Ultimo día de clases

Aquella mañana era sencillamente radiante; con su resplandeciente cielo salpicado ligeramente con motas blanquecinas, con su fresca y revitalizante brisa, con los cerezos abriendo sus tiernos capullos y coloreando de rosa la ciudad, con el júbilo de todos aquellos jóvenes que lentamente comenzaban a madurar.

Sus gentiles gemas de color océano recorrían sin premuras su salón de clases, para luego virar hacia el ventanal, soltando durante el proceso varios melancólicos suspiros. Estaba actuando como una nena, una a la que le cuesta aceptar que aquel era su último día en aquel colegio.

— Hasta que te encontré, dobe —aquella sonrisa de circunstancias de inmediato de transformó en una mueca sincera al escuchar aquel timbre, que al parecer jamás se aburriría por llamarlo de aquel modo que a todos les parecía más ofensivo que amoroso.

— Sólo vine a despedirme de mi pupitre, teme.

— La ceremonia de clausura comenzará en poco, y no debemos llegar retrasados —Sasuke, quien lo observaba con aquella mueca prepotente que tanto le fascinaba le extendió una mano, instándolo a abandonar el aula.

— Tú vas a dar el discurso de generación y es tu obligación estar presente desde el comienzo, yo me puedo colar hasta el momento en que me vayan a dar mi diploma dattebayo —bromeó, sacándole juguetonamente la lengua, para enseguida componer aquella vibrante mueca de vitalidad que tanto hechizaba al moreno, a quien no le parecía mala idea dar un par de zancadas y cortar las risillas con un beso, silenciando de inmediato a su bobalicón de cabello oro.

— Entonces causarás que el mejor alumno de la generación falte —pronunció despegándose de aquella boca de caramelo, la que ya no podía pasar día sin catar—. Si no estás ahí, no me interesa.

— ¿Desde cuando eres tan cursi y manipulador? —¡Ja! Desde que a ese rubio adorable se le había ocurrido corromper su corazón con su mortal dosis de azúcar e ilusiones.

— Viene con el paquete, al igual que tu torpeza.

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— ¡Sonrían! —o al menos que intentaran tal amargo, realmente no le interesaba captar las muecas de mediana dicha de aquel grupito, pero si su adoración era feliz brillando en medio de la opacidad de sus amigos, aquella foto valía la pena.

La ceremonia tenía poco de haber concluido y ahora nuestro zorrito, quien lucía un hermoso tocado a la izquierda de su saco azul y sostenía con orgullo aquel largo título, no se cansaba de hacer guiños de felicidad y signos de triunfo para la cámara de su padre, obligando en el proceso a sus amigos a inmortalizar el momento.

Sasuke, a quien le encantaba lucir al lado de su encantador zorrito, agradeció cuando el Namikaze finalmente pidió -ordenó- a todos apartarse de su niño para retratarlo en solitario, dándole un necesitado respiro; quizás los padres de ningún otro habían asistido a su fin de curso, pero ello no significaba que aquel desquiciado pudiese monopolizar su tiempo; suspiró, tanto años transcurridos y seguía sin acostumbrarse a la excentricidades de Minato-san. Sin embargo aquel rubio adulto seguía aderezando de forma bastante curiosa su existencia, la que cualquiera hubiese pronosticado fría y monótona, en la que jamás hubiese desempeñado actos tan impropios de su sangre como…

— Sasuke —correr cual chiquillo ilusionado, ante el llamado de la única persona que le ha apoyado durante toda la vida. Los ojos obsidiana de nuestro primoroso gatito brillaron de discreto entusiasmo, al presencia a unos metros de su persona la ilustre figura de su hermano; aquel joven de veinticinco años que se miraba imperturbable y magnifico, con un atuendo casual que definitivamente le ajustaba mejor que el típico traje sastre, y concordaba infinitamente más con el aspecto eternamente relajado de su rubio artista, quien yacía a su lado, saludándolo efusivo.

— Aniki —dijo a modo de saludo, para de inmediato ser recibido por aquel golpecito en la frente, al cual nunca dejaría de responder con una falsa mueca de enojo.

— Bien hecho, otouto baka —hacía tiempo que una felicitación no lo llenaba de tanto orgullo. Mientras su fraternal pilar estuviese en aquellos instantes trascendentales de su existencia, cualquier desprecio por parte del resto de su clan podía ser olvidado. Era un agasajo enorme saber que su zorrito no era el único con parientes que lo apreciaban.

— Toma Sasuke, un pequeño presente —comentó el áureo, sacándolo de la pequeña ensoñación en la que había caído y entregándole un paquete muy mono envuelto con brillante celofán azul.

