Capitulo 8:
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Cuando un ave aparece con un nuevo canto es místico, único, sin embargo con el paso de escucharlo una y otra vez, por más hermoso que sea; descansaras cuando se calle y te deje pensar tranquilo, querrás sacarlo de su jaula y no volver a verlo, hasta que después de eso entiendas el significado de la ausencia y luches por tenerlo en tus brazos de nuevo.
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Hikaru kageyama siempre había sido un chico tranquilo, listo, tímido y alguien que sin poder evitarlo se enamoraba cada dos por tres de una persona; solo bastaba una sonrisa, un cumplido y el menor de cabellos lilas caería profundamente enamorado. La diferencia de este caso era mucha, el, por primera vez en mucho tiempo se había enamorado de un chico que ni siquiera le había dirigido la palabra, uno que a su forma de ver daba miedo, incluso llegaba a sentirse triste cuando gente de otros salones o de su mismo grupo lo molestaba. La verdad es que no entendía mucho de lo que pasaba realmente por la mente de Masaki Kira, solo sabía que su corazón golpeteaba fuertemente al verlo, parecía, a su forma "inmadura de ver" un príncipe; el príncipe solitario que desde niño había imaginado amar. Por que muchos tal vez no lo sabían, pero Hikaru tenía claro desde hace algunos años que a el no le gustaban las niñas, incluso llego a temerles. La mejor prueba de aquello era Beta y Orca que atemorizaban a todos a su alrededor. Sin embargo a pesar de todo Masaki jamás les había tenido miedo.
Generalmente pasaba horas observándolo, de reojo, de frente, admiraba su letra, redonda, clara y limpia, incluso su "obsesion" llego a tal grado de varias veces escribir su nombre en el cuaderno sin pensarlo; lástima que Kariya ni siquiera volteaba a verlo, logrando así que una fuerte tristeza se apoderara de su corazón.
Pero ese día de alguna forma todo había sido distinto, ¿la razón? No le interesaba saberlo, de más, solo le daba gracias al cielo que sus sueños frustrados se habían hecho realidad. A base de mentiras pero lo habían hecho. Si. Mentiras y en ese momento no se arrepentía de aquello, mucho menos de haberle contado a beta mediante un anonimato que Kirino Ranmaru se metía con Shindou Takuto al mismo tiempo que lo hacía con Masaki. ¿Por qué? El por que era fácil, Hikaru estaba consciente de la relación del ojiambar con el pelirosa mayor, sin embargo jamás le pareció justo como Kirino trataba al menor, Kariya era alguien para no avergonzarse, no merecía sufrir por un pelirosa que no lo amaba, que no llegaba a amarlo tanto como él lo hacía. Por eso lo había hecho.
Si no hubiera actuado de esa forma, estaba seguro que ahora mismo no se encontraría en aquella abrumadora situación, una que había deseado alcanzar desde hace tiempo.
Sus jadeos se perdían en la boca del contrario, sus manos se enredaban en las hebras azulinas de Masaki, mientras sus piernas se enredaban con las contrarias. Era un toque delirante, era mejor que ver los fuegos artificiales en primera fila.
Era caótico, asfixiante. Delicioso.
Ambos terminaron tumbados en la cama del peliazul, sintiendo que sus ropas quemaban, que necesitaban dejarlas lejos, entregarse mutuamente. Aunque a decir verdad el único que sentía la necesidad del contacto humano en una efímera oportunidad de venganza era Masaki, de alguna forma lo disfrutaba, pensaba en Kirino, en su dolor, sonaría cruel, despiadado e incluso sin escrúpulos. Pero el pequeño cuerpo debajo del, no le importaba en absoluto.
Hikaru Kageyama, un chico completamente obsesionado, tierno, entregándose a la persona que amaba.
Masaki Kariya, un chico solitario, dolido, que solo buscaba la venganza.
¿No era la vida algo maravilloso?
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¿Por qué no haces nada?
