CAPÍTULO 3: UN VERANO DIFÍCIL:

En el número 4 de Privet Drive se despierta en un día cualquiera de principios de Julio un chico moreno de pelo alborotado e intensos ojos verdes. A primer golpe de vista podría parecer un chico normal y corriente como cualquier otro de su edad, excepto por una extraña cicatriz en forma de rayo que tenía en la frente. Esa cicatriz, junto a otras extraordinarias cualidades que difícilmente podía mostrar en cualquier lugar público, le hacían diferente, ya que aquel chico, Harry Potter, era un mago. Un joven mago que acababa de terminar su quinto año escolar en el colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.

Volver a aquella casa nunca le había entusiasmado, nunca se había sentido ahí realmente como en casa a pesar de vivir allí desde que apenas tenía un año, cuando sus padres habían sido asesinados por lord Voldemort, el peor mago tenebroso de todos los tiempos, y él había tenido que ir a vivir con sus horribles tíos y con su primo. Familia, que a pesar de compartir parentesco y sangre, siempre le había tratado como a un extraño, como a escoria, hasta que un día Harry recibió de manos del enorme guardabosques de Hogwarts, Hagrid, la carta que le decía que era un mago y que tenía una plaza para aprender magia en ese colegio, en ese momento habían optado por ignorarle casi completamente durante el poco tiempo (durante las vacaciones de verano) que desde entonces el chico pasaba en casa por miedo a que pudiese tomar represalias.

Harry, por haber sido tratado como basura o como una bomba de relojería que pudiese explosionar en cualquier momento, nunca había sido feliz allí, por ello, cuando estaba en esa casa, se pasaba prácticamente todo el tiempo o en su habitación o deambulando por el vecindario, cualquier cosa que implicara no tener que pasar demasiado tiempo rodeado de sus tíos o su primo.

No es que desde que su familia supo que era capaz de hacer magia le dejaran vagar por ahí con total libertad, siempre lo habían tenido prácticamente encerrado en casa y oculto de la vista de los vecinos hasta que conocieron la existencia de Sirius Black, el padrino de Harry, al que todos le creían un peligroso asesino, hecho por el cual había pasado mucho tiempo encerrado en Azkaban, la prisión mágica, a pesar de ser inocente. Ese pequeño detalle lo conocía muy poca gente, entre los que no estaban la familia de Harry aunque si sus mejores amigos en Hogwarts, Ron Weasley y Hermione Granger.

Desde que había conocido a su padrino y desde que había conocido la verdadera historia por la que fue acusado erróneamente de la muerte de sus padres, delito que en realidad cometió Peter Pettigrew, otro de los amigos de sus padres, al entregarles a Voldemort, encontró en él al padre que nunca llegó a conocer.

La existencia de Sirius supuso para Harry la ocasión perfecta para poder contarle y pedirle consejo de todo lo que le preocupaba sin miedo a ser juzgado o tratado como algo diferente. Cierto es que también podía sincerarse con sus mejores amigos pero sabía también que no sería lo mismo, su padrino podría aconsejarle en temas en los que no podrían hacerlo sus amigos.

Pero no le duró mucho la sensación de paz y alegría que le proporcionaba tener junto a él a la que había considerado su figura paterna y a uno de los mejores amigos de sus padres, ya que hacía solo unas semanas Sirius, su padrino, había muerto tratando de protegerle en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia cuando Harry había caído en una trampa de Voldemort.

Durante el curso anterior no había dejado de soñar con el mismo pasillo del Departamento de Misterios que obsesionaba tanto a Voldemort por esconder en sus misteriosas profundidades la profecía que hacia tanto tiempo había asegurado el nacimiento de un niño con el poder necesario para poder vencerle, Harry.

Fue el hecho de haber estado soñando todo el curso sueños de ese tipo lo que le hizo creer a Harry que su sueño en el que veía a su padrino en peligro en el Departamento de Misterios era real, una trampa de Voldemort para que abandonara la protección y seguridad de Hogwarts y fuera a ese lugar y cogiera la profecía que hablaba de los dos, ya que solo ellos podían hacerlo y Voldemort no quería arriesgarse a que descubrieran que había retornado.

La perspectiva de que Harry estuviera solo ante el peligro de volver a enfrentarse solo a Voldemort y a sus mortífagos hizo que Dumbledore, el director de Hogwarts y el jefe de la Orden del Fénix (organización que trabajaba en secreto para desvalijar los planes de Voldemort), y miembros de esta organización (entre ellos Sirius, padrino de Harry) fuesen al Ministerio de Magia en su rescate.

