Las enseñanzas de Jiraiya

Siempre pensó que su abuelo era maravilloso; no era el tipo de anciano que se la pasa contando historias de épocas mejores, desvalorizando cada cosa actual y cuyo halo de nostalgia llega a ser un tanto depresivo. En absoluto. Jiraiya era de los que ven lo positivo en todo y disfrutan con observar a la juventud, especialmente si ésta está dotada de largas piernas, faldas cortas y blusas escotadas.

Por lo que Naruto, en sus casi catorce primaveras de vida, jamás imaginó, ni de lejos, que aquella figura con quien bromeaba y reía, la que siempre le daba algún dulce, juguete o "consejo" a escondidas de su padre, pudiese llegar a ser tan jodidamente fastidiosa en determinado momento. Nunca creyó que una pelea entre sus abuelos fuese lo suficientemente fuerte, como para obligar al viejo a residir en su morada.

Todo comenzó una lluviosa noche a finales del verano; nuestro zorrito estaba en medio de un enfrentamiento épico con su padre, ambos totalmente absortos en la televisión y con las manos entumecidas debido a la fuerza con la que sostenían los controles de su nueva consola, cuando el estrepitoso sonido del timbre irrumpió en la apacible atmosfera de su hogar. Una y otra y otra vez. Hasta que quince minutos más tarde, finalmente Kushina, la cual tuvo que dejar su relajante baño de burbujas, fue a abrir la puerta. Sus rubios sí que se perdían frente aquel aparatejo del mal.

Lo que encontró la bermeja en el pórtico no fue otra cosa que a Jiraiya empapado, con dos enormes maletas a cada costado y una expresión formada por una sonrisa más que forzada y un iracundo tic en su ceja derecha, el cual adornaba preciosamente su morado ojo. Los problemas habían llegado.

Luego de que los blondos pusieran pausa al juego y Naruto fuese a buscar una buena cantidad de toallas para que su abuelo pudiese secarse, éste les explicó, de manera un tanto explicita a consideración de Minato, que Tsunade se había molestado con él -y de paso lo había golpeado y echado de casa- sólo porque en una fiesta a la fueron, se tomó unos o dos tragos de más y una veinteañera aprovechando su falta de decoro y su exceso de dinero -y quizás el hecho de que su sortija llevaba ya un buen tiempo perdida-, no había tenido mejor idea que besarlo ¡Como si eso fuese un crimen! ¡Por kami, que ni lo había disfrutado! Apenas se dio cuenta de la oportunidad y su mujer ya lo estaba estampando contra la pared del lugar.

De cualquier forma, por más que quiso disculparse con la rubia, de no muy buena manera hay que destacar -los comentarios como "¡Sabes que una no es ninguna para mí!" o "¿Quién necesita a una niña teniendo tus curvas?" sólo embravecen a la fiera-, terminó haciendo que la de ojos chocolate, aun con toda la experiencia y paciencia acumulada de vivir cantidad de tiempo con semejante mujeriego, botara a su conyugue a la calle. Lo cual en retrospectiva era infinitamente mejor que terminar con todos los huesos y órganos dañados.

Lo positivo del asunto es que se había reproducido y aquel noble hijo suyo, quien tenía casa propia, comida caliente y televisión por cable, no sería capaz de dejarlo desamparado… bueno, quizás Minato sí fuese capaz de hacerlo, pero no frente a Naruto y Kushina. Hurra por su adorado nieto y su linda nuera.

Asi fue como la odisea dio inicio.

Con los años nuestro zorrito llegó a creer que su Oto-chan era un tanto exagerado, al contar las fatídicas anécdotas de su infancia y juventud al lado de sus insensatos progenitores, pero pronto cayó en cuenta de que todo era abrumadoramente verídico. La misma noche en que Jiraiya llegó. Compartir habitación con él y más específicamente la cama, era un suplicio ¡Maldita la hora en que el cuarto de huéspedes se inhabilitó para ser remodelado! Su abuelo roncaba, se movía, daba codazos y se iba extendiendo como la mala hierba por todo el espacio del colchón hasta tirarlo del mismo. Hasta ese momento la única persona con la que había compartido lecho era Sasuke y el único movimiento que efectuaba el morocho era abrazarlo suavemente ¿Cómo que hay diferencia entra ambos, no? Quizás eso explicara la casi imperecedera mala leche que se cargaba su abuela, la falta de sueño la volvió neurótica.

