Los personajes no son míos, porque nunca hubiera tenido la capacidad divina de crear un personaje tan hermoso como Shaoran. En fin, pertenecen a las CLAMP gracias a quienes tuvimos una bella infancia, al menos televisa XD. La historia es completamente mía.
"Amor en tiempos de guerra"
By:Samantha Hart.
Cap. 3:Una peculiar familia
1 de Septiembre de 1955
El característico chirrido ensordecedor se escuchó de pronto y automáticamente todos en el hospital hicieron lo que creían mejor para protegerse. Finalmente el estallido se oyó y el temblor que temían llegó. Por fortuna fue algo leve y solos algunos escombros cayeron del techo producto de las fuertes sacudidas, a pesar de estar a una distancia prudente de la zona de bombardeos.
— ¡Kotori!— Tras la mención de su nombre, sintió unos delgados brazos rodeándole los hombros. — ¿Estas bien?—Oyó que le preguntaban y hubiera respondido si no fuera por un mareo que la detuvo al incorporarse.
Tras unos escasos segundos en que el bullicio ocasionado por la bomba dejó de sonar dentro de su cabeza se giró encontrándose con su pequeña amiga, cuyos ojos mieles destilaban puro miedo. Sintió tanta pena por ella, al igual que por todos los médicos que trabajaban hace meses sin descanso y más aún, por los heridos que entraban en docena por la puerta del centro médico.
—Estoy bien Yamato pero no te preocupes ¿Si?—Pidió intentando tranquilizarla un poco.
El suelo se movió otra vez. Duro solo unos segundos, jugando con los nervios de la gente, haciéndole tambalearse de vuelta.
El ataque de hace tres días atrás había sido el de mayor alcance hasta ahora, ocasionando graves daños a la ciudad donde estaba incluido el hospital en el que trabajaban. Ese día, Yamato había tenido un ataque de pánico muy fuerte y había costado mucho calmarla.
Lo último que quería era que se repitiera.
— ¡Pero Kotori…!—Protestó entre lágrimas.
—Tranquila, escúchame. — Pidió tomándola por los hombros. —Los bombardeos se producen muy lejos de aquí, a nosotros no nos afectaran más que los temblores. — Dijo no muy segura, esperaba que así fuera hasta que termine la guerra. O mejor dicho, esperaba que se acabe la guerra de una vez por todas. — Recuerda por qué estamos aquí. Debemos ayudar a los soldados heridos y a todo el que lo necesite, ¿Esta bien? Es nuestro trabajo pequeña. — Su joven amiga asentía constantemente a todo lo que decía, mirándola fijamente con los ojos acuosos.— Hay un hombre que está en urgencia en este momento y debo ayudarlo, tú debes hacer lo propio también con los que vayan ingresando.—
— ¡Pero no podre sola!— Exclamó desesperada.
—Sí, si podrás. Eres fuerte, tienes que ser fuerte. —
¡Kotori!
Miro hacia atrás de dónde provenía la llamada del cirujano y enseguida se hizo a un lado observando como a los dos segundos, frente a ella, pasaba un sequito de médicos transportando a en camilla a un hombre inconsciente, con el cuerpo totalmente ensangrentado.
Era el hombre que estaba en urgencias. Ahora la pasaban a cirugía.
— ¡Kotori!—Volvió a llamar el médico, ya en el umbral de la puerta.
—Debo ir. — Anuncio volviendo sus ojos verdes a la chica. — Recuerda lo que te dije y da lo mejor de ti, sé que puedes Yamato. — Dijo con voz firme antes de irse hacia la sala.
La joven Yamato miro a su amiga irse corriendo por los pasillos. Los bombardeos habían estado ocurriendo desde hace dos semanas y la doctora Kotori Akino nunca perdía la compostura, era toda una profesional a pesar de tener solo veinticinco años. Ella también debía serlo, era una enfermera ahora y la única realidad era que estaban en tiempos de guerra y no había más opción que ser fuerte y apoyarse unos a otros si querían sobrevivir.
Con paso firme, ingreso rápidamente a una sala en la que otros doctores le pidieron ayuda.
El problema era que no había tantos médicos para tantos heridos y mucho menos profesionales de palabra, la mayoría eran apenas ayudantes y algunos incluso eran estudiantes que no alcanzaban la mayoría de edad, como ella.
Pero todos se ayudaban y trataban de dar lo mejor de sí mismos en el pleno infierno que estaban viviendo.
—"Yo puedo, yo puedo"— Se dijo a si misma conteniendo las ganas de vomitar al ingresar al cuarto y ver un soldado con una extremidad hecha pedazos.
Dos horas después Akino Kotori salía del cuarto de cirugía totalmente exhausta. Soltando un gran suspiro que denotaba su cansancio se dejó desplomar en el primer asiento que encontró por ahí.
Estaba agotada, frustrada, triste, enfadada y tantas cosas juntas que incluso sentía que no tenía fuerzas siquiera para llorar.
Se quedó unos segundos mirando detenidamente el suelo, en realidad viendo a la nada, intentando dejar su cerebro en blanco pero supo que le era imposible en cuanto volvió a recordar el pitido del aparato que marcaba la detención de los latidos del anterior paciente. El maldito pitido que indicaba que no importa cuánto esfuerzo hagan, él se había ido, otra vida más se había perdido y un número más aparecía en la lista negra.
Otra vez suspiro, esta vez levantando la cabeza para mirar el techo y otra vez miro a la nada. Introdujo los dedos en el pequeño bolsillo de su uniforme blanco y saco sin mirar, un encendedor y lo único que le mantenía cuerda, o eso al menos creía.
—Maldita guerra. — Mascullo encendiendo el cigarro en su boca.
—Kotori…no deberías fumar en un hospital. — Abrió más los ojos y giro la cabeza encontrándose con la dueña de la vocecita, su Yamato, con las manos juntas sobre su vientre y algunos mechones rubios cayéndole sobre el rostro; su postura delatando su timidez y poca experiencia.
—Pequeña, lo siento. Es que es lo único que me calma los nervios.— Confesó apenada, arrojando el puro al tacho de basura que se encontraba a su lado.
Yamato Min hizo una mueca disconforme a la par que se sentaba a su lado.
Las únicas veces que la había visto fumar, pese a que sabía que estaba mal, era cuando algún paciente fallecía. Eran situaciones que nadie resistía, ni siquiera los médicos de profesión, como Kotori, y lo peor era que los casos se incrementaban con el correr de los días.
—¿Entonces ese muchacho…?— No pudo evitar preguntar.
—No aguanto la operación. Había sufrido una hemorragia muy grande desde mucho antes de ser ingresado. Intentamos hacer lo que pudimos, aun presentándose como un caso perdido pero…—Cerro los ojos, escondiendo el rostro entre las manos, suspirando otra vez, lamentándose otra vez.
—Lo siento.— Musito sin saber exactamente qué decir.
La mujer negó con la cabeza y levanto el rostro para mirarla.
—Lamento haberte dejado sola.— Hablo despejándole el cabello del rostro, acomodándoselo detrás de la oreja.
—No, yo lo siento. Realmente lo siento. Te falle.—
Kotori frunció el ceño.
— ¿De qué hablas Yamato?—Preguntó desconcertada al ver los ojos mieles inundándose de lágrimas.
—No pude…— Sollozó.—…yo….me desmaye en plena cirugía.—
La mujer la atrajo hacia sí, rodeándola con sus brazos, haciéndola sentirse más débil e inútil aun. Kotori era la que había tenido un duro y triste trabajo y la que la tendría que ser consolada pero en lugar de eso, ella la abrazaba dejándola lloriquear en su hombro, acariciándole los cabellos rubios con dulzura.
¿Porque era tan débil?
—Oye no tienes la culpa. Suele pasar las primeras veces, mas a alguien como tú que se vio forzada a hacer esto y no tiene la preparación previa.—
Se regañó mentalmente otra vez. No debía de haberla dejado sola. Seguramente había visto algo horrible, si no, no se explicaba cómo pudo haberse desmayado.
—¡Es que quería…como tu…pero al final fui un completo estorbo en vez de ayudar!—Sonrió con pena, escuchando sus entrecortados lamentos.
—Claro que no. Sabes, Hikari hablo antes conmigo y dijo que estos días la ayudaste mucho. Ella es novata también y se hubiera visto en situaciones muy graves de no ser por ti. Así que no digas que eres un estorbo porque te estas esforzando Yamato y eso cuenta mucho.—
—¿Tú crees?— Pregunto secándose el rostro con la manga del uniforme. Se sintió mejor con las palabras de su amiga.
—Ella misma lo dijo.— Aseguró.
Y como si la hubieran invocado, la enfermera Hikari, de tan solo diecinueve años se apareció frente a ellas, con las mejillas algo rojas y la respiración levemente agitada. Al parecer había venido corriendo.
—Kotori, Yamato. Necesito su ayuda.—
Ambas se miraron. Min le sonrió un poco dándole a entender que se encontraba bien y la mujer a pesar de que se sentía agotada, supo que tenía que seguir adelante con su trabajo así que se incorporó del asiento junto con su amiga.
—Vamos pequeña.—
1 de Septiembre de 2013
Eran cerca de las tres de la tarde y estaba algo lejos de Tokio, donde vivía actualmente. Recordándole que la primavera se acercaba, una fresca brisa soplo sobre su cuerpo, haciendo mecer sus cabellos, la fina tela del volado de su vestido color crema, y llevándose algunos pétalos del ramo de rosas que llevaba entre sus manos.
— ¿Qué idea más descabellada verdad mamá? – Pregunto mirando hacia el cielo, al pie de la lápida con el nombre de Nadeshiko Amamiya Kinomoto. Sakura nunca miraba a esa fría piedra que había en el suelo para hablar con su madre, ella miraba las nubes del cielo porque era ahí donde ella estaba. —Viajar con un completo desconocido a un país desconocido. — Hizo una mueca algo disconforme— Definitivamente nunca pensé que me pasaría algo como esto. Pero al leer aquella carta en la casa de la señora Yamada, me hizo acordar tanto a ti. Recordé el entusiasmo y el esfuerzo que le habías puesto a mi regalo, a pesar de lo limitada que te tenía tu enfermedad. No era necesario, porque yo siempre te recuerdo, pero es algo que me reconforta cada vez que te estoy triste porque no te tengo a mi lado.— Sonrío cabizbaja mostrando algo de tristeza pero se incorporó luego de un suspiro y hablo con ánimo renovado— Kotori Li quiere escribir un libro mama. Una historia de amor para dejársela a su familia y me pareció una excelente idea. Así que me esforzare hasta dejarlo perfecto, como tu solías decir.—
Inclinándose un poco, dejo el ramo, entre tantos que había, en aquel huequillo al lado de la lápida. Miro al cielo una última vez reconfortándose con la idea de que este aquí en o en China no importaba, no era necesario ir si o si a aquel lugar para visitar a su madre, ella lo hacía por costumbre pero en realidad solo le bastaba levantar la vista y perderse entre todo el celeste del cielo para saber que ella estaba ahí, escuchándola. Así le había dicho la hermosa Nadeshiko y ella confiaba ciegamente en sus palabras.