Fue allí, en el Ministerio de Magia, concretamente en la Sala de la Muerte del Departamento de Misterios donde su padrino murió al atravesar un antiguo y misterioso arco con un velo que parecía que ondeaba al viento a pesar de ser ese viento inexistente.

Cuando Harry vio a su padrino atravesar ese arco intentó ir en su busca, no dejo de esperar a que saliera, incluso le estuvo llamando, pero no recibió de su espera nada a cambio, nada sucedió. Solo que Lupin, su antiguo profesor de Defensa Contra las Artes Oscuras y otro de los mejores amigos de sus padres, le sujetó para impedirle que atravesara el arco para buscar a Sirius, a una muerte segura.

Desde aquella noche, Harry no había podido dejar de pensar y soñar en todo lo sucedido aquella noche. Día y noche le atormentaba el sentimiento de culpa por haber conducido a su padrino de la seguridad de Grimmauld Place (la casa que había heredado Sirius de sus padres y cuartel general de la Orden del Fénix) a la muerte y también le atormentaba el sentimiento de pérdida y soledad propia de aquel que pierde a una figura muy importante para su vida.

Su decimosexto cumpleaños estaba cerca (apenas quedaban unos días), y ese hecho tampoco le animaba mucho. Cierto era que durante el verano había recibido decenas de cartas de Ron y Hermione contándole sus veranos e intentando animarle con la promesa de una gran fiesta de cumpleaños, e incluso había recibido cartas de Dumbledore, Lupin y Hagrid mostrando al principio su comprensión ante su estado de ánimo y después su preocupación por su decaído estado de ánimo, nada propio de él.

Al recordar todas esas cartas que había recibido bajó la mirada, no había contestado a las cartas de todos aquellos que se preocupaban por él, solo cuando la preocupación de los adultos llegaba al extremo de querer ir a comprobar personalmente su estado de salud a menos que recibieran alguna señal de que aún seguía con vida. Esas "amenazas" eran lo único que podía poner en marcha a Harry lo justo para coger una pluma y decirles escuetamente que estaba bien y que no era necesario que fueran a comprobarlo.

A diferencia de veranos anteriores, Harry apenas se movía de la cama, solo sale de ésta para las breves visitas al baño y cuando la situación se lo requería para escribir unas breves líneas a sus amigos cuando su preocupación era extrema. Ni siquiera bajaba a la cocina para las comidas, que se las tenía que subir su tía a su habitación guiada por la preocupación de ver a su sobrino tan alicaído.

Al pensar en sus amigos, no pudo dejar de preguntarse cómo se encontrarían, recordando las cartas que había estado recibiendo durando casi el último mes, Harry pudo imaginarse brevemente a Hermione emocionada ante el torrente de conocimiento que estaría experimentando al estar visitando Francia con sus padres donde la cultura mágica según ella había sido enorme y también pudo imaginar la mezcla de emoción y respeto de Ron al verse rodeado de dragones de todo tipo al encontrarse en Rumania con su familia visitando a su hermano Charlie que se dedicaba a su cuidado. Ambos no volverían hasta el 1 de Agosto.

Esas imágenes le provocó un amago de sonrisa, sonrisa que se esfumó rápidamente cuando pensó en Lupin y Hagrid, ellos no se encontraban de vacaciones aunque estuvieran posiblemente ambos fuera del país, se encontraban en peligrosas misiones para la Orden del Fénix.

Sabía que aunque la familia Weasley le hubiera invitado a pasar el mes de Agosto en su casa, aquel año no podía celebrar su cumpleaños con ellos y con Hermione como el año anterior ya que ninguno de ellos se encontraría en el país para entonces.

En una de sus cartas Ron le había dicho que hablarían con el profesor Dumbledore para preguntarle si Harry podría ir con ellos a pasar las últimas semanas de vacaciones y así poder ir todos juntos al Callejón Diagon para comprar todo lo necesario para el nuevo curso, pero aún no había recibido la confirmación de ese permiso ni por parte de Ron ni por la del profesor. Por lo que ni siquiera contaba con esa excusa que le ayudara a subir un poco el ánimo.

Los días seguían pasando, cada día recibía como mínimo una lechuza, aquella que le llevaba a diario el periódico del mundo mágico de El Profeta, pero esa perspectiva tampoco le proporcionaba un buen sentimiento, solo hacia florecer su indignación.