–Porque no puedo
¿Qué te detiene?
–No lo se
¿No lo sabes?
–No…
¿Por qué no miras su dolor?
–El tiene la culpa, el toco lo que era mío…
¿Realmente es así?
–Lo es, es culpa de Matsukaze, es culpa de beta… él es débil.
Tú también lo eres
– ¡Basta! No es mi culpa– Un fuerte grito resonó por toda su habitación, su cuerpo, lleno de sudor -a pesar del aire acondicionado- dejo al descubierto la reciente pesadilla que había tenido. Llevo sus manos a la cara, las restregó varias veces y sintió su cuerpo temblar, no de forma brusca, pero solo al escuchar aquellas voces que no lo dejaban tranquilo su cuerpo entraba en ese estado tan caótico. Observo las pastillas a su lado, las tomo y junto a un pequeño trago de agua se las paso.
Shindou, la mayoría de las veces llegaba a tener ese tipo de "pesadillas" que no eran más que sus demonios dormido o en todo caso su lado más humano apelándole hacer lo correcto, lamentablemente aquello no lo había sentido tan presente como en esa noche. ¿Pero quién lo culparía? Sus ataques habían vuelto en esos días, Tenma no había vuelto a la escuela en dos días desde aquel incidente, Tsurugi seguía igual que siempre; lastimándolo inconscientemente. Kirino el único que llegaba a entenderle del todo y a soportar sus ataques había estado medio ausente, no por completo, pero si lo suficiente para tener ese frio nudo en la garganta atragantándolo.
Lo que más le había atormentado esos días era el tema de Tenma Matsukaze. Si se lo preguntaban al principio detesto a ese niño con todo su ser, incluso llego a tomarle un odio casi tan grande como el que le tenía a beta. ¿Por qué? Por que estaban cerca de Tsurugi, del maldito traidor de Tsurugi que se la pasaba sonriendo y revoloteando alrededor de esos dos. Le daba asco ver la sonrisa del ojiplata, sin embargo, se controlaba y a la vista de todos parecía tan tranquilo y sereno como siempre.
Cuando a sus manos había llegado el video de Tenma y Tsurugi teniendo relaciones en el baño de beta, podría haber afirmado con facilidad que su odio no pudo haber llegado a una cúspide más alta y sinceramente pensó que todo se había ido por un reverendo tubo.
No fue hasta el día siguiente cuando Beta humillo públicamente a Matsukaze y Tsurugi no mostro nada más que indiferencia ante él, que su corazón de alguna manera se calmo. Pero como era de esperarse no movería ni un solo dedo, se los prohibió a todos los que estaban a su "orden" tenían prohibido ayudar a Matsukaze en cualquier situación que lo viesen, sin saber que de alguna manera el al igual que Tsurugi habían contribuido a cortarle las alas, su voz, su vida, su dignidad.
A veces, de verdad su mente le atormentaba, especialmente aquella personalidad débil que se presentaba cada noche, su bipolaridad no le ayudaba para nada, hubo incluso peleas consigo mismo que le causaban un dolor de cabeza tan grande que no encontraba otro lugar para descansar que no fuera la sala de música.
El tiempo paso y de forma tardía se había dado cuenta que Matsukaze no tenía la culpa de nada. Uno de sus llamados de conciencia fue aquella vez que lo vio siendo molestado en el salón de clases, donde su caballerosidad y conciencia lo llevaron a ayudarle, cuando vio al nuevo alumno defenderlo casi al punto de perder la vida; se dio cuenta de que todo lo que había hecho y pensado había sido incorrecto. Y ahora su conciencia se lo reclamaba.
Debía dejar todo eso de lado y encontrar la manera de ayudar a Matsukaze y por supuesto hacer que el poder de Tsurugi y beta redujera en el colegio.
Suspiro cansadamente y se volvió a recostar, cerró los ojos con tranquilidad, perdiendo su cordura en los suaves brazos de Morfeo que, al fin después de mucho tiempo los había alzado para abrazarlo.