Dirigiéndole una última y deslumbrante sonrisa que había heredado de la propia madre, Sakura dio la vuelta y se volvió sobre sus pasos, tratando de darse ánimos y convencerse de que todo estaría bien cuando llegue al aeropuerto y tenga que tomarse el avión que la llevaría a destino: Hong Kong.
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—"Pasajeros con destino a Hong Kong, abróchense los cinturones por favor, su vuelo comenzara en media hora."— Se escuchó decir a una voz masculina dentro del avión.
Sakura comenzó a hacer lo indicado luego de echar un vistazo a su alrededor viendo como las personas hacían lo mismo. Su recorrido se detuvo cuando se topó con la imagen del hombre a su lado. Era un tanto incómodo. Desde que se habían encontrado en el aeropuerto no habían cruzado palabras más que las necesarias. A pesar de la poca química que tenían, Sakura pensó que sería bueno decir aunque sea algo.
—Oye, mmm….Li, yo…— Comenzó sin saber muy bien como dirigirse a él.
Shaoran quien ya se había puesto el cinturón y miraba distraído hacia alrededor, con la mejilla descansando en su mano, se dio se dio la vuelta ante el suave llamado de aquella particular vocecita.
—Shaoran.— Pidió interrumpiendo el balbuceo de la chica.
—¿He?
Quiso reír ante su rostro confundido.
—Llámame por mi nombre, estaremos un tiempo juntos, ¿Recuerdas? Sería bueno que dejes un poco atrás las formalidades.— Pidió con frescura y coquetería, dándole su mejor sonrisa a lo que la chica alzo una ceja de forma imperceptible.
—Shaoran.— Probo para sí misma, aun con atisbos de inseguridad en su voz. Negó con la cabeza ante lo extraña que sonó. No creía que le fuera posible a acostumbrarse. — ¿Cómo te lo pregunto…Tu familia está de acuerdo con esto? Es decir, ¿Hay algo que deba saber antes de…?—
—Mi familia, más precisamente Kotori fue la que pidió contratarte, aunque no debes preocuparte, no habrá casi nadie en casa, estaremos prácticamente solos. — Lo último lo dijo con un tono que Sakura no supo ni quiso entender para evitar fruncir el ceño. No sabía si prefería estar con cien desconocidos en una misma casa a que estar sola con ese sujeto, aun si hiperventilaba cuando se encontraba ante mucha gente.
—Genial— Mascullo sin preocuparse de si Li la oía o no. El caso es que si la había oído y gracias a su cruel sarcasmo ahora el castaño se encontraba agarrando de la cintura a su orgullo que intentaba arrojarse desde el avión. Sin paracaídas, cabe aclarar.
La chica bufó cruzándose de brazos y dándose la vuelta para quedar mirando la ventana tras la cual el mundo se volvería cada vez más pequeñito en unos minutos. No era la primera vez que viajaba a Hong Kong, ni que viajaba en avión. Cuando tenía diez años había ganado un concurso en que él se sorteaba un viaje de dos semanas para cuatro personas. Había ido con Tomoyo, su hermano Touya y el mejor amigo de este, Yukito.
"Oye Sakura, debes sacarte los zapatos antes de entrar a un avión."
Soltó una risilla al recordar la broma que su hermano le había hecho en el avión. La típica broma japonesa de sacarte el calzado antes de ingresar. Siempre solía hacérsele a la persona que viajaba por primera vez, como había sido su caso.
—Ese Touya— Pensó.
Aun el joven médico no se había enterado de su "huida". Con ayuda de Tomoyo habían armado todo un teatro de que ella estaba ayudándole con lo de la boda. No le podía decir que su editor no quiso acompañarla ni mucho menos que estaría viajando con un miembro del sexo masculino. Su hermano pegaría el grito en el cielo y sería capaz de correr desde su casa en Australia hasta el aeropuerto con tal de detenerla.
Suspiro con algo de cansancio. Ya luego llegaría el momento para decírselo.
—Les puedo ofrecer algo. — Una voz melosa la saco de sus pensamientos y levantando la vista, se encontró con una azafata rubia de ojos chocolate con un traje bastante ajustado, por no decir pegado, al cuerpo.
Pero la mujer no la miraba a ella, no, si no a Li quien le mostro una sonrisa torcida que la azafata respondió con otra igual de tonta y un exagerado batido pestañas.
Duh.
—Quisiera unos refrescos y el menú para el buffet. — Pidió con todas sus toneladas de galantería encima. Gracias a Dios. Su orgullo había desistido de suicidarse y había vuelto a sus niveles normales— ósea hasta las nubes—gracias a esa despampanante rubia de piernas eternas. Y ahí se encontraba, dentro de él, inflando su ego como una piñata, confirmándole que era un hombre simplemente irresistible.
—Enseguida guapo. — Respondió la mujer dándose la vuelta lentamente.
Yo también existo Pensó la castaña rodando los ojos.
Luego de observar sin ningún pudor el caminar del par de piernas alejándose, el ambarino se giró hacia ella intentando seguir el intento de conversación que estaban teniendo pero supo que era un caso perdido en cuanto vio su mirada perdida entre las hojas de un libro que no supo en que momento sacó.
Suprimió una sonrisa de satisfacción al notar por el rabillo del ojo como el hombre rodaba los ojos y se cruzaba de brazos mirando aburrido hacia el otro lado. Ah, pero si eran sus trucos favoritos debajo de la manga. Un libro y sus lentes ¿Qué mejor que eso para asegurarse su espacio personal?
Podía sonar muy antisocial y lo que sea, pero es que en realidad ella odiaba que la vieran como un juguete, algo con lo que entretenerse, y sabía perfectamente que la mayoría de los hombres solo quería eso, por eso los evitaba. Ninguno se le había acercado para preguntarle que leía ni que le gustaba, simplemente seguían su camino buscándose otra, otra más fácil, más tonta, que no pudiera discutirle nada y le siguiera en todo.
Ya sabes lo que dicen, nunca te enamores ni muestres interés en una chica que lee.
Al igual que Li.
Aún estaba picada por el trato de ese hombre. Ella no era una superficial supermodelo cerebro de nuez como con las que el salía, según la prensa rosa. A Sakura siempre le gusto la cultura, la historia, el arte y esas cosas y había estudiado mucho para llegar a donde estaba.
Ese hombre la respetaría, ella se encargaría de enseñarle eso.
Rodo los ojos por enésima vez en lo que iba de hora y oculto un bostezo con la palma de su mano. Los ojos rubí se perdieron entre todas las fórmulas matemáticas que se ramificaban en el pizarrón haciéndose cada vez más inentendibles.
Era inútil, pensó frunciendo el ceño. Si hasta estudiar jeroglíficos debería ser más fácil que tratar de entender toda esa cantidad de números y letras. Su cerebro se revolvía con solo verlo.
Miro hacia el banco que estaba a su lado y soltó una risa sin gracia al ver que su prima Feimei parecía estar en el mismo o peor grado de aburrimiento que ella. Sobre la carpeta abierta en hojas repletas de garabatos sin importancia, sus brazos funcionaban como almohada para su cabeza adormilada. Los ojos medio abiertos, luego cerrados, luego medio abiertos, luego cerrados…
Suspiró nuevamente y miro hacia el frente. El profesor estaba ensimismado haciendo cuentas y cuentas sobre la pizarra, cual científico loco, así que aprovechó para abrir el bolsillo delantero de su mochila y sacar su móvil disimuladamente.
Y ¡Oh! ¡Mensaje!
"Ven a casa cuando salgas preciosa. Te amo"
¡Y de su novio!
Tuvo que morderse el labio para no ponerse a chillar como loca enamorada. Y es que solo habían pasado tres días desde la última vez que lo había visto, pero aun así lo extrañaba tanto. Además estaba ansiosa pues solo faltaban veinte minutos para que terminara la clase, pero diez minutos con el profesor Katakura eran equivalentes a dos eternas horas de clase, sin contar que tendría que ir cambiarse a su casa antes de ir a ver al chico, no pensaba ir así nada más.
"Tranquilízate", se dijo, hoy nadie le impediría verlo.
—Liang…—Suspiro soñadoramente con flores y pájaros dibujándose a su alrededor sin ser consciente de la mirada furtiva del chico rubio del asiento atrás…
Pasados los veinte minutos…
—Dioses chinos, no podía esperar para irme. — Sonrío al escuchar la protesta de la pelirroja a su lado antes de sacar un par de zapatillas de su casillero.
—Es la habilidad del profesor de Katakura, alargar el tiempo. — Bromeó mientras abrochaba la hebilla de su calzado.
—Y dormir a la gente. —Agregó Feimei acomodando la mochila en su espalda ya dispuesta a irse.
Ambas primas bajaron las escaleras mirando distraídas a la nada. Cada cuál pensaba en las cosas que tenían que hacer por la tarde.
—Por cierto Meiling ¿Hoy iras a ver a Liang?— Pregunto la chica cuando ya salían hacia el patio de entrada.
La morena asintió enérgicamente con una enorme sonrisa en el rostro a la par que juntaba las palmas de sus manos.
— ¿Pero no lo viste hace tres días?—Se extrañó.
— ¡Si, pero ya lo extraño!— Chilló emocionada.
La chica rodo sus ojos mieles. Eso del amor definitivamente era estúpido.
¡Aquí! ¡Pásala!
Se volteó hacia dónde provenía aquél llamado y con los ojos entrecerrados observó a la distancia al equipo de futbol entrenar en el campo ubicado al costado del patio del Instituto, solo separado con alambres que funcionaban como muro.
Sin poder evitarlo su mirada se dirigió hacia el sempai del último año, el capitán del equipo.
Shang Hue.
El joven de cabellos celestes jugaba totalmente concentrado en el balón y luego de un par de pases encestó un gol que le valió la ovación de sus compañeros y las estudiantes mujeres que se quedaban después de clases solo para verlo entrenar.
