Prioridades de un Uchiha
Minato estaba consiente de que su hijo ya no era ese querubín que desprendía ternura e inocencia en todos sus modos; se había convertido en un chico maravillosamente enérgico, catastróficamente impulsivo, peligrosamente ingenuo y un tanto bocón. Pero al fin de cuentas un adolescente ejemplar, que nunca presentó mayores desacuerdos con sus padres y cuyos castigos escolares se limitaban a estupideces de corte heroico.
Por lo que verlo durante más de una semana, o con el entrecejo formando un triangulo isósceles cuyo vértice principal estaba casi en la punta de su nariz, o con sus diamantes perdiendo brillo entre un severo brote de melancolía expulsado mediante suspiros, era algo sencillamente preocupante. Desde el lunes antepasado cuando llegando de la escuela, en vez de anunciar su arribo con el típico chillido que fungía de saludo, un escueto y desinteresado "Ya vine" salió de sus labios de durazno, y en lugar de ir efusivo con su padre simplemente pasó de su presencia en la sala para terminar enclaustrándose en su habitación, el Namikaze supo que algo no andaba bien.
Quizás su reinita de cabello bermellón habría pasado de su inquietud -como de costumbre- si ella misma no hubiese presenciado el ataque de violencia que su solecito cometía en contra de sus almohadas, golpeándolas despiadadamente mientras refunfuñaba el nombre de Sasuke. El punto favorable es que gracias a la poca prudencia de su retoño, al no cerrar la puerta de su alcoba, ahora ya sabían la procedencia de todos sus embrollos cerebrales, el punto negativo, que el blondo progenitor estaba dispuesto a romper al muñequito Uchiha si el bastardo había lastimado a su angelito. Afortunadamente Kushina, con toda la experiencia legal que poseía, convenció a su marido de que la mejor forma de proceder era primero interrogar a su nene para averiguar el origen de su inusual estado anímico, antes que ir a la residencia del niño de irises brunos y querer golpearlo.
Y era por eso que ahora nuestro papi de cabello oro estaba ahí, sentado en el blando colchón de su tesoro, intentando indagar en la vida de un hijo, que para su total sorpresa y absoluto desagrado se mostraba distante ¿Dónde quedó su tierno zorrito que le platicaba todo sin inhibición alguna?
— Entonces ¿Se pelearon? —soltó la pregunta que le parecía más lógica, considerando que con aquello, su retoño por más renuente que se apreciase al hecho de exteriorizar sus preocupaciones, terminaría hablando. Naruto bajó la mirada mientras el incesante movimiento de sus dedos entrelazándose, comenzaba a alterar un poquitín a su padre.
— No en realidad —eso era bueno—. De ser asi, significaría que le importo lo suficiente dattebayo… —¡Genial! La hora del drama iba a dar inicio.
El pequeño se encogió más sobre su figura, quizás su papá podría ayudarlo después de todo.
Nunca había experimentado el rechazo del de cabello negro, desde que podía recordar hace tanto ayeres, ellos dos habían sido amigos y cualquier dificultad era bienvenida mientras la pudiesen resolver en compañía del contrario. Hasta ahora. Naruto tarde se percató, que mientras él seguía con sus diversiones pueriles, yendo despreocupado por la vida como el típico adolescente, el Uchiha comenzaba a tomar responsabilidades cada vez más significativas, que iban abriendo un trecho que pronto de volvió tan ancho y profundo que ya estaban en planos distintos. En el último año, Sasuke se había convertido en el presidente del consejo estudiantil, en el capitán del equipo de natación y en el perfecto represéntate de su escuela en las competencias académicas entre distritos. Y él… todavía era ese rubio con aires de aventurero que despilfarraba el tiempo -y el dinero- en el cine o juguetes, que llegaba a casa a conectar la consola antes de hacer la tarea y que si leía era porque se trababa de un emocionante manga y no de un aburrido libro de mates.
Pero con todo, sus discordantes estilos de vida continuaban encajando hasta la llegada de Karin. Una pelirroja que de la noche a la mañana se había vuelto inseparable del Uchiha ¿Por qué? Porque ella estaba en todas las actividades extracurriculares a las que pertenecía el moreno -exceptuando lo físico-, porque los maestros los habían hecho equipo puesto que la de cabello fuego igual era brillante, y porque con todo Sasuke no rechazaba su compañía.
