CAPÍTULO 5: VISITA AL CALLEJÓN DIAGON (parte I):

Harry despertó temprano, por unos segundos estuvo desubicado, hasta que recordó dónde estaba y cómo había llegado allí. Se encontraba en la habitación de su amigo Ron en La Madriguera, la noche anterior había llegado mediante aparición conjunta con Dumbledore.

Llevaba días deseando poder estar allí y allí estaba, ese deseo cumplido y la perspectiva de poder estar allí lo que quedaba de verano junto a sus amigos le hizo sentirse bien y sonreír.

Unos momentos después notó como su amigo Ron, que dormía en una cama junto a la suya, iba poco a poco despertando.

Cuando ambos estaban ya totalmente despiertos se levantaron, se vistieron y bajaron juntos a la cocina para desayunar.

Cuando llegaron a la cocina vieron a Hermione y a Ginny que estaban desayunando y a la señora Weasley que se encontraba preparando el desayuno para el resto de habitantes que en esos días se encontraban allí.

En cuanto vio acercarse a los chicos les tendió unos platos con unos huevos revueltos recién hechos y una jarra con zumo de calabaza para los dos y les instó a que comieran, sobre todo a Harry, siempre se empeñaba en intentar alimentarle bien para hacerle ganar aquellos kilitos que para su parecer le faltaban.

Cuando estaban terminando de desayunar, Harry se dio cuenta de que la casa estaba demasiado en silencio, cosa poco habitual teniendo en cuenta que allí vivían los gemelos Weasley, los mayores alborotadores en Hogwarts desde la época de los Merodeadores (el padre de Harry y sus tres amigos: Sirius, Lupin y Peter).

— Señora Weasley, ¿donde están Fred y George? -preguntó intrigado Harry por la anormal calma de la casa.

— Desde que abrieron la tienda de artículos de broma en el Callejón Diagon sólo pasan por casa para dormir, y a veces ni eso. Están siempre muy ocupados inventando cosas nuevas y reponiendo los artículos que venden.

— No sabia que les fuera tan bien -comentó asombrado Harry.

— Yo tampoco imaginaba que pudiera irles tan bien, y pensar que nunca estuve de acuerdo con que se dedicaran a eso... -la señora Weasley se perdió unos instantes en sus recuerdos, después añadió-: No se cómo pudieron conseguirlo, hace falta mucho dinero para poner en marcha un negocio así, y mas en el Callejón Diagon.

Harry bajó disimuladamente la mirada hacia su vaso y bebió el último trago de zumo que le quedaba. Aún no le había confesado a nadie que había sido él el que les había proporcionado el dinero que ganó en el Torneo de los Tres Magos para que montaran la tienda y no estaba muy seguro de querer confesarlo nunca, por si eso hacia aflorar el genio que la señora Weasley casi siempre tenia escondido bajo la amabilidad y dulzura que mostraba siempre.

Para evitar entrar en terreno peligroso sobre el tema de dónde habían sacado el dinero para la tienda, Harry pensó que lo mejor era desviar el tema hacia un terreno algo mas seguro, así que preguntó:

— ¿Y dónde duermen cuando no vienen a casa? ¿En alguna pensión o en el Caldero Chorreante?

— No, no, encima de la tienda tienen como un apartamento, allí es donde pasan el tiempo cuando no están aquí o en la tienda creando o inventando cosas.

— Deben ganar mucho con lo que venden para poder permitirse un local así, la mayoría de locales del Callejón Diagon son pequeños y muy pocos tienen además vivienda -comentó perspicazmente Hermione.

— Eso mismo he pensado yo -comentó Ron-, pero independientemente de lo que ganen ahora, la cuestión es cómo consiguieron pagarlo antes de comenzar a vender tanto. Se que en Hogwarts vendían bastante, pero no creo que tanto.

Ron casi siempre no parecía ser muy perspicaz, pero Harry no sabía cómo podía salir a flote su brillante mente en los momentos menos apropiados, sobre todo cuando se trataba de meter a Harry en algún lío sin proponérselo.

Con la idea de volver a desviar el tema lejos de lo económico volvió a hablar:

— ¿Habéis ido ya a ver el local?

— No, aun no -contestó Ron.