—Se ve que están entrenando duro para el torneo de este año. —Comentó distraídamente su prima a su lado. Ella la miro, pero su acción no fue tomada en cuenta pues su prima nunca se dio cuenta, en cambio siguió con su atención al partido que se jugaba a lo lejos. Feimei supo que estaba buscando algo, o más bien a alguien.
— ¿Torneo?—Preguntó volviendo a ver hacia el juego.
—Mmm, el "Torneo primaveral de futbol". Por cierto, que raro que no haya llegado Kaito…—
La chica sonrió. Kaito era compañero suyo, uno de los mejores jugadores de futbol y mejor amigo de Meiling. O su perro quizá, no lo sabía muy bien. Pero ya era demasiado raro que no haya preguntado por él en cuanto se escapó de su campo de visión.
Cabe en cuenta aclarar, que la tonta enamorada no se daba cuenta de que su mejor amigo—perro no quería solo eso…
—No lo sé— Dijo sacando una cajita de jugo de zumo de su mochila.— Hoy en clases estaba sentado detrás de ti como siempre pero no lo vi cuando se fue así que no tengo idea donde se pudo haber metido.— Contestó con aparente desinterés bebiendo por el sorbete.
—Ese Kai… ¡Nunca me avisa cuando se va!—Se quejó.
Pero la protesta de su amiga y prima se quedó ausente en el aire para ella en cuanto se encontró a lo lejos con los ojos celestes del sempai.
Cuando se vio liberado del abrazo tosco de sus compañeros al anotar el segundo gol, el chico le sonrió y levanto su mano en señal de saludo.
Él le sonrió…
Le sonrió…
Y el maldito calor en sus mejillas se hizo presente…
…otra vez.
Como un acto reflejo apretó los labios y frunció el ceño antes de darse la vuelta rápidamente.
— ¡Estúpido, estúpido, estúpido!—Refunfuñó por lo bajo negando con la cabeza repetidas veces.
— ¿Dijiste algo?— Preguntó confusa la morena al ver los extraños gestos de su prima.
—No, no…es nada. —Musitó de repente avergonzada— Hoy viene la escritora, ¿Verdad?— Preguntó de forma abrupta al ver que Meiling iba a decir algo.
— ¡Oh, sí!— Recordó abriendo mucho los ojos. —Según me dijo Fanren, lo más probable era que Shaoran llegara junto con ella para el mediodía así que ya deben estar por llegar si es que aún no lo hicieron. — La chica a su lado se encogió de hombros, dando nuevamente un sorbo. — Por cierto Fa, ¿Qué lugar es ese en el que iras en la tarde?—
Sonrió con arrogancia al oír el tono intencionalmente casual y desinteresado que de pronto usó la morena para hablar.
Su prima era tan chismosa. Sabía que le iba a preguntar aquello desde que se enteró de que ella estaba frecuentando un lugar en la tarde de los jueves. Abrió la boca lentamente viendo como los ojos rubíes de Mei brillaban ansiosos y ensanchaba su sonrisa de forma gradual.
—No—te—lo—diré. —
Y sin más se dio la vuelta emprendiendo la marcha.
La morena se quedó estupefacta. — ¿Q..?..¿¡Que!? ¡Oh, vamos Feimei!— Protestó dando grandes zancadas detrás de la pelirroja que ya le sacaba bastante ventaja. —Dímelo, hace una semana que estoy tratando de descubrirlo. —
Río ante su patética confesión. —Pues sigue intentando. — Respondió a lo lejos alzando una mano con desinterés.
— ¡Feimei!— Llamó pero su prima si quiera se molestó en contestarle. — ¡Anda Fei, no seas así! ¿Porque no me lo dices? ¡Feimei...!
Normalmente viajar era algo que la cansaba. Siempre solía tomarse al menos un día de descanso luego de un viaje largo para renovar energías pero venir a Hong Kong y no disfrutarlo desde el primer momento en que lo pisas, sería un pecado, por más cansancio que tengas encima.
Desde que habían sido recogidos en el aeropuerto por la limusina y habían viajado hasta destino, Sakura se había quedado maravillada. Al principio le incomodo viajar en un auto tan ostentoso, con chofer y todo incluido, sumándole el energúmeno que tenía al lado pero todos sus inconvenientes se vieron en el olvido cuando empezaron a recorrer las zonas más bonitas de la ciudad. Definitivamente había crecido mucho desde la primera y última vez que lo había visitado.
Aunque a pesar de los edificios y tiendas nuevas lo más hermoso seguía siendo el cristalino río que lo cruzaba por la mitad.
Cuando había venido a los diez años, había dado un paseo por allí en lancha para poder cruzar al otro lado de la cuidad. Tomoyo había grabado aquello con su cámara de video y ella lo veía de vez en cuando.
Ojala su prima estuviera allí para volver a hacer ese maravilloso recorrido.
Oyó un ronroneo y bajo la cabeza mirando a su gordo gato que descansaba en su regazo. Había sido un milagro que Fanren le haya dicho que podría llevar a su mascota. Le daba un poco de pena por la señora Yamato, quien se había ofrecido a cuidarlo, pero la realidad es que ella no podía pasarse tanto tiempo sin su querido Kero. Y vamos que él sin ella tampoco, después de todo, ¿Quién era la que lo alimentaba y mimaba a toda hora?
Al principio le había parecido una mala idea que lo llevaran en una jaula junto con el resto de las maletas, en la parte trasera del avión pero viendo que no tenía opción tuvo que aceptar. Ya en el auto lo bajaron y Sakura tuvo que admitir que, siendo que Kero odiaba estar encerrado, había sido un gesto amable de Li, el dejarle llevar a su gato en brazos dentro del auto.
Finalmente, luego de un trayecto, llegaron a un enorme portón oscuro que se abrió lentamente para dar paso ante sus ojos la imponente y esplendorosa Mansión Li.
Dios…la "casa" de esa familia debía ser una de las construcciones más famosas y espectaculares del país. Y lo último que era, era justamente eso.
Una simple "casa".
Era enorme y elegante. La construcción estaba basada en una arquitectura puramente propia de la cultura Oriental. El extenso jardín que rodeaba el edificio era como un paraíso. Fuentes de agua, árboles y plantas perfectamente cuidados y de colores divinamente exóticos. Estaba segura de que con sentarse una tarde bajo alguno de esos árboles y mirar a su alrededor, miles de historias se acumularían en su cabeza, y ella solo tendría que hacer el trabajo de darles forma a través de sus palabras.
Estacionaron y el chofer se bajó para abriles la puerta. Primero a ella y posteriormente a Shaoran.
Su gato le fue arrebatado de sus brazos en cuanto se incorporó, claro que este ni se enteró de pues estaba durmiendo como tronco. Sakura se preguntó si al pobre chofer le costaría alzarlo tanto como a ella.
Estuvo a punto de preguntar por sus cosas pero Shaoran se le adelantó:
—Feng, yo iré a visitar a mis padres. Lleve a la señorita a su habitación y que la mucama se encargue de acomodar sus cosas. — Pidió el castaño.
—Enseguida señor. —El hombre hizo una reverencia.
Vaya, cuanta atención innecesaria, pensó haciendo una mueca algo extraña. Si ella misma podía hacer todo eso.
Ajeno al encuentro de Sakura con su familia, el castaño iba hacia el garaje en busca de su propio auto. Se encontraba contradictorio. Por un lado se regocijaba de gusto de saber que tendría a la chica en su hogar por un buen tiempo, dentro de poco le darían vacaciones y que él supiera no habría mucha gente, así que podría aprovechar algún momento a solas con ella para intentar seducirla por…enésima vez?
Y ahí estaba el problema. Ella no caía a la primera. Y no es que el contemplara muchas opciones porque el simple hecho es que las mujeres siempre caían a la primera. Él no tenía necesidad de diversas tácticas ni planes. Todo era una mirada, una sonrisa, un par de palabras bonitas y ya. Noche candente asegurada.
Pero no. Ella no. No le correspondió a la primera, de la que por cierto ligo un golpe, no le correspondió la segunda en la fiesta de compromiso, ni la tercera, ni la cuarta, quinta, sexta…y tantas veces que había intentado tener alguna especie de conexión con ella, la chica le hablaba tajante, si es que le hablaba o simplemente respondía un leve "ha" y lo ignoraba. Además de que todo el trayecto se lo había pasado mirando el paisaje por la ventanilla como si fuera de lo más interesante.
No entendía porque demonios lo hacía. Siendo que podrían haber disfrutado tanto ya…
Habiendo tantos hoteles en Tokio…y tantas posiciones para…bueno, ejem.
Oh! Pero él no se había rendido. No señor, no.
Si bien no entendía el motivo de su frialdad Shaoran no tuvo ni siquiera como opción la idea de que él no le gustaba. Claro que lo hacía, todas lo hacían, desde su adolescencia. Quizá era tímida, había terminado una relación hace poco o…
Orgullo.
Sonrió como si se le prendiera el foco. Sep, eso tenía que ser. Debía ser orgullosa, ese porte seguro y esa mirada seria se lo decían. Aunque él ya se encargaría de despojarla de todo el orgullo…y toda la ropa, también.
Una sonrisa ladina surcó su rostro.
De lo que estaba convencido era de que todo ese teatrito de esquivarlo había hecho nacer en él un sentimiento de desafió. Hacía mucho no sentía esa emoción de tener un reto como aquel. Jugar para ganar algo que disfrutaría muchísimo sin duda. Porque cuando la tenga en la palma de su mano ella sería uno de sus mejores conquistas. El trofeo más reluciente de su colección, el caramelo más dulce.
"Alguna vez te dije que te rechazarían"
Frunció el ceño y esparció torpemente con su mano derecha la nubecita sobre su cabeza en la que se le había aparecido la sonrisota bajo los lentes y el cabello azul perfectamente peinado.
Ese cuatro ojos no podía tener razón. Primero muerto o…castrado, que era peor, antes de darle la razón en algo a Eriol, pensó Shaoran mientras conducía hacia la empresa de su familia.
Ninguna mujer se le podía resistir a él. Y se lo probaría, como que era un Li.
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Sakura se encontraba parada en la puerta con el mayordomo a su lado. Ambos parecían estatuas. Pero el caso del hombre, que no era más que por una actitud de trabajo era diferente al de la chica, que hasta sentía como las manos le empezaban a sudar de los nervios.
La puerta se abrió tan repentinamente que Sakura no supo que decir ni que hacer a pesar de haber estado ensayándolo en su mente todo el camino.
Una hermosa mujer, alta, delgada, de cabellos castaños y ojos ambarinos iguales que los de Li se apareció ante ella. No supo cómo pero su rostro le pareció familiar.
