La noche con la niñera
— Aló.
— ¡Hijo mío! Qué bueno que…
Lo siguiente que se escuchó fue como se cortaba "misteriosamente" la línea. No tenía ni tiempo ni ánimos para platicar con su madre, el reacomodo general de su hogar lo estaba dejando agotado, sin contar con la depresión que se iba apoderando de su cuerpo; estúpida temporada invernal y las patologías que arribaban con ella.
Minato creyó, que como sólo faltaban unos cuantos meses para que su nene finalmente ingresara a la secundaria, lo mejor era ir desocupando el cuarto que por tantos años había permanecido como bodega, y hacer ahí un área de estudios apropiada para su inestimable tesoro… o un lugar en donde pudiese poner todas las consolas que poseían.
El ruido del teléfono volvió a irrumpir en la tranquila atmosfera de su hogar, pero ahora no se preocupó por contestar aquel aparato.
Mientras iba sacando todos los cachivaches inservibles -¿Por qué guardaban tanta basura?- igualmente iba encontrando algunas preciosas cosas que pensó perdidas, o regaladas en un ataque de insensibilidad de parte de su reinita. La ropita que su querubín usaba cuando aún no sabía caminar, algunos juguetes de bebé y unas cuantas fotografías de su adorable zorrito antes de que una plasta negra entrara en sus vidas. Que días tan dichosos aquellos.
— Cariño —su bermeja arribó cantarina, encontrándose con la tétrica imagen de su esposo riendo como maniático mientras admiraba la fotografía de cuando Naruto salió del hospital -en la que por cierto, sólo se veían los brazos de ella-. Gracias al señor que ya estaba tan acostumbrada a Minato—. Adivina que pasó —preguntó, pasando de las manías del áureo.
— ¿Le compraremos nueva ropa a nuestro nene?
— No obsesivo, Tsunade-san acaba de telefonear —sabía que no era suficiente con ignorar al teléfono, debía desconectarlo—. ¡Tus padres nos invitaron a la ópera! —más bien era su madre quien los había invitado; realmente dudaba de la capacidad de su viejo como para mantenerse despabilado en un espectáculo así, aquel canoso hombre el único acto de baile y canto que disfrutaría, era el que podía apreciarse en un burdel de alta clase.
— A Naruto no le gusta la ópera —objetó instantáneamente; no era su intención el no complacer a su princesa, pero bien sabía que su retoño no era precisamente el tipo de chico que disfrutaba tres horas de cantos en un idioma incomprensible para él. Una vez lo habían llevado y el resultado, fue pagar una altísima cantidad de dinero por un asiento que fue dispuesto para sus dulces sueños.
— Mi amor, yo nunca dije que nuestro niño tendría que ir —expresó suavemente y con la carita más dulce que se podía permitir, quizás y con eso la expresión de Minato no se fuese a deformar tan horriblemente por la sorpresa. Al dirigir sus verdosos irises al rubio, supo que el plan había fallado.
— ¿Estas insinuando que dejemos a nuestro tesorito solo? —aquello debía ser otra de las bromas siniestras que de vez en cuando le nacían hacer a la taheña; porque ninguna parte racional de la mente del Namikase -lo cual no era muy abundante- podía concebir el abandonar a su niño.
— Vamos cielo, hace muchísimos años —más de los que estaba dispuesta a admitir—. Que no disfrutamos de una velada con gustos un tanto más adultos, además Naru ya está grande no le va a pasar nada porque nos salgamos a divertir una noche —lo suyo no era un capricho, era una necesidad. Ya había cedido por muchos años, muchas actividades de las que le hubiese fascinado ser participe, y ahora no estaba dispuesta a dar nuevamente su brazo a torcer.
— ¡Eso es irresponsable Kushina! ¡Ni te imaginas la de cosas que pueden pasar en nuestra ausencia!
— ¿Como que Naruto se alimente de porquerías y se vaya a dormir tarde? —ya no tenía cinco años, y ella confiaba plenamente en la crianza que le había dado a su hijo. Eso y que de verdad quería ir a ese maldito recital.