— Últimamente la cosa no esta muy bien en el mundo mágico, la gente esta cada vez más atemorizada con eso de poder ser el blanco de los ataques de quien-tu-sabes -habló la señora Weasley, después de una breve pausa añadió-: por eso hemos pensado que lo mejor será esperar a cuando vayamos a hacer la compras para ir a verla, Arthur podrá acompañarnos entonces -dijo refiriéndose a su marido.

— A nosotros nos llegó ayer la carta del colegio -dijo Hermione-, ¿a ti te ha llegado ya? -preguntó mirando a Harry.

— Si, me llegó el miércoles junto a la nota de Dumbledore que me decía que pasaría a por mí para traerme aquí.

— ¿Habéis notado que vuelven a pedir una túnica de gala? -preguntó Ron poniendo mala cara, eso de los bailes no le hacia mucha gracia.

— Si, tal vez piensen que fue buena idea eso de los bailes de navidad y vuelvan a hacer otro este año -comentó Hermione con una sonrisa.

— Pues a mi no me hace mucha gracia esa idea -comentó Harry-, eso de bailar no se me da muy bien.

— A mi tampoco -dijo Ron.

Después de esa conversación los tres amigos salieron al jardín a dar un paseo y a hablar. Al poco de haber salido al jardín se les unió Ginny y enseguida empezaron a hablar de Quidditch, cosa que a Hermione no le interesaba mucho.

— Bueno, ¿qué creéis que pasara este año con el equipo de Quidditch de Gryffindor? -preguntó Ginny-, después de lo que pasó el año pasado con Umbridge y vuestra suspensión y la partida de casi todo el equipo por terminar el colegio...

Harry no había pensado en eso, pero Ginny tenia razón, el año pasado habían suspendido a Harry y a los gemelos del equipo y no podrían jugar de por vida, o como bien apuntó Ginny el año anterior, hasta que Umbridge estuviera en el colegio, cosa que ya no pasaría ahora que el Ministerio había asumido que tanto Harry como Dumbledore decían la verdad sobre Voldemort y tampoco podrían contar ese año con Katie y Angelina como cazadoras porque ya habían terminado el colegio el año anterior.

Cierto es que Ron seguía siendo el guardián, pero eso no impedía darse cuenta de que estaban sin cazadoras, que los golpeadores no eran de los mejores, sólo los únicos que en esas circunstancias se habían presentado y eran capaces de volar mientras sostenían el bate y Harry ya no era el buscador, ese ahora era el puesto de Ginny, puesto que había defendido muy bien.

— La verdad es que no se qué pasara, pero no creo que los golpeadores del año pasado quieran seguir este año en el puesto, y el equipo esta sin cazadoras, sólo cuenta con Ron como guardián y contigo como buscadora, por lo que tendréis que buscar entre los dos al resto del equipo -razonó dolorosamente Harry al darse cuenta de que ya no formaba parte del equipo.

— De eso nada -negó Ginny-, estamos de acuerdo en que esta Ron como guardián, pero yo no quiero seguir siendo buscadora, sólo lo hice por ayudar al equipo, ese puesto es tuyo, eres el mejor buscador del colegio, yo prefiero marcar goles. Este año me presentare para cazadora.

— Seguro que ahora que no esta la bruja de Umbridge podrás volver a tu puesto en el equipo, McGonagall estará encantada de que vuelvas -intentó animarle Ron sabiendo que era lo mas posible-, puede que hasta te nombre capitán, de entre todos tu eres el único que entró al equipo en primero y el que tiene más años de experiencia en el equipo.

— Eso de ser el capitán no me importa, lo único que me gustaría sería poder volver a jugar -dijo Harry.

Harry no estaba muy seguro de que le volvieran a admitir en el equipo, estaba dispuesto a hacer lo que hiciera falta, hablar con McGonagall, volver a hacer las pruebas o incluso hablar con el propio Dumbledore.

Por la tarde, después de comer, recibieron la visita de los gemelos Weasley que habían venido a ver a Harry y a quedarse para la cena que harían por su reciente cumpleaños, como no sabían muy bien cómo emplear el tiempo y al tener buenas condiciones climatológicas decidieron jugar un mini partido de Quidditch.

Se dividieron en dos equipos de tres personas, por un lado estarían Harry, Ron y Ginny y por el otro los gemelos con Hermione, ella no estaba muy por la labor, pero aceptó por las suplicas de todos al faltar un jugador y por saber que la complicidad de los gemelos era tal que tal vez no necesitaría tener que implicarse mucho en el juego.