Aunque eso era raro, no podía parecerle "familiar" alguien que no conocía.
— ¡Bienvenida Sakura! Mi nombre es Feimei. — Saludó sonriente, desconcertando a la castaña con su frescura, quien reaccionó luego de unos microsegundos.
—Es un placer conocerla. Muchas gracias por dejarme quedar en su mansión. — Muy educada, hizo una reverencia que quedó en el olvido cuando sintió como la mujer la jalaba de la muñeca adentrándola a la mansión.
—Oh, no es nada. Gracias a ti por aceptar el trabajo, por cierto, mi abuela está ansiosa por conocerte. Pero ven pasa, pasa, debes estar agotada. — Detuvo el parloteo abruptamente para pararse en seco haciendo casi tropezar a la chica y seguido miro hacia el umbral, dónde se encontraba el mayordomo con las maletas en la mano.
La hermosa mujer, de unos treinta años, frunció un poco el ceño y entrecerro los ojos mirando con escrutinio, buscando algo, sin duda.
— ¿Y Xiao Lang?— Preguntó en tono bajo. Fue el turno de Sakura para fruncir el ceño esta vez.
¿Xiao qué? ¿Quién e...?
Ooh…
Tonta de ella. Comprendió que "Xiaolang" o como se diga era el "Shaoran" que ella conocía. Ósea, Li.
—El joven XiaoLang fue a visitar a sus padres, Señora Fanren. — Respondió el chofer.
— ¿Y no podía tener la consideración siquiera de saludar a sus hermanas y sobrinos? ¡Si solo lo quedaba de paso! Ese niño…. —
Sakura se extrañó por segunda vez en el día.
¿Sobrinos?
¿Que no era —según Li— que iban a estar prácticamente solos? No era que le agradase la idea, por supuesto, pero sospechaba que se iba a encontrar con unas cuantas sorpresas en el lugar… y no iba a ser la única sorprendida.
–Feng lleva esas maletas a la habitación de huéspedes. — Indico la mujer recuperando enseguida su buen humor y frescura.
—Enseguida señora. — Dijo el hombre para luego irse hacia las escaleras con la carga y el gato en brazos.
La mujer se dio la vuelta haciendo que la castaña se encuentre con un par de ojos mieles luego de una pantalla de pelo castaño. — No te preocupes por tu gatito Sakura, tenemos tu habitación equipada para el también, estará muy cómodo. Ahora ven conmigo, te mostraré la casa. —La tomo de la mano nuevamente para llevarla por unos pasillos. —Y dime ¿Cómo te encuentras? ¿Viajaste bien?— Le preguntó con interés en el transcurso.
La ojiverde asintió.
—Sí, todo correcto. —
Fanren largo una risilla.
—No seas tan formal. No soy tan joven como tu pero tampoco soy tan vieja. —
—Oh, no. Lo siento, no quería dar esa impresión. —Se apresuró a enmendar antes de nada pero en vez de eso consiguió que la mujer riera aún más.
—Eres muy graciosa Sakura. —
La aludida supo que no era tan así, ya que ella no era de hacer chistes ni mucho menos se consideraba divertida o graciosa como le había dicho, pero la actitud abierta y alegre de Fanren hizo que Sakura se sienta cómoda de repente, incluso sonrió ante aquello, sorprendiéndose al darse cuenta de que hacía mucho no lo hacía. Con todo la molestia que le traían los hombres últimamente en su vida, ya sea editor, hermano, vecino molesto y acosador o el nuevo de la lista, Li, no solía sonreír a menudo. Sumado a la situación de que sus planes se hayan distorsionado. Viaje inesperado. Libro nuevo…
En fin…
Media hora después…
Mientras estaba caminando tranquilamente con Fanren por los enormes salones agradeció que Li se haya ido quien sabe dónde. Por fin se sentía libre de su presencia que la incomodaba al igual que su mirada. Poseía unos ojos hermosos, por cierto, pero su forma lobuna de mirar le quitaba lo bello y lo volvía...como inquietante.
En cambio su hermana Fanren, era lo contrario. Ella era fresca y espontánea, le inspiraba confianza por alguna razón.
Le había contado que era actriz, con lo que Sakura finalmente dedujo de donde había visto a alguien que nunca había conocido, pero que ahora estaba de licencia por maternidad porque tenía un niño de apenas un año que en este momento se encontraba haciendo su siesta. También tenía dos niños más, pero eran más grandes.
En total los hermanos Li eran cinco. Según le había dicho Fanren. Además de ella, estaban, Fuutie que era médica y tenía unas gemelas; Shiefa, que estaba estudiando en una universidad de Inglaterra y Feimei, que era de la edad de Meiling. Y con Shaoran completaban el quinteto.
La simpática mujer con la que iba entablando conversación en el transcurso del recorrido le había mostrado los lugares principales de la casa y Sakura realmente estaba embelesada contemplando la mansión. Obviamente todo era característico de la cultura China, con la que ella no estaba tan familiarizada pero eso no le impedía disfrutar la vista. Decorados, cuadros, pinturas, esculturas, diseños y demás le resultaron maravillosos e interesantes.
—Ya vas a ver Sakura, te divertirás mucho con la familia. —Aseguró Fanren sonriente.
Todo el embelesamiento se esfumo de pronto ante aquellas palabras.
Familia.
Familia de gente rica, importante, de la mejor educación…
Y ella que era tan…tan…. ¡Tan ella! ¿Qué hacía metida ahí?
Por supuesto que la familia Li era de muchísimo dinero y quizá Shaoran no parecía ser alguien…demasiado… "frío"—por así decirlo— hasta donde ella lo conocía, que era muy poco. Pero lo cierto es que los empresarios importantes y una familia tan influyente como esa debían de ser personas muy estrictas y con un protocolo a cumplir en el día a día y por lo que suponía, debían ser personas mortalmente calladas y serias.
A excepción de Fanren, claro está.
Recordó las anécdotas que le contaba Tomoyo de cuando iba a visitar a sus suegros en Inglaterra. Esos sí que eran los reyes de hielo. Siempre fríos, serios, hablando en tono bajo, modales aquí, modales allá, miles de cubiertos para comer y cada uno con una función diferente, horarios para comer y salir, reglas con el vestuario...
Dios, quería morirse, después de todo quizá no había sido una buena idea todo esto…
Unos apresurados pasos provenientes de arriba de la escalera llamaron su atención haciéndola voltearse. Una voz algo chillona habló entremedio del ruido.
— ¡Yumi ya me voy! Dile a Fanren que volveré a eso de las…— Una chica de unos diecisiete años se apareció ante ambas. De cabello negro azabache y ojos rojos como el rubí. Por su expresión se supo que estaba sorprendida de verla ahí. — ¡Oh, aquí estas Fei! ¡Ah y tú debes ser la famosa escritora, pero mira qué guapa eres! Y yo que pensé que eras obesa y llevarías unas gafas horribles.— Soltó una risotada— Sabes, tengo una amiga que lee mucho, quería conocerte porque le ha gustado mucho tu ultimo best—seller, ese que se ve tanto en las librerías ahora. La verdad que eso de leer libros no es de lo que más me guste pero hace un tiempo he leído un libro tuyo que me ha gustado mucho se llama…— Se calló de repente y quedó mirando fijamente el rostro de la castaña, inspeccionándola. —…Oye ahora que te miro bien te pareces un poco a… ¡Ah, mira la hora!— Chilló, cuando sonó la alarma de su móvil. — Debo irme. Fanren volveré a las ocho para la cena, ¡Adiós!— Se despidió y salió prácticamente volando por la puerta.
—Ella es la que te mencione antes. Meiling Li, mi prima. — Aclaró Fanren al ver el rostro de Sakura que parecía tener dibujado un gran signo de interrogación. Es bastante…—
— ¿Enérgica?— Completo medio sonriendo.
La mujer rio levemente dándole la razón.
– Y muy simpática también, te encantará te lo aseguro, ya la conocerás más en la noche, durante la cena, al igual que al resto pero ahora quiero presentarte a mi abuela, Kotori. —
— ¿Entonces cuánto tiempo te quedaras hijo?—
Shaoran se quedó callado unos momentos. Iba a estar el tiempo que se deba quedar la sexy escritora y según ella le había dicho planeaba irse para la boda de su amigo y Tomoyo así que serían unos… ¿Cuatro meses?
Si, cuatro meses. Cuatro meses en los que no pensaba visitar a sus padres más que en esta ocasión.
—No lo sé la verdad. Pero supongo que no más de tres o cuatro meses. Eriol se casara a fines de este año y debo estar presente. — Contesto con su típico tono neutral, uno que desconocían totalmente sus conquistas.
Hien Li dejo lentamente la taza de café sobre la enorme y elegante mesa y retomo su postura firme para mirar a su hijo.
— ¿Eriol? ¿Con la jovencita Daidouji?— Pregunto frunciendo el ceño. En realidad las muchas arrugas en su frente hacían que pareciera que siempre mirara así. Shaoran no supo si era eso o quizá la constante seriedad en su mirada.
Podría apostar toda su fortuna a que nunca lo había visto sonreír. A ninguno de los dos en realidad. Tanto su padre como su madre.
—Así es. — Contesto con simpleza.
El castaño se sintió algo…extraño. Se había ido a Japón hace tanto tiempo y visitado a sus padres tan poco tiempo que no recordaba con gran claridad cómo era esa enorme casa. Aunque si recordaba a la perfección cuanto la odiaba. Esa inmensidad innecesaria, el silencio sepulcral, las paredes y muebles de colores apagados, los cuadros con los rostros de piedra de cada miembro fallecido del Clan Li, que por cierto ni siquiera conocía.
Todo se sentía tan frío y apagado. Al igual que sus padres…sentados en frente suyo, mirándolo fijamente. Su padre con sus mismos ojos reflejados en los suyos, en cambio los de su madre, eran prácticamente negros.
Pero los dos tenían la misma expresión seria, firme. Los rostros inmutables.
—Pues no te vendría mal seguir el ejemplo de tu amigo, Xiao Lang. —
Aunque el ya no era un niño, ya no les temía. Ahora era un hombre adulto y sus padres no tenían ya ningún derecho sobre su persona. Por supuesto, él se encargaba de dejárselos en claro.
—No empieces con eso. — Habló entre dientes.
—Xiao Lang, los ancianos del clan…—Comenzó su padre intentándole hacer entrar en razón y dejarle en claro la importancia que tenía, que su único hijo varón se case con una mujer digna y le pueda dar un heredero.