— Gracias, Deidara —expresó, para romper ligeramente una de las esquinas y darse cuenta que dentro no habia otra cosa que un libro, pero no del tipo que él acostumbraba—. ¿Una guía turística? —vaya con los blondos peculiares que tanto furor le causaban a su estirpe. Porque segurito que a su hermano le cautivaba tanto su pareja, como a él lo desquiciaba su niño de ojitos índigo.

— Ya estás en edad de explorar el mundo hm —indicó con total seguridad el joven de largas hebras trigo, e inquietando ligeramente el moreno menor, compuso una pícara sonrisa mientras meneaba sus delgadas cejas—. Además, puedes invitar a tu amiguito a compartir aventu… ¡Auch!

— No le des ideas —a veces la única forma de tratar a su rubito era mediante golpes en su duro cráneo ¿Por qué no entendía que Sasuke aún no estaba en edad para su tipo de viajes? Y pasando magistralmente de los ruidosos reclamos de su novio, Itachi decidió que ya era tiempo para el verdadero regalo de su otouto—. Yo colaboré para otro tipo de sorpresa —y señaló, justo detrás del graduado, quien volteó esperando por un ingenuo segundo encontrarse con un auto deportivo, pero aquello simplemente rebasaba cualquier armatoste que le pueden obsequiar.

— Madre.

Podría sonar idiota, pero no tenía idea de cómo actuar. Estaba ahí, con una mueca de irreconocible incredulidad mirando a la mujer que dulcemente lo apreciaba; tanto tiempo deseando verla en más ocasiones que las galantes cenas del clan, que las elitistas fiestas colmadas de zánganos, para que al final la realidad se le antojara a quimera.

— Felicidades hijo —y con aquellas sencillas palabras y una expresión de auténtica culpa taladrando el precioso semblante de su progenitora, Sasuke no necesito realizar mayor acción que dejar que la mujer se acercarse y lo absorbiese en un abrazo, que no estaba seguro de quien necesitaba más—. Lamento que tu padre no haya podido venir —que lo hayan descuidado por tantos años, que en la lista de prioridades no hayan figurados las personitas que más amaba en el mundo. Y el menor lo entendió dejándose hacer ante los mimos de Mikoto.

— Está bien, mamá.

Y así continuaron por unos minutos, hasta que entre los delicados brazos de la primorosa dama, un leve e involuntario movimiento obligó a su hijo a apreciar su pulcra y normalmente serena tez, la que ahora trataba de reprimir un holgada risa; las cuencas de plomo entonces viraron levemente en dirección a donde la mujer estaba mirando, encontrándose con la adorable estampa de cierto par de ruidosos rubios y una enérgica taheña, que ahora posaban exactamente como la familia dichosa que eran, mientras Sai se encargaba de plasmar el momento.

— ¿Ese es tu amigo? —preguntó separándose de su niño y recobrando su distinguido porte, su hijo de mechones tan obscuros como los propios asintió al instante —. Sigue tan encantador como hace diez años —¿Acaso lo recordaba? Pero si fueron contadas las ocasiones en las que los apreció a la salida del prescolar—. Por cierto… ¿Ya tienes respuesta para la oferta que te hicimos? —cambió de tema la solemne mujer sin despegar en ningún instante sus perlas obscuras, de la radiante figura de aquel chico, el que seguramente todavía colmaba de calidez bendita a su hijo mejor.

— Sí —respondió firme Sasuke, con una discreta sonrisa de la que pronto Mikoto se volvería cómplice—. Y no creo que pueda cambiarse.

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— ¡Oh mi pequeñín, no sabes el orgullo que me traes! —sintió su tórax siendo comprimido por aquellos brazos que sólo intentaban transmitir amor, uno bastante doloroso a decir verdad. Con razón su padre siempre limitó su convivencia con los mayores, ahora que entendía la intrínseca tosquedad de la rubia o los comentarios libidinosos de Jiraiya, las situaciones cobraban un sentido muy distinto a cuando era un chiquillo incauto.

— ¡Déjalo, mujer! ¿No ves que lo avergüenzas tratándolo así? Naruto ya es todo un hombre, no el niño de la abuela —en realidad no le daba pena dejar que Tsunade le brindara algunos mimos, lo único que le mosqueaba es que por cada dulce caricia su tierno organismo quedara todo magullado.