Cuando se estaba acercando la hora de la cena dejaron el partido y se fueron a prepararse para la fiesta, al bajar y mientras esperaban a todos los que iban a asistir se dispusieron a ayudar a la señora Weasley con los preparativos.

Los gemelos se pusieron a conjurar una gran mesa en el jardín con varias antorchas por los alrededores para iluminar la velada, y colgaron entre dos postes improvisados una pancarta que ponía: «¡Feliz cumpleaños, Harry!» en letras doradas.

Mientras los demás estaban ayudando en la cocina, Hermione y Ginny ayudaban con la cena y Ron y Harry iban poco a poco sacando las sillas al exterior y los platos y los cubiertos junto a alguna fuente con comida.

A las 9 de la noche ya estaba todo preparado y ya habían llegado todos los invitados.

Entre ellos estaban todos los Weasley al completo, Bill había ido acompañado con Fleur Delacour, la rubia chica medio veela que había participado junto con Harry en el Torneo de los Tres Magos y que ahora trabajaba con él en el banco mágico para "perfeccionar" su ingles.

Y también habían ido algunos miembros de la Orden del Fénix como Hagrid, Lupin, Tonks, Dumbledore, McGonagall, Flitwick, Dedalus Diggle, Moody, Kingsley Shacklebolt y Rufus Scrimgeour.

La cena resultó ser muy amena, a pesar de hacer mucho que Harry no veía a la mayoría de ellos, se dio cuenta que el estar con todos ellos y hablar de vez en cuando de algún tema relacionado con la Orden no le producía ningún dolor al pensar en Sirius, y eso en cierta forma le aliviaba.

El momento que mas disfrutó Harry de la noche fue cuando llegó la hora del postre, la señora Weasley le había preparado una enorme tarta en forma de snitch dorada con un enorme número 16 en el centro. Todos los allí presentes le cantaron animadamente el cumpleaños feliz e incluso pudo ver a un simpático Hagrid pasado de copas cantando a todo pulmón.

Harry aquella noche se durmió pensando que nunca se lo había pasado tan bien en su cumpleaños.

Los días fueron pasando, y los días dieron paso a las semanas con una velocidad alarmante, con eso de estar allí despreocupado de sus problemas y pasándoselo en grande con sus amigos no se había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.

Todos juntos decidieron que irían a realizar las compras necesarias para el próximo curso el sábado antes del inicio de clases, aprovechando así el ultimo fin de semana y el día libre del señor Weasley para que pudiera acompañarles y así poder ir también a visitar la tienda de los gemelos Weasley que se había convertido en una de las tiendas mas conocidas del Callejón Diagon.

Aquella mañana de sábado todos los que se encontraban en La Madriguera se levantaron temprano, puede que el viaje hacia el Callejón Diagon fuera rápido al pensar en ir con polvos flu pero a la hora de prepararse todos para ir hacia allí era otro asunto, demasiadas personas para utilizar el baño, desayunar y organizarse en general.

A las 9 de la mañana estaban ya todos preparados frente a la chimenea, la señora Weasley tenia en la mano el macetero donde guardaban los polvos flu junto a la chimenea mientras el señor Weasley les decía cómo se organizarían para ir al Caldero Chorreante, lugar donde se encontraba la entrada más conocida al Callejón Diagon.

— Bueno niños, creo que lo mejor será ir por parejas -dijo el señor Weasley-, primero irán Ron y Hermione, después Molly y Ginny y por ultimo yo me apareceré allí con Harry, no es muy seguro que tu uses la chimenea -añadió mirando a Harry, y él no necesitó que le dijera porqué, ya se lo había explicado Dumbledore la noche que lo llevó allí.

Siguiendo las instrucciones del señor Weasley se encontraron en pocos minutos todos en el patio del Caldero Chorreante para atravesar juntos la apertura que se abría allí para dar paso al Callejón Diagon cuando tocabas los ladrillos apropiados sobre el cubo de basura que se encontraba allí.

Una vez atravesaron la abertura que daba a la calle mágica con mayor concentración de tiendas se dirigieron sin pensárselo mucho hacia Gringotts, el banco mágico, para que los Weasley y Harry pudieran sacar dinero de sus cámaras y Hermione pudiera cambiar algo de dinero muggle por dinero mágico para sus compras.