El castaño rodo los ojos y bufo con fastidio cruzándose de brazos al escucharlo comenzar por enésima vez con lo mismo que le venía persiguiendo desde que había cumplido los veintiún años.
Casarse, casarse, casarse, y ah, cierto, darle un nieto.
—Los ancianos del clan no tiene por qué meterse en lo que hago o dejo de hacer. — Su protesta fue clara y supo que desató ahora la molestia de su madre, Ieran, en cuanto vio sus ojos entrecerrarse con furia.
—Sigues siendo un muchacho rebelde Xiao Lang, como cuando eras adolescente. ¿Es que no has crecido ya? No puedes seguir haciendo lo que te dé la gana. Debes casarte con una buena mujer que pueda darte un heredero y bla, bla, bla…—
El aludido se froto el puente de la nariz y tensó la mandíbula, intentando contenerse. No era la ocasión en particular sino por la rabia acumulada que le causaron sus padres por años. Si no fuera porque tenían trabajo en común si quiera se molestaría en ir a verlos una vez al año.
—Tengo 24 años. Y si, ya crecí lo suficiente como para hacerme cargo de mí mismo y tomar mis propias decisiones por esa razón ni ustedes ni nadie deben meterse en mis asuntos. — Su padre esta vez fue el que se dispuso a hablar pero el castaño, se levantó de la mesa, interrumpiéndolo, para posteriormente dejar unos cuantos papeles sobre la mesa.
—Aquí están los informes de las acciones de las empresas en Japón. Todo marcha bien así que no tendrán porque que molestarse. —
Ignorando los estrictos modales con los que le habían instruido en toda su niñez y adolescencia, el joven castaño se fue sin despedirse ni pedir permiso, importándole un comino cómo reaccionarían sus progenitores.
— ¡Xiao Lang! ¡Xiao Lang!…— Llamó Hien en voz alta, pero su hijo ya se había ido. —Dios…—suspiro, cerrando los ancianos ojos.
Su hijo era una vergüenza y un caso perdido.
El sol le dio de lleno en el rostro haciendo que tenga que alzar el brazo sobre su cabeza, dándose un poco de la sombra que clamaban sus ojos.
No supo bien en que momento fue cuando llegaron al final de la casa, en el primer piso, cabe aclarar, pero cuando Fanren abrió con delicadeza la puerta creyó que vendría otra habitación. En lugar de eso habían llegado al hermoso jardín que observo un poco al entrar y allí, más al fondo, se encontró con algo que no había visto. Una pequeña mesa blanca y un par de elegantes sillas a juego bajo un techo sostenido por columnas, una en cada esquina, del mismo color blanco envueltas en ramas y flores de cerezo. Adentro del pequeño refugio, una anciana algo regordeta tomando el té.
Se acercaron hasta el dicho lugar y cuando ambos pares de ojos verdes se encontraron, la imagen de Kotori como una anciana seria, fría, amargada se destruyó por completo al ver la sonrisa llena de arrugas en el anciano y dulce rostro de la mujer.
A veces era tan tonta, se dijo. Tendría que dejar de inventarse cosas y juzgar a las personas cuando ni siquiera las conocía.
Tal vez Li también era el caso…
No. El, no. Ese hombre tenía tanto ego encima como arrogancia, estaba segura.
—Abuela Kotori, ella es Sakura Kinomoto. — La presento Fanren.
—Es un placer conocerla señora Kotori. — Dijo extendiendo su mano que fue estrechada por las ancianas de la mujer.
Eran unas manos pequeñas como las suyas, más frágiles pero al mismo tiempo fuertes. Unas manos trabajadoras que denotaban años de ser madre y abuela.
—Con que tú eres la famosa escritora. — Hablo dándole una mirada de pies a cabeza que no le incomodo a la castaña. — Mira qué bonita niña eres, eh. El placer es todo mío. — La aludida se sonrojo ante la lluvia de halagos. — Antes que nada, ¿Cómo te fue en el viaje? Te agradezco con el alma que hayas aceptado el trabajo—
Sakura rio un poco.
Definitivamente la familia de Li, era muy agradable. Contrario a lo que espero se sentía sospechosamente cómoda, gracias al aura de confianza que emanaban las mujeres Li, incluso esa chica de ojos rojos que se le había aparecido en el pie de la escalera.
Todos se habían mostrado sonrientes y habladores con ella, agradeció en silencio aquello.
—Estuvo bien, Hong Kong es una ciudad muy hermosa. —
—Pues espero que puedas conocerla completamente durante el tiempo que estés aquí. Antes que nada, ven, siéntate, hablemos un poco. — Sakura hizo lo pedido con una silla blanca de jardín, que le extendió Fanren, quien se sentó a su lado, rodeando la pequeña mesa. —
De pronto una mujer regordeta y algo baja se acercó hasta donde estaban ellas.
—Yumi, prepara un rico te para nuestra invitada por favor. — Yumi era la mucama.
Sakura presto atención a la buena forma en que Kotori se lo había pedido y recordó la voz de la chica morena llamándola.
— Enseguida señora. Señorita Kinomoto, la habitación de huéspedes ya está lista para usted. Que disfrute su estadía. —
—Se lo agradezco. — Dijo Sakura.
—Con su permiso, señoras. —Como todo el personal de servicio, hizo una reverencia antes de marcharse.
—Claro Yumi— La anciana sorbió un poco de te antes de voltear hacia la escritora y seguir hablando. — Y Dime Sakura, ¿conociste ya a alguien la familia?—
—Pues...Li, fue el que contacto conmigo, Fanren me atendió cuando llegue y…. —
—Meiling se apareció por ahí también cuando le estuve mostrando la casa. — Habló Fanren, para tranquilizar a su abuela.
—Mei? Bueno, creo que ya pasaste el obstáculo más grande en esta mansión. — Las tres rieron. Por la presentación que le había dado, Sakura supo que era todo un personaje, aunque ahora se lo confirmaba su propia abuela. De todas formas, todos estarán en la cena, así que allí los conocerás. Sabes, somos una familia muy grande Sakura. —
—Sí, Fanren me estuvo contando un poco. —
—Dime mi niña, ¿Y cómo fue que mi nieto contacto contigo?—
—Tenemos amigos en común. En realidad, su mejor amigo y mi prima están comprometidos. —
— ¿Yamato es tu vecina?—
—Así es, ella me pide que le lea su correspondencia y un día me topé con su carta y fue una coincidencia muy extraña en realidad porque yo necesitaba una historia nueva, pero debía ser verídica, así que quería contactarme con usted de alguna manera, y a los pocos días conocí a Li, que me ofreció el trabajo. Como digo, fue una coincidencia muy extraña. —Explicó.
Kotori se quedó unos instantes pensando. Aquella niña estaba tan cerca de Yamato. Su Yamato, a la que no veía en años…
—¡Vaya, pues qué historia! ¿Esa es la Yamato de la que me contaste una vez abuela?— Kotori se volvió de sus pensamientos y miro a su nieta que esperaba una respuesta. Tomo otro sorbo de té y contestó con tranquilidad:
—Así es. Era la niña que estudiaba medicina y fue enviada como mi ayudante durante la guerra. Nos hicimos grandes amigas y desde ese entonces hemos estado comunicándonos por cartas. Ella está bien, ¿Verdad Sakura?- Preguntó con interés.
-Sí, ella esta perfecta. Siempre con sus animales y constantemente la visitan sus hijos y sus nietos- Dijo segura, consiguiendo que Kotori se alegrara.
-Qué bueno.-Se alivió —Y Sakura…—Prosiguió en tono bajo, llamando la atención de la ojiverde. —No existen las coincidencias, solo lo inevitable.—
Esas palabras eran las mismas que ella le había dicho a Rin alguna vez, sin embargo, le pareció que ahora tenían un significado más profundo...y tan desconocido como enigmático.
Mientras la ojiverde se mantenía entretenida conversando con Kotori y su nieta era totalmente ajena a que dos pequeñas gemelas de cabellos rubios ingresaban sigilosamente a su cuarto.
—Chiho— chan, no deberíamos hacer esto. — Susurro la más tímida a su hermana, viendo a su alrededor por si no había moros en la costa.
La otra niña, poseída por la curiosidad ingreso
—Shhh. — Índico llevándose el dedo a los labios. —no hagas ruido Chise—chan podrían descubrirnos. —
—Pero…—
—No te preocupes, no pasara nada. — Aseguro la pequeña esquivando las maletas que se encontraban en el piso.
Lo que no advirtió fue al desafortunado Kero que dormía sobre una almohada, acurrucado como una pelota, a unos pasos de ella.
—Chiho— Advirtió su hermana al ver que estaba cerca del gato pero esta la malinterpreto:
—Ya te dije que no pasa…Hay!—Se quejó cuando tropezó contra el animal sin poder evitarlo y cayó al suelo, haciendo que este último junto con su gato azul que tenía en brazos, alarmados, salieran disparados por la puerta hacia quien sabe dónde.
Mientras tanto, en la cocina...
—Enserio no sabes lo mal que me lleve con Huang Tao en esa película. —
— ¿De verdad? A mi mejor amiga y a mí nos pareció que hicieron una pareja hermosa en "Lagrimas de cerezo" al igual que en su secuela "Cinderella and the Wolf" —
—Pues ante las cámaras, debo admitirlo, es muy bueno, de hecho, apostaría a que es uno de los mejores actores que he visto pero en cuanto a persona es…—
Mientras las mujeres ingresaban a la cocina conversando las dos mascotas corrían por la enorme casa, persiguiéndose uno a otro sin importarles las cosas que iban botando en la carrera.
Y cuando las respectivas dueñas advirtieron que sus mininos venían corriendo hacia donde ellas estaban…
— ¡Kero!— Grito Sakura.
— ¡Spinnel!—Grito Fanren.
Pero ya era tarde. La harina que estaba sobre la mesa había formado una neblina blanca en el ambiente, mientras que los huevos se habían roto al caer al piso y la crema batida había quedado esparcida por diferentes sectores, con huellas de gato arriba.
Sakura tomo una bola blanca del suelo, pero lo noto muy delgado, entonces hizo volar su vista por toda la cocina hasta encontrarse con un bollo blanco comiendo el resto de crema que había quedado arriba del microondas.
Ese era su gato. Aunque cubierto de harina. Lo confirmo cuando sus ojos como puntos negros se descubrieron entre todo el polvo blanco para mirarla.
Lo saco de allí en un instante, de forma torpe por lo nerviosa que estaba.
— ¡Lo siento!—
Aproximadamente una hora después...