La celebración seguía y ahora una pequeña comida para los graduados tenía lugar en la residencia Namikaze-Uzumaki, la cual parecía el segundo hogar de todos; de sus caóticos abuelos que nunca dejarían de lado sus amorosas riñas o su envidiable vitalidad, de Sai quien cada día se volvía más descarado con cierto rojillo, al cual un tinte de violencia lo envolvía cada que el paliducho le hacía algún descarado comentario -o caricia-, de Itachi que inclusive parecía relajado en aquel ambiente tan vaciado de preocupaciones y apariencias, y especialmente de su adorado noviecito, con quien tenía tantos buenos recuerdos resguardados por aquellas solidas paredes, que cada espacio de su casa podían contar una historia respecto a ellos dos ¡Y las que les faltaban!

— Naruto ¿Puedes ir por más carne? —indicó el blondo padre alzando la voz, para hacerse oír entre la bulla propia de los jóvenes, y también de los ancianos—. Y lleva a Sasuke, también necesito que alguien cargue el resto de condimentos.

— ¡Claro papá!

El rubito partió rumbo a la cocina al lado de su mejor amigo, dispuesto a extinguir los víveres que ésta contenía, pero cierto moreno para quien la tarea tampoco significaba mayor sacrificio, por un segundo se distrajo en las escaleras que se vislumbraran desde aquel punto de la casa y que llevaban directamente a…

— Toma teme, que seguro en lo que regresamos igualmente se engullen el refresco de naranja… ¿Teme? —el de pozos azulinos viró rápidamente la cabeza desde el frigorífico, en búsqueda de cierta presencia coronada con negro, localizándola a medio recorrido rumbo a la planta alta; lo siguió intrigado puesto que no era común que el morocho anduviera de fisgón en morada ajena, encontrándolo justo en su habitación, la que siempre estuvo dispuesto a recibirlo.

— Tu cuarto no ha cambiado —dijo con un toque nostálgico, penetrando aquellos muros aún cubiertos de celeste, encontrándose todavía con pequeños vestigios de la tierna infancia de su rubio, aderezado con un controlado caos de ropa botada. Pasó sus marfilados dedos, por las sabanas que tantas noche de su niñez le brindaron protección y como nunca se le antojó descansar en aquel desbaratado catre, cumpliendo con su capricho al momento—. Hace tiempo que no me recostaba en tu cama —sí, aún le transmitía una insospechada paz—. ¿Sigue siendo el mismo colchón?

— Sí, nunca lo he cambiado —aclaró el de cuencas índigo, extrañado por la actitud del de marmoleada dermis—. Ahora levántate, hay que regresar antes de que Sai se acabe los aperitivos de pulpo, y digamos que mis abuelos tampoco son de estómago pequeño.

— Deberías hacerlo, antes de que se te tuerza la espalda —¿Por qué se le ocurría ignorarle justo el día en que su padre preparaba todos los exquisiteces que a él le encantaban? Vaya con la errática actitud del neko.

— ¡Vamos, teme, la comida se terminaahh! —lo jaló, sin problema alguno en dirección al lecho, reteniéndolo ahí, mientras permitía que su irónica miraba obscura se divirtiese con los tiernos rasgos de un rubito que no se cansaba de refunfuñar.

— Aunque, seguimos cabiendo bastante bien —y antes de que su angelito de intensa mirada cielo pudiese opinar lo mínimo, calló cualquier protesta sellando su labios de cereza con un tierno toque, de esos que no se cansaban de compartir desde que volvieron a ser permitidos.

Se separaron lentamente y Naruto vislumbró algo tranquilo y esperanzado, en aquellos ojos de obscura obsidiana—. ¿Qué sucede?

— Mis padres quieren mandarme a estudiar al extranjero —sabía aquella utopía no podía ser eterna.

— Felicidades teme, seguro que la pasaras genial.

— Rechacé su oferta —y pensar que ya se había logrado la calma.

— ¡¿Por qué?! —gritó, con aquel tono mortalmente agudo y a menos de un pal de su oído, aún tirado en medio de la cobijas y zarandeándolo por el cuello de su uniforme—. ¡¿Acaso tienes un parasito comiéndote el lóbulo temporal?! ¡Esa es una oportunidad única y…!

— ¿Recuerdas cuando nos conocimos? —lo interrumpió, con una pregunta tan fuera de contexto, que francamente su teoría del insecto alojado en el cerebro del Uchiha parecía en completo acertada.

— Fue el primer día del jardín de infantes —la mañana en la que su padre lo asfixió de besos y abrazos, en la que su madre lo inspiró con palabras de crecimiento—. Yo era el lindísimo niño que jugaba con todo y tú el amargadito del rincón —era el solecito que decidió acercársele a aquella y blanquecina estrellita inmaculada para brindarle su candor.