Y si por las ojeras del día siguiente Naruto imaginó que lo peor ya había pasado, es porque simplemente durante toda su vida, su padre había procurado echar a sus abuelos de casa antes de que se pusiese el sol. Ya que aparentemente sus desordenes metales se incrementaban con la obscuridad.

Dos meses. Entre su irresponsabilidad, su desorden y su exceso de confianza como para tomar sus cosas sin permiso alguno, y su integridad mental asi como la paciencia y el autocontrol, ya se veían peligrosamente inexistentes. Tenía tantas ganas de gritarle al mayor que dejara su hogar de una vez por todas.

El zorrito aún creía que el viejo era maravilloso, mientras su coexistencia se limitase a un horario máximo de 7 horas y únicamente durante vacaciones y fines de semana.

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— Vaya, Jiraiya-san es un poco ruidoso —comentó Sai, mientras pegaba parte del diorama de la tundra, que les habían dejado en la clase de geografía. Aquel día Naruto había quedado con su amigo para terminar su correspondiente proyecto, y sentía que por vez primera, la pena taladraba dolorosamente su psiquis ante el comportamiento de algún familiar suyo. El que te dispongas a trabajar en la sala, donde casualmente tu abuelo está roncando, con una botella de sake en la mano y el control de la pantalla en la otra, se llega a observar como un impedimento pedagógico. Lamentablemente no podía ocupar otro espacio, puesto que su recamara se convirtió en un botadero infestado de ropa sucia.

— ¡Ja! ¿Un poco? —el de hebras obscuras levanto escéptico la mirada ante el comentario del rubio. No tenía idea de que Naruto podía ser sarcástico—. No es que no quiera a mi abuelo, pero… ¡Me está volviendo loco! —gritó medianamente desquiciado, comenzando a enredar sus ansiosos dedos entre los dorados mechones de su cabeza. No era el mejor ejemplo del orden, eso era un hecho, pero al menos su papá le había enseñado lo básico para tener un área moderadamente limpia—. Además, a veces no me puedo concentrar con él cerca —confesó con cierto aire depresivo ante la curiosa mirada ónice. Al mayor se le estaba olvidando que el que él dispusiese de toda la calma del mundo para hallar la inspiración para escribir sus novelas, no significaba que cualquier ente a su alrededor dispondría de la misma soltura de tiempo.

— Te puedo ayudar con eso —ofreció sonriente el Uchiha, dispuesto a tranquilizar un poco a su alebrestado amigo blondo, el cual estaba a punto de padecer alopecia temprana de seguir tirando su cabello.

— ¿Puedes? —¡Oh, Naruto! Siempre tan ingenuo ante las dificultades más triviales. Sai se levantó de su puesto, avanzó diez pasos hasta donde el anciano reposaba, se aclaró la garganta y luego…

— ¡Oh Tsunade-san, que sorpresa! —gritó enérgico en el oído del mayor.

Fue una reacción inmediata, asi como un balde de agua fría directo al rostro, Jiraiya se levantó como si su espalda estuviese en llamas y el corazón hecho un nudo.

— ¿Qué diablos…? —sus contraídos irises se paseaban frenéticos por toda la estancia, intentando localizar a su despiadada mujer. Pero no había nada. Ningún demonio dispuesto a llevárselo, sólo se encontró con la angelical mirada confundida de su nieto y una mueca jovial en un chico macabramente pálido—. ¡Naru, ya volviste! —saludó afectuoso reincorporándose del improvisado catre, yendo a revolver el suave cabello de su niño—. ¡Qué bueno! Porque quería que me ayudaras con…

— Ahora no, abuelo —dijo el rubito liberándose algo tosco de las ásperas manos del mayor. Normalmente estaría dispuesto a formar parte de sus extravagantes planes pero…—. Necesitamos terminar la tarea —proclamó señalando su proyecto a medio terminar sobre la mesa de la estancia.

