Cambios inesperados

Desde que podía recordar, su más tierna infancia se tiñó de colores grises. Crecer bajo el yugo de la familia Uchiha no era nada fácil, menos pertenecer a la rama secundaria de la misma; el único objetivo de tales hijos, era enaltecer y auxiliar a la rama principal. Algo contra lo que su padre luchó toda su vida, por las razones equivocadas, ya que a Danzou lo motivaba la codicia de querer ser el líder del Clan.

A Sai lo criaron para alcanzar un nivel de perfección enfermizo, ser estrictamente el mejor, comportándose a la vez cual sumisa marioneta que fuese incapaz de cuestionar cualquier orden de su padre, algo en teoría muy simple de cumplir; cuando no tienes diferentes percepciones de la realidad, el acatar mandatos deja de ser complicado.

Su meta era rebasar los talentos del primogénito de la casa principal; Itachi. Pero por más que el niño se esforzaba estaba muy lejos de llegar al nivel del genio de la familia, como la luna estaba del sol; podría perseguir por siempre dicho objetivo y nunca vislumbrar la luz de un nuevo día.

Cuando Sai cumplió los seis años, el obvio panorama de que nunca superaría a Itachi le cayó de lleno a su obstinado padre. Sus metas hasta ese momento, no tenían punto de comparación con las del aborrecido genio de la familia. Tanto Danzou como su esposa, no pudieron hacer nada más que expresar la decepción de tener a un vástago tan poco admirable, en comparación con el primer hijo de Fugaku. Aunado a la situación de que por esas fechas la salud de su madre se deterioró considerable y estrepitosamente, la poca atención que el niño albino recibía pasó a ser nula. Sai fue dejado cual plato de segunda mesa.

Por un instante se sintió plenamente confundido de su contexto y al quererse olvidar de su desalentadora situación, el chiquillo no encontró mejor remedio al dolor que se instauraba en su pecho, que desahogarse en la enorme biblioteca de su casa; ahí no perturbaba a nadie, no tenía que lidiar con médicos que transitaban presurosos de un lado a otro por la mansión, no tenía que escuchar los gritos de agonía de su madre, ni los reclamos de Danzou. Sólo eran él y las ficticias historias de utópicas realidades con finales felices ¡Vaya la imaginación que se cargaban algunas personas! Cavilaba inocente.

Cuando finalmente la muerte tocó la puerta de su casa, arrebatándole lo que creyó, era la persona con mayor sensibilidad y amor que la vida podría ofrecerle, Sai sintió como si un abismo tan negro como sus propias cuencas, se lo tragara ¿Qué sería de él en aquella enorme casona, sin las raudas muestras de afecto de su señora madre? Seguramente enloquecería en unos meses.

Pero tan pronto como se preparó mentalmente para controlar la frustración de su padre, fue enviado a vivir a la casa, del que consideraba el enemigo hasta ese momento. Danzou lo abandonó a los cuidados de la familia de Itachi.

Hasta eso la decisión de su padre no pareció causarle mayor incomodidad. Sabía que en tales dominios de la familia Uchiha, existía otro niño quizás tan solitario como él mismo, por primera vez Sai se dio el lujo de imaginarse al lado de un compañero de estudios. Al menos disfrutaría de la presencia del amargado de su primo Sasuke.

La rama principal de la familia Uchiha era tan parecida a su propia familia que daba miedo; un padre con una autoridad absoluta, una madre que como dama de alcurnia no tenía tiempo de atender ella misma a sus hijos, miles de caras falsas rodeando a la estirpe buscando provecho y protección de tan ilustre apellido. Y aderezando tan célebre cuatro, estaba Itachi en toda su gloria rayando lo divino.

Pero a diferencia de sus predicciones, en esa pintura no había ningún niñito olvidado, afligiéndose en su propia ineptitud al no poder enfrascar todas las proezas de su hermano mayor. Muy distante a sus pensamientos, se encontró con un Sasuke dichoso, tan plenamente colmado de alegría que ni su misma naturaleza de Uchiha podía reprimir el gozo del pequeño. Un júbilo teñido de dorado y azul cielo infinito.

La familia Namikaze era un enigma brillante y multicolor, pero a la vez tan cálido que por un momento creyó haber enloquecido y eso que para la época apenas contaba con siete, casi ocho años. Esas personas habían logrado el milagro de salvar -sin ser conscientes de esto- a Sasuke de una vida de frustración y pesimismo, entregándole todas las hermosas vivencias, que cualquier niño por derecho debería de experimentar ¡Inclusive hasta Itachi se había empapado en la esperanzadora luz de la familia de Naruto!

Quizás al final, sí había enloquecido.