— Lo siento cariño, pero no hay fuerza que me convenza de abandonar a mi angelito.
— ¿Estás seguro, mi cielo?
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
— Por favor, por favor ¡Por favor! —era momento de considerar seriamente la posibilidad de haber contraído nupcias con un demonio; no había otra manera de que a su pelirroja esposa, se le hubiese ocurrido un plan tan sencillamente maléfico.
Esa tarde, cuando llegó del trabajo nunca imaginó que lo recibiría su niño con los brazos abiertos y dispuesto a llenarlo de mimos, centrando toda la atención que podía contener su cabecita ataviaba de dorado, en él; por un momento creyó estar en el Edén. Lamentablemente lo único abierto ahí, eran las puertas del infierno.
Ya que aquel trato iba con maña. Media hora después el rubio menor estaba rogándole a su padre, que no dudara de su capacidad para preservar su integridad, y le confiriera el estar a cargo de su morada durante una noche. Aquella maligna idea obviamente tenia orígenes pelirrojos.
— Papi, ya tengo trece años, te juro que no me va a pasar nada ¡Confía en mí! —rogó el chico, sin dejar en ningún segundo de colgarse del brazo de su Oto-chan. Claro, era lo suficientemente maduro como para evitar cualquier percance -nótese el sarcasmo-, y por eso seguía insistiendo en la seguridad de jugar con véngalas dentro de su habitación, gracias al señor jamás había cedido a comprarle algún chisme que siquiera tuviese insinuación al fuego.
— Naru, entiéndeme —aquella sin lugar a dudas, era una de las pruebas más difíciles que había enfrentado. El tener que soportar aquel mohín entristecido, añorante, formarse en el rostro de su adoración no era para nada lindo—. No es que no confíe en ti, es que no confío en el resto del mundo.
Entonces sintió como los brazos del querubín finalmente se desprendieron de su ropa -¡Gracias! La irrigación sanguínea apenas y le seguía llegando-. Tristemente, una de las escenas que más lo aterraban, comenzó a interpretarse frente a sus irises cielo.
— Después de todo, aún soy un pequeño inútil ¿No? Oto-chan —¡Aquello era un lágrima! Por todos los infiernos ¡Había provocado que su hijo, su zorrito de los mil amores, sollozara! No, no, no, aquello no le podía estar ocurriendo. Tenía que pensar, más rápido que un rayo, la solución a sus desventuras.
— ¡¿Qué tal una niñera? ! —Naruto detuvo su teatral lloriqueo, para enfocar sus incrédulos zafiros al rostro cargado de nerviosismo de su padre ¿Qué había dicho?
— ¿Una niñera? —¿Aquello era un broma, no? Tanto melodrama para nada, el hecho de que sus progenitores contrataran a alguien dispuesto a cuidar de un trece añero, era aún más penoso que el que todavía lo hiciesen regresar antes de las ocho a casa ¡Si él ya estaba grande!
— No pienses que no creo en ti mi ángel —comenzó conciliador, sabiendo que su tesorito todavía era fácil de embaucar—. Sólo sería como un apoyo en caso de emergencia, es decir, si se llega a meter algún ladrón o algo así; además ella me aseguraría lo bien preparado que estás para ya afrontar tu solito al mundo.
Era una mentira descarada, pero si Kushina había llegado al enfermizo extremo de jugar con la mente de su querubín, dos podían llevar el mismo juego.
Naruto puso una mueca pensativa y desvió sus cuencas al techo, considerando las palabras de su padre, luego redirigió la vista al rostro del mayor, y asombrosamente no reparó en la forzada sonrisa o el tic de su fina ceja izquierda.
— ¿Sasuke también puede quedarse conmigo?