Esa tarea no les llevó mucho tiempo ya que no había mucha gente allí a esas horas de la mañana, cosa que agradecieron para que se agilizara su visita allí.

Una vez terminada esa parada en su día de compras se dirigieron al exterior para iniciar las compras.

El siguiente paso que tenía pensado dar la señora Weasley era ir a por los libros, pero no pudo hacerlo hasta que los chicos no prometieron hacerlo en cuanto pudieran acercarse un momento a ver las ultimas novedades de la tienda de artículos de Quidditch.

Al llegar al escaparate de la tienda de Quidditch les resultó algo difícil poder acercarse, una gran cantidad de niños y adolescentes estaban allí concurridos admirando la ultima gran novedad de la tienda, una nueva escoba voladora de los fabricantes de la serie Saeta de Fuego, la escoba que tenia Harry, pero tanto Harry como Ron y Ginny pudieron darse cuenta de las mejoras en cuanto pudieron leer las características de la nueva escoba llamada Tormenta del Desierto.

Esta escoba tenía un acabado más elegante, eso era evidente. Pero aparte de las mejoras físicas pudieron leer en el letrero que tenía una mayor aceleración y en el menor tiempo, una elegante inscripción con el nombre de la escoba y una pequeña placa dorada que podía ser personalizada con el nombre del dueño.

Pero también les llamó la atención el hecho de que aquel modelo poseía un sistema antirrobo que hacia que sólo se dejase manejar por el dueño o por la persona que el dueño autorizase.

Ron y Harry no dejaban de admirar esa escoba, Ron había conseguido el curso anterior una escoba nueva cuando fue nombrado prefecto, pero ni se acercaba a aquella que acaba de ver, y Harry también deseó poder tener una de esas, pero desechó enseguida la idea, por lo que podía imaginar esa escoba debía de costar una fortuna y además, su estupenda Saeta de Fuego nunca le había hecho perder ningún partido y lo más importante, era un regalo de su padrino.

Cuando por fin pudo sacar de allí a los chicos, la señora Weasley hizo que se encaminaran hacia Flourish y Blotts, la librería de aquel lugar y la más conocida.

Una vez allí le pidió la lista de los libros de sexto a Hermione y sacó de su bolso la de quinto, curso que haría Ginny, para dirigirse al mostrador mientras ellos paseaban entre la gran cantidad de estanterías y libros que allí había.

Al consultar la lista pudieron ver que ya no todas las asignaturas para los de sexto eran obligatorias, ya que podían dejar las que habían suspendido y las que no quisieran hacer para los ÉXTASIS. Harry y Ron querían ser Aurores, por lo que el año anterior se eligieron sólo las asignaturas que necesitarían para ello, mientras que Hermione, al no saber muy bien aún lo que quería hacer, se había cogido algunas más.

Teniendo esto en cuenta y que ni Harry ni Ron podían seguir con Pociones y había algunas asignaturas que no querían seguir teniendo al final se compraron los libros de Enfrentarse a lo indefinible (para Defensa Contra las Artes Oscura), Libro reglamentario de hechizos, sexto curso (para Encantamientos), Árboles carnívoros del mundo (para Herbología), La búsqueda de la quinta esencia (también para Encantamientos) y un nuevo libro para una nueva asignatura que empezarían ese año: Magia Telepática, como usar tus verdaderos poderes (para Magia sin Varita). Mientras que Hermione aparte de esos también se compró la Traducción avanzada de runas (para Runas Antiguas) y la Elaboración de pociones avanzadas (para Pociones).

Una vez terminadas las compras en la librería se fueron a la tienda de Madame Malkin para comprarse las túnicas, no sólo las obligatorias del colegio, sino también las de gala.

Hermione no dejó que nadie viese la túnica de gala que se había comprado, mientras que Harry se compró una elegante túnica negra con discretos adornos en esmeralda que hacían juego con sus ojos. Ron no se había comprado ninguna ya que los gemelos habían cumplido la promesa que le habían hecho a Harry de que le regalarían una decente.

Comprado todo esto ya sólo les quedaba una corta visita para comprar material de escritura en una pequeña tienda cerca de la tienda de túnicas e ir a la botica para que Hermione se comprara lo que le hacia falta para Pociones.

En la pequeña papelería se llevaron varios rollos de pergaminos, numerosos tarros de tinta y algunas plumas nuevas para sustituir las que tenían, ya algo gastadas por el uso.