Luego de que Kotori y Fanren hallan calmado a Sakura quien casi se echa a llorar ante el desastre que había hecho su gato en la casa ajena; tras lo que fue aproximadamente una hora y media la cocina se encontraba casi completamente limpia, gracias a las dichas mujeres y la recién llegada a la mansión Li.
—En verdad siento tanto lo que paso Sakura. Spinnel de seguro comió algo dulce, por lo general es pacífico pero cuando come algo así, se altera muchísimo. — Hablo Fuutie, quien había llegado hace apenas una hora a la casa y a pesar de la situación se mostró cordial y amable con Sakura, quien lo agradeció internamente.
Fuutie era una prestigiosa médica al igual que su marido, por lo que le había contado Fanren, y era la madre de las dos preciosas gemelas que había conocido recientemente. Chiho y Chise, ambas de ocho años, los mismos ojos almendras y el cabello rubio luminoso igual de largo hasta casi tocar el suelo.
Sakura supuso que esas características las debían heredar de sus padres pues Fuutie tenía el cabello castaño muy oscuro, prácticamente negro y los ojos azules contrario a los hermanos, que hasta ahora había conocido, es decir Fanren y Shaoran que tenían los cabellos castaños y los ojos de color ámbar. Aunque esto no la hacía menos hermosa, claro que no, las hermanas Li parecían dos modelos perfectas, de esas que hacen propagandas de perfumes y ropa de primeras marcas.
Y bueno, no podía negar que Li también era guapo. Muchísimo de hecho, pero lo desagradable que era echaba a perder el encanto de su atractivo.
—No, no te preocupes. Kero, también suele ser bastante tranquilo también hasta que le de hambre, y eso es… a cada hora. — Hizo una mueca. — Lo bueno es que ninguno salió lastimado. — Fuutie asintió con una pequeña sonrisa, dándole la razón y acto seguido volvió a mover la escoba que sostenía con sus manos, sacando el resto de harina del suelo. Sakura la imito, siguiendo con su tarea de lavar los platos.
Luego de un apresurado correteo, las hermosas gemelas se aparecieron en la cocina sonriendo de oreja y oreja, como todo niños cuando hace algo muy bueno y quiere que lo feliciten.
— ¡Mira mami, ya bañe a Spinnel. — Chise extendió las manos mostrando a un, ahora, limpio gato azul, con un collar de cascabel en su cuello.
— ¡Y yo a Kero!— Hablo la sonriente y enérgica Chiho, mostrando a un Kero también recién bañado y con un lindo moño rojo en el cuello.
Sakura le atribuyo a la niña, el aire pícaro de Meiling mientras que la otra parecía más serena e introvertida. Eran como dos opuestos.
—Bien niñas, pues ahora báñense ustedes así están listas para la cena. Yo iré en un rato a verlas.— Las aludidas se dieron la vuelta— Antes que nada...— Hablo con rapidez al ver que sus hijas ya iban a echar a correr.— ...pídanles disculpas a Sakura por haber dejado a Spinnel suelto, siendo que ustedes habían prometido encargarse de él.—
La castaña se dio cuenta que el "regaño" de Fuutie para con sus hijas, era igual que el que usaba su madre Nadeshiko con ella. Jamás le gritaba o fruncía el ceño y mucho menos la castigaba. Era como si le costara, pensó con gracia. Su madre era tan dulce...
Chise se dio la vuelta hacia ella mostrando un rostro totalmente apenado, caso contrario fue el de Chiho que dibujo una sonrisota picara de "fue una pequeña travesura", recibiendo un codazo de su hermana, entonces sí, imito su semblante de cachorro arrepentido.
Sakura quería comérselas, eran tan lidas y divertidas, parecían dos muñequitas. Era imposible enojarse con ellas.
—Lo sentimos Sakura. — Musitaron al unísono. Aunque como todo niño, sabían que aquella linda mujer lo último que estaba era enfadada, pues les sonreía brillantemente.
—Por cierto, ¿Porque estaban los huevos sobre la mesa y la bolsa de la harina abierta?— Pregunto de pronto Fanren, mientras pasaba el plumero sobre la lacena.
—Es que queríamos hacerle una torta a tío Shaoran para cuando llegue. — Contesto Chiho.
—Pero ahora ya se echó todo a perder. — Se lamentó Chise.
Kotori sonrió con pena. Odiaba ver a sus bisnietos tristes. —No se preocupen chicas, su tío estará mucho tiempo aquí así que pueden hacérselo cualquier día de estos. — Dijo intentando animarlas, aun sin saber con certeza si ese nieto suyo, cabeza hueca, sería capaz de quedarse un tiempo con su familia.
— ¿Enserio abuelita? ¡Qué bueno!—
Sakura las observo sonreír y se quedó un poco pensativa.
Li no parecía del tipo familiar pero al parecer, sus sobrinas lo querían.
Bueno, entonces quizá él no podía ser tan malo, ¿Verdad?
Algo molesto aún por la reciente conversación con sus padres, Shaoran regresaba a la mansión, conduciendo y maldiciendo al mismo tiempo.
— ¿No crees que deberías seguir el ejemplo de tu amigo, Xiao Lang?— Hablo imitando a su padre.
Quienes se creían que eran para decirles lo que tenía que hacer o no. Bueno, eran sus padres, está bien, pero el ya no era un chiquillo. Era un hombre adulto, y desde que vivía solo en Japón, o sea desde los dieciséis años, se las había arreglado bien sin tener que establecer el mínimo contacto con ellos. No tenían el derecho de reclamarle ahora que sentara cabeza.
¿Para qué? Se preguntó sin poder comprender ni buscar una respuesta. ¿Porque todo el mundo tenía esa jodida manía de casarse y formar una familia llegados a cierto punto? Ni que fuera una ley o una necesidad. Él estaba bien con su soledad y lo seguiría estando, no le temía más bien le aseguraba tranquilidad. Pero casarse... ¿Porque? Se volvió a repetir. ¿Era por el sexo? Si mujeres había de sobra. ¿Los servicios? Si se podían contratar cocineras, amas de casa, jardineros, etc., no había nada que el dinero no pudiera arreglar.
¿O seria por la compañía?
Pfff, ¿Quien querría la compañía de una mujer? Sacándole la cama de por medio, claro.
Eran tan insoportables, con sus escándalos y exageraciones, sus voces chillonas, sus gritos, risas falsas...
Un escalofrió lo recorrió. Dios, hasta se sentía alérgico a la sola idea del compromiso. Cualquier hombre en su sano juicio optaría por la soltería, salvo Eriol, pero él era un idiota sin remedio, así que el pobre estaba condenado. Aunque no sabría decir quien sería cual, el que tenga que soportar al otro en esa relación.
Una cosa seria soportar la vocecita de Daidouji taladrándole la oreja todo el santo día, pero si estuviera casado con Eriol...
Negó con la cabeza, dándose cuenta de que ya estaba pensando estupideces.
El caso era que a él le gustaban las cosas tal y como estaban en su vida. Tenía muchísimo dinero y las mujeres que quería, cuando quería.
¿Pensaba cambiar eso? No.
Así que estaba todo bien. Bien, bien, bien, bien, bien...
La imagen de la sexy escritora se le apareció enseguida en la mente.
..Las mujeres que quería cuando quería...
Bueno, ok, quizá no estaba todo tan bien. Pero ni bien llegara a su casa, pondría en acción todos sus métodos para seducirla y sacarse de una buena vez las ganas que tenia de ella. Esperaba que esté dispuesta a aceptar una propuesta algo "sugerente". Pensó, con una sonrisa ladina.
Él le diría:
"Sakura, quieres ir a dar un paseo a la luz de la luna" Actuando su mejor papel de héroe romántico de la película y ella quedaría deslumbrada. Entonces como todo un caballero, la llevaría a dar una vuelta, le compraría flores y chocolates y haría todas esas estupideces hasta que llegado el momento en que ella ya esté tan maravillada de él y se dé cuenta de que lo juzgo mal al conocerse; pensaría en lo que se estuvo perdiendo todo este tiempo desde que se conocieron y lo bien que podrían pasarlo, entonces se le lanzaría a los brazos y le suplicaría:
"Hazme tuya salvajemente, Shaoran."
Y de la luna, las estrellas y el mar, pasarían a un hotel, una cama y sexo desenfrenado hasta el amanecer.
Sip, eso sonaba como un magnifico plan…
Quizá tendría que requerir bastante actuación de su parte. A decir verdad, no estaba acostumbrado a todo aquello por la sencilla razón, de que en todas sus conquistas no lo había necesitado...
Nunca.
Tan solo con una sonrisa y un chasquido de dedos el tenia a las mujeres rendidas a sus pies. Siempre había sido así.
Aunque no cabía duda de que el esfuerzo valdría la pena...porque ella era una preciosa mujer.
Malditamente deseable….sobre todas las cosas.
Aunque… ¿Y si lo rechazaba?
Nah, ya no tenía sentido pensar en esa absurda posibilidad.
¿Cuánto más podría resistírsele?
Admitía que era la primera mujer que se le había negado a la primera, pero vamos, con todo ese asunto del viaje y eso, no se habían dado las mejores posibilidades como para que pudieran pasar a algo más…movidito.
Apostaba por que en cualquier momento ella desista y se le tire a los brazos.
Como debía ser.
Sakura vio fijamente a los tres pares de ojos que la miraban curiosos...
—Niños ¿Recuerdan de la invitada de la que les hable?— Habló Fanren. — Ella es Sakura Kinomoto. Sakura, estos son mis hijos. Él es Shen. — Indico presentando un niño de aproximadamente diez años, tenía el cabello negro y los ojos azules. —Esta es mi niña Ming — Un poco más alegre que su hermano, ella le sonrió. Tendría la edad de las gemelas, unos siete u ocho y tenía el cabello de un color más bien anaranjado y los ojos mieles— Y este es mi bebe Lyu. — Miro hacia su hija, la más pequeñita, que estaba dormida en sus brazos. Era un bebé de poco más de un año, de ojos azules verdosos y el cabello negro, amarrado en dos pequeñas coletas.
Sakura miro atentamente a los niños por unos segundos. Uno a otro. No había duda de que por la familia Li corrían los genes perfectos. Los niños eran preciosos. Ming era como una mini Fanren y Shen era muy parecido a Shaoran, solo que con ojos color zafiro.
—Son preciosos Fanren. — Era la pura verdad.
—Muchas gracias Sakura. — Ming fue la que respondió; su hermano, un poco más tímido y arisco, solo atino correr la cabeza sonrojado.
—Bien, ahora vayan a...Oh! Ahí llegan Mei y Feimei. — Anuncio Fanren al ver ingresar a su hermana menor junto con su prima.