La de mirada carmín ahora monopolizaba el tiempo del teme ¡Y a éste parecía no interesarle en realidad! Que si a la hora del almuerzo se lo llevaba para hacer los reportes del consejo estudiantil, bien, que si eran equipo para algún festival de ciencias, bien, que si se quedaban para coordinar algún evento escolar ¡Todo estaba jodidamente bien con ella! Y él se había convertido en el mejor amigo, al que saludaba en las mañanas cuando arribaba al colegio, y de quien se despedía por la tarde antes de que el morocho se largara a las prácticas en la piscina -sí, esos eran sus encuentros cercanos-, a quien ya le abría todas sus invitaciones porque resulta que necesitaba estudiar -más- o alguna sandez similar y en compañía de quien creen. Vaya mejores amigos. Cada día se sentía más desplazado de la vida del moreno y aquello era sencillamente castrante.
— Ya nunca quiere hacer nada conmigo —finalizó su pequeño con la cara escondida entre un gran cojín, mientras sus dientes marfilados agredían la pulcra tela a su disposición. Claro que en ocasiones también sentía una insoportable presión taladrándole el pecho, unas ganas gigantescas de llorar por el abandono y una irracional desesperación porque su teme lo cobijara entre sus brazos de marfil, pero por el momento era mejor ahorrarse aquellas confusas sensaciones de su perorata.
— Naru, simplemente ahora ustedes tienen intereses distintos —no era por menospreciar el problema de su solecito, pero él sabía que luego las circunstancias confabulaban en contra de los deseos por permanecer al lado de alguien -como el hecho de que su niño creciese e ingresara al colegio-, por lo que uno tenía que entender como afrontar aquellas situaciones—. ¿Le has intentado decir como te sientes al respecto? —entonces la cara compungida del menor se dejó ver nuevamente, confrontando aquellos heredados irises añiles.
— Papi… ¡Casi no he hablado con él en toda la semana! —y era por ello que últimamente Sai no se cansaba de decir que ahora a su primo le afloraba lo bastando a niveles insanos—. Cada que intentamos interactuar, llega esa lapa —como que a Minato le sonaba la percepción, sólo que diez años después—. Y se lo lleva alegando alguna tarea, que estoy seguro se acaba de inventar —pero a la que su disque casi hermano nunca cuestionaba con cumplir al instante—. Y como bono, parece que ya todo le irrita al teme —por si la comunicación no se hubiese ido ya al demonio.
Era sorprendente que fuese a hacerle un favor a ese mocoso con peinado de cacatúa, lo que uno hace por la felicidad de los hijos—. Cielo, es obvio que el problema no sólo les incumbe a ustedes dos, aunque por el momento voy a preparar aperitivos para que tengan una amena charla, asi que vele informando.
— ¿Y si no quiere venir?
Entonces las facciones del adulto compusieron una sonrisa que tranquilizó por completo a su lindo pequeñín—. El chantaje casi nunca es bueno, mi niño.
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Ella era una chica inteligente, que sabía lo que quería y como obtenerlo. Por eso, cuando su roja mirada enfocó a aquel joven de porte principesco, él día en que fue transferida a aquella horrenda escuela, de inmediato se impuso que de una u otra forma lograría volverse una parte indispensable en la vida del inalcanzable de Uchiha Sasuke.
Claro que desde el comienzo comprendió que acercarse en plan de loca hormonal no tendría resultados, y luego de una pequeña averiguación supo por donde colarse en la vida del ídolo juvenil. Tenía que ponerse a su nivel, demostrarle tanto a él como al profesorado que ella era la compañera idealizada del morocho. Admitía que al principio fue difícil, puesto que un rubio que pregonaba ser su mejor amigo, no se despegaba de su amor bajo ningún argumento, y era horrible presenciar como Sasuke cedía a las peticiones del áureo con una disposición grosera, mientras el resto de la humanidad era ignorada con una facilidad pasmosa. Asi fue, hasta que al bocón de su primo se le ocurrió lanzar el comentario de que su hermano mayor -un tal Itachi- nunca se había permitido holgazanear tanto. Lo expresó en plan de broma, pero el resultado de aquel día fue encontrarse con el gatito negro tan enfrascado en los libros, que casi olvidaba la presencia del de irises índigo.
Ahí estaba la grieta en el impenetrable muro.