— ¡Ba! ¿Eso de qué les sirve en la vida? —¡Eso no se le pregunta a un adolecente!—. Mira hijo, si algo sé con seguridad, es que la mitad de lo que aprendes en el colegio nunca lo vas a necesitar —lamentablemente la otra mitad sí, y nunca sabes cuál es la útil.

— Pero Oto-chan… —¡Ahh su retoño! Siempre con esa manía de andar estresando a la gente.

— Minato es un exagerado —ósea que todo su esfuerzo…

— A mí siempre me han dicho que no hay nada peor que cultivar la ignorancia —Jiraiya entonces recordó que no estaba platicando a solas con su pequeño, fijando sus experimentados ojos en el fantasmagórico amigo de su nieto.

— Tú eres Sasu…

— Sai —¿Por qué siempre lo confundían con su primo? No se parecían en realidad.

— Claro —como que había muchos paliduchos de cabello negro rodeando a Naruto—. De cualquier forma, a su edad de lo que deberían estarse informando es de otras cosas —no pudo evitar que una libidinosa risa se le escapara con el comentario.

— ¿Cómo por ejemplo? —preguntó un tanto hastiado el rubito ¡Por kami! De verdad que únicamente quería terminar su trabajo de una vez.

— Ve al cuarto, muchacho, tienes permiso para husmear en la maleta que no he abierto en tu presencia —y por más que el rubio hubiese querido seguir ignorando al mayor y dedicarse a sus asuntos, aquella propuesta era tan tentadora y su índice de curiosidad tan elevado, que tan pronto como su cerebro proceso las palabras ya se estaba encaminado a la planta alta. Jiraiya dibujó una mueca perturbadoramente enorgullecida en sus duras facciones, mientras veía como su pequeñín se encaminaba a descubrir la auténtica "sabiduría" de la vida. Luego notó que su nieto se había ido sólo a la habitación, dejando a su extraño invitado en la sala—. Tú también deberías acompañarlo, se nota que te va hacer bien.

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Nunca había sentido su cara arder con tal intensidad. Su bochorno crecía exponencialmente con cada nueva imagen que se mostraba para sus azules gemas. Ahora entendía porque su padre no se cansaba de repetir, que creció demasiado decente para haber sido criado por semejante pervertido; porque mira que proporcionarle revistas eróticas a un niñato, no era precisamente correcto.

— Me pregunto por qué se verán tan sonrientes. No tener ni para comprarse ropa no es motivo de dicha —comentó un calmado moreno, pasando impasible de página.

— ¡No creo que esa sea la razón por la que están desnudas, Sai! —exclamó agitado el zorrito. No estaba para aguantar los comentarios irónicos del Uchiha, no bajo esta situación.

Pero aun con la sobrada compañía de morocho, Naruto no era capaz de reprimir su curiosidad aderezada con morbo y una buena dosis hormonal, por lo que redirigió sus cristalinos irises al lujurioso material de su abuelo. No es como si fuese un santurrón ignorante de que existiesen tales publicaciones, pero era difícil para su todavía medianamente pura mentecilla, no sentirse excesivamente acalorado ante tales imágenes. Aunque la verdadera sorpresa es que con todo no abrigaba pisca de excitación. Se encontraba ansioso y ruborizado, pero no sentía aquella chispa de precoz libido que tanto comentaban los chicos mayores del colegio. Luego de cavilar eso, sólo sintió confusión.

— Tú… no pareces impresionado… —cuestionó a su blanquecino amigo, aun cargándose un timbre de notoria vergüenza. Estaba bien que Sai fuese un tanto retraído exteriorizando lo que sentía, pero andar ojeando aburrido el tesoro del viejo, le hacía creer que aquello no era una experiencia nueva para el Uchiha.

— Puedo ver casi lo mismo en los libros de biología —sólo que ahí te explicaban más cosas y te ayudan a pasar exámenes—. Además si te soy sincero, esto no cubre mis gustos —declaró silbante, impregnando la duda en la cara del menor—. Aparentemente las chicas no son lo mío —esclareció finalmente. Enseguida se permitió pasar sus analíticos ojos por todo el rubito, descubriendo que Naruto estaba igual de estimulado que él—. Y al parecer tampoco lo tuyo —que buena noticia para su primo ¿No? Al final ese viejo degenerado sí que les había esclarecido muchas dudas.