— Más bien yo era el pequeño tranquilo y tú el mocoso con sobredosis de azúcar —el que estaba seguro a pesar de su tierna edad, que nunca establecería un verdadero vínculo con ninguno de los chiquillo que lo rodeaban, el que a rastras al final se doblegó ante el quemante ímpetu de un niño latoso al cual llegó a adorar—. Y aún así funcionó —más que cualquier otra desabrida relación que le hubiesen podido ofrecer, porque aquel áureo fue su antídoto antes de la enfermedad y gustoso lo seguiría bebiendo hasta el infinito—. No me pienso separar de ti, Naruto.

— Eres un tarado.

— Calla, usuratonkachi —y sus labios, de blanca nieve volvieron a unirse a aquellos de intenso color durazno, dejando que su amor de niños se convirtiese de forma intempestiva en una pasión para nada pueril.

— Sasu… Sas.. —suspiró el blondo, mientras aquella blanca prensa dejaba de cubrir su lampiño torso de trigo, dejando que su afanoso moreno repartiese quemantes piquitos por todo su torso ¡Por todo lo divino! Estaba consciente que su áureo era un monada lista para comerse, pero ahora su juicio nublado de hormonas, le mostraba una sensualidad jamás apreciada por sus cuencas de plomo; Naruto era paraíso y pecado, especialmente mientras se comía sus gemidos, los que de subir un decible se apreciarían en la planta baja. Entonces su espalda se llenó de frío sudor. Lo más correcto era detenerse.

— Sería mejor… volve…

— ¡Ni se te ocurra bastardo! —juraba, sobre cualquier cosa bendita -Naruto por ejemplo, quien curiosamente estaba debajo de él- que había intentado parar, pero ahora la chispa que había iniciado terminó convirtiéndose en lava que arrasaba con toda la pecaminosa figura de su zorrito—. Ni creas que… me vas a dejar caliente —amenazó y tras esas palabras sólo se le ocurrió estirar sus manos canela para dejar aquel torso lechoso en la misma condición que el propio, tirar un poco más de aquella estorbosa camisa y…

— Naru ¿Por qué tardan…? —entonces todos los movimientos se detuvieron y ambas miradas, zafiro y granito, enfocaron a la figura ataviado con dorado que yacía inmóvil en la entrada de la alcoba, la cual estaba completamente abierta. Naruto sintió vergüenza y pánico, Sasuke absoluto terror, entonces notó que pese a que la expresión decorada con una afable sonrisa del áureo, no se había transmutado, el puño de este crujía sin parar—. Estas muerto, Uchiha.

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Siempre había disfrutado cocinar; el placer de preparar alimentos que ayudasen a nutrir el cuerpo y elevaran el alma, con las que sus adoraciones de oro y rubí pudiesen disfrutar, y le alegraba al doble si sus manjares ayudaban a volver gloriosos recuerdos aún más magníficos. Como aquella fecha en la que su pequeñín finalmente se vislumbraba como un muchacho de bien, que llevaba su juventud por un sendero repleto de amigos fieles que lo procuraban a cada paso.

Desde hacía años que llevaba riñéndole al Uchiha por razones que seguramente el de hebras ébano aún no comprendía, pensando que el mocoso quería arrebatarle un amor que tenía garantía eterna ¡Que inmadurez de su parte! Porque aún así hubiese adorado a su niño con cada fibra de su cuerpo, desde el mismo instante en que se enteró que Kushina lo estaba esperando, aquello no era excusa para córtale su preciosa libertad o desconfiar de cada ente que se le acercara, en especial Sasuke, quien había demostrado que era un genuino apoyo para su angelito. Era hora de tener una mejor actitud con el de mechones carbón.

— ¿Pero a qué fueron estos chicos? —dijo, harto de esperar por los ingredientes para seguir con el festejo; llegó a la cocina y se extrañó de que ahí no hubiese rastro de los menores, entonces unos tenues sonidos provenientes del primer nivel captaron su atención, más les valía a su tesorito no haberse entretenido con algún juego.

— Naru ¿Por qué tardan…? —estaba por preguntar al llegar a la habitación de su hijo pero repentinamente su cerebro colapsó; su niño, su tesoro, su universo, estaba agitado, con la carita roja, los labios entreabiertos y el cabello enredado, sobre su cama, sin camisa y bajo el cuerpo de Sasuke, quien aparentemente estaba a punto de desprenderse de su propia ropa ¡No se necesitaba ser un genio, para saber que el mocoso de negruzca melena quería abusar de la inocencia de su dorado querubín! —. Estas muerto, Uchiha —justo cuando pensaba que lo podía dejar de aborrecerlo todo se iba derechito y sin escalas al carajo.

