Ey,aquí va el 4º que tenía que ir junto con el anterior pero me parecía muy largo y lo corté. Espero que os guste, y aprovechadlo, porque no creo que cuelgue en mucho tiempo, ya que me tengo que ir al pueblo y mi abuela no es la típica abu enrollada con ADSL. Vamos que no tendré internet.
Tengo que decir que este capítulo me encanta. Me parece muy cuqui. Leedlo y me lo opináis, ¿vale?
Corremos al lateral de su casa. Por suerte hay un tejadillo que nos
cubre de la lluvia hasta que pensamos qué haremos.
-A ver, Doug. Te subes a mis manos y te impulso hacia arriba para que
llegues a los barrotes, luego te empujo los pies y te encaramas al
balcón.
-Como quieras Dan, pero luego ¿qué? ¿Te ayudo a subir?
-No, no hace falta perder el tiempo en eso. Subo yo por mi propia
cuenta y tú mientras recoges tu ropa para irnos.
Entrelazo mis manos para que se suba. Apenas pesa, y, ¿qué va a pesar
si es muy delgadito?. Se agarra a la reja por la parte izquierda y
consigue pasar al otro lado. Oigo el sonido de la puerta, la ha
abierto. Mi turno. Doy un salto y me cuelgo de un barrote, pongo mi
otra mano y hago fuerza con los brazos para subir mi cuerpo. Cuando
casi puedo poner el pie derecho... ¡zas! ¿Sabéis? El metal mojado
resbala. Caigo hasta dónde agarré por primera vez. He tenido suerte y
no he caído al suelo. Mis pies cuelgan sin poder aferrarse a ningún
sitio. Llamo a Dougie para que me ayude. No tarda en venir y me tiende
un brazo. Ya sí estoy a salvo. Sus bonitos ojos grises llenos de
preocupación buscan el modo de sacar fuerzas en su interior para tirar
de mí. No sé cómo, pero con una fuerza tremenda haces que me encuentre
al otro lado de la verja. Me levanto, sacudo mis pantalones que
parecen sacados directamente de la lavadora y entro en su habitación.
Cruza la sala y enciende la luz. Lo observo todo. La pared está
pintada en un azul claro que parece imitar al cielo, pero apenas se ve
porque tiene pósters que lo ocupan desde el suelo al techo, pósters de
grupos de música. No tiene mal gusto, la mayoría me gustan. Hay un
armario enorme en tono caoba y una cómoda del mismo color. Me giro sin
mover mucho mi cuerpo. Veo una estantería con algunos libros, revistas
y fotos. Me fijo en una en la que sale él de pequeño con unos 9 o 10
años, tiene entre las manos, casi cerradas, una lagartija naranja por
el costado.
-¡Danny!- dice asustado- ¡Te sangran las palmas de las manos!- me las
miro, tiene razón. Al resbalar debí rajarme con algo.- Espera que cojo
algo- se agacha a por algo que debe estar debajo de su cama. Tiene el
culo en pompa ¡No mires Jones, no mires!- Se retira y saca una caja,
la abre. Es una caja llena de desinfectantes, alcohol, tiritas,
esparadrapo, algodón, aspirinas. Parece un botiquín médico.
-¿Qué haces tú con todo eso?- pregunto mientras saca un frasco con
alcohol y también, algo de algodón.
-Lo necesito- responde. No dice más y me queda con la duda. Puede que
sea para sus heridas de maltrato, pero ¿por qué en su habitación en
vez de en el baño dónde sus padres le puedan curar?- Siéntate y dame
tu mano- me señala la cama. Me coge la mano que tiene más cerca. Las
suyas son muy suaves, puedo comprobarlo cuando hay roce. Raro con la
cantidad de heridas que posee.
Dougie
Cojo el alcohol con mi mano libre, la otra se ocupa de sujetar las
suyas. Pongo el algodón al lado de la herida y vierto un poco de ese
líquido antiséptico.