Pese a todo y contra lo que uno pudiese imaginar, Sai tenía la percepción de que aunque era muy divertido compartir tiempo con Naruto y sus padres, realmente no tenía ningún derecho para acaparar la atención del dorado nenito; Naruto era el amigo de Sasuke, y si no fuese por su primo habría crecido en su mundo lóbrego y turbio. Por eso nunca le pidió ir con él, cuando al neko le daba por quedarse en la casa del rubito.

Sai quería algo propio, no compartido.

Y ahí es donde entraba Anbu. Su mascota era una parte tan importante en su mundo como el propio oxígeno. Anbu lo escuchaba, lo quería, le regalaba mimos y lo tranquilizaba; no importaba que en algún momento todos estuviesen demasiado ocupados para voltear a verlo y prestarle atención, Anbu nunca lo defraudaba en ese aspecto.

Hasta ahora.

— ¿Sai? —escuchó la monocorde voz que lo llamaba. No se molestó en voltear la cabeza, al fin conocía al dueño de tal tono aburrido—. ¿Por qué no esperaste a los demás? Dijiste que lo enterrarías cuando todos estuviésemos reunidos.

— No creí prudente molestarlos por un acto tan insignificante —respondió seco, aun sin apartar la vista de la tierra revuelta a sus pies—. Al fin no era más que un hámster.

— Era tu amigo —le rugió Gaara molesto por la hipocresía del de cabello negro. Después de tantos años el primer sistema de protección de Sai seguía siendo la apatía. Fingiendo tras una ensayada sonrisa que el mundo no le interesaba lo suficiente.

Ahí reunidos en el inmenso traspatio de la mansión Uchiha, el aire de verano colmado de humedad golpeaba sus frías mejillas, los nubarrones que presagiaban el temporal propio de la estación se aproximaban rápido, posándose delante del sol e impidiendo que el astro transmitiera su cálida luz. Por más que intentara ocultarlo la muerte de Anbu le había dejado tal sabor amargo en la boca, que sin importar cuando azúcar consumiese la desagradable sensación no desaparecía. Con razón su padre en más de una ocasión le expresó lo perjudicial que pueden ser los sentimentalismos ¿Ahora qué? De verdad se iba a torturar por la muerte de una rata. Ni por su madre pudo soltar las lágrimas que suplicaron aflorar de sus negras perlas, y ahora quería echarse a llorar por un animal pequeño y obtuso.

— Naruto dice que está bien —la mano delgada y lechosa del pelirrojo tomó la suya de color cadavérico, nunca le había agradado la palidez de Sai—. Está bien si quieres llorar, yo mismo aun no enfrento bien el dolor, pero creo que podría llegar a confortarte. Eres mi amigo Sai —no eran precisamente las palabras que esperaba, pero quizá eran las que más necesitaba en aquel momento, no explicaba porque otra razón sus ojos lo habían traicionado, liberando discretamente su pesar en forma líquida.

— Naruto es el mejor amigo de Sasuke —comentó bajo, negándose a que las palabras se atoraran en su garganta, y afianzando el agarre que mantenía en la extremidad del bermejo—. ¿Tú eres mi mejor amigo Gaa-chan? —preguntó temeroso, aun con la mirada baja.

— Claro —respondió seguro el Sabaku.

Y con dicha declaración, Sai se atrevió a hacer algo que por muchos años había querido probar; tanto tiempo observando a Sasuke desempeñar dicha acción y al final se daba valor para vivir por él mismo la experiencia.

Rápido y sin vacilaciones le robo un beso al niño de las esmeraldas.

Y como nunca sintió que su corazón de nuevo podía volver a vibrar; ya fuesen buenos o malos los tragos de la vida, él aún era un niño al que le quedaba mucho por que vivir.

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Ya tenía más de tres horas desde que esa horrible tormenta había comenzado. El cielo tapizado de gris le habría el paso a la noche fría y lúgubre. Maldita lluvia, por su culpa no había podido ir donde Sai a reconfortarlo. Gaara lo había telefoneado antes de que la luz se fuese, diciéndose que el de cabello carbón se encontraba bien y que quizás esa noche el pelirrojo se quedaría en casa de los Uchiha, tanto por el diluvio desatado como para no dejar desamparado a su pálido amigo, puesto que Sasuke e Itachi igualmente se habían retrasado camino a casa.

Naruto no tenía más opción que esperar a que un nuevo día llegase.

El rubio se revolvió inquieto entre los cuerpos de sus padres; luego de la desalentadora noticia de la muerte de Anbu, al niño blondo se le formó un nudo en la garganta y una sensación de frío recorrido todo su frágil cuerpo. A él nunca le había gustado recibir malas noticias, le gustaba ver siempre el lado positivo de la vida pero… ¿Qué de positivo podía tener una muerte?

