CAPÍTULO 4: VUELTA A LA MADRIGUERA:
A la mañana siguiente de su cumpleaños, Harry despertó muy temprano, aun no había terminado de amanecer, aunque podían vislumbrarse los primeros rayos del sol del día. Miro el reloj que había en su mesilla de noche y vio que solo eran las cinco de la mañana, pero después de haber dormido tanto el día anterior se veía incapaz de volver a conciliar el sueño.
Giró sobre la cama hasta ponerse boca arriba con la mirada en el techo, recordó los regalos y las cartas que el día anterior había recibido de sus amigos y le dio por pensar de nuevo en cómo había sido su verano y comparándolo en cierta forma con sus veranos desde que supo que era un mago.
Después de pasar medio verano en la casa de sus tíos y de no poder dejar de pensar y tener pesadillas sobre lo ocurrido el curso anterior (sobre todo al final, con la muerte de su padrino) lo único que conseguía sacarle una ligera sonrisa era la idea de la posibilidad de poder librarse antes de tiempo de sus tíos yendo a pasar el resto del verano a casa de su mejor amigo Ron Weasley.
Esa idea le hizo recordar la sensación de encontrarse en un hogar, que era lo que sentía cuando visitaba a su amigo. Allí siempre era tratado como uno más de la familia, era, junto con Hogwarts, el único lugar donde se sentía cómodo, tranquilo y querido.
Tras la primera visita a La Madriguera, siempre había anhelado que llegara la parte del verano en la que podía volver a hacerles una visita. Ese deseo de poder sentirse en familia desapareció un poco cuando pudo pasar un verano con su padrino en su casa de Grimmauld Place, lugar que ahora le pertenecía por la muerte de su padrino.
Recordar ese detalle le hizo entristecerse. No había vuelto a pensar en eso desde que el profesor Dumbledore le comunicó que él era el nuevo propietario por deseo de su padrino. No quería volver allí, la simple idea de volver a pisar ese lugar le producía un enorme dolor. Por lo menos tenía claro que en el caso de que volviera allí no se encontraría con el responsable material de que su padrino ahora estuviera muerto, Kreacher, el elfo domestico de esa casa que le había mentido dándole a entender que su padrino se encontraba en peligro en el Departamento de Misterios del Ministerio de Magia, haciendo que él, Harry, tuviera que ir creyendo que tenia que ayudarle, cayendo así en la trampa de Voldemort haciendo que Sirius muriera. Tras conocer la noticia de que esa casa le pertenecía le había ordenado que fuera a Hogwarts con el resto de los elfos domésticos que allí trabajaban.
Harry se encontraba aún tumbado en su cama con la mirada perdida, tras reflexionar unos instantes en su propio extraño comportamiento de las ultimas semanas (desde que entró al colegio Hogwarts nunca había pasado tanto tiempo en su habitación, solía pasar el mayor tiempo posible deambulando por ahí) giró su mirada hacia su escritorio donde estaba Hedwig, su lechuza, dentro de su jaula que lo observaba con tristeza y junto a ella se encontraban las últimas cartas de sus amigos y algunos ejemplares pasados de El Profeta, donde no había habido ninguna noticia interesante en todo el verano.
Decidió levantarse y se dirigió hacia el escritorio, tras acariciar a su hermosa lechuza y sonreírle un poco para que viera que ya se encontraba algo mejor cogió las últimas cartas de sus amigos y las volvió a leer. Ambas reflejaban una gran preocupación por él, cosa que tras poco reflexionar comprendió a la perfección, desde que comenzaron las vacaciones no había escrito a sus amigos salvo para darles a entender que seguía vivo, ahora que lo pensaba la noche anterior ni siquiera les había escrito para agradecerles sus regalos de cumpleaños. Esas cartas también le instaban a volver a la normalidad, entendían su estado de ánimo tras la muerte de Sirius pero le animaban a seguir adelante diciéndole que esa actitud no seria lo que Sirius quería.
Se regañó mentalmente por la actitud estúpida que había tenido esas semanas. Sus amigos tenían razón, Sirius no querría verlo así, él que era pura alegría le instaría a recordarle como era en vida y los buenos momentos juntos.
Con la esperanza y alegría renovados por esos buenos pensamientos sobre su padrino y recordando que podría haber una posibilidad de volver a ver a sus amigos antes de que volvieran a empezar las clases cogió de su baúl unos pergaminos, una pluma y un tintero y se sentó en el escritorio con la idea clara de escribir a sus amigos.
