Perry por siempre.

Capítulo 3: La investigación Parte: 2.

(Minutos después…)

El científico tenía unas herramientas en la mesa, y otras por el suelo, no habían pasado ni 10 minutos y ya estaba enloqueciendo en preocupación.

Miro el sombrero de Perry y pensó que quizá podía encontrar algo que lo ayudara, y saco varias cosas, encontró una fotografía, un collar, una cartera, unos planos…

"¿Planos?" Pensó Heinz.

Si, en efecto eran planos, estaba maravillado con la exactitud y cuidado con el que fueron hechos…

— ¿Qué ésta viendo? — Pregunto una voz robótica.

— Son planos ¿Qué hace un agente secreto con planos? — Dijo asombrado.

— Creo que puede interesarle esto — Dijo entregándole un plano enrollado.

Los abrió y los vio, eran perfectos, esto le ayudara a salvar a su némesis.

El robot tenía una forma cilíndrica, y un solo brazo y un ojo de color rojo, parecía algo simple pero podía sorprender lo que era capaz de hacer.

— Esto es mi culpa — Dijo al sentarse en una esponjosa silla.

— ¿Por qué lo dice? —Pregunto el robot.

— Mira, el no estaría así si yo no le hubiera gritado — Heinz contesto.

Miro de nuevo a los planos, que estaban firmados por: Phineas Flynn y Ferb Fletcher. Su curiosidad crecía y tomo la fotografía, tenía a dos niños en ella, uno de cabello rojo y oro de cabello verde, ambos sosteniendo a un ornitorrinco bebe.

— Supongo que este eres tu Perry el ornitorrinco — Sonrió al decirlo.

— Te vez tan… lindo y… esponjoso — Soltó una pequeña risa.

Entonces soltó la fotografía y tomo la cartera de color café, la abrió solo para mostrar fotografías de su familia y el. Pero la que estaba enfrente era de sí mismo con su enemigo, ambos felices, llenos de vida, con una gran sonrisa en sus caras.

— Bien creo que podemos comenzar ahora — Dijo Doofenshmirtz.

(Una hora después…)

Heinz miraba por un microscopio, y con cuidado analizaba su invento, ya todo casi estaba listo, solo faltaba esto.

Lo que construía eran nano-robots, los cuales eran capaces de restaurar cualquier material, un vaso estaba lleno de color azul. Este serviría para sanar las heridas externas, mientras los robots reconstruían por dentro.

En el centro de la habitación había un contenedor trasparente con forma de huevo, en el cual un ornitorrinco flotaba en un líquido cristalino, en su boca había una máscara la cual le llevaba aire, ya que estaba sumergido totalmente en el líquido.

En eso un ruido agudo sonó en la habitación, Heinz alarmado miro a la pantalla de la computadora, que brillo en un alarmante color rojo.

"Signos vitales decayendo" Anuncio la máquina.

El científico corrió a toda velocidad con dos frascos en la mano, abrió una puerta y vacío el primer frasco, después agarro una jeringa y la lleno con el líquido del segundo, para inmediatamente insertarlo en el brazo del monotrema.

Se apartó asustado, mirando la computadora, observando la gráfica que iba hacia abajo, dando a entender que estaba muriendo.

Ya no podía hacer nada, solo le quedaba esperar…

Fin del tercer capítulo.