A diferencia del blondo, que más parecía obstruir el desarrollo intelectual del azabache que fomentarlo, ella podía caminar con toda tranquilidad junto al Uchiha, logrando socorrerlo con eficiencia y motivándolo a alcanzar su máximo potencial asi fuese sumergiendo a ambos a un descontrolado ritmo de trabajo. Cualquier artimaña era valida, si la benigna presencia del principito de hielo se postraba a su lado durante toda una romántica tarde, no interesando que estuviesen atascados en un pantano de hojas, consumiéndose entre responsabilidades dentro del aula del consejo estudiantil.
Karin se detuvo un momento y se retiro las gafas para tallarse un tanto los ojos, ya harta de revisar peticiones de clubs ¿Por qué hacía eso, pudiendo pasar su viernes en el centro comercial? ¡Oh claro! Porque su idilio de cabello obscuro y piel lechosa yacía a unos metros. Al menos la primera parte de su plan pintaba a la perfección. Ya podía controlar con soltura los horarios del bruno, ahora sólo faltaba iniciar con su sutil táctica de coqueteo y finalmente el de mirada noche terminaría encandilado con su persona.
— Sasu…
— ¡Primo! —y con aquel estridente grito, su dócil llamado murió antes de siquiera llegar a los oídos que pretendía—. Es hora de regresar a nuestro cándido hogarcito —fue expresado con un obvio tinte de sarcasmo, ganándose un bufido irritado por parte del presidente. Sai, también era miembro del consejo de estudiantes, y cada que ella quería interactuar con su pariente en un plan fuera del académico, parecía la solemne obligación del de sonrisa fingida joderle la tentativa—. O si lo prefieres, podemos hacer un collage con estos aburridos papeles.
— Vete a la mierda Sai —expresó Sasuke, pretendiendo recobrar la concentración—. Necesito adelantar el presupuesto de la competencia interescolar de atletismo del semestre entrante; pero si tú gustas, puedes largarte de una vez.
— Sabes lo que de verdad necesitas… —odiaba cuando esos dos comenzaban a discutir, porque entonces su presencia quedaba relegaba al nivel de alguna otra silla vacía—. Que te parece ir al cine o a enviciarnos con los nuevos juegos de Naruto, ya sabes, hace tiempo que no nos pasamos por su acogedora morada —y ahí estaba, la mención del güerito, justo lo que la taheña procuraba evitar. Vio a su amorcito desatender en ese instante los documentos que pregonaban por su cuidado, y algo parecido a la añoranza reflejarse en sus obscuras perlas.
La propuesta del imbécil de Sai sonaba tan bien. Quería tanto estar al lado de su zorrito coqueto, en proporción al nivel en que en ocasiones procuraba evitarlo. Desde hace más de dos años que no probaba esos labios dulces, que soñaba con perderse entre la tersa piel y que sus tratos divertidos terminaran con su cordura, se estaba volviendo loco por confesarse ante Naruto, pero su cobardía afloraba al grado en que su padre comenzaba a comparar sus escuetos logros con la inalcanzable figura de…
— Entonces Sasuke-kun, siempre he tenido una duda ¿Tu hermano también estuvo en el comité de la escuela? —otro certero disparo a su orgullo. Admitía que la taheña fungía como un excelente respaldo en su búsqueda por la grandeza. Era lista, generalmente callada y siempre estaba al pendiente de sus encargos con el colegio, pero de vez en cuando, sus dichos y actos únicamente servían para amargar aún más el bodrio en el que se estaba convirtiendo su vida.
— Voy al sanitario —dijo el moreno de cabello más largo, para abandonar el salón. Realmente necesitaba hundir un rato la cabeza en agua fría.
La puerta se cerró con un azotón bastante pronunciado.
— ¿Cuál es tu plan Karin?
— Disculpa…
— Por favor —entonces se dio cuenta, que la normalmente indescifrable mirada del blanquísimo muchacho, ahora se había tornado de un obscuro intimidante helado, más cruel incluso que la que exhibía su principito cuanto éste se exasperaba con la torpeza o la mediocridad de alguien—. Naruto puede ser desesperantemente distraído y Sasuke deja de analizar el panorama cuando alguna alusión a su hermano aflora, pero yo no soy tan fácil de engañar —dijo borrando su eterna mueca disfrazada de dicha.