Mientras tanto en la cocina…

Jiraiya estaba husmeando en el frigorífico, esperando encontrar alguna de las delicias preparadas por su hijo, ya que se merecía un buen festín por su loable labor. Estaba tan orgulloso de sí mismo, no todos los días se le instruye a las mentes jóvenes el ir por el sendero correcto de la vida.

— Sí fuese por Minato, mi muchacho crecería como un mojigato perdido —comentó risueño, revolviendo descuidado la despensa, hinchándose tanto de alegría pervertida como de auto elogios, que ni cuenta se dio de que ahora tenía un acompañante.

— ¿Por qué crees eso? —tampoco puso atención a quien le hacía la plática.

— Obviamente porque en esta casa no hay ni una sola revista ero… —hasta que fue muy tarde. Su cuerpo se heló, su mente se puso en blanco, con el terror a flor de piel, volteó lentamente de la gaveta donde colocaban los aperitivos hasta dar con la cara de su rubio fruto. Había cometido un error garrafal.

— Así que… estás proporcionándole porno a mi hijo —lo más siniestro era la sonrisa turbia en la cara de Minato, perfecta para acompañar su tranquilamente peligroso tono de voz mientras sus nudillos crujían—. ¿No, papá?

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Ni lejanamente se consideraba una persona hogareña, por lo que estar intentando cocinar galletas de nuez iba contra su naturaleza amante de los restaurantes. Pero sentía tal necesidad de distraer su mente cargada de remordimiento, que quemarse los dedos con el horno parecía un método altamente efectivo para bloquear culpas; además ella sabía curar esas minucias.

Ya habían transcurrido dos meses desde aquella pelea con su esposo y ese viejo descarado seguía sin regresar a su hogar. Ahora que lo analizaba todo en retrospectiva, quizás había llevado las cosas un poco lejos; después de todo, por lo que le contaba Kushina, Jiraiya estaba verdaderamente arrepentido de sus actos -aunque todavía mantenía que no había sido su culpa-, sólo que seguía sin reunir el suficiente coraje como para encararla.

El frenético tocar del timbre interrumpió sus cavilaciones.

— ¿Qué raro? —tampoco era una persona muy sociable, por lo que las visitas eran inusuales.

Tan rápido como Tsunade abrió la puerta, su cuerpo fue rodeado por unos fuertes brazos, que parecían buscar todo su calor, consuelo y protección.

— ¡Te juro que jamás te vuelvo a fallar! —¿Aquel era su marido, tiritando como un pequeño y torpe niño reencontrando a su madre? Que miedo.

— ¿Jiraiya? —preguntó aun escéptica la mujer, separándose levemente de su conyugue para observar su turbado rostro—. ¿Qué ocurrió? —aquella cuestión hecha con inocencia, desató los dolorosos recuerdos de su diabólico hijo amordazándolo, para luego dirigirse a la maleta con todos sus tesoros; revistas, manuscritos, referencias visuales, videos exclusivos... Y sin la más mínima clemencia, hacerlos arder frente a sus ojos, retorciendo con ello su transgredida alma.

Volvió a la realidad y observó detenidamente a su esposa—. ¡Tu hijo heredó tu carácter, mujer! ¡Eso ocurrió!


Notas

Se está volviendo una mala costumbre esto de publicar cada siglo; lamentablemente no es algo que pueda corregir por el momento. Intentaré ser más constante pero no me puedo comprometer a nada U_U. Al menos espero que disfruten el capítulo.

Como siempre muchas gracias a quienes me brindan su magnífico apoyo;

Atashi-hime; Susana Mode; sasukita15; Tomoe91; saskenaru; Luna; Brye; camiSXN; TheRusso; Veruto kaname; rishuu. 71; Hanajima-san; Soy YO-SARIEL; jennita; Kana-chiiian; joshihita H. K; miriamor87; NelIra; anon; DSRH; sabaku no eli; Mikiita y Tarian.

¡Espero de verdad poder leernos pronto!