Tras la incursión de Voldemort en el Ministerio de Magia, el ministro había podido comprobar por sí mismo que era verdad que había retornado y esa noticia se había publicado en el periódico, los primeros días se había armado el revuelo de personas que afirmaban haberle visto cerca de sus casas, pero ahora que todo se había calmado un poco no había vuelto a aparecer nada de relevancia, ni asesinatos ni desapariciones misteriosas y eso hacía que Harry se sintiera confundido y enfadado a la vez por la falta de noticias que pudieran darle algún tipo de pista de qué podría estar haciendo o planeando Voldemort.

Casi sin haberse dado cuenta llegó el día de su cumpleaños, no se dio cuenta hasta ver que aquella mañana no solo estaba acercándose hasta la ventana de su habitación la lechuza con el periódico, sino que también se acercaban otras cinco más, a dos de ellas las reconoció de inmediato pues una de ellas era su propia lechuza blanca, Hedwig, y la otra era Pig, la diminuta lechuza de su mejor amigo Ron.

A las otras no las reconoció pero aun así se acercó a la ventana entreabierta para terminar de abrirla y se apartó a un lado para dejarlas pasar.

Todas al entrar se dirigieron hacia el escritorio y depositaron sus correspondientes cargas. Una de las desconocidas traía un sobre con el escudo de Hogwarts, otra llevaba impreso otro escudo que de lejos no pudo reconocer y la última traía un paquete con su nombre escrito. Hedwig y Pig traían, además de un paquete cada una, una carta en el pico.

Cuando Harry vio que todas habían cumplido su misión dejando su carga sobre el escritorio, se acercó a él, pagó a la lechuza de El Profeta, y vio cómo junto a ella se marchaban las otras tres lechuzas desconocidas.

Como ya había percibido en un principio una de las lechuzas desconocidas llevaba el sello con el escudo de Hogwarts, por lo que imaginó que sería la tradicional carta que mandaban cada año para informar del material escolar que se necesitaría y recordar el día que debía coger el expreso que lo llevaría al colegio, así que dejó esa carta para el final.

Siguiendo con su escrutinio pudo percibir que el paquete de la lechuza desconocida que llevaba su nombre, escrito con letra desigual, era la letra de Hagrid, el guardabosques de Hogwarts. A ver esa familiar caligrafía se alegró mucho y se dispuso a abrir el paquete. Dentro había una pequeña vasija de piedra con extrañas inscripciones a su alrededor, junto a ella venia una nota:

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

Espero que este día te aporte algo de alegría, sé que no debes de estar pasando un buen momento aunque no lo sepa por ti porque sigues sin contestar a ninguna de mis cartas, pero por lo que se no soy el único que no tiene noticias tuyas. Todos estamos muy preocupados por ti, jamás había visto a Dumbledore tan pensativo.

Mi carta no es solo para darte mi regalo, sino también para pedirte que hagas un esfuerzo para intentar volver a ser el valiente y aventurero chico de siempre.

Puede que este objeto te resulte raro, es un pensadero en miniatura y portátil, algo poco común y difícil de encontrar. Sirve para guardar en él los pensamientos que quieras conservar, creo que el propio Dumbledore tiene uno aunque no creo que sea de este tamaño.

Espero poder verte pronto

Hagrid

P.D.: sigo en una misión secreta para Dumbledore y la Orden, así que te agradecería que no me escribieras para evitar que me descubran, aunque creo que eso no será problema para ti, llevamos todo el verano sin saber de ti.

Tras leer la breve carta de Hagrid le echó un vistazo a su nuevo pensadero, y tras una breve pausa se dirigió hacia la mesilla de noche y cogió su varita mágica, volvió al escritorio y se sentó.

Si, el profesor Dumbledore tenía un pensadero, y no era de ese tamaño, era de un tamaño mucho mayor. La ocasión que había descubierto el pensadero de Dumbledore en su despacho en una de sus visitas, el propio Dumbledore le había explicado lo que era y cómo funcionaba, así que, tras un rápido suspiro, dirigió la punta de su varita hacia su sien derecha y extrajo un hilo fino de plata, un pensamiento, un recuerdo, y lo depositó en el pensadero.

Un remolino se formó cuando la sustancia plateada terminó de caer y de repente se formó la imagen de su padrino atravesando el extraño arco del Ministerio que lo llevó a la muerte.

Apartó la mirada de ahí mientras se difuminaba la imagen y una solitaria lágrima caía hasta la madera del escritorio, apartó ese recuerdo de su mente y cogió el sobre que llevaba impreso un símbolo que no había visto antes. Tras tenerlo entre sus manos y examinarlo pudo darse cuenta de que ese sobre venia del Ministerio de Magia.