El recuerdo más vivido que Naruto tiene de aquel día, no fue la pomposa ceremonia en la que le entregaron el diploma que lo acreditaba para comenzar la educación media superior, tampoco los votos que hizo con sus amigos de que seguirán juntos hasta que fuese inevitable separarse, menos la amena comida que organizaron en su vivienda y en donde asistieron todas las personas verdaderamente importante en su vida ¡Oh no! la imagen que jamás se podrá quitar de la mente es la de su padre arrojándose contra su novio -cuya relación en aquel momento se hizo pública- e intentando ahorcarlo con tanta efusividad, que verdaderamente ahí casi ocurre un homicidio; de igual manera los comentarios posteriores también eran un asuntillo que permanecerían cincelados en su mente por siempre.

El grito que profirió alertó a todos los presentes que de inmediato brincaron los escalones para llegar a la escena del crimen; su madre le gritó a su padre y de inmediato fue a intentar separarlo de su azabache amadísimo, aunque no tan rápido como Itachi, que jamás se vio tan estremecido por la seguridad de su hermanito.

— ¡Minato, no!

— ¡Minato-san, tranquilo!

— ¡Déjenme! ¡Necesita morir, se atrevió a tocar a mi niño! ¡Te lo dije Kushina, que no era una opción el que interactuara con otras personas, o al menos no con él!

— ¡Naruto ¿Por qué! —lloraba su abuelo, al cual el motivo del ataque le quedó clarísimo desde el principio ¡Viejo verde a quien todo le gusta pervertir! Tsunade quien igual intentaba serenar a su hijo, le explicaba lo normal que a esa edad era el querer descubrir cual acera te atrae más.

— Primo, tú sí que sabes ser oportuno —rio Sai, percatándose de que ahora los argumentos que le había presentado a Gaara, acerca de que no era apropiado revelar aún su condición de novios, no volverían a ser discutidos por el impresionado bermejo.

Deidara sólo se mantenía distante, pasmado de que Itachi apenas pudiese contener la furia bestial de aquel sujeto ¡Gracias a kami que no pertenecía a ninguna de esas familias!

Y Sasuke y Naruto únicamente soportaban todo el espectáculo en silencio y todavía con la ropa hecho un asco, mostrando más piel de la que era apropiada.

— Creo que deberíamos huir del país —sugirió en un susurro repleto de miedo el gatito.

— Te aseguro que mi papá nos encontraría, y es mejor que se haya enterado ahora, que hay testigos que lo controlen.

Y nuestro zorrito aún con todo se permitió sonreír, porque mil cosas podrían cambiar en su vida, transformarse, evolucionar o desaparecer; pero el seguiría dichoso mientras tuviese el afecto de su familia, el apoyo de sus amigos, el retribuido amor de su pareja y cualquiera de los complejos de su padre.


Notas.

¡Ahí está el gran final! ¡Muchísimas gracias a todos lo que han apoyado este escrito hasta aquí! Aunque sigo pensando que esto de las conclusiones no es lo mío XD…

Empecé este fic, así como muchos otros, por una necesidad; primero porque cuando todo inició a Minato apenas y lo nombraban y de ser así, su personaje nunca hacía algo de verdad trascendental, y en segunda porque, podrá soñar meloso, pero los fics en donde todos sufrían injustificadamente estaban a la orden del día; entonces me di a la tarea de contar una historia sencilla y sin mayor ambición, la vida de un chibi Naru viviendo dulces aventuras acompañado de su familia, y el cómo éste va encontrando el amor al lado de Sasu, porque sin toque gay la cosa no tiene chiste XD.

Hasta ahora sigo sin creerme la gran aceptación que tuvo CdP, de verdad muchísimas gracias a todos lo que me han apoyado con sus valiosísimos comentarios:

Lykan Youko; bakuens; NelIra; Hagane Yuuki; alessa-vulturi; Ang97; jennitanime; Luna1986; Violet Stwy; Soy YO-SARIEL; veruto kaname; Goten Trunks5; dark angel-loveless; karolita; JuHahaMoutons; 00Katari-Hikari-chan00; Linne'-Malfoy; Zanzamaru; Yuki-2310; ; shameblack; Aoi uzu; miyuki shirahime; Lala Do y nozomi-NN-chan.

Y a todos los que de alguna forma me alentaron durante la historia.

¡Espero poder leernos pronto, cuídense mucho y besos!