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Se encontraba sentado en la cama, el peluche que tenía en las manos solo hacía que se sintiera aun peor, es decir, no entendía por que estaba actuando de esa manera, sus celos de alguna forma tenían justificación suficiente o al menos eso quería creer. Desde esa tarde no había cruzado una sola palabra con el mayor de los Tsurugis y eso realmente lo tenía preocupado. Yuuichi podía estar tremendamente enojado con él.
¿Qué podía hacer? Solo el pensar el dejar su orgullo de lado y hablarle le hacía sentir tranquilo, sin embargo era más fácil pensarlo que hacerlo, tenia 2 días evadiéndolo, sin hablarle, tratando que su atención no fuese captada por aquella encantadora sonrisa o esos labios carnosos que lo invitaban a ser besados. Kazuki estaba llegando a un punto crítico, donde la presencia del peliazul le hacía falta de una manera que jamás creyó tener.
–Todo es culpa de Amemiya– susurro para sí, observando la televisión que sin bien ni mal realmente no le prestaba atención, se encontraba divagando en encontrar a la persona responsable de la frustrante situación que vivía. Desde que ese chico de cabellos naranjas se había inmiscuido en la vida de ambos las cosas iban de mal en peor. Detestaba pensar que Yuuichi tocara a otro ser humano que no fuese el. Claro estaba que no tenía la cara para reclamarle nada ya que jamás llegaron a ser un "algo", no por falta de interés de Kazuki cabe destacar, más bien se debía a que de alguna forma nunca lo vio necesario, pensaba que en algún momento de su relación Yuuichi se le declararía. –Superior Yuuichi~–Repitió en voz baja, recordando como le llamaba los primeros meses en que se conocieron, hundiendo su rostro en el peluche que sostenía, sintiendo como la tristeza se apoderaba de gran manera de aquello ojos violetas que a Yuuichi tanto le gustaban.
Tal vez había sido un completo tonto.
Sintió su teléfono vibrar, pensaba en no contestar, estaba muy cansado mentalmente para eso, sin embargo la curiosidad por saber de quién se trataba fue más grande, y no dudo en revisarlo, mas aun después de leer "Yuuichi Tsurugi" en la pantalla.
"Por la ventana"
Rápidamente, acomodo su pijama, asomándose con rapidez a su patio, efectivamente ahí se encontraba el mayor sonriéndole, saludándole desde donde estaba. Kazuki, sintió su corazón latir, que parte del alma se le iba y quería evitar de alguna manera que las lagrimas abandonaran sus ojos. Abrió el gran ventanal, le dio la espalda y se dirigió a sentarse a su cama, observando como en menos de cinco minutos el mayor estaba dentro de su habitación. Yuuichi sonrió de nuevo, sacando de su bolsillo una pequeña caja color morado, envuelta con un moño plateado. Kazuki la tomo, la desato con cuidado y sonrió emocionado. Se trataba de su chocolate favorito.
–Realmente discúlpame, no pude conseguir más que ese, estaban agotados en la mayoría de las tiendas donde los venden–Se justifico el peliazul, llevando su mano hacia la nuca para rascarla de forma nerviosa–Yo solo quiero decir…–suspiro, mas no pudo continuar al sentir los finos labios de Kazuki contra los suyos.
–Te perdono…–susurro el rubio separándose de él, acariciando sus mejillas y mirarlo fijamente a los ojos. –Superior–Jadeo en forma suave, mientras su mano comenzaba a escabullirse con suavidad dentro de la ropa del peliazul, palpando su abdomen, su torso. Kazuki bajo la vista y la subió poco a poco, observando al mayor con los labios entreabiertos, siendo superficialmente tocados por los rayos plateados de la luna, tanto que parecía un espejismo.