— Sólo estoy preocupada por mi compañero y…
— Te gusta mi primo ¿No? —iba a descubrir por las malas, que si de algo carecía era de tacto—. No, en realidad puedo afirmar que estás tan loca por él, que crees que reteniéndolo vas a ganarte su afecto —la chica arrugó el entrecejo y se mordió ligeramente el labio, frustrándose con sus alusiones—. Desde ahora te lo digo, ya tiene a su persona especial, asi que es mejor dejar morir tus ilusiones con un poco de decencia —eso tenía que ser mentira, únicamente un comentario sanguinario ideado para herirla por parte de aquel paliducho insignificante.
— El máximo de Sasuke es el de pintarse no sólo como un alumno de excelencia sino como el mejor estudiante de toda la generación, y puesto que ha perdido los últimos años jugueteando al lado de unos críos inmaduros que únicamente piensan en su frívola diversión, es natural que ahora quiera reponer el tiempo —ni crea que la podía intimidar con argumentos tan insulsos—. Yo me limito a velar por sus intereses puesto que le tengo un gran aprecio y una enorme admiración, a diferencia de ti y ese bobalicón rubio.
Y la risa, sincera y exasperante llenó todo el cuarto.
— Jajaja de verdad crees que puedes competir con Naruto —¿Por qué siempre tenían que mencionar a ese blondo tarado como si fuese el eje del universo del Uchiha?—. Sólo me queda aclararte dos cosas, linda; Sasuke está a punto de necesitar un poco de terapia de color dorado, y lo otro, tú no vas con sus gustos en lo absoluto.
— Eres un subnormal, lo dices como si él fuese…
— ¡Sai! —impredecible e irracional, asi como jamás los ojos escarlatas de la joven lo habían vislumbrado, su perfecto caballero irrumpió en el aula con la respiración errática, la camisa desaliñada y tecleando el móvil de forma exasperada—. Lo siento me necesito ir ahora mismo, el dobe me llamó y dice que si sigo actuando como un jodido apático, deja de hablarme de aquí a la graduación —rápido fue por sus cosas, las metió a su mochila en completo caos, observó de nuevo los -según- urgentes papeles que rogaban por su revisión, chasqueó los dientes y los mando a pudrirse en el olvido ¡Al demonio con todo! Si su magna persona tenía que decidir entre una escueta palmadita en el hombro por parte de un padre completamente ausente y la cegadora y reconfortante luz de su zorrito; como que no necesitaba ser un genio para saber con cual quedarse—. ¿De donde mierda sacó la idea de que lo estoy evitando?
— Vaya misterio ¿No?
— ¡Pero Sasuke-kun! Si no terminamos con el trabajo entonces se molestaran con…
— Te lo encargo Karin, sé que podrás con todo —y asi, sin permitirse escuchar cualquier alegato o reflexionar más su situación, se fue corriendo rumbo a la salida. Karin se quedó tiesa, absteniéndose de digerir que efectivamente cuando el rubio se ponía en plan de princesa, su príncipe le tenía que cumplir.
— Te lo dije —y el moreno que quedaba, con una picara mueca bailando en sus pálidos labios, decidió que el igual tenia un amiguito -sólo que más rojillo- al que ya le iba faltando un poquito de atención—. Pero sabes, mi primo sí te tiene aprecio. Hoy en día es muy difícil encontrar personal tan calificado como tú.
Notas
¡Feliz día del SasuNaruSasu atrasado! Quería tener esto para ayer, pero la luz no quiso cooperar ¬¬.
Ahora, antes que de me abucheen a Karin hasta el cansancio, recuerden que todas -o la gran mayoría- somos chicas que seguramente han hecho alguna tontería por según amor XD, y que yo sólo la puse porque necesito recursos y ella se prestaba para el argumento jojojo.
Muchísimas gracias a quienes siempre me apoyan con sus hermosos comentarios, pese a que ya actualizo cada milenio, pero ¡Hey! No pueden decir que en el último mes no me he aparecido bastante por aquí, aunque con otros fics XD;
Kana-chiiian; camiSXN; Ren; Tomoe91; sasukita15; TheRusso; Violet Strawberry; Soy YO-SARIEL; Hanajima-san; Cookie. Killer; shao-kino; Ru. Q; veruto kaname; Miru; ; miriamor85; shameblack; rishuu. 71; Susana Mode; Lina Ozakaki; Sofy-Chan; Ang97 y naniz99.
Espero leernos muy pronto y ya saben cualquier errorcillo me dicen.