La primera carta la dirigió a su amiga Hermione, que según su carta del día anterior ya habría vuelto de sus vacaciones en Francia con sus padres y si no había cambiado de opinión se estaría preparando para ir aquella misma noche a casa de Ron para pasar el resto de las vacaciones.
Querida Hermione:
Se que ahora puedes estar pensando que no debe ser verdad que la carta que tienes en tus manos es mía, pero lo es.
Se que en las ultimas semanas he estado ausente y alicaído por la muerte de Sirius, pero lo he estado pensando y tanto tu como Ron tenéis razón, Sirius no querría verme así, murió para salvarme y no querría que aprovechara esta segunda oportunidad en una prisión creada por mí mismo.
Es hora de que vuelva a la normalidad total o a la mayor normalidad posible por eso voy a contestarle a Ron aceptando su invitación a su casa, si es que aun sigue en pie y si Dumbledore me da permiso.
Mientras espero su respuesta comenzare a ponerme al día con los deberes, debo confesarte que no he hecho gran cosa en este tiempo aunque luego me regañes.
Si al final Ron y su familia permite que vaya de visita también me gustaría poder verte a ti allí o por lo menos poder vernos en el Callejón Diagon antes de que empiecen las clases.
Harry
P.D.: ya te diré si podré ir a casa de Ron o no, para ponernos por lo menos de acuerdo para las comprar antes de que empiecen las clases.
Espero que tú te encuentres bien y que hayas disfrutado mucho y aprendido cosas nuevas. Y siento haberte tenido preocupada por la falta de noticias mías.
Y por ultimo quiero darte las gracias por tu regalo de cumpleaños, seguro que encontraremos en él cosas interesantes y que nos puedan servir para un futuro.
La siguiente carta la dirigió a su amigo Ron que, según lo que había podido recordar, ya estaría en su casa de vuelta de su viaje a Rumania para ver a su hermano.
Querido Ron:
Se que en estos momentos debes estar algo molesto conmigo por no haberte escrito hasta ahora como te prometí que haría, pero debo reconocer que hasta ahora no me he sentido lo suficientemente yo mismo como para volver a la normalidad.
He estado pensando y me he dado cuenta de que tú y Hermione teníais razón, Sirius no querría verme así, si me viera se enfadaría conmigo más de lo que debes de estarlo tú.
También he estado pensando que me gustaría aceptar tu invitación y la de tu familia para ir a pasar el resto de las vacaciones con vosotros, por ello he escrito a Dumbledore para preguntarle si puedo ir, siempre y cuando vuestra invitación siga en pie.
Le he escrito a Hermione para decirle que ya estoy mejor y para comentarle que si no podemos vernos en tu casa por lo menos podríamos vernos en el Callejón Diagon antes de empezar las clases.
Mientras recibo o no vuestras contestaciones intentare ponerme al día con los deberes.
Harry
P.D.: muchas gracias por tu regalo de cumpleaños, seguro que de ahí podremos sacar buenas ideas para aportarlas para el equipo de Quidditch de Gryffindor.
Dale las gracias a tu madre de mi parte por sus galletas, están deliciosas.
La última carta que tenía pensado escribir por el momento antes de empezar con sus deberes era al profesor Dumbledore, el director del colegio Hogwarts de Magia y Hechicería.
Querido profesor Dumbledore:
Siento no haberle contestado a sus cartas o no haberlo hecho de la mejor manera posible pero sinceramente no me encontraba con demasiados ánimos.
El motivo de mi carta ahora es para informarle de que ya me encuentro mejor, he estado reflexionando y el comportamiento que he tenido hasta ahora no es propio de mi y se que Sirius tampoco lo querría.
También le escribí para decirle que Ron y la familia Weasley me invitó hace días a pasar el resto del verano con ellos y si usted me deja me gustaría ir, aunque debo decirle que no sé si esa invitación sigue en pie, por eso le he escrito también a Ron para ver qué me dice a eso.
Espero su respuesta
Harry
Tras terminar de escribir las tres cartas las enrolló y selló y puso el nombre de cada destinatario en el exterior de cada una de ellas. Después de hacer eso se acercó a la jaula de su lechuza y le indicó con un gesto que saliera a través de la puertecilla que siempre que estaban en esa casa mantenía abierta.
— Hedwig, tengo bastante trabajo para ti hoy, se que no te he dado mucho trabajo este verano pero puedes estar tranquila, ya estoy bien -dijo Harry a su lechuza mientras le sonreía.