Al principio pensó que podría ser algún tipo de nota disculpándose por el accidente que le había costado la vida a su padrino, pero enseguida desechó esa idea, si no lo habían hecho antes, no tendrían por qué hacerlo ahora. Luego pensó que sería algo relacionado con los bienes de Sirius, pero también desechó esa idea al recordar que, tras la muerte de Sirius, el mismo profesor Dumbledore le había comunicado que él sería su heredero al ser su deseo y al no tener ningún familiar digno de poseer nada suyo.

Y entonces cayó en la cuenta, eran sus notas de los TIMOs, no había otra explicación para recibir una carta oficial en ese momento. Tras caer en la cuenta se puso nervioso, no había pensado en eso en todo el verano, al terminar los exámenes había tenido la sensación de que no lo había hecho del todo mal, pero ahora que sabía que tenía los resultados de esos exámenes entre sus manos ya no estaba tan seguro de que le hubiese salido todo tan bien.

Se armó de valor y abrió el sobre con dedos temblorosos:

TÍTULO INDISPENSABLE DE MAGIA ORDINARIA:

APROBADOS: Extraordinario (E), Supera las expectativas (S), Aceptable (A)

SUSPENSOS: Insatisfactorio (I), Desastroso (D), Troll (T)

RESULTADOS DE HARRY JAMES POTTER:

Astronomía = A

Cuidado de Criaturas Mágicas = S

Encantamientos = S

Defensa Contra las Artes Oscuras = E

Adivinación = I

Herbología = S

Historia de la Magia = D

Pociones = S

Transformaciones = S

Harry, tras ver sus notas, se quedó sorprendido, sabía que Defensa Contra las Artes Oscura había sido pan comido y también Encantamientos, pero había sacado también buena nota en Pociones, cosa que no esperaba. Pero esa alegría momentánea se esfumó tan rápido como había venido, había sacado buenas notas, las suficientes como para poder prepararse y seguir estudiando para ser Auror, siempre y cuando su profesor de Pociones hubiese sido otro que no fuese Snape. Recordó que él no admitía en su clase para los ÉXTASIS a nadie que no hubiera sacado un Extraordinario, y él solo tenía un Supera las Expectativas. Y entonces su estado de ánimo cayó de nuevo.

¿Ahora que iba a hacer?

No había ninguna otra cosa que le llamase la atención lo suficiente como para dedicarse a ello como le pasaba con la idea de ser Auror como sus padres.

Bueno, ya tendría tiempo de pensar en ello más adelante, cuando volviese a Hogwarts y tuviese la charla con la profesora McGonagall, jefa de la casa de Gryffindor, su casa.

Dejó la carta de sus notas a un lado y se acercó a la pequeña y alocada Pig, la lechuza de su amigo Ron, y le retiró el paquete que llevaba. Cuando la lechuza se vio libre se acercó rápidamente a la jaula de Hedwig y se dispuso a beber agua bajo la atenta mirada de la desconfiada lechuza blanca.

Desenvolvió el paquete y dentro encontró unas galletas caseras cortesía de la señora Weasley, la madre de Ron, y un libro sobre Quidditch, deporte que se juega sobre escobas y que es el más famoso del mundo mágico y el favorito de Harry, llamado Quidditch a través de los tiempos.

Tras coger una de las galletas y echarle un ligero vistazo al libro que le había regalado su mejor amigo, cogió la nota que había llevado Pig en el pico y se dispuso a leerla:

Querido Harry:

¡Feliz cumpleaños!

Espero que te guste ese libro, por lo poco que pude ver cuando lo compre parece un libro muy interesante, no solo te habla de las mejores jugadas que se han visto, sino también de los mejores jugadores y sus carreras profesionales. Cuando vi ese detalle me imagine por un momento siendo parte de los jugadores famosos que aparece ahí, pero enseguida se me paso al recordar que me llama más la atención ser Auror que jugador profesional de Quidditch, además, no soy tan buen jugador como tú.

Seguimos en Rumania con Charlie y sus dragones hasta mañana, por cierto, Charlie nos mostró el dragón al que te enfrentaste en el Torneo de los Tres Magos, y creo que aún se acuerda de ti, se pone como una fiera cuando alguien se le acerca con una escoba.

Tal vez esta carta tampoco llegues a leerla, pero por si acaso debo decirte que aquí seguimos todos muy preocupados por ti. Hemos vuelto a escribirle a Dumbledore para que te deje venir a casa, pero sigue sin contestar, tal vez antes de darnos una contestación quiera saber si estarías de ánimo para eso.

