-2310; tSuKi Ai KoU; Nekomata-Mizu; Ro 91; Discostick; joshihita-chan H.k.; YuK-G; Eikou-chan; Enit Shadow; Sayukira; .rishuu.71; luna; Hokuto no Ken; Sofica y love3nekoko-chan.

Cuídense y espero leernos pronto.