Hedwig le dio un ligero picotazo en la mano en señal de reconocimiento.
— ¿Ves las cartas que tengo aquí? -dijo mientras las cogía del escritorio.
Comenzó a atar las de Ron y Hermione en cada una de sus patas mientras que la de Dumbledore se la ponía en el pico.
— Debes llevárselas a Dumbledore, Ron y Hermione -le indicó mientras señalaba cada carta conforme decía un nombre-. Primero debes entregar la de Hermione, después la de Ron y por último la de Dumbledore que es quien esta más lejos, ¿de acuerdo?
Como única señal de asentimiento la lechuza acercó su cabeza a la mejilla de Harry y emprendió el vuelo para acercarse a la ventana entreabierta y volar hasta convertirse en un diminuto borrón.
— Buen viaje, Hedwig -dijo por ultimo sonriendo.
Cuando ya no podía ver ni rastro de su lechuza le dio la espalda a la ventana y miro el reloj que había en su mesilla de noche, eran las ocho de la mañana, el sol ya había terminado de salir y ya se oía a lo lejos en la cocina las voces de sus tíos mientras desayunaban, teniendo todo eso en cuenta y al recordar que el día anterior apenas había probado bocado le hizo sonar el estómago de hambre. Pero antes de ir a la cocina a comer algo pensó que debía asearse un poco, bastante odiaba su tío su aspecto en circunstancias normales como para ponerlo a prueba con el desaliñado aspecto que debía presentar después de estar días sin salir de su habitación.
Cuando llegó a la cocina después de ducharse y ponerse ropa limpia, encontró a su tía de espaldas mientras terminaba de hacerle un poco de beicon a su tío para el desayuno, y su tío estaba oculto tras el periódico de aquella mañana de lunes el primer día de Agosto.
Cuando oyeron el ruido de la puerta de la cocina abrirse y después volver a cerrarse apartaron sus miradas de lo que estaban haciendo con incredulidad al pensar que por una vez su enorme hijo Dudley se había levantado temprano para compartir con ellos el desayuno de aquella mañana, pero más sorpresa e incredulidad reflejaron ambos rostros cuando ante la puerta se encontraba la figura de su sobrino Harry.
— Vaya chico, por fin has decidido honrarnos con tu presencia en el desayuno -dijo su tío con un tono de desprecio y sarcasmo en la voz tras ocultar su rostro tras el periódico después de una rápida mirada.
— Vaya Harry, no esperaba que bajaras a desayunar -dijo su tía con el beicon a medio camino del plato de tío Vernon-. Y te has arreglado, parece casi un milagro -añadió terminando de servir el beicon y llevando el plato a la mesa sin dejar de mirar a su sobrino-. ¿Qué quieres para desayunar?
Harry pudo apreciar, de forma casi sutil, en el tono de voz de su tía que su actitud hacia él había cambiado, algo en él le dijo que después de tantos años y de como había estado en las últimas semanas había hecho aflorar en su tía el sentimiento de amor propio del parentesco que les unía, aunque también pudo apreciar que intentaba no demostrarlo en demasía, tal vez por lo que pudiera pensar tío Vernon.
— ¿Desayunar? -dijo Harry sin poder todavía salir del asombro que le había producido la discreta amabilidad de su tía.
— Claro, me imagino que después de lo poco que comiste ayer y de tu visita aquí querrás comer algo, ¿no? -contestó tía Petunia con una ligera sonrisa, para dar más obviedad a su lógica.
— Si, claro, tengo mucha hambre -confirmó Harry mientras se iba acercando poco a poco a la mesa y se sentaba frente a su tío.
— Lo imaginaba -confirmó y sonrió su tía mientras se giraba de nuevo hacia los fogones-. ¿Qué quieres que te prepare? ¿Beicon? ¿Tostadas?
— Tostadas, gracias.
Su tía se puso manos a la obra para prepararle el desayuno a su sobrino mientras tarareaba distraídamente una melodía que Harry no reconoció, era evidente que estaba de buen humor y no hacia amagos de querer ocultarlo.
Harry mientras tanto ojeaba los titulares de la página principal del periódico que estaba terminando de leer su tío, una parte de él aún esperaba ver algún indicio que le indicara que Voldemort seguía en activo, pero no había nada que pudiese relacionarse con él.