-¡Ahh!- se queja. No le doy importancia y paso el algodón por el
corte. No era muy grande, se curaría y cicatrizaría pronto.
Subo mi mirada hasta que se junta con la suya. No me había fijado
antes, aunque habíamos mantenido contacto visual, de la belleza de sus
ojos azules intensos, son unos ojos que hacen que se pasen las horas
con sólo admirarlos, porque te atraen, te abducen. Él también me mira
directamente a mis ojos del color del metal, un metal algo azulado,
pero monótono comparado con los que me miran. Desvío la mirada a su
boca. Sus labios son bonitos, me están entrando ganas de besarlos.
Sonríe y muestra sus dientes blancos, algo movidos pero con un encanto
especial que forman una sonrisa blanca contagiosa. Subo y paro en su
pelo, castaño rojizo, como la madera de algunos árboles, ¿cómo el
color de mi armario? Seguro que de pequeño habría sido pelirrojo.
Pone una mano sobre las mías, una mano con manchitas rojas, pecas,
pecas que había por todo su cuerpo. Dejo que me la acaricie
suavemente. Le miro de nuevo a los ojos. Están más brillantes. Ahora
sonrío yo. Baja la mano en mi pierna y se acerca. La otra, en un
lateral de mi cabeza y deja penetrar sus dedos en mis mechones rubios.
Yo no me voy a quedar atrás. Poso mi mano en su mejilla derecha y con
la izquierda le agarro por la cadera, rodeándolo ligeramente. Acerco
mis labios a los suyos, hasta quedarme a unos milímetros de él y río.
Pero con su rapidez me enmudece y pega sus labios. Tienen buen sabor,
me recuerda a esa buena mezcla que hacen la fresa y la naranja. Con
algo de timidez deslizo mis brazos hacia abajo dejándole que
prácticamente actúe como le plazca, pero por poco tiempo. Mis manos
entran por dentro de su camiseta blanca ajusta que se pega aún más al
estar mojada. Juguetean entre sus músculos trabajados, en el gimnasio,
lo más seguro. Se tumba boca-arriba. Separo los labios para colocarme
encima. Me echo hacia atrás, pero tira de mí para que rocemos de
a juntar los labios. Nuestras lenguas corren dentro de las
bocas, que parecen sólo una al estar juntas, recorriendo todos los
recovecos. Retira la suya y sube un poco la cabeza. Me muerde la
oreja, de una forma que umm... ¡me ponía! Me muerdo el labio inferior
antes de que me de cuenta de que ha empezado a quitarse la camiseta.
Le ayudo y la lanzo al suelo. Sus manos retoman su trabajo de
acariciar mi espalda. Bajo y mi lengua pasa a lamer lentamente sus
abdominales y luego pectorales. Oigo un pequeño gemidito que sale de
su boca abierta que busca el placer. Respiramos cada vez más deprisa.
Estamos a gran temperatura. Ardemos. Me desprendo de mi camiseta que
me está molestando. Sus dedos andan perdidos por mi torso ahora ya
desnudo. Se me escapa un gemido que se pierde entre sus labios y río.
Dice en mis labios susurrando: "No permitiré que te roben esa sonrisa
tan bonita que tú tienes" No sé que contestar. ¡Qué tierno! Respondo
con un tierno beso mientras una lágrima, no sé si de pena o felicidad,
se derrama. "Shhh" escucho y pone su índice en mi boca. Lo aparta y
devuelve el beso que le había dado segundos atrás. Poco a poco se
vuelve más apasionado. Perdemos de vista nuestros brazos que se dejan
llevar por el momento. Giramos, el que estoy abajo soy yo esta vez. Se
queda mirándome un rato, de arriba a abajo, varias veces, se sonroja y
pasa su mano por mi flequillo descolocado por la emoción del momento.
Él sí tiene derecho. Vuelvo a saborear sus labios tras que los agarre
con sus dientes delicadamente. En un impulso le agarro el culo con una
sonrisa pícara.