–Un ángel encarnado–Comento son simpleza Yuuichi, delineando con su dedo índice los rosados labios del menor. Kazuki por su lado sonrió, para acto seguido deshacerse de la playera de botones del ojiambar que sin un pelo de tonto cedió. Esos últimos días que estuvo lejos del rubio habían sido un verdadero infierno, necesitaba tenerlo entre sus brazos, a su perecer su forma de actuar era justificada y lo comprendía, el mismo tenía la culpa por levantarle las esperanzas; por estar haciéndolo en ese mismo momento. Pero algo en su interior le gritaba mil veces la necesidad de ese rubio, de estrecharlo y hacerlo suyo de nuevo. Era algo irónico, su corazón de alguna forma se debatía por Taiyou y Kazuki, amaba a ambos, eso lo podía afirmar. –Kazuki–Jadeo sorprendido. En los segundos que se había distraído, divagando en sus pensamientos el menor lo tenía literalmente sin ropa, comenzado a lamer su miembro con su lengua, masajeándolo con sus manos y mirándolo fijamente. El mayor no pudo decir nada, evitaba gemir y gruñir para hacer el menor ruido posible, pero si algo sabia era que ese chico era un profesional al momento de llevar aquella practica acabo, incluso si no tuviera experiencia estaba seguro que con facilidad Kazuki podría lograr que se viniera con solo su boca.
Después de varios minutos al fin Kazuki podía saborear el líquido pre seminal del miembro del mayor, no le disgustaba, de hecho se le antojaba único. Era la esencia de Yuuichi, el hombre al que tanto amaba. Siguió moviendo su cabeza, complacido al ver el semblante sumido en el placer del peliazul, sintió sus manos tomar sus cabellos, buscando que aumentara el ritmo de su vaivén, cosa que obedeció de inmediato. –Yuuichi–Le llamo, parando por unos segundos, el ojiambar acudió a su llamado, observándole fijamente –Te amo…–Indico en voz baja, obteniendo como respuesta una suave sonrisa del peliazul.
Un largo gemido salió de sus labios, sentía que el fin estaba cerca, sin embargo, no logro tocar el cielo tan rápido como quería. Fue empujado contra la cama con el rubio gateando sobre él, y no pudo pensar en nada más que lo doloroso que sería venirse sin poder penetrarlo, el amaba la estrechez de Kazuki y su calidez. Venirse dentro del era una muestra más de lo mucho que lo amaba el rubio al permitirle aquello. El de ojos violetas gimió, se acomodo sobre sus caderas y sin tregua paso sus manos una y otra vez sobre su pecho; definitivamente un ángel era poco comparado con aquella muestra de sensualidad y pureza entremezcladas.
–"Incubo" –Pensó. Solo eso le podía dar cabida a tal descripción. –Kazuki…yo lo siento, es decir lo de Taiyou–trato de disculparse, sin embargo el rubio no respondió, solo volvió a robar su respiración, en un beso demandante y asfixiante.
–No quiero hablar de Amemiya, no ahora–Repuso, justo antes de envolver su lengua con la del peliazul, succionándola, mordiéndola y provocándolo más. Sus dedos llegaron a su entrada, dilatándola lo suficiente para lo que venía, sonrió satisfecho y sin más se auto penetró, sintiendo así un dolor indescifrable, combinándolo con llamaradas de placer que azotaban todo su cuerpo.
Comenzó un vaivén lento, mientras con su mano libre se masturbaba, observaba fijamente al peliazul, sin perder una sola reacción de su rostro, mientras Yuuichi no podía hacer nada más que observar aquel cuerpo que danzaba sobre él, que jadeaba, que buscaba placer, tal vez ese era el castigo al cual lo sometía Kazuki, no poder tocarlo, verlo perderse en el abismo de la mas efímera banalidad sin poder acariciarlo.
Ambos llegaron al orgasmo casi al mismo tiempo, sintiéndose perder, que el aire les faltaba y que sin lugar a dudas la respiración en ese momento les fallaba, describir aquella sensación era imposible, no había o faltaban palabras para hacerlo. El de ojos morados callo rendido sobre el pecho del mayor, quien lo recibió acogedora y protectoramente en sus brazos, acaricio su frente, la beso y limpio con cuidado las manchas de semen que había en su rostro y pecho y le beso.