Ver a su tía depositando ante él un plato con cuatro tostadas y un tarro de mermelada de fresa le hizo volver a la realidad y dejar a un lado sus pensamientos y preguntas acerca de lo que estaría haciendo Voldemort en ese momento o en dónde estaría. Y centró toda su atención en calmar el hambre que minutos antes había despertado en él.
— Bueno chico, ¿piensas decirnos a qué se debe este milagro? -increpó tío Vernon sin apartar la mirada del periódico.
— Si, eso Harry -siguió tía Petunia mientras se acomodaba en la silla de la derecha de Harry y añadió-: ¿Qué te ha hecho cambiar de actitud?
— Bueno… -Harry se detuvo unos segundos para meditar la mejor forma de explicar todo en lo que había estado pensando en las ultimas horas, después, cuando ya hubo aclarado lo suficientes sus ideas, añadió-: Lo he pasado muy mal, esa es la verdad, pero recordar las cartas de mis amigos en las que me decían que Sirius no hubiese querido verme así y después revivir mentalmente los momentos que viví con él me han hecho darme cuenta de que tenían razón. Él dio la vida por mí y no querría que mi segunda oportunidad la viviera encerrado en una habitación y en mí mismo. -Hizo una breve pausa para tomar aire y quitarle un poco de importancia al tema-. Si Sirius hubiese podido verme en las últimas semanas se habría puesto como una furia por mi comportamiento. -Finalizó, y esa idea le hizo sacar una leve sonrisa de añoranza.
— Vaya, que enternecedor -se burló tío Vernon asomándose levemente por la esquina superior de su periódico para poder ver a Harry-. ¿Se habría puesto lo suficientemente hecho una furia como para haberte hecho desaparecer?, en ese caso me hubiese gustado mucho poder haberlo visto.
Harry, conforme iba escuchando las palabras de su tío, se había puesto rojo de la furia que estaba naciendo en él al escuchar a alguien insultando la memoria de su padrino, tanta era su furia, que en ese momento no le importó que fuese dirigida a su tío.
Era tal su mal humor en ese momento que los objetos más próximos a ellos estaban comenzando a temblar de forma amenazadora, la lámpara que estaba sobre ellos amenazaba con venirse abajo sobre sus cabezas, y entonces las expresiones en los rostros de sus tíos cambiaron por completo.
Tío Vernon comenzaba a arrepentirse interiormente por haber pronunciado esas palabras, y Harry pudo saberlo, lo vio reflejado en su rostro, que había comenzado a perder su color y era incapaz de apartar la mirada de todos los objetos que, al estar demasiado cerca, podrían dañarle. Tía Petunia, en cambio, no sabía en cual de los dos posar su mirada, estaba asustada, no sólo por la seguridad de su amada cocina o de su marido al que siempre había apoyado en lo que a Harry se refería, sino también por la seguridad de su sobrino.
Tía Petunia, en un movimiento desesperado para que todo aquello terminase con buen fin, alargó su mano izquierda hasta depositarla en el brazo derecho de Harry, a la altura del codo, mientras le susurraba su nombre para hacerle salir del trance en el que parecía estar sumido. Pero eso no parecía hacer efecto.
En un movimiento aún mas desesperado, tía Petunia, sin apartar su mano del brazo de Harry, se levantó sin dejar de mirar a su sobrino y se acercó aún más a él, colocó su mano derecha en la mejilla izquierda del muchacho y le giró la cara para que así pudiese ver su rostro en lugar del de su marido, pero Harry no parecía verla aunque la estuviese mirando.
— Harry, por favor, para. Vas a conseguir que os hagáis daño, sobretodo si se cae la lámpara.
Al decir esto hizo que Harry mirara hacia arriba para que viera el peligroso movimiento que ésta estaba haciendo.
Esto hizo que Harry saliera un poco de su trance, lo que calmó un poco el movimiento violento de los objetos de la cocina.
Tía Petunia hizo que Harry volviera a mirarla y con una mirada y una voz suplicante le volvió a pedir que recobrara la calma.
— Harry, por favor, ya esta bien. Cálmate, seguro que tu tío, en el fondo, no quería decir eso -dijo tía Petunia, se giró hacia su marido y añadió-: ¿verdad, Vernon?
Tío Vernon tardó unos segundos en darse cuenta de que se dirigía a él, y tras ver la mirada suplicante y temerosa de su mujer pronunció una escueta respuesta antes de volver a ocultarse tras el periódico:
— Si, claro.