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
Siempre supo que ahí las interesadas eran únicamente su -sorprendentemente sobria- progenitora y su dulce nenita; su padre estaba sentado junto a él, con la cara más aburrida que le había visto componer a ese degenerado, desde que asistió a su graduación en la Universidad, y él, vamos por más que le gustara Carmen* su mente estaba perdida a los recuerdos de cuando su niño no podía separar su cálida manita de su persona. Era lo único que le quedaba para mantenerse ecuánime, vivir de la fantasiosa idea de que al arribar a casa, Naruto hubiese vuelto a tener tres años.
— Hey muchacho —llamó discretamente el canoso hombre a su hijo, aprovechando que las damas estaban completamente abstraídas en la escena de la tabacalera—. Mira lo que logré meter de contrabando —Minato desvió sus irises índigo al saco de Jiraiya, en donde podía apreciarse una de sus tan conocidas e ilustrativas lecturas de material adulto. Suspiró contrariado, a veces le avergonzaba el compartir sangre con aquel pervertido.
— Papá, no leo porno —dijo aburrido, para completa decepción de su viejo. Que su padre se tuviese que consolar él solo muy su problema, pero él compartir la cama con una ardiente pelirroja. Decidió enfocar nuevamente la obra, antes de que alguna de las mujeres -especialmente su madre- se percatara de las revistas, y entonces de manera inminente se desatara la oleada de violencia.
— Siempre supe que tenías ciertas tendencias gay.
*-*-*-*SNSNSN*-*-*-*
— Y así es como se hace la grulla —cuando Naruto le comentó, que por primera vez iba a permanecer en su hogar si ningún amarillento rastro de paranoia, creyó que aquella sería la oportunidad de oro con su rubio. Desde hacía un larga temporada ya, que estaba seguro de querer que su sólida relación de amistad con el zorrito evolucionara a algo más íntimo, y pensó que tal vez, sin Minato por los alrededores, podría hacer aquel valeroso acto conocido como declaración. Eso y que estaba exasperado puesto que el idiota de su mejor amigo le había dicho, no hace muchas semanas atrás, que oficialmente se había acabado aquel jueguito de besos. "Es que eso, se debe de reservar para la pareja, Sasu-teme". Pues si él tenía que convertirse en el novio de Naruto, para continuar degustando los labios de cereza ¡Por un demonio que lo haría!
Nada le impediría el contacto labial con su amigo. Nada.
Pero volviendo a nuestro punto de interés, aquel plan de confesión se había ido por la borda, al enterarse de que una cuidadora había sido contratada ¿Qué Naruto tenía tres años, o qué? Aquello era ridículo para su edad.
— Eres muy hábil, Konan-nee-chan —premió el niño sol a su nana. Konan era una de las tantas estudiantes que actualmente tenía el Namikaze en la universidad, y aquella chica además de ser de las pocas que pasaban completamente del espectacularmente atractivo sensei, también era una de sus alumnos más brillantes ¡Y la chica contaba con su empresa de cuidado infantil a medio tiempo! A ojos de Minato una emprendedora y responsable joven en la que podía confiar.
La verdad al negro neko poco le importaba el historial de la tipa, ahí lo único que sus obscuras cuencas divisaban era un obstáculo para poder disfrutar de manera menos pueril, una noche con el encantador querubín. Sus estúpidas y prematuras hormonas sí que estaban haciendo de su vida un martirio.
— Tú también lo haces muy bien Naruto-kun —pronunció la chica, al ver lo emocionado que estaba el rubicundo por aprender a realizar miles de formas con el papel; aquel niño sí que era divertido y fácil de cuidar, lamentablemente como de vez en cuando ocurría en el trabajo, siempre había un niñato pendenciero que se negaba a cooperar, como aquel crío de cabellera carbón—. Naruto-kun, podrías hacerme el favor de traer un poco más de chocolate —de inmediato el pequeño acató la orden dirigiéndose presuroso a la cocina. Era momento de tener una pequeña charla con el mocoso de peinado de cacatúa—. ¿No te gusta el origami, Sasuke-kun? —preguntó casual, mientras se encargaba de terminar las figuras que el Uchiha había dejado a medias.