Ambos se quedaron dormidos. Uno con una satisfacción de haberse unido a la persona que amaba, de darse cuenta que él era tan necesario en la vida de Yuuichi como él en la suya y el segundo con un dulce sabor de boca, que se hacía cada mas acido al traer a su cabeza la hermosa sonrisa del pelinaranja.
Si tan solo fuese posible tener a los dos para él; cual feliz seria.
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Entro a su casa después de un largo día de escuela, sin más suspiro y escucho los fuertes sonidos provenientes del cielo –"Lloverá"–Pensó, mientras caminaba a la sala, encontrándose fijamente con la mirada de su "madre" un mal presentimiento surco su cabeza, especialmente al ver la cara de Minamisawa con la más pura alegría. Su padre detrás de ellos con el semblante bajo, ocultándole los ojos como si hubiese cometido algún crimen que lo avergonzara.
–Kurama–le llamo la mujer mayor, apuntando a su lado, Norhito desvió la mirada intranquilo, encontrándose con una maleta color carmín. –Hoy es tu cumpleaños número 16 y por supuesto teníamos que tener una celebración para un acontecimiento de este calibre. –Argumento la mujer con una sonrisa fingida, posando sus manos ahora en los hombros de Minamisawa.
–Yo no entiendo…–Cierto, era su cumpleaños, uno que jamás habían celebrado, nadie, ni siquiera su padre lo recordaba y el hecho de que lo estuvieran mencionando le daba escalofríos.
–Le he hecho un favor a tu padre de mantener a un bastardo como tú por 10 años, hoy que has cumplido 16 te vas de esta casa…–Volvió a manifestar la mujer mayor de ojos ámbar. Kurama retrocedió un paso, busco la mirada de su padre y no la encontro. Apretó sus puños indignado, frustrado, más les dio la cara, de alguna forma ya lo venia venir.
–Feliz cumpleaños Norhito–ahora la petulante voz de su hermano taladro hasta sus oídos, siendo este el que le entrego la maleta en las manos, Kurama no dudo y la arrebato con fiereza, mirándolo con un odio indescriptible, uno que solo causo una sonrisa de diversión en la cara de Atsuishi.
Salió de la casa, sin mirar atrás, camino sin rumbo diciéndose y repitiéndose a si mismo que era mejor que aquello hubiese pasado, después de todo lo que llevaba no era vida. Sintió las primeras gotas caer, escuchando como poco a poco golpeteaban con el suelo, humedecieron su ropa, su cabello y de alguna forma extraña sus ojos. El no lloraba, no, era una ilusión de la lluvia que hacía pensar que eso pasaba.
No quería ver su realidad…
"La lluvia cae porque las nubes ya no pueden soportar el peso, las lágrimas caen porqué el corazón ya no puede soportar el dolor "
Había sido el mejor cumpleaños de su vida.
Fin del capitulo 8
Continuara.
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Después de mucho tiempo les traigo la continuación del fic, mis queridas, esta vez no hubo TaiTen por que las quería dejar con la intriga (¿?) en fin, espero les haya gustado y si aun siguen leyendo este intento de drama mexicano-venezolano me lo hagan saber, soy feliz por todas aquellas que lo leen, la verdad, estaba a punto de dejar este proyecto de lado pero pos ustedes no lo hice.
¿Qué les pareció la "pelea" de Yuuichi y Kazuki? ¿Qué creen que pase con kurama? ¿Qué creen que Shindou haga de ahora en adelante? ¿Creen que Tenma es un maso y debería enamorarse de Taiyou? ¿Creen que soy mala por no actualizar?~ en fin nos lemon luego, le dedico este fic a Kone y a todas las chicas de Familia Inazuma.
Dejen sus comentarios que es lo que ayuda a un autor a seguir escribiendo.