Sakura vio a las dos adolescentes adentrarse en el lugar. Recordó a la primera como Meiling, quién les dio una sonrisa cuando las vio aunque le pareció que no era del todo radiante como la de esa tarde en la que la había conocido. La otra chica, Feimei y la tercera hermana Li que conocía en el día, llevaba el uniforme de preparatoria y tendría unos diecisiete años también. Le pareció bastante diferente a lo que se la imaginaba aunque en realidad no se la haya imaginado de ninguna forma en especial pero...no la había creído con el cabello hasta los hombros, teñido de un rojo fuerte, maquillaje oscuro y un montón de piercings en las orejas. Tenía un aire rebelde y atractivo. Muy atractivo.
Meiling les dio un saludo con la mano y dijo algo así como "ya vengo "en cambio Feimei siquiera se molestó en saludar.
Ante aquello Sakura de reojo vio como Fanren fruncía sus ojos pintados de un color carmín y apoyaba sus manos sobre su cintura, obviamente no le había gustado para nada la poca educación de la chica. Aunque a Sakura no le molesto, después de todo ella no era la persona más sociable del mundo y cuando era adolescente había llegado al punto de la antipatía. La única razón por la que había cambiado un poco sus formas de dirigirse había sido por cuestiones laborales.
—Feimei, ya vamos a comer. — Anunció sin poder evitar sonar con cierta molestia y alzando un poco la voz, pues la chica ya se iba en dirección hacia a las escaleras y no se había detenido al escucharla hablar.
—No voy a cenar. — Se limitó a decir, subiendo los primeros escalones.
—Pero Feimei debes comer algo. Además hoy vino Sakura y...—
—No me interesa. — Y se fue sin más. Desapareciendo de la vista de las dos mujeres que la observaban desde abajo. Una un poco sorprendida y la otra enfadada y avergonzada, aunque no sorprendida como su acompañante, porque sabía muy bien como iba a ser el comportamiento de su hermana y en vano había intentado que se mostrara cordial.
—Lo siento tanto Sakura. Feimei está en la edad de la rebeldía y francamente ya no sabemos qué hacer. No es una mala chica en realidad y tampoco suele meterse en líos pero es tan...prepotente y poco dispuesta. — Dijo sin saber muy bien cómo explicarse.
Sakura le sonrió un poco tratando de animarla.
—No te preocupes, ambas pasamos por esa edad, son cosas de adolescentes. — Contesto restándole importancia.
Oyó el suspiro de la mujer a su lado y vio como recobraba la compostura y carraspeaba un poco antes de hablar—Bueno, ahora sí, vayan a lavarse las...— Pero otra vez antes de que pudiera terminar la frase, la puerta se abrió nuevamente, esta vez dando paso a un castaño muy sorprendido.
Y decir eso era poco. Shaoran que acababa de llegar a la casa y lo único que quería era comer algo y ver como hacía para 'bajar tensiones', no solo estaba sorprendido sino que estaba pasando por una mezcla extraña de sensaciones, hasta podía visualizar como sus planes se destruían en frente de sus ojos. Niños, hermanas, abuela, alguno que otro del personal de limpieza y allí, escondidita en medio de todo, la escritora que deseaba con tantas ansias.
¿¡Ahora como demonios iba a poder seducirla si la casa estaba prácticamente llena!?
— ¡Tío Shaoran!— Se escuchó al unísono y a lo lejos vio como una infantil tropa con los brazos abiertos de par en par corrió como estampida hacia la entrada, en donde el aún se encontraba.
— ¿¡Q…!?— Estupefacto, cayó al piso cuando un montón de brazos, manitas y piernas se enredaran con su cuerpo haciéndole perder el equilibrio.
Con algo de esfuerzo, pues su cuerpo estaba siendo prácticamente aplastado se incorporó sobre sus antebrazos, aunque no le duro mucho pues lo que no se esperaba era la siguiente "tropa" que incluía a sus hermanas mayores y su prima.
— ¡Xiao!— Chillaron abrazándolo con todas sus fuerzas y ahora si Li había quedado aplastado y muy probablemente adolorido.
— ¿No están grandes para esto?— Mascullo desde su posición en el suelo.
Sakura se quedó estupefacta viendo el gran "recibimiento" que había tenido Li. ¿Hacía mucho que lo no verían? Si no era por eso, no se explicaba como lo extrañaban tanto. Sus sobrinos, sus hermanas y su abuela Kotori, quien estaba detrás de todos esperando por ver a su nieto, se habían llenado de emoción al verlo. Y más sorprendida se quedó cuando a pesar de que él se había mostrado algo reacio a comenzar a repartir besos y abrazos a su familia, vio que la mirada ambarina cobraba un brillo. No ese malicioso y astuto con el que a miraba a ella de vez en cuando sino un brillo cálido. Uno que se dio cuenta que veía por primera vez desde que lo había conocido.
Realmente tenía unos ojos hermosos...y la pequeña y cálida sonrisa que se había colado por sus labios mientras miraba a sus sobrinos...
No pudo evitar sonreír con ternura ante la escena que se presentaba ante sus ojos. Shaoran parecía realmente feliz y sincero. Si tan solo se mostrara así siempre, quizá hasta podrían ser amigos. Después de todo, tendrían que convivir un tiempo juntos y lo mejor sería llevarse bien, concluyó, aunque no sería del todo fácil. Li era del tipo de persona que no le caía para nada bien aunque quizá con la presencia familiar se le vayan un poco esos aires de galán.
Eso sería divertido de ver, pensó, soltando una risilla.
Ya cuando Shaoran se recuperó de su bienvenida se realizó la dichosa cena y a decir verdad, nuestra castaña estaba aún algo nerviosa. Tenía a todos los miembros de la familia Li junto a ella y no eran para nada lo que ella se esperaba...
— ¿Así que Shiefa se fue a Inglaterra?— Pregunto Shaoran, haciendo que la castaña frunciera un poco el ceño.
¿Li No sabía el paradero de su hermana? ¿Y a ella que Touya hasta le contaba los pasos?
—Sip, está estudiando en una universidad de arte o algo así. Aunque ya sabes cómo es Shiefa, lo más probable es que abandone a mitad de año e intente otra cosa. — Se mofó Fanren, citando la inestabilidad e irresponsabilidad de la joven adulta Li.
El castaño comprendió la razón de porque tanta gente en la casa que originalmente era de su abuela, con la compañía de sus hermanas Shiefa y Fanren. Su prima Meiling prácticamente vivía también allí, ya que sus padres trabajaban. Pero si Fuutie se había mudado con sus hijas a la mansión en reemplazo de Shiefa para cuidar de Kotori, no entendía muy bien que hacia Fanren allí, aunque por alguna razón lo sospechaba...
—Bueno, si ella no está llamando por teléfono buscando a alguien que la salve entonces debe ser que este bien. — Bromeó recordando los dolores de cabeza que le daban con solo ver el nombre de su hermana en la pantalla del móvil.
— ¿Cómo estaban nuestros padres Xiaolang?—Oyó lo dulce voz de Fuutie a su lado.
Hizo una mueca y tomo un sorbo de whisky antes de responder.
—Estan bien. — Se limitó a responder y la mujer de ojos azules supo que no debía hacer más preguntas que esa. Ella también había sufrido las exigencias y la frialdad de sus progenitores, no tanto como su pobre Shaoran, pero no dejaban de ser sus padres y ella quería seguir manteniendo contacto al menos. Un contacto que sabía que su hermano rompería de no ser por estar vinculados con el trabajo.
—Hemos estado presentándonos con Sakura hoy, Shao, es una chica encantadora. — Dijo Kotori tratando de romper el incómodo ambiente que se formaba al hablar de su hijo y su nuera.
"Y muy hermosa" Pensó, el castaño mirándola de arriba a abajo, sonrojada e inquieta en su silla como estaba, solo le hacía parecer más adorable y apetecible.
—No me cabe la menor duda.— Hablo dándole una mirada significativa que a Sakura la tomo desprevenida y no pudo responder con su ceño fruncido así que solo atino a correr el rostro y beber algo nerviosa el jugo que tenía servido en una elegante y fina copa de cristal.
— ¡Tío Xiaolang!— Observó a su sobrina que lo había llamado abruptamente e intento alejar los pensamientos pervertidos que rondaban en su cabeza, como si la niña fuera a leerle la mente. —Si en una semana te dan vacaciones, eso quiere decir que luego podrás jugar con nosotros ¿Verdad?—
Instintivamente miro a Fanren quien le dedico una dulce y perversa sonrisa. Obviamente era obra de ella...
—S...si Ming. — Maldita fuera Fanren, ¿Acaso le había visto cara de niñero o maestra de kínder? El podía ser el mejor manejando empresas y lo que fuera pero ¿Niños?...no él no estaba hecho para ello, y jamás lo estaría. Pero como iba a decírselo a esa niña que lo miraba con sus grandes ojos mieles llenos de expectación. Iguales a los de su hermana cuando era pequeña.
Shaoran quería mucho a sus sobrinos, realmente lo hacía pero ¡Vamos! Que él no se veía jugando a tomar el té y contando cuentos antes de dormir.
Suspiró resignado notando de reojo como Fanren ensanchaba su sonrisa. Claro, ella era feliz viéndolo en apuros. Era como un jodido Eriol en versión femenina.
—Y también supongo que has traído regalos, ¿No es así Shaoran?— Dijo Kotori, uniéndose al plan "hagámosle la vida imposible a Li"
Sakura se percató de que la forma en que Kotori nombraba a Li era la misma que lo hacia ella, a diferencia del resto, que le decían 'XiaoLang'.
Que extraño, pensó, mirando como los niños sonreían ante la palabra "regalos" y Li, se tensaba. Obviamente no había traído regalos.
Hombres...
Jamás recuerdan un mísero detalle.
—Tuve un problema en el aeropuerto y... ¡Pero los traerán en unos días!— Se apresuró a decir cuando vio como sus manipuladores sobrinos comenzaban a poner cara de cachorro mojándose en la lluvia. Eso sin duda, lo habían heredado de sus madres.
— ¡Qué bueno! Oh, y por cierto Xiao ya que eres el hombre de la casa ¿Nos puedes llevar al parque de diversiones que se inaugurara en un par de semanas?—
¡Maldición, y ahora Fuutie también! ¿Se habían unido en su contra o es qué era el día de jodamos a Shaoran?
—Y yo quiero ir al mar antes de que acabe el verano ¡Van a hacer una fiesta en la playa!— Chillo Meiling emocionada antes de que su primo pudiera protestar en su defensa.