Por lo que se, Hermione sigue en Francia con sus padres y parece que se lo está pasando de maravilla, Hagrid y Lupin están en misiones secretas de la Orden aunque no sabemos mucho más.

Si no puedes venir a casa espero que podamos vernos por lo menos en el Callejón Diagon antes de que empiecen las clases, Hermione ha dicho que mañana por la noche llegara a pasar el resto de vacaciones con nosotros, por lo que juntos podremos intentar tener noticias tuyas.

Esperando tener noticias tuyas se despide

Ron

P.D.: espero que no pase mucho tiempo hasta que podamos volver a ver al Harry de siempre.

Terminó de leer la carta de su amigo y un breve amago de sonrisa se asomó a su rostro al recordar el comentario que había hecho sobre el Colacuerno al que se había enfrentado en la primera prueba del Torneo de los Tres Magos. Pero esa sonrisa se borró, sustituyéndolo un sentimiento de culpa al ver la preocupación de todos.

Depositó la carta de Ron junto a la de Hagrid y cogió el paquete y la carta que había llevado su blanca lechuza, en seguida pudo reconocer la fina y perfecta letra de Hermione, su mejor amiga y abrió el paquete. En su interior había un libro con hechizos de defensa de nivel avanzado. Por lo que pudo percibir en un principio, ese libro debía de estar pensado para magos muy poderosos o para aquellos que se dedicaban o deseaban dedicarse a algo relacionado con la Defensa Contra las Artes Oscuras.

Dejó el libro a un lado y abrió la carta adjunta al paquete:

Querido Harry:

¡Felicidades!

Sé que te puede parecer raro que te regale un libro así, pero me estuve informando, es el mejor que puede tener un mago que quiere ser Auror o que le guste la Defensa Contra las Artes Oscuras. El dueño de la tienda estaba un poco escéptico al dudar de que le pudiese sacar partido un mago joven con nivel de TIMO, pero no todos los magos son capaces de realizar hechizos avanzados o ser buenos profesores de defensa como tu ni siquiera en edad adulta, así que no creo que tengas ningún problema con este libro.

Espero que la idea de poder aprender cosas nuevas te ayude a levantar un poco el ánimo.

En las últimas semanas apenas hemos recibido noticias tuyas y por lo poco que sabemos, no sueles leer las cartas que te enviamos, pero espero que hoy hagas una excepción.

Tal vez no lo sepas, pero durante estas semanas Ron y yo hemos estado hablando de vez en cuando, y los dos hemos llegado a la misma conclusión. Ambos entendemos en cierta medida que te sientas alicaído por la pérdida de Sirius, a nosotros también nos dolió su muerte aunque nuestra perdida no se acerque a la tuya, pero piénsalo, Sirius no querría verte así. Te animaría, como hizo siempre, a que siguieras adelante, y es lo que deberías hacer para honrar su memoria.

Esta noche vuelvo a casa y mañana iré a casa de Ron para pasar allí el resto de las vacaciones, espero poder verte allí o por lo menos poder verte para las comprar para el próximo curso, donde iremos al Callejón Diagon la última semana de vacaciones.

Hermione

P.D.: espero que pienses en lo que te he dicho, no solo en lo de verte en la casa de Ron para pasar el resto de las vacaciones, sino sobre todo en lo que se refiere a Sirius, él no dio su vida para que tu estuvieras encerrado en casa sin dar señales de vida, sino para que pudieras poder seguir teniendo una vida lo más feliz posible.

Para cuando terminó de leer y abrir todas las cartas y paquetes de sus amigos ya había pasado la mañana y comenzado la tarde, había pasado la hora de comer sin probar bocado, pero eso no le hizo despertar el hambre a pesar de ver que su tía le había dejado la bandeja con la comida en la puerta a la vista a través de la gatera que en una ocasión hizo su tío en la puerta cuando intentó impedir que volviera al colegio.

Dejó la carta de Hermione junto a la de Ron y Hagrid y se dirigió de nuevo a la cama, donde se quedó dormido enseguida. Cuando volvió a despertar ya había entrado la noche, y la bandeja con la cena había sustituido a la de la comida, miro el reloj que tenía en la mesilla de noche y vio que era las nueve de la noche, después de no haber probado bocado en todo el día se acercó a la puerta para coger la bandeja, comió un poco de la carne asada y el puré que había en un plato y dejó la bandeja donde estaba. Y sin una perspectiva mejor y tras observar que ni su lechuza ni la Ron estaban en la jaula o en la habitación se dirigió de nuevo a la cama donde esperaba poder dormir toda la noche sin ningún sueño que le perturbara.