Perry por siempre.
Capítulo 8: Analizar.
(Minutos más tarde…)
El científico miro al ornitorrinco atentamente, tratando de averiguar lo que había mejorado aún más de lo esperado las capacidades tanto como mentales y motrices. Heinz podía ver a su enemigo que parecía cansado.
— ¿Estás cansado? — Heinz pregunto.
Perry asintió con la cabeza, y se quedó sentado, sin hacer nada, solo cerró los ojos y permaneció en silencio absoluto. No paso mucho tiempo para que este se quedara dormido. Heinz miro al robot y se dirigió inmediatamente a la computadora.
— Ya sé que paso con Perry el ornitorrinco — Exclamo con alegría.
Ya que su némesis dormía no tuvo más opción que enseñarle a su invento lo que acaba de descubrir.
— Mira, recuerdas a los nano–robots, al parecer restauraron más su cuerpo, mejoraron todo en él y lo volvieron indestructible — Dijo bajando el volumen de su voz.
— ¿Y no puede morir? — Pregunto el robot.
— Bien, existe una forma, que sería extrayendo los nano–robots de su cuerpo, pero no lo creo probable — Dijo más interesado.
(Punto de vista de Heinz)
Mire a Perry, me mantenía tranquilo su forma tan pacifica de dormir, y me inquietaba, no sé qué podría pasar, él corría un gran riesgo, pero es mejor a que este… muerto.
Él se movió, sacándome de mi preocupación, lo mire otra vez, y ahora parecía una bola de pelo, pelo verde azulado, parecía tan… suave… y… lindo.
"¿Qué comen los ornitorrincos?"
Gran pregunta, que nunca pensé en eso…
— ¿Los ornitorrincos comen manzanas? — Pregunto mi invento.
— No lo sé — Respondí claramente desconcertado a su pregunta.
Pero… no era mala idea.
— Quédate aquí, y cuídalo por mí, iré por una manzana — Dije mientras caminaba a la puerta.
— ¿Con una será suficiente? — Pregunto el robot.
— ¿Qué quieres decir con eso? — Dije con disgusto mientras me detenía.
— Pues… ya que su "Amigo" ha estado así por días, no cree que tendrá hambre y querrá comer más, y puede impacientarse y hacer una tontería solo porque usted trajo solo una manzana — Me dijo seriamente.
No dije nada, me quede callado, tenía razón, pero él es un robot, lo sabe todo, y a veces de más.
— De acuerdo… — Me rendí ante tan buena razón.
— Traeré más… Por si acaso — Dije al abrir la puerta.
— Y él no es mi amigo — Le dije antes de cerrar la puerta.
(Fin del punto de vista)
Y así el robot se quedó contemplando al ser del que tanto le habían platicado, sorprendido por la suerte que tenía. A pesar de que su enemigo negara que quisiera al ornitorrinco, no todos tenían un amigo.
Uno cual hizo todo por salvarle la vida.
— Si tan solo recordaras y supieras lo mucho que te admira — Dijo el robot.
Fin del octavo capítulo.