Con el ambiente algo más calmado, tía Petunia volvió a sentarse entre los dos con una ligera sonrisa y un leve movimiento de mano invitó a Harry a que probara su desayuno.
Un par de minutos después, tío Vernon se despidió vagamente de su mujer antes de irse aquel lunes hacia la salida para ir al trabajo mientras Harry terminaba su desayuno.
Después de unos instantes de silencio, Harry pensó que debía informar a su tía de lo que había decidido hacer, para que no le pillase tan por sorpresa si podía irse de allí antes de tiempo para reunirse con sus amigos.
— Tía Petunia...
— Si, Harry -dijo su tía girándose para prestarle mayor atención.
— Durante el verano he recibido cartas de mis amigos, sobre todo de Ron, aquel que siempre me invita a su casa. -Harry hizo una pausa antes de seguir para que su tía recordara a su amigo-. Este año también me ha escrito invitándome.
— Entiendo. -Asintió su tía, luego, sin saber muy bien lo que había decidido su sobrino, quiso saber lo que intentaba decirle-. ¿Y qué has decidido hacer?
— Bueno, esta mañana le he escrito para ver si aun sigue en pie su invitación y también he escrito a Dumbledore para ver si puedo ir. Si los dos me dicen que si, me gustaría poder pasar con los Weasley el resto del verano.
Miró a su tía para ver en su rostro una señal, algo que le indicara lo que estaba pensando sobre lo que acababa de decirle.
Por un instante temió que, a pesar de haber escrito a Ron y a Dumbledore, sus tíos se negaran a dejarle marchar.
— Bueno... -dudó un instante su tía-, no creo que sea mala idea, te hará bien poder distraerte un poco con tus amigos antes de que empiece el colegio. -Hizo una pausa, y después añadió con una sonrisa para relajar un poco a su sobrino-: Y no creo que tu tío se oponga mucho después de haber estado a punto de llevarse la lámpara al trabajo de sombrero.
— Gracias tía -sonrío Harry, cosa rara en él, no sólo desde la muerte de Sirius, sino también al haberlo hecho en la casa de sus tíos.
— No se si al final te iras antes este año, pero creo que si es así, deberías empezar a preparar el equipaje por si acaso. Las últimas veces que han venido a por ti han sido casi siempre por sorpresa.
— Si, tienes razón, además, debería ponerme al día con los deberes. -Al ver una sombra de miedo en el rostro de su tía e imaginándose lo que estaría pensando añadió velozmente-: Tranquila, sólo son trabajos escritos, recuerda que aún no nos permiten hacer magia fuera del colegio. No podré hacer ningún hechizo de forma legal hasta mi próximo cumpleaños.
Su tía relajó un poco el semblante, pero no del todo, ya que no estaba muy segura de que su sobrino no intentase hacerles algo en venganza por los malos momentos pasados allí en cuanto pudiese hacer magia fuera de su colegio.
Rápidamente apartó ese pensamiento de su mente, aún faltaba mucho para que ese momento llegase y a pesar de todo no creía que su sobrino les hiciese nada a pesar de todo, después de todo había podido controlar su genio antes de que nadie resultara dañado.
— Bueno, iré arriba, preparare el baúl y dejare sólo a mano lo que pueda hacerme falta en los próximos días y los libros que necesitaré para mis deberes -dijo mientras se levantaba de la mesa y guardaba los platos sucios en el lavavajillas y la mermelada en la nevera.
Una vez hecho eso, salió de la cocina mientras recibía un gesto de aprobación de su tía y se dirigía escaleras arriba hacia su habitación.
Una vez hecho esto y con una actitud renovada, se dirigió hacia su baúl que descansaba a los pies de su cama y comenzó a vaciarlo por completo en el suelo, ya que tenia que organizarlo para que le cupiese bien todo los objetos personales que debía llevarse además de los materiales escolares y la gran cantidad de libros acumulados desde su primer año en Hogwarts, decidió que debería hacerlo bien.
Al no haber tenido que utilizar el uniforme del colegio durante el verano y al tenerlo limpio, dobló con cuidado todas las túnicas y las guardó en el fondo del baúl, en la parte izquierda. No creía que fuera a necesitarlas antes de que empezara el colegio, además debía comprarse túnicas nuevas, esas ya le estaban algo pequeñas.