—También debes ir a vacunar al gato, en esta semana le tocan las vacunas anuales. —Comentó Fanren como si nada.
— ¿¡Hay un gato en la casa!?— Protestó alterado recordando lo mal que se llevaba con esos bichos asquerosos.
— ¡Si tío se llama Spinnel!—Chise le respondió con una sonrisa de oreja a oreja, recordando lo lindo que había quedado su gato luego de bañarlo.
—Ah! Y Xiaolang también esto...
—Xiao también tienes que hacer lo otro...
—Xiaolancito podrás también aquello...
Y así siguieron las avalanchas de pedidos y más pedidos...
Shaoran no pudo evitar suspirar y frotarse el puente de la nariz con sus manos. No por nada siempre dijo que odiaba las sorpresas. Esta vez había recibido más de las que deseaba...
"Me volverán loco", aseguró bebiendo más whisky del que quizá debería.
Por su parte Sakura se dio cuenta que se estaba divirtiendo, a costas de él, claro, y quizá no era bueno hacerlo, pero no podía evitar reír al ver el rostro furibundo del pobre castaño, quizá ya imaginando como iba a hacer para soportar los caprichos de su familia en estos meses.
Bueno, como había dicho antes, ellos no eran para nada la familia que e se esperaba. Había esperado que fueran fríos, intimidantes y de pocas palabras y en la gran mayoría, había resultado todo lo contrario, obviamente era mejor, era lo que quería suponer, aunque sus nervios hayan estado a flor de piel desde que había cruzado la puerta, porque como había dicho, no eran lo que esperaba más bien eran una familia un tanto...peculiar.
Ya pasada la cena, y recuperado del momento familiar o quizá reanimado por el whisky Shaoran se había acercado a Sakura a pedirle que le dé el beso de las buenas noches. Para fortuna de ella la pequeña Ming se había acercado a pedirle a su "tiito" que le leyera el cuento de la bella durmiente antes de dormir, ya que su padre no estaba para hacerlo y el joven castaño al sentir la mirada asesina de su hermana en la nuca no tuvo más opción que aceptar.
Por muy interesante que le parezca de ver aquello, Sakura comprendió que lo mejor era ir con Kotori y conversar un poco con ella para al menos intentar realizar el prólogo del libro y así también satisfacer su propia curiosidad sobre aquella historia.
Así que aquí se encontraba, a las, aproximadamente ocho de la noche, con la anciana Kotori en la habitación de la misma. Era un cuarto en tonos rojos, vinos y marrones. Pero a diferencia del resto de la casa, este tenía elementos y adornos que Sakura pudo reconocer como típicos de la cultura japonesa.
Kotori, estaba recostada en su enorme cama, tapada hasta la cintura con una larga y ancha sabana color carmesí con detalles blancos de flores de cerezo. Parecía muy abrigada, pensó mientras la observaba beberse el té que Fuutie le había dejado en el pequeño mueble de roble al lado de su cama. No supo si era por ser hoy, por si era de carácter medicinal y lo necesitaba, o si era que simplemente siempre estaba tomando té.
—Así es. Yo al igual que tú, soy japonesa. — Respondió con tranquilidad cuando ella le pregunto por su origen. — Pero por varias vueltas de la vida termine en China y allí me recibí de doctora. Cuatro años después empezó la guerra y me ofrecí como voluntaria en los centros médicos de emergencia. — Hizo una pequeña pausa, ensimismándose un poco en sus pensamientos y luego habló, mirando hacia el frente, con la vista fija en un punto inexistente. — Sabes, a veces es increíble como la vida o el destino quizá, cambian de un día para el otro todo lo que tenías trazado...
1 de Septiembre de 1941
—Vamos pequeña—Dijo tomando la mano de la chica para irse junto con la enfermera a cumplir con otra de sus tantas tareas.
Guiadas por Hikari, ambas caminaban por los pasillos blancos del hospital.
—El hombre fue ingresado esta mañana con una herida de bala en la pierna. — Comentó la chica mientras marchaba. — Ya se la extirparon pero no ha despertado aún, si bien ya no delira aún tiene fiebre y me preocupa Kotori, siento molestarte pero no sabía a quién más acudir. — Confesó con algo pena.
—No te preocupes Hikari, hiciste bien. —Habló la joven médica.
La chica asintió, sintiéndose más tranquila y se detuvo cuando dieron con una puerta que portaba el número 56 en la parte de arriba. Kotori echo hacia atrás su largo cabello castaño y dirigió sus ojos verdes hacia la puerta. No supo bien porque pero una sensación extraña le recorrió el cuerpo. ¿Sería que algo iba a pasar? No lo sabía, solo esperaba que no fuera algo malo.
La enfermera tomo el pomo de la puerta y lo giro despacio, empujando hacia dentro.
A unos pasos de donde estaban, entre las sombras, se dibujaba la figura de un bulto sobre la cama. Kotori y Min recién se dieron cuenta de que pronto anochecería al ver tras la ventana que todo ya se había oscurecido. Yamato prendió la luz, para que la habitación dejara de estar en penumbras y posteriormente ingresaron al cuarto, tratando de no hacer demasiado ruido.
Se pararon a un costado de la cama en la que yacía el hombre, el valiente soldado herido.
— ¿Cómo se llama?—Pregunto la mujer de ojos verdes en voz baja mirando el rostro del hombre.
—Shen Li, tiene veintiséis años. — Contesto Hikari pero ella no dijo nada.
Ambas jovencitas se miraron extrañadas ante el inusual modo de actuar de Kotori. Siempre que tenía un paciente nuevo, actuaba de forma rápida, leía los informes, los historiales, investigaba sus signos vitales y demás cosas como toda una profesional. Pero en este caso, la mujer parecía bastante absorta del mundo exterior.
Kotori se quedó prendida, si es que ya no lo estaba, cuándo el soldado dejo ver unos ojos azules como el mar cuando abrió los párpados. Eran los ojos más bellos que hubiera visto alguna vez.
— ¿Quien...eres?— Musito el hombre con voz débil.
—Kotori, Kotori Akino. — Respondió algo nerviosa, sin saber muy bien porque.
Shen Li, trato de aclarar su vista totalmente borrosa. Le fue inútil. Lo único que podía ver era todo a su alrededor pintado de blanco, una luz casi cegadora en lo alto, y en frente suyo, un par de estrellas color esmeralda. Brillantes y hermosas.
Sin duda esos tenían que ser los ojos de...
— ¿Un ángel?— Preguntó haciendo que la joven abriera los ojos sorprendida y un extraño calor se hiciera presente en sus mejillas.
Las niñas detrás de él soltaron unas risitas haciendo que se sonroje aún más.
—N...no. Se encuentra en un centro de emergencia. Fue herido y lo trajeron aquí para...—Se detuvo al ver como él intentaba decir algo.
—Kotori...— Algo en su interior se produjo ante el suave murmullo del hombre pronunciando su nombre.
—Si...Kotori. — Susurro, viendo como sus hermosos ojos azules se cerraban lentamente.
—Otra vez se quedó inconsciente.— La voz de Hikari la saco de su ensimamiento. Parpadeó confundida y se giró encontrándose con los ojos curiosos de las dos chicas y sus sonrisas burlonas.
—He...Debe ser por la fiebre. — Hablo intentando escapar de su propia incomodidad y la que le provocaban aquellas muecas. Para darle veracidad a lo que había dicho, toco lo frente del joven, que en efecto estaba hirviendo. Evito pasar una mano por sus cabellos al sentirlo sedoso. Se sorprendió de aquello.
—Traeré unos paños entonces. — Anunció Yamato para luego desaparecer por la puerta.
Kotori se volvió hacia el hombre, observando su apuesto rostro.
No tenía idea de porque era, pero el corazón le latía dentro del de una forma que nunca experimentado. Estaba acostumbrada a que se le acelerara el pulso y el ritmo cardiaco con el trabajo que desempeñaba. Pero en este caso, no era el frenesí, no eran nervios ni ansiedad.
No sabía que era.
Lo único que sabía, era que nunca se había sentido así...
Cerró los ojos, saboreando en su mente aquel recuerdo. Iba a servirse más de su té pero vio que ya se había acabado lo que tenía en la taza. Sakura observo esto y se incorporó un poco para tomar la tetera y servirle más. Kotori le sonrió en agradecimiento y continúo:
—Mi meta al estudiar enfermería no era más que ayudar a la gente, pero con la guerra mi padre se vio involucrado y me vio obligada a entrar en esos centros de ayuda, pensando que era una forma de estar cerca de él. Jamás pensé que me iba a llegar el amor. — Comentó como una adolescente enamorada, así era como Sakura la veía en esos momentos. A pesar de su edad, se notaba que Kotori era un alma joven.— Lo veía tan lejano a mí, tan ajeno que ni siquiera aun teniendo veinticuatro años lo pensaba y eso que en ese tiempo si ya a los veinte no estabas casada te podías considerar una solterona. — Bromeo medio enserio a lo que Sakura río. Cerro los ojos lentamente y bebió algo más de té.— Shen cambio completamente mi vida…— Comentó, aun con los ojos cerrados, dando un suspiro lleno de nostalgia que la joven escritora pudo encontrar también en sus ojos verdes, algo caídos, al abrirlos y en esa pequeña sonrisa que le había quedado dibujada en la boca.
Sakura estaba prácticamente anodada. Le encantaba la forma en que Kotori iba relatando su historia. Además era increíble el hecho de que existiera un tipo de amor así. Un amor en tiempos de guerra era algo muy de película, jamás imagino un amor tan fantástico, tan digno de ser contado, siempre creyó que el amor fuerte, de ese que es verdadero tan solo era una ilusión.
Quizá a ella, algún día, le toque un amor así…
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Notas de autor:
Siento mucho , mucho, mucho la tardanza! Tuve muy poco tiempo con los examenes en la escuela y si les soy sincera, lo que se llama inspiración se me venia a menos XD Francamente espero poder ir actualizando cada tanto, por lo menos una vez por mes, pero no tardar demasiado.
Agradezco muchisimo los reviews que recibi, me fueron de mucha ayuda.
Si les gusto y pueden por favor dejen cualquier comentario o crítica siempre y cuando sea para bien es aceptada y sumamente agradecida.
Repito, siento la tardanza. Y bueno les deje mi facebook en mi perfil. Pueden hacer algun tipo de comentario alli, pues como les dije soy nueva con esto, es mi primera historia y seria de mucha ayuda.
Nos vemos en el próx cap de Amor en tiempos de guerra, espero que les haya gustado el de hoy.
Besos para todos!