Una vez en la botica, Hermione compró lo último que necesitaba, en esta ocasión fue sólo acompañada de Ginny y la señora Weasley mientras los chicos y el señor Weasley las esperaba en la terraza de Florean Fortescue tomando un helado.

Entre los materiales nuevos que Hermione necesitaba se encontraba un juego de ingredientes para pociones avanzadas y dos calderos nuevos, ambos de peltre, uno de la medida 7 y otro del 10.

Terminadas todas las compras se dirigieron a la heladería para reunirse con los demás, todos iban mucho más cargados de lo que habían llegado. En cuanto se sentaron para descansar un rato y se relajaron un poco con un helado se dispusieron a hacer la última visita del día, se dirigieron a la tienda de artículos de broma de los gemelos.

En cuanto estuvieron lo suficientemente cerca de la tienda se dieron cuenta de que todo era una maravilla. La tienda era enorme y los gemelos, nada más de entrada, ya la habían decorado para que fuera de todo menos discreta y aburrida.

En la parte exterior, imitando a los típicos trucos de magia muggles había un enorme sombrero de copa negro del cual no hacia más que entrar y salir un enorme conejo blanco con ojos claros. Y el anuncio de un nuevo producto que pretendía convertir la terrorífica marca tenebrosa de lord Voldemort en un chiste, cosa que no le hacia nada de gracia a la señora Weasley por si les ocasionaba algún problema con El-que-no-debe-ser-nombrado o alguno de sus mortífagos.

Una vez dentro, cosa que resultó ser algo difícil por la cantidad de gente que había en el interior, se dispusieron a buscar a los gemelos para saludarles. Cuando los encontraron, dejaron la tienda en manos de su socio y amigo Lee Jordan, el que era el comentarista de los partidos de Quidditch y de una empleada y les mostraron hasta el ultimo rincón de la tienda.

En cuanto todos se separaron para mirar más atentamente todo lo que había en la tienda en busca de algo que les pudiera interesar, los gemelos se acercaron a Harry con la intención de ver qué le parecía en lo que se había convertido su premio del Torneo.

— Bueno, ¿qué opinas de la tienda? -preguntó Fred.

— ¿Crees que hemos gastado bien tu dinero? -agregó George antes de que Harry pudiera decir nada.

— La verdad es que la tienda es increíble, y no es mi dinero -replicó Harry-, es vuestro, y lo habéis usado muy bien por lo que veo -añadió con una sonrisa.

Tras una breve conversación en la que los gemelos le explicaron la nueva gama de productos y la buena aceptación de la gente se llevaron a Harry a un apartado y le tendieron una bolsa.

— ¿Qué es esto? -preguntó Harry sin comprender.

— Es tu dinero -dijo George.

— Ahora que la cosa nos va bien ya podemos devolvértelo -añadió Fred.

Harry se metió las manos en los bolsillos y negó.

— No lo quiero, ese dinero es vuestro, ni lo quiero ni lo necesito -dijo Harry muy convencido, los gemelos se miraron con incredulidad, y antes de que pudiesen salir de esa incredulidad añadió-: Solo hacedme un favor.

— Lo que quieras -contestaron los dos al unísono.

— Seguid trasmitiendo alegría y felicidad a la gente, creo que les hará falta y muy pronto.

— Hecho -dijeron de nuevo a la vez.

— Pero con una condición -dijo Fred.

— ¿Cual? -preguntó receloso Harry.

Ambos gemelos se miraron un segundo para luego mirarle a él.

— Te llevaras siempre que quieras lo que quieras, y nada de pagar -dijo George mientras Fred asentía con cada palabra de su hermano.

Harry dudó un momento, sabía que los chicos lo decían en serio y de corazón, pero no le gustaba mucho la idea de pensar que pudiese aprovecharse de lo que ellos inventaban, pero al cabo de un rato y al ver cómo era observado no tuvo más remedio que rendirse.

— Esta bien, chicos.

Los gemelos sonrieron con satisfacción y salieron del apartado para reunirse con los demás, antes de que se fueran le tendieron a Harry una bolsa con algunos de sus últimos inventos.

Tras despedirse y volver a recorrer la tienda con la mirada los Weasley salieron de la tienda junto a sus hijos y Harry y Hermione camino al Caldero Chorreante donde volverían a La Madriguera de la misma forma en la que habían llegado.