Una vez guardadas las túnicas procedió a clasificar sobre la cama los libros del colegio en tres montones, en el primero de ellos, y más cerca del escritorio, depositó los libros que iba a necesitar para sus deberes, en el segundo depositó los libros que necesitaría para el próximo curso aunque no tuviese deberes de ellos y en el tercer montón depositó los libros de las asignaturas que ya no iba a necesitar porque no iba a seguir esas asignaturas para los ÉXTASIS como Adivinación, Astronomía, Cuidado de las Criaturas Mágicas y Pociones (las dos primeras por haber suspendido los TIMOs, la tercera por no creer que fuera muy importante para su futuro a pesar de que Hagrid no se lo tomaría muy bien y la ultima porque, a pesar de haberla aprobado y de querer seguirla para poder ser Auror, no había sacado la nota mínima que Snape pedía para el nivel de ÉXTASIS).
Al terminar la clasificación de los libros, depositó los que necesitaría sobre el escritorio y guardó los demás en el baúl, el último montón, el que no volvería a necesitar, lo guardó en un rincón libre que había junto a las túnicas ya guardadas y los otros en la parte derecha del baúl.
En el hueco libre que quedaba en la parte inferior del montón de libros que usaría el próximo curso guardó el caldero de peltre que hasta entonces había estado utilizando en Pociones, y el resto de materiales de esa asignatura como los pocos ingredientes que el curso anterior no había utilizados y la balanza para medirlos, además del telescopio que utilizaba en Astronomía.
Recogió del suelo los pocos pergaminos, tinteros y la pluma que tenia y los depositó en el escritorio junto a los libros para cuando empezase con los deberes y se dirigió a guardar en el baúl las últimas cosas que no necesitaría en el mundo muggle y las que más les gustaban: su estupenda escoba voladora regalo de su padrino cuando iba a tercero y su uniforme del equipo de Quidditch de Gryffindor.
Su uniforme lo dejó sobre las viejas túnicas del colegio y su Saeta de Fuego la tuvo que guardar en diagonal para que entrase bien.
Terminado el organizar el baúl se levantó del suelo para ver el resultado. A pesar de lo bien que había intentado dejarlo todo, era evidente que después de tantos años de colegio poseía demasiadas cosas. Sin contar con que aún no había comprado lo que necesitaba para ese curso ni lo que necesitaría el próximo.
Le hubiese gustado haber podido dejar en su habitación todo aquello que sabía que ya no necesitaría, pero no lo creyó una buena idea teniendo en cuenta el amor que sus tíos y primo tenían hacia su mundo.
Una vez colocado el baúl de vuelta a los pies de su cama y de haber organizado la poca ropa muggle que tenia en el armario heredada de su primo, se sentó en el escritorio dispuesto a ponerse al día con los deberes que les habían mandado para el verano.
Pensó que lo mejor seria comenzar con Transformaciones, de todas las asignaturas, esa era la que a su juicio era la más complicada, después de esa pensaba seguir con Herbología, no le parecía muy difícil, pero si algo aburrida y pensaba dejar para el final los deberes de Encantamientos y Defensa Contra las Artes Oscuras, las asignaturas que más le gustaban y las que mejor se le daban.
Se había tomado tan en serio eso de ponerse al día de los deberes que apenas salía de su habitación, sin contar las cortas visitas de necesidad al baño o cuando su tía le obligaba a hacer un descanso para que comiera con el resto de la familia.
Era el segundo día, miércoles, desde que había enviado las cartas a sus amigos cuando recibió la primera contestación mientras ayudaba a su tía a recoger las cosas del desayuno. La carta la traía un diminuto mochuelo que reconoció en seguida, era la lechuza de su amigo Ron, Pig.
Terminó rápidamente de dejar los platos en el lavavajillas se secó las manos y liberó a la pequeña lechuza de su carga. Cuando ésta se vio libre de la carga se fue a descansar sobre la lámpara, donde podía ver mejor al destinatario mientras leía.
Comenzó a leer bajo la atenta mirada de Pig y de su tía.
Querido Harry:
Me alegra mucho saber que ya has recuperado un poco el espíritu de antes, imagino que no habrá sido fácil para ti, pero entiendo el porqué has estado tan sumido en tus pensamientos las ultimas semanas, pero hay algo que no entiendo. ¿Cómo se te ha podido pasar por la cabeza que no podría seguir en pie mi invitación?
Sabes que para todos aquí eres parte de la familia y que puedes venir siempre que quieras, aunque puede que alguna vez se me pueda pasar el invitarte por mi mala cabeza deberías saber que no necesitas invitación.
Así que ya lo sabes, te esperamos en cuanto Dumbledore te conteste.