-Eres un traviesillo, ¿eh?- dice, me desconcentra con su voz, que sale
algo más ronca, y sexy, y cuando me quiero dar cuenta me ha agarrado
del pantalón y me ha bajado la cremallera y desabrochado el botón. Nos
incorporamos sobre nuestras rodillas. Uno frente al otro. Pierdo un
poco el equilibrio y se ríe, muy alto, escandalosamente , pero genial,
una risa jodidamente genial que te cala hasta dentro de los huesos.
Oigo encender una luz.
-¡Mierda! Danny, métete debajo de la cama-le ordeno rápidamente. Entra
mi padre en la habitación justo con el margen de tiempo suficiente
como para que se esconda.
-Tú, ¿qué cojones haces aquí imbécil? ¿No deberías estar en la calle?
Durmiendo bajo la lluvia, como la perra que eres- Me dice, pero estoy
tan feliz que no me molesta en absoluto.
Danny
Aprieto los puños. ¿Ese gilipollas le ha llamado perra? Así que
después de todo eran sus propios padres los que le maltrataban.
-He subido por el balcón- contesta decidido Doug, ¡qué valiente al
encararse a él!
-Al final resulta que no eres un puto marica tan enclenque cómo
creíamos, ¿eh?- tras la última palabra oigo un cachetazo. Me dispongo
a salir en su defensa, pero pone un pie para que no salga y la líe
parda.- Quédate aquí ya si quieres, pero no hagas ruido que quiero
dormir ¡Joder!- Cierra la puerta.
Salgo de la cama en cuanto no hay moros en la costa.
-Dougie... ¿Son ellos los que te maltratan? ¿Te maltratan por ser
gay?- pregunto de forma suave acercándome a él.
-Sí- dice entre lágrimas. Se lleva las manos a la cara.- ¿Por qué me
odian Danny? ¿Por qué?-estalla a llorar. Le brazo fuerte. Intenta
soltarse. No puede y decide agarrar fuerte mi espalda, para que no le
suelte. No le suelto porque él va a recibir el abrazo más largo de su
vida.
-Porque te tienen envidia, pequeño- respondo a su pregunta formulada
hace tiempo. Se aparta un poco y me suelta. Le dejo ir. Sorbe los
mocos hacia dentro y se refriega la cara para eliminar las gotitas
saladas. Le ayudo pasando mis dedos por su mejilla.- Venga, coge lo
que necesites hasta el domingo.
Agarra una mochila y mete dentro unos bóxers, pantalones, camisetas y
otro par de zapatillas. Yo acabo de escribir una nota que reza:"No me
busquéis, no me ha pasado nada, he ido a casa de un amigo. Volveré el
domingo, aunque no queráis." La coloco en el suelo, junto a la puerta.
-Ya he terminado- me informa- Uy, espera, que se me olvidaba- recoge
un estuche, pero uno de aquellos que guardan un instrumento en su
interior.
-¿Qué llevas ahí?- pregunto intrigado- ¿Una guitarra?
-Casi.- alarga la a al decirlo- Mi bajo. No lo dejo aquí porque es mi
posesión más preciada y al volver no estaría aquí o simplemente lo
habrían roto.
Salimos por la puerta principal. Se para y vuelve a por llaves.
Charlie enciende las luces y entramos en el coche.
-Charlie, este es Dougie. Dougie, Charlie.-los presento y se dan la
mano- Ahora arrarca- nos colocamos los cinturones de seguridad y nos
ponemos en dirección a mi casa.
No hemos tardado ni diez minutos. Bajamos del automóvil y nos
despedimos de Charlie al que damos mil gracias.
Subimos las escaleras, después de entrar por el portal, hasta el 3er piso.