— La verdad, es una actividad simplona y aburrida —comentó mordaz el niño, harto de aquella desquiciante mujer y su carácter impertérrito. No podía concebir, como pese a que él y Naruto habían quedado para hacerle la vida insoportable a la joven, ésta se había ganado el cariño del menor con una habilidad pasmosa, inclusive lo convenció de que aquel estúpido jueguito con el papel era algo realmente emocionante.
— Ohh… ¿Es que acaso pensabas aprovechar la tarde, jugando otra cosa con tu amiguito? —estaba seguro que en aquel instante su blanca cara palideció aún más. Sus ojos carbón reflejaban la incredulidad, de que esa chica verdaderamente se haya dado cuenta de sus planes.
— Notaste que…
— Aquí la cuestión es más bien ¿Cómo no notarlo? —uno de sus grandes fuertes, era aquella capacidad analítica que tantas ocasiones la había ayudado. Aunque aquí no fue precisamente necesario hacer uso de ella—. Eres bastante obvio a decir verdad —cada que el zorrito se le acercaba, ese sinvergüenza crío no dudaba en abrazarlo codicioso, delimitando su propiedad y procurando que el áureo pequeño no fuese afectivo con ella. Ese niño de verdad que tenía un problema de celos.
— Si te atreves a decir una palabra…
— ¿Cómo por ejemplo, el comentarle a Minato-san que estás coladito por su hijo, y que no puedes esperar a meterle mano? —rió la chica, dejando mudo al insufrible chiquillo. Su discreta sonrisa, sólo se amplió más al ver como el niño se estaba aguantando la de improperios, mientras sus mejillas se iban tiñendo de un adorable bermellón que contenía su disgusto. Vaya que cuidar críos era divertido.
La jovial voz del blondo que se aproximaba por el pasillo, los hizo recomponer sus expresiones neutrales.
— Un consejo pequeño, no quieras correr antes de caminar, el rubito aún es muy inocente.
En aquel momento, Naruto entró a la estancia con tres tazas rebosantes de caliente chocolate y varios dulces aperitivos. Las cosas siguieron tranquilas el resto de la velada.
La próxima ocasión, costara lo que costara, convencería a Minato-san de que un servicio de niñera era en absoluto funcional, y que se podía ahorrar un buen dinero, si los dejaba bajo el cuidado de su Aniki. Así por lo menos aseguraría que Itachi no los sometería a seguir haciendo esas estúpidas grullas de papel.
Notas
*Es una opéra-comique en cuatro actos de Georges Bizet compuesta en 1875, basado en la novela Carmen de Prosper Mérimée; es la ópera francesa más famosa e interpretada en el mundo entero.
¡No me maten!
¡Sé que me he retrasado siglos, milenios, una cantidad grosera de tiempo! Pero en el momento en que dejé este fic tuve muchos problemas, y luego la inspiración se negaba a participar aquí U_U. Además, pensaba subir este capi desde antier, pero al estar revisando los capítulos anteriores me di cuenta que necesitan urgentemente de edición, así que eso me distrajo más. Por otro lado, Konan siempre se me ha figurado como una chica muy cool, así que me fue imposible el no incluirla.
De cualquier manera, espero que les haya agradado el capítulo, para los que también leen "Elementary School", se habrán dado cuenta de la obvia insinuación de Minato sobreprotector que he colocado ahí, y para los que no pues pasen a leerlo XD, quizás y por ahí otro de mis trabajos también les agrade.
Muchas gracias a todos lo que se molestan en enviarme comentarios, que al parecer muchos tiene este fic en favoritos ¡Así que apóyenlo XD!;
Yuki-2310; Lykan Youko; axelia uchiha; kamichama riku; Oonigiri; luna; TheRusso; Pikacha; hikikomori-chan; miriamor85; Jery Hiwatary; saskenaru; winny-wika3; hime. CHESHIREcat; thalis; YO; YOSARIEL; hinamor007; ge-u-know uchiha uzumaki; SmileSkuashSKII; sasukita15; Cookie. Killer y Kanachan.