Ron
Harry terminó de leer la carta y sonrió, un problema menos, su amigo seguía manteniendo en pie su invitación, sólo faltaba saber si Dumbledore le dejaba ir, cosa de la que aun no estaba del todo seguro que ocurriera.
— Bueno, ¿de quién era la carta? -preguntó su tía intrigada.
— Es de mi amigo Ron, el que te dije que me había invitado a su casa -contestó Harry.
— ¿Y qué dice? ¿Aun estas invitado? -le preguntó aun mas curiosa.
— Si, ahora sólo falta ver qué me dice Dumbledore -dijo Harry mientras guardaba la carta en su bolsillo y le decía a Pig que ya podía volver a casa.
Un poco mas animado subió de nuevo a su habitación y siguió con sus deberes. En esos dos días había conseguido avanzar bastante con ellos y sólo le quedaba hacer una larga redacción de Encantamientos y los de Defensa Contra las Artes Oscuras, pero creyó que con un poco de suerte podría tenerlo todo terminado antes del fin de semana.
Era ya casi la hora de cenar cuando algo cansado se dirigió al baño para adecentarse un poco para evitar las críticas de su tío durante la cena cuando al volver vio entrar una lechuza parda por la ventana abierta que se posaba sobre la cama.
Sin saber muy bien de qué se trataba se dirigió a la lechuza y cogió el sobre. Cuando se vio libre de su carga, la lechuza emprendió de nuevo el vuelo saliendo por donde había entrado.
Al fijarse un poco más en la carta vio que en el sobre el emblema de Hogwarts, por lo que supuso que seria la carta que indicaba el nuevo material escolar. La pequeña burbuja de esperanza que se había formado al pensar que seria la contestación de Dumbledore sobre ir a La Madriguera se evaporó como el humo.
Abrió el sobre y desplegó la primera lámina de pergamino para ver que efectivamente se trataba de la lista del nuevo material escolar, que otro año más incluía una túnica de gala. Al terminar de leerla la depositó sobre la cama y siguió con la siguiente lámina, el tradicional recordatorio de que el 1 de Septiembre debía coger el tren al colegio, pero ante su sorpresa había un tercer pergamino más que abrió para encontrarse con la respuesta del director que tanto había esperado.
Harry:
Lo he estado pensando y he estado hablando con los Weasley sobre si debías o no ir con ellos lo que queda de verano. Ambas partes hemos decidido que te iría bien reunirte con tus amigos antes de tiempo por lo que el próximo viernes pasaré a por ti para llevarte a La Madriguera sobre las 8 de la noche.
Por favor tenlo todo preparado para entonces, así podremos agilizar tu llegada para la hora de cenar.
Dumbledore.
¡Podría ir a La Madriguera a pasar el resto de las vacaciones con sus amigos!, esa noticia le alegró mucho y le hizo sonreír.
Estaba guardando la carta cuando su tía comenzó a llamarle para la cena.
Una vez abajo le comunicó a su familia que había recibido el permiso para ir el resto del verano con sus amigos. Al no estar nadie demasiado interesado en ese detalle pasaron el resto de la cena en silencio.
Terminada la cena y después de ayudar a su tía a recoger, Harry subió a su habitación, tras una breve mirada al montón de libros, pergaminos y tinteros de encima del escritorio decidió que estaba demasiado cansado como para seguir con los deberes y se acostó, ya los terminaría antes de marcharse.
A la mañana siguiente se levantó mas animado y enérgico que en los últimos días, la idea de irse de allí antes de tiempo tenia ese efecto en él.
Tras asearse y tomar un ligero desayuno se dispuso a retomar sus deberes, había sido lo suficientemente inteligente como para haberse dejado para el final la asignatura que para él era la más fácil, por lo que no dudó en que terminaría a tiempo.
El jueves había estado sumido lo suficiente en sus deberes como para que le quedara solo terminar una redacción el viernes. Por lo que el viernes se permitió el lujo de dormir un poco más. Para la hora de comer, ya lo había terminado todo, por lo que, con cuidado, guardó sus libros, redacciones y el poco material de escritura que le quedaba en el baúl.
Después de comer, sacó del armario la poca ropa muggle que tenia, heredada de su primo, y se puso a doblarla con cuidado sobre la cama antes de acomodarla en el baúl. Al ser lo último que debía hacer terminó rápido, por lo que el resto de la tarde la pasó paseando por el parque cercano a la casa de sus tíos.