-¡Bienvenido!- digo tras atravesar el umbral de la puerta, a la vez
que subo los brazos, abriéndolos al puro estilo Cheerlander- No es
gran cosa, un apartamento. Allí el baño, luego por ahí de va a mi
dormitorio. En esta ocasión va a ser de tu propiedad. Aquella la cocina, y en
el salón y/o comedor estás- le muestro las estancias señalándoselas
una a una.
-¡Qué guay vivir tú sólo! Pero, tú, ¿dónde dormirás?- me pregunta.
-En el sofá, obvio- respondo riéndome y poniendo una expresión pija.-
Anda vete a dormir que pareces cansado. Puedes bañarte antes, sí
quieres. Yo voy a ver la tele un rato.
Me dedica una sonrisa tras decir "gracias". Va a la habitación.
Enciendo la Tv y empiezo a ver una película de esas antiguas con unos
malísimos efectos especiales, comparados con los de hoy en día, claro
está. Creo que se llama "Regreso al futuro" Oigo unos pasos descalzos.
Es él. Corre al baño. No llevaba puesta ninguna camiseta, tampoco
pantalones. Sólo está cubierto por la parte de sus calzoncillos,
bóxers, de color azul marino y una franja blanca en la parte superior.
Le quedan bien, demasiado bien. No sabe lo que le podría hacer. Mi
mente se llena de pensamientos obscenos. Me gusta más su risilla. Me
ha pillado mirándole embobado.
Me quedo viendo la película.
Se acaba.
Nada más empezar otra, escucho que dice mi nombre. Me está llamando.
-¿Puedo entrar?- pregunto después de llamar.
-Sí- entiendo decir al otro lado de la puerta. Paso hacia adentro.
Me lo encuentro frente a mí, con una toalla atada a la cintura,
mientras gotas de agua resbalan por su cuello, acariciando su piel,
pasando por el ombligo, hasta perderse en la toalla. Sigo el recorrido
de una con los ojos. Me entran ganas de chupárselas, una a una. Sin
darme cuenta enrojezco.
-¿Q-qué querías, Dougie?
-Es que, no encuentro, esto...- está nervioso. Y yo.- He buscado más
toallas, pero, yo no..., las he buscado pero no encuentro ninguna-
mira los armarios mientras me habla.
-Ahora vuelvo- tardo 30 segundos en regresar con dos- Aquí tienes, ¿algo más?
-Sí no te importa, ¿te puedes llevar esta?- señala la que lleva
puesta. La rojez se apodera de su cara y la baja para que no pueda
verle.
-No, sin problema- contesto. Soltamos una risa nerviosa.
-No mires, ¿eh?- me doy la vuelta y le tiendo una toalla. Cae la que
lleva puesta, lo oigo. Pasan unos segundos y recoge la mía.- Ya puedes
mirar- me giro y le veo con los pantalones puestos y secándose la
mitad superior del cuerpo.
-Si necesitas algo más...-digo a la vez que voy saliendo.
-¡Espera!- agarra el pomo de la puerta y tira de ella. Espero que
responda "A ti"- Gracias, gracias por todo, de verdad- me pone la mano
sobre el pecho y me da un delicado beso, como un susurro, una caricia,
un pequeño roce. El beso más dulce del mundo, un beso que transmitía
todo y nada. El mejor beso que había recibido en toda mi vida. Eso era
mejor que el "A ti". Noto sus mechones mojados que se pegan a la piel
de mi frente. En sus labios ardientes se dibuja una sonrisa sin
alejarse de loa míos. Abro los ojos y le veo, sus párpados y pestañas
claras rozándome.
Bueno, ¿os gustó? *cruzo los dedos* Decid que sí. Comentadme porfa plis, que las views suben pero no me opináis y ¡no sé si os gusta!
Y gracias otra vez a los que si lo hacen (a los que los leéis secretamente también). Noé, deja de ponerme puntos preguntando, cojones, las cosas se descubren con el paso del tiempo.
Os dejo que voy a subir el 2º cap, de volver. Bye!