Tantas siniestras conjeturas desatadas en su dorada cabeza podían llegar a ser perjudiciales, en especial cuando la más temida de las realidades acaparó todo su cerebro. Que un día, todos se van.

— No quiero que eso pase —murmuró afligido, aferrándose a la blanca camisa de un dormido Minato. Viró sus ojos enfocando las apacibles muecas de su progenitores; ahí en la cama de la habitación matrimonial estaba la familia descansando, por lo menos los adultos.

La vida sin sus padres sería un verdadero suplicio; sin su calor, efecto, apoyo y compañía. "La madre de Sai ya falleció, y él pudo seguir adelante". Pero él no era como Sai y seguramente carecería de la fortaleza necesaria para poder levantarse en el futuro.

A todo lo anterior, se adjuntó el pensamiento de que estaba desperdiciando en demasía su corta existencia.

¿Qué pasaría si el día de mañana todo terminaba para él? O peor aún. Qué todo terminara para alguien a quien amaba. Pues tenía que recordar que sus papis no eran las únicas personas importantes en la vida.

"Tengo que aprovechar el tiempo que me queda" pensó fatalista, como si se hubiese infectado de algún nocivo virus que terminase con su vida antes de lo esperado.

— ¿Sigues triste por la mascota de Sai, cariño? —escuchó la voz de su dulce madre, la cual aprisionó su esbelta figura en un cobijo lleno de amor. Kushina entre sueños percibió la preocupación de nene. Con un tímido asentimiento Naruto confirmó las sospechas de la pelirroja—. No te preocupes por esas cosas cielo, todos en esta vida tenemos que partir en alguna ocasión —le dijo maternal y calmada—. Piensa que cuando nosotros nos vayamos, no es un adiós, es un hasta luego, puesto que nos reuniremos en el paraíso. Lo importante de la vida, es disfrutarla —acarició las doradas hebras, intentando trasmitirle la serenidad faltante a su hijo.

Miro los profundos ojos jade de Kushina, la cual le sonrió ampliamente para enseguida depositar un dulce beso en la frente canela. Su mamá tenía toda la razón; tenía que aprovechar al máximo cada uno de sus días, ser valiente y enfrentarse a todo, y pese a cual fuese el resultado, no arrepentirse de nada.

"Los besos en la boca, sólo deben compartirse con la persona que amas, eso es lo que me he dicho Temari desde hace mucho tiempo" ¡Genial! Hace cinco minutos tenia miles de dudas existenciales en la cabeza y ahora se le ocurría recordar las palabras que Gaara pronunció semanas atrás.

Aunque meditándolo apropiadamente, si quería ir por un buen sendero, tenía que resolver todos sus titubeos de una buena vez. Las vacaciones de verano ya estaban finalizando, en unos días se anunciarían los resultados de la horrible prueba de ingreso a educación media superior, y si quería comenzar su nueva vida con la mejor actitud posible, tenía que dejar en claro muchas cuestiones.

Mañana cuando el sol saliera, iría donde Sai para pegársele cual lapa durante horas y así transmitirle todo su apoyo, haría todo lo que el chico de cabello negro le pidiera e intentaría hacer que disfrutaran de la tarde. Y luego de asegurarse que su blanco amigo estuviese medianamente recuperado, hablaría con Sasuke. Le diría que ya no era apropiado seguir con su afectuosa costumbre. Seguramente eso le costaría mucho trabajo, en primer lugar porque en más de una ocasión el propició dicha acción de juntar los labios, en segundo porque de manera inexplicable compartir esos momentos son Sasuke lo llenaba de inusitada tranquilidad y en tercero porque seguramente el neko aún no sabía que tal acto estaba reservado para otro tipo de relaciones. De verdad que Sasuke podía ser tan ingenuo.

— Sí, mañana será un buen día —pronunció cediendo ante el sopor que le transmitían los tibios cuerpos de su amados padres.


Notas

¡Carajo! ¿Por qué siempre que escribo de Sai, las cosas me quedan tan dramáticas?

A mi defensa puedo decir que; un hámster no vive más de cinco años y eso ya es casi un milagro, y dos necesitaba este capítulo, ya que pese a que es de transición muchas pautan importantes se desarrollan aquí. Además de que yo quería incluir un capi en donde variara protagonistas, y más de una me pidió un momento entre Sai y Gaara, así que ya está hecho.

Muchas gracias a todos los lectores, así como a quienes se toman el tiempo de comentar;

Hime. CHESHIREcat; Hokuto no Ken; Yuki-2310; kamichama riku; Lykan Youko; KShieru; Mikiita; Joshihita H.K; hikikomori-chan; little monster; NelIra y bella-rosalinda.

¡La comedia espera retornan en la próxima entrega!