A las ocho menos cuarto de la noche ya estaba esperando a que el profesor Dumbledore viniera a por él, su baúl estaba a los pies de la escalera cerca de la puerta y él nervioso en el salón con sus tíos y su primo.
Tío Vernon ya estaba empezando a impacientarse a las ocho menos un minuto y se quejaba de todo lo que podía cuando a las ocho en punto sonó el timbre de la puerta y Harry se levantó velozmente para abrir.
En el umbral de la puerta se encontraba el Profesor Dumbledore ataviado con una discreta túnica oscura y una rara oscuridad en la zona de la calle cercana a la casa del numero 4. Una vez que Harry le invitó a pasar, y con la puerta entornada, Dumbledore accionó un pequeño aparato parecido a un encendedor y las farolas de alrededor recobraron la luz que anteriormente Harry había echado en falta.
Entró con decisión siguiendo a Harry hasta el salón y saludó a los allí presentes:
— Buenas noches, soy Albus Dumbledore, seguro que Harry les habrá informado de que venia a recogerlo para llevarlo a pasar lo que queda de verano con sus amigos, ¿verdad? -preguntó sin mirar a nadie en particular.
— Si -contestó escuetamente tía Petunia.
— Muy bien -se giró para mirar a Harry-, ¿lo tienes todo preparado?
— Si, señor, el baúl esta en la entrada.
— Estupendo Harry.
— ¿Cómo vamos a ir a La Madriguera? -preguntó Harry intrigado.
— Iremos mediante aparición conjunta. -Contestó Dumbledore como si fuera lo mas lógico del mundo-. No hay mas opciones teniendo en cuenta que seguro Voldemort tiene gente infiltrada en el Ministerio por lo que no podemos usar la red flu sin que se entere y es ilegal usar trasladores sin conocimiento del Ministerio. La primera vez la sensación no es muy agradable, pero después te acostumbras.
— Como usted diga.
— Despídete Harry, yo me ocupo del equipaje.
Dumbledore se dirigió hacia el pasillo, y con un movimiento de varita hizo desaparecer el baúl, Harry estaba seguro de que lo había enviado a La Madriguera. Mientras Harry se despidió con un escueto adiós y se dirigió al pasillo para reunirse con el profesor.
— ¿Listo? -pregunto Dumbledore, Harry solo asintió-. Muy bien, pues agárrate fuerte a mí brazo.
Con un sonoro ¡PLAF! desaparecieron del número 4 de Prive Drive y aparecieron en los jardines de la casa de Ron. En cuanto llegaron salieron a darles la bienvenida. En la casa se encontraba la familia Weasley casi al completo, solo faltaban Charlie, Bill y Percy que por su trabajo ya casi nunca se encontraban allí. También había algunos miembros de la Orden del Fénix, como Hagrid y Lupin. Pero nada le alegró más que ver a sus mejores amigos acercarse a él: Ron y Hermione.
— Harry, ¡que alegría verte! -una emocionada Hermione le dio un fuerte abrazo en cuanto llegó a donde estaba él. Seguida por Ron.
— Bienvenido compañero -saludó Ron con una sonrisa.
— Gracias, estaba deseando poder venir.
— Por cierto, feliz cumpleaños con atraso, Harry -dijo Hermione.
— Si, felicidades -añadió Ron.
— Muchas gracias chicos -respondió Harry con una tímida sonrisa.
Después de saludar a sus amigos saludó a la señora Weasley, que como siempre que le veía le daba un fuerte abrazo y se quejaba de su delgadez. Tras ella fue saludado por Hagrid y Lupin. Que tras decirle que se alegraban de verle animado le prometieron que volverían al día siguiente para celebrar con atraso su cumpleaños con una cena con los amigos más allegados.
— Bueno, ahora tengo que irme, la semana que viene será luna llena y tengo que prepararme -se despidió Lupin y añadió-: pero vendré mañana a tu fiesta. -Le sonrió.
— Yo también me voy, debo ocuparme de mis deberes de guardabosques, pero nos veremos mañana -también se despidió Hagrid, y se fue con Dumbledore.
Después de una copiosa cena y de una amena conversación con sus amigos en la habitación de Ron sobre sus veranos, se fueron a dormir.
Harry por fin consiguió la paz que desde hace unas semanas estaba necesitando, se encontraba en La Madriguera con sus amigos, su segundo hogar después de Hogwarts y se durmió con una ligera sonrisa en